01. ¿Quién era Jesucristo antes de venir a buscarnos?

Dr. Elio M Rivera

Su historia no comenzó en Belén

  Hay una escena que todos conocemos.

  Un pesebre.

  Una joven madre.

  Un niño recién nacido.

  Pastores llegando durante la noche.

  Y ángeles anunciando que había nacido un Salvador.

  Para millones de personas, allí comienza la historia de Jesucristo.

  Pero no es así.

  Cuando María sostuvo por primera vez a Jesús entre sus brazos, estaba sosteniendo a alguien que ya existía antes que ella.

  Antes que José.

  Antes que David.

  Antes que Abraham.

  Antes que Adán.

  Antes que la Tierra.

  Antes que las estrellas.

  Antes que nuestro universo.

  Él ya estaba allí.

  Y esto es mucho más que una interesante verdad acerca de Jesucristo.

  Es el comienzo de una historia de amor.

  Porque para comprender cuánto estuvo dispuesto a sacrificar por nosotros, primero tenemos que descubrir quién era antes de venir.

Su historia no comenzó en Belén

  El Evangelio de Juan abre una ventana hacia una realidad que ninguno de nosotros pudo contemplar.

  Nos lleva más allá de Belén.

  Más allá de Abraham.

  Más allá de Adán.

  Nos lleva hasta el principio.

«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.»

Juan 1:1-2, RVR1960

  Observe cuidadosamente lo que Juan dice.

  No dice:

  En el principio apareció el Verbo.

  Tampoco dice:

  En el principio fue creado el Verbo.

  Dice:

«En el principio era el Verbo».

  Cuando comenzó la creación, Él ya estaba allí.

  Y Juan añade algo todavía más extraordinario:

«…el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.»

  Antes de existir nosotros, Él existía.

  Antes de nuestro mundo, Él estaba con el Padre.

  Y antes de conocer la pobreza, el cansancio, el rechazo, el dolor y la muerte que encontraría entre nosotros, Jesucristo conocía otra realidad.

  Conocía la gloria.

  Lo sabemos porque Él mismo habló de ella.

  Pocas horas antes de morir levantó sus ojos al cielo y dijo:

«Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.»

Juan 17:5, RVR1960

  Estas palabras son impresionantes cuando recordamos dónde estaba Jesús al pronunciarlas.

  La cruz estaba cerca.

  El arresto estaba cerca.

  Judas estaba a punto de traicionarlo.

  Pedro lo negaría.

  Sus discípulos huirían.

  Sería llevado de un tribunal a otro.

  Sería golpeado.

  Humillado.

  Escupido.

  Azotado.

  Y finalmente crucificado.

  Pero aquel hombre que estaba a punto de sufrir todo aquello podía recordar otra realidad:

«…aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.»

  Él sabía perfectamente de dónde había venido.

  Sabía quién era.

  Sabía lo que había tenido.

  Y sabía lo que había dejado.

  Por eso necesitamos conocer esta parte de su historia.

  Porque cuando después lo veamos caminando cansado por los caminos de Galilea, tendremos que recordar de dónde vino.

  Cuando lo veamos sin un lugar donde recostar su cabeza, tendremos que recordar dónde había vivido.

  Cuando lo veamos rechazado por los hombres, tendremos que recordar quién era realmente.

  Cuando lo veamos sirviendo, tendremos que recordar la autoridad que poseía.

  Y cuando finalmente lo veamos clavado sobre una cruz, tendremos que recordar la gloria que había conocido antes de venir.

  Entonces comenzaremos a comprender que el sacrificio de Jesucristo no comenzó cuando atravesaron sus manos con los clavos.

  Su entrega había comenzado mucho antes.

El Creador decidió entrar en su creación

  Hay algo todavía más sorprendente.

  Jesucristo no solamente existía antes que nuestro mundo.

  Juan declara:

«Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.»

Juan 1:3, RVR1960

  Pablo lo expresa así:

«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles…»

Colosenses 1:16, RVR1960

  Y añade:

«Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.»

Colosenses 1:17, RVR1960

  Piense en esto.

  El Jesús que un día levantaría sus ojos para mirar las estrellas existía antes que las estrellas.

  El Jesús que caminaría junto al mar de Galilea había participado en la creación del mundo donde se encontraba ese mar.

  El Jesús que tomaría pan entre sus manos era aquel por medio de quien todas las cosas habían sido creadas.

  El Jesús que permitiría que los hombres colocaran una corona de espinas sobre su cabeza era mucho más que el humilde carpintero que ellos creían estar humillando.

  El Creador había entrado en su propia creación.

  Pero aquí aparece la pregunta que puede cambiar completamente nuestra manera de contemplar esta historia:

  ¿Por qué?

  ¿Por qué dejar la gloria?

  ¿Por qué entrar en un mundo quebrantado?

  ¿Por qué venir a vivir entre seres humanos que se habían rebelado contra Dios?

  ¿Por qué acercarse a aquellos que habían despreciado lo que Él les había dado?

  ¿Por qué venir sabiendo que muchos lo rechazarían?

  ¿Por qué venir sabiendo que sería traicionado?

  ¿Por qué venir sabiendo que terminaría sobre una cruz?

  No vino porque nosotros hubiéramos demostrado que lo merecíamos.

  La Escritura presenta una realidad mucho más conmovedora:

«Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.»

Romanos 5:8, RVR1960

  Ahí comenzamos a descubrir el corazón de Dios.

  Los seres humanos se habían alejado.

  Él decidió acercarse.

  El hombre había roto la comunión.

  Él comenzó el camino para restaurarla.

  El hombre había pecado.

  Él preparó el rescate.

  La humanidad no estaba buscando la manera de llegar hasta aquella gloria.

  El que habitaba en la gloria decidió venir hasta nosotros.

Entonces ocurrió algo extraordinario

  Juan comienza su Evangelio mostrándonos al Verbo en la eternidad.

  Nos dice que estaba con Dios.

  Nos dice que era Dios.

  Nos dice que todas las cosas fueron hechas por medio de Él.

  Pero unos versículos después escribe unas palabras que, después de conocer todo lo anterior, adquieren una dimensión completamente diferente:

«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…»

Juan 1:14, RVR1960

  El que estaba con Dios…

  vino a estar con nosotros.

  El que poseía gloria…

  entró en nuestra fragilidad.

  El Creador…

  entró en su creación.

  El Eterno…

  entró en nuestra historia.

  Y aquí comenzamos a comprender por qué estudiar la vida de Jesucristo antes de Belén es tan importante.

  Queremos saber cómo era el cielo donde vivía.

  Queremos conocer lo que las Escrituras dicen acerca de la ciudad de Dios.

  Queremos acercarnos a las descripciones de su trono, de su reino y de su gloria.

  Pero no solamente porque sean temas fascinantes.

  Queremos descubrir qué estuvo dispuesto a dejar.

  Porque cada cosa que descubramos nos permitirá conocer un poco más su corazón.

  Él sabía quiénes éramos.

  Sabía lo que habíamos hecho.

  Sabía que la humanidad se había rebelado.

  Sabía que sería rechazado.

  Sabía que sería traicionado.

  Sabía que la cruz lo esperaba.

  Y, sin embargo, vino.

  Tal vez esas cuatro palabras nos digan acerca del corazón de Dios mucho más de lo que imaginamos.

Finalización

  Antes de comenzar esta serie quizá pensábamos que el gran sacrificio de Jesucristo comenzó en el Calvario.

  Y ciertamente la cruz fue la expresión máxima de su entrega.

  Pero ahora empezamos a descubrir que para llegar hasta aquella cruz primero tuvo que existir Belén.

  Y para comprender Belén necesitamos mirar hacia la eternidad.

  Porque aquel que fue acostado en un pesebre no era alguien que acababa de comenzar a existir.

  Era el Eterno.

  Había estado con el Padre.

  Había conocido su gloria.

  Todas las cosas habían sido creadas por medio de Él.

  Y sabiendo perfectamente lo que encontraría entre nosotros, decidió venir.

  Por eso, en los siguientes artículos no contemplaremos el cielo solamente para maravillarnos con su grandeza.

  Lo contemplaremos con otra pregunta en nuestro corazón:

¿Qué nos dice acerca de Dios el hecho de que estuviera dispuesto a dejar todo aquello para venir a buscarnos?

  Y para responderla necesitamos dar nuestro siguiente paso.

  Ya sabemos que Jesucristo existía antes de que el mundo fuera.

  Ahora necesitamos descubrir algo todavía más personal:

¿Cómo era la vida que tenía junto al Padre antes de venir por nosotros?

  Porque antes de contemplar cuánto estuvo dispuesto a dejar por nosotros, necesitamos conocer la vida que tenía en la eternidad.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.