2. Belén: La ciudad donde nació el Salvador

Por: el Dr. Elio M. Rivera

      Entre todas las ciudades mencionadas en la Biblia, pocas son tan conocidas y amadas como Belén. Aunque era una población pequeña y aparentemente insignificante en comparación con Jerusalén, Dios la escogió para ser el lugar donde nacería Jesucristo, el Mesías prometido. Desde entonces, Belén ha ocupado un lugar especial en la historia de la redención y en el corazón de millones de creyentes alrededor del mundo.

      Belén se encuentra aproximadamente a ocho kilómetros al sur de Jerusalén, en las montañas de Judea. Situada a unos setecientos setenta metros sobre el nivel del mar, la ciudad está rodeada por suaves colinas, fértiles campos y antiguos pastizales. Su ubicación le proporcionaba un clima agradable y tierras aptas para la agricultura y la ganadería.

      El nombre Belén significa “Casa del Pan”. Este nombre resulta especialmente apropiado para una región conocida por la producción de cereales. A lo largo de los siglos, los campos que rodeaban la ciudad proporcionaron alimento a sus habitantes y sirvieron como escenario para varios acontecimientos importantes de la historia bíblica.

      Mucho antes del nacimiento de Jesús, Belén ya tenía una rica historia. En sus alrededores murió Raquel, la amada esposa de Jacob, quien fue sepultada cerca del camino de Efrata, que es Belén (Génesis 35:19). Con el paso de los siglos, la ciudad continuó apareciendo en momentos significativos de la historia de Israel.

      Belén también fue el hogar de Rut y Booz, cuya historia de amor y redención quedó registrada en el libro de Rut. Fue allí donde Rut, una mujer moabita que había decidido seguir al Dios de Israel, encontró gracia y provisión. De esa unión nació una familia que tendría una enorme importancia en la historia bíblica, pues Booz y Rut llegaron a ser antepasados del rey David y, finalmente, de Jesucristo (Rut 4:13-22).

      Actividades cotidianas en Belén en los días de Jesucristo

    La ciudad alcanzó una importancia especial porque allí nació David, el pastor que llegó a convertirse en el rey más amado de Israel. En los campos de Belén cuidaba sus ovejas cuando el profeta Samuel llegó para ungirlo como futuro rey (Primera de Samuel 16:1-13). Desde entonces, Belén pasó a ser conocida como la Ciudad de David.

      Siglos más tarde, el profeta Miqueas anunció una extraordinaria profecía relacionada con esta pequeña población: «Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel» (Miqueas 5:2). Esta profecía fue pronunciada aproximadamente setecientos años antes del nacimiento de Jesús.

      Cuando llegaron los días del emperador Augusto, José y María viajaron desde Nazaret hasta Belén para empadronarse, debido a que ambos descendían de la familia de David (Lucas 2:1-5). Allí, en circunstancias humildes, nació Jesús. El Evangelio de Lucas relata que María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el alojamiento (Lucas 2:6-7).

      Los primeros en recibir el anuncio del nacimiento del Salvador fueron unos pastores que vigilaban sus rebaños en los campos cercanos a Belén (Lucas 2:8-14). Este detalle resulta especialmente significativo, pues durante siglos aquellos mismos campos habían servido para el pastoreo de ovejas. Mientras cuidaban sus rebaños, los pastores escucharon las palabras del ángel: «Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor» (Lucas 2:11).

      La elección de Belén revela una característica constante en la manera de actuar de Dios. Mientras los seres humanos suelen fijarse en lo grande y poderoso, Dios frecuentemente obra a través de lo humilde y aparentemente insignificante. Belén era una pequeña población de Judea, pero fue escogida para recibir al Rey de reyes.

      La geografía de Belén también ayuda a comprender muchos detalles de los relatos bíblicos. Sus colinas, terrazas agrícolas y campos de pastoreo han permanecido prácticamente inalterados durante siglos. Al contemplar estos paisajes, resulta fácil imaginar a David cuidando ovejas, a Rut recogiendo espigas o a los pastores que escucharon el anuncio del nacimiento de Cristo.

      Hoy, Belén continúa siendo una de las ciudades más visitadas del mundo debido a su relación con el nacimiento de Jesús. Millones de peregrinos llegan cada año para contemplar los lugares asociados con los acontecimientos narrados en los Evangelios y recordar que fue en esta pequeña ciudad donde Dios cumplió una de las promesas más importantes de la historia.

      Al estudiar Belén descubrimos mucho más que el lugar de nacimiento de Jesús. Encontramos una ciudad donde convergen las historias de Raquel, Rut, Booz, David y finalmente el Mesías. Es una ciudad que une las promesas del Antiguo Testamento con su cumplimiento en el Nuevo Testamento.

      Por esta razón, Belén ocupa un lugar único dentro de la geografía bíblica. Aunque pequeña en tamaño, su importancia es inmensa. Allí nació el descendiente prometido de David, el Salvador del mundo, aquel cuyo nacimiento cambió para siempre el curso de la historia humana.

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    Autor

    Elio Rivera

    El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.