12. Entonces, ¿quién es Jesucristo?

Por el Dr. Elio M Rivera

Cuanto más observamos a Jesús, más familiar nos resulta

  Llegamos al final de esta serie.

  Al comenzar hicimos una pregunta sencilla:

¿Qué esperaríamos encontrar en Dios?

  Esperaríamos conocimiento que trascienda las limitaciones humanas.

  Esperaríamos conocimiento del futuro.

  Esperaríamos autoridad sobre la naturaleza.

  Esperaríamos poder sobre la materia.

  Esperaríamos autoridad sobre los animales.

  Esperaríamos poder para restaurar el cuerpo humano.

  Esperaríamos autoridad sobre el pecado.

  Y esperaríamos, finalmente, autoridad sobre la vida y la muerte.

  Después abrimos los Evangelios.

  Y comenzamos a observar a Jesucristo.

  Lo vimos hablar del futuro.

  Lo vimos ordenar al viento y al mar.

  Lo vimos caminar sobre las aguas.

  Lo vimos transformar agua en vino.

  Lo vimos multiplicar alimentos.

  Lo vimos dirigir peces y animales de su creación.

  Lo vimos restaurar cuerpos gravemente dañados.

  Lo vimos transformar vidas.

  Lo vimos llamar a los muertos.

  Y los muertos respondieron.

  Entonces surge una pregunta inevitable:

¿A quién nos recuerda Jesucristo?

  Cuanto más lo observamos, más difícil resulta considerarlo simplemente un maestro religioso.

  Porque muchas de las cosas que hace en los Evangelios son precisamente las cosas que el Antiguo Testamento atribuye a:

Dios.

El Dios que domina el mar aparece nuevamente en Jesucristo

  En el Antiguo Testamento encontramos a Dios como Señor de las aguas.

  El Salmo declara:

“Tú tienes dominio sobre la braveza del mar;
Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas.”

Salmo 89:9

  Y también:

“Cambia la tempestad en sosiego,
Y se apaciguan sus ondas.”

Salmo 107:29

  Después llegamos a los Evangelios.

  Una tormenta amenaza una embarcación.

  Jesús se levanta.

  Habla al viento.

  Habla al mar.

  Y:

“cesó el viento, y se hizo grande bonanza.”
Marcos 4:39

  El Dios del Antiguo Testamento domina el mar.

  Jesucristo domina el mar.

  Job había dicho acerca de Dios:

“Él solo extendió los cielos,
Y anda sobre las olas del mar.”

Job 9:8

  Después los discípulos levantaron los ojos en medio del lago.

  Y vieron a Jesús:

“andando sobre el mar.”
Mateo 14:25

  La semejanza no es pequeña.

  Es profunda.

El Dios que alimentó a Israel en el desierto aparece nuevamente

  Israel se encontraba en el desierto.

  Había una multitud.

  No había alimento suficiente.

  Entonces Dios dijo:

“He aquí yo os haré llover pan del cielo.”
Éxodo 16:4

  El pueblo comió.

  Y fue saciado.

  Siglos después aparece otra multitud.

  Otra vez en un lugar desierto.

  Otra vez sin alimento suficiente.

  Cinco panes.

  Dos peces.

  Y Jesucristo está en medio de ellos.

  Jesús toma el pan.

  Lo parte.

  Lo distribuye.

  Miles comen.

  Y:

“comieron todos, y se saciaron.”
Mateo 14:20

  La propia multitud recordó el maná.

  Le dijeron:

“Nuestros padres comieron el maná en el desierto.”
Juan 6:31

  Y Jesús respondió:

“Yo soy el pan de vida.”
Juan 6:35

  El Dios que alimentó a Israel en el desierto vuelve a aparecer frente a una multitud hambrienta.

  Y nuevamente:

hay pan.

El Dios que gobierna a los animales aparece nuevamente

  El Antiguo Testamento declara:

“Porque mía es toda bestia del bosque.”
Salmo 50:10

  Y:

“Conozco a todas las aves de los montes,
Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.”

Salmo 50:11

  Jonás registra:

“Jehová tenía preparado un gran pez.”
Jonás 1:17

  Y después:

“Mandó Jehová al pez.”
Jonás 2:10

  Dios conoce.

  Dios dirige.

  Dios manda sobre su creación.

  Después encontramos a Jesús.

  Pescadores trabajan toda la noche.

  No encuentran nada.

  Jesús les dice dónde lanzar las redes.

  Y aparecen tantos peces que las embarcaciones casi se hunden.

  Después de la resurrección ocurre nuevamente.

  Otra noche sin pesca.

  Jesús ordena:

“Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis.”
Juan 21:6

  Y allí están.

  Ciento cincuenta y tres grandes peces.

  Pedro necesita una moneda.

  Jesús sabe exactamente qué pez la lleva.

  El Creador del Antiguo Testamento gobierna a sus criaturas.

  Jesucristo también.

El Dios que creó el cuerpo humano aparece restaurándolo

  David escribió:

“Porque tú formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el vientre de mi madre.”

Salmo 139:13

  Dios es presentado como el formador del cuerpo humano.

  Ahora contemplemos a Jesucristo.

  Un hombre lleva treinta y ocho años enfermo.

  Jesús dice:

“Levántate, toma tu lecho, y anda.”
Juan 5:8

  Y camina.

  Un hombre tiene una mano seca.

  Jesús dice:

“Extiende tu mano.”
Mateo 12:13

  Y queda:

“restaurada sana como la otra.”

  Pedro corta con una espada la oreja de Malco.

  Jesús toca la herida.

  Y:

“le sanó.”
Lucas 22:51

  Cojos caminan.

  Mancos son restaurados.

  Cuerpos deteriorados responden a su palabra.

  El Dios que formó el cuerpo humano:

aparece en Jesucristo restaurándolo.

El Dios que da la vida aparece llamando a los muertos

  El Antiguo Testamento declara:

“Jehová mata, y él da vida.”
1 Samuel 2:6

  Y:

“Yo hago morir, y yo hago vivir.”
Deuteronomio 32:39

  Ahora miremos a Jesús.

  Frente a la hija de Jairo:

“Niña, a ti te digo, levántate.”
Marcos 5:41

  Y se levanta.

  Frente al hijo de la viuda de Naín:

“Joven, a ti te digo, levántate.”
Lucas 7:14

  Y el muerto comienza a hablar.

  Frente a una tumba cerrada durante cuatro días:

“¡Lázaro, ven fuera!”
Juan 11:43

  Y:

“el que había muerto salió.”
Juan 11:44

  El Antiguo Testamento presenta a Dios como Aquel que da vida.

  Jesucristo habla.

  Y los muertos viven.

El Dios que perdona pecados aparece perdonándolos

  El Salmo dice:

“Bendice, alma mía, a Jehová…
Él es quien perdona todas tus iniquidades.”

Salmo 103:2-3

  El profeta Isaías declara:

“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo.”
Isaías 43:25

  Perdonar pecados es una prerrogativa divina.

  Por eso, cuando Jesús dijo al paralítico:

“Hijo, tus pecados te son perdonados.”
Marcos 2:5

  los escribas reaccionaron inmediatamente:

“¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?”
Marcos 2:7

  Ellos entendieron perfectamente lo que estaba implicado.

  Y Jesús no retiró sus palabras.

  Por el contrario, sanó al paralítico para demostrar:

“que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.”
Marcos 2:10

  El Dios que perdona en el Antiguo Testamento:

aparece en Jesucristo ejerciendo esa misma autoridad.

Cuanto más lo vemos, más claro se vuelve el patrón

  No estamos hablando de una sola coincidencia.

  No estamos hablando de un único milagro.

  Estamos contemplando un patrón repetido.

  En el Antiguo Testamento:

Dios gobierna el mar.

  En los Evangelios:

Jesús gobierna el mar.

  En el Antiguo Testamento:

Dios camina sobre las aguas.

  En los Evangelios:

Jesús camina sobre las aguas.

  En el Antiguo Testamento:

Dios alimenta a su pueblo en el desierto.

  En los Evangelios:

Jesús alimenta a miles en un lugar desierto.

  En el Antiguo Testamento:

Dios gobierna a los animales.

  En los Evangelios:

la creación animal responde a Jesús.

  En el Antiguo Testamento:

Dios forma el cuerpo humano.

  En los Evangelios:

Jesús restaura cuerpos.

  En el Antiguo Testamento:

Dios perdona pecados.

  En los Evangelios:

Jesús perdona pecados.

  En el Antiguo Testamento:

Dios da vida a los muertos.

  En los Evangelios:

los muertos escuchan la voz de Jesús y viven.

  La pregunta ya no es simplemente:

¿Jesús hizo cosas extraordinarias?

  La pregunta es:

¿Por qué Jesús hace precisamente las cosas que las Escrituras atribuyen a Dios?

Jesús no solamente actuó como Dios: habló como Dios

  Aquí debemos recordar la serie anterior.

  No solamente estamos observando obras extraordinarias.

  Jesús también hizo declaraciones extraordinarias acerca de sí mismo.

  Dijo:

“Antes que Abraham fuese, yo soy.”
Juan 8:58

  Dijo:

“Yo y el Padre uno somos.”
Juan 10:30

  Dijo:

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”
Juan 14:9

  Dijo:

“Yo soy la resurrección y la vida.”
Juan 11:25

  Dijo:

“Yo soy el pan de vida.”
Juan 6:35

  Y afirmó tener autoridad para dar vida:

“Así también el Hijo a los que quiere da vida.”
Juan 5:21

  Sus palabras y sus obras apuntan en la misma dirección.

  No tenemos a un hombre haciendo milagros mientras insiste en ser solamente un hombre.

  Tenemos a alguien que hizo afirmaciones divinas y después manifestó:

autoridad divina.

El Antiguo y el Nuevo Testamento comienzan a encontrarse en una sola persona

  Aquí aparece quizá la conclusión más hermosa de toda la serie.

  Durante siglos, Israel había leído acerca de Jehová.

  El Dios creador.

  El Dios que dominaba las aguas.

  El Dios que alimentaba en el desierto.

  El Dios que gobernaba sobre los animales.

  El Dios que conocía los corazones.

  El Dios que perdonaba pecados.

  El Dios que daba vida.

  Después llegamos a los Evangelios.

  Y encontramos a Jesucristo.

  Al principio quizá vemos a un rabino de Galilea.

  Pero continuamos leyendo.

  Y algo comienza a suceder.

  Sus palabras nos recuerdan a alguien.

  Sus obras nos recuerdan a alguien.

  Su autoridad nos recuerda a alguien.

  Cada vez más:

nos recuerda al Dios del Antiguo Testamento.

  Hasta que finalmente las piezas comienzan a encajar.

  Juan lo había declarado desde el principio:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
Juan 1:1

  Y después:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”
Juan 1:14

  La conclusión de Juan es extraordinaria.

  El Dios eterno no dejó de ser Dios.

  Entró en nuestra historia.

Entonces, ¿quién es Jesucristo?

  Ahora podemos regresar a la pregunta inicial.

¿Encontramos en Jesucristo aquello que razonablemente esperaríamos encontrar en Dios?

  Después de recorrer los Evangelios, la respuesta resulta difícil de ignorar.

  Sí.

  Encontramos conocimiento extraordinario.

  Encontramos autoridad sobre el futuro.

  Encontramos poder sobre la naturaleza.

  Encontramos dominio sobre la materia.

  Encontramos autoridad sobre la creación animal.

  Encontramos poder para restaurar cuerpos.

  Encontramos autoridad para perdonar pecados.

  Encontramos poder para transformar vidas.

  Encontramos autoridad sobre la muerte.

  Y cuando comparamos todo esto con el Dios revelado en el Antiguo Testamento, encontramos una continuidad extraordinaria.

  No parecen dos personajes completamente diferentes.

  Reconocemos la misma autoridad.

  El mismo dominio.

  El mismo poder.

  El mismo carácter creador.

  La misma capacidad de dar vida.

  Por eso el Nuevo Testamento puede declarar acerca de Jesucristo:

“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.”
Colosenses 2:9

  Y Tomás, después de encontrarse con Jesús resucitado, pudo mirarlo y decir:

“¡Señor mío, y Dios mío!”
Juan 20:28

  Jesús no lo corrigió.

El veredicto

  Al comienzo de esta serie dijimos que una afirmación extraordinaria debía ir acompañada de evidencia extraordinaria.

  Jesús afirmó una identidad extraordinaria.

  Después:

  la naturaleza le obedeció.

  la materia respondió a su autoridad.

  los animales sirvieron a sus propósitos.

  los cuerpos fueron restaurados.

  los pecados fueron perdonados.

  las vidas fueron transformadas.

  y los muertos escucharon su voz.

  Cuanto más observamos a Jesucristo:

más vemos al Dios revelado en las antiguas Escrituras.

  Y quizá esa sea precisamente la razón por la que Jesús pudo decir a Felipe:

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”
Juan 14:9

  Después de todo lo estudiado, la pregunta final ya no es solamente:

¿Qué hizo Jesús?

  La pregunta es:

¿Quién tendría que ser para hacer todo aquello?

  Los Evangelios responden.

  Juan responde.

  Pablo responde.

  Tomás responde.

  Y toda esta serie nos ha llevado hacia la misma conclusión:

Jesucristo no solamente mostró el poder de Dios.

En Jesucristo, Dios mismo se dio a conocer.

Referencias bíblicas

  • Juan 1:1-3, 14 — El Verbo estaba con Dios, era Dios, todas las cosas fueron hechas por medio de Él y posteriormente “fue hecho carne”.
  • Juan 8:58 — Jesús declara: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”
  • Juan 10:30 — “Yo y el Padre uno somos.”
  • Juan 14:9 — “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”
  • Juan 20:28 — Tomás responde a Jesús resucitado: “¡Señor mío, y Dios mío!”
  • Colosenses 1:16-17 — En Cristo fueron creadas todas las cosas y todas las cosas en Él subsisten.
  • Colosenses 2:9 — “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.”
  • Salmo 89:9; Salmo 107:29 — Dios domina el mar y calma sus ondas.
  • Job 9:8; Mateo 14:25 — Job describe a Dios andando sobre las olas; Mateo presenta a Jesús caminando sobre el mar.
  • Éxodo 16:4, 12-15; Juan 6:1-35 — Dios alimenta a Israel con pan en el desierto; Jesús alimenta a la multitud y declara: “Yo soy el pan de vida.”
  • Salmo 50:10-11; Jonás 1:17; 2:10 — Dios declara que los animales le pertenecen y ejerce autoridad sobre ellos.
  • Salmo 139:13; Juan 5:1-9; Mateo 12:9-13; Lucas 22:50-51 — Dios forma el cuerpo humano; Jesús restaura cuerpos gravemente dañados.
  • Salmo 103:2-3; Isaías 43:25; Marcos 2:5-12 — Dios perdona pecados; Jesús declara y demuestra autoridad para perdonarlos.
  • 1 Samuel 2:6; Deuteronomio 32:39; Marcos 5:35-43; Lucas 7:11-17; Juan 11:1-44 — Dios da vida; Jesús llama a los muertos y estos viven.
  • Juan 5:21 — “Así también el Hijo a los que quiere da vida.”

Libro recomendado

Escucha música con propósito:

NUEVO EN CRISTOPEDIA

     Descubre las nuevas series, libros y recursos que hemos añadido al Museo y a la Biblioteca de Cristopedia.

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.