Por el Dr. Elio M. Rivera – Cristopedia
Mateo ocupa un lugar especial entre los doce apóstoles porque su historia representa una de las transformaciones más sorprendentes registradas en los Evangelios. Antes de seguir a Jesús era cobrador de impuestos, una profesión despreciada por gran parte de la población judía. Sin embargo, cuando Cristo lo llamó, abandonó su antigua vida y llegó a convertirse en uno de los testigos más importantes del ministerio del Señor. La tradición cristiana también lo reconoce como el autor del primer Evangelio del Nuevo Testamento, una obra que ha guiado a millones de creyentes durante casi dos mil años.
Su vida es una poderosa demostración de que Jesucristo no llama únicamente a personas respetadas o religiosas. También llama a quienes han sido rechazados por la sociedad, transformándolos en instrumentos útiles para el Reino de Dios.
Su nombre y su identidad
El nombre Mateo proviene del hebreo Mattityahu, que significa “don de Dios” o “regalo de Dios”.
En algunos pasajes del Nuevo Testamento también aparece con el nombre de Leví.
Marcos relata:
“Al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos” (Marcos 2:14).
Lucas registra el mismo acontecimiento:
“Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví” (Lucas 5:27).
La mayoría de los estudiosos considera que Mateo y Leví son la misma persona, algo semejante a lo que ocurrió con Simón Pedro o con Bartolomé y Natanael.
Su familia y origen
Las Escrituras indican que Mateo era hijo de Alfeo (Marcos 2:14).
Fuera de esta referencia, el Nuevo Testamento no proporciona muchos detalles acerca de su familia, sus padres o si estaba casado.
La mayor parte de su actividad conocida se desarrolla en la región de Galilea, particularmente en la ciudad de Capernaúm, donde ejercía su trabajo como recaudador de impuestos.
Capernaúm era una ciudad importante ubicada junto al Mar de Galilea y se encontraba en una ruta comercial estratégica. Debido al constante movimiento de mercancías y viajeros, era un lugar ideal para la recaudación de tributos.
Su profesión: cobrador de impuestos
Antes de seguir a Jesús, Mateo trabajaba como publicano o cobrador de impuestos para las autoridades romanas.
Los publicanos eran responsables de recaudar impuestos sobre mercancías, comercio, transporte y diversas actividades económicas.
Aunque algunos obtenían buenos ingresos, la profesión era profundamente impopular entre los judíos.
Muchos consideraban a los publicanos colaboradores del Imperio Romano y sospechaban que frecuentemente cobraban más de lo debido para enriquecerse.
Por esta razón eran vistos como pecadores públicos y generalmente eran rechazados por los líderes religiosos de la época.
El llamado de Jesús
La historia de Mateo cambia radicalmente cuando Jesús pasó frente a su puesto de impuestos.
El Evangelio relata:
“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió” (Mateo 9:9).
La sencillez de este relato es impresionante. No se menciona ninguna negociación, ninguna condición ni ninguna demora.
Mateo dejó atrás una ocupación estable, una fuente importante de ingresos y una posición económica relativamente cómoda para seguir a Cristo.
A diferencia de algunos pescadores que podían regresar temporalmente a su oficio, abandonar la recaudación de impuestos significaba renunciar definitivamente a aquella carrera.
El banquete en honor de Jesús
Poco después de su llamado, Mateo organizó un gran banquete para Jesús.
Lucas escribe:
“Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos” (Lucas 5:29).
La presencia de cobradores de impuestos y otros marginados provocó críticas de los fariseos.
Jesús respondió con una de las declaraciones más conocidas de los Evangelios:
“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Lucas 5:32).
Este episodio refleja el corazón del ministerio de Cristo y también explica por qué Mateo llegó a identificarse tan profundamente con el mensaje de la gracia.
Mateo entre los doce apóstoles
Después de su llamado, Mateo fue incluido entre los doce apóstoles escogidos por Jesús.
Su nombre aparece en todas las listas apostólicas del Nuevo Testamento (Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:15; Hechos 1:13).
Durante aproximadamente tres años caminó junto al Señor, escuchó sus enseñanzas, observó sus milagros y fue testigo directo de los acontecimientos que posteriormente registraría en su Evangelio.
Mateo como autor del primer Evangelio
La tradición cristiana más antigua identifica a Mateo como el autor del Evangelio que lleva su nombre.
Entre los primeros escritores cristianos que sostuvieron esta posición se encuentran Papías de Hierápolis, Ireneo de Lyon, Orígenes y Eusebio de Cesarea.
Su Evangelio está dirigido especialmente a lectores judíos y enfatiza repetidamente cómo Jesús cumplió las profecías del Antiguo Testamento.
Por esta razón encontramos numerosas expresiones como:
“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta…” (Mateo 1:22).
Mateo presenta a Jesús como el Mesías prometido, el Rey legítimo de Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham y David.
Su ministerio después de la resurrección
El libro de los Hechos menciona a Mateo entre los discípulos que permanecieron fieles después de la ascensión de Cristo (Hechos 1:13).
Sin embargo, las Escrituras no describen detalladamente sus actividades posteriores.
Por ello dependemos principalmente de las tradiciones antiguas para conocer los años finales de su ministerio.
¿Dónde predicó Mateo según la tradición?
Las tradiciones cristianas antiguas no son completamente uniformes respecto a los lugares donde Mateo ejerció su ministerio.
Algunas afirman que predicó primero en Judea antes de viajar a regiones más lejanas.
Otras tradiciones lo relacionan con Etiopía, Persia, Partia, Siria y diversas regiones del Oriente.
Aunque existen diferencias en los detalles, todas coinciden en que dedicó su vida a proclamar el evangelio después de la resurrección de Jesús.
La tradición sobre su muerte
A diferencia de Santiago, cuya muerte aparece registrada en la Biblia, el Nuevo Testamento no describe el fallecimiento de Mateo.
Las tradiciones antiguas presentan varias versiones acerca de sus últimos años.
Algunas afirman que murió como mártir mientras predicaba el evangelio.
Otras sostienen que falleció de manera natural después de muchos años de ministerio.
Debido a la diversidad de testimonios, los historiadores consideran difícil establecer con absoluta certeza las circunstancias exactas de su muerte.
Sin embargo, la mayoría de las tradiciones cristianas lo recuerdan como un hombre que permaneció fiel a Cristo hasta el final de su vida.
Evidencia histórica y fuentes antiguas
La información acerca de Mateo proviene principalmente de:
Los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
El libro de los Hechos de los Apóstoles.
Los escritos de Papías de Hierápolis.
Los escritos de Ireneo de Lyon.
Los escritos de Orígenes.
La Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea.
Diversas tradiciones preservadas por las iglesias orientales y occidentales.
Mateo y la arqueología
Desde una perspectiva arqueológica, la existencia de cobradores de impuestos en Galilea durante el siglo primero está ampliamente confirmada por documentos, monedas y hallazgos relacionados con la administración romana.
Las excavaciones realizadas en Capernaúm han permitido comprender mejor el contexto económico y comercial en el que Mateo desarrolló su actividad antes de seguir a Jesús.
Asimismo, las rutas comerciales que atravesaban Galilea explican por qué existían puestos permanentes de recaudación de impuestos en la región.
Conclusión
Mateo pasó de ser un cobrador de impuestos despreciado por muchos a convertirse en uno de los doce apóstoles y en uno de los principales cronistas de la vida de Jesucristo. Su historia demuestra que la gracia de Dios puede transformar cualquier pasado y utilizar a cualquier persona para cumplir propósitos eternos.
Aquel hombre que una vez registró tributos para Roma terminó registrando para la humanidad uno de los testimonios más importantes acerca del Mesías prometido. Gracias a su Evangelio, generaciones enteras han podido conocer a Jesús como el Rey, el Salvador y el cumplimiento de las promesas de Dios.
La vida de Mateo sigue recordándonos que nadie está demasiado lejos para ser llamado por Cristo y que una sola decisión de obediencia puede cambiar el rumbo de toda una existencia.
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