Por el Dr. Elio M Rivera
Existe una pregunta que todo cristiano debería atreverse a formular alguna vez:
¿Qué pasaría si Jesucristo nunca hubiera resucitado?
La pregunta puede resultar incómoda. Incluso puede parecernos irreverente. Sin embargo, el apóstol Pablo no tuvo miedo de hacerla. Por el contrario, en el capítulo quince de su primera carta a los Corintios llevó esta posibilidad hasta sus últimas consecuencias.
Pablo no trató la resurrección como un detalle secundario de la fe cristiana. Tampoco la presentó como una doctrina que pudiera eliminarse sin alterar demasiado el resto del mensaje.
Para él, la conclusión era mucho más radical:
Si Cristo no resucitó, el cristianismo pierde su fundamento.
Pablo se atrevió a poner la fe a prueba
Esto es algo que siempre me ha parecido extraordinario.
Pablo no dijo: “No hagan preguntas”.
Tampoco pidió a los creyentes que cerraran los ojos ante las dificultades.
Al contrario, planteó abiertamente lo que ocurriría si la afirmación central de los apóstoles fuera falsa.
Él escribió:
“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.”
1 Corintios 15:14
Después agregó:
“Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.”
1 Corintios 15:17
Y todavía añadió otra consecuencia:
“Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.”
1 Corintios 15:18
Observe la fuerza de estas palabras.
Pablo está diciendo que, si Jesucristo no resucitó, no estamos hablando de un pequeño error doctrinal. Todo el mensaje cristiano queda profundamente afectado.
Primera consecuencia: la predicación cristiana sería vana
La primera conclusión de Pablo es impresionante:
“Vana es entonces nuestra predicación.”
¿Por qué?
Porque desde sus primeros días, el mensaje cristiano estuvo construido alrededor de un acontecimiento extraordinario: Jesucristo había muerto y había resucitado.
Los discípulos no recorrieron Jerusalén anunciando únicamente que Jesús había sido un buen maestro.
No salieron diciendo simplemente que había enseñado grandes principios acerca del amor, la misericordia o el perdón.
Tampoco proclamaron solamente que había muerto injustamente.
Su mensaje principal era mucho más fuerte:
El hombre que fue crucificado está vivo.
Si eso fuera falso, entonces una parte esencial de la predicación de Pedro, Juan, Pablo y los demás apóstoles habría estado basada en algo que nunca ocurrió.
El cristianismo habría comenzado proclamando un acontecimiento inexistente.
Segunda consecuencia: nuestra fe sería vana
Pablo continúa:
“Vana es también vuestra fe.”
Esto significa que la fe cristiana no descansa solamente sobre principios filosóficos, emociones religiosas o enseñanzas morales.
Está ligada a algo que supuestamente ocurrió en la historia.
Jesucristo vivió.
Jesucristo fue crucificado.
Jesucristo murió.
Jesucristo fue sepultado.
Y los primeros cristianos proclamaron que Jesucristo resucitó.
Si la última de estas afirmaciones fuera falsa, entonces los creyentes estarían depositando su confianza en alguien que permaneció muerto.
Podríamos admirar sus enseñanzas.
Podríamos estudiar su vida.
Podríamos incluso considerarlo uno de los personajes más extraordinarios que han existido.
Pero sería muy diferente afirmar que Él vive.
Tercera consecuencia: los apóstoles serían falsos testigos
Pablo lleva todavía más lejos su argumento.
Él dice que si Cristo no resucitó, entonces los apóstoles serían:
“Falsos testigos de Dios.”
Esta expresión es muy fuerte.
¿Por qué?
Porque ellos no dijeron simplemente:
“Creemos que Jesús quizá resucitó”.
Ellos afirmaron haber sido testigos.
Pedro dijo haberlo visto.
Juan dijo haberlo visto.
Los demás discípulos dijeron haberlo visto.
Pablo afirmó que Jesús también se le apareció a él.
Además, en el mismo capítulo menciona apariciones a numerosos creyentes.
Entonces sólo existen unas pocas posibilidades.
O estaban diciendo la verdad.
O estaban equivocados.
O estaban mintiendo.
Pero no podemos reducir sus declaraciones a una simple metáfora religiosa.
Ellos afirmaban que Jesús había vuelto de la muerte.
Cuarta consecuencia: el problema del pecado permanecería sin resolver
Pablo escribe algo todavía más serio:
“Aún estáis en vuestros pecados.”
La cruz y la resurrección están profundamente relacionadas.
La muerte de Cristo tiene un significado central dentro del Evangelio, pero la resurrección representa la victoria que sigue a esa muerte.
Si Jesucristo hubiera quedado definitivamente en la tumba, habría muerto como cualquier otro ser humano.
El mensaje de victoria sobre el pecado y la muerte perdería su fundamento.
La tumba habría tenido la última palabra.
Pero el Evangelio proclama exactamente lo contrario:
La muerte no tuvo la última palabra.
Quinta consecuencia: los muertos en Cristo habrían perecido
Después Pablo dirige nuestra mirada hacia algo muy personal.
Todos hemos perdido personas que amamos.
La muerte toca inevitablemente a cada familia.
Y una de las grandes esperanzas del cristianismo es que la muerte no representa el final definitivo.
Pero Pablo es completamente coherente con su razonamiento.
Si Cristo no resucitó, entonces tampoco existe fundamento para esperar una resurrección futura.
Por eso declara que quienes murieron creyendo en Cristo habrían perecido.
Aquí comprendemos que la resurrección no es solamente importante para saber qué sucedió con Jesús hace dos mil años.
Tiene consecuencias sobre nuestro propio destino.
Un cristianismo sin resurrección sería algo completamente diferente
Imagine por un momento un cristianismo sin un Cristo resucitado.
Tendríamos el Sermón del Monte.
Tendríamos las parábolas.
Tendríamos enseñanzas extraordinarias acerca del amor y el perdón.
Tendríamos la historia de un hombre que sanó enfermos, confrontó la injusticia y mostró misericordia hacia los necesitados.
Tendríamos también la tragedia de su crucifixión.
Pero la historia terminaría frente a una tumba cerrada.
Y eso cambiaría completamente el mensaje.
El cristianismo dejaría de anunciar:
“Él vive.”
Y solamente podría decir:
“Él vivió.”
La diferencia entre estas dos frases es enorme.
Entonces los discípulos tendrían que explicar algo
Si Jesús no resucitó, inmediatamente aparece otra pregunta:
¿Por qué los discípulos comenzaron a proclamar que había resucitado?
Recordemos el estado en que se encontraban después de la crucifixión.
Estaban asustados.
Habían huido.
Pedro había negado públicamente conocer a Jesús.
Después de su muerte permanecían escondidos por miedo a las autoridades.
Sin embargo, poco tiempo después estos mismos hombres aparecieron públicamente proclamando que aquel a quien habían visto morir estaba vivo.
Si la resurrección no ocurrió, tendremos que encontrar alguna explicación para esa transformación.
Y esa explicación deberá ser suficientemente sólida para explicar no solamente su predicación, sino también el riesgo que estuvieron dispuestos a correr por ella.
El cristianismo hizo una afirmación peligrosa
Hay algo que debemos comprender.
Los primeros cristianos comenzaron a proclamar la resurrección en el mismo ambiente donde Jesús había sido crucificado.
No esperaron cientos de años.
No se fueron a una tierra distante donde nadie conociera los acontecimientos.
Su mensaje comenzó precisamente entre personas que conocían lo sucedido.
Esto convertía la afirmación de la resurrección en algo que podía ser desafiado.
Si el cuerpo de Jesús hubiera permanecido en la tumba, sus enemigos habrían tenido una respuesta extraordinariamente sencilla:
Mostrar el cadáver.
Un cuerpo habría podido destruir de inmediato la proclamación de que Jesús estaba vivo.
Por eso la pregunta acerca de la tumba será tan importante cuando avancemos en esta investigación.
No necesitamos tener miedo de esta pregunta
Algunas personas piensan que cuestionar la resurrección debilita la fe.
Yo pienso exactamente lo contrario.
Una fe que teme cualquier pregunta termina siendo frágil.
Pablo mismo se atrevió a colocar la resurrección frente a la pregunta más difícil:
¿Qué pasa si no ocurrió?
Y precisamente porque comprendía las consecuencias, defendió con tanta fuerza que Jesucristo realmente había resucitado.
La lógica es sencilla:
Si Cristo no resucitó, la predicación apostólica sería vana.
Nuestra fe sería vana.
Los apóstoles serían falsos testigos.
Permaneceríamos en nuestros pecados.
Los que murieron esperando en Cristo habrían perecido.
Y la esperanza cristiana frente a la muerte perdería su fundamento.
Pero si Cristo resucitó…
entonces todo cambia.
La pregunta ya no puede evitarse
Llegados a este punto, podemos comprender por qué la resurrección merece una investigación seria.
No estamos estudiando una curiosidad histórica.
Estamos estudiando el acontecimiento sobre el cual los primeros cristianos estuvieron dispuestos a colocar toda su fe.
Por eso no debemos conformarnos con una respuesta superficial.
No basta decir:
“Yo creo porque siempre me lo enseñaron.”
Tampoco basta que otra persona diga:
“Yo no creo porque las resurrecciones son imposibles.”
Ambas posiciones deben enfrentarse con los hechos.
La pregunta correcta es:
¿Qué evidencia existe para afirmar que Jesucristo realmente resucitó?
A partir de aquí comenzaremos a construir el caso.
Primero tendremos que preguntarnos si los documentos que relatan la resurrección pueden ser tomados seriamente como fuentes para una investigación histórica.
Porque antes de estudiar la tumba, los soldados, la piedra, los testigos o las apariciones, debemos responder una cuestión fundamental:
¿Podemos investigar la resurrección como un acontecimiento real de la historia?
Referencias bíblicas
1 Corintios 15:1-20.
Juan 20:19-29.
Hechos 2:22-36.
Hechos 4:1-14.

