Dr. Elio M Rivera
La pregunta que podía haber terminado con el cristianismo
Después de estudiar la teoría de que los discípulos robaron el cuerpo, la contradicción de los soldados dormidos y el dinero entregado para difundir aquella versión, llegamos ahora a una pregunta diferente.
Y quizá sea una de las más difíciles de responder para cualquier explicación que niegue la resurrección:
¿Por qué nadie presentó el cuerpo de Jesucristo?
No necesitamos volver a explicar ampliamente la piedra, el sello, la guardia o el estado psicológico de los discípulos. Todo eso ya quedó establecido.
Ahora debemos concentrarnos exclusivamente en el cadáver.
Porque, si Jesucristo no resucitó, entonces en algún lugar tenía que existir un cuerpo.
Los enemigos de Jesús sabían dónde había sido sepultado
Éste es el primer punto que debemos recordar.
La tumba no era desconocida.
José de Arimatea había recibido el cuerpo de Pilato y lo había colocado en su propio sepulcro. Las mujeres observaron dónde quedó. Posteriormente, los principales sacerdotes acudieron a Pilato para pedir que precisamente ese sepulcro fuera asegurado. En mi libro utilizo esta acción para señalar que ellos sabían que Jesús había muerto y sabían dónde reposaba su cadáver.
Por lo tanto, cuando comenzó a proclamarse la resurrección, las autoridades no tenían que preguntarse:
“¿Dónde lo enterraron?”
Sabían dónde había sido colocado.
La predicación comenzó con una afirmación verificable
Los discípulos no comenzaron a predicar simplemente:
“Jesús vive espiritualmente en nuestros corazones.”
Su afirmación era mucho más concreta:
Jesucristo había resucitado de entre los muertos.
Eso significa que el sepulcro tenía que estar vacío.
Y si no lo estaba, la proclamación podía ser destruida inmediatamente.
Había una manera muy sencilla de acabar con todo
Pensemos como los enemigos de Jesús.
Pedro comienza a predicar.
Los discípulos anuncian que Jesucristo está vivo.
La noticia empieza a extenderse.
¿Qué habría sido más eficaz?
¿Discutir con ellos?
¿Amenazarlos?
¿Perseguirlos?
¿Fabricar una explicación acerca de un robo?
No.
Había algo muchísimo más sencillo:
Presentar el cadáver.
Una sola acción podía derrumbar todo el mensaje.
Abrir la tumba.
Sacar el cuerpo.
Mostrarlo públicamente.
Y decir:
“Aquí está Jesús. No ha resucitado.”
Un cadáver habría sido una refutación definitiva
Éste es el punto central.
Si el cuerpo hubiera permanecido disponible, los enemigos de Jesús habrían tenido en sus manos la prueba más poderosa posible contra la resurrección.
No necesitaban construir argumentos teológicos.
No necesitaban demostrar que los discípulos estaban equivocados.
No necesitaban explicar qué había ocurrido aquella madrugada.
Solamente necesitaban producir:
El cuerpo de Jesucristo.
Pero el relato no nos muestra que lo hicieran.
¿Y si los discípulos lo habían robado?
Aceptemos nuevamente la hipótesis.
Supongamos que los discípulos realmente se llevaron el cadáver.
Entonces la respuesta natural de las autoridades sería:
Encontrar el cuerpo.
Investigar a los discípulos.
Arrestarlos.
Interrogarlos.
Determinar dónde habían escondido el cadáver.
Y después presentarlo.
Sin embargo, en mi libro señalo un hecho que considero de enorme importancia: los sacerdotes no llevaron formalmente a los discípulos a juicio por el supuesto robo del cuerpo, y las autoridades romanas no tomaron represalias contra ellos por ese delito.
Esto es extraño si realmente existía evidencia de robo
Recordemos que la acusación era grave.
La tumba había sido asegurada.
Había una guardia.
Existía un sello.
Si los discípulos hubieran sido responsables de violar el sepulcro, no estaríamos ante una travesura menor.
Habría existido un caso contra ellos.
Y en mi libro argumento que, si los sacerdotes o los soldados hubieran podido probar el robo, podían haber llevado a los discípulos ante la justicia y acabar así con el movimiento cristiano.
¿Por qué no hubo un juicio por el robo?
Aquí aparece otra cuestión muy interesante que desarrollo en mi libro.
Si los sacerdotes acusaban formalmente a los discípulos del robo, habría que realizar una investigación.
Y probablemente habría que llamar como testigos a los soldados que custodiaban la tumba.
Pero esos soldados tendrían que explicar:
Qué vieron.
Cuándo lo vieron.
Cómo supieron que fueron los discípulos.
Y por qué estaban dormidos.
En mi libro señalo precisamente que un juicio podía hacer que la debilidad de aquella historia quedara expuesta.
La acusación circuló, pero el cuerpo no apareció
Esto merece ser observado con cuidado.
Mateo dice que la historia del robo se divulgó.
Entonces existía una explicación verbal:
“Los discípulos se llevaron el cuerpo.”
Pero una explicación verbal no equivale a producir evidencia física.
Podían repetir la acusación muchas veces.
Pero todavía quedaba la misma pregunta:
¿Dónde está el cadáver?
Los sacerdotes tenían un enorme motivo para encontrarlo
No estamos hablando de personas indiferentes al movimiento de Jesús.
En su libro usted recalca que los sacerdotes habían dedicado enorme esfuerzo político y religioso a combatirlo. Precisamente por eso se aseguraron de que la tumba quedara protegida y de que el cuerpo no fuera tocado.
Por eso, una vez que los discípulos comenzaron a proclamar que Jesús estaba vivo, aquellos mismos hombres tenían un enorme interés en demostrar lo contrario.
El cadáver habría sido su mejor arma.
No necesitaban convencer a todo el mundo
Ni siquiera tenían que realizar una gran campaña.
Bastaba con que mostraran el cuerpo a personas confiables.
Bastaba con establecer públicamente que el cadáver seguía existiendo.
Bastaba con demostrar que la tumba no estaba realmente vacía.
Pero la controversia histórica que encontramos gira precisamente alrededor de cómo explicar la ausencia del cuerpo, no alrededor de un cadáver disponible que los discípulos se negaban a reconocer.
La explicación del robo reconoce indirectamente el problema
Existe aquí una observación muy importante.
Decir:
“Los discípulos robaron el cuerpo”
es una explicación diseñada precisamente para responder a una realidad:
El cuerpo ya no estaba donde debía estar.
Si hubiera seguido dentro de la tumba, no habría necesidad de inventar una teoría de robo.
Por eso, aun la explicación contraria a la resurrección parte de una situación que necesita ser explicada:
El sepulcro estaba vacío.
Los enemigos podían desacreditar inmediatamente a los discípulos
Imaginemos lo que habría sucedido si, mientras Pedro anunciaba:
“A este Jesús resucitó Dios…”
los sacerdotes hubieran aparecido con el cadáver.
La proclamación habría terminado.
No habría discusión.
No habría necesidad de persecución.
No habría posibilidad de anunciar una resurrección corporal delante de un cuerpo identificable.
Por eso considero que esta pregunta tiene una enorme fuerza:
¿Por qué no lo hicieron?
No debemos afirmar más de lo que tenemos
También quiero mantener la precisión de toda esta serie.
No poseemos un registro de cada acción que las autoridades realizaron durante aquellos días.
Por lo tanto, no debemos inventar interrogatorios, búsquedas o procedimientos que los textos no describen.
Lo que sí podemos afirmar dentro del argumento desarrollado en mi libro es que no aparece un cuerpo presentado para refutar públicamente la resurrección, y tampoco encontramos allí una acusación judicial efectiva contra los discípulos por haber robado el cadáver.
Eso es lo que debemos evaluar.
Ahora llevemos la pregunta al tribunal
Supongamos que estamos examinando el caso.
La acusación afirma:
“Los discípulos robaron el cuerpo.”
Entonces preguntaríamos:
¿Dónde está el cuerpo?
¿Lo recuperaron?
¿A quién arrestaron por el robo?
¿Quién confesó?
¿Dónde fue escondido?
¿Qué guardia identificó personalmente a los discípulos?
¿Por qué no fue presentado públicamente?
Si el cadáver existía, estas preguntas deberían tener alguna respuesta.
El problema se vuelve todavía mayor cuando el mensaje crece
La proclamación de la resurrección no desapareció.
Creció.
Los discípulos que anteriormente estaban escondidos comenzaron a hablar públicamente.
En su libro usted señala precisamente el contraste entre la cobardía inicial de los discípulos y el valor que posteriormente mostraron, y lo presenta como otra pieza que exige explicación.
Cuanto más crecía el mensaje, mayor era el motivo de los enemigos para producir una refutación definitiva.
Y ninguna refutación habría sido más definitiva que el cuerpo.
La ausencia del cuerpo no demuestra por sí sola todo el caso
Debemos conservar el método que hemos seguido desde el principio.
Una tumba vacía, por sí sola, no explica automáticamente qué sucedió.
Por eso estamos investigando distintas hipótesis.
Pero cualquier hipótesis que niegue la resurrección tiene que explicar dos cosas:
Por qué el cuerpo desapareció.
y
Por qué los enemigos de Jesús, que tenían enormes motivos para desacreditar la resurrección, no pudieron presentarlo.
La teoría del robo intenta explicar la primera.
Pero inmediatamente abre la segunda.
Mi conclusión
Si los discípulos hubieran inventado la resurrección mientras el cuerpo de Jesucristo seguía disponible, el cristianismo habría podido ser detenido de una manera extraordinariamente sencilla:
Mostrando el cadáver.
Si los discípulos lo habían robado, las autoridades tenían todos los motivos para perseguirlos, recuperar el cuerpo y presentarlo.
Si el cuerpo había sido trasladado oficialmente, bastaba con decir dónde estaba.
Si alguien más lo había tomado, había que encontrarlo.
Pero el cadáver no aparece como respuesta.
En su libro usted resume este punto sosteniendo que, si sacerdotes o soldados hubieran podido demostrar el robo, podían haber condenado a los discípulos y acabar con el cristianismo desde su nacimiento.
Por eso la pregunta permanece:
¿Dónde estaba el cuerpo de Jesucristo?
La explicación del robo no lo produce.
Los soldados no lo producen.
Los sacerdotes no lo producen.
Las autoridades romanas no lo producen.
Y mientras sus enemigos intentaban explicar su ausencia…
Los discípulos comenzaron a proclamar que lo habían visto vivo.
Eso nos lleva directamente al cierre de esta subserie.
Siguiente tema: ¿Cuál explicación encaja mejor con todos los hechos?
Referencias bíblicas
Mateo 27:57-66.
Mateo 28:11-15.
Hechos 2:22-36.
Hechos 4:1-22.
1 Corintios 15:1-8.
Libro recomendado

