03. ¿Podemos investigar la resurrección como un acontecimiento histórico?

Por el Dr. Elio M Rivera

  Cuando hablamos de la resurrección de Jesucristo, muchas personas piensan inmediatamente que estamos entrando exclusivamente en el terreno de la fe. Para algunos, afirmar que Jesús resucitó pertenece únicamente a la religión y, por lo tanto, consideran que no puede ser investigado de ninguna manera.

  Pero debemos hacernos una pregunta muy sencilla:

¿Es correcto pensar así?

  La resurrección, ciertamente, contiene un elemento sobrenatural. Pero los acontecimientos que la rodearon ocurrieron, según los Evangelios, en un lugar determinado, en una época determinada, bajo autoridades conocidas y frente a personas concretas.

  Jesús no fue crucificado en un lugar imaginario.

  No fue sepultado en una ciudad mitológica.

  Sus discípulos no pertenecieron a una civilización desconocida.

  Los relatos colocan los acontecimientos dentro de la historia humana.

  Por eso considero que la resurrección puede, y debe, ser investigada seriamente.

La fe no nos obliga a abandonar la razón

  En ocasiones encontramos dos extremos.

  Por un lado están quienes dicen:

“Yo creo y no necesito investigar nada.”

  Y por el otro están quienes responden:

“Como se trata de un milagro, no vale la pena investigar.”

  Ninguna de estas posiciones me parece suficiente.

  Si estamos afirmando que algo ocurrió en la historia, tenemos derecho a preguntar qué evidencia existe.

  Podemos examinar documentos.

  Podemos estudiar lugares.

  Podemos analizar personajes.

  Podemos observar el contexto político y religioso.

  Podemos estudiar las costumbres funerarias.

  Podemos preguntarnos quiénes estuvieron presentes.

  Podemos comparar distintos testimonios.

  Y podemos intentar determinar qué explicación concuerda mejor con la información disponible.

  Esto no significa que podamos meter la resurrección dentro de un laboratorio y repetirla. Muchos acontecimientos históricos tampoco pueden repetirse.

  No podemos repetir una batalla antigua.

  No podemos reproducir el asesinato de un emperador romano.

  No podemos regresar al momento exacto en que una ciudad fue destruida.

  Sin embargo, los historiadores investigan esos acontecimientos mediante los rastros que dejaron.

  Con la resurrección podemos hacer algo parecido.

Comenzamos con documentos antiguos

  Una de las primeras fuentes de información que tenemos son los escritos del Nuevo Testamento.

  Muchas personas rechazan inmediatamente estos documentos porque forman parte de la Biblia.

  Pero si queremos realizar una investigación seria, no podemos descartarlos simplemente por su contenido religioso.

  Primero debemos preguntarnos qué clase de documentos son, cuándo fueron escritos, quiénes los escribieron, a quiénes estaban dirigidos y qué clase de información contienen.

  En mi libro explico que muchos escritos del Nuevo Testamento fueron dirigidos originalmente a personas o grupos concretos. Lucas y Hechos, por ejemplo, fueron dirigidos a Teófilo; las cartas de Pablo fueron enviadas a comunidades y personas específicas; y otros autores escribieron para conservar y comunicar acontecimientos que formaban parte de la realidad que les había tocado vivir.

  Eso significa que, antes de ser reunidos dentro de lo que hoy llamamos Biblia, estos textos fueron documentos que circularon entre personas reales.

El hecho de que un documento hable de Dios no elimina automáticamente su valor histórico

  Este punto es muy importante.

  A veces se comete un error de razonamiento: se piensa que, porque un documento contiene afirmaciones religiosas o sobrenaturales, todo lo demás que relata debe ser rechazado.

  Pero eso no sería una forma justa de investigar.

  Un documento antiguo debe ser analizado por lo que contiene.

  Si describe ciudades, gobernantes, caminos, costumbres, edificios, acontecimientos políticos y lugares geográficos, todas esas afirmaciones pueden compararse con otras fuentes.

  El hecho de que, además, contenga afirmaciones acerca de Dios no obliga a aceptar automáticamente esas afirmaciones; pero tampoco justifica desechar todo el documento antes de estudiarlo.

  La investigación comienza examinando, no descartando.

Los Evangelios colocan la historia en lugares reales

  Una diferencia importante entre una leyenda puramente mitológica y los relatos de la pasión de Jesucristo es que estos últimos están llenos de referencias geográficas.

  Jerusalén.

  Getsemaní.

  El pretorio.

  El lugar de la Calavera.

  Un huerto.

  Un sepulcro excavado en la roca.

  Todos estos elementos forman parte del escenario que podemos estudiar.

  Los Evangelios describen incluso características particulares del sepulcro: estaba ubicado en un huerto cercano al lugar de la crucifixión, era nuevo, había sido excavado en roca y se cerraba con una gran piedra.

  Estas descripciones son importantes porque convierten el relato en algo que puede compararse con la geografía, la arqueología y las costumbres funerarias de aquella época.

También encontramos personajes históricos

  La historia de la muerte y resurrección de Jesús tampoco ocurre rodeada solamente de personajes anónimos.

  Los relatos mencionan gobernantes y autoridades.

  Poncio Pilato.

  Caifás.

  Los principales sacerdotes.

  Soldados romanos.

  José de Arimatea.

  Los discípulos.

  Las mujeres que acudieron al sepulcro.

  Esto es importante porque una investigación histórica siempre intenta identificar a los participantes de un acontecimiento.

  ¿Quién tomó las decisiones?

  ¿Quién tenía autoridad?

  ¿Quién presenció los hechos?

  ¿Quién tenía interés en que Jesús muriera?

  ¿Quién tenía interés en impedir que el cuerpo desapareciera?

  Estas preguntas son perfectamente legítimas.

Podemos estudiar las motivaciones de los involucrados

  Una investigación no solamente pregunta qué ocurrió.

  También pregunta por qué ciertas personas actuaron como lo hicieron.

  En el caso de Jesucristo, había importantes intereses políticos y religiosos alrededor de su muerte.

  En mi libro analizo cómo las autoridades religiosas consideraban a Jesús una amenaza, especialmente porque confrontaba públicamente su conducta y porque su influencia sobre el pueblo podía poner en peligro su poder.

  También debemos considerar al poder romano, cuya principal preocupación era conservar el orden político.

  Comprender estos intereses nos ayuda a estudiar después una cuestión muy importante:

¿Qué tan interesados estaban los enemigos de Jesús en asegurarse de que realmente estuviera muerto y de que su cuerpo permaneciera dentro de la tumba?

  Esa pregunta tendrá enorme importancia más adelante.

Podemos investigar cómo murió Jesús

  Otro elemento histórico que podemos estudiar es el método de ejecución.

  Jesucristo fue crucificado.

  La crucifixión no es una invención de los Evangelios. Era una forma de ejecución utilizada en el mundo antiguo y adoptada ampliamente por Roma.

  Por lo tanto, podemos estudiar cómo se ejecutaba una crucifixión.

  Podemos investigar qué ocurría con el cuerpo.

  Podemos analizar la flagelación.

  Podemos examinar las heridas.

  Podemos estudiar de qué manera morían los crucificados.

  Todo esto será importante porque antes de hablar de una resurrección debemos establecer algo elemental:

¿Jesucristo realmente estaba muerto cuando lo colocaron en el sepulcro?

  En mi libro dedico una parte importante precisamente al estudio de la crucifixión y posteriormente a la comprobación de la muerte de Jesús.

Podemos investigar la tumba

  Después encontramos otro elemento físico:

el sepulcro.

  Sabemos por los relatos que el cuerpo fue entregado a José de Arimatea y colocado en una tumba.

  Podemos estudiar cómo eran las tumbas judías del siglo primero.

  Podemos investigar cómo se cerraban.

  Podemos estudiar la función de las piedras que cubrían sus entradas.

  Podemos observar cómo se preparaban los cuerpos para la sepultura.

  Incluso podemos comparar las descripciones del Evangelio con tumbas que todavía existen en Israel.

  Eso no demuestra por sí solo una resurrección, pero sí nos permite determinar si el escenario descrito corresponde o no con el mundo histórico del siglo primero.

Podemos investigar la guardia y el sello

  Los Evangelios también mencionan que se tomaron medidas para impedir que desapareciera el cuerpo.

  En mi libro estudio particularmente dos elementos:

la guardia y el sello.

  La presencia de soldados alrededor de una tumba y la colocación de un sello oficial son circunstancias que pueden analizarse dentro del contexto de la autoridad romana.

  Su importancia es evidente.

  Si posteriormente alguien afirma que los discípulos simplemente llegaron, quitaron la piedra y se llevaron el cuerpo, entonces tenemos que preguntarnos:

  ¿Podían hacerlo?

  ¿Qué obstáculos existían?

  ¿Qué riesgo representaba enfrentarse a los guardias?

  ¿Qué significaba romper un sello imperial?

  El relato presenta la guardia y el sello precisamente como medidas destinadas a impedir que alguien pudiera robar el cuerpo.

Podemos investigar a los testigos

  Después de encontrar la tumba vacía aparecen testimonios de personas que afirmaron haber visto vivo a Jesucristo.

  Una investigación histórica debe preguntar:

  ¿Cuántas personas hicieron esa afirmación?

  ¿Quiénes eran?

  ¿Sus testimonios aparecieron inmediatamente o siglos después?

  ¿Creían desde el principio que Jesús iba a resucitar?

  ¿Ganaron algo al proclamarlo?

  ¿Cambió su conducta después de aquello que dijeron haber visto?

  Estas preguntas son fundamentales.

  Los propios Evangelios muestran que los discípulos no se encontraban esperando alegremente una resurrección. Estaban temerosos y, en algunos casos, incluso fueron lentos para creer el testimonio inicial de las mujeres.

  Esto hace todavía más interesante investigar qué produjo posteriormente un cambio tan profundo en ellos.

También podemos estudiar las explicaciones alternativas

  Una investigación seria no debe examinar solamente la explicación que uno desea que sea verdadera.

  También debe estudiar las alternativas.

  Quizá Jesús no murió.

  Quizá alguien robó el cuerpo.

  Quizá los discípulos mintieron.

  Quizá se equivocaron de tumba.

  Quizá todo fue inventado.

  Cada una de estas posibilidades debe ser examinada.

  Y después debemos hacernos la pregunta que todo investigador debería formular:

¿Cuál explicación logra reunir de manera más coherente todos los hechos?

  No debemos aceptar una explicación simplemente porque nos guste.

  Debemos preguntarnos si explica realmente la información disponible.

El método es sencillo: reunir las piezas

  Imagine que presentamos este caso ante un juez.

  No comenzaríamos diciendo:

“Señor juez, tiene que creer porque yo soy cristiano”.

  Tampoco bastaría que alguien dijera:

“Señor juez, no puede ser cierto porque yo no creo en milagros”.

  Un juez querría saber:

  ¿Qué documentos tenemos?

  ¿Dónde ocurrieron los hechos?

  ¿Quiénes estaban allí?

  ¿Quién murió?

  ¿Quién verificó la muerte?

  ¿Dónde quedó el cuerpo?

  ¿Quién custodiaba el lugar?

  ¿Quién encontró la tumba vacía?

  ¿Qué dijeron los testigos?

  ¿Existen explicaciones alternativas?

  ¿Son coherentes?

  Ese es precisamente el camino que deseo seguir.

No estamos intentando demostrar un milagro con una excavación arqueológica

  También debemos ser cuidadosos.

  La arqueología puede comprobar lugares, épocas, costumbres y objetos.

  La historia puede estudiar documentos, personajes y acontecimientos.

  La medicina puede ayudarnos a entender una crucifixión.

  Pero ninguna excavación arqueológica puede desenterrar “la resurrección” como si fuera una vasija antigua.

  La cuestión debe investigarse reuniendo diferentes tipos de evidencia y preguntándonos qué explicación ofrece el mejor sentido del conjunto.

  Eso es exactamente lo que hacemos continuamente cuando estudiamos acontecimientos del pasado.

La pregunta merece una investigación honesta

  A lo largo de esta serie deseo pedir una sola cosa al lector:

No acepte ni rechace la resurrección antes de examinar los hechos.

  Si usted es creyente, no tenga miedo de investigar.

  Y si usted no cree, tampoco descarte el caso antes de estudiarlo.

  Permitamos que los documentos hablen.

  Examinemos el lugar.

  Estudiemos la muerte.

  Analicemos la tumba.

  Observemos a los guardias.

  Escuchemos a los testigos.

  Consideremos las explicaciones alternativas.

  Y después lleguemos a una conclusión.

  Ese fue precisamente el propósito que me propuse al estudiar este tema: reunir la información contenida en los Evangelios y analizarla con la razón y la lógica para que el lector pudiera llegar a sus propias conclusiones.

El siguiente paso

  Ya hemos establecido algo importante.

  La resurrección contiene una afirmación sobrenatural, pero está rodeada por acontecimientos que se presentan como históricos.

  Por eso podemos investigarla.

  Ahora debemos acercarnos a nuestra primera gran fuente de información.

  Tenemos cuatro relatos que describen la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.

  Y antes de utilizarlos como evidencia debemos preguntarnos:

¿Son los Evangelios documentos que podemos tomar seriamente en una investigación histórica?

Referencias bíblicas

Lucas 1:1-4.
Mateo 27:57-66.
Marcos 15:42-47.
Lucas 23:50-56.
Juan 19:38-42.
Juan 20:1-29.
1 Corintios 15:1-8.

NUEVO EN CRISTOPEDIA

     Descubre las nuevas series, libros y recursos que hemos añadido al Museo y a la Biblioteca de Cristopedia.

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.