Por el Dr. Elio M Rivera
Después de estudiar el Gólgota, debemos avanzar unos cuantos metros en nuestra investigación.
Jesucristo ha muerto.
Su cuerpo ha sido bajado de la cruz.
Ahora tenemos que responder una pregunta fundamental:
¿Dónde fue colocado su cuerpo?
Esta pregunta es mucho más importante de lo que parece.
Si estamos investigando la resurrección de Jesucristo como un acontecimiento histórico y geográfico, no basta con afirmar que Jesús murió y después apareció vivo. Tenemos que seguir el cuerpo.
¿Quién lo recibió?
¿Dónde lo llevó?
¿Cómo era el sepulcro?
¿Dónde estaba localizado?
¿Cómo se cerraba?
¿Era suficientemente grande para que ocurrieran dentro de él los acontecimientos que describen los Evangelios?
Los relatos bíblicos nos proporcionan una descripción sorprendentemente detallada.

La tumba del huerto, el lugar donde creo firmemente que Jesús fue sepultado
La tumba estaba en un huerto
El Evangelio de Juan proporciona una de las primeras características:
“Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.”
Juan 19:41
Observe detenidamente lo que dice.
Jesucristo había sido crucificado en un lugar determinado.
En ese lugar había un huerto.
Y dentro del huerto había un sepulcro.
Esto significa que la tumba no se encontraba a kilómetros del sitio de la crucifixión.
El sepulcro estaba en el mismo lugar o muy cerca del sitio donde Jesucristo había muerto.
Esta es la primera característica que debemos buscar.
El sepulcro pertenecía a José de Arimatea
Mateo nos proporciona información adicional:
“Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.”
Mateo 27:57-60
Ahora tenemos varias características más.
El sepulcro pertenecía a José de Arimatea.
Era nuevo.
Había sido labrado en la peña.
Y su entrada se cerraba haciendo rodar una gran piedra.
Esto ya nos proporciona una descripción mucho más precisa del lugar que debemos buscar.
El sepulcro era nuevo
Este detalle es importantísimo.
Juan dice:
“En el cual aún no había sido puesto ninguno.”
Mateo lo llama:
“Su sepulcro nuevo.”
Por lo tanto, no estamos buscando una tumba utilizada durante muchas generaciones.
Estamos buscando un sepulcro que, según el relato bíblico, todavía no había sido ocupado.
Y este dato será muy importante cuando examinemos la Tumba del Huerto.
La tumba estaba excavada en roca
Mateo utiliza otra expresión muy específica:
“Que había labrado en la peña.”
Es decir, no se trataba de una fosa excavada en tierra.
Era una cavidad trabajada directamente dentro de la roca.
Esta característica todavía puede observarse en muchas tumbas antiguas de Israel.
El cuerpo se colocaba dentro de un espacio excavado en la piedra.
Así que nuestro sepulcro tiene que reunir, por lo menos hasta este momento, las siguientes características:
Estar en un huerto.
Estar cerca del lugar de la crucifixión.
Ser nuevo.
Estar excavado en roca.
Y tener una entrada que pudiera cerrarse mediante una gran piedra.
Estas son precisamente las características que establezco en mi libro a partir de los relatos bíblicos.
Una piedra enorme cerraba la entrada
Marcos añade otro detalle:
“Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.”
Marcos 16:2-4
Las mujeres que se dirigían al sepulcro tenían una preocupación.
No estaban preguntándose dónde se encontraba el cuerpo.
Sabían dónde había sido sepultado Jesús.
Su problema era otro:
¿Quién movería la piedra?
Eso significa que aquella piedra no era pequeña.
El Evangelio dice expresamente que:
“Era muy grande.”
Por eso, una tumba que pretendamos comparar con el relato bíblico debería mostrar evidencia de haber tenido un sistema para cerrar su entrada mediante una piedra de gran tamaño.
Dentro de la tumba cabían varias personas
Existe otra característica que con frecuencia pasamos por alto.
Marcos dice:
“Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.”
Marcos 16:5
Observe nuevamente la escena.
Las mujeres entraron.
Dentro encontraron a alguien sentado al lado derecho.
Por lo tanto, no estamos hablando de una pequeña cavidad en la que solamente cabía un cuerpo.
Era un espacio suficientemente grande para permitir que varias personas entraran.
En mi investigación concluí que dentro del sepulcro descrito por los Evangelios debían poder caber por lo menos cinco personas.
Para mirar dentro había que inclinarse
Juan proporciona todavía otro detalle muy interesante.
Cuando llegó al sepulcro dice:
“Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.”
Juan 20:5
Posteriormente se dice de María Magdalena:
“Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro.”
Juan 20:11
Tanto Juan como María tuvieron que inclinarse para observar dentro.
Esto nos indica algo acerca de la entrada.
No era una puerta alta como las que utilizamos actualmente.
La entrada obligaba a la persona a agacharse o inclinarse para poder mirar hacia el interior.
Por lo tanto, ésta constituye otra característica física que podemos comparar.
Dentro había un lugar para colocar horizontalmente el cuerpo
Juan describe posteriormente lo que María observó dentro del sepulcro:
“Y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.”
Juan 20:12
Esta descripción es sumamente importante.
Había una cabecera.
Había un lugar correspondiente a los pies.
Eso significa que el cuerpo había sido colocado horizontalmente.
Además, había suficiente espacio para que una figura se sentara en la cabecera y otra a los pies.
Cuando posteriormente entré personalmente en la Tumba del Huerto pude comprobar que existe espacio suficiente para que ocurra exactamente una escena de este tipo.
La luz debía poder entrar al sepulcro
Existe otro detalle que adquirió enorme importancia para mí cuando estuve dentro de la tumba.
Juan llegó muy temprano.
Se inclinó.
Miró dentro.
Y pudo distinguir los lienzos.
Eso significa que de alguna manera la luz del amanecer podía penetrar en el sepulcro.
Al estudiar personalmente la Tumba del Huerto observé que posee una abertura cuya ubicación permite que la luz de la mañana penetre hacia el interior.
Este detalle coincide perfectamente con la posibilidad de que Juan pudiera observar desde la entrada lo que estaba dentro de la tumba.
En mis propias fotografías también puede observarse cómo la luz del día entra en el sepulcro y permite distinguir claramente el lugar donde habría sido colocado un cuerpo.
Entonces, ¿qué clase de tumba debemos buscar?
Ahora podemos reunir toda la información.
Conforme a los Evangelios, el sepulcro donde fue colocado Jesucristo debía tener las siguientes características:
Debía estar dentro de un huerto.
El huerto debía encontrarse en el lugar o muy cerca del sitio donde Jesucristo fue crucificado.
El sepulcro debía ser nuevo.
Debía estar labrado en roca.
Su entrada debía cerrarse mediante una gran piedra.
Debía tener suficiente espacio interior para albergar a varias personas.
El cuerpo debía colocarse horizontalmente.
Debía existir espacio en la cabecera y a los pies.
La entrada debía obligar a una persona a inclinarse para mirar hacia dentro.
Y la luz del amanecer debía poder penetrar suficientemente para permitir observar el interior.
Ahora la investigación se vuelve realmente interesante.
¿Existe un sepulcro que reúna estas características?
Mi respuesta es:
Sí.
La Tumba del Huerto
En el año 1881, el General Christian Gordon encontró muy cerca del Monte de la Calavera los restos de lo que fue un huerto del siglo primero.
Como resultado de aquel descubrimiento se realizaron excavaciones en el lugar.
A una profundidad de aproximadamente uno o dos metros apareció una tumba perteneciente a la época del Imperio Romano.
La tumba estaba excavada en roca.
Y frente a ella existía una zanja o canal por donde podía rodar una gran piedra.
Esto inmediatamente llamó mi atención.
Porque estas características coinciden con las que acabamos de extraer de los Evangelios.
Las dimensiones del sepulcro
Según los datos que presento en mi libro, la tumba mide aproximadamente:
4.3 metros de ancho.
2.3 metros de alto.
3 metros de profundidad.
Cuando uno entra y mira hacia el lado derecho puede observar dos sepulturas.
Una se encuentra junto a la pared del fondo y otra junto a la pared de enfrente.
También existe otro espacio hacia el lado izquierdo que aparentemente iba a ser utilizado para construir sepulturas adicionales, pero el trabajo quedó inconcluso.
Una parte de la tumba parece no haber sido terminada
Este detalle me parece extraordinariamente importante.
Los Evangelios dicen que era:
“Un sepulcro nuevo.”
Y cuando observamos la Tumba del Huerto encontramos indicaciones de que algunas partes nunca fueron terminadas.
En mi investigación menciono precisamente este hecho como una evidencia de que nos encontramos frente a un sepulcro nuevo.
La tumba está vacía
Cuando normalmente se descubre una sepultura antigua, pueden encontrarse restos correspondientes a las personas que fueron enterradas allí.
Pero algo particularmente interesante acerca de esta tumba es que no se encontraron restos de corrupción en su interior.
La tumba estaba vacía.
Y entonces surge una pregunta que planteo directamente en mi libro:
¿Por qué un sepulcro de este tamaño estaba vacío?
No considero que esta pregunta deba ignorarse.
Personalmente he estado dentro de ella
Aquí mi investigación deja de ser solamente algo que leí en un libro.
Yo he estado personalmente dentro de esa tumba.
He entrado acompañado por otras personas.
He observado sus dimensiones.
He visto las sepulturas.
He observado la entrada.
He visto el canal para la piedra.
He comprobado cómo entra la luz.
Y sé, porque he estado allí, que el espacio es suficientemente grande para albergar a cinco, seis o incluso siete personas de pie.
También puedo afirmar que existe espacio suficiente para que una persona estuviera sentada a la cabecera y otra a los pies del lugar donde se habría depositado el cuerpo.
Esto no lo escribí basándome únicamente en una fotografía.
He estado dentro de ese sepulcro.
La tumba coincide con la manera en que Juan y María miraron hacia dentro
En mis fotografías puede observarse también la altura de la entrada.
Yo mismo realicé la misma acción descrita en el Evangelio: inclinarme para mirar dentro.
La Biblia dice que Juan hizo exactamente eso.
Y también lo hizo María Magdalena.
La configuración física del sepulcro permite que una persona realice precisamente esa acción.
El canal para una piedra enorme todavía puede observarse
Al pie de la entrada puede distinguirse el canal por donde habría rodado una piedra utilizada para cerrar el sepulcro.
Por sus dimensiones podemos comprender mejor la preocupación de las mujeres:
“¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”
La piedra debió ser enorme.
En mis fotografías también puede observarse la forma semicircular sobre la entrada, que ayuda a visualizar el tamaño que una piedra utilizada para cerrar aquel sepulcro debió tener.
¿Realmente existió allí un huerto?
Ésta es otra pregunta fundamental.
Juan dice que:
“En el lugar donde había sido crucificado, había un huerto.”
Entonces, si estamos buscando el sepulcro descrito por Juan, necesitamos encontrar evidencia de un huerto.
Y la encontramos.
En el lugar se descubrió una prensa de olivas.
También existe una enorme cisterna utilizada para almacenar agua.
¿Para qué se necesitaba semejante cantidad de agua?
Para mantener la vegetación del huerto.
Por eso puedo corroborar que aquel lugar fue utilizado como huerto en la antigüedad.
Y el Gólgota está a escasos metros
Ahora unamos las piezas.
Juan dice que el huerto estaba en el lugar donde Jesús había sido crucificado.
La Tumba del Huerto se encuentra a escasos metros del lugar que identifico con el Monte de la Calavera.
En mi libro incluyo una fotografía del lugar donde puede distinguirse en la formación rocosa una figura que recuerda los ojos y la nariz de una calavera. Y allí señalo que esa colina se encuentra a escasos metros de la tumba y del huerto.
Una vez más:
Gólgota.
Huerto.
Tumba excavada en roca.
Todo aparece dentro del mismo escenario geográfico.
Existen dos lugares propuestos; yo estoy convencido de éste
Existen dos lugares donde tradicionalmente se ha considerado que pudo ocurrir la muerte y resurrección de Jesucristo.
Pero quiero decirlo exactamente como lo afirmo en mi libro:
Personalmente creo que fue en la Tumba del Huerto.
Y lo creo porque la tumba de este lugar encaja perfectamente con el relato bíblico de la resurrección.
No llegué a esta conclusión intentando agradar a alguien.
Llegué a ella comparando lo que dice la Biblia con lo que personalmente pude observar en el lugar.
La metodología que utilicé
Algunos podrían preguntar:
¿Cómo puede llegar a esa conclusión?
La respuesta está en la metodología.
Cuando los arqueólogos intentan identificar lugares antiguos, utilizan documentos históricos y después comparan sus descripciones con los descubrimientos geográficos y arqueológicos.
En mi libro menciono, como comparación, la identificación de la tumba del rey Herodes mediante los escritos de Flavio Josefo.
Entonces hago una pregunta que considero completamente válida:
¿Por qué podemos tomar los escritos de Flavio Josefo como una fuente histórica para buscar la tumba de Herodes y descartar automáticamente los relatos bíblicos cuando investigamos la tumba de Jesucristo?
Los autores bíblicos también escribieron acerca de acontecimientos que afirmaban haber ocurrido dentro de su mundo y de su época.
Por eso utilicé el mismo principio.
Tomé un documento antiguo:
la Biblia.
Leí la descripción.
Fui al lugar.
Observé la geografía.
Entré en la tumba.
Comparé sus características.
Y comprobé personalmente que el relato coincide con las características de la Tumba del Huerto.
Las piezas encajan
Volvamos una última vez a las características.
¿Había un huerto?
Sí.
¿Está cerca del lugar que identificamos como el Monte de la Calavera?
Sí.
¿La tumba está excavada en roca?
Sí.
¿Presenta características de una tumba nueva o no terminada?
Sí.
¿Existe un canal para una gran piedra?
Sí.
¿Es suficientemente grande para que varias personas entren?
Sí.
¿Puede una persona sentarse a la cabecera y otra a los pies?
Sí.
¿Hay que inclinarse para observar desde la entrada?
Sí.
¿Puede entrar la luz de la mañana?
Sí.
¿Está vacía?
Sí.
Por eso mi conclusión es firme.
Esta tumba encaja perfectamente con la descripción bíblica del lugar.
Y como escribí expresamente en mi libro:
Ésta es la razón por la que creo que éste es el sitio donde resucitó el Señor, pues la Biblia no miente.
Si presentáramos el caso ante un juez
Volvamos nuevamente al tribunal imaginario con el que hemos venido desarrollando esta serie.
El juez podría preguntarme:
“Dr. Rivera, ¿qué pruebas tiene para afirmar que éste es el lugar?”
Mi respuesta sería semejante a la que presento en mi libro:
Tengo los relatos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Tengo las características físicas que ellos describieron.
Tengo un lugar geográfico que coincide con esas características.
Y tengo fotografías tomadas durante mis propias investigaciones que muestran esa correspondencia.
No estamos hablando de un lugar inventado.
Estamos hablando de una tumba real.
Excavada en roca.
Dentro de un antiguo huerto.
Junto al lugar de la crucifixión.
Con espacio suficiente para los acontecimientos descritos por los Evangelios.
Con un canal para una enorme piedra.
Y vacía.
Ahora que sabemos qué clase de tumba describen los Evangelios, debemos conocer al hombre que permitió que el cuerpo de Jesucristo fuera colocado dentro de ella.
Nuestro siguiente tema: José de Arimatea y el sepulcro nuevo
Referencias bíblicas
Mateo 27:57-61.
Marcos 15:42-47.
Marcos 16:1-5.
Lucas 23:50-56.
Juan 19:38-42.
Juan 20:1-12.
Si este artículo despertó su interés y desea explorar el tema con mayor profundidad, le invitamos a conocer el libro completo, donde encontrará un estudio mucho más amplio y detallado.

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