3. Cuando Dios respondió la oración de Efesios 3: 14 – 21
Por el Dr. Elio M. Rivera
A lo largo de esta serie hemos estudiado la oración que el apóstol Pablo dejó registrada en Efesios capítulo tres. Una oración cuyo propósito no era pedir riquezas, fama, reconocimiento o éxito personal. Pablo oró para que los creyentes llegaran a conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento y para que fueran llenos de toda la plenitud de Dios.

Durante muchos años esta oración fue simplemente un pasaje más de la Biblia para mí. La había leído en numerosas ocasiones, pero nunca había comprendido la profundidad de lo que contenía. Sin embargo, todo cambió cuando alguien sembró estas palabras en mi corazón cuando tenía aproximadamente veintiún años de edad. Recuerdo que aquella persona nos animó a orar constantemente esta petición delante de Dios. Nos enseñó que Pablo no estaba escribiendo teoría. Estaba describiendo una realidad espiritual que podía experimentarse. Así que decidí aceptar el reto. Comencé a presentar esta oración delante del Padre celestial una y otra vez.
Debo confesar que en aquel tiempo no tenía idea de lo que estaba pidiendo. Pensaba que simplemente estaba orando para conocer mejor a Jesucristo. Lo que no entendía era que Dios estaba a punto de iniciar un proceso que transformaría el rumbo completo de mi vida. Los primeros resultados no fueron espectaculares ni inmediatos. No hubo rayos cayendo del cielo ni visiones extraordinarias. Lo que comenzó a suceder fue algo mucho más profundo. Empezó a despertarse dentro de mí una pasión creciente por conocer la vida y la obra del Señor Jesucristo.
Mientras más oraba, más hambre tenía de leer los Evangelios. Mientras más estudiaba los Evangelios, más preguntas surgían en mi corazón. Y mientras más preguntas surgían, más deseaba investigar. Poco a poco comencé a descubrir que existía una enorme diferencia entre conocer algunas doctrinas acerca de Cristo y conocer verdaderamente Su corazón. Por años había escuchado predicaciones acerca de la salvación, la fe, la prosperidad, la sanidad y muchos otros temas importantes. Pero ahora algo dentro de mí me impulsaba a mirar directamente a la persona de Jesucristo.
Quería saber cómo pensaba. Quería entender cómo veía a las personas. Quería comprender por qué actuaba como actuaba. Quería descubrir qué había en Su corazón que lo llevó a cambiar la historia de la humanidad. Y fue entonces cuando Dios comenzó a abrir puertas que jamás hubiera imaginado.
Con el paso de los años, el Señor prosperó mi vida de maneras que nunca esperé. No lo hizo para que persiguiera riquezas o comodidad personal. Lo hizo porque estaba respondiendo una oración. Dios comenzó a proveer los recursos necesarios para continuar esta búsqueda. Pude adquirir libros que antes parecían fuera de mi alcance. Poco a poco fui formando una biblioteca dedicada al estudio de las Escrituras, de la historia bíblica, de la arqueología, de la cultura judía y de la vida del Señor Jesucristo.
Cada libro abría nuevas puertas de conocimiento. Cada investigación despertaba nuevas preguntas. Y cada respuesta me llevaba a seguir buscando más profundamente. También tuve la oportunidad de asistir a seminarios, conferencias y cursos especializados donde aprendí de hombres que habían dedicado su vida al estudio de las Escrituras. Dios puso en mi camino maestros, pastores, historiadores y aun rabinos que compartieron conocimientos que enriquecieron profundamente mi comprensión del contexto en el que vivió el Señor Jesús.
Cada encuentro agregaba una nueva pieza al rompecabezas. Cada enseñanza me ayudaba a ver aspectos de Cristo que antes habían pasado desapercibidos para mí. Pero Dios no se detuvo ahí. Con el paso de los años comenzaron a llegar oportunidades de viajar a lugares que durante mucho tiempo solamente había visto en libros.
Tuve el privilegio de visitar Alemania y recorrer algunos de los escenarios donde ocurrió la Reforma Protestante. Caminar por lugares relacionados con Martín Lutero me permitió comprender mejor el impacto que tuvo aquel movimiento en la historia de la Iglesia. También pude viajar a Italia y conocer algunos de los escenarios históricos que ayudaron a moldear gran parte del cristianismo occidental.
Sin embargo, nada se compara con lo que ocurrió cuando Dios comenzó a abrirme las puertas de Israel. Hasta el día de hoy he tenido el privilegio de visitar la Tierra Santa en múltiples ocasiones. Cada viaje transformó mi manera de leer la Biblia. Cada ciudad visitada añadió profundidad a los relatos de los Evangelios. Cada monte, cada valle, cada lago y cada sitio arqueológico ayudaron a que las Escrituras cobraran una nueva dimensión delante de mis ojos.
Caminar por Jerusalén. Contemplar el Mar de Galilea. Visitar el Monte de los Olivos. Recorrer las calles de la antigua Ciudad de David. Estar en lugares donde ocurrieron acontecimientos relacionados con la vida del Señor Jesucristo. Todo ello produjo un impacto profundo en mi manera de comprender Su vida y Su ministerio.
A medida que estas experiencias se acumulaban, una verdad se hacía cada vez más evidente para mí. Dios estaba respondiendo la oración de Efesios. Lo que comenzó como una sencilla petición de un joven creyente se había convertido en una aventura de toda una vida. Dios estaba utilizando libros, viajes, maestros, investigaciones, experiencias, amistades y oportunidades para revelarme cada vez más profundamente a Su Hijo.
Y debo decir algo con toda honestidad. La manera en que Dios respondió esta oración me quitó el aliento. Jamás imaginé que aquella sencilla petición me llevaría a recorrer tantos caminos, conocer tantas personas, visitar tantos lugares y dedicar tantos años al estudio de la vida y la obra de Jesucristo. Cuando miro hacia atrás, puedo ver claramente la mano de Dios guiando cada paso. Puedo ver cómo fue conectando personas, circunstancias y oportunidades para llevarme cada vez más cerca del conocimiento de Su Hijo.
De esa búsqueda nacieron libros. De esa búsqueda surgieron investigaciones. De esa búsqueda nació el Museo La Vida y Obra de Jesucristo. De esa búsqueda surgió Cristopedia. Pero aun después de todo esto, sigo sintiendo que apenas estoy comenzando. Mientras más conozco a Cristo, más consciente soy de cuánto me falta por conocer. Mientras más estudio Su vida, más fascinante me parece Su persona. Mientras más descubro acerca de Su amor, más deseo seguir buscándolo.
Y quizá esa sea una de las mayores evidencias de que esta oración proviene de Dios. Porque cuando Dios comienza a revelar a Su Hijo, nunca quedamos satisfechos. Siempre queremos conocerlo más.
Conclusión
Si alguien me preguntara cuál ha sido una de las herramientas más poderosas que Dios ha utilizado para revelarme a Jesucristo, mi respuesta sería sencilla: la oración de Efesios capítulo tres. Estoy convencido de que Dios dejó esta oración en las Escrituras porque desea responderla. No fue escrita únicamente para Pablo. No fue escrita únicamente para la Iglesia del primer siglo. Fue escrita para todo creyente que tenga hambre de conocer más profundamente al Hijo de Dios.
A lo largo de los años he aprendido que una de las maneras más poderosas de conocer a Cristo es simplemente pedírselo a Dios. Pedirle que abra nuestros ojos. Pedirle que nos revele Su corazón. Pedirle que nos permita comprender Su amor. Pedirle que nos conduzca a experiencias, personas, libros y circunstancias que nos acerquen más a Él.
Y si algo puedo asegurar después de décadas de caminar con el Señor, es que Dios sigue respondiendo esa oración. Tal vez no lo haga exactamente de la misma manera con todos. Pero sí estoy convencido de que todo aquel que persevere en esta petición descubrirá algo maravilloso: el Padre celestial ama revelar a Su Hijo.
Y cuando comienza a hacerlo, la aventura apenas empieza.
Disfrute un reel con propósito
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
- 3. Profecías acerca de Jesucristo
- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
- Artículo
- Reflexión
- Salvación
- Usos y costumbres del tiempo de Cristo
- Vida de Jesús
Explore el museo la vida y obra de Jesucristo
