1. Cuando la Biblia Cobró Vida: Diario de mis recorridos por los lugares donde Jesús caminó

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Durante uno de mis viajes a Israel encontré un libro que llamó profundamente mi atención. Su título contenía una expresión que jamás había escuchado: “El Quinto Evangelio”. Recuerdo haber tomado el libro entre mis manos y preguntarme qué quería decir el autor con aquellas palabras. Por supuesto, no estaba hablando de un evangelio perdido ni de algún texto oculto que debiera añadirse a las Escrituras. Sin embargo, aquella expresión quedó grabada en mi memoria. En ese momento todavía no comprendía completamente lo que significaba. La comprendería después. Mucho después. La comprendería caminando por Galilea, observando las aguas del Mar de Galilea, recorriendo las calles de Capernaúm y contemplando las montañas donde Jesús enseñó a las multitudes.

  Para entender por qué aquella frase llegó a significar tanto para mí, debo retroceder algunos años. En aquella época apenas comenzaba mi ministerio. Había desarrollado una fascinación profunda por la persona de Jesucristo. No me refiero simplemente a una admiración teológica. Había llegado un momento en mi vida en que deseaba conocerlo mejor. Comprenderlo mejor. Acercarme más a Él. Durante ese tiempo me embarqué en un proyecto que transformó mi manera de leer la Biblia. Decidí armonizar los cuatro Evangelios en una sola narración continua.

  Durante meses estudié cuidadosamente el trabajo de historiadores y estudiosos cristianos que habían dedicado sus vidas a reconstruir cronológicamente la vida de Jesús. Tomé los relatos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan y los fui uniendo como quien reúne las piezas de un gran mosaico. Eliminé los números de capítulos y versículos para leer los acontecimientos como una historia continua. Una y otra vez repasé los Evangelios. Los leí cientos de veces. Quizá más de quinientas veces durante aquellos años.

  Y ocurrió algo extraordinario.

  Descubrí un Jesús que me quitó el aliento.

  No era el mismo efecto que produce leer un Evangelio por separado. Al contemplar los cuatro relatos unidos y ordenados cronológicamente, comenzaron a surgir detalles que antes no había percibido. Los movimientos del Maestro de una ciudad a otra. Las reacciones de los discípulos. La progresión de sus enseñanzas. La manera en que ciertos acontecimientos preparaban el camino para otros. Por primera vez sentí que estaba observando la vida de Jesús desarrollarse delante de mis ojos como una historia viva.

  Aquel trabajo terminó convirtiéndose en un libro que hoy lleva por título Las Biografías de Cristo. Sin embargo, al concluirlo sucedió algo inesperado. Mi salud comenzó a deteriorarse. Aparecieron problemas cardíacos. La angina de pecho se convirtió en una realidad cotidiana. Surgieron otras enfermedades y, durante un tiempo, llegué a pensar seriamente que mi vida podría estar acercándose a su final.

  Recuerdo aquellos días con claridad.

  Hubo momentos en que pensé que no tendría mucho tiempo más.

  Y fue precisamente en medio de aquella situación cuando llegó una invitación inesperada.

  Unos amigos me propusieron viajar a Israel.

  Todavía recuerdo la conversación que tuve con mi esposa. Para ser completamente honesto, sentía que estaba elaborando una especie de lista de deseos antes de morir. Había dedicado años enteros estudiando la vida de Jesús. Había pasado incontables horas leyendo los Evangelios. Había quedado maravillado por la persona de Cristo. Y había algo que no quería dejar pendiente.

  No quería abandonar este mundo sin haber visto la tierra donde ocurrieron los Evangelios.

  Por esa razón acepté.

  Y así emprendí mi primer viaje a Tierra Santa.

  Lo que no sabía era que aquel viaje cambiaría mi vida para siempre.

  Tampoco sabía que sería el primero de varios.

  Y mucho menos imaginaba que las experiencias vividas allí terminarían convirtiéndose en algunos de los recuerdos más profundos y emotivos de toda mi vida cristiana.

 La tierra santa, donde la Biblia se torna viva

Desde el momento mismo en que salimos del aeropuerto comenzaron las sorpresas.

  Recuerdo ir sentado en el autobús observando el paisaje a través de la ventana mientras el guía comenzaba a señalar lugares históricos.

  ”Por allí Josué oró y el sol se detuvo.”

  ”En aquella región Sansón realizó algunas de sus hazañas.”

  ”Por este camino pasaron personajes mencionados en las Escrituras.”

  Yo permanecía en silencio.

  No quería hablar con nadie.

  No porque estuviera molesto o distante. Simplemente me encontraba abrumado. Trataba de absorber todo lo que veía.

  Entonces ocurrió algo que jamás olvidaré.

  Vi una señal de carretera.

  Una señal común y corriente.

  Pero el nombre escrito en ella me dejó inmóvil.

  Decía: Mizpa.

  Inmediatamente recordé el relato de Samuel convocando a Israel y obteniendo una gran victoria sobre los filisteos.

  Aquello me impactó profundamente.

  Durante toda mi vida aquellos nombres habían existido únicamente en las páginas de mi Biblia.

  Ahora aparecían delante de mí en señales de tráfico.

  En mapas.

  En carreteras.

  En montañas.

  En ciudades reales.

  Mi mundo comenzó a ser sacudido.

  Y apenas era el comienzo.

  Conforme avanzaban los días, una experiencia tras otra fue produciendo el mismo efecto. Los relatos bíblicos comenzaron a adquirir profundidad. Los lugares explicaban los acontecimientos. La geografía iluminaba los textos. Los caminos daban sentido a las narraciones.

  Y entonces comprendí finalmente aquella expresión que había leído años atrás.

  Para mí, Tierra Santa se había convertido en una especie de “quinto evangelio”.

  No porque contenga nuevas revelaciones.

  No porque exista algún libro perdido.

  No porque añada una sola palabra a las Escrituras.

  La llamo así porque allí la Biblia cobra vida.

  Porque los caminos ayudan a entender los relatos.

  Porque las montañas explican las enseñanzas.

  Porque los lagos iluminan los milagros.

  Porque los lugares permiten contemplar los Evangelios desde una perspectiva completamente diferente.

  Por esa razón decidí escribir esta serie.

  Lo que encontrará en las siguientes páginas no es una guía turística ni un tratado académico. Es algo mucho más personal. Son mis recuerdos. Mis emociones. Mis reflexiones. Mis descubrimientos. Son las experiencias que viví mientras caminaba por la tierra donde Jesús nació, enseñó, oró, realizó milagros y entregó su vida por nosotros.

  Comenzaremos en Galilea, la región donde el Maestro desarrolló gran parte de su ministerio. Allí recorreremos ciudades, montañas, senderos y escenarios que dejaron una huella imborrable en mi corazón. Más adelante visitaremos Judea, Samaria y otras regiones igualmente fascinantes.

  Mi deseo es que, al acompañarme en este recorrido, usted pueda experimentar algo de lo que yo experimenté. Que las páginas de los Evangelios adquieran una nueva dimensión. Que los relatos se vuelvan más cercanos. Y que, de alguna manera, pueda contemplar a Jesús caminando nuevamente por aquellos caminos antiguos.

  Porque todo comenzó allí.

  En una pequeña ciudad junto al Mar de Galilea llamada Capernaúm.

Disfruta un reel con propósito:

Explora el museo vida y obra de Jesucristo

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.