Dr. Elio M Rivera
Después de entrar en la tumba y observar su interior, debemos volver ahora hacia la entrada.
Allí encontramos uno de los elementos más importantes de toda la investigación:
La piedra que cerraba el sepulcro.
Mateo describe el momento en que José de Arimatea terminó de colocar el cuerpo de Jesucristo dentro de la tumba:
“Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.”
Mateo 27:59-60
La Biblia no dice simplemente que José puso una piedra.
Dice que era:
“Una gran piedra.”
Y Marcos, cuando describe la llegada de las mujeres al sepulcro, añade todavía más:
“Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.”
Marcos 16:4
Por lo tanto, estamos hablando de una piedra de dimensiones considerables.
La piedra no era un detalle sin importancia
A veces leemos rápidamente los relatos de la resurrección y pasamos por alto este elemento.
Pero la piedra cumplía una función muy concreta:
cerrar la entrada del sepulcro.
Una vez colocado el cuerpo dentro, la tumba no quedó abierta.
José hizo rodar la piedra.
El acceso quedó bloqueado.
Y posteriormente, como estudiaremos más adelante, las autoridades tomaron medidas adicionales para asegurar todavía más aquel lugar.
Por eso, cuando comenzamos a investigar la posibilidad de que alguien hubiera sacado el cuerpo, la piedra se convierte en un obstáculo que tenemos que tomar seriamente.
Las mujeres sabían que no podían moverla fácilmente
Marcos registra una conversación muy significativa.
Cuando las mujeres se dirigían hacia el sepulcro, no iban preguntándose dónde estaba la tumba.
Sabían perfectamente dónde se encontraba.
Tampoco iban pensando que quizá el cuerpo había desaparecido.
Su preocupación era otra:
“¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”
Marcos 16:3
¿Por qué estaban preocupadas?
Porque sabían que ellas mismas no podían moverla con facilidad.
Si hubiera sido una pequeña piedra colocada delante de una abertura, la pregunta no tendría sentido.
Pero el Evangelio insiste en que era muy grande.
Así que antes incluso de llegar, ellas ya reconocían que necesitaban ayuda.
El canal frente a la Tumba del Huerto
Una de las cosas que pude observar personalmente al visitar la Tumba del Huerto fue el canal o zanja situado frente a la entrada.
En mi libro incluyo una fotografía de ese canal y explico que por allí habría rodado la piedra utilizada para cerrar el sepulcro.
Al verlo personalmente comprendí mucho mejor la magnitud de lo que describen los Evangelios.
La piedra no simplemente se colocaba como quien apoya una roca delante de una puerta.
Existía un espacio preparado para que pudiera rodar frente a la entrada.
La piedra debió ser enorme
En otra de las fotografías de mi libro trato precisamente de demostrar el tamaño que debió tener aquella piedra.
Sobre la entrada puede observarse una forma semicircular que permite imaginar sus dimensiones.
Y cuando uno se coloca físicamente frente a ella comprende mucho mejor por qué las mujeres se preguntaban quién podría removerla.
En mi libro escribí que aquella piedra debió ser enorme.
No estamos hablando de un objeto que una persona pudiera retirar distraídamente.
Era un verdadero obstáculo.
¿Para qué se utilizaban piedras de este tipo?
Las tumbas excavadas en roca podían cerrarse mediante grandes piedras que bloqueaban la entrada.
Una vez colocada la piedra, el sepulcro quedaba protegido.
El objetivo era impedir el acceso fácil al interior.
Esto tiene sentido porque dentro había un cadáver y objetos relacionados con la sepultura.
En el caso de Jesucristo, aquella piedra terminó adquiriendo una importancia todavía mayor.
No solamente cerró un sepulcro.
Separó el cuerpo del exterior.
Una vez cerrada, el cuerpo quedó dentro
Sigamos nuevamente la secuencia.
José de Arimatea recibió el cuerpo.
Nicodemo llevó las especias.
Prepararon a Jesús para la sepultura.
Lo envolvieron.
Lo colocaron dentro del sepulcro.
Las mujeres observaron dónde fue puesto.
Y después José hizo rodar la gran piedra.
En ese momento la situación era clara:
El cuerpo estaba dentro y la entrada estaba cerrada.
Éste es el punto desde el cual debemos comenzar cualquier explicación posterior.
La teoría del robo tendrá que enfrentarse con esta piedra
Más adelante estudiaremos una de las explicaciones que se utilizó para negar la resurrección:
que los discípulos robaron el cuerpo.
Pero antes de aceptar semejante explicación tendremos que preguntar:
¿Cómo pudieron llegar hasta la tumba?
¿Cómo enfrentaron a los guardias?
¿Cómo rompieron el sello?
¿Cómo movieron la piedra?
¿Cómo sacaron el cuerpo?
¿Y cómo hicieron todo aquello sin ser detenidos?
La piedra es solamente una de las barreras que tendrían que haber superado.
Pero no era una barrera pequeña.
El tamaño de la piedra también nos ayuda a comprender la mañana de la resurrección
Cuando las mujeres se acercaban al sepulcro, todavía pensaban que la piedra estaría en su lugar.
Pero Marcos dice:
“Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.”
Marcos 16:4
Observe el contraste.
Antes de llegar preguntaban:
“¿Quién nos removerá la piedra?”
Al llegar:
la piedra ya estaba removida.
Algo había ocurrido antes de que ellas llegaran.
La piedra removida no demuestra por sí sola la resurrección
La piedra removida por sí sola no sería suficiente para demostrar que Jesucristo resucitó.
Simplemente demostraría que la entrada estaba abierta.
Pero nuestra investigación no depende de una sola pieza.
Debemos observar todo el conjunto.
Una tumba cerrada.
Una piedra muy grande.
Posteriormente un sello.
Una guardia.
Y finalmente la piedra removida y el cuerpo desaparecido.
Cada elemento adquiere mayor fuerza cuando se estudia junto con los demás.
¿Podía una persona moverla?
Las propias mujeres consideraban que necesitaban ayuda.
Eso ya nos permite saber que no era un trabajo sencillo.
Una piedra de este tipo, colocada en un canal y utilizada para cerrar completamente la entrada de una tumba, requeriría considerable fuerza para ser desplazada.
Por eso me parece importante que el lector no imagine una pequeña roca que pudiera retirarse con una mano.
La descripción bíblica es clara:
Era muy grande.
La fotografía ayuda a comprender el relato
Ésta es una de las razones por las que considero tan importantes las fotografías que tomé durante mis investigaciones en Israel.
Leer:
“Una gran piedra”
es una cosa.
Pero colocarse frente a la entrada de una tumba excavada en roca, observar el canal y visualizar el tamaño de la piedra que habría cubierto aquella abertura es algo completamente diferente.
De pronto uno comprende mejor la preocupación de las mujeres.
La Biblia cobra vida.
El relato deja de ser una escena abstracta.
Uno puede visualizarla.
Pero después ocurrió algo todavía más extraordinario
Mateo describe el momento de la resurrección:
“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2
La piedra que José había hecho rodar para cerrar el sepulcro fue removida.
El mismo objeto que debía impedir el acceso terminó apartado de la entrada.
Y las mujeres pudieron mirar hacia dentro.
¿Por qué fue removida la piedra?
En mi libro planteo una observación que considero importante.
Para ese momento la piedra no solamente cerraba la tumba.
Más adelante había sido asegurada con el sello oficial y vigilada por una guardia.
Por eso, en mi estudio considero que la intervención del ángel tiene especial importancia.
No fueron los discípulos quienes rompieron el sello y removieron la piedra.
Mateo dice que fue:
un ángel del Señor.
Y precisamente por eso la responsabilidad de violar aquello que había sido asegurado por las autoridades no recayó sobre los discípulos.
La piedra no fue removida para que Jesús pudiera salir
Existe además algo extraordinario que debemos considerar.
La piedra removida permitió que las personas entraran y observaran.
El ángel dijo:
“No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.”
Mateo 28:6
La tumba abierta se convirtió en evidencia.
Las mujeres pudieron entrar.
Pedro pudo entrar.
Juan pudo entrar.
Podían observar el lugar donde el cuerpo había estado.
La piedra removida permitió que el sepulcro fuera examinado.
Ahora imagine la escena completa
Pongámonos frente a la entrada.
El viernes por la tarde:
El cuerpo está dentro.
José hace rodar una enorme piedra.
La tumba queda cerrada.
Posteriormente las autoridades toman medidas adicionales.
Después llega el primer día de la semana.
Las mujeres vienen preguntándose cómo conseguirán moverla.
Llegan.
Y la piedra ya no está frente a la entrada.
El sepulcro está abierto.
Entran.
El cuerpo no está allí.
Éste es el problema histórico que debemos explicar.
La piedra se convierte en testigo silencioso
La piedra no habla.
Pero ocupa un lugar importantísimo dentro de los acontecimientos.
Nos dice que el sepulcro fue cerrado.
Nos recuerda que el cuerpo no quedó expuesto.
Nos muestra que existía una barrera física entre el exterior y el interior.
Y cuando las mujeres regresaron:
esa barrera había sido removida.
Por eso no podemos estudiar la teoría del robo del cuerpo sin tomarla en cuenta.
Y todavía falta algo
Hasta este momento hemos hablado solamente del tamaño y la función de la piedra.
Pero la entrada de aquella tumba no quedó protegida únicamente mediante una enorme roca.
Las autoridades tomaron otras medidas.
El sepulcro fue asegurado.
La piedra fue sellada.
Y una guardia fue colocada frente a la tumba.
Esto hace todavía más difícil explicar cómo pudo desaparecer el cuerpo.
Pero esa será otra parte de nuestra investigación.
Por ahora conservemos en nuestra mente la imagen:
Una tumba excavada en roca.
El cuerpo de Jesucristo dentro.
Una enorme piedra cerrando la entrada.
Y pocas horas después…
la piedra removida y la tumba vacía.
Referencias bíblicas
Mateo 27:57-66.
Mateo 28:1-6.
Marcos 15:46-47.
Marcos 16:1-5.
Lucas 24:1-3.
Juan 19:38-42.
Juan 20:1-8.
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