06. La tumbas del siglo primero

Por el Dr. Elio M Rivera

  Después de observar el huerto y comparar la Tumba del Huerto con la descripción de los Evangelios, quiero invitar al lector a hacer algo diferente:

Entremos en la tumba.

  Durante mis viajes a Israel tuve la oportunidad de hacerlo personalmente. No tuve que imaginar sus dimensiones a partir de un dibujo ni limitarme a observar fotografías. Estuve dentro de ella acompañado por un pequeño grupo de amigos.

  Y al entrar, varios detalles de los Evangelios adquirieron para mí un significado completamente diferente.

  La tumba mide aproximadamente 4.3 metros de ancho, 2.3 metros de alto y 3 metros de profundidad. Al entrar y mirar hacia el lado derecho pueden observarse dos sepulturas; hacia el lado izquierdo existe otro espacio que aparentemente estaba destinado a nuevas sepulturas, pero nunca fue terminado.

  Ahora quiero que observemos ese interior y comparemos lo que encontramos con lo que narraron los Evangelios.

Las tumbas del siglo primero no eran como nuestros cementerios

  Cuando actualmente pensamos en una tumba, probablemente imaginamos una fosa excavada en tierra, un ataúd y una lápida.

  Pero en Judea existían sepulcros excavados directamente en la roca. Las familias con mayores recursos podían disponer de tumbas más elaboradas, con espacios interiores destinados a recibir cuerpos.

  Esto encaja perfectamente con la descripción de José de Arimatea.

  Mateo dice:

“Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña.”
Mateo 27:60

  José era un hombre rico.

  Y el sepulcro donde colocó a Jesús había sido excavado en roca.

Para mirar dentro había que inclinarse

  Uno de los detalles que más llaman mi atención aparece en el Evangelio de Juan.

  Cuando Juan llegó corriendo al sepulcro aquella mañana, no entró inmediatamente.

  La Biblia dice:

“Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.”
Juan 20:5

  Después María Magdalena hizo algo semejante:

“Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro.”
Juan 20:11

  ¿Por qué Juan tuvo que inclinarse?

  ¿Por qué María tuvo que hacer lo mismo?

  Porque la entrada era baja.

  Esta característica forma parte de la descripción que presento en mi libro: para entrar o mirar dentro del sepulcro era necesario inclinarse o agacharse.

  Cuando uno está personalmente frente a una tumba de estas características, las palabras de Juan dejan de ser un detalle insignificante.

  Uno puede reproducir físicamente el movimiento descrito en el Evangelio.

Pedro entró en el sepulcro

  Juan permaneció inicialmente afuera.

  Pero Pedro hizo algo diferente.

  Entró.

  El relato dice:

“Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí.”
Juan 20:6

  Esto significa que el sepulcro no podía ser simplemente un pequeño nicho destinado exclusivamente a introducir un cadáver.

  Una persona podía entrar.

  Después entró Juan.

  Las mujeres también habían entrado.

  Y dentro aparecen además los ángeles.

  Por eso las dimensiones interiores son importantes.

Dentro podían estar varias personas

  En mi libro afirmo que la tumba es suficientemente amplia para albergar por lo menos entre cinco y siete personas de pie.

  No estoy calculando esto únicamente sobre un plano.

  Lo sé porque personalmente he estado dentro de ella acompañado por un pequeño grupo.

  Este detalle corresponde con las escenas narradas en los Evangelios.

  Marcos dice:

“Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho…”
Marcos 16:5

  Lucas habla de las mujeres dentro del sepulcro y de dos hombres con vestiduras resplandecientes.

  Juan describe posteriormente a María mirando hacia el interior y observando dos ángeles.

  Todo esto requiere espacio.

¿Cómo estaba dispuesto el interior?

  Cuando uno entra en la Tumba del Huerto y voltea hacia el lado derecho, puede distinguir dos lugares de sepultura.

  Uno está unido a la pared del fondo.

  Otro se encuentra hacia la pared de enfrente.

  En el lado izquierdo existe además un espacio que aparentemente estaba destinado a otras sepulturas, pero éstas nunca fueron terminadas.

  Este último detalle me parece especialmente significativo porque los Evangelios dicen que el sepulcro era nuevo.

  Juan incluso especifica:

“En el cual aún no había sido puesto ninguno.”
Juan 19:41

  La apariencia inconclusa de parte de la tumba concuerda con esa descripción.

Un cuerpo colocado horizontalmente

  Ahora llegamos a uno de los detalles que considero más extraordinarios.

  Juan describe lo que María vio:

“Y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.”
Juan 20:12

  Observe las palabras:

La cabecera.

Los pies.

  Eso nos permite saber cómo estaba colocado el cuerpo.

  Horizontalmente.

  En mis fotografías puede observarse precisamente que la forma en que debía colocarse un cadáver dentro de este sepulcro era horizontal.

Un ángel en la cabecera y otro a los pies

  Yo mismo quise comprobar algo.

  ¿Existía realmente dentro de aquella tumba espacio suficiente para que ocurriera lo que describe Juan?

  Mi conclusión fue:

Sí.

  Puedo afirmar con certeza que existe espacio suficiente para que una persona estuviera sentada en la cabecera y otra en los pies del lugar donde habría estado el cuerpo de Jesucristo.

  Lo sé porque he estado dentro.

  Ésta es precisamente una de las observaciones personales que dejé registradas en mi libro.

  Una vez más, la arquitectura del sepulcro coincide con la descripción del Evangelio.

Pero aparece otro problema: la oscuridad

  Pensemos ahora como investigadores.

  Juan llegó muy temprano.

  Todavía era la madrugada.

  Se inclinó desde afuera.

  Y dice que vio los lienzos.

  Entonces tenemos que preguntarnos:

¿Cómo pudo ver hacia dentro?

  Una tumba completamente cerrada y oscura habría dificultado observar detalles desde el exterior.

  Pero aquí encontré otra característica extraordinaria.

La tumba tiene una abertura por donde penetra la luz

  El sepulcro posee una ventana o abertura que, debido a su localización, permite que la luz del amanecer penetre y alumbre el interior.

  Esta abertura puede observarse a la derecha de la entrada.

  Este detalle permite comprender perfectamente la escena descrita por Juan.

  Él se inclina.

  Mira dentro.

  Y puede distinguir los lienzos.

  En mis propias fotografías puede observarse cómo la luz del día penetra dentro de la tumba, haciendo posible que alguien situado en el exterior pueda observar lo que ocurre dentro.

Los lienzos permanecían allí

  Ahora imaginemos a Juan frente a la entrada.

  La piedra ya no está cerrando el sepulcro.

  Se inclina.

  La luz comienza a penetrar.

  Y entonces observa algo.

Los lienzos.

  Después Pedro entra y ve todavía más.

  Juan relata:

“Y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.”
Juan 20:6-7

  Más adelante tendremos que estudiar cuidadosamente este detalle porque forma parte de la evidencia encontrada dentro del sepulcro.

  Pero por ahora quiero que nos concentremos en algo más elemental:

el escenario físico permite que la escena descrita por Juan ocurra.

La tumba presenta señales de no haber sido utilizada completamente

  Existe además algo que considero muy interesante.

  Con excepción de una sepultura del lado derecho unida a la pared del fondo, el resto de la tumba parece no haber sido utilizado.

  Algunas partes ni siquiera fueron terminadas.

  Esto vuelve a llevarnos a las palabras del Evangelio:

“Un sepulcro nuevo.”

  No estamos observando una tumba familiar llena de evidencias de generaciones de enterramientos.

  Estamos ante un lugar que presenta características compatibles con un sepulcro nuevo.

Y no se encontraron restos de corrupción

  Éste es otro elemento que destaqué en mi libro.

  Normalmente, cuando se descubre una sepultura, pueden encontrarse restos de las personas enterradas allí.

  Pero en este sepulcro no se encontró ningún resto de corrupción.

La tumba estaba vacía.

  Y por eso hice una pregunta que considero completamente legítima:

¿Por qué un sepulcro de este tamaño estaba vacío?

  No quiero que el lector pase rápidamente sobre esa pregunta.

  Deténgase un momento.

  Tenemos una tumba excavada en roca.

  Tiene varios espacios.

  Parte de ellos nunca fueron terminados.

  Exceptuando uno, el resto parece no haber sido utilizado.

  Y no encontramos dentro restos de corrupción.

Ahora mire alrededor

  Si usted pudiera estar conmigo dentro de la tumba, le pediría que no hiciera nada durante algunos segundos.

  Solamente mire.

  Observe las paredes excavadas en roca.

  Observe el espacio interior.

  Mire hacia el lado derecho.

  Observe dónde pudo colocarse horizontalmente un cuerpo.

  Mire la cabecera.

  Mire los pies.

  Después vuelva la mirada hacia la entrada.

  Observe su altura.

  Imagine a Juan inclinándose.

  Observe cómo penetra la luz.

  Imagine los lienzos allí.

  Ahora vuelva a leer Juan capítulo veinte.

  Para mí, después de haber estado personalmente dentro de aquel lugar, el relato adquiere una fuerza extraordinaria.

Compare usted mismo

  No quiero pedirle al lector que crea solamente porque yo estuve allí.

  Quiero que compare.

  El Evangelio dice que había que inclinarse para mirar.

La entrada coincide.

  El Evangelio dice que varias personas podían entrar.

El espacio interior lo permite.

  Juan habla de una cabecera y unos pies.

La disposición horizontal lo permite.

  Juan pudo observar desde afuera.

La luz penetra al interior.

  Los Evangelios hablan de un sepulcro nuevo.

Parte de la tumba quedó sin terminar y casi todo el espacio parece no haber sido utilizado.

  Los Evangelios dicen que posteriormente el cuerpo ya no estaba allí.

La tumba está vacía.

  Por eso escribí en mi libro:

“Con base a todas estas observaciones, puedo aseverar que las características de la tumba concuerdan con los relatos de los Evangelios.”

Ahora debemos volver a la entrada

  Pero todavía falta una pieza enorme.

  Literalmente enorme.

  Porque aquella entrada no quedó abierta cuando José de Arimatea depositó allí el cuerpo de Jesucristo.

  Mateo dice:

“Y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.”
Mateo 27:60

  Y cuando las mujeres regresaron, una de sus principales preocupaciones era:

“¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”
Marcos 16:3

  Al pie de la Tumba del Huerto todavía puede observarse el canal relacionado con una piedra utilizada para cerrar la entrada.

  Así que salgamos nuevamente del sepulcro.

  Miremos hacia el suelo.

  Y examinemos la siguiente pieza de nuestro caso:

La piedra que cerraba el sepulcro

Referencias bíblicas

Mateo 27:57-60.
Marcos 15:46-47.
Marcos 16:1-5.
Lucas 23:53-55.
Lucas 24:1-12.
Juan 19:38-42.
Juan 20:1-12.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.