Dr. Elio M Rivera
Resulta sorprendente.
Los discípulos estaban asustados.
Se habían dispersado.
Posteriormente los encontraremos escondidos.
Sin embargo, los principales sacerdotes y los fariseos recordaban perfectamente algo que Jesús había dicho:
“Después de tres días resucitaré.”
Ellos no creían en Jesús.
Lo llamaron incluso:
“Aquel engañador.”
Pero recordaban su afirmación.
Y consideraban que tenían que hacer algo antes de que transcurrieran esos tres días.
En mi libro explico precisamente que los enemigos políticos y religiosos de Jesús sabían que Él había hablado de su resurrección y tomaron medidas para impedir que cualquier persona pudiera manipular su cuerpo.
Ellos sabían que Jesús había muerto
Este detalle también tiene una enorme importancia.
Los sacerdotes no fueron ante Pilato diciendo:
“Tenemos miedo de que Jesús despierte.”
No pidieron médicos.
No pidieron que alguien verificara si todavía respiraba.
No dijeron que quizá hubiera sobrevivido a la crucifixión.
Su preocupación era completamente diferente.
Sabían que Jesucristo había muerto.
Sabían dónde estaba su cadáver.
Y querían impedir que alguien pudiera sacarlo de la tumba. En mi libro utilizo precisamente su petición a Pilato como evidencia de que conocían tanto la muerte de Jesús como el lugar donde reposaba su cuerpo.
¿Qué era exactamente lo que temían?
Mateo lo dice claramente:
“No sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten.”
Éste era el temor.
No pensaban que Jesús pudiera levantarse de entre los muertos por su propio poder.
Pensaban que sus discípulos podían intentar fabricar una resurrección.
La posible estrategia sería sencilla:
Entrar en la tumba.
Robar el cadáver.
Esconderlo.
Y después decir al pueblo:
“Jesús resucitó.”
Por eso querían cerrar esa posibilidad antes de que existiera.
Su preocupación, tal como aparece también en mi investigación posterior, era que los seguidores de Jesús pudieran robar el cuerpo y después anunciar una resurrección falsa.
Los propios enemigos intentaron impedir un fraude
Este punto me parece extraordinariamente importante.
Una de las explicaciones posteriores para la tumba vacía fue precisamente:
“Los discípulos robaron el cuerpo.”
Pero los propios enemigos de Jesús ya habían pensado en esa posibilidad antes de que apareciera la tumba vacía.
Y tomaron medidas para impedirla.
Esto significa que no podemos estudiar posteriormente la teoría del robo como si la tumba hubiera quedado desprotegida.
No quedó así.
Los enemigos de Jesús hicieron todo lo que estaba dentro de su poder para impedir que alguien tocara el cuerpo durante aquellos primeros días. Ésta es también una de las conclusiones expresas de mi libro.
Había mucho en juego para ellos
¿Por qué estaban tan preocupados?
Porque el problema no terminaba con la muerte de Jesús.
Jesús había tenido seguidores.
Multitudes lo habían escuchado.
Había realizado afirmaciones extraordinarias.
Y ahora existía el peligro de que sus discípulos anunciaran:
“Ha resucitado.”
Los sacerdotes dijeron a Pilato:
“Y será el postrer error peor que el primero.”
Para ellos, una proclamación de resurrección podía ser incluso más problemática que el ministerio de Jesús cuando estaba vivo.
Querían controlar lo que ocurriera con el cuerpo
Por eso el cuerpo se convirtió en el centro del problema.
Mientras el cadáver permaneciera dentro de la tumba, cualquier anuncio de resurrección podía ser refutado.
Bastaría abrir el sepulcro.
Mostrar el cuerpo.
Y terminar la historia.
Pero si el cuerpo desaparecía, surgiría un problema enorme.
Por eso los sacerdotes querían asegurarse de que:
Nadie pudiera tocarlo.
Fueron directamente ante Pilato
Los dirigentes religiosos no confiaron simplemente en que la enorme piedra fuera suficiente.
Acudieron al gobernador romano.
Esto demuestra la importancia que daban al asunto.
Pidieron una medida oficial.
Pidieron que el sepulcro fuera asegurado.
Pilato respondió:
“Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.”
Mateo 27:65
Entonces ocurre algo fundamental:
“Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.”
Mateo 27:66
Tres obstáculos quedaron frente al cuerpo
A partir de ese momento existían tres barreras importantes entre el exterior y el cadáver:
La piedra.
El sello.
La guardia.
Cada una cumplía una función distinta.
La piedra era el obstáculo físico.
El sello indicaba que la tumba había sido oficialmente asegurada.
Y la guardia impedía que alguien pudiera acercarse y manipular el sepulcro.
Éste será precisamente el corazón de esta subserie.
La tumba pasó a estar protegida por una autoridad superior
Aquí comienza a cambiar completamente el escenario.
Inicialmente estamos frente al sepulcro privado de José de Arimatea.
Pero una vez que intervino Pilato, la situación dejó de ser solamente privada.
En mi trabajo posterior expreso esta idea diciendo que, después de ser sellada y quedar bajo custodia, la tumba había pasado a estar bajo la autoridad del Imperio.
Ya no bastaba con querer entrar.
Había que enfrentarse a las medidas impuestas por la autoridad romana.
Esto tiene una consecuencia enorme para la teoría del robo
Más adelante examinaremos en detalle si los discípulos pudieron haber robado el cuerpo.
Pero ya podemos formular varias preguntas.
¿Sabían dónde estaba la tumba?
Sí.
¿La entrada estaba cerrada?
Sí.
¿Había una gran piedra?
Sí.
¿La tumba había sido asegurada?
Sí.
¿Había guardias?
Sí.
Entonces cualquier teoría del robo tendrá que explicar cómo se superaron todas esas barreras.
Y los supuestos ladrones estaban escondidos
Existe además otro problema.
Quienes supuestamente debían intentar robar el cuerpo eran los discípulos.
Pero, según los propios Evangelios, después de la crucifixión estaban llenos de miedo.
Juan dice:
“Estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos…”
Juan 20:19
En mi libro los describo en ese momento como acobardados, escondidos y desorganizados.
Por eso debemos imaginar lo que la teoría del robo requiere.
Los mismos hombres que habían huido durante el arresto tendrían que reorganizarse repentinamente.
Conseguir valor.
Ir hacia una tumba vigilada.
Superar a la guardia.
Violar el sello.
Mover la enorme piedra.
Sacar el cuerpo.
Y desaparecer sin ser detenidos.
Más adelante examinaremos esa posibilidad con mucho más detalle.
Los enemigos de Jesús se convirtieron, sin quererlo, en custodios de la evidencia
Existe aquí una ironía extraordinaria.
Los principales sacerdotes querían impedir que alguien pudiera afirmar que Jesucristo había resucitado.
Por eso protegieron el sepulcro.
Pero precisamente al protegerlo hicieron que posteriormente resultara mucho más difícil explicar la tumba vacía mediante un simple robo.
No dejaron la tumba abandonada.
No permitieron que cualquiera entrara.
No confiaron solamente en la piedra.
Pidieron una guardia.
Pidieron que el sepulcro fuera asegurado.
Y vigilaron el lugar durante el periodo que consideraban crítico.
¿Por cuánto tiempo querían asegurarla?
Su petición fue específica:
“Hasta el tercer día.”
¿Por qué?
Porque ese era el periodo relacionado con la afirmación de Jesús.
Querían superar precisamente ese límite.
Si después del tercer día el cadáver seguía dentro, desde su perspectiva el problema habría terminado.
Por eso en mi libro resumo que los sacerdotes tenían un enorme interés en que nadie tocara el cuerpo de Jesucristo, por lo menos durante aquellos tres días.
Ahora imagine la tumba al terminar aquel procedimiento
Dentro:
El cuerpo de Jesucristo.
En la entrada:
Una enorme piedra.
Sobre la tumba asegurada:
El sello.
Frente a ella:
Una guardia.
Y detrás de todas estas medidas:
Los enemigos de Jesús, decididos a impedir que alguien pudiera sacar el cadáver.
Si estamos investigando la resurrección, esto cambia completamente nuestra pregunta.
Ya no basta preguntar:
¿Por qué estaba vacía la tumba?
Tenemos que preguntar:
¿Cómo pudo quedar vacía una tumba que había sido preparada precisamente para impedirlo?
Una conclusión inesperada
Los enemigos de Jesús querían impedir un engaño.
No querían que nadie pudiera robar el cuerpo.
No querían escuchar que los discípulos proclamaran una resurrección.
Y por eso tomaron todas las medidas que consideraron necesarias.
Precisamente por esto considero que sus acciones se convierten en una pieza extraordinariamente importante de nuestro caso.
Ellos sabían que Jesús había muerto.
Sabían dónde estaba el cadáver.
Recordaban lo que había dicho acerca del tercer día.
Y se propusieron asegurarse de que:
El cuerpo permaneciera dentro de la tumba.
Ahora debemos estudiar la primera de aquellas grandes medidas de seguridad.
No era un pequeño grupo de personas contratadas improvisadamente.
Se trataba de una fuerza destinada a custodiar el sepulcro.
Nuestro siguiente tema: ¿Quiénes eran los soldados que custodiaban la tumba?
Referencias bíblicas
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:1-15.
Juan 20:19.
Si este artículo despertó su interés y desea explorar el tema con mayor profundidad, le invitamos a conocer el libro completo, donde encontrará un estudio mucho más amplio y detallado.

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