Dr. Elio M Rivera
Resulta sorprendente.
Los discípulos estaban asustados.
Se habían dispersado.
Posteriormente los encontraremos escondidos.
Sin embargo, los principales sacerdotes y los fariseos recordaban perfectamente algo que Jesús había dicho:
Ellos no creían en Jesús.
Lo llamaron incluso:
“Aquel engañador.”
Pero recordaban su afirmación.
Y consideraban que tenían que hacer algo antes de que transcurrieran esos tres días.
En mi libro explico precisamente que los enemigos políticos y religiosos de Jesús sabían que Él había hablado de su resurrección y tomaron medidas para impedir que cualquier persona pudiera manipular su cuerpo.
Este detalle también tiene una enorme importancia.
Los sacerdotes no fueron ante Pilato diciendo:
“Tenemos miedo de que Jesús despierte.”
No pidieron médicos.
No pidieron que alguien verificara si todavía respiraba.
No dijeron que quizá hubiera sobrevivido a la crucifixión.
Su preocupación era completamente diferente.
Sabían que Jesucristo había muerto.
Sabían dónde estaba su cadáver.
Y querían impedir que alguien pudiera sacarlo de la tumba. En mi libro utilizo precisamente su petición a Pilato como evidencia de que conocían tanto la muerte de Jesús como el lugar donde reposaba su cuerpo.
Mateo lo dice claramente:
“No sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten.”
Éste era el temor.
No pensaban que Jesús pudiera levantarse de entre los muertos por su propio poder.
Pensaban que sus discípulos podían intentar fabricar una resurrección.
La posible estrategia sería sencilla:
Entrar en la tumba.
Robar el cadáver.
Esconderlo.
Y después decir al pueblo:
Por eso querían cerrar esa posibilidad antes de que existiera.
Su preocupación, tal como aparece también en mi investigación posterior, era que los seguidores de Jesús pudieran robar el cuerpo y después anunciar una resurrección falsa.
Este punto me parece extraordinariamente importante.
Una de las explicaciones posteriores para la tumba vacía fue precisamente:
“Los discípulos robaron el cuerpo.”
Pero los propios enemigos de Jesús ya habían pensado en esa posibilidad antes de que apareciera la tumba vacía.
Y tomaron medidas para impedirla.
Esto significa que no podemos estudiar posteriormente la teoría del robo como si la tumba hubiera quedado desprotegida.
No quedó así.
Los enemigos de Jesús hicieron todo lo que estaba dentro de su poder para impedir que alguien tocara el cuerpo durante aquellos primeros días. Ésta es también una de las conclusiones expresas de mi libro.
¿Por qué estaban tan preocupados?
Porque el problema no terminaba con la muerte de Jesús.
Jesús había tenido seguidores.
Multitudes lo habían escuchado.
Había realizado afirmaciones extraordinarias.
Y ahora existía el peligro de que sus discípulos anunciaran:
“Ha resucitado.”
Los sacerdotes dijeron a Pilato:
“Y será el postrer error peor que el primero.”
Para ellos, una proclamación de resurrección podía ser incluso más problemática que el ministerio de Jesús cuando estaba vivo.
Por eso el cuerpo se convirtió en el centro del problema.
Mientras el cadáver permaneciera dentro de la tumba, cualquier anuncio de resurrección podía ser refutado.
Bastaría abrir el sepulcro.
Mostrar el cuerpo.
Y terminar la historia.
Pero si el cuerpo desaparecía, surgiría un problema enorme.
Por eso los sacerdotes querían asegurarse de que:
Los dirigentes religiosos no confiaron simplemente en que la enorme piedra fuera suficiente.
Acudieron al gobernador romano.
Esto demuestra la importancia que daban al asunto.
Pidieron una medida oficial.
Pidieron que el sepulcro fuera asegurado.
Pilato respondió:
“Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.”
Mateo 27:65
Entonces ocurre algo fundamental:
“Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.”
Mateo 27:66
A partir de ese momento existían tres barreras importantes entre el exterior y el cadáver:
La piedra.
El sello.
La guardia.
Cada una cumplía una función distinta.
La piedra era el obstáculo físico.
El sello indicaba que la tumba había sido oficialmente asegurada.
Y la guardia impedía que alguien pudiera acercarse y manipular el sepulcro.
Éste será precisamente el corazón de esta subserie.
Aquí comienza a cambiar completamente el escenario.
Inicialmente estamos frente al sepulcro privado de José de Arimatea.
Pero una vez que intervino Pilato, la situación dejó de ser solamente privada.
En mi trabajo posterior expreso esta idea diciendo que, después de ser sellada y quedar bajo custodia, la tumba había pasado a estar bajo la autoridad del Imperio.
Ya no bastaba con querer entrar.
Había que enfrentarse a las medidas impuestas por la autoridad romana.
Más adelante examinaremos en detalle si los discípulos pudieron haber robado el cuerpo.
Pero ya podemos formular varias preguntas.
¿Sabían dónde estaba la tumba?
Sí.
¿La entrada estaba cerrada?
Sí.
¿Había una gran piedra?
Sí.
¿La tumba había sido asegurada?
Sí.
¿Había guardias?
Sí.
Entonces cualquier teoría del robo tendrá que explicar cómo se superaron todas esas barreras.
Existe además otro problema.
Quienes supuestamente debían intentar robar el cuerpo eran los discípulos.
Pero, según los propios Evangelios, después de la crucifixión estaban llenos de miedo.
Juan dice:
“Estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos…”
Juan 20:19
En mi libro los describo en ese momento como acobardados, escondidos y desorganizados.
Por eso debemos imaginar lo que la teoría del robo requiere.
Los mismos hombres que habían huido durante el arresto tendrían que reorganizarse repentinamente.
Conseguir valor.
Ir hacia una tumba vigilada.
Superar a la guardia.
Violar el sello.
Mover la enorme piedra.
Sacar el cuerpo.
Y desaparecer sin ser detenidos.
Más adelante examinaremos esa posibilidad con mucho más detalle.
Existe aquí una ironía extraordinaria.
Los principales sacerdotes querían impedir que alguien pudiera afirmar que Jesucristo había resucitado.
Por eso protegieron el sepulcro.
Pero precisamente al protegerlo hicieron que posteriormente resultara mucho más difícil explicar la tumba vacía mediante un simple robo.
No dejaron la tumba abandonada.
No permitieron que cualquiera entrara.
No confiaron solamente en la piedra.
Pidieron una guardia.
Pidieron que el sepulcro fuera asegurado.
Y vigilaron el lugar durante el periodo que consideraban crítico.
Su petición fue específica:
¿Por qué?
Porque ese era el periodo relacionado con la afirmación de Jesús.
Querían superar precisamente ese límite.
Si después del tercer día el cadáver seguía dentro, desde su perspectiva el problema habría terminado.
Por eso en mi libro resumo que los sacerdotes tenían un enorme interés en que nadie tocara el cuerpo de Jesucristo, por lo menos durante aquellos tres días.
Dentro:
El cuerpo de Jesucristo.
En la entrada:
Una enorme piedra.
Sobre la tumba asegurada:
El sello.
Frente a ella:
Una guardia.
Y detrás de todas estas medidas:
Los enemigos de Jesús, decididos a impedir que alguien pudiera sacar el cadáver.
Si estamos investigando la resurrección, esto cambia completamente nuestra pregunta.
Ya no basta preguntar:
¿Por qué estaba vacía la tumba?
Tenemos que preguntar:
Los enemigos de Jesús querían impedir un engaño.
No querían que nadie pudiera robar el cuerpo.
No querían escuchar que los discípulos proclamaran una resurrección.
Y por eso tomaron todas las medidas que consideraron necesarias.
Precisamente por esto considero que sus acciones se convierten en una pieza extraordinariamente importante de nuestro caso.
Ellos sabían que Jesús había muerto.
Sabían dónde estaba el cadáver.
Recordaban lo que había dicho acerca del tercer día.
Y se propusieron asegurarse de que:
Ahora debemos estudiar la primera de aquellas grandes medidas de seguridad.
No era un pequeño grupo de personas contratadas improvisadamente.
Se trataba de una fuerza destinada a custodiar el sepulcro.
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:1-15.
Juan 20:19.
Si este artículo despertó su interés y desea explorar el tema con mayor profundidad, le invitamos a conocer el libro completo, donde encontrará un estudio mucho más amplio y detallado.

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Después de que los principales sacerdotes y los fariseos pidieron a Pilato que asegurara la tumba, Mateo registra una frase decisiva:
“Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.”
Mateo 27:66
A partir de ese momento, la tumba donde había sido colocado el cuerpo de Jesucristo ya no estaba simplemente cerrada.
Estaba vigilada.
Y la pregunta que debemos hacernos es:
No conocemos con absoluta certeza cuántos soldados componían aquella guardia. En mis propios estudios he señalado que el número podía variar según la misión asignada. Lo importante no es inventar una cifra que el texto no proporciona, sino comprender qué clase de hombres eran los que estaban allí.
No debemos imaginar a unos cuantos hombres contratados apresuradamente para sentarse frente a la entrada.
Eran soldados profesionales.
Hombres entrenados para obedecer órdenes.
Acostumbrados al manejo de armas.
Preparados para enfrentar peligros.
En mi estudio los describo como militares entrenados desde jóvenes para la guerra, habituados a marchas extenuantes y al manejo de la espada, la lanza y el escudo.
Esto cambia completamente la manera en que debemos imaginar la escena.
No tenían que perseguir a un ejército.
No tenían que defender una ciudad.
No tenían que conquistar una fortaleza.
Su misión era mucho más concreta:
Ese era el problema que preocupaba a los enemigos de Jesús.
Ellos temían que los discípulos robaran el cadáver y luego anunciaran que Jesús había resucitado. Por esa razón acudieron a Pilato y pidieron protección oficial para el sepulcro.
Una orden romana no era una sugerencia.
Los soldados debían cumplirla.
En mi estudio explico que la disciplina romana era extremadamente severa y que un soldado que abandonaba su puesto o permitía que una misión importante fracasara podía enfrentar castigos gravísimos, incluso la muerte.
Esto significa que aquellos hombres tenían poderosos motivos para mantenerse vigilantes.
También debemos pensar en el contexto.
La tumba contenía el cuerpo de un hombre cuya muerte había provocado una enorme tensión política y religiosa.
Los principales sacerdotes habían ido personalmente ante Pilato.
Habían explicado el problema.
Pilato había autorizado que el sepulcro fuera asegurado.
Y ahora existía una misión oficial.
No era una tarea rutinaria sin importancia.
Más adelante estudiaremos la explicación de que los discípulos robaron el cuerpo mientras los soldados dormían.
Pero ya podemos observar el problema.
Si aquellos soldados estaban allí precisamente para impedir un robo, entonces dormir todos simultáneamente significaría dejar completamente desprotegida la misión.
Y si la disciplina romana era tan severa como explico en mi estudio, aquello tendría consecuencias serias.
Por eso la historia posterior acerca de unos guardias dormidos merece ser examinada con mucho cuidado.
Los soldados tampoco estaban frente a una tumba abierta.
Delante de ellos había una gran piedra.
La piedra había sido sellada.
Y ellos vigilaban el lugar.
Así que una persona que quisiera sacar el cuerpo tendría que superar varias barreras:
La guardia.
El sello.
La piedra.
No bastaba con acercarse silenciosamente.
Ahora miremos al otro lado.
¿Quiénes serían, según los enemigos de Jesús, los posibles ladrones?
Los discípulos.
Pero en mi libro los describo en ese momento como hombres acobardados, escondidos y desorganizados.
Los Evangelios mismos muestran ese temor.
Juan dice que estaban reunidos con las puertas cerradas:
“Por miedo de los judíos.”
Juan 20:19
Éstos serían los hombres que tendrían que enfrentarse a una guardia profesional.
Para robar el cuerpo tendrían que acercarse al sepulcro.
Evitar o vencer a los soldados.
Romper el sello.
Mover la piedra.
Entrar en la tumba.
Sacar el cuerpo.
Y huir sin ser detenidos.
Todo esto tendría que ocurrir mientras una guardia cuya misión específica era impedir precisamente ese acto estaba allí.
La teoría se vuelve cada vez más difícil.
Éste es uno de los aspectos que más me impresiona de todo el caso.
Si la tumba hubiera quedado abandonada, alguien podría decir:
“Quizá alguien entró.”
Si solamente hubiera existido una piedra, alguien podría decir:
“Quizá alguien la movió.”
Pero los enemigos de Jesús tomaron medidas adicionales.
Consiguieron una guardia.
Aseguraron el sepulcro.
Sellaron la piedra.
Y vigilaban precisamente el cuerpo que después desapareció.
Sin darse cuenta, los sacerdotes hicieron algo extraordinario.
Intentaron impedir un fraude.
Pero al hacerlo dejaron la tumba bajo vigilancia.
Eso significa que después, cuando el sepulcro apareció vacío, ya no podía explicarse tan fácilmente diciendo que alguien había entrado tranquilamente y se había llevado el cadáver.
Los propios enemigos habían intentado impedir precisamente esa posibilidad.
En mis estudios he tratado a esta guardia dentro del contexto de la autoridad romana porque la custodia fue autorizada por Pilato y el sepulcro quedó bajo una protección oficial. También la describo como una guardia integrada por soldados profesionales.
Lo que sí es absolutamente claro para nuestro argumento es esto:
No estamos hablando de hombres sin autoridad ni entrenamiento.
La tumba quedó bajo vigilancia oficial.
Mateo continúa el relato diciendo:
“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2
Y después:
“Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.”
Mateo 28:4
Esto es importante.
El relato no dice que los discípulos atacaron a los soldados.
No dice que los vencieron.
No dice que los sobornaron.
No dice que organizaron una operación clandestina.
Dice que ocurrió algo completamente diferente.
Cuando algunos de ellos regresaron a la ciudad, informaron a los principales sacerdotes de lo que había sucedido.
Mateo dice:
“Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.”
Mateo 28:11
Esto significa que los guardias no desaparecieron simplemente de la historia.
Regresaron.
Y tuvieron que explicar por qué la tumba que debían proteger estaba abierta.
Los principales sacerdotes dieron dinero a los soldados y les dijeron:
“Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:13
Más adelante dedicaremos un artículo completo a esta explicación.
Porque plantea un problema lógico inmediato:
Pero por ahora debemos concentrarnos en otra cosa.
Aquellos soldados estaban allí porque la tumba debía permanecer cerrada.
Y, sin embargo, terminó abierta.
Cuando reunimos las piezas, encontramos una escena extraordinaria.
Dentro de la tumba:
Cerrando la entrada:
Una enorme piedra.
Asegurando el lugar:
El sello.
Vigilando:
Una guardia profesional.
Y detrás de todo ello:
Los enemigos de Jesús, decididos a impedir que el cuerpo desapareciera.
Por eso, en mi libro concluyo que la guardia romana custodiaba la tumba y que los sacerdotes habían hecho todo lo que estaba en su poder para impedir que alguien tocara el cuerpo.
Ya no estamos preguntándonos simplemente:
¿Por qué estaba vacía la tumba?
Ahora debemos preguntar:
Pero todavía hay otra barrera que debemos comprender.
Porque delante de aquellos soldados no había solamente una enorme piedra.
La piedra había sido oficialmente asegurada.
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:1-15.
Juan 20:19.
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La guardia, la piedra y el sello romano
Para comprender el verdadero peso de la guardia colocada frente al sepulcro de Jesucristo, no basta con saber que allí había soldados.
Tenemos que comprender qué clase de disciplina gobernaba al ejército romano.
Roma no construyó uno de los imperios más poderosos de la antigüedad mediante un ejército improvisado. Sus soldados eran hombres sometidos a entrenamiento, obediencia y castigos extremadamente severos.
Y precisamente por eso la presencia de una guardia frente a la tumba cambia completamente nuestra investigación.
No eran hombres libres de abandonar su puesto
Una orden militar romana debía cumplirse.
Los soldados colocados frente al sepulcro tenían una misión muy sencilla:
Que nadie sacara el cuerpo.
No podían decidir abandonar el lugar.
No podían permitir que alguien entrara.
No podían ignorar una orden oficial.
En mis estudios describo a estos hombres como soldados profesionales, acostumbrados a marchas extenuantes, al manejo de la espada, la lanza y el escudo, y entrenados para obedecer órdenes sin vacilar.
La disciplina era extremadamente severa
En mi libro dedico una parte importante a este asunto.
Los castigos podían variar dependiendo de la gravedad de la falta.
Para infracciones menores podían existir castigos físicos.
Pero determinadas faltas graves podían terminar incluso en la muerte del soldado.
Esto es fundamental.
Cuando hablamos de la guardia de la tumba, no estamos hablando de vigilantes que podían quedarse dormidos y simplemente recibir una llamada de atención al día siguiente.
El fracaso podía costarles muy caro.
Algunas infracciones podían recibir pena de muerte
En mi libro enumero varias faltas consideradas graves dentro de la disciplina militar romana.
Entre ellas menciono:
Este último punto adquiere una enorme importancia cuando llegamos a la explicación posterior de la tumba vacía.
Dormirse durante una guardia no era una falta pequeña
Después de la resurrección, los principales sacerdotes dieron dinero a los soldados y les dijeron:
“Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:13
Pero piense lo que estaban pidiendo a esos hombres que confesaran públicamente:
Que se habían quedado dormidos durante una misión oficial.
Dentro de la disciplina que describo en mi libro, eso podía considerarse una falta extremadamente grave, incluso susceptible de pena capital.
Por eso el relato continúa inmediatamente:
“Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.”
Mateo 28:14
¿Por qué había que ponerlos a salvo?
Porque reconocer el fracaso de la guardia podía tener consecuencias.
La promesa de protegerlos tiene sentido
Este detalle del Evangelio resulta especialmente interesante cuando conocemos la disciplina militar.
Los sacerdotes no solamente les dijeron qué debían contar.
También prometieron intervenir si Pilato se enteraba.
Es decir:
Ustedes digan que estaban dormidos.
Y si esto llega hasta el gobernador:
Nosotros nos encargaremos del problema.
Esto muestra que la historia propuesta exponía a los soldados a un riesgo real.
Existían castigos colectivos
La disciplina romana podía ser todavía más severa cuando la falta correspondía a una unidad completa.
En mi libro explico que, en algunos casos, cuando un pelotón o unidad había cometido una falta grave, podía recurrirse a un sorteo para escoger a uno de sus integrantes y ejecutarlo a manos de sus propios compañeros. La muerte podía producirse mediante flagelación o espada.
El propósito de una disciplina semejante era evidente:
Que todos vigilaran a todos.
El fracaso de uno podía afectar al grupo.
Esto vuelve todavía más difícil imaginar a toda la guardia dormida
Pensemos lógicamente.
Para que los discípulos robaran el cuerpo mientras la guardia dormía, no bastaba con que uno de los soldados se quedara dormido.
Todos los hombres capaces de impedir el robo tendrían que estar incapacitados al mismo tiempo.
Y si todos estaban durmiendo, entonces todos estaban poniendo en riesgo la misión.
¿Por qué un grupo de soldados sometidos a semejante disciplina se arriesgaría colectivamente de esa manera?
La teoría comienza a presentar problemas.
Además, una tumba no se vacía silenciosamente con facilidad
Supongamos, sin embargo, que todos estaban dormidos.
Los discípulos tendrían que llegar.
Acercarse al sepulcro.
Romper o violar el sello.
Mover una enorme piedra.
Entrar.
Manipular el cuerpo.
Sacarlo.
Y marcharse.
Todo esto sin despertar a los soldados.
La explicación exige muchas cosas simultáneamente.
Y si estaban dormidos, aparece otro problema
Los soldados supuestamente tenían que decir:
“Sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron mientras dormíamos.”
Pero surge una pregunta inevitable:
Si estaban dormidos, ¿cómo sabían que fueron los discípulos?
Un hombre dormido no puede observar quién llega.
No puede identificar a los ladrones.
No puede describir lo que hicieron.
Y no puede afirmar como testigo algo que ocurrió precisamente mientras estaba inconsciente.
Por eso esta explicación merece ser examinada con mucha cautela.
¿Por qué los sacerdotes querían soldados romanos?
En mi libro planteo otra pregunta.
Los judíos contaban con sus propios guardias.
Entonces, ¿por qué recurrir a soldados romanos?
Mi respuesta es que los sacerdotes conocían la disciplina que caracterizaba al ejército de Roma.
Sabían que aquellos hombres no podían fracasar fácilmente en una misión sin exponerse a castigos gravísimos.
Querían que nadie tocara el cuerpo.
Y escogieron una fuerza cuya disciplina hacía extremadamente peligrosa cualquier tentativa de robo.
Los soldados tenían dos razones para permanecer alerta
La primera era militar.
Tenían una orden.
La segunda era personal.
Su propia seguridad podía depender de cumplirla.
En uno de mis estudios posteriores resumo esta situación diciendo que aquellos hombres tenían razones de sobra para permanecer vigilantes porque no estaban cumpliendo una tarea rutinaria, sino una orden oficial del gobernador romano.
La guardia hacía muy peligroso cualquier intento de robo
Imagine ahora a los discípulos.
Pocas horas antes habían huido.
Estaban escondidos.
Tenían miedo.
Y supuestamente tendrían que acercarse a una tumba custodiada por soldados cuyo fracaso podía costarles la vida.
En mi libro planteo precisamente esta pregunta:
¿Quién de nosotros se atrevería a ir a robar un lugar sabiendo de antemano que está protegido por soldados de esta naturaleza?
Todavía faltaba el sello
Y debemos recordar algo más.
La guardia no estaba sola.
La enorme piedra había sido asegurada con el sello oficial.
En mi libro concluyo que la presencia simultánea de la guardia romana y del sello imperial hacía doblemente peligroso cualquier intento de robar el cuerpo de Jesucristo.
Un posible ladrón no solamente tendría que enfrentarse a soldados.
También tendría que desafiar abiertamente la autoridad representada por el sello.
Ahora la explicación del robo se vuelve mucho más difícil
Reunamos las piezas.
El cuerpo estaba dentro.
La piedra cerraba la entrada.
La tumba estaba sellada.
Soldados profesionales la vigilaban.
Los soldados estaban sometidos a una disciplina severa.
Dormirse durante una guardia podía traer consecuencias extremas.
Y los discípulos estaban atemorizados y desorganizados.
Por eso considero que la disciplina del ejército romano es una pieza fundamental dentro de nuestra investigación.
La conclusión
Los soldados colocados frente al sepulcro no tenían razones para permitir que alguien robara el cuerpo.
Tenían todas las razones para impedirlo.
Su disciplina era rígida.
Su misión era oficial.
Su propia seguridad podía estar en juego.
Por eso, cuando después aparece la explicación:
“Nos quedamos dormidos y los discípulos robaron el cuerpo”
debemos preguntar seriamente si aquella historia puede sostenerse.
La guardia no fue colocada para cumplir una función ceremonial.
Fue colocada para asegurarse de que el cuerpo permaneciera dentro.
Y ahora debemos estudiar la otra gran barrera colocada sobre aquel sepulcro:
¿Qué significaba el sello romano colocado sobre la tumba?
Referencias bíblicas
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:11-15.
Juan 20:19.
Si este artículo despertó su interés y desea explorar el tema con mayor profundidad, le invitamos a conocer el libro completo, donde encontrará un estudio mucho más amplio y detallado.

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Hasta este momento hemos estudiado dos grandes obstáculos que protegían el cuerpo de Jesucristo.
Primero:
Una enorme piedra cerraba la entrada del sepulcro.
Segundo:
Una guardia vigilaba el lugar.
Pero los enemigos de Jesús todavía añadieron una tercera medida:
Mateo lo registra de manera muy clara:
“Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.”
Mateo 27:66
La tumba no solamente quedó cerrada.
Quedó sellada oficialmente.
Y para comprender la importancia de este detalle necesitamos saber qué representaba aquel sello.
Cuando escuchamos la palabra sello, podríamos imaginar una pequeña marca sin demasiada importancia.
Pero en mi libro explico algo completamente diferente.
El sello representaba:
No se colocaba simplemente para indicar que alguien había cerrado la tumba.
Significaba que aquella entrada había quedado bajo una prohibición oficial.
Nadie podía abrirla sin desafiar directamente la autoridad que representaba el sello.
En mi libro describo el procedimiento de esta manera.
Se colocaban cuerdas sobre la piedra que cerraba la entrada, formando una especie de X.
Los extremos de aquellas cuerdas se fijaban con cera derretida.
Y antes de que la cera endureciera, se imprimía sobre ella el anillo que representaba la autoridad imperial.
De esta manera, para mover la piedra era necesario alterar el sistema que había sido colocado sobre ella.
Es decir:
No podía abrirse la tumba sin violar el sello.
Podemos explicarlo de una manera muy sencilla.
La gran piedra decía físicamente:
“No puedes entrar fácilmente.”
La guardia decía:
“No te permitiremos entrar.”
Y el sello decía legalmente:
Son tres obstáculos diferentes.
Uno físico.
Uno militar.
Uno legal.
En mi libro lo digo de manera directa:
Eso significa que quien veía aquel sello comprendía que no estaba simplemente frente a la propiedad privada de José de Arimatea.
La situación había cambiado.
La tumba había sido intervenida por la autoridad.
Violarla era desafiar al gobierno que la había protegido.
En mi libro utilizo una comparación que todavía resulta muy sencilla de entender.
En nuestros días, una autoridad gubernamental puede llegar a un negocio y colocar un aviso oficial de clausura.
El papel, la cinta o el sello físicamente no son particularmente fuertes.
Podrían romperse con las manos.
Pero casi nadie se atrevería a hacerlo.
¿Por qué?
Porque el verdadero poder no está en el pedazo de papel.
Está en:
Eso mismo debemos comprender acerca del sello romano.
La cera no era la verdadera barrera.
La cuerda tampoco.
La verdadera barrera era Roma.
En mi libro afirmo que violar aquel sello colocaba a la persona en abierta desobediencia contra la ley romana y podía exponerla incluso a una condena a muerte por crucifixión.
Así que pensemos en lo que esto significaba para cualquier persona que quisiera sacar el cuerpo.
No bastaba con tener fuerza suficiente para mover la piedra.
Había que aceptar las consecuencias de romper un sello oficial.
Supongamos nuevamente que los discípulos decidieron robar el cuerpo.
Tendrían que llegar a la tumba.
Evitar a los soldados.
Acercarse a la piedra.
Violar el sello.
Mover la enorme roca.
Entrar.
Sacar el cuerpo.
Y después desaparecer.
Pero ahora debemos añadir algo:
Sabían que al romper el sello estaban desafiando directamente a la autoridad romana.
En mi libro concluyo precisamente que la presencia simultánea del sello imperial y la guardia hacía doblemente peligroso cualquier intento de robar el cuerpo de Jesucristo.
Los discípulos.
Pero recordemos cómo estaban.
Habían huido.
Estaban asustados.
Se encontraban escondidos.
Tenían miedo de las autoridades.
Y ahora, según la teoría del robo, tendrían que convertirse repentinamente en hombres dispuestos a desafiar tanto a los soldados como al poder de Roma.
No considero que esta explicación encaje con el estado en que los Evangelios los presentan.
Permitía saber si la tumba había sido violada.
Mientras el sello permaneciera intacto, la piedra no había sido desplazada de la manera necesaria para entrar.
Si alguien movía la piedra y dañaba las cuerdas o la cera, quedaba evidencia de que alguien había intervenido.
Así que el sello no solamente prohibía.
También funcionaba como una marca visible de seguridad.
Recordemos nuevamente el texto:
“Aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.”
Observe cómo Mateo une ambas cosas.
El sello.
Y los soldados.
No era una tumba simplemente cerrada con una piedra.
Era un sepulcro asegurado.
Esto es fundamental para nuestra investigación.
Los principales sacerdotes querían impedir que después alguien afirmara que Jesús había resucitado.
Por eso hicieron todo lo que estaba dentro de su poder para evitar que el cuerpo desapareciera.
En mi libro resumo esta situación diciendo que los sacerdotes tenían un enorme interés en que nadie tocara el cuerpo durante aquellos tres días y utilizaron todas las medidas disponibles para impedirlo.
Piedra.
Sello.
Guardia.
Desde su punto de vista, el problema estaba resuelto.
Mateo escribe:
“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2
Aquí aparece algo que para mí tiene una enorme importancia.
La piedra que tenía el sello fue removida.
Pero no fueron los discípulos quienes lo hicieron.
Mateo atribuye esa acción:
En mi libro presento mi propia conclusión acerca de este detalle.
Creo firmemente que el ángel removió la piedra por dos razones.
Primero, porque las primeras personas que llegarían serían mujeres que ya habían expresado preocupación por no poder moverla.
Y segundo, porque al removerla el ángel asumía también la responsabilidad de romper el sello.
De esa manera, ningún discípulo podía ser acusado de haberlo violado.
Para mí, éste es un detalle extraordinario.
Los enemigos de Jesús habían intentado cerrar todas las posibilidades humanas.
La piedra impedía entrar.
La guardia impedía acercarse.
El sello prohibía legalmente abrir.
Pero ninguna de esas medidas podía impedir lo que Dios había determinado.
La tumba que Roma había asegurado terminó abierta.
Si no hubiera existido sello, alguien podría decir:
“Simplemente alguien movió la piedra.”
Si no hubiera existido guardia:
“Alguien entró durante la noche.”
Pero tenemos una combinación extraordinaria.
Una piedra enorme.
Un sello oficial.
Una guardia.
Y después:
Ése es precisamente el problema que cualquier explicación alternativa tiene que resolver.
¿Qué significaba entonces el sello romano sobre la tumba?
Significaba que aquel sepulcro estaba protegido por la autoridad imperial.
Significaba que nadie tenía derecho a abrirlo.
Significaba que mover la piedra implicaba violar una orden oficial.
Y significaba que cualquier intento de sacar el cuerpo se convertía en una acción extremadamente peligrosa.
Por eso el sello es una pieza esencial de nuestra investigación.
No era decoración.
Y aun así…
la tumba terminó abierta.
La piedra fue removida.
El sello fue roto.
Los soldados huyeron.
Y el cuerpo ya no estaba allí.
Ahora podemos reunir las tres grandes barreras y formular una pregunta todavía más difícil:
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:1-6.
Marcos 16:1-4.
Si este artículo despertó su interés y desea explorar el tema con mayor profundidad, le invitamos a conocer el libro completo, donde encontrará un estudio mucho más amplio y detallado.

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Después de comprender qué representaba el sello romano colocado sobre la tumba de Jesucristo, debemos hacernos una pregunta inevitable:
En mi libro la respuesta es directa.
El sello representaba la autoridad del gobierno imperial. No era simplemente una cuerda con cera. Era una orden oficial que indicaba que aquella tumba no debía ser violada.
Por eso, quien rompiera aquel sello se colocaba en abierta desobediencia contra Roma.
En mi investigación afirmo claramente:
Ésta no era una pequeña infracción administrativa.
Romper el sello significaba desafiar directamente la autoridad imperial que lo había colocado.
Esto cambia completamente la manera en que debemos imaginar cualquier intento de entrar en la tumba.
Físicamente, romper unas cuerdas o destruir cera no era difícil.
Cualquier hombre podía hacerlo.
El verdadero problema era lo que aquello significaba.
Detrás de aquellas cuerdas estaba:
El sello decía, en términos sencillos:
“Esta tumba está bajo la autoridad imperial. No la toque.”
Por eso el obstáculo no era físico.
Era legal.
En mi libro utilizo una comparación moderna.
Imagine que una dependencia gubernamental llega a un establecimiento y coloca un sello de clausura.
El papel puede romperse fácilmente.
La cinta puede cortarse.
Físicamente no representa ningún obstáculo.
Pero una persona sabe que si rompe aquel sello no está simplemente rompiendo papel.
Está violando una orden de la autoridad.
Lo mismo ocurría con el sello colocado sobre el sepulcro.
Ahora volvamos a los discípulos.
Para robar el cuerpo no bastaba con llegar hasta la tumba.
Tendrían que enfrentarse a la guardia.
Tendrían que romper el sello.
Tendrían que mover la enorme piedra.
Tendrían que sacar el cuerpo.
Y después tendrían que escapar.
Pero romper el sello significaba además exponerse a una condena romana.
Por eso, en mi libro concluyo que la presencia simultánea de la guardia y el sello imperial hacía doblemente peligroso cualquier intento de robar el cuerpo de Jesucristo.
Recordemos el estado de los discípulos.
Cuando arrestaron a Jesús, huyeron.
Pedro negó conocerlo.
Después de la crucifixión permanecieron escondidos por miedo.
Y ahora se supone que aquellos mismos hombres decidieron desafiar:
A los soldados.
A la autoridad romana.
Al sello imperial.
Y a la posibilidad de ser ejecutados.
Ésa es la clase de explicación que tendría que sostener la teoría del robo.
En mi libro explico que estos sellos se colocaban sobre tumbas que el gobierno no quería que fueran violadas.
Por eso el sello cumplía dos propósitos.
Primero, declaraba oficialmente que nadie podía abrir el sepulcro.
Segundo, si alguien lo hacía, quedaba evidente que había desafiado una orden romana.
Los sacerdotes no escogieron estas medidas accidentalmente.
Querían impedir que alguien sacara el cuerpo.
Por eso consiguieron:
Una piedra enorme.
Una guardia.
Y un sello imperial.
Cada medida hacía más difícil la siguiente.
El resultado era una tumba protegida física, militar y legalmente.
Mateo dice:
“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2
En mi libro hago una observación que considero muy importante.
No fueron los discípulos quienes removieron aquella piedra.
Fue el ángel.
Y para mí esto tiene relación directa con el sello.
En mi libro expreso mi convicción de esta manera:
Si los discípulos hubieran removido la piedra, habrían quedado expuestos a la condena correspondiente por violar el sello.
Por eso creo que el ángel removió la piedra, entre otras razones, para que ninguno de los discípulos quedara como responsable de haber roto el sello romano.
Para mí, éste es un detalle extraordinariamente significativo.
Pensemos en esto desde otra perspectiva.
Los sacerdotes temían que los discípulos robaran el cuerpo.
Entonces colocaron una protección que convertía cualquier intento de robo en una acción de consecuencias potencialmente mortales.
En otras palabras, ellos mismos hicieron todo lo posible para impedir exactamente la explicación que después intentarían utilizar:
“Los discípulos robaron el cuerpo.”
Eso vuelve el caso todavía más interesante.
Supongamos que realmente hubieran llevado a cabo el robo.
No habría sido simplemente una cuestión religiosa.
Habrían cometido una acción contra la autoridad romana.
Y los enemigos de Jesús tenían razones suficientes para perseguirlos.
Sin embargo, la historia no continúa con una búsqueda de discípulos acusados de haber violado el sello.
Continúa con otra explicación:
Que los soldados estaban dormidos.
Eso lo estudiaremos con mucho cuidado más adelante.
Un sello funciona porque las personas saben que romperlo tiene consecuencias.
Si no existiera castigo, el sello no tendría prácticamente ningún valor.
Pero si violarlo podía colocar a una persona frente a una ejecución romana, entonces el efecto era completamente diferente.
La persona no veía solamente cera.
Veía:
Ahora podemos comprender la magnitud del sistema de protección.
La piedra impedía físicamente la entrada.
La guardia impedía militarmente acercarse.
El sello impedía legalmente abrir.
Y la violación del sello podía costar la vida.
Por eso no estamos estudiando una tumba abandonada durante la noche.
Estamos estudiando una tumba que sus enemigos habían procurado hacer lo más segura posible.
¿Qué castigo podía recibir quien rompiera el sello romano?
De acuerdo con lo que presento en mi libro:
Ésa era la seriedad del sello.
Por eso considero que no puede tratarse como un detalle secundario de la historia.
Si alguien quería sacar el cuerpo de Jesucristo, tenía que estar dispuesto no solamente a enfrentar soldados y mover una enorme piedra.
Tenía que estar dispuesto a:
Y eso nos lleva a la pregunta que comienza a reunir todas las piezas de esta subserie:
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:1-4.
Mateo 28:11-15.
Si este artículo despertó su interés y desea explorar el tema con mayor profundidad, le invitamos a conocer el libro completo, donde encontrará un estudio mucho más amplio y detallado.

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Explore el Museo al vida y obra de Jesucristo:
Dr. Elio M Rivera
Llegamos ahora a una pregunta que pone a prueba directamente una de las explicaciones más conocidas acerca de la tumba vacía:
En mi libro planteo esta posibilidad precisamente para examinarla. No basta con decir: “Tal vez robaron el cuerpo”. Hay que reconstruir lo que realmente tendrían que haber hecho.
Y cuando lo hacemos, la dificultad aumenta considerablemente.
La entrada había sido cerrada con una gran piedra.
Después la tumba fue asegurada.
La piedra fue sellada.
Y una guardia fue colocada frente al sepulcro.
Mateo dice:
“Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.”
Mateo 27:66
Por lo tanto, cualquier intento de sacar el cuerpo tendría que superar las tres barreras al mismo tiempo:
La piedra.
El sello.
La guardia.
Mi libro resume precisamente este escenario: los sacerdotes hicieron todo lo que estaba dentro de su poder para impedir que alguien tocara el cuerpo, mientras una guardia custodiaba la tumba y los discípulos permanecían acobardados, escondidos y desorganizados.
Ya estudiamos que las propias mujeres se preguntaban:
“¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”
Marcos 16:3
Eso significa que no era un objeto que pudiera desplazarse fácilmente.
Para moverla habría que ejercer fuerza.
Y aquí aparece una pregunta muy sencilla:
La teoría del robo necesita responderlo.
Los discípulos supuestamente necesitaban entrar.
Eso significaba desplazar la piedra lo suficiente para abrir la entrada.
Después tendrían que entrar al sepulcro.
Manipular el cuerpo.
Sacarlo.
Y volver a marcharse.
No estamos hablando de una acción instantánea.
Habría requerido tiempo.
La piedra estaba asegurada.
Por eso cualquier intento por moverla implicaba alterar el sello que representaba la autoridad imperial.
En otras palabras, la operación no solamente sería físicamente difícil.
También significaría desafiar abiertamente a Roma.
En mi libro señalo que la presencia conjunta de la guardia y del sello imperial hacía doblemente peligroso cualquier intento de robar el cuerpo.
Los hombres que vigilaban el sepulcro no eran personas sin entrenamiento.
Eran soldados profesionales.
Habían aprendido a obedecer.
Estaban acostumbrados a las armas.
Y su disciplina era extremadamente severa.
En mis estudios posteriores describo a estos hombres como militares entrenados y hago notar que el fracaso de una misión podía traerles castigos gravísimos, incluso la muerte.
Así que tenían poderosos motivos para permanecer alerta.
Ahora miremos a los supuestos ladrones.
¿Quiénes eran los discípulos?
La mayoría eran pescadores.
Había personas comunes.
No eran soldados.
No tenían entrenamiento militar.
Nunca habían dirigido un ejército.
Nunca habían librado una batalla contra tropas romanas.
Y todavía existe algo más importante.
Cuando Jesús fue arrestado:
huyeron.
Pedro lo negó.
Los demás permanecieron escondidos.
Tenían miedo de convertirse en los siguientes perseguidos.
En mi libro describo su estado de ánimo con palabras muy claras:
Por lo tanto, la teoría del robo exige una transformación inmediata.
Los hombres que habían huido de quienes arrestaron a Jesús tendrían que decidir pocas horas después enfrentarse a una guardia militar.
Pensemos en la secuencia.
Tendrían que saber dónde estaban colocados los soldados.
Acercarse sin ser vistos.
Superar a la guardia o esperar que todos estuvieran dormidos.
Romper el sello.
Mover la piedra.
Entrar.
Sacar un cadáver.
Transportarlo.
Y abandonar el lugar sin que nadie los descubriera.
Todo esto realizado por un grupo que, según el escenario que describo en mis propios estudios, estaba sin experiencia militar, sin armas, sin organización y sin esperar siquiera que Jesús resucitara.
Ésta será posteriormente la explicación que se difundió:
“Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:13
Pero incluso aceptando esa posibilidad por un momento, aparece un problema.
Los discípulos tendrían que acercarse a varios soldados dormidos.
Después romper el sello.
Mover una enorme piedra.
Entrar.
Sacar el cuerpo.
Y marcharse.
Todo:
Resulta difícil imaginar que desplazar semejante piedra y manipular un cuerpo pudiera realizarse como una operación completamente silenciosa.
Si los soldados realmente estaban dormidos:
Si dormían, no vieron quién llegó.
No vieron quién movió la piedra.
No vieron quién entró.
No vieron quién sacó el cadáver.
Por lo tanto, no podían ser testigos de aquello que supuestamente ocurrió mientras dormían.
Este punto es fundamental.
Una teoría del robo presupone que los discípulos decidieron fabricar una falsa resurrección.
Pero en mi libro hago énfasis en que ellos mismos fueron tardos para creer y no comprendieron que Jesús se levantaría de entre los muertos. Cuando las mujeres llevaron la noticia, tampoco reaccionaron inmediatamente como hombres que estaban esperando el cumplimiento de un plan.
Entonces debemos preguntar:
¿Qué motivo tendrían para realizar semejante operación?
Robar el cuerpo no resolvería sus problemas.
Los aumentaría.
Ahora no solamente serían seguidores de un hombre ejecutado.
Se convertirían en hombres que habrían violado una tumba protegida por la autoridad.
Habrían roto el sello.
Habrían burlado o enfrentado a soldados.
Y podrían ser perseguidos.
Por eso la teoría exige que hombres aterrorizados eligieran voluntariamente aumentar enormemente el peligro sobre ellos mismos.
Este es quizá el problema más sencillo de visualizar.
Imagine la tumba durante la noche.
Frente a la entrada está la enorme piedra.
Junto al sepulcro está la guardia.
El sello impide legalmente intervenir.
La misión de los soldados es exactamente ésta:
Y la explicación alternativa sostiene que los discípulos consiguieron hacer exactamente eso.
Sin ser detenidos.
Sin ser descubiertos.
Y sin que nadie pudiera recuperar posteriormente el cadáver.
En mi libro resumo el caso de manera sencilla.
Jesús realmente había muerto.
Los sacerdotes querían impedir que alguien tocara su cuerpo durante aquellos días.
La guardia custodiaba el sepulcro.
Y los hombres que supuestamente tendrían que rescatar el cadáver estaban escondidos, acobardados y desorganizados.
Por eso considero que la teoría del robo no explica adecuadamente el conjunto de la evidencia.
Éste es un punto importante.
Quizá varios hombres fuertes pudieran, bajo circunstancias normales, desplazar una piedra pesada.
Pero ésa no es nuestra pregunta.
La verdadera pregunta es:
Cuando se formula correctamente, el problema cambia completamente.
No considero razonable pensar que aquellos discípulos, en el estado psicológico en que se encontraban, pudieran ejecutar con éxito semejante operación.
Estaban atemorizados.
No eran soldados.
No tenían experiencia militar.
La tumba estaba custodiada.
La piedra era enorme.
El sello hacía todavía más peligroso intervenir.
Y los propios enemigos de Jesús habían establecido precisamente esas medidas para impedir que el cuerpo fuera robado.
Por eso mi conclusión es:
Y ahora debemos examinar directamente la explicación que posteriormente se dio para justificar precisamente cómo habría podido ocurrir:
Mateo 26:56.
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:11-15.
Marcos 16:1-4.
Lucas 22:54-62.
Lucas 24:9-11.
Juan 20:19.
Si este artículo despertó su interés y desea explorar el tema con mayor profundidad, le invitamos a conocer el libro completo, donde encontrará un estudio mucho más amplio y detallado.

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Después de estudiar la enorme piedra, la guardia y el sello romano, llegamos finalmente a la madrugada en que todo cambió.
Hasta ese momento, la situación parecía completamente controlada.
El cuerpo de Jesucristo había sido colocado dentro del sepulcro.
La entrada había sido cerrada.
La piedra había sido sellada.
Y soldados vigilaban el lugar.
Los enemigos de Jesús habían hecho todo lo posible para impedir que alguien sacara el cuerpo. En mis estudios posteriores llego a decir que, sin proponérselo, habían convertido aquel sepulcro en uno de los lugares más vigilados de Jerusalén.
Pero al amanecer del primer día de la semana ocurrió algo que ninguna de aquellas medidas pudo impedir.
Los Evangelios sitúan los acontecimientos durante las primeras horas del día.
Mateo comienza diciendo:
“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.”
Mateo 28:1
Marcos menciona también a María Magdalena, María la madre de Jacobo y Salomé.
Lucas habla de varias mujeres.
Juan concentra inicialmente su relato en María Magdalena.
En mi libro intento armonizar estos relatos proponiendo que, apenas amanecía, probablemente dos o más grupos de mujeres se dirigían al sepulcro, algunas desde Jerusalén y otras desde Betania. Pero también aclaro expresamente que no puedo asegurar que cada detalle cronológico ocurriera exactamente en ese orden; lo presento como una reconstrucción que considero coherente.
Las mujeres no caminaban hacia el sepulcro esperando una resurrección.
Tampoco esperaban encontrar la entrada abierta.
Marcos registra su preocupación:
“Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”
Marcos 16:3
Esto es importantísimo.
Mientras se acercaban, ellas daban por sentado que:
Su problema era cómo conseguirían moverla.
Mateo describe:
“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2
Aquí tenemos un cambio radical en el escenario.
La misma piedra que José había colocado.
La misma piedra que después había sido sellada.
La misma piedra que una guardia vigilaba.
Ahora estaba removida.
Mateo continúa:
“Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.”
Mateo 28:3-4
Estos soldados, hombres acostumbrados a la disciplina militar, quedaron paralizados por el terror.
En mi libro señalo que los guardias vieron a los ángeles, experimentaron el terremoto y quedaron aterrorizados; después, cuando pudieron reaccionar, abandonaron el lugar para informar de lo sucedido.
No debemos pasar rápidamente por encima de este detalle.
Habíamos estudiado que abandonar una guardia podía traer consecuencias gravísimas.
Aquellos hombres lo sabían.
Y, sin embargo, se fueron.
En mi libro hago una observación muy fuerte: el miedo a lo que presenciaron fue mayor que su temor a las consecuencias de abandonar el lugar que custodiaban.
Para mí, eso significa que tuvieron que presenciar algo extraordinariamente impactante.
Marcos dice:
“Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.”
Marcos 16:4
No dice que ellas la movieron.
No dice que encontraron hombres intentando desplazarla.
Cuando llegaron:
La barrera que las preocupaba había desaparecido.
Juan presenta la escena desde la perspectiva de María Magdalena:
“El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.”
Juan 20:1
Su primera conclusión no fue:
“¡Jesús resucitó!”
Fue completamente diferente.
Corrió hacia Pedro y Juan y les dijo:
“Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.”
Juan 20:2
Esto es muy importante.
María no estaba predispuesta a interpretar inmediatamente una tumba vacía como evidencia de una resurrección.
Pensó que alguien había movido el cuerpo.
En mi libro propongo como posibilidad que María Magdalena se adelantara al resto de las mujeres, viera la tumba abierta y regresara corriendo antes de escuchar el anuncio de los ángeles.
Después, el resto de las mujeres habría llegado y recibido el mensaje de que Jesús había resucitado.
Nuevamente, ésta es una armonización que considero coherente, no una afirmación de que podamos demostrar cada minuto exacto de la secuencia.
Lo fundamental para nuestra investigación es lo que todos los relatos terminan estableciendo:
La piedra estaba removida.
La tumba estaba abierta.
El cuerpo ya no estaba allí.
El ángel les dijo:
“No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.”
Mateo 28:6
La invitación es extraordinaria:
No se les pidió creer sin mirar.
Podían entrar.
Podían observar.
Podían comprobar que el lugar donde había sido colocado el cuerpo estaba vacío.
Esto es fundamental.
Mientras la piedra permaneciera cerrando el sepulcro, nadie podía observar fácilmente el interior.
Pero una vez removida, la tumba pudo ser examinada.
Las mujeres pudieron entrar.
Después Pedro entraría.
Juan entraría.
El lugar donde había estado el cuerpo quedó expuesto a la observación.
La piedra removida no ocultó la evidencia.
Cuando María les dio la noticia, Pedro y Juan corrieron.
Juan llegó primero.
Se inclinó.
Miró hacia dentro.
Y vio los lienzos.
Después Pedro entró.
En mi armonización señalo que ambos encontraron la tumba abierta y los lienzos acomodados; Juan se retiró creyendo, mientras Pedro permaneció asombrado.
Esto nos lleva a otra pieza importantísima que estudiaremos más adelante:
Éste es uno de los aspectos más importantes de esa madrugada.
Las mujeres no llegaron esperando una tumba vacía.
María interpretó inicialmente la ausencia del cuerpo como un traslado.
Los discípulos tampoco parecían estar esperando que Jesús resucitara.
Por eso los acontecimientos comenzaron a producir sorpresa, confusión y finalmente convicción.
No estamos leyendo la historia de un grupo que llegó al sepulcro para ejecutar un plan previamente acordado.
Estamos leyendo acerca de personas enfrentadas con algo que no esperaban encontrar.
Mateo dice que algunos miembros de la guardia fueron a la ciudad:
“Y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.”
Mateo 28:11
Este detalle me parece extraordinario.
Los propios soldados encargados de impedir cualquier manipulación del sepulcro se convirtieron en quienes tuvieron que informar que la situación había cambiado.
La piedra estaba removida.
La tumba ya no estaba bajo su control.
Habían pedido una guardia porque temían que el cuerpo desapareciera.
Habían sellado la tumba.
Habían asegurado la piedra.
Y ahora precisamente eso había ocurrido:
La medida diseñada para impedir la desaparición del cuerpo no pudo explicar su ausencia.
Quiero conservar aquí algo que expresé claramente en mi obra.
Los cuatro Evangelios narran aquella mañana desde perspectivas diferentes.
Cuando intenté armonizarlos propuse una secuencia que considero bastante coherente, pero escribí expresamente:
“No puedo asegurar que las cosas sucedieron así.”
Porque el objetivo de mi investigación no era discutir si María llegó unos minutos antes que otra mujer.
Mi objetivo era estudiar:
Y sobre el punto central no existe ambigüedad en mi conclusión.
Aquella mañana:
La piedra había sido removida.
La tumba estaba abierta.
Y Jesucristo ya no estaba dentro.
Pensemos en todo lo estudiado hasta ahora.
Era grande.
Las mujeres sabían que no podían moverla fácilmente.
Había sido sellada.
Había soldados vigilándola.
Los discípulos estaban escondidos.
Y al amanecer:
Esto exige una explicación.
Mateo no atribuye la remoción de la piedra a los discípulos.
Tampoco a las mujeres.
Dice que:
“Un ángel del Señor… removió la piedra.”
En mi libro creo firmemente que esto también resolvió el problema del sello: no fueron los discípulos quienes asumieron la responsabilidad de violar la protección imperial.
Hasta esa mañana, los enemigos de Jesús tenían algo muy poderoso:
Un cadáver dentro de una tumba asegurada.
Después de esa madrugada ya no lo tenían.
Ahora existía otro problema:
Una piedra removida.
Una guardia aterrorizada.
Un sepulcro abierto.
Lienzos en el interior.
Y ningún cuerpo.
La investigación había cambiado para siempre.
Y precisamente por eso nuestro siguiente paso deberá ser examinar el argumento que intentó explicar inmediatamente aquella ausencia:
Mateo 28:1-15.
Marcos 16:1-8.
Lucas 24:1-12.
Juan 20:1-18.
Si este artículo despertó su interés y desea explorar el tema con mayor profundidad, le invitamos a conocer el libro completo, donde encontrará un estudio mucho más amplio y detallado.

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Con este artículo comenzamos una nueva etapa de nuestra investigación.
Hasta ahora hemos establecido varias cosas: Jesucristo realmente murió, su cuerpo fue colocado en un sepulcro conocido, la tumba fue cerrada y después asegurada. Ahora debemos examinar una de las primeras explicaciones que surgieron para negar la resurrección:
Mateo registra que ésta fue precisamente la versión que se ordenó difundir después de que la tumba apareció vacía:
“Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:13
Por lo tanto, no estamos inventando una objeción moderna.
La acusación aparece dentro del propio relato.
La pregunta es:
Supongamos por un momento que la resurrección nunca ocurrió.
Supongamos que los discípulos decidieron fabricar toda la historia.
Entonces tendríamos que aceptar que, después de la crucifixión, se reunieron y elaboraron un plan semejante a éste:
Entrar al sepulcro.
Sacar el cadáver.
Esconderlo.
Y después comenzar a proclamar:
No quiero rechazar esta posibilidad simplemente porque no estoy de acuerdo con ella.
Quiero examinarla.
Eso es precisamente lo que hago en mi libro cuando planteo la pregunta de si los discípulos pudieron haber robado el cuerpo e inventado la resurrección. El objetivo de esa sección es expresamente evaluar la teoría del robo del cuerpo de Jesucristo.
Si queremos saber si alguien cometió un delito, una de las primeras preguntas sería:
¿En qué condición se encontraba esa persona?
¿Tenía motivos?
¿Tenía valor para hacerlo?
¿Estaba organizando algo?
¿Esperaba obtener algún beneficio?
Por eso, en mi libro comienzo examinando el estado psicológico de los discípulos durante la crucifixión y después de ella.
Y lo que encontramos no se parece mucho a un grupo de hombres preparando uno de los fraudes más extraordinarios de la historia.
La primera reacción de los discípulos frente al peligro fue muy clara.
Mateo dice:
“Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.”
Mateo 26:56
En mi libro señalo precisamente este hecho.
Cuando Jesús fue arrestado en Getsemaní, los discípulos huyeron con pánico.
Éste es un dato importante.
Los hombres que posteriormente tendrían que arriesgarse para robar el cuerpo fueron los mismos que huyeron cuando arrestaron a su Maestro.
Pedro fue uno de los pocos que siguió los acontecimientos a cierta distancia.
Pero cuando comenzaron a relacionarlo con Jesús, su reacción fue negar cualquier relación con Él.
No una vez.
Tres veces.
En mi libro hago énfasis en que Pedro se deslindó completamente de su Maestro cuando sintió que él mismo podía estar en peligro.
Esto nos permite comprender mejor el ambiente de aquellas horas.
No vemos hombres buscando una oportunidad para enfrentarse a las autoridades.
Vemos hombres tratando de evitar ser arrestados.
Marcos describe su condición después de la muerte de Jesús:
“Estaban tristes y llorando.”
Marcos 16:10
Esto también forma parte de los textos que utilizo en mi libro para evaluar la teoría del robo.
Para ellos, la crucifixión no parecía ser el comienzo de un plan.
Parecía ser el final.
Su Maestro había muerto.
Sus expectativas habían sido destruidas.
Y ellos estaban de duelo.
Aquí aparece algo todavía más importante.
Si los discípulos hubieran planeado fabricar una resurrección, esperaríamos que estuvieran preparados para comenzar a anunciarla.
Pero cuando María Magdalena llegó diciendo que había visto a Jesús vivo:
Marcos dice:
“Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.”
Marcos 16:11
Este dato está expresamente incluido en mi libro como parte del análisis de la mentalidad de los discípulos.
Esto es muy difícil de reconciliar con la idea de que ellos mismos habían organizado una falsa resurrección.
Lucas es todavía más fuerte.
Cuando las mujeres regresaron del sepulcro y anunciaron lo ocurrido:
“Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.”
Lucas 24:11
El texto no describe a conspiradores fingiendo sorpresa.
Describe a hombres que inicialmente consideraron increíble la noticia.
En mi libro utilizo precisamente este episodio para señalar que los discípulos fueron tardos para creer.
Juan describe su condición todavía el mismo día de la resurrección:
“Estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos…”
Juan 20:19
Observe cuidadosamente:
En mi libro resumo el estado emocional de los seguidores de Jesús con tres palabras:
Ésa es la condición del grupo al que posteriormente se acusa de haber organizado el robo del cadáver.
Pensemos entonces en lo que tendría que haber ocurrido.
El viernes:
Huyen.
Pedro niega a Jesús.
Jesús muere.
Ellos quedan devastados.
Después permanecen escondidos por miedo.
Pero, según la teoría del robo, en algún momento entre esos acontecimientos y la madrugada del primer día de la semana, ese grupo se transforma repentinamente.
De hombres aterrorizados pasan a convertirse en hombres dispuestos a arriesgar su vida para robar un cadáver.
Ésa es una transformación que la teoría necesita explicar.
También debemos preguntar por el motivo.
¿Qué beneficio recibirían?
¿Dinero?
¿Poder?
¿Seguridad?
¿Prestigio?
En mi libro rechazo precisamente la idea de que los evangelistas estuvieran buscando poder, reconocimiento o dinero. Por el contrario, señalo que aquello que proclamaron acerca de la resurrección llegó a costar a muchos de ellos posición social e incluso la vida.
Esto no significa, por sí solo, que toda persona que sufre por una creencia necesariamente tenga razón.
Pero sí plantea una cuestión diferente:
¿Por qué inventar conscientemente una mentira que les traería persecución y sufrimiento?
El supuesto fraude tampoco terminaría sacando el cadáver.
Después tendrían que construir toda una historia.
Tendrían que afirmar que habían visto a Jesús vivo.
Tendrían que ponerse de acuerdo.
Tendrían que mantener la historia.
Tendrían que involucrar a otras personas.
Y tendrían que hacerlo durante años sin que alguno de ellos acabara revelando dónde escondieron el cuerpo.
En mi libro digo que semejante operación habría convertido los Evangelios en un fraude extraordinariamente elaborado, porque requeriría coordinar relatos, personajes y detalles alrededor de la resurrección.
Existe además un detalle muy importante.
La primera noticia de la tumba vacía no aparece inicialmente como una proclamación triunfal de los apóstoles.
Proviene de las mujeres.
Y los apóstoles:
No les creyeron.
Esto hace todavía más difícil imaginar un plan previamente organizado.
Si todos estuvieran involucrados en una conspiración, esta reacción tendría que formar parte también del engaño.
Éste es quizá uno de los puntos psicológicos más importantes.
Aunque Jesús había hablado de su resurrección, los discípulos no parecen haber comprendendido plenamente lo que ocurriría.
Después de la crucifixión no los encontramos diciendo:
“Esperemos hasta el tercer día.”
Los encontramos llorando.
Escondidos.
Asustados.
Y después incrédulos cuando escuchan que Jesús está vivo.
En mi libro señalo expresamente que fueron tardos para creer y que no entendieron lo que estaba por ocurrir.
Ésta es la pregunta central de este artículo.
No necesito volver a explicar aquí con detalle la piedra, el sello y la guardia.
Eso ya lo establecimos en la subserie anterior.
Sabemos que la tumba estaba protegida.
Sabemos que acercarse a ella implicaba peligro.
Mi propio libro señala que la combinación de la guardia y el sello hacía doblemente peligroso cualquier intento de robar el cuerpo.
Pero ahora quiero concentrarme únicamente en los hombres que supuestamente debían realizarlo.
¿Realmente estaban preparados?
Imaginemos nuevamente nuestro tribunal.
La acusación dice:
“Los discípulos robaron el cuerpo.”
Entonces comenzaríamos el interrogatorio.
¿No huyeron ustedes cuando arrestaron a Jesús?
Sí.
¿No negó Pedro conocerlo?
Sí.
¿No estaban tristes y llorando después de su muerte?
Sí.
¿No permanecían escondidos por miedo?
Sí.
¿No rechazaron inicialmente el testimonio de María Magdalena?
Sí.
¿No consideraron una locura lo que dijeron las mujeres?
Sí.
Entonces la pregunta sería inevitable:
No estoy diciendo que el estado emocional de los discípulos, por sí solo, demuestre la resurrección.
La investigación no funciona así.
Una sola pieza no resuelve todo el caso.
Pero sí podemos preguntar cuál explicación concuerda mejor con las evidencias.
Y aquí la teoría del robo enfrenta una dificultad importante.
Tiene que convertir a hombres derrotados y temerosos en conspiradores decididos prácticamente de un momento a otro.
Cuando investigamos un acontecimiento no debemos conformarnos con una posibilidad abstracta.
Prácticamente podemos imaginar cualquier cosa.
La pregunta correcta es:
Y los discípulos que encontramos en los relatos inmediatamente después de la crucifixión no parecen estar construyendo un engaño.
Parecen estar enfrentándose al fracaso de todas sus expectativas.
La teoría dice:
Pero al examinar a los supuestos autores del fraude encontramos:
Hombres que huyeron.
Un Pedro que negó conocer a Jesús.
Discípulos tristes y llorando.
Seguidores escondidos por miedo.
Hombres que no creyeron inicialmente que Jesús estuviera vivo.
Y personas que consideraron una locura el primer anuncio de la resurrección. Todo esto forma parte precisamente del argumento psicológico que desarrollo en mi libro contra la teoría del robo.
Por eso no considero que la teoría encaje bien con su comportamiento.
Pero todavía no hemos terminado de examinar la explicación.
Porque según la versión difundida, los discípulos pudieron llevarse el cuerpo por una razón:
Los soldados estaban dormidos.
Y esto nos conduce a una contradicción extraordinaria.
Mateo 26:56.
Mateo 28:11-15.
Marcos 16:9-11.
Lucas 22:54-62.
Lucas 24:8-11.
Juan 20:19.
Libro recomendado

En los artículos anteriores ya hemos mencionado varias veces esta dificultad, porque aparece inevitablemente cada vez que estudiamos la teoría del robo del cuerpo. Sin embargo, hasta ahora solamente la hemos señalado de paso.
Aquí vale la pena detenernos.
No para repetir nuevamente todo lo relacionado con la piedra, el sello, la disciplina romana o el estado psicológico de los discípulos. Eso ya quedó establecido.
Ahora quiero concentrarme únicamente en una pregunta:
Mateo registra la explicación que comenzó a circular después de que la tumba apareció vacía:
“Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:13
Lea lentamente la frase.
Los discípulos vinieron.
Vinieron de noche.
Entraron al sepulcro.
Se llevaron el cuerpo.
Y todo esto ocurrió:
Aquí aparece un problema lógico que no podemos ignorar.
Imaginemos que aquellos soldados estuvieran declarando ante un tribunal.
El juez pregunta:
—¿Quién robó el cuerpo?
Los soldados responden:
—Los discípulos.
Entonces el juez pregunta:
—¿Los vieron llegar?
Respuesta:
—No. Estábamos dormidos.
—¿Los vieron acercarse a la tumba?
—No.
—¿Los vieron mover la piedra?
—No.
—¿Los vieron entrar?
—No.
—¿Los vieron sacar el cadáver?
—No.
—¿Los vieron marcharse?
—No.
Entonces la siguiente pregunta sería inevitable:
Éste es el centro del problema.
Una persona dormida no puede observar.
No puede identificar rostros.
No puede contar cuántas personas llegaron.
No puede saber qué hicieron.
No puede afirmar quién se llevó algo.
Por lo tanto, si los soldados realmente estaban dormidos, su declaración no podía basarse en lo que ellos habían visto.
Tenía que venir de otro lugar.
Y Mateo explica precisamente de dónde vino.
Éste es el punto nuevo que quiero que quede muy claro.
Mateo no dice que los soldados llegaron a la ciudad diciendo:
“Los discípulos robaron el cuerpo.”
Lo que dice es que primero informaron a los principales sacerdotes de lo que había ocurrido.
Después los sacerdotes y los ancianos se reunieron.
Y entonces:
“Dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:12-13
Observe cuidadosamente:
La explicación fue dada a los soldados.
No surgió de su propio testimonio.
Ellos recibieron una versión que debían repetir.
Si los soldados hubieran dicho:
“Vimos a los discípulos entrar y robar el cuerpo”
tendríamos un testimonio que investigar.
Podríamos preguntar:
¿Cuántos eran?
¿Quiénes estaban allí?
¿A qué hora llegaron?
¿Cómo los reconocieron?
¿Cómo lograron escapar?
Pero eso no fue lo que dijeron.
La historia que debían contar incluía precisamente la afirmación de que estaban dormidos.
Eso significa que no podían haber observado aquello que describían.
Aquí aparece algo muy interesante desde el punto de vista lógico.
La historia intenta explicar por qué los soldados no impidieron el robo:
Porque estaban dormidos.
Pero al mismo tiempo intenta utilizar a esos mismos soldados como fuente para identificar a los ladrones:
Fueron los discípulos.
Las dos afirmaciones no funcionan bien juntas.
Si estaban despiertos, podían identificar a los discípulos.
Pero entonces tendrían que explicar por qué no impidieron el robo.
Si estaban dormidos, podían explicar por qué no lo impidieron.
Pero entonces no podían identificar a los ladrones.
También podemos ir un poco más lejos.
La versión dice:
“Vinieron de noche.”
Pero si los soldados estaban dormidos, ¿cómo sabían a qué hora ocurrió?
Podían despertar y encontrar la tumba abierta.
Podían descubrir que el cuerpo ya no estaba.
Pero no podían saber con certeza cuándo había sucedido.
No podían decir si ocurrió a medianoche.
En la madrugada.
Minutos antes de despertar.
O mientras algunos estaban despiertos y otros dormían.
La precisión de la historia no corresponde con lo que un hombre dormido podía realmente saber.
La versión habla de:
“Sus discípulos.”
Plural.
Pero si nadie los vio, ¿cómo podían saber cuántas personas participaron?
¿Uno?
¿Dos?
¿Cinco?
¿Todos los apóstoles?
La afirmación parece mucho más una acusación dirigida contra un grupo conocido que una observación realizada por testigos.
Incluso aquí tenemos que ser precisos.
Cuando alguien encuentra una tumba vacía, existen varias posibilidades que podrían investigarse.
Alguien pudo trasladar el cuerpo.
Alguien pudo robarlo.
La autoridad pudo moverlo.
El propietario de la tumba pudo intervenir.
Pero la historia no dice simplemente:
“El cuerpo desapareció mientras dormíamos.”
Afirma específicamente:
Esa conclusión va mucho más allá de lo que un hombre dormido podía saber.
La pregunta ya no es solamente:
¿Se quedaron dormidos?
La pregunta más profunda es:
Y el propio texto de Mateo responde:
De los principales sacerdotes y los ancianos.
Ellos elaboraron la versión.
Ellos dieron el dinero.
Ellos dijeron qué debía repetirse.
Éste es un avance importante en nuestra investigación.
Ya no estamos analizando simplemente una explicación débil.
Estamos analizando una explicación que, según Mateo, fue preparada deliberadamente.
Y aquí nuestro caso da un paso más.
Si los soldados simplemente hubieran estado contando lo que realmente vieron, ¿por qué era necesario pagarles?
Mateo dice:
“Dieron mucho dinero a los soldados.”
Esto será nuestro siguiente tema.
Porque ahora aparece una nueva pregunta:
La historia continúa:
“Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.”
Mateo 28:14
Esto nos muestra que los soldados asumían un riesgo al repetir aquella versión.
Los sacerdotes no solamente les dieron una historia.
También dinero.
Y protección.
Así que ya tenemos tres elementos:
Una explicación preparada.
Un pago.
Una promesa de protección.
Esto merece ser investigado mucho más detenidamente.
Volvamos por última vez al tribunal.
—¿Quién robó el cuerpo?
—Los discípulos.
—¿Los vio?
—No.
—¿Estaba despierto?
—No.
—Entonces ¿cómo sabe que fueron ellos?
Silencio.
Ésa es la dificultad central.
Ya habíamos mencionado este argumento en capítulos anteriores.
Pero ahora, al detenernos en él, podemos ver que aporta algo nuevo a la investigación.
No solamente muestra una contradicción lógica.
También nos lleva directamente hacia el origen de la explicación alternativa.
La historia no fue:
“Los soldados vieron a los discípulos robar el cuerpo.”
Fue:
“Los sacerdotes dijeron a los soldados que afirmaran que los discípulos lo habían robado mientras ellos dormían.”
Y eso cambia considerablemente el análisis.
Por eso la pregunta deja de ser únicamente:
“¿Podían los discípulos robar el cuerpo?”
Y empieza a convertirse en otra:
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:1-15.
Libro recomendado

En los artículos anteriores ya hemos visto que la explicación difundida después de que la tumba apareció vacía tenía un problema serio: los soldados debían afirmar que los discípulos robaron el cuerpo mientras ellos dormían.
Ahora debemos avanzar un paso más.
Porque Mateo no dice simplemente que los soldados regresaron contando esa historia.
Dice algo mucho más comprometedor:
“Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados…”
Mateo 28:12
Y después añade:
“Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido.”
Mateo 28:15
Aquí aparece una pregunta que merece toda nuestra atención:
Mateo dice que algunos miembros de la guardia fueron a la ciudad y:
“Dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.”
Mateo 28:11
Éste es el primer dato importante.
Los soldados llegaron con un informe.
Después de escucharlo, los sacerdotes no simplemente respondieron:
“Muy bien, cuenten exactamente eso.”
Se reunieron con los ancianos.
Tuvieron consejo.
Y después tomaron una decisión.
Mateo continúa:
“Dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:12-13
Observe nuevamente las palabras:
En el artículo anterior vimos la importancia de esta expresión.
La acusación contra los discípulos no aparece en el relato como una conclusión espontánea de los guardias.
Fue una versión que se les indicó repetir.
Y ahora descubrimos algo más:
Su libro utiliza precisamente Mateo 28:11-15 como uno de los textos fundamentales para evaluar la teoría del robo del cuerpo.
El texto dice:
No necesitamos inventar una cantidad que la Biblia no proporciona.
Pero la expresión indica claramente que no estamos hablando de una gratificación insignificante.
Había suficiente interés en lograr que aquella versión circulara como para entregar una suma importante a los soldados.
Esto hace que la pregunta sea todavía más fuerte:
Supongamos que la explicación fuera cierta.
Supongamos que los soldados realmente hubieran sabido que los discípulos llegaron y se llevaron el cuerpo.
Entonces bastaría con decir:
“Cuenten lo que vieron.”
No sería necesario enseñarles una historia.
No sería necesario decirles qué palabras utilizar.
Y, sobre todo:
No sería necesario pagarles para contarla.
Pero Mateo describe exactamente lo contrario.
Hubo consejo.
Hubo dinero.
Hubo instrucciones.
Mateo añade:
“Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido.”
Mateo 28:15
Esta frase establece una relación directa entre dos cosas:
El pago.
y
La historia que divulgaron.
En otro de sus propios libros usted interpreta este pasaje diciendo expresamente que los soldados estuvieron dispuestos a ser sobornados para divulgar una mentira.
Ese es el planteamiento que su obra hace del texto.
Aquí el relato se vuelve todavía más interesante.
Los sacerdotes dijeron:
“Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.”
Mateo 28:14
Así que no tenemos solamente dinero.
Tenemos también:
¿Por qué necesitaban protección?
Porque la historia que iban a contar los colocaba en una situación delicada.
Los soldados tendrían que afirmar:
“Estábamos dormidos mientras custodiábamos la tumba.”
En los capítulos anteriores ya estudiamos la disciplina militar y el riesgo asociado con fracasar en una misión oficial.
No necesitamos repetirlo aquí.
Lo importante ahora es observar que los propios sacerdotes parecen anticipar un problema con Pilato.
Por eso dicen:
“Nosotros le persuadiremos.”
Y:
“Os pondremos a salvo.”
La promesa solamente tiene sentido si aquello que los soldados debían decir podía ponerlos en peligro.
Si colocáramos este episodio ante un tribunal, encontraríamos:
“Dieron mucho dinero a los soldados.”
“Decid vosotros…”
“Nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.”
Estos tres elementos aparecen juntos en unos cuantos versículos.
Y eso merece ser investigado.
Imaginemos que estamos interrogando a los sacerdotes.
—¿Por qué se reunieron en consejo después del informe de los guardias?
—¿Por qué no simplemente investigaron lo sucedido?
—¿Por qué dieron dinero?
—¿Por qué dijeron a los soldados exactamente qué debían decir?
—¿Por qué prometieron intervenir ante Pilato?
—¿Por qué necesitaban protegerlos?
Estas preguntas no prueban por sí solas la resurrección.
Pero sí revelan que la versión del robo no aparece en Mateo como un informe neutral surgido de testigos independientes.
Hay además una ironía importante.
Antes de la resurrección, los sacerdotes habían dicho:
“No sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten…”
Mateo 27:64
Por eso pidieron una guardia.
Querían impedir exactamente esa posibilidad.
Su libro explica que los sacerdotes tenían un enorme interés en que el cuerpo de Jesús no fuera tocado durante esos días y utilizaron su influencia para asegurar la tumba.
Después, cuando la tumba apareció vacía, la misma explicación que habían tratado de prevenir se convirtió en la historia que ordenaron divulgar.
Aquí podemos avanzar todavía un poco más.
Si realmente estaban convencidos de que los discípulos habían robado el cadáver, existía una respuesta evidente:
Buscar a los discípulos.
Interrogarlos.
Localizar el cuerpo.
Exponerlo públicamente.
Eso habría destruido inmediatamente cualquier anuncio de resurrección.
Pero el relato que estamos estudiando no nos muestra a los sacerdotes produciendo el cadáver.
Nos muestra pagando para difundir una explicación.
Este punto será todavía más importante en el siguiente artículo.
También quiero ser preciso.
El hecho de que Mateo relate un pago a los soldados no constituye, por sí mismo, una demostración completa de la resurrección.
Pero sí afecta seriamente el valor de la explicación alternativa.
Porque ya no estamos frente a:
“Los guardias observaron un robo y lo reportaron.”
Estamos frente a:
“Los guardias recibieron dinero y posteriormente repitieron una versión que les había sido indicada.”
Ésa es una situación completamente diferente.
Mateo termina diciendo:
“Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.”
Mateo 28:15
Es decir, la versión tuvo circulación.
No quedó encerrada en aquella reunión.
Se convirtió en una explicación pública contra la resurrección.
Pero, según el mismo texto, su origen estuvo relacionado con:
Una reunión.
Un pago.
Una instrucción.
Y una promesa de protección.
Primero preguntamos:
Si estaban dormidos, ¿cómo sabían que fueron los discípulos?
Ahora debemos añadir:
Y aún más:
La explicación comienza a cargar cada vez con más dificultades.
En mi libro no presento el pasaje como un detalle menor.
Forma parte del análisis de la teoría de que los discípulos inventaron la resurrección. El propio texto bíblico utilizado en esa investigación une el dinero, la versión del robo y la protección ofrecida a los soldados.
Por eso considero legítimo detenernos y preguntar qué nos dice este comportamiento.
¿Por qué pagaron a los soldados?
Mateo responde indirectamente mediante la secuencia de los acontecimientos.
Los guardias informaron.
Los sacerdotes se reunieron.
Prepararon una explicación.
Les dijeron qué debían decir.
Les dieron mucho dinero.
Y prometieron protegerlos si el asunto llegaba hasta Pilato.
En la interpretación que usted mismo presenta en otra de sus obras, esto constituye un soborno para divulgar una mentira.
Por eso queda una pregunta difícil de evadir:
Y ahora llegamos a una cuestión todavía más poderosa.
Si los sacerdotes querían terminar definitivamente con la proclamación de la resurrección, existía una manera mucho más sencilla que pagar soldados:
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:11-15.
Libro recomendado
