Dr. Elio M Rivera
La pregunta con la que comenzó nuestra investigación regresa al final
Hemos llegado a un punto extraordinariamente importante de esta investigación. Después de estudiar la muerte de Jesucristo, la tumba, la piedra, los lienzos y los testimonios de quienes afirmaron haberlo visto vivo, quiero regresar a una pregunta que estuvo presente desde el comienzo de mi investigación:
¿Qué ocurrió con los discípulos?
Porque existe algo que necesita una explicación.
Los hombres que encontramos durante la crucifixión no parecen ser los mismos hombres que encontramos poco tiempo después proclamando públicamente que Jesucristo había resucitado.
Son las mismas personas.
Pero algo ocurrió entre ambos momentos.
¿Qué los transformó?
Regresemos al principio
Cuando comencé a estudiar profundamente la resurrección, una de las cosas que más llamó mi atención fue precisamente este cambio.
En mi libro escribí acerca de aquellos hombres que escaparon para salvar su vida cuando su Maestro fue arrestado y me hice esta pregunta: ¿cómo pudieron, poco después, estar dispuestos a perderlo todo por el mensaje que proclamaban? Mi conclusión fue que debieron experimentar algo extraordinario que transformó completamente su manera de actuar.
Ahora, después de todo lo que hemos estudiado, podemos regresar a aquella pregunta con muchas más evidencias delante de nosotros.
Antes de la resurrección: miedo
Cuando arrestaron a Jesucristo:
“Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.”
Mateo 26:56
No permanecieron defendiendo a Jesús.
No enfrentaron a los soldados.
Huyeron.
Pedro lo siguió a cierta distancia, pero cuando fue reconocido como uno de sus discípulos terminó negándolo.
Y después de la crucifixión encontramos nuevamente a los discípulos:
Escondidos.
Juan dice que estaban reunidos con las puertas cerradas:
“…por miedo de los judíos…”
Juan 20:19
Éste es exactamente el estado psicológico que describo en mi libro: habían huido con pánico, Pedro había negado a Jesús, eran tardos para creer que resucitaría y permanecían escondidos por miedo.
Ni siquiera esperaban que Jesús resucitara
Esto es fundamental.
No tenemos a un grupo de hombres encerrados esperando emocionados que llegara el tercer día.
Cuando las mujeres anunciaron que Jesús estaba vivo:
“Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.”
Lucas 24:11
En mi libro lo expreso de una manera muy directa: cuando María Magdalena regresó anunciando que había visto al Señor, ellos no creyeron y continuaron con miedo a las autoridades que habían llevado a Jesús a la muerte.
Éste es nuestro punto de partida.
Miedo.
Cobardía.
Desánimo.
Incredulidad.
Ahora avancemos solamente unas semanas.
Después encontramos a Pedro predicando públicamente
Estamos en Jerusalén.
La misma ciudad donde Jesús había sido crucificado.
Y Pedro se levanta públicamente diciendo:
“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”
Hechos 2:32
Detengámonos.
¿Pedro?
¿El hombre que había negado conocer a Jesús?
¿El hombre que había tenido miedo de ser identificado como uno de sus discípulos?
Ahora está diciendo públicamente:
“Somos testigos.”
Éste es el problema histórico que debemos explicar.
Algo ocurrió entre Juan 20 y Hechos 2
En Juan 20 encontramos:
Puertas cerradas.
Miedo.
En Hechos encontramos:
Predicación pública.
Valor.
Antes:
“No conozco al hombre.”
Después:
“A este Jesús resucitó Dios.”
Antes:
Escondidos.
Después:
Imposibles de silenciar.
¿Qué ocurrió entre esos dos momentos?
No fue porque desapareciera el peligro
Podríamos pensar que quizá los discípulos se volvieron valientes porque las circunstancias mejoraron.
Pero no fue así.
Las mismas autoridades comenzaron a perseguirlos.
Pedro y Juan fueron arrestados.
Fueron interrogados.
Se les ordenó que dejaran de hablar acerca de Jesús.
Y respondieron:
“Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
Hechos 4:20
Ésta es una frase extraordinaria.
No dijeron:
“No podemos dejar de repetir lo que alguien nos contó.”
Dijeron:
“Lo que hemos visto y oído.”
Las amenazas no funcionaron
Los arrestaron.
Continuaron hablando.
Los amenazaron.
Continuaron hablando.
Después fueron azotados y nuevamente recibieron la orden de guardar silencio.
Pero Hechos dice:
“Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.”
Hechos 5:42
Por eso no podemos explicar su transformación diciendo simplemente:
“Con el paso del tiempo recuperaron el ánimo.”
No.
Su nueva conducta los estaba colocando nuevamente en peligro.
Y ellos lo sabían.
Ésta es precisamente la pregunta de mi libro
Al final de mi investigación vuelvo a señalar que “la cobardía de los discípulos, de un momento a otro se convierte en un valor inusitado”, y planteo inmediatamente la pregunta:
¿Por qué?
Esa pregunta no debe responderse superficialmente.
Algo ocurrió capaz de transformar profundamente la convicción de aquellos hombres.
¿Fue la tumba vacía?
La tumba vacía ciertamente fue importante.
Pero no parece suficiente.
María Magdalena encontró la tumba vacía y pensó que alguien había retirado el cadáver.
Pedro entró y quedó maravillado.
Por tanto, una tumba vacía podía producir:
Preguntas.
Confusión.
Sorpresa.
Pero todavía necesitamos algo que explique la convicción posterior.
¿Fueron los lienzos?
Para Juan fueron extraordinariamente importantes.
Entró.
Observó la escena.
Y:
“Vio, y creyó.”
Juan 20:8
Como estudiamos, considero muy probable que Juan comprendiera que Jesús había salido de aquellas envolturas funerarias y las había dejado allí.
Pero incluso esto todavía no explica por sí solo todo lo que ocurrió después.
Porque los discípulos hicieron una afirmación mucho más específica.
No dijeron solamente:
“Encontramos una tumba vacía.”
Dijeron:
“Hemos visto al Señor.”
Entonces llegamos a las apariciones
Y aquí todas las piezas que hemos estudiado durante esta subserie comienzan a unirse.
María Magdalena:
“He visto al Señor.”
Los discípulos reunidos:
“Al Señor hemos visto.”
Tomás comenzó diciendo:
“Si no viere… no creeré.”
Y terminó diciendo:
“¡Señor mío, y Dios mío!”
Pedro posteriormente afirmó:
“…nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.”
Hechos 10:41
Y Pablo conserva el testimonio de que Jesús:
“…apareció a más de quinientos hermanos a la vez…”
1 Corintios 15:6
Ahora tenemos una posible explicación para la transformación.
Ellos afirmaron que lo vieron
Esto es fundamental.
Nosotros podemos investigar si su testimonio es verdadero.
Podemos someterlo a preguntas.
Podemos estudiar explicaciones alternativas.
Eso es precisamente lo que hemos hecho.
Pero no debemos cambiar la explicación que ellos mismos dieron acerca de su convicción.
Los discípulos no dijeron:
“Después de pensarlo mucho decidimos que probablemente Jesús había resucitado.”
Dijeron:
“Lo vimos.”
Eso explica mucho mejor el cambio
Imagine nuevamente a Pedro.
La última noche antes de la crucifixión:
“No conozco al hombre.”
Después de la resurrección:
“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”
¿Qué pudo producir semejante cambio?
Según Pedro:
Encontrarse con Jesucristo vivo.
Y esto coincide exactamente con la conclusión que expreso en mi libro: aquellos hombres hicieron lo que hicieron porque debieron ser testigos de un acontecimiento extraordinario, y el acontecimiento al que me refiero es la resurrección de Jesucristo.
No estamos diciendo que el valor por sí solo pruebe una resurrección
Aquí debemos hacer una distinción importante.
Una persona puede estar profundamente convencida de algo y estar equivocada.
Por tanto, el simple hecho de que los discípulos fueran valientes no demuestra automáticamente que Jesús resucitó.
Pero sí demuestra algo que debemos explicar:
Ellos llegaron a estar profundamente convencidos de que lo habían visto vivo.
Y en su caso existe una diferencia importante.
No estaban defendiendo solamente una creencia recibida de generaciones anteriores.
Se presentaban como testigos directos.
Si ellos inventaron la historia, sabían que era mentira
Éste es un punto muy importante.
Una persona puede morir por una mentira que cree verdadera.
Eso ha sucedido muchas veces en la historia.
Pero si los discípulos inventaron deliberadamente la resurrección, entonces ellos sabían que era falsa.
Si escondieron el cadáver, sabían dónde estaba.
Si inventaron las apariciones, sabían que Jesús nunca se les había presentado.
Si fabricaron las conversaciones, sabían que jamás habían ocurrido.
Y entonces tendríamos que explicar por qué hombres que anteriormente huyeron para salvar su vida comenzaron después a aceptar persecución por una historia que ellos mismos sabían falsa.
Ésa es una explicación muchísimo más difícil.
¿Qué ganaron?
No parece que la proclamación de la resurrección les ofreciera una vida más fácil.
Encontramos:
Amenazas.
Arrestos.
Azotes.
Persecución.
Mi libro señala precisamente esta disposición de los primeros discípulos a perder propiedades, estabilidad social e incluso afrontar la muerte por el mensaje de la resurrección.
Esto no prueba por sí solo que cada una de sus afirmaciones fuera verdadera.
Pero hace extremadamente difícil sostener que todo fue simplemente una mentira conscientemente inventada por ellos.
Ahora podemos responder la pregunta inicial
Después de todo lo que hemos estudiado, regresemos finalmente a nuestra pregunta:
¿Qué transformó a los discípulos?
¿La desaparición del cadáver?
Eso produjo inicialmente confusión.
¿Una historia inventada?
Eso difícilmente explica su disposición posterior a sufrir por algo que ellos mismos sabrían falso.
¿Un rumor?
Ellos afirmaron mucho más que haber escuchado rumores.
¿Una esperanza religiosa?
Inicialmente ni siquiera creyeron a quienes anunciaron la resurrección.
Entonces:
¿Qué ocurrió?
La respuesta de los propios discípulos fue sencilla
Ellos dijeron que Jesucristo:
Se presentó delante de ellos.
Les habló.
Les mostró sus heridas.
Los invitó a comprobar que era Él.
Comió con ellos.
Se apareció repetidamente.
Y por eso proclamaron:
“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”
Aquí termina el círculo
Esta subserie comenzó preguntando qué ocurrió después de encontrar la tumba vacía.
Ahora tenemos la respuesta que dieron los primeros cristianos.
No dijeron simplemente:
“Encontramos vacía la tumba y supusimos que había resucitado.”
Su afirmación fue:
“Lo vimos vivo.”
Y eso explica por qué la transformación de los discípulos ocupa un lugar tan importante en mi investigación.
En las primeras páginas de mi libro me preguntaba cómo aquellos hombres que habían escapado por su vida pudieron poco después estar dispuestos a perderlo todo por su mensaje. Allí mismo llegué a la conclusión que posteriormente me llevó a investigar toda la evidencia: algo extraordinario tuvo que haber ocurrido en sus vidas.
Ahora hemos recorrido el camino completo.
Mi conclusión
Antes de la resurrección encontramos:
Hombres aterrorizados.
Después encontramos:
Testigos valientes.
Entre ambos momentos encontramos:
Sus afirmaciones de haber visto vivo a Jesucristo.
Para mí, ésa es la explicación que mejor encaja con la transformación.
No fue simplemente que recuperaron el ánimo.
No fue simplemente que decidieron mantener vivo el recuerdo de su Maestro.
No fue simplemente que necesitaban continuar un movimiento que parecía haber terminado.
Estaban convencidos de que Jesucristo, a quien habían visto morir, estaba nuevamente vivo.
Y cuando intentaron silenciarlos, respondieron:
“No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
Hechos 4:20
Ahí está, para mí, una de las piezas más poderosas de todo el caso.
La resurrección no solamente dejó:
Una tumba vacía.
Dejó algo igualmente difícil de explicar:
Discípulos transformados.
Hombres que pasaron del miedo al valor.
De esconderse a predicar.
De huir a permanecer firmes.
De no creer…
a estar dispuestos a perderlo todo proclamando una sola verdad:
“Jesucristo está vivo.”
Referencias bíblicas
Mateo 26:56, 69-75.
Lucas 24:9-12, 36-43.
Juan 20:1-29.
Hechos 2:22-36.
Hechos 4:1-20.
Hechos 5:17-42.
Hechos 10:39-41.
1 Corintios 15:3-8.
Libro recomendado

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