La resurrección deja de ser el testimonio de unas cuantas personas
Nuestra investigación ha ido creciendo progresivamente. Primero encontramos a María Magdalena. Después a los discípulos reunidos. Tomás exigió comprobar personalmente que Jesús estaba vivo. Más tarde encontramos a varios discípulos comiendo con Él.
Pero ahora llegamos a una afirmación de dimensiones completamente diferentes.
El apóstol Pablo escribió:
“Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.”
1 Corintios 15:6
No estamos hablando de una persona.
Ni de dos.
Ni siquiera solamente de los doce.
Pablo afirma que más de quinientas personas vieron a Jesucristo resucitado en una misma ocasión.
Y hay una frase dentro de su declaración que hace este testimonio todavía más interesante:
“Muchos viven aún.”
Pablo presenta una lista de testigos
Para comprender la importancia de los quinientos debemos observar el contexto.
Pablo escribe:
“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.”
1 Corintios 15:3-4
Después comienza a mencionar apariciones:
“Y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez…”
1 Corintios 15:5-6
Posteriormente añade a Jacobo, a todos los apóstoles y finalmente a él mismo.
Esto es importante porque Pablo no presenta la resurrección únicamente como una doctrina que debe aceptarse.
La conecta con:
Personas.
Apariciones.
Testigos.
“A más de quinientos”
Detengámonos en el número.
Más de quinientos.
No sabemos exactamente cuántas personas eran.
Pablo no dice quinientas exactamente.
Dice:
“Más de quinientos.”
Tampoco identifica el lugar de esta aparición ni describe las circunstancias en las que ocurrió. La Biblia no nos proporciona esos detalles, por lo que no debemos inventarlos.
Pero sí afirma algo extraordinariamente concreto:
Ocurrió una aparición colectiva.
Y Pablo dice que fue:
“A la vez.”
No quinientas experiencias separadas
Esto hace que el testimonio sea particularmente interesante.
Pablo no está diciendo que durante muchos años quinientas personas diferentes tuvieron individualmente alguna experiencia relacionada con Jesús.
Dice:
“Más de quinientos hermanos a la vez.”
Es decir, según su testimonio, un grupo numeroso estuvo involucrado en una misma aparición.
Eso amplía considerablemente el problema que cualquier explicación alternativa debe resolver.
¿Dónde ocurrió esta aparición?
La respuesta correcta es:
No lo sabemos con certeza.
Algunos han relacionado esta aparición con Galilea, donde Jesús había indicado que sus discípulos lo verían.
Mateo registra:
“Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.”
Mateo 26:32
Y después de la resurrección:
“No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.”
Mateo 28:10
Posteriormente Mateo describe a los discípulos reuniéndose con Jesús en Galilea.
Es posible que la aparición a los quinientos ocurriera allí.
Pero debemos mantener la distinción:
Es una posibilidad.
Pablo no nos dice dónde ocurrió.
Por eso no debemos convertir una posibilidad en un hecho.
Lo verdaderamente extraordinario viene después
Si Pablo hubiera escrito solamente:
“Jesús apareció a más de quinientas personas”
ya tendríamos una afirmación importante.
Pero agregó:
“De los cuales muchos viven aún.”
¿Por qué decir eso?
Porque cuando Pablo escribió 1 Corintios, muchas de aquellas personas todavía estaban vivas.
Eso significa que Pablo estaba mencionando un grupo de testigos que pertenecía todavía a la generación de sus lectores.
Pablo no coloca a los testigos en un pasado inaccesible
Éste es uno de los aspectos que más me llaman la atención.
Pablo podía haber dicho:
“Hace mucho tiempo quinientas personas lo vieron, pero ya nadie puede preguntarles.”
No hizo eso.
Prácticamente dice:
Muchos todavía viven.
No debemos exagerar el argumento diciendo que Pablo proporcionó nombres, domicilios o instrucciones para entrevistarlos, porque no lo hizo.
Pero tampoco debemos minimizar la fuerza de su afirmación.
Estaba escribiendo públicamente acerca de testigos que, según él, todavía podían dar testimonio de aquello que habían vivido.
Una afirmación peligrosa si fuera inventada
Imaginemos nuevamente nuestro tribunal.
Un hombre comparece y dice:
“Yo conozco una historia extraordinaria.”
Eso puede ser difícil de comprobar.
Pero ahora imaginemos que dice:
“Más de quinientas personas presenciaron este acontecimiento.”
Y después añade:
“Muchas de ellas todavía están vivas.”
La naturaleza de la afirmación cambia.
Pablo estaba escribiendo dentro de una generación en la que, según él mismo afirma, numerosos testigos continuaban vivos.
Si nadie hubiera presenciado aquella aparición, mencionar centenares de testigos contemporáneos habría expuesto su afirmación a ser cuestionada.
¿Significa esto que podemos entrevistar hoy a los quinientos?
Naturalmente no.
Han pasado casi dos mil años.
No poseemos una lista con los nombres de aquellas quinientas personas.
Tampoco conservamos quinientos testimonios escritos independientes.
Debemos ser rigurosos.
Lo que poseemos es el testimonio de Pablo de que aquella aparición colectiva ocurrió.
Y dentro de ese mismo testimonio encontramos una afirmación verificable para sus contemporáneos:
Muchos de los testigos todavía vivían.
Pablo estaba demasiado cerca de los acontecimientos para colocar cómodamente a los testigos en la leyenda
Esto también merece consideración.
Pablo no escribe acerca de personajes supuestamente existentes siglos antes de él.
Habla de personas de su propia generación.
Además, introduce esta información diciendo:
“Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí…”
Es decir, la enseñanza acerca de la muerte, sepultura, resurrección y apariciones de Jesús no aparece presentada como algo que Pablo acababa de inventar mientras escribía a los corintios.
Era algo que ya había recibido y transmitido.
El número de testigos continúa aumentando
Observe cómo nuestra investigación ha crecido.
Los discípulos:
“Al Señor hemos visto.”
Tomás terminó frente a Jesús diciendo:
“¡Señor mío, y Dios mío!”
Pedro recordaría posteriormente:
“Comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.”
Y ahora Pablo añade:
“Apareció a más de quinientos hermanos a la vez.”
Ya no estamos investigando solamente una experiencia individual.
¿Podrían quinientas personas tener la misma alucinación?
Ésta es una pregunta que inevitablemente aparece.
Pero quiero evitar resolverla superficialmente aquí, porque la hipótesis de las alucinaciones merece un artículo propio.
Por ahora solamente registremos el problema.
Cualquier explicación psicológica de las apariciones tendría que considerar que los primeros testimonios cristianos no describen solamente experiencias individuales.
También incluyen experiencias colectivas.
Y la más numerosa mencionada explícitamente por Pablo involucra a:
Más de quinientas personas a la vez.
Más adelante podremos preguntar con mayor profundidad qué sabemos acerca de las alucinaciones y si ese fenómeno explica adecuadamente el conjunto de testimonios.
¿Qué vieron exactamente los quinientos?
También debemos reconocer los límites de nuestra información.
Pablo dice:
“Apareció.”
No nos dice cuánto duró la aparición.
No registra qué palabras pronunció Jesús.
No dice si todos hablaron con Él.
No dice si comieron con Él.
No describe la distancia desde la cual lo observaron.
Por eso no debemos llenar esos espacios con imaginación y después presentar nuestra reconstrucción como Escritura.
Tenemos suficiente con lo que Pablo sí afirma:
Jesús se apareció a más de quinientas personas simultáneamente.
Y muchos todavía podían hablar
Regresemos nuevamente a esa pequeña frase:
“De los cuales muchos viven aún.”
Para mí es una de las frases más importantes del pasaje.
Pablo no parece tener temor de afirmar que existían testigos vivos.
No dice:
“Confíen solamente en mí.”
Coloca la afirmación de la resurrección dentro de una comunidad en la que muchas de las personas que él identifica como testigos todavía existían.
Eso no significa que podamos reconstruir hoy cada entrevista que pudo haberse realizado.
Pero históricamente sí significa que Pablo estaba haciendo su afirmación mientras muchos de aquellos a quienes señalaba como testigos todavía vivían.
Pablo mismo entrará posteriormente en la lista
Después de mencionar a los quinientos, Pablo continúa:
“Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”
1 Corintios 15:7-8
Esto abre otra parte extraordinaria de nuestra investigación.
Porque Pablo no había sido uno de los discípulos que estaban encerrados detrás de las puertas.
Todo lo contrario.
Pablo había perseguido a los cristianos.
Y posteriormente afirmó:
“Me apareció a mí.”
Tendremos que investigar también ese caso.
Ya no basta explicar la tumba vacía
Quiero insistir en esto porque constituye uno de los grandes avances de esta subserie.
Al principio nuestra pregunta era:
¿Quién retiró el cuerpo?
Pero después comenzaron las apariciones.
Entonces la pregunta cambió.
Ahora cualquier explicación completa debe responder:
¿Por qué María Magdalena afirmó haberlo visto?
¿Por qué los discípulos afirmaron verlo juntos?
¿Por qué Tomás cambió de incredulidad a confesión?
¿Por qué Pedro afirmó haber comido con Él?
¿Y qué hacemos con la afirmación de Pablo de que:
Más de quinientas personas lo vieron a la vez?
Un solo testigo puede equivocarse
Una persona puede confundirse.
Una persona puede interpretar incorrectamente algo que vio.
Incluso varios testimonios deben examinarse críticamente.
Pero a medida que aumenta el número de personas y aparecen experiencias compartidas, la explicación también tiene que hacerse suficientemente amplia para abarcar todos esos datos.
No podemos descartar cada testimonio individualmente y pensar que con eso hemos explicado el conjunto.
Necesitamos una explicación que pueda sostener todos los hechos simultáneamente.
Mi conclusión
El testimonio de los más de quinientos representa un punto muy importante dentro de nuestra investigación de la resurrección.
No porque poseamos quinientos documentos independientes.
No los poseemos.
No porque conozcamos los nombres de cada uno.
No los conocemos.
Sino porque tenemos a Pablo afirmando públicamente que Jesucristo:
“Apareció a más de quinientos hermanos a la vez.”
Y luego añadió algo que sus lectores podían comprender perfectamente:
“Muchos viven aún.”
Pablo estaba poniendo sobre la mesa la existencia de numerosos testigos contemporáneos.
La evidencia ha continuado creciendo.
Comenzamos con una mujer llorando frente a una tumba.
Después encontramos discípulos sorprendidos.
Después un escéptico que exigió pruebas.
Después hombres que afirmaron haber comido con Jesús.
Y ahora:
Más de quinientos testigos a la vez.
Pero todavía nos falta examinar a uno de los testigos más extraordinarios de todos.
No porque hubiera seguido a Jesús durante su ministerio.
No porque hubiera estado esperando su resurrección.
Sino precisamente por lo contrario.
Era enemigo de los cristianos.
Los perseguía.
Y terminó diciendo:
“Me apareció a mí.”
Siguiente tema:
Pablo: el perseguidor que afirmó haber visto a Jesucristo resucitado
Referencias bíblicas
Mateo 26:32.
Mateo 28:7-10, 16-20.
1 Corintios 15:3-8.
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