4. Mateo: el hombre que dejó la mesa de impuestos para seguir a Jesús

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Si alguien hubiera recorrido las calles de Capernaúm durante los días de Jesús y hubiera preguntado quién tenía más probabilidades de convertirse en un importante líder espiritual, difícilmente habría señalado a Mateo. No era sacerdote, no era escriba y tampoco pertenecía a los grupos religiosos que gozaban de prestigio entre la población judía. Por el contrario, era un publicano, un cobrador de impuestos al servicio del gobierno romano. Para muchos de sus compatriotas, aquella ocupación era motivo suficiente para considerarlo un hombre indigno de confianza. Sin embargo, la historia de Mateo nos recuerda una vez más que Jesús veía en las personas algo que otros no podían ver.

  La mayor parte de lo que sabemos acerca de Mateo proviene de los propios Evangelios. Su nombre también aparece como Leví en algunos pasajes, y todo parece indicar que se trata de la misma persona (Marcos 2:14; Lucas 5:27). Vivía y trabajaba en Capernaúm, una ciudad situada junto al Mar de Galilea por donde transitaban comerciantes, pescadores y viajeros. Allí se encontraba su oficina de recaudación de impuestos, un lugar donde pasaba gran parte de sus días registrando mercancías, cobrando tributos y llevando cuentas para las autoridades romanas.

Un hombre acostumbrado al rechazo

  Para comprender mejor el impacto del llamado de Jesús, es importante recordar cómo eran vistos los publicanos en aquella época. Aunque algunos cumplían su trabajo de manera honesta, muchos abusaban de su posición para obtener ganancias adicionales. Debido a ello, la reputación de los cobradores de impuestos era generalmente muy negativa. Los líderes religiosos los consideraban pecadores públicos y frecuentemente eran excluidos de los círculos más respetados de la sociedad.

  Probablemente Mateo estaba acostumbrado a las miradas de desprecio. Seguramente sabía que muchas personas lo juzgaban antes siquiera de hablar con él. Sin embargo, resulta interesante observar que los Evangelios nunca presentan a Jesús compartiendo aquella actitud. Una y otra vez encontramos al Maestro acercándose a personas que otros preferían evitar. Leprosos, pecadores, samaritanos, enfermos y marginados recibían de Él una atención que pocas veces encontraban en otros lugares.

  Quizá precisamente por eso el encuentro entre Jesús y Mateo resulta tan significativo. Mientras otros veían a un publicano sentado detrás de una mesa de impuestos, Jesús veía a un futuro discípulo y a un hombre que un día ayudaría a preservar la historia más importante jamás contada.

El encuentro que cambió su vida

  Mateo describe aquel momento con una sencillez sorprendente. En su Evangelio leemos: “Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió” (Mateo 9:9).

  A simple vista parece un relato muy breve, pero detrás de esas pocas palabras se esconde una decisión monumental. Mateo poseía un empleo estable, ingresos constantes y una posición económica probablemente superior a la de muchos de los pescadores que formaban parte del grupo de discípulos. Sin embargo, cuando Jesús lo llamó, dejó atrás aquella vida para seguirlo.

  Los Evangelios no registran largas discusiones ni negociaciones. Tampoco mencionan dudas prolongadas. Lo que encontramos es a un hombre que escucha una invitación y responde de inmediato. Aquella decisión transformaría completamente su futuro. El cobrador de impuestos de Capernaúm terminaría convirtiéndose en uno de los hombres más conocidos de la historia cristiana.

Lo que Mateo vio en Jesús

  Durante aproximadamente tres años, Mateo tuvo la oportunidad de observar a Jesús de cerca. Escuchó sus enseñanzas, presenció sus milagros y contempló la manera en que trataba a las personas. Fue testigo de acontecimientos extraordinarios que marcarían para siempre la historia de la humanidad.

  Aunque Mateo nunca escribió explícitamente cuál fue el aspecto de Jesús que más lo impresionó, su Evangelio nos ofrece algunas pistas muy interesantes. Una de las características más notables de su relato es el énfasis constante en demostrar que Jesús era el Mesías prometido por las Escrituras. Una y otra vez encontramos expresiones como: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta…” (Mateo 1:22).

  Parece evidente que Mateo quedó profundamente impactado al descubrir cómo la vida de Jesús encajaba con las antiguas profecías del Antiguo Testamento. Como judío, conocía las promesas mesiánicas que habían sido transmitidas durante generaciones. Sin embargo, ahora estaba observando a una persona cuya vida parecía cumplirlas una tras otra.

  Al mismo tiempo, resulta difícil ignorar la importancia que la misericordia ocupa en su Evangelio. Después de todo, Mateo había experimentado personalmente aquella misericordia. Él sabía lo que era ser señalado por la sociedad. Sabía lo que era vivir bajo el peso de una mala reputación. Y fue precisamente a él a quien Jesús llamó para formar parte de su círculo más cercano.

  Quizá por esa razón Mateo conserva una de las declaraciones más hermosas del Maestro: “Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13). Es difícil imaginar que estas palabras no hubieran quedado grabadas profundamente en su corazón.

El hombre que escribió una de las biografías más importantes de la historia

  Años después de aquellos acontecimientos, Mateo tomó la decisión de poner por escrito lo que había visto y escuchado. Gracias a ello, generaciones enteras han podido acercarse a la vida y las enseñanzas de Jesucristo. Su Evangelio se convirtió en uno de los documentos más influyentes jamás escritos y continúa siendo leído en prácticamente todos los rincones del mundo.

  Resulta extraordinario pensar que todo comenzó con un hombre sentado detrás de una mesa de impuestos y con una sencilla invitación pronunciada por Jesús. Lo que parecía un día común terminó convirtiéndose en el punto de partida de una historia que cambiaría no solamente la vida de Mateo, sino también la de millones de personas a lo largo de los siglos.

  Sin embargo, todavía quedan muchas preguntas por responder. ¿Qué sintió Mateo cuando escuchó por primera vez el llamado de Jesús? ¿Qué recuerdos conservó con mayor claridad después de tantos años? ¿Por qué decidió escribir su Evangelio? ¿Y qué aspecto de la personalidad de Cristo lo impresionó más profundamente?

  En el próximo capítulo intentaremos acercarnos aún más a este antiguo publicano. Imaginaremos que podemos sentarnos frente a él para realizar una entrevista y escuchar, en sus propias palabras, lo que significó haber caminado junto al hombre que transformó la historia humana.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.