03. Cuando Jesús caminó sobre el agua: autoridad sobre el mundo físico

Por el Dr. Elio M Rivera

Hay cosas que un ser humano sencillamente no puede hacer

  A lo largo de esta serie estamos examinando las obras de Jesucristo a partir de una pregunta fundamental: si Jesús es Dios, ¿encontramos en Él aquello que esperaríamos encontrar en Dios?

  En el artículo anterior contemplamos una extraordinaria manifestación de su autoridad sobre la naturaleza. Una tormenta amenazaba la embarcación de los discípulos. Jesús se levantó, habló directamente al viento y al mar, y ambos obedecieron.

  Ahora encontramos algo diferente.

  Esta vez Jesús no ordenó al agua que se calmara.

  Caminó sobre ella.

  Los seres humanos vivimos sometidos a determinadas condiciones físicas. Podemos estudiarlas, comprenderlas y aprovecharlas, pero no podemos simplemente decidir que dejarán de afectarnos.

  Un hombre puede nadar.

  Puede flotar.

  Puede navegar.

  Puede construir una embarcación capaz de sostenerlo sobre el agua.

  Pero no puede colocar sus pies sobre la superficie de un lago y comenzar a caminar.

  Jesús sí lo hizo.

Una noche en medio del mar de Galilea

  El acontecimiento ocurrió después de la alimentación de los cinco mil.

  Jesús hizo que sus discípulos entraran en una barca y comenzaran a cruzar el mar mientras Él despedía a la multitud.

  Después:

“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte.”
Mateo 14:23

  Mientras Jesús permanecía en tierra, los discípulos avanzaban por el mar.

  Las condiciones comenzaron a complicarse.

“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.”
Mateo 14:24

  Marcos añade:

“Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario…”
Marcos 6:48

  Juan proporciona otro detalle:

“Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios…”
Juan 6:19

  Los discípulos se encontraban lejos de la orilla.

  Era de noche.

  El viento era contrario.

  Las olas golpeaban la embarcación.

  Los hombres estaban fatigados de remar.

  Y entonces apareció Jesús.

Jesús vino hacia ellos caminando sobre el mar

  Mateo lo expresa con extraordinaria sencillez:

“Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.”
Mateo 14:25

  La cuarta vigilia correspondía aproximadamente al período entre las tres y las seis de la madrugada.

  En medio de la oscuridad, los discípulos vieron una figura acercándose.

  No venía nadando.

  No utilizaba una embarcación.

  Jesús venía caminando sobre el agua.

  Marcos confirma:

“Vino a ellos andando sobre el mar.”
Marcos 6:48

  Y Juan declara:

“Vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca.”
Juan 6:19

  Tres Evangelios conservan esta extraordinaria escena.

  Jesucristo caminó sobre las aguas del mar de Galilea.

¿Qué estaba ocurriendo físicamente?

  Para comprender la magnitud del acontecimiento debemos recordar algo muy sencillo.

  El agua no puede sostener el peso concentrado de un hombre que intenta caminar normalmente sobre su superficie.

  Nuestro cuerpo puede flotar bajo determinadas circunstancias debido a la fuerza de flotación, pero flotar y caminar sobre el agua son fenómenos completamente diferentes.

  Al caminar, el peso corporal se concentra alternativamente sobre los pies. La superficie del agua no proporciona el soporte necesario para mantener a un hombre de pie.

  Por eso, cuando cualquiera de nosotros intenta colocar un pie sobre el agua:

el pie se hunde.

  La tensión superficial puede sostener pequeños insectos debido a su diminuto peso y a la forma en que este se distribuye.

  Pero no puede sostener a un hombre caminando.

  Lo ocurrido aquella madrugada, por tanto, estaba completamente fuera de las capacidades físicas ordinarias del cuerpo humano.

  Y precisamente allí se encuentra la importancia del acontecimiento.

El Creador no está sometido a su creación como nosotros

  Cuando hablamos de las leyes de la naturaleza debemos comprender qué representan.

  Describen la manera regular en que funciona el universo creado.

  Nosotros vivimos dentro de ese universo y estamos sometidos a sus condiciones.

  No podemos decidir dejar de experimentar gravedad.

  No podemos decidir que el agua sostenga nuestro peso.

  No podemos modificar por nuestra propia voluntad las propiedades de la materia.

  Pero Dios no es una criatura atrapada dentro de aquello que creó.

  Él es el Creador.

  La Biblia declara:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
Génesis 1:1

  Y también:

“Porque él dijo, y fue hecho;
Él mandó, y existió.”

Salmo 33:9

  Si Dios estableció las propiedades mediante las cuales funciona nuestro mundo, entonces posee autoridad sobre ellas.

  Jesús no estaba descubriendo una manera extraordinaria de utilizar las propiedades del agua.

  Estaba manifestando autoridad sobre el mundo físico.

Los discípulos sabían que aquello era imposible para un hombre

  Cuando los discípulos vieron a Jesús, su reacción fue inmediata:

“Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.”
Mateo 14:26

  Aquellos hombres conocían el agua.

  Varios eran pescadores.

  Habían pasado incontables horas navegando sobre el mar de Galilea.

  Sabían perfectamente lo que podía y no podía hacer un hombre sobre aquellas aguas.

  Por eso se aterrorizaron.

  No necesitaban conocer fórmulas de física.

  La experiencia de toda una vida les decía que un hombre no camina sobre el agua.

  Pero delante de ellos estaba Jesús.

  Caminando.

“¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”

  Jesús inmediatamente habló:

“¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”
Mateo 14:27

  Aquella voz transformó la escena.

  No era un fantasma.

  Era Jesús.

  El mismo hombre que había sanado enfermos.

  El mismo que había multiplicado los alimentos.

  El mismo que había mostrado autoridad sobre la naturaleza.

  Ahora estaba caminando hacia ellos sobre las aguas.

  Pero todavía faltaba algo extraordinario.

Pedro también caminó sobre el agua

  Pedro respondió:

“Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.”
Mateo 14:28

  La respuesta de Jesús fue solamente:

“Ven.”
Mateo 14:29

  Entonces ocurrió algo extraordinario:

“Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.”
Mateo 14:29

  Ahora tenemos una demostración todavía más profunda de la autoridad de Cristo.

  Jesús no solamente podía caminar sobre las aguas.

  Su autoridad permitió que otro hombre hiciera lo mismo.

  Pedro no poseía aquella capacidad.

  No era una habilidad natural.

  No había aprendido una técnica.

  Todo comenzó con una palabra de Jesús:

“Ven.”

  Y Pedro descendió de la barca.

  Colocó sus pies sobre aquello que normalmente no podía sostenerlo.

  Y caminó.

Cuando Pedro comenzó a hundirse

  Entonces Pedro miró el viento.

  Tuvo miedo.

“Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!”
Mateo 14:30

  Aquí el relato muestra perfectamente la diferencia entre la condición humana ordinaria y la autoridad de Jesucristo.

  Pedro comenzó a hundirse.

  Eso era lo natural.

  Eso era lo que normalmente debía suceder.

  Entonces gritó:

“¡Señor, sálvame!”

  Y:

“Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él.”
Mateo 14:31

  En medio del mar, Jesús tomó a Pedro y lo sostuvo.

  La escena entera gira alrededor de una realidad:

Jesucristo tenía autoridad donde el hombre solamente tenía limitaciones.

La Biblia ya había hablado de alguien que camina sobre las aguas

  Aquí encontramos una conexión extraordinaria con el Antiguo Testamento.

  Siglos antes, Job había descrito la grandeza de Dios diciendo:

“Él solo extendió los cielos,
Y anda sobre las olas del mar.”

Job 9:8

  No habla de un marinero.

  No habla de un profeta.

  Habla de Dios.

“Anda sobre las olas del mar.”

  El Salmo 77 declara igualmente:

“En el mar fue tu camino,
Y tus sendas en las muchas aguas;
Y tus pisadas no fueron conocidas.”

Salmo 77:19

  Y el profeta Isaías presenta a Jehová como:

“El que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas.”
Isaías 43:16

  Ahora regresemos al mar de Galilea.

  Es de madrugada.

  Los discípulos están dentro de una embarcación.

  Levantan los ojos.

  Y ven a Jesús haciendo aquello que las Escrituras utilizaban para describir la soberanía de Dios:

caminando sobre las aguas.

No fue solamente un milagro; fue una revelación de quién era Jesús

  Aquí encontramos el verdadero propósito de este artículo.

  No estamos simplemente recopilando historias sorprendentes acerca de Jesucristo.

  Estamos preguntando qué revelan sus obras acerca de su identidad.

  Cuando Jesús caminó sobre el agua mostró que las limitaciones físicas que gobiernan nuestra experiencia humana no limitaban su autoridad.

  Pero el acontecimiento fue todavía más allá.

  Por una palabra suya, Pedro también caminó.

  Jesús no solamente manifestó autoridad sobre el mundo físico en su propio cuerpo.

  Extendió esa autoridad sobre otro hombre.

  Y cuando Pedro perdió el valor y comenzó a hundirse, nuevamente dependió de Jesús.

  “¡Señor, sálvame!”

  Y Jesús lo salvó.

La reacción de los discípulos nos dice mucho

  Después de que Jesús y Pedro entraron en la embarcación:

“Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.”
Mateo 14:32

  Entonces sucedió algo profundamente significativo:

“Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.”
Mateo 14:33

  Los hombres que estuvieron allí comprendieron que acababan de contemplar algo mucho mayor que una hazaña impresionante.

  Le adoraron.

  Y declararon:

“Verdaderamente eres Hijo de Dios.”

  Esta reacción adquiere todavía mayor significado cuando recordamos que eran judíos formados dentro de una fe profundamente monoteísta.

  No estaban acostumbrados a adorar hombres.

  Pero después de contemplar a Jesús caminando sobre las aguas, su respuesta fue postrarse delante de Él.

¿Qué esperaríamos de un Dios?

  Regresemos a la pregunta que comenzó nuestra serie.

  ¿Qué esperaríamos de Dios?

  Esperaríamos que el Creador tuviera autoridad sobre su creación.

  Esperaríamos que las propiedades del mundo material no representaran para Él una barrera imposible.

  Esperaríamos que aquello que limita al hombre no limitara al Creador de todas las cosas.

  Y eso es precisamente lo que encontramos aquella madrugada en el mar de Galilea.

  Un hombre no podía hacerlo.

  Pedro, abandonado a sus propias limitaciones, comenzó a hundirse.

  Pero Jesús caminó sobre las aguas.

  Y por su palabra:

Pedro también caminó.

  La pregunta, por tanto, ya no es simplemente:

¿Cómo pudo un hombre caminar sobre el agua?

  La verdadera pregunta es mucho más profunda:

¿Quién era realmente aquel hombre?

  Job había dicho acerca de Dios:

“Él solo… anda sobre las olas del mar.”

  Y siglos después, en la oscuridad de una madrugada en Galilea, unos pescadores levantaron los ojos y contemplaron a Jesucristo.

  Venía hacia ellos.

  Caminando sobre el mar.

Referencias bíblicas

  • Mateo 14:22-33 — Jesús camina sobre el agua. Pedro, por orden de Jesús, también camina sobre las aguas; después comienza a hundirse y Cristo lo rescata. Al entrar en la barca, los discípulos adoran a Jesús y declaran: “Verdaderamente eres Hijo de Dios.”
  • Marcos 6:45-52 — Los discípulos reman con gran fatiga debido al viento contrario y Jesús se aproxima a ellos “andando sobre el mar”.
  • Juan 6:16-21 — Después de remar aproximadamente veinticinco o treinta estadios, los discípulos ven a Jesús caminando sobre el mar y acercándose a la barca.
  • Génesis 1:1 — “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
  • Job 9:8 — Acerca de Dios: “Él solo extendió los cielos, y anda sobre las olas del mar.”
  • Salmo 33:9 — “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.”
  • Salmo 77:19 — “En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas.”
  • Salmo 89:9 — “Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas.”
  • Isaías 43:16 — “Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas.”

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.