12. El clima — el extraordinario sistema que hace habitable nuestro planeta

Por el Dr. Elio M Rivera

  Cada día vivimos dentro de un sistema extraordinariamente complejo sin detenernos demasiado a pensar en él. El Sol calienta la superficie, el agua se evapora, el aire se mueve, aparecen nubes, cae lluvia y los océanos transportan enormes cantidades de calor alrededor del planeta. A la interacción prolongada de muchos de estos procesos la reconocemos como parte del clima de la Tierra.

  El clima no es simplemente saber si mañana lloverá. Eso corresponde principalmente al tiempo atmosférico. El clima describe los patrones y condiciones características de una región observados durante períodos prolongados: temperaturas, precipitaciones, humedad, vientos y variaciones estacionales.

  Lo verdaderamente fascinante es que el clima terrestre surge de la interacción entre muchos sistemas: Sol, atmósfera, océanos, continentes, agua, hielo y seres vivos. Ninguno trabaja completamente aislado.

El Sol — la gran fuente de energía

  La mayor parte de la energía que impulsa el sistema climático procede del Sol.

  Su radiación llega a la Tierra y calienta océanos y continentes. Pero esa energía no se distribuye uniformemente.

  Las regiones ecuatoriales reciben, en promedio, radiación solar de manera más directa que las regiones cercanas a los polos. Esta diferencia contribuye a poner en movimiento enormes sistemas atmosféricos y oceánicos que redistribuyen calor.

  La diferencia de temperatura produce movimiento.

La atmósfera — una envoltura indispensable

  Nuestro planeta está rodeado por una capa de gases extraordinariamente delgada comparada con el tamaño de la Tierra.

  La atmósfera participa en la regulación de la temperatura, transporta vapor de agua, permite la formación de nubes y distribuye calor mediante movimientos del aire.

  También contiene gases que absorben y reemiten parte de la radiación infrarroja emitida por la superficie terrestre.

  Este efecto invernadero natural es indispensable para mantener temperaturas compatibles con la vida tal como la conocemos.

El aire caliente comienza a moverse

  Cuando una región recibe energía solar, la superficie puede calentar el aire cercano.

  El aire menos denso tiende a ascender.

  Al hacerlo, cambia su presión y temperatura.

  En otras regiones el aire desciende.

  Estas diferencias contribuyen a formar grandes patrones de circulación atmosférica.

  El viento que sentimos forma parte de movimientos que pueden alcanzar dimensiones continentales.

La rotación de la Tierra modifica los vientos

  Si nuestro planeta no rotara, los patrones atmosféricos serían diferentes.

  La rotación terrestre produce un efecto conocido como Coriolis, que desvía el movimiento de grandes masas de aire y agua respecto de la superficie.

  Este fenómeno participa en la organización de vientos predominantes y grandes sistemas meteorológicos.

  Una característica astronómica de nuestro planeta termina influyendo directamente sobre el clima que experimentamos.

Los océanos — enormes almacenes de calor

  El agua puede absorber gran cantidad de energía antes de experimentar cambios importantes de temperatura.

  Por eso los océanos funcionan como gigantescos depósitos térmicos.

  Durante el día y las estaciones cálidas almacenan energía. Posteriormente pueden liberarla gradualmente.

  Las regiones cercanas al océano suelen experimentar variaciones térmicas diferentes de las regiones continentales interiores.

  El agua ayuda a moderar temperaturas.

Corrientes que transportan calor por el planeta

  Los océanos no permanecen quietos.

  Grandes corrientes transportan agua entre distintas regiones. Algunas llevan aguas relativamente cálidas hacia latitudes mayores; otras desplazan aguas frías hacia zonas diferentes.

  Estas corrientes están relacionadas con vientos, rotación terrestre, diferencias de temperatura, salinidad y configuración de los continentes.

  El océano funciona como un gigantesco sistema de transporte de energía.

El ciclo del agua

El agua viaja continuamente

  El Sol calienta océanos, lagos y superficies húmedas.

  Parte del agua se evapora.

  El vapor asciende y posteriormente puede condensarse formando pequeñas gotas o cristales.

  Aparecen las nubes.

  Cuando las condiciones son apropiadas, el agua regresa a la superficie como lluvia, nieve u otras formas de precipitación.

  Después alimenta ríos, lagos, suelos y aguas subterráneas antes de continuar su recorrido.

Las nubes cumplen varias funciones

  Las nubes no solamente producen lluvia.

  También interactúan con la radiación.

  Pueden reflejar parte de la energía solar hacia el espacio y, al mismo tiempo, absorber y emitir radiación infrarroja.

  Su efecto depende de características como altura, espesor y composición.

  Una estructura formada por diminutas gotas de agua o cristales de hielo puede influir en el balance energético del planeta.

Las montañas pueden cambiar la lluvia

  Cuando una masa de aire húmedo encuentra una cordillera, puede verse obligada a ascender.

  Mientras sube, se enfría.

  El vapor puede condensarse y producir nubes y precipitación.

  Después de cruzar la montaña, el aire puede descender más seco.

  Por eso una misma cordillera puede tener un lado verde y húmedo mientras el otro presenta condiciones mucho más áridas.

  La geografía modifica el clima.

La inclinación de la Tierra produce las estaciones

  La Tierra posee un eje inclinado respecto del plano de su órbita.

  Esta inclinación hace que, durante diferentes partes del año, cada hemisferio reciba distinta duración e intensidad de iluminación solar.

  Así aparecen las estaciones.

  Cuando el hemisferio norte está inclinado hacia el Sol experimenta verano, mientras el hemisferio sur experimenta invierno, y posteriormente ocurre lo contrario.

  Las estaciones no se producen principalmente porque la Tierra esté más cerca o más lejos del Sol.

Los polos ayudan a reflejar energía

  La nieve y el hielo reflejan una proporción importante de la radiación solar.

  Esta capacidad recibe el nombre de albedo.

  Las superficies oscuras absorben más energía; las superficies claras reflejan más.

  Por eso hielo, nieve, océanos, bosques y desiertos interactúan de manera diferente con la radiación solar.

  La superficie terrestre participa activamente en el sistema climático.

Los bosques también participan

  Las plantas absorben agua mediante sus raíces y liberan parte de ella hacia la atmósfera mediante transpiración.

  Grandes regiones boscosas pueden transferir enormes cantidades de vapor de agua al aire.

  La vegetación también modifica la temperatura de la superficie, almacena carbono y afecta la manera en que el agua penetra en el suelo.

  La vida y el clima están conectados.

El clima permite una extraordinaria diversidad

  Las diferencias climáticas producen ambientes completamente distintos.

  Existen selvas tropicales húmedas.

  Desiertos extremadamente secos.

  Bosques templados.

  Praderas.

  Tundras.

  Regiones polares.

  Cada ambiente proporciona condiciones particulares donde viven comunidades diferentes de organismos.

  La variedad climática contribuye a la extraordinaria diversidad de paisajes de nuestro planeta.

Un equilibrio de muchos factores

  No existe un solo mecanismo responsable del clima terrestre.

  Intervienen simultáneamente la radiación solar, composición atmosférica, océanos, rotación terrestre, inclinación del eje, distribución de continentes, montañas, hielo, agua y organismos.

  Cambiar uno de estos factores puede influir sobre otros.

  Por eso el clima debe entenderse como un sistema interconectado.

La Biblia observó el movimiento del agua y del viento

  Eclesiastés presenta una interesante descripción:

“El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo.”
(Eclesiastés 1:6)

  Después añade:

“Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.”
(Eclesiastés 1:7)

  Estos textos no pretenden ofrecer una explicación científica moderna de circulación atmosférica e hidrología, pero muestran una cuidadosa observación de ciclos presentes en la naturaleza.

Las nubes y la lluvia

  El libro de Job también contiene numerosas referencias a fenómenos atmosféricos:

“Porque él atrae las gotas de las aguas, al transformarse el vapor en lluvia, la cual destilan las nubes, goteando en abundancia sobre los hombres.”
(Job 36:27-28)

  Para el observador antiguo, lluvia, viento, nieve y nubes constituían manifestaciones impresionantes del mundo natural.

  Hoy podemos estudiar los mecanismos físicos involucrados con instrumentos que aquellos escritores jamás imaginaron.

Un planeta donde muchos sistemas trabajan juntos

  El Sol proporciona energía.

  La atmósfera transporta calor y humedad.

  Los océanos almacenan y redistribuyen energía.

  La gravedad mueve el agua.

  La rotación modifica grandes corrientes.

  Las montañas alteran los vientos.

  Las nubes transportan agua.

  Los bosques devuelven humedad a la atmósfera.

  El hielo refleja radiación.

  Todo está conectado.

Un sistema extraordinariamente complejo

  La Biblia no pretende explicar circulación atmosférica, transferencia de calor, dinámica oceánica o física de las nubes mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la meteorología, climatología, oceanografía y física.

  Sin embargo, las Escrituras invitan repetidamente a contemplar los cielos, las lluvias, los vientos y las estaciones como parte de la creación.

“Tú visitas la tierra, y la riegas; en gran manera la enriqueces.”
(Salmo 65:9)

  El clima constituye una magnífica oportunidad para contemplar esa complejidad. No depende de un solo elemento, sino de numerosos sistemas funcionando simultáneamente: una estrella que proporciona energía, una atmósfera que transporta calor, océanos que lo almacenan, montañas que modifican los vientos y agua que circula continuamente entre tierra, mar y cielo.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estos mecanismos aumenta nuestra admiración. El clima nos recuerda que vivimos dentro de un extraordinario sistema planetario en el que luz, aire, agua, océanos, continentes y vida interactúan constantemente, haciendo posible la enorme diversidad de ambientes que encontramos sobre la Tierra.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Génesis 8:22.
  • Job 36:27-29.
  • Job 37:6-12.
  • Salmo 65:9-13.
  • Salmo 104:10-14.
  • Salmo 147:8.
  • Eclesiastés 1:6-7.
  • Jeremías 10:13.

Bibliografía científica

  • Hartmann, D. L. Global Physical Climatology. Elsevier.
  • Wallace, J. M. & Hobbs, P. V. Atmospheric Science: An Introductory Survey. Elsevier.
  • Marshall, J. & Plumb, R. A. Atmosphere, Ocean and Climate Dynamics. Academic Press.
  • Lutgens, F. K., Tarbuck, E. J. & Tasa, D. The Atmosphere: An Introduction to Meteorology. Pearson.

Organizaciones científicas

  • World Meteorological Organization — clima y atmósfera.
  • NOAA — océanos, atmósfera y sistemas climáticos.
  • NASA Earth Science — observación de la atmósfera, océanos, hielo y balance energético terrestre.
  • National Center for Atmospheric Research — investigación sobre atmósfera y clima.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.