Por el Dr. Elio M Rivera
Cuando levantamos la mirada hacia el cielo durante una noche oscura, vemos estrellas dispersas sobre la bóveda celeste. Parecen pequeños puntos luminosos separados unos de otros. Sin embargo, esa imagen representa apenas una diminuta fracción de una realidad muchísimo mayor. Nuestro Sol, los planetas y todas las estrellas que podemos distinguir a simple vista pertenecen a una estructura gigantesca llamada galaxia.
Una galaxia es un enorme sistema formado por estrellas, gas, polvo y otros componentes unidos principalmente por la gravedad. Algunas contienen miles de millones de estrellas y las galaxias más grandes pueden contener cantidades todavía mayores. Pero incluso estas enormes estructuras no se encuentran solas: el universo observable contiene una cantidad extraordinaria de galaxias.
Las dimensiones son tan grandes que resulta difícil expresarlas mediante nuestras unidades cotidianas. Por eso los astrónomos utilizan frecuentemente el año luz, la distancia que recorre la luz durante un año. Y aun viajando aproximadamente a trescientos mil kilómetros por segundo, la luz necesita decenas de miles de años para atravesar algunas grandes galaxias.
Contemplar una galaxia significa encontrarnos frente a una escala que desafía nuestra imaginación.

La Vía Láctea — nuestro hogar en el universo
La Tierra se encuentra dentro de una galaxia llamada Vía Láctea.
Nuestro Sol es solamente una de sus innumerables estrellas.
La Vía Láctea es una galaxia espiral barrada, con una estructura central y grandes brazos donde se encuentran estrellas, nubes de gas y regiones de formación estelar.
Su diámetro se estima en aproximadamente cien mil años luz, aunque su estructura exterior es más extensa y compleja.
Esto significa que un rayo de luz necesitaría alrededor de cien mil años para recorrer una distancia comparable al diámetro de su disco principal.
Nuestro Sol ocupa solamente un pequeño lugar
El sistema solar no está situado en el centro de la Vía Láctea.
Se encuentra a unos veintiséis mil años luz del centro galáctico, en una región asociada con el llamado brazo u espolón de Orión.
Nuestro Sol gira alrededor del centro de la galaxia junto con una inmensa cantidad de otras estrellas.
Todo aquello que constituye nuestra experiencia cotidiana —la Tierra, la Luna, los océanos, las montañas y toda la historia humana— ocurre alrededor de una estrella situada en una pequeña región de una estructura inmensamente mayor.
¿Por qué vemos una franja blanca en el cielo?
En lugares alejados de las luces de las ciudades puede observarse una banda blanquecina atravesando el cielo.
Esa es la razón por la que nuestra galaxia recibió el nombre de Vía Láctea.
Como estamos dentro de su disco, cuando miramos en determinadas direcciones observamos enormes cantidades de estrellas concentradas a lo largo de nuestra línea de visión.
A simple vista se mezclan formando una franja luminosa.
Estamos contemplando nuestra propia galaxia desde dentro.
Miles de millones de estrellas
Determinar exactamente cuántas estrellas existen en la Vía Láctea es difícil porque no podemos observarlas todas directamente.
Las estimaciones generalmente sitúan su población en cientos de miles de millones de estrellas.
Algunas son mayores que el Sol.
Otras son mucho menores.
Existen estrellas jóvenes, estrellas en etapas intermedias y objetos que representan diferentes fases finales de la vida estelar.
Nuestro Sol es una estrella entre una multitud que nuestra mente apenas puede imaginar.

Y la Vía Láctea es solamente una galaxia
Aquí las dimensiones se vuelven todavía más sorprendentes.
Durante gran parte de la historia, el ser humano desconocía que existieran otras galaxias semejantes a la nuestra.
Con el desarrollo de telescopios cada vez más poderosos se descubrió que muchos objetos nebulosos observados en el cielo eran, en realidad, galaxias completas situadas muchísimo más lejos.
Cada pequeño punto difuso podía contener cantidades inmensas de estrellas.
El universo conocido comenzó a parecer extraordinariamente mayor.
Andrómeda — nuestra gran vecina
Una de las galaxias más conocidas es Andrómeda.
Se encuentra aproximadamente a dos millones y medio de años luz de nosotros.
En condiciones muy oscuras puede observarse a simple vista como una pequeña mancha.
Pero esa diminuta mancha es una enorme galaxia.
Cuando la contemplamos, nuestros ojos están recibiendo luz que comenzó su viaje hace alrededor de dos millones y medio de años.
Mirar profundamente hacia el espacio significa también mirar hacia el pasado.
La luz funciona como una mensajera
La luz no llega instantáneamente.
Necesita tiempo para viajar.
La luz del Sol tarda aproximadamente ocho minutos y veinte segundos en llegar a la Tierra.
La de las estrellas cercanas tarda años.
La de galaxias lejanas puede tardar millones o miles de millones de años.
Por eso los telescopios funcionan, en cierto sentido, como máquinas para observar el pasado.
Cuanto más lejos miramos, más antigua es la luz que recibimos.
No todas las galaxias tienen la misma forma
Los astrónomos clasifican las galaxias según diferentes características.
Muchas poseen formas espirales, con brazos que se extienden alrededor de una región central.
Otras son elípticas, con apariencias más redondeadas o alargadas.
También existen galaxias irregulares, que no presentan una estructura sencilla comparable con las anteriores.
La diversidad galáctica es enorme.
Galaxias espirales — gigantescos remolinos de estrellas
Las galaxias espirales se encuentran entre las imágenes más impresionantes obtenidas por los telescopios.
Poseen discos relativamente planos, regiones centrales y brazos espirales.
En esos brazos suelen encontrarse nubes de gas, polvo y numerosas regiones donde se forman estrellas.
Pero los brazos no son estructuras rígidas girando como las aspas de una rueda. La dinámica de una galaxia es mucho más compleja y las estrellas se desplazan dentro de su campo gravitacional.
La gravedad mantiene unido un sistema gigantesco
Una galaxia contiene cantidades enormes de materia distribuidas a través de distancias inmensas.
La gravedad desempeña el papel fundamental de mantener relacionados sus componentes.
Las estrellas orbitan dentro del potencial gravitacional de la galaxia.
Nubes de gas se desplazan.
Cúmulos estelares viajan con ella.
Todo forma parte de una estructura dinámica.
Una galaxia no es una fotografía inmóvil, sino un sistema en movimiento.
En el centro de nuestra galaxia existe algo extraordinario
En la región central de la Vía Láctea se encuentra un objeto conocido como Sagitario A*.
Las observaciones del movimiento de estrellas cercanas indican la presencia de un objeto extremadamente compacto con una masa de aproximadamente cuatro millones de veces la del Sol.
Se trata de un agujero negro supermasivo.
Y nuestra galaxia no es excepcional en este aspecto. Existen evidencias de agujeros negros supermasivos en los centros de numerosas galaxias.
Galaxias que viven en grupos
Las galaxias tampoco están distribuidas simplemente de manera aislada.
La Vía Láctea pertenece a una colección conocida como Grupo Local.
En él se encuentran Andrómeda, la galaxia del Triángulo, las Nubes de Magallanes y numerosas galaxias más pequeñas.
La gravedad mantiene relaciones entre estos sistemas.
Una galaxia pertenece a un grupo; los grupos forman parte de estructuras todavía mayores.
Una estructura a escalas casi inimaginables
Cuando los astrónomos estudian grandes regiones del universo descubren que las galaxias no están distribuidas uniformemente.
Aparecen agrupadas en cúmulos, filamentos y enormes estructuras, separadas por regiones relativamente vacías.
A gran escala, esta distribución recibe frecuentemente el nombre de red cósmica.
Pasamos así de planetas a sistemas solares, de sistemas solares a galaxias y de galaxias a estructuras que se extienden por distancias extraordinarias.
Los telescopios revelaron lo que nuestros ojos no podían ver
El ser humano solamente puede observar a simple vista una pequeña parte del universo.
Los telescopios cambiaron esa realidad.
Instrumentos instalados en la Tierra y en el espacio captan diferentes regiones del espectro electromagnético.
No solamente observamos luz visible.
También estudiamos ondas de radio, infrarrojo, ultravioleta, rayos X y otras formas de radiación.
Cada una revela aspectos diferentes del universo.

Una pequeña región del cielo puede contener multitud de galaxias
Algunas de las imágenes astronómicas más impresionantes se obtienen apuntando telescopios hacia regiones que parecen casi vacías.
Después de acumular luz durante largos períodos aparecen numerosos objetos.
Muchos no son estrellas individuales.
Son galaxias.
Cada una puede contener cantidades inmensas de estrellas.
Una pequeña ventana del cielo puede revelar una profundidad difícil de comprender.
¿Cuántas galaxias existen?
No conocemos el número exacto.
Las estimaciones dependen de la profundidad de las observaciones, de qué objetos pueden detectarse y de cómo se extrapolan los datos.
Lo que podemos afirmar con seguridad es que el universo observable contiene una cantidad extraordinariamente grande de galaxias.
Y cada galaxia puede albergar desde millones hasta cientos de miles de millones de estrellas o incluso más, dependiendo de su tamaño.
Las cifras superan rápidamente nuestra capacidad intuitiva.
David contempló el mismo cielo
Hace aproximadamente tres mil años, David levantó los ojos hacia el cielo nocturno.
No tenía telescopio.
No conocía otras galaxias.
No sabía que la Vía Láctea contenía una multitud inmensa de estrellas.
Sin embargo, aquello que podía contemplar fue suficiente para llevarlo a una profunda reflexión:
“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?”
(Salmo 8:3-4)
Hoy podemos observar muchísimo más de lo que David contempló.
Y su pregunta parece todavía más impresionante.
Él cuenta el número de las estrellas
El Salmo 147 declara:
“Él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres.”
(Salmo 147:4)
Para nosotros contar las estrellas de nuestra propia galaxia resulta prácticamente imposible.
Y nuestra galaxia es solamente una entre una multitud.
Desde la perspectiva bíblica, la inmensidad no disminuye a Dios.
Hace todavía más impresionante la afirmación acerca de su conocimiento.
Levantad en alto vuestros ojos
El profeta Isaías escribió:
“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres.”
(Isaías 40:26)
Existe algo profundamente apropiado en esa invitación.
Levanta los ojos.
Mira.
Observa.
Pregunta.
Estudia.
Cuanto más poderosos se vuelven nuestros instrumentos, más grande parece el escenario que contemplamos.
La Tierra parece pequeña, pero no insignificante
Contemplar galaxias puede producir una sensación de pequeñez.
Nuestro planeta es pequeño comparado con el Sol.
El Sol es solamente una estrella dentro de la Vía Láctea.
La Vía Láctea es solamente una galaxia entre muchísimas otras.
Podríamos concluir que el ser humano carece de importancia.
Sin embargo, el Salmo 8 llega precisamente a la conclusión contraria.
David contempla la inmensidad y pregunta:
“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?”
Su asombro no surge solamente porque el universo sea grande.
Surge porque el Dios que gobierna semejante inmensidad también conoce al ser humano.
El mismo Dios de las galaxias conoce nuestros nombres
Aquí las dimensiones astronómicas adquieren un significado profundamente personal.
Si Dios solamente fuera capaz de crear lo pequeño, las galaxias serían incomprensibles.
Si solamente se ocupara de lo grande, nosotros seríamos insignificantes.
Pero la revelación bíblica presenta ambas realidades.
El Dios que sostiene los cielos también conoce a cada persona.
Jesús expresó esta atención de una manera extraordinaria:
“Pues aun vuestros cabellos están todos contados.”
(Mateo 10:30)
Galaxias y cabellos.
Lo inmenso y lo diminuto.
Ambos aparecen dentro del conocimiento del Creador.
Los cielos cuentan la gloria de Dios
El Salmo 19 comienza con una de las declaraciones más conocidas de las Escrituras:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
(Salmo 19:1)
Hoy esa frase puede contemplarse desde una perspectiva que los observadores antiguos jamás pudieron imaginar.
Sabemos que detrás de muchos puntos de luz existen estrellas gigantescas.
Sabemos que nuestro Sol pertenece a una galaxia enorme.
Y sabemos que más allá existen incontables sistemas galácticos visibles mediante nuestros instrumentos.
Cada nuevo nivel de observación amplía nuestra percepción de la grandeza del cosmos.
Una creación que supera nuestra imaginación
La Biblia no pretende explicar galaxias espirales, espectros electromagnéticos, dinámica galáctica o años luz mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la astronomía y la astrofísica.
Pero las Escrituras sí invitan repetidamente al ser humano a levantar los ojos y contemplar los cielos.
La ciencia nos permite hacerlo hoy con una profundidad extraordinaria.
Podemos observar galaxias situadas a distancias enormes. Podemos estudiar la composición de estrellas cuya luz ha viajado durante millones de años. Podemos medir movimientos dentro de nuestra galaxia y descubrir estructuras que nuestros ojos jamás podrían detectar por sí solos.
Y cuanto más lejos observamos, más pequeña parece nuestra posición física dentro del universo.
Desde la perspectiva bíblica, precisamente allí aparece una de las verdades más hermosas de la creación: el Dios cuyo conocimiento alcanza galaxias, estrellas y distancias que nuestra mente apenas puede comprender también conoce nuestra existencia. Las galaxias no solamente nos hablan de inmensidad; nos invitan a contemplar la grandeza, el poder y el extraordinario conocimiento del Creador.
Referencias
Escrituras consultadas
- Génesis 1:14-18.
- Salmo 8:3-4.
- Salmo 19:1-4.
- Salmo 33:6.
- Salmo 147:4-5.
- Isaías 40:25-26.
- Jeremías 31:35.
- Mateo 10:29-31.
- Colosenses 1:16-17.
Bibliografía científica
- Carroll, B. W. & Ostlie, D. A. An Introduction to Modern Astrophysics. Cambridge University Press.
- Bennett, J. et al. The Cosmic Perspective. Pearson.
- Ryden, B. & Peterson, B. M. Foundations of Astrophysics. Cambridge University Press.
- Sparke, L. S. & Gallagher, J. S. Galaxies in the Universe: An Introduction. Cambridge University Press.
Temas científicos consultados
- La Vía Láctea.
- Galaxias espirales, elípticas e irregulares.
- Distancias astronómicas y año luz.
- Grupo Local.
- Galaxia de Andrómeda.
- Dinámica y estructura galáctica.
- Agujeros negros supermasivos.
- Observación del universo mediante diferentes regiones del espectro electromagnético.
- Distribución de galaxias a gran escala.
Organizaciones científicas
- NASA — astronomía, Vía Láctea y observación de galaxias.
- European Space Agency — astronomía y estructura galáctica.
- Space Telescope Science Institute — observaciones de galaxias mediante telescopios espaciales.
National Radio Astronomy Observatory — radioastronomía y estructura de la Vía Láctea
Libro recomendado

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