Por el Dr. Elio M Rivera
De vez en cuando, el cielo nocturno presenta un visitante que parece surgir de la oscuridad. Primero puede verse como un punto débil. Después aumenta su brillo y desarrolla una especie de nube alrededor del núcleo. Finalmente aparece una larga cola que puede extenderse por millones de kilómetros. Durante días o semanas, aquel objeto parece cruzar lentamente el cielo antes de volver a alejarse.
Se trata de un cometa, uno de los cuerpos más fascinantes del sistema solar. Está formado por una mezcla de hielo, polvo y materiales rocosos. Cuando permanece lejos del Sol puede parecer relativamente inactivo. Pero al acercarse, el calentamiento modifica profundamente su apariencia y transforma un pequeño núcleo oscuro en una estructura enorme y luminosa.
Lo extraordinario es que esa gran cola no nace porque el cometa esté ardiendo como una antorcha. Se forma porque el calor solar hace que hielos y materiales volátiles pasen al estado gaseoso, liberando polvo y creando una envoltura alrededor del núcleo. Un objeto relativamente pequeño puede producir una estructura visible a distancias enormes simplemente por su interacción con la energía del Sol.

Los cometas, viajeros que cambia al acercarse al Sol
El Salmo declara:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
(Salmo 19:1)
Los cometas forman parte de esa extraordinaria variedad celeste. Durante gran parte de su recorrido pueden permanecer demasiado débiles para ser observados fácilmente. Sin embargo, cuando se aproximan a las regiones interiores del sistema solar, comienzan a cambiar.
La radiación solar calienta su superficie.
Los hielos comienzan a sublimarse, es decir, pasan directamente de sólido a gas.
Ese gas arrastra pequeñas partículas de polvo y crea una nube alrededor del núcleo.
La apariencia del cometa comienza entonces a transformarse.
El núcleo puede ser pequeño
Cuando vemos un cometa brillante con una cola enorme podemos imaginar un cuerpo gigantesco.
En realidad, el núcleo sólido suele ser mucho menor que la estructura visible que lo rodea.
Muchos núcleos miden solamente unos cuantos kilómetros o decenas de kilómetros de diámetro.
Son cuerpos oscuros, compuestos por hielo, polvo y roca.
La mayor parte de aquello que observamos desde la Tierra no es el núcleo mismo.
Es material liberado alrededor de él.
La coma — una atmósfera temporal
A medida que el cometa se calienta, el gas y el polvo forman una nube alrededor del núcleo conocida como coma.
Esta región puede crecer hasta alcanzar dimensiones enormes.
No es una atmósfera permanente como la de la Tierra.
Existe principalmente mientras el cometa recibe suficiente energía solar para liberar materiales.
Cuando vuelve a alejarse, la actividad disminuye.
La coma puede desaparecer casi por completo.

La cola de los cometas puede medir millones de kilómetros
Una de las características más impresionantes es la longitud de la cola.
Aunque el núcleo sea relativamente pequeño, el material expulsado puede extenderse millones de kilómetros a través del espacio.
La escala resulta extraordinaria.
Una montaña terrestre mide unos pocos kilómetros de altura.
Una cola cometaria puede superar dimensiones planetarias.
Y, sin embargo, el material está extremadamente disperso.
La cola no siempre queda detrás del cometa
A menudo imaginamos que la cola funciona como el humo de un automóvil, extendiéndose siempre detrás de la dirección del movimiento.
No ocurre exactamente así.
La orientación depende principalmente del Sol.
La radiación solar y el viento solar empujan material alejándolo de la estrella.
Por eso la cola apunta generalmente en dirección opuesta al Sol, independientemente de hacia dónde se esté moviendo el cometa.
Incluso cuando el cometa ya pasó cerca del Sol y comienza a alejarse, la cola puede parecer situada delante de su movimiento orbital.
En realidad puede haber más de una cola
Muchos cometas presentan dos componentes principales.
Una cola de polvo, formada por partículas sólidas liberadas desde el núcleo.
Y una cola de iones, formada por gases ionizados que responden al viento solar y al campo magnético transportado por ese flujo de partículas.
Ambas pueden tener formas distintas.
La cola de polvo suele ser más curva.
La cola de iones tiende a extenderse de manera más recta en dirección opuesta al Sol.
Una cola azulada y otra más clara
Las diferencias físicas también producen diferencias visuales.
La cola de iones puede presentar tonalidades azuladas debido a emisiones de determinados gases ionizados.
La cola de polvo refleja luz solar y suele verse más blanquecina o amarillenta.
Un mismo cometa puede mostrar simultáneamente dos estructuras distintas porque dos tipos de material responden de manera diferente al ambiente espacial.
El viento solar mueve material del cometa
El Sol no solamente emite luz.
También libera un flujo continuo de partículas cargadas conocido como viento solar.
Cuando estas partículas alcanzan los gases ionizados de un cometa, pueden modificar su movimiento.
La cola iónica revela así algo que nuestros ojos no podrían detectar directamente.
Podemos ver indirectamente el efecto del viento solar a través de la forma de un cometa.
Una órbita que puede llevarlo muy lejos
Los cometas orbitan alrededor del Sol, pero muchas de sus trayectorias son muy alargadas.
Esto significa que pueden pasar parte de su recorrido relativamente cerca de nuestra estrella y luego viajar a distancias enormes.
Algunos regresan después de intervalos relativamente cortos.
Otros pueden tardar muchísimo más.
La geometría orbital determina cuándo podremos volver a observarlos.
El cometa Halley — un visitante periódico
Uno de los cometas más conocidos es el cometa Halley.
Su órbita lo trae nuevamente a las regiones interiores del sistema solar aproximadamente cada setenta y seis años, aunque el intervalo exacto puede variar.
Ha sido observado por generaciones separadas por siglos.
Registros históricos describen su aparición mucho antes de que se comprendiera correctamente la naturaleza de los cometas.
Hoy podemos calcular su órbita y anticipar su regreso.
La ciencia convirtió un presagio en una órbita
Durante mucho tiempo, distintas culturas interpretaron los cometas como señales de acontecimientos extraordinarios.
Parecían impredecibles porque aparecían de repente y cruzaban regiones del cielo donde las estrellas permanecían relativamente estables.
Con el desarrollo de la astronomía comenzó a comprenderse que también obedecen leyes físicas.
Edmond Halley estudió observaciones de distintos años y propuso que varios registros correspondían al mismo cometa regresando periódicamente.
Su predicción resultó correcta.
Aquello que parecía errante tenía una órbita.
La gravedad también gobierna a los cometas
Como planetas y asteroides, los cometas están sujetos a la gravedad.
El Sol domina gran parte de su trayectoria, aunque los planetas también pueden modificar sus órbitas mediante interacciones gravitatorias.
Especialmente Júpiter, por su enorme masa, puede alterar significativamente el recorrido de algunos cuerpos pequeños.
El mismo principio que mantiene a la Tierra en órbita también actúa sobre un cometa.
El cielo presenta diversidad, pero las leyes permanecen.
Un objeto puede cambiar cada vez que pasa cerca del Sol
Cada aproximación al Sol tiene consecuencias.
El cometa pierde parte de sus materiales.
Hielo se convierte en gas.
Polvo es expulsado al espacio.
La superficie puede fracturarse y modificarse.
Con suficientes pasos cercanos, algunos cometas pueden perder gran parte de sus componentes volátiles.
La apariencia que vemos es producto de una actividad que consume poco a poco el material del núcleo.
Algunos incluso se rompen
No todos los núcleos permanecen intactos.
Cambios térmicos, rotación, liberación de gases y fuerzas gravitatorias pueden contribuir a fracturas.
En algunos casos, un cometa puede dividirse en varios fragmentos.
Entonces cada fragmento puede continuar temporalmente su propio recorrido.
El cielo puede mostrar el proceso de destrucción de un cuerpo en tiempo real.
La cercanía al Sol puede ser peligrosa
Existe un grupo de cometas conocidos como rasantes solares, cuyas órbitas los llevan extremadamente cerca del Sol.
El calor y las fuerzas gravitatorias pueden ser intensos.
Algunos sobreviven al paso.
Otros se fragmentan o desaparecen.
La misma estrella que hace visible al cometa puede también contribuir a destruirlo.
Los cometas pueden producir lluvias de meteoros
Cuando un cometa viaja alrededor del Sol deja parte de su polvo distribuido a lo largo de su órbita.
Si la Tierra atraviesa una de esas regiones, pequeñas partículas entran en nuestra atmósfera a gran velocidad.
El calentamiento y la interacción con el aire producen trazos luminosos.
Los llamamos meteoros o estrellas fugaces.
Muchas lluvias de meteoros conocidas están asociadas con restos de cometas.
Una estrella fugaz no es una estrella
La expresión tradicional puede producir confusión.
Una estrella no está cayendo desde el cielo.
Normalmente observamos una pequeña partícula de polvo o roca entrando en la atmósfera terrestre.
El objeto puede ser diminuto.
Pero viaja a una velocidad tan alta que produce un fenómeno luminoso visible desde grandes distancias.
Una partícula dejada por un cometa puede terminar creando un destello que contemplamos desde la superficie de la Tierra.
Los cometas también contienen moléculas interesantes
El análisis de cometas mediante telescopios, sondas y muestras de polvo ha permitido identificar agua, dióxido de carbono, monóxido de carbono, moléculas orgánicas y diferentes minerales.
Cada cometa puede presentar una composición particular.
Estudiarlos ayuda a comprender mejor la diversidad química existente dentro del sistema solar.
La luz y el material liberado funcionan como fuentes de información.
Podemos analizar un cometa sin tocarlo
Mediante espectroscopia, los astrónomos estudian la luz emitida o reflejada por gases y polvo.
Determinadas moléculas producen señales características.
Así pueden identificar componentes presentes en la coma y las colas.
Una vez más, la luz transporta información desde enormes distancias.
Pero también hemos llegado hasta ellos
Las sondas espaciales han permitido estudiar cometas de cerca.
La misión europea Rosetta, por ejemplo, orbitó alrededor del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko y envió el módulo Philae hacia su superficie.
Las imágenes revelaron un núcleo oscuro, irregular, lleno de acantilados, depresiones y regiones activas.
Aquello que desde la Tierra parecía una pequeña mancha luminosa resultó ser un mundo complejo.
Un núcleo muy oscuro puede producir una cola brillante
Este contraste resulta fascinante.
La superficie de muchos núcleos refleja poca luz.
Puede ser más oscura que materiales que normalmente consideraríamos negros.
Sin embargo, cuando comienza la actividad, el gas y el polvo alrededor del núcleo reflejan y emiten suficiente luz para hacer visible al cometa.
La brillantez no procede necesariamente de un núcleo luminoso.
Procede de lo que ocurre alrededor de él.
El agua puede permanecer congelada durante gran parte del recorrido
Lejos del Sol, las temperaturas son muy bajas.
Los hielos permanecen estables y el cometa puede estar relativamente inactivo.
Conforme se aproxima, diferentes sustancias comienzan a sublimarse a diferentes temperaturas.
Por eso la actividad puede cambiar gradualmente.
El cometa responde físicamente a la cantidad de energía que recibe.
La distancia controla su apariencia
Un mismo objeto puede parecer completamente diferente dependiendo de dónde se encuentre en su órbita.
Lejos del Sol: un núcleo oscuro.
Más cerca: aparece una coma.
Después: se desarrollan colas.
Al alejarse: la actividad disminuye.
La identidad física permanece, pero su aspecto cambia drásticamente.
Un objeto pequeño puede afectar una región enorme
La coma y las colas muestran un principio fascinante.
La masa del núcleo puede concentrarse en pocos kilómetros.
Pero el material liberado puede ocupar una región gigantesca.
La densidad es muy baja, pero la extensión enorme.
Pequeñas cantidades de material distribuidas por el espacio pueden producir un espectáculo visible desde millones de kilómetros.
¿Podría un cometa chocar con la Tierra?
Sí. Como otros cuerpos del sistema solar, algunos cometas pueden cruzar regiones cercanas a la órbita terrestre.
Los astrónomos calculan sus trayectorias para identificar posibles riesgos.
Los impactos grandes son poco frecuentes, pero el estudio de objetos cercanos a la Tierra constituye una parte importante de la astronomía moderna.
Conocer una órbita permite evaluar riesgos con mucha anticipación.
Predecir significa medir
Los telescopios registran la posición de un cometa en diferentes momentos.
A partir de esas mediciones puede calcularse su trayectoria.
Cuantas más observaciones existen, mejor puede estimarse la órbita.
Lo que parece un viajero impredecible puede describirse mediante matemáticas.
El orden permite anticipar el movimiento.
Los cometas pueden aparecer donde no esperábamos
Aunque muchos cometas conocidos tienen órbitas bien calculadas, otros pueden ser descubiertos cuando comienzan a hacerse visibles desde las regiones exteriores.
Por eso observatorios profesionales y astrónomos aficionados continúan buscando nuevos objetos.
Cada descubrimiento añade otro cuerpo al mapa del sistema solar.
Todavía existe mucho por observar.
Una cola gigantesca producida por un núcleo diminuto
Esta comparación merece repetirse porque resume gran parte de su belleza.
El núcleo puede tener solamente unos cuantos kilómetros.
La cola puede extenderse millones.
La diferencia entre ambos tamaños es enorme.
Un pequeño cuerpo helado puede producir una estructura visible a escala astronómica.
Los cielos están llenos de movimiento
El libro de Job pregunta:
“¿Conoces tú las ordenanzas de los cielos?”
(Job 38:33)
La astronomía nos permite estudiar parte de esas ordenanzas mediante observación y matemáticas.
Los cometas se mueven.
Los planetas se mueven.
La Tierra se mueve.
Nada de lo que contemplamos está realmente inmóvil.
Sin embargo, esos movimientos siguen regularidades que pueden descubrirse.
Una visita que conecta generaciones
Un cometa periódico puede ser visto por personas separadas por décadas.
Los abuelos pueden recordar una aparición.
Una generación posterior puede esperar la siguiente.
En algunos casos, la duración de una vida humana es comparable con el período orbital del objeto.
El cielo se convierte en un puente entre generaciones.

Los cometas y la contemplación bíblica
La Biblia no utiliza el término moderno “cometa” para ofrecer una descripción científica de estos cuerpos, pero sí dirige repetidamente nuestra atención hacia los cielos.
El salmista escribió:
“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste.”
(Salmo 8:3)
Hoy podemos ampliar esa contemplación.
Además de Luna y estrellas, observamos planetas, asteroides, nebulosas y cometas.
La astronomía moderna nos permite descubrir una diversidad celeste que los antiguos solamente podían contemplar parcialmente.
Un viajero de hielo que responde a la luz
La Biblia no pretende explicar la sublimación de hielos, el viento solar, la ionización o la mecánica orbital. Estas preguntas corresponden a la astronomía, la física y la ciencia planetaria.
Las Escrituras nos invitan a contemplar el cielo y reconocer orden y grandeza en la creación:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
(Salmo 19:1)
Los cometas constituyen una magnífica oportunidad para hacerlo. Un pequeño núcleo de hielo, polvo y roca puede permanecer casi invisible durante gran parte de su recorrido. Después se aproxima al Sol y comienza una transformación extraordinaria.
El calor libera gases.
El polvo se extiende.
Aparece una coma.
El viento solar modela una cola.
La radiación empuja otra.
Un cuerpo oscuro se convierte en uno de los objetos más espectaculares del cielo nocturno.
Después continúa su viaje y vuelve a desaparecer en la distancia.
Desde la perspectiva bíblica, comprender estos mecanismos aumenta nuestra admiración. Los cometas nos recuerdan que incluso los viajeros más pequeños del sistema solar participan de un orden enorme: recorren trayectorias gobernadas por gravedad, responden a la energía del Sol y, durante un breve momento, pueden llenar el cielo con una cola luminosa que parece anunciar silenciosamente la grandeza del Creador.
Referencias
Escrituras consultadas
- Job 38:31-33.
- Salmo 8:3-4.
- Salmo 19:1-4.
- Salmo 33:6.
- Salmo 104:24.
- Isaías 40:26.
Bibliografía científica
- Festou, M. C., Keller, H. U. & Weaver, H. A. (eds.). Comets II. University of Arizona Press.
- Brandt, J. C. & Chapman, R. D. Introduction to Comets. Cambridge University Press.
- Whipple, F. L. Estudios clásicos sobre estructura y actividad cometaria.
- Jewitt, D. Investigaciones sobre núcleos cometarios y cuerpos menores del sistema solar.
- Meech, K. J. Estudios sobre actividad, composición y comportamiento de cometas.
Temas científicos consultados
- Núcleo, coma y colas cometarias.
- Sublimación de hielos.
- Viento solar.
- Colas de polvo e iones.
- Órbitas cometarias.
- Cometas periódicos.
- Lluvias de meteoros.
- Fragmentación de núcleos.
- Espectroscopia de cometas.
- Exploración espacial de cometas.
Organizaciones y recursos científicos
- NASA — investigación y seguimiento de cometas.
- Jet Propulsion Laboratory (JPL) — cálculo de órbitas y objetos del sistema solar.
- European Space Agency (ESA) — misión Rosetta y estudio del cometa 67P.
- Minor Planet Center — observaciones y órbitas de cometas y cuerpos menores.
- Smithsonian Astrophysical Observatory — investigación astronómica sobre objetos del sistema solar.
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