Dr. Elio M Rivera

  En lo alto del cielo, casi invisible para quien observa desde tierra, un ave puede comenzar uno de los descensos más impresionantes del mundo animal. Pliega parcialmente las alas, inclina el cuerpo y entra en un picado cada vez más rápido. El aire golpea con enorme fuerza, la presión aumenta alrededor de su cabeza y, en cuestión de segundos, el halcón peregrino puede superar ampliamente los doscientos kilómetros por hora y, en determinadas condiciones de picado, alcanzar velocidades mucho mayores.

  El halcón peregrino (Falco peregrinus) es conocido como uno de los animales más rápidos del planeta. Sin embargo, su velocidad no depende únicamente de tener alas poderosas. Para realizar un descenso semejante necesita una combinación extraordinaria de forma corporal, plumas, músculos, sistema respiratorio, visión y estructuras que protegen sus ojos y vías respiratorias mientras atraviesa el aire a enorme velocidad.

  La verdadera maravilla aparece cuando descubrimos que cada parte del cuerpo participa en la misma tarea. No es simplemente un ave rápida. Es un organismo completo preparado para moverse con precisión en condiciones aerodinámicas extremas.

Cuando todo el cuerpo trabaja para dominar el aire

  El libro de Job contiene una pregunta especialmente apropiada:

“¿Vuela el gavilán por tu sabiduría, y extiende hacia el sur sus alas?”
(Job 39:26)

  La Biblia dirige nuestra atención hacia la capacidad de las aves para desplazarse por el cielo. El halcón peregrino ofrece una oportunidad extraordinaria para contemplar esa realidad desde la ciencia.

  Su cuerpo presenta una forma aerodinámica. La cabeza es relativamente compacta, el tronco reduce resistencia al aire y las alas pueden modificar su posición según la fase del vuelo. Durante el picado, el ave cambia de una configuración apropiada para planear o batir las alas a otra mucho más eficiente para atravesar el aire.

  La velocidad comienza con la gravedad, pero sobrevivir a esa velocidad requiere control.

El picado — convertir altura en velocidad

  Cuando el halcón alcanza una posición elevada sobre su presa, puede iniciar un descenso pronunciado conocido como picado o stoop.

  La altura contiene energía potencial. Al descender, parte de esa energía se transforma en velocidad.

  El principio físico es sencillo, pero el control necesario no lo es.

  El ave necesita mantener una postura que reduzca resistencia sin perder capacidad de maniobra. Demasiada superficie expuesta al aire disminuiría la velocidad. Muy poca capacidad de control podría convertir el descenso en una caída peligrosa.

  Por ello modifica cuidadosamente la posición de las alas y de la cola.

Alas que cambian de función durante el vuelo

  Las alas del halcón peregrino son largas y relativamente puntiagudas.

  Durante el vuelo normal proporcionan sustentación y propulsión.

  En el picado pueden plegarse parcialmente hacia el cuerpo, reduciendo la resistencia aerodinámica.

  Cuando necesita corregir la trayectoria, pequeñas modificaciones en el ángulo de las alas cambian inmediatamente las fuerzas que actúan sobre el cuerpo.

  La misma estructura puede funcionar de manera distinta según la situación.

  Una posición favorece velocidad.

  Otra favorece control.

  El ave alterna entre ambas continuamente.

La cola funciona como superficie de control

  La cola desempeña un papel fundamental.

  Sus plumas pueden abrirse o cerrarse, modificando la estabilidad y la trayectoria.

  Durante un giro, el halcón puede utilizar cambios en la cola para ajustar la orientación del cuerpo.

  Esto recuerda, de manera simplificada, las superficies de control de una aeronave.

  No porque el ave funcione como un avión, sino porque ambas deben resolver un problema semejante: controlar un cuerpo que se mueve rápidamente a través del aire.

Ver una presa mientras se viaja a enorme velocidad

  La velocidad sería inútil si el halcón perdiera de vista a su objetivo.

  Su sistema visual es extraordinariamente desarrollado.

  Los ojos son grandes en relación con el tamaño del cráneo y poseen una elevada densidad de células fotorreceptoras. Esto permite una notable agudeza visual.

  El ave puede detectar objetos pequeños a grandes distancias y mantener información visual mientras modifica rápidamente su posición.

  Durante una persecución, la visión guía cada corrección.

Dos zonas de máxima precisión visual

  En muchas aves de presa existen regiones especializadas de la retina conocidas como fóveas.

  El halcón peregrino posee adaptaciones visuales que le permiten mantener una resolución extraordinaria tanto en distintas orientaciones de la mirada como durante el seguimiento de una presa.

  Esto significa que la cabeza y los ojos deben trabajar conjuntamente para mantener el objetivo dentro de la región más útil del campo visual.

  Una pequeña desviación puede alterar una persecución que ocurre a gran velocidad.

Una membrana que protege los ojos

  El aire que golpea el rostro durante el picado podría resecar o irritar los ojos.

  Las aves poseen una membrana nictitante, una especie de tercer párpado translúcido que puede desplazarse sobre el ojo.

  Esta estructura ayuda a proteger la superficie ocular mientras permite conservar cierto grado de visión.

  El halcón puede así mantener protegidos sus ojos sin quedar completamente ciego durante una fase crítica del vuelo.

  La visión y la protección ocurren simultáneamente.

Respirar cuando el aire golpea a gran velocidad

  El picado también presenta un desafío para las vías respiratorias.

  El aire que entra directamente en las fosas nasales a enorme velocidad podría producir turbulencia y presión excesiva.

  Dentro de las aberturas nasales del halcón existen pequeñas estructuras conocidas como tubérculos nasales o conos nasales.

  Estas estructuras ayudan a modificar el flujo de aire y reducir parte de la presión antes de que llegue más profundamente al sistema respiratorio.

  El principio ha llamado la atención porque resuelve un problema que también enfrentan sistemas de entrada de aire en vehículos de alta velocidad.

Un sistema respiratorio muy diferente al nuestro

  Las aves poseen pulmones asociados con sacos aéreos y un sistema de flujo de aire altamente eficiente.

  El aire se desplaza por los pulmones de una manera distinta a la respiración de los mamíferos.

  Este sistema permite mantener un suministro eficiente de oxígeno para músculos que pueden trabajar intensamente durante el vuelo.

  El halcón necesita energía para despegar, ganar altura, perseguir, corregir trayectoria y recuperarse después de un picado.

  La aerodinámica por sí sola no sería suficiente.

  También necesita fisiología.

Un corazón preparado para el esfuerzo

  El sistema cardiovascular participa continuamente.

  El corazón de las aves posee cuatro cámaras y mantiene una separación completa entre sangre oxigenada y desoxigenada.

  Durante el vuelo intenso, la frecuencia cardíaca puede aumentar considerablemente.

  Los músculos pectorales necesitan recibir oxígeno y nutrientes mientras eliminan productos metabólicos.

  El sistema circulatorio convierte el oxígeno obtenido por los pulmones en energía disponible para el movimiento.

Músculos que proporcionan potencia y control

  Los grandes músculos pectorales son responsables de gran parte de la potencia del batido alar.

  Sin embargo, numerosos músculos más pequeños controlan detalles de las alas, plumas, cola y postura corporal.

  La velocidad depende tanto de fuerza como de precisión.

  Un músculo poderoso puede producir movimiento.

  Muchos músculos coordinados producen vuelo controlado.

  El sistema nervioso debe regularlos en fracciones de segundo.

Plumas que forman una superficie aerodinámica

  Las plumas de vuelo están organizadas de manera que forman superficies continuas cuando las alas se extienden.

  Cada pluma posee una estructura ligera pero resistente.

  Los pequeños ganchos microscópicos de las bárbulas ayudan a mantener unidas las regiones de la pluma, creando una superficie relativamente uniforme.

  Si aparece una separación, el ave puede reorganizar las barbas durante el acicalamiento.

  Una estructura aparentemente delicada necesita soportar enormes fuerzas durante el vuelo.

Ligereza sin perder resistencia

  Las aves poseen un esqueleto adaptado para proporcionar soporte sin añadir peso innecesario.

  Muchos huesos contienen cavidades internas y estructuras que permiten mantener resistencia con una masa relativamente baja.

  El objetivo no es simplemente ser liviano.

  El cuerpo necesita resistir las fuerzas producidas durante despegues, giros, frenados y aterrizajes.

  Una estructura demasiado pesada dificultaría el vuelo.

  Una demasiado débil no soportaría el esfuerzo.

  La solución exige equilibrio.

La presa también está en movimiento

  El halcón peregrino se alimenta principalmente de aves, aunque su dieta puede variar.

  En muchos ataques, la presa también está volando.

  Esto convierte la caza en un problema tridimensional.

  No basta con dirigirse al lugar donde se encuentra la presa en un instante determinado.

  El halcón necesita anticipar movimiento y ajustar continuamente su trayectoria.

  La persecución ocurre en un espacio donde ambos animales se desplazan al mismo tiempo.

Interceptar en lugar de seguir

  Si el halcón simplemente persiguiera exactamente la posición actual de la presa, podría gastar energía sin acercarse suficientemente.

  Durante muchas persecuciones necesita realizar trayectorias que permiten interceptar el movimiento del objetivo.

  Esto requiere información visual continua y ajustes rápidos.

  No significa que el ave resuelva ecuaciones conscientemente.

  Su sistema nervioso está preparado para transformar información visual en movimientos que producen una trayectoria eficaz.

  Una tarea que un ingeniero describiría mediante matemáticas ocurre biológicamente en fracciones de segundo.

El impacto debe controlarse

  Al acercarse a la presa, el halcón necesita reducir o redirigir parte de la enorme velocidad acumulada.

  Un choque directo sin control podría lesionarlo.

  Puede utilizar las patas y garras para golpear o capturar, dependiendo de la situación.

  Después necesita estabilizarse.

  Las alas se abren, la cola cambia de posición y el cuerpo transforma rápidamente un descenso de alta velocidad en maniobras más controladas.

  Acelerar es solamente una parte de la hazaña.

  Frenar también lo es.

Las garras completan la persecución

  Las patas poseen fuertes dedos terminados en garras curvas.

  Estas estructuras están preparadas para sujetar presas.

  Tendones y músculos permiten cerrar los dedos con firmeza.

  Después de una persecución donde participaron ojos, cerebro, alas, plumas, corazón y pulmones, unas estructuras relativamente pequeñas terminan realizando el contacto final.

  Toda la secuencia depende de integración.

Una velocidad que necesita límites

  Aunque el halcón peregrino puede alcanzar velocidades extraordinarias durante un picado, no mantiene esas cifras continuamente.

  La máxima velocidad ocurre bajo condiciones específicas de altura, postura y descenso.

  Durante vuelo horizontal las velocidades son mucho menores.

  Esta distinción es importante porque el récord del halcón está relacionado principalmente con el picado, no con volar horizontalmente a su máxima velocidad durante largas distancias.

  La precisión científica aumenta, no disminuye, lo extraordinario del animal.

Más de trescientos kilómetros por hora

  Mediciones realizadas durante picados controlados y observaciones de campo han registrado velocidades superiores a los trescientos kilómetros por hora en determinadas circunstancias.

  Las cifras exactas dependen de método, individuo, altura, viento y trayectoria.

  Lo impresionante no es únicamente el número.

  Es que un organismo vivo pueda mantener visión, respiración, estabilidad y control muscular mientras se desplaza a semejante velocidad.

Un viajero de enormes distancias

  El nombre “peregrino” hace referencia precisamente a su capacidad para desplazarse ampliamente.

  Algunas poblaciones realizan migraciones de grandes distancias entre regiones de reproducción y zonas donde pasan otras temporadas del año.

  Esto exige navegación, resistencia y capacidad para utilizar diferentes ambientes.

  El ave capaz de realizar un picado explosivo también puede recorrer enormes distancias mediante estrategias de vuelo completamente diferentes.

Un ave que puede vivir incluso cerca de nosotros

  El halcón peregrino no habita solamente montañas y acantilados remotos.

  En muchas ciudades utiliza edificios altos, puentes y otras estructuras que pueden funcionar de manera semejante a acantilados.

  Desde allí encuentra puntos elevados para observar y lugares adecuados para reproducirse.

  Las ciudades también concentran poblaciones de aves que pueden servirle de alimento.

  Una criatura asociada con paisajes espectaculares puede vivir sobre un rascacielos.

El regreso de una especie amenazada

  Durante el siglo veinte, las poblaciones de halcón peregrino disminuyeron gravemente en diferentes regiones debido, entre otros factores, al uso de ciertos pesticidas como el DDT.

  Estas sustancias afectaban el metabolismo del calcio y contribuían al adelgazamiento de los cascarones de los huevos.

  Las restricciones sobre estos compuestos y los programas de conservación permitieron una recuperación notable en muchas regiones.

  La historia demuestra que comprender la fisiología de una criatura también puede ayudarnos a protegerla.

Una criatura donde cada detalle participa en el vuelo

  Cuando observamos un halcón peregrino inmóvil sobre una roca, no vemos todo lo que está preparado para ocurrir.

  Los ojos pueden detectar una presa a distancia.

  El cerebro calcula continuamente información visual.

  Los músculos están preparados para impulsarlo.

  Las alas cambian de forma.

  Las plumas controlan el aire.

  La cola estabiliza.

  Los tubérculos nasales ayudan a manejar el flujo.

  La membrana nictitante protege los ojos.

  El corazón y los pulmones sostienen el esfuerzo.

  Todo permanece disponible hasta el instante en que el ave se lanza.

Cuando la velocidad es el resultado de muchos sistemas

  El halcón peregrino nos enseña que una capacidad extraordinaria rara vez depende de una sola característica.

  No basta con poseer alas puntiagudas.

  Sin visión adecuada no podría mantener el objetivo.

  Sin control nervioso no podría corregir la trayectoria.

  Sin músculos suficientes no podría modificar rápidamente la postura.

  Sin circulación y respiración eficientes no sostendría el esfuerzo.

  Sin estructuras protectoras, la misma velocidad podría producir nuevos problemas.

  La verdadera maravilla está en la coordinación.

Una criatura que nos invita a mirar al cielo

  El libro de Job declara:

“¿Vuela el gavilán por tu sabiduría, y extiende hacia el sur sus alas?”
(Job 39:26)

  La Biblia no pretende explicar la aerodinámica del vuelo, la fisiología respiratoria de las aves o el funcionamiento microscópico de la retina. Estas preguntas corresponden a disciplinas como la zoología, la física, la fisiología y la biomecánica.

  Las Escrituras, sin embargo, invitan repetidamente a contemplar la creación y reconocer la sabiduría presente en ella.

  El salmista escribió:

“Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren.”
(Salmo 111:2)

  El halcón peregrino proporciona una magnífica oportunidad para esa búsqueda.

  A gran altura identifica una presa. Después comienza el descenso. Las alas cambian de posición, la cola controla la trayectoria, la membrana nictitante protege los ojos y las estructuras nasales ayudan a manejar el aire que golpea su rostro. La velocidad aumenta mientras el cerebro continúa procesando información y los músculos realizan pequeñas correcciones.

  Todo ocurre en segundos.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender los mecanismos detrás de ese vuelo aumenta nuestra admiración. El halcón peregrino nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse también en movimiento: en un ave que transforma la altura en velocidad y cuyos ojos, alas, plumas, pulmones, corazón y sistema nervioso trabajan conjuntamente para convertir un descenso desde el cielo en una de las maniobras más extraordinarias de toda la creación.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Investigación científica especializada

Organizaciones y recursos científicos

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Por el Dr. Elio M Rivera

  En las costas heladas del hemisferio sur vive un grupo de aves cuya apariencia rompe muchas de nuestras ideas sobre lo que significa ser un ave. No vuelan por el cielo, sus alas se han convertido en estructuras rígidas semejantes a aletas y su cuerpo parece más apropiado para atravesar el agua que para elevarse en el aire. Sin embargo, cuando un pingüino entra al océano ocurre algo extraordinario: comienza a “volar” bajo el agua.

  Los pingüinos pertenecen a la familia Spheniscidae y existen varias especies distribuidas desde la Antártida hasta regiones templadas del hemisferio sur. Algunas viven rodeadas de hielo, mientras otras habitan costas mucho menos frías. A pesar de esas diferencias, comparten una anatomía profundamente relacionada con la natación, el aislamiento térmico y la vida en ambientes donde el agua puede ser extraordinariamente fría.

  Su historia biológica es fascinante porque numerosos sistemas deben trabajar al mismo tiempo. Las plumas forman una barrera protectora, una capa de grasa ayuda a conservar calor, el sistema circulatorio administra cuidadosamente la temperatura y las alas proporcionan propulsión bajo el agua. El pingüino no simplemente soporta el frío: todo su organismo participa en la tarea de vivir, nadar y reproducirse en ambientes extremos.

Cuando un ave utiliza sus alas debajo del agua

  El libro de Job invita al ser humano a observar las criaturas y aprender de ellas:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán.”
(Job 12:7)

  El pingüino ofrece una magnífica oportunidad para hacerlo. A simple vista podríamos pensar que ha perdido aquello que caracteriza a las aves porque no puede volar en el aire. Pero al observarlo dentro del agua descubrimos que sus alas cumplen otra función extraordinaria.

  Las alas de los pingüinos son relativamente cortas, rígidas y aplanadas. En lugar de producir grandes superficies flexibles para sostenerse en el aire, funcionan como aletas hidrodinámicas. Los músculos pectorales generan movimientos potentes que impulsan al cuerpo hacia adelante.

  La misma estructura corporal que en otras aves se relaciona con vuelo aéreo aquí participa en un tipo de desplazamiento completamente diferente.

Volar en un medio mucho más denso

  El agua es mucho más densa que el aire. Esto significa que mover una extremidad a través de ella requiere mayores fuerzas, pero también proporciona una superficie sobre la cual generar empuje.

  El pingüino utiliza movimientos de sus aletas semejantes, en algunos aspectos, a los batidos alares de un ave voladora.

  Durante cada ciclo, modifica el ángulo de las aletas para producir fuerzas que desplazan el cuerpo.

  La cola y las patas ayudan a controlar dirección y estabilidad.

  El resultado es una natación rápida y altamente maniobrable.

Un cuerpo con forma hidrodinámica

  La forma general del pingüino también ayuda a disminuir la resistencia del agua.

  La cabeza se continúa suavemente con el cuello y el tronco, mientras las extremidades pueden mantenerse próximas al cuerpo cuando no se utilizan activamente.

  Una superficie demasiado irregular produciría turbulencias y aumentaría el gasto energético.

  El cuerpo compacto permite atravesar el agua con mayor eficiencia.

  La anatomía completa participa en el movimiento.

Plumas que deben funcionar en el agua

  Las plumas de un pingüino cumplen una función diferente a la que imaginamos cuando observamos un ave voladora.

  Son relativamente cortas, densas y se superponen.

  Debajo de ellas queda atrapada una capa de aire que contribuye al aislamiento térmico.

  El ave dedica mucho tiempo al acicalamiento, distribuyendo secreciones que ayudan a mantener las plumas en condiciones apropiadas.

  La protección depende de conservar esa cobertura funcional.

El problema del agua fría

  El océano puede extraer calor del cuerpo mucho más rápidamente que el aire.

  Para un animal de sangre caliente, nadar durante largos períodos en aguas cercanas al punto de congelación representa un enorme desafío.

  El pingüino necesita producir suficiente calor metabólico y, al mismo tiempo, disminuir la cantidad que pierde hacia el ambiente.

  Aquí intervienen plumas, grasa y circulación.

Una capa de grasa debajo de la piel

  Debajo de la piel existe tejido adiposo que contribuye al aislamiento.

  La grasa reduce la transferencia de calor desde el interior del cuerpo hacia el agua.

  Además funciona como reserva energética.

  Esto resulta especialmente importante durante temporadas de ayuno, reproducción o incubación, cuando algunos pingüinos pueden pasar períodos prolongados sin alimentarse.

  La misma estructura ayuda a conservar calor y energía.

La circulación también conserva temperatura

  Las extremidades representan un problema térmico.

  Las patas y aletas necesitan recibir sangre, pero si grandes cantidades de sangre caliente circularan continuamente hacia regiones expuestas al frío, el organismo perdería demasiada energía.

  Los pingüinos poseen sistemas de intercambio de calor por contracorriente.

  Las arterias que llevan sangre caliente hacia determinadas extremidades se encuentran próximas a venas que regresan sangre más fría.

  El calor puede transferirse entre ambos flujos antes de llegar a la superficie.

  Así, parte de la energía térmica permanece dentro del organismo.

Dos corrientes de sangre intercambiando calor

  El principio resulta extraordinariamente eficiente.

  La sangre arterial sale del centro del cuerpo a una temperatura relativamente alta.

  La sangre venosa regresa desde la extremidad más fría.

  Al pasar ambas muy próximas, parte del calor se transfiere desde la sangre arterial hacia la venosa.

  La extremidad recibe suficiente circulación, pero no tanta energía térmica como perdería si llegara completamente caliente.

  El cuerpo mantiene así una economía de calor.

El pingüino, un ave capaz de bucear profundamente

  Algunas especies pueden permanecer bajo el agua durante varios minutos y alcanzar profundidades considerables.

  El pingüino emperador destaca especialmente por su capacidad de buceo.

  Durante la inmersión, el organismo necesita administrar el oxígeno disponible.

  La frecuencia cardíaca puede disminuir, mientras el flujo sanguíneo se dirige prioritariamente hacia órganos esenciales.

  Los músculos también poseen reservas de oxígeno asociadas con una proteína llamada mioglobina.

Almacenar oxígeno dentro de los músculos

  La mioglobina puede unir oxígeno y mantenerlo disponible dentro del tejido muscular.

  Los pingüinos buceadores poseen concentraciones elevadas de esta proteína.

  Esto permite continuar utilizando oxígeno incluso cuando el animal lleva varios minutos sin respirar.

  Pulmones, sangre y músculos funcionan como depósitos complementarios.

  La inmersión depende de cuánto oxígeno puede almacenar antes de entrar al agua y de cuán lentamente puede utilizarlo.

El corazón cambia su ritmo

  Durante un buceo profundo, mantener la frecuencia cardíaca habitual consumiría rápidamente los recursos disponibles.

  El organismo responde disminuyendo el ritmo cardíaco.

  Esta reducción ayuda a conservar oxígeno.

  La circulación continúa, pero el gasto disminuye.

  El animal pasa temporalmente a un modo fisiológico distinto del que utiliza cuando se encuentra en la superficie.

Soportar la presión bajo el agua

  La presión aumenta conforme el pingüino desciende.

  El aire contenido en pulmones y sacos respiratorios se comprime.

  Las aves buceadoras poseen mecanismos que ayudan a tolerar estos cambios y reducir problemas asociados con gases disueltos.

  Parte del aire puede desplazarse hacia regiones respiratorias menos sensibles al intercambio gaseoso durante inmersiones profundas.

  La anatomía respiratoria contribuye así a enfrentar otro desafío del océano.

Encontrar alimento bajo el agua

  Los pingüinos consumen peces, kril, calamares y otros organismos marinos dependiendo de la especie.

  La caza puede ocurrir bajo condiciones de iluminación muy variables.

  Los ojos están adaptados para funcionar tanto en el aire como bajo el agua, aunque el sistema visual enfrenta diferencias importantes entre ambos medios.

  Durante la natación, el ave necesita detectar movimiento y calcular trayectorias mientras ella misma se desplaza a gran velocidad.

  La visión guía la persecución.

Una boca preparada para evitar que la presa escape

  El interior de la boca y la lengua de muchos pingüinos poseen papilas dirigidas hacia atrás.

  Estas estructuras ayudan a sujetar peces y otras presas resbaladizas.

  Una vez que el animal captura alimento, las papilas dificultan que regrese hacia la salida.

  La dirección de estas estructuras favorece el movimiento hacia la garganta.

  Una característica aparentemente pequeña resulta muy útil dentro de una boca llena de agua y presas escurridizas.

Beber agua del océano crea otro problema

  Los pingüinos pueden ingerir agua de mar durante la alimentación.

  El exceso de sal sería perjudicial si el organismo dependiera únicamente de los riñones para eliminarlo.

  Poseen glándulas supraorbitales especializadas en retirar sal de la sangre.

  La solución concentrada sale hacia las fosas nasales y puede ser eliminada posteriormente.

  Esto permite vivir rodeados de agua salada sin necesidad de depender exclusivamente de fuentes de agua dulce.

Un filtro de sal dentro de la cabeza

  Estas glándulas trabajan continuamente cuando la ingestión de sal aumenta.

  La sangre pasa cerca de tejidos especializados que transportan iones hacia una secreción concentrada.

  El líquido termina eliminándose por las vías nasales.

  Una vez más aparece un problema creado por el ambiente y una estructura especializada para resolverlo.

  Comer en el océano significa inevitablemente entrar en contacto con sal.

Caminar sobre hielo exige otra estrategia

  Fuera del agua, la apariencia del pingüino cambia completamente.

  Su postura erguida y las patas relativamente cortas producen un caminar característico.

  Sin embargo, las patas están posicionadas de manera que contribuyen a la eficiencia durante la natación.

  Aquello que parece torpe sobre tierra adquiere sentido cuando observamos al animal en su ambiente principal de alimentación.

  El mismo cuerpo necesita funcionar en dos medios diferentes.

Deslizarse sobre el vientre

  Algunas especies pueden desplazarse sobre hielo y nieve mediante un comportamiento conocido como tobogganing.

  El pingüino se coloca sobre el vientre y utiliza las patas y aletas para impulsarse.

  Este método puede resultar más eficiente que caminar durante ciertos trayectos.

  La superficie que en tierra parece una dificultad puede utilizarse de otra manera.

La reproducción bajo condiciones extremas

  El pingüino emperador proporciona uno de los ejemplos más impresionantes de cuidado parental entre las aves.

  La hembra pone un solo huevo y lo transfiere cuidadosamente al macho.

  El macho coloca el huevo sobre sus patas y lo cubre con un pliegue de piel conocido como bolsa incubadora.

  Allí permanece protegido del hielo.

  El huevo nunca debe permanecer demasiado tiempo expuesto directamente al suelo congelado.

Un padre que ayuna mientras protege el huevo

  Durante la incubación, el macho del pingüino emperador puede pasar semanas sin alimentarse.

  Mientras la hembra regresa al océano para obtener alimento, él permanece en la colonia sosteniendo el huevo.

  Su organismo depende de reservas acumuladas previamente.

  El metabolismo, la grasa corporal y el comportamiento social participan en la supervivencia.

  La protección de la nueva vida exige un costo enorme.

Juntos para conservar calor

  Los machos emperadores forman grupos compactos durante las condiciones más severas.

  Se aproximan unos a otros y reducen la superficie corporal expuesta directamente al viento.

  Los individuos cambian gradualmente de posición.

  Los que se encuentran en la periferia pueden desplazarse hacia regiones interiores y otros ocupan su lugar.

  La cooperación del grupo ayuda a reducir la pérdida térmica.

Un animal aislado perdería mucho más calor

  La física detrás de este comportamiento es sencilla.

  Cuanta más superficie corporal queda expuesta al aire frío, mayor puede ser la pérdida de calor.

  Al agruparse, parte de esa superficie queda protegida por otros individuos.

  El microambiente dentro del grupo puede ser considerablemente más favorable que el exterior.

  La supervivencia depende no solamente de la fisiología individual, sino también del comportamiento colectivo.

Reconocer a la pareja y a la cría en medio de miles

  Las colonias de pingüinos pueden contener enormes cantidades de individuos.

  Visualmente muchos parecen muy semejantes.

  Sin embargo, los adultos utilizan vocalizaciones características para reconocer a parejas y crías.

  El sistema auditivo necesita distinguir señales específicas dentro de un ambiente extremadamente ruidoso.

  Una llamada particular se convierte en una identidad.

Una conversación en medio de una multitud

  Cada individuo produce patrones acústicos particulares.

  La pareja puede reconocerlos.

  Las crías también aprenden señales relacionadas con sus padres.

  Esto permite reunir nuevamente a individuos después de períodos de separación.

  En una colonia donde sería casi imposible identificar a cada animal únicamente por apariencia, el sonido proporciona otra forma de reconocimiento.

Un polluelo depende completamente de protección

  Cuando nace, el polluelo todavía no posee las plumas impermeables del adulto.

  Necesita protección contra el frío.

  Los padres proporcionan calor y alimento durante las primeras etapas.

  Conforme crece, comienza a desarrollar el plumaje necesario para enfrentar condiciones más exigentes.

  La transición hacia la independencia ocurre progresivamente.

Una colonia entera dedicada a la siguiente generación

  En diferentes especies, la reproducción puede ocurrir en grandes colonias.

  Miles de parejas ocupan playas, costas rocosas o superficies de hielo.

  Cada una necesita proteger huevos o polluelos mientras comparte el espacio con numerosos vecinos.

  La comunicación, reconocimiento y defensa del pequeño territorio alrededor del nido forman parte de la vida diaria.

  Una colonia aparentemente caótica contiene numerosas relaciones individuales.

No todos los pingüinos viven en hielo

  La imagen popular del pingüino está asociada con la Antártida.

  Sin embargo, existen especies en Sudamérica, África, Australia, Nueva Zelanda y las islas Galápagos.

  Algunas viven en climas relativamente templados.

  Esto demuestra que no debemos reducir a todos los pingüinos al mismo ambiente.

  Comparten una forma general de vida relacionada con el océano, pero enfrentan condiciones ecológicas diferentes.

Una pluma pequeña formando una gran protección

  Cada pluma individual parece poca cosa.

  Sin embargo, miles de ellas distribuidas sobre el cuerpo crean una barrera extraordinaria.

  El principio recuerda otras maravillas encontradas en la creación.

  Una estructura pequeña puede producir poco por sí sola.

  Muchas organizadas correctamente producen un resultado completamente diferente.

  La protección térmica del pingüino depende precisamente de esa organización.

La verdadera maravilla está en la integración

  Un pingüino no podría sobrevivir en aguas frías solamente porque posee grasa.

  Necesita también plumas.

  Las plumas sin circulación adecuada serían insuficientes.

  La circulación sin metabolismo no produciría calor.

  La capacidad de bucear requiere almacenamiento de oxígeno.

  Encontrar alimento exige visión y maniobrabilidad.

  Reproducirse en ambientes extremos requiere comportamiento parental.

  La vida del pingüino depende de múltiples sistemas funcionando conjuntamente.

Una criatura que nos invita a contemplar

  El libro de Job declara:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán.”
(Job 12:7)

  Los pingüinos demuestran cuánto puede aprenderse observando cuidadosamente.

  La ciencia puede estudiar cómo sus alas generan fuerzas bajo el agua, cómo la sangre conserva calor, cómo la mioglobina almacena oxígeno y cómo las glándulas eliminan sal.

  También puede analizar sus vocalizaciones, su comportamiento social y el cuidado de las crías.

  Cada mecanismo revela una nueva dimensión de la misma criatura.

Aves que vuelan debajo del océano

  El salmista escribió:

“Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren.”
(Salmo 111:2)

  La Biblia no pretende explicar la hidrodinámica de las aletas de un pingüino ni describir su fisiología de buceo. Estas preguntas corresponden a la zoología, la física y la fisiología.

  Las Escrituras nos invitan, sin embargo, a contemplar las criaturas y reconocer la sabiduría presente en ellas:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)

  El pingüino constituye una magnífica oportunidad para hacerlo. Un ave incapaz de volar por el cielo entra en el océano y transforma sus alas en poderosas superficies de propulsión. Sus plumas y grasa conservan calor, la circulación limita las pérdidas, sus músculos almacenan oxígeno y su corazón modifica el ritmo durante largas inmersiones.

  Después regresa a tierra, reconoce a su pareja mediante sonidos y, en algunas especies, enfrenta temperaturas extremas para proteger un solo huevo o alimentar a una cría.

  Desde la perspectiva bíblica, conocer estos mecanismos aumenta nuestra admiración. Los pingüinos nos recuerdan que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso cuando una criatura realiza algo completamente diferente de lo que esperamos. No vuelan entre las nubes, pero bajo las aguas frías del océano sus alas, músculos, plumas y sentidos trabajan juntos para convertirlos en extraordinarios “voladores” del mundo submarino.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Investigación científica especializada

Organizaciones y recursos científicos

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Por el Dr. Elio M Rivera

  En árboles, acantilados, pastizales, pantanos e incluso sobre superficies flotantes, las aves construyen algunas de las estructuras más sorprendentes de la naturaleza. Algunas utilizan apenas unas cuantas ramas. Otras entrelazan fibras con notable precisión, cosen hojas, excavan túneles, levantan plataformas enormes o construyen cámaras capaces de regular temperatura y proteger huevos y polluelos.

  A simple vista, un nido puede parecer solamente un lugar donde depositar huevos. Sin embargo, cuando se estudia con atención, descubrimos que cumple funciones mucho más complejas. Debe proporcionar estabilidad, aislamiento, ventilación, protección frente a depredadores y, en muchos casos, resistencia al viento y a la lluvia.

  Cada especie enfrenta problemas distintos y utiliza materiales diferentes. El resultado es una extraordinaria diversidad de soluciones para una misma necesidad: proteger una nueva generación durante una de las etapas más vulnerables de la vida.

Cuando construir significa proteger

  El salmista escribió:

“Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos.”
(Salmo 84:3)

  Estas palabras describen algo que podemos observar continuamente en la naturaleza. Antes de que aparezcan los polluelos, muchas aves ya han comenzado una tarea fundamental: preparar un lugar donde la vida pueda desarrollarse con mayor seguridad.

  El nido debe sostener huevos frágiles y mantenerlos dentro de condiciones compatibles con el desarrollo embrionario. En muchas especies también servirá posteriormente como hogar temporal para polluelos incapaces de volar o alimentarse por sí mismos.

  Construirlo requiere seleccionar un lugar, conseguir materiales y organizarlos de manera adecuada.

Cada material cumple una función

  Las aves utilizan una sorprendente variedad de materiales. Ramas proporcionan resistencia estructural. Hierbas y fibras vegetales permiten entrelazar paredes. Musgo puede ayudar a retener humedad o proporcionar aislamiento. Plumas forman superficies suaves y térmicamente protectoras. Barro puede actuar como material de construcción y permitir moldear formas rígidas.

  Algunas especies incorporan pelos de mamíferos, hojas, corteza, telarañas y fibras muy finas.

  Lo interesante no es solamente la diversidad.

  Es cómo se utiliza cada elemento.

  Una fibra flexible puede servir para unir dos ramas. Un material suave se coloca cerca de los huevos. Las estructuras más rígidas suelen ocupar zonas que necesitan soportar peso.

El tejedor — un nido suspendido entre ramas

  Entre las aves más conocidas por su habilidad constructora se encuentran los pájaros tejedores.

  Muchas especies utilizan largas tiras de hierba que entrelazan alrededor de ramas para formar estructuras colgantes. El ave trabaja principalmente con el pico, pasando repetidamente las fibras unas entre otras hasta producir paredes resistentes.

  El resultado puede parecer una cesta suspendida.

  Algunas especies construyen entradas orientadas hacia abajo o pequeños túneles que dificultan el acceso de determinados depredadores.

  Una estructura hecha de hierba puede adquirir suficiente resistencia para sostener huevos, polluelos y adultos.

Un pico utilizado como herramienta de tejido

  El pico no funciona como una mano humana.

  No posee dedos capaces de sujetar múltiples fibras de manera independiente.

  Sin embargo, mediante movimientos repetidos el ave puede doblar, introducir, tirar y ajustar materiales.

  El sistema nervioso coordina la cabeza, el cuello y el pico con una precisión extraordinaria.

  La construcción aparece hilo por hilo.

  Una acción pequeña repetida cientos o miles de veces termina formando una estructura completa.

El ave sastre — coser hojas sin aguja

  Existen aves conocidas popularmente como aves sastres porque utilizan hojas vivas como parte de las paredes del nido.

  El ave perfora cuidadosamente los bordes y pasa fibras vegetales, telarañas u otros materiales a través de ellos.

  De esta manera aproxima dos lados de una hoja o varias hojas hasta crear una especie de bolsa.

  Dentro coloca posteriormente materiales más suaves.

  El resultado parece casi cosido.

  No utiliza hilo fabricado ni una aguja metálica.

  Utiliza fibras naturales y su propio pico.

Una hoja convertida en pared protectora

  Utilizar hojas que todavía forman parte de la planta ofrece ventajas.

  La estructura puede confundirse visualmente con la vegetación y reducir la posibilidad de ser descubierta.

  La hoja también proporciona una pared ya existente.

  El ave no necesita fabricar completamente la superficie.

  Modifica algo que encuentra en el ambiente y lo convierte en parte del nido.

  Construir puede significar tanto fabricar como aprovechar inteligentemente aquello que ya existe.

La golondrina — construir con barro

  Las golondrinas muestran otra estrategia.

  Algunas especies recogen pequeñas cantidades de barro y las transportan hasta el lugar elegido para construir el nido.

  Cada pequeña porción se coloca junto a las anteriores.

  Con el tiempo, el barro se seca y forma una pared relativamente sólida.

  Hierbas y otras fibras pueden incorporarse al material y ayudar a reforzarlo.

  El principio recuerda algunos métodos de construcción utilizados también por los seres humanos.

Una pequeña cantidad cada vez

  Una golondrina no puede transportar varios kilogramos de barro.

  Lleva una cantidad diminuta.

  Regresa.

  Añade otra.

  Repite el proceso numerosas veces.

  Este tipo de construcción demuestra cómo una tarea aparentemente imposible para un animal pequeño puede realizarse mediante paciencia y repetición.

  El nido terminado es el resultado de cientos de viajes.

El hornero — una casa de barro

  En Sudamérica existe un ave conocida como hornero, famosa por construir un nido que recuerda a un pequeño horno de barro.

  Utiliza lodo y fibras vegetales para formar una estructura rígida con una abertura lateral.

  El interior incluye una división que crea una cámara más protegida donde se encuentran los huevos.

  La pared curva y relativamente gruesa proporciona estabilidad y protección.

  Una criatura pequeña puede así construir una estructura que permanece visible durante mucho tiempo incluso después de la temporada reproductiva.

Una entrada que no conduce directamente a los huevos

  La distribución interna es importante.

  La abertura no necesariamente deja expuestos directamente los huevos.

  Una pared parcial o curva obliga a entrar siguiendo un recorrido.

  Esto puede proporcionar protección adicional frente a viento, lluvia y ciertos depredadores.

  La arquitectura no depende solamente del exterior.

  La organización interna también importa.

El martín pescador — un túnel excavado en tierra

  No todas las aves construyen sobre ramas.

  Algunos martines pescadores excavan túneles en paredes de tierra próximas a ríos y cuerpos de agua.

  El ave utiliza pico y patas para remover material hasta formar un corredor que puede extenderse considerablemente.

  Al final existe una cámara donde deposita los huevos.

  Desde fuera solamente vemos una pequeña abertura.

  El verdadero nido está oculto dentro del suelo.

La tierra se convierte en aislamiento

  Una cámara subterránea presenta condiciones diferentes del exterior.

  La temperatura puede ser más estable, la luz prácticamente desaparece y los huevos quedan protegidos de lluvia directa.

  El largo túnel también puede dificultar la entrada de algunos depredadores.

  La construcción utiliza las propiedades físicas del terreno como parte de la protección.

  El ave no necesita fabricar paredes.

  El suelo ya las proporciona.

El megapodio — utilizar calor sin sentarse sobre los huevos

  Entre los sistemas más extraordinarios se encuentran los nidos de algunas aves conocidas como megapodios.

  En lugar de depender exclusivamente del calor corporal para incubar, algunas especies construyen grandes montículos de vegetación, tierra y otros materiales.

  La descomposición de materia orgánica produce calor.

  Ese calor puede participar en la incubación de los huevos enterrados dentro del montículo.

  La temperatura debe mantenerse dentro de límites adecuados.

Un termómetro sin instrumentos

  Los machos de algunas especies revisan repetidamente el montículo y modifican su estructura.

  Pueden retirar material cuando la temperatura aumenta demasiado o añadirlo cuando disminuye.

  El pico y otras regiones sensibles ayudan a evaluar las condiciones.

  El nido funciona casi como una incubadora natural.

  No basta con construirlo una vez.

  Necesita mantenimiento.

El flamenco — elevar el huevo sobre el agua y el barro

  Los flamencos construyen montículos de barro en zonas húmedas.

  La parte superior contiene una depresión donde se coloca normalmente un solo huevo.

  Elevarlo ayuda a mantenerlo por encima de pequeñas acumulaciones de agua y del lodo circundante.

  El mismo material del ambiente se transforma en pedestal.

  La forma responde directamente a las condiciones del lugar.

Las aves marinas — construir al borde del vacío

  Algunas aves utilizan acantilados como sitios reproductivos.

  Para nosotros pueden parecer lugares peligrosísimos.

  Sin embargo, una repisa estrecha puede estar fuera del alcance de numerosos depredadores terrestres.

  En ciertas especies, el nido es muy sencillo o prácticamente inexistente.

  La elección precisa del lugar reemplaza parte de la construcción.

  A veces el sitio es el nido.

Huevos preparados para no rodar fácilmente

  En algunas aves que nidifican sobre repisas estrechas, los huevos poseen formas particularmente puntiagudas o piriformes.

  Cuando se mueven, tienden a describir trayectorias más circulares en lugar de rodar directamente en línea recta.

  Esto puede reducir la probabilidad de que caigan desde el borde.

  La seguridad no depende únicamente de la construcción.

  Incluso la geometría del huevo puede participar.

El colibrí — una pequeña copa flexible

  Los colibríes construyen nidos diminutos, frecuentemente utilizando fibras vegetales, partes suaves de plantas y telarañas.

  La seda de araña proporciona una característica especialmente interesante: elasticidad.

  Conforme los polluelos crecen, el nido puede expandirse en cierta medida.

  Esto permite que una estructura inicialmente pequeña continúe alojando a crías cuyo tamaño aumenta rápidamente.

Una tela natural utilizada como material de ingeniería

  Las telarañas son ligeras, resistentes y flexibles.

  Además pueden utilizarse para unir el nido a una rama.

  El colibrí no necesita producir este material.

  Lo encuentra y lo incorpora.

  Una estructura fabricada por una araña termina convirtiéndose en material de construcción para un ave.

  Las relaciones dentro de un ecosistema pueden aparecer incluso en algo tan pequeño como un hilo.

El águila — un nido que crece año tras año

  En el extremo opuesto encontramos grandes aves rapaces.

  Algunas águilas utilizan enormes plataformas de ramas que pueden ser reparadas y ampliadas durante varias temporadas.

  Con el tiempo, estas estructuras pueden alcanzar dimensiones impresionantes.

  Una base fuerte necesita soportar adultos grandes, huevos y posteriormente polluelos.

  La escala del nido guarda relación con las necesidades del animal.

Los nidos, una casa para la nueva pareja

Construir en pareja

  En numerosas especies, macho y hembra participan en diferentes grados en la construcción.

  Uno puede transportar materiales mientras otro los organiza.

  En otras especies, uno de los sexos realiza la mayor parte del trabajo.

  El comportamiento varía enormemente.

  Pero el resultado depende de una secuencia de acciones coordinadas antes de que comience la incubación.

Elegir dónde construir puede ser tan importante como construir

  Una estructura magnífica colocada en el lugar equivocado puede fracasar.

  Las aves necesitan considerar factores como disponibilidad de soporte, exposición al clima, presencia de depredadores y cercanía de alimento.

  Un nido puede ocultarse entre hojas, situarse sobre agua, colocarse en un acantilado o encontrarse bajo tierra.

  La selección del sitio forma parte de la estrategia.

La orientación también puede importar

  En determinados ambientes, la dirección de la entrada puede modificar cuánto viento, lluvia o radiación solar llega al interior.

  Las características exactas dependen de la especie y del lugar.

  La arquitectura interactúa continuamente con el ambiente.

  Un nido no existe aislado.

  Funciona dentro de temperatura, humedad, viento y vegetación específicos.

El problema de mantener una temperatura apropiada

  Dentro de un huevo ocurre un complejo proceso de desarrollo.

  El embrión necesita mantenerse dentro de un rango térmico apropiado.

  Por eso el aislamiento del nido es importante.

  Plumas, hierbas y materiales suaves pueden reducir la pérdida de calor.

  La forma también puede limitar la exposición al viento.

  En otras especies, sombra y ventilación ayudan a evitar temperaturas excesivas.

Un nido también debe respirar

  Aislar demasiado podría producir nuevos problemas.

  La humedad necesita mantenerse dentro de límites adecuados y el intercambio de aire continúa siendo importante.

  Por eso un buen nido no es simplemente una caja cerrada.

  Los materiales permiten cierto movimiento de aire.

  La misma estructura debe proteger y ventilar.

Esconder la nueva vida

  Los huevos y polluelos representan alimento para numerosos depredadores.

  El camuflaje del nido puede ser fundamental.

  Algunas aves utilizan musgo, líquenes y materiales semejantes a la superficie donde construyen.

  Otras esconden la entrada.

  Algunas construyen túneles.

  Otras utilizan lugares casi inaccesibles.

  Una parte importante de la arquitectura consiste simplemente en conseguir que el nido no sea encontrado.

Incluso el comportamiento de los padres puede proteger la estructura

  Los adultos pueden evitar volar directamente hacia el nido cuando sienten que un depredador los observa.

  Algunas especies producen llamadas de alarma.

  Otras realizan conductas destinadas a atraer al atacante lejos de huevos y crías.

  Construcción y comportamiento trabajan conjuntamente.

  El mejor nido todavía necesita padres capaces de protegerlo.

Una construcción sin planos dibujados

  Lo extraordinario es que las aves no necesitan planos arquitectónicos sobre papel.

  No estudian resistencia de materiales en una universidad.

  No calculan matemáticamente tensiones o coeficientes térmicos.

  Sin embargo, realizan comportamientos complejos que producen estructuras funcionales.

  El sistema nervioso coordina una secuencia de acciones que incluye encontrar, reconocer, transportar y colocar materiales.

  El comportamiento constructor forma parte de la biología de cada especie.

Aprendizaje y experiencia también pueden participar

  Esto no significa que toda construcción sea idéntica desde el primer intento.

  En algunas aves, la experiencia puede mejorar determinadas habilidades y la disponibilidad de materiales modifica el resultado.

  Instinto y aprendizaje pueden participar conjuntamente.

  El ave posee predisposiciones conductuales, pero también responde a las condiciones reales que encuentra.

  La construcción es flexible dentro de ciertos límites.

Un huevo frágil rodeado de enormes cuidados

  Todo este esfuerzo tiene un propósito inmediato.

  Proteger algo extremadamente vulnerable.

  El huevo contiene un organismo en formación. Necesita oxígeno, temperatura adecuada y protección física.

  Después aparecerá un polluelo que, en muchas especies, será incapaz de volar y dependerá completamente de sus padres.

  El nido constituye el primer ambiente exterior de esa nueva vida.

Arquitectura para una generación que todavía no ha nacido

  Existe algo especialmente hermoso en esta conducta.

  Muchas aves comienzan a construir antes de que exista el huevo.

  Recogen materiales.

  Trabajan.

  Preparan.

  Todo para una vida que todavía no ha aparecido.

  El refugio existe antes que el polluelo.

Cuando la naturaleza también construye

  El libro de Job declara:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán.”
(Job 12:7)

  Pocas cosas ilustran mejor esa invitación que observar la construcción de un nido.

  Podemos estudiar fuerzas, materiales, aislamiento térmico, comportamiento y biomecánica.

  Una golondrina nos enseña sobre barro.

  Un tejedor sobre fibras.

  Un colibrí sobre elasticidad.

  Un megapodio sobre regulación de temperatura.

  Cada especie presenta una solución diferente.

Una casa para la nueva vida

  Jesús mismo utilizó los nidos como una imagen familiar cuando dijo:

“Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos.”
(Mateo 8:20)

  La Biblia no pretende explicar la ingeniería estructural de los nidos ni describir los mecanismos neurológicos del comportamiento constructor. Estas preguntas corresponden a la zoología, la etología, la física y la ciencia de materiales.

  Las Escrituras nos invitan, sin embargo, a contemplar la creación y reconocer sabiduría en ella:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)

  Los nidos extraordinarios ofrecen una magnífica oportunidad para hacerlo. Una pequeña ave puede tomar fibras vegetales y convertirlas en una cesta. Otra recoge barro hasta formar paredes. Una utiliza telarañas para construir una copa flexible, mientras otra excava un túnel dentro de la tierra. Algunas levantan montículos capaces de proporcionar calor y otras encuentran una pequeña repisa en un acantilado donde comenzar una familia.

  Los materiales cambian.

  Las formas cambian.

  Los lugares cambian.

  Pero existe algo que se repite: una nueva vida necesita protección.

  Desde la perspectiva bíblica, conocer la complejidad de estas construcciones aumenta nuestra admiración. Los nidos nos recuerdan que la sabiduría del Creador puede contemplarse no solamente en la anatomía de una criatura, sino también en aquello que sabe hacer: seleccionar materiales, aprovechar las propiedades del ambiente y construir un lugar donde huevos frágiles y pequeños polluelos puedan comenzar su vida protegidos.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Investigación científica especializada

Organizaciones y recursos científicos

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Antes de que salga completamente el Sol, cuando gran parte del paisaje todavía permanece en penumbra, puede comenzar uno de los espectáculos más extraordinarios de la naturaleza. Desde árboles, arbustos, campos y bosques surgen cientos de sonidos diferentes. Algunas aves producen melodías largas y complejas; otras repiten pequeñas secuencias; unas imitan sonidos de su ambiente y otras pueden ser reconocidas por unas cuantas notas características.

  Para nosotros, el canto de las aves puede parecer simplemente hermoso. Sin embargo, detrás de cada nota existe una sorprendente combinación de respiración, músculos, membranas vibratorias, sistema nervioso, audición y aprendizaje. Además, esos sonidos transportan información. Pueden servir para defender un territorio, atraer pareja, reconocer individuos, advertir sobre peligros o mantener contacto entre miembros de un grupo.

  El canto no es solamente ruido agradable. Es comunicación organizada mediante sonido. Y cuando comprendemos cómo un ave produce, controla, escucha y en algunas especies aprende esas vocalizaciones, aquello que disfrutamos cada mañana adquiere una dimensión todavía más extraordinaria.

Un mundo lleno de voces

  El salmista describió una escena que todavía podemos contemplar:

“A sus orillas habitan las aves de los cielos; cantan entre las ramas.”
(Salmo 104:12)

  Miles de especies de aves producen vocalizaciones, pero no todas lo hacen de la misma manera ni con la misma complejidad. Entre las aves cantoras, especialmente los paseriformes del grupo de los oscinos, encontramos algunos de los sistemas vocales más sofisticados.

  Para producir una canción, el animal necesita primero generar una corriente de aire. Ese aire procede de su sistema respiratorio y atraviesa una estructura especializada que no tenemos los seres humanos.

  Se llama siringe.

La siringe — el instrumento musical de las aves

  Los seres humanos producimos la voz principalmente mediante la laringe, situada en la parte superior de la tráquea. Las aves poseen también una laringe, pero su principal órgano productor de sonidos es la siringe, localizada mucho más abajo, cerca del lugar donde la tráquea se divide hacia los pulmones.

  Cuando el aire atraviesa esta región, tejidos especializados pueden vibrar y producir sonido. Pequeños músculos modifican la tensión y posición de esas estructuras, permitiendo controlar características como frecuencia y timbre.

  Una estructura diminuta puede generar desde llamadas sencillas hasta canciones extraordinariamente complejas.

Dos fuentes de sonido dentro del mismo órgano

  Una de las características más sorprendentes de la siringe de muchas aves es que posee dos lados capaces de participar en la producción sonora.

  El ave puede ejercer cierto control independiente sobre ellos.

  Esto permite posibilidades acústicas que nuestra propia voz no reproduce fácilmente. Algunas especies pueden utilizar ambos lados de manera coordinada para producir secuencias extremadamente rápidas e incluso generar componentes diferentes casi simultáneamente.

  El pequeño instrumento no solamente produce sonido.

  Puede controlar de manera extraordinaria cómo se produce.

Todo comienza con el aire

  Sin flujo de aire no existe canto.

  Las aves poseen un sistema respiratorio muy diferente al de los mamíferos. Sus pulmones están relacionados con una serie de sacos aéreos que participan en el movimiento del aire.

  Durante la vocalización, el sistema respiratorio debe proporcionar la presión y el flujo apropiados hacia la siringe.

  La producción de una canción exige entonces coordinación entre respiración y músculos vocales.

  Cada frase necesita aire.

  Cada pausa puede convertirse en una oportunidad para reorganizar la respiración.

Respirar entre notas extraordinariamente rápidas

  Algunas aves producen secuencias que parecen casi continuas.

  Sin embargo, estudios fisiológicos han mostrado que determinadas especies pueden insertar inspiraciones extremadamente breves entre fragmentos de canto.

  Estas respiraciones pueden durar apenas fracciones de segundo.

  El oído humano percibe una melodía continua, mientras el organismo está realizando una secuencia cuidadosamente coordinada de producción sonora y respiración.

  La música depende de una precisión temporal extraordinaria.

El pico también modifica el sonido

  La siringe produce la señal inicial, pero otras estructuras ayudan a darle forma.

  La tráquea, la boca y el pico participan en la modificación de las propiedades acústicas.

  El ave puede abrir y cerrar el pico mientras canta.

  Los movimientos ocurren en coordinación con los cambios de frecuencia.

  Así, aquello que escuchamos es el resultado de varias estructuras trabajando conjuntamente.

El cerebro dirige la canción

  Los músculos de la siringe no deciden por sí mismos qué melodía producir.

  En muchas aves cantoras existen circuitos especializados dentro del cerebro relacionados con la producción y el aprendizaje del canto.

  Diferentes regiones participan en la generación de secuencias, el control motor y la comparación entre aquello que el ave produce y aquello que escucha.

  El canto es, por tanto, un comportamiento neurológico complejo.

  Una melodía que parece surgir espontáneamente de una rama depende de una actividad cuidadosamente organizada dentro del cerebro.

Algunas aves necesitan aprender a cantar

  Uno de los descubrimientos más fascinantes es que, en numerosas especies, parte importante del canto se aprende.

  Un ave joven escucha vocalizaciones de adultos, frecuentemente durante una etapa determinada de su desarrollo.

  Esa información queda almacenada.

  Posteriormente comienza a producir sus propios sonidos.

  Al principio pueden ser poco organizados, pero mediante práctica van aproximándose al patrón característico que ha escuchado.

  Existe entonces una relación entre escuchar, recordar, practicar y corregir.

El joven escucha antes de dominar su canción

  El proceso recuerda, con importantes diferencias, algunos aspectos del aprendizaje del lenguaje humano.

  El ave joven primero recibe información auditiva.

  Después produce vocalizaciones inmaduras.

  Escucha su propia voz.

  Compara el resultado con el modelo almacenado.

  Gradualmente la canción adquiere una forma más definida.

  Esto significa que la audición no sirve solamente para escuchar a otras aves.

  También ayuda a controlar la propia voz.

Un ave necesita escucharse a sí misma

  Experimentos con determinadas especies han demostrado que alterar la capacidad auditiva durante etapas importantes puede afectar el desarrollo o mantenimiento normal del canto.

  El cerebro utiliza retroalimentación.

  Produce una señal.

  La escucha.

  La analiza.

  Y puede modificar futuras vocalizaciones.

  El oído participa así directamente en la precisión de la canción.

Cada especie puede tener su propio repertorio

  Para una persona poco acostumbrada, un bosque puede parecer lleno de sonidos difíciles de distinguir.

  Un ornitólogo experimentado puede reconocer muchas especies sin siquiera verlas.

  Esto ocurre porque sus vocalizaciones poseen patrones característicos.

  Número de notas, duración, frecuencia, ritmo y orden forman combinaciones diferentes.

  El sonido puede convertirse prácticamente en una firma acústica.

Incluso pueden existir dialectos

  En algunas especies, poblaciones de diferentes regiones presentan variaciones en sus cantos.

  Estas diferencias se conocen como dialectos vocales.

  Un grupo puede cantar una versión ligeramente diferente de la utilizada por individuos de otra región.

  El aprendizaje social contribuye a mantener algunas de estas variaciones.

  Así, dentro de una misma especie pueden existir tradiciones acústicas locales.

Una canción puede decir: este territorio está ocupado

  El canto cumple funciones importantes.

  Una de ellas es la defensa territorial.

  En lugar de enfrentarse físicamente continuamente con todos los competidores, un macho puede cantar desde lugares visibles y comunicar su presencia.

  Otro individuo escucha la señal y obtiene información antes de aproximarse.

  La comunicación puede disminuir la necesidad de algunos enfrentamientos directos.

  Una canción hermosa para nosotros puede representar para otra ave un mensaje muy concreto:

  “Este lugar está ocupado.”

También puede participar en la elección de pareja

  En muchas especies, el canto desempeña un papel durante el cortejo.

  Características como repertorio, precisión, intensidad o constancia pueden proporcionar información que influye en las interacciones entre machos y hembras.

  El canto forma parte de un conjunto más amplio de señales que puede incluir plumaje, movimientos y comportamiento territorial.

  La música que escuchamos en primavera puede estar relacionada directamente con la formación de nuevas parejas.

Una pequeña ave puede poseer cientos de canciones

  No todas las especies repiten una sola melodía.

  Algunas poseen repertorios sorprendentemente extensos.

  Un individuo puede aprender numerosas variantes y utilizarlas en diferentes secuencias.

  Esto exige memoria auditiva y control motor.

  Cada nueva canción aumenta la cantidad de patrones que el sistema nervioso necesita almacenar y reproducir.

El ruiseñor — una extraordinaria variedad de sonidos

  El ruiseñor es famoso por la riqueza de su canto.

  Puede producir numerosas frases diferentes, alternando silbidos, trinos y secuencias rápidas.

  Su reputación ha atravesado siglos de literatura y música.

  Sin embargo, detrás de la belleza existe fisiología.

  Cada frase requiere respiración, activación muscular, control de la siringe y coordinación cerebral.

  La poesía comienza dentro de células nerviosas y músculos.

El ave lira — el extraordinario imitador

  Pocas aves muestran de manera tan espectacular la capacidad de aprendizaje vocal como las aves lira de Australia.

  Pueden incorporar a sus exhibiciones sonidos de otras especies presentes en su ambiente.

  También se han documentado individuos capaces de reproducir determinados sonidos producidos por actividades humanas.

  Para imitar, el ave necesita escuchar una señal, conservar información sobre sus características y posteriormente controlar su aparato vocal para producir algo semejante.

  No posee una grabadora.

  Su sistema nervioso y su siringe realizan la imitación.

Los loros también aprenden sonidos

  Los loros son conocidos por su capacidad para aprender vocalizaciones.

  Algunos pueden reproducir palabras humanas con sorprendente claridad.

  Esto no significa automáticamente que comprendan todo aquello que repiten, aunque determinadas especies han demostrado capacidades cognitivas notables para asociar algunos sonidos con objetos o situaciones.

  Lo importante es reconocer la flexibilidad del sistema vocal.

  Un aparato diseñado para producir sonidos de ave puede reproducir elementos del habla humana.

Cantar en un bosque presenta problemas acústicos

  El ambiente modifica el sonido.

  Troncos, hojas y ramas reflejan y absorben determinadas frecuencias.

  Un sonido apropiado para un espacio abierto puede propagarse de manera diferente dentro de vegetación densa.

  Las características de las vocalizaciones de diferentes especies guardan relación con los ambientes donde necesitan comunicarse.

  No basta con producir sonido.

  El sonido necesita llegar.

Cantar temprano tiene ventajas

  Muchas especies son especialmente vocales durante las primeras horas de la mañana, produciendo lo que conocemos como coro del amanecer.

  Varias razones pueden contribuir a este fenómeno.

  Las condiciones atmosféricas pueden favorecer la transmisión del sonido, mientras actividades como la búsqueda intensiva de alimento todavía no han comenzado completamente.

  Además, la actividad vocal puede ser importante para reafirmar territorios y mantener interacciones reproductivas.

  El amanecer se convierte en una hora llena de mensajes.

Una ciudad también cambia las canciones

  El ruido producido por tráfico, maquinaria y actividad humana puede interferir con determinadas frecuencias utilizadas por las aves.

  Se ha observado que algunas especies modifican características de sus vocalizaciones en ambientes urbanos.

  Pueden cambiar frecuencia, intensidad u horarios de canto.

  Esto demuestra que el sistema de comunicación no siempre es rígido.

  Algunas aves pueden ajustar su comportamiento cuando el ambiente acústico cambia.

No todas las vocalizaciones son canciones

  Las aves también producen llamadas.

  Estas suelen ser más breves y pueden tener funciones diferentes.

  Existen llamadas de alarma, contacto, alimentación, vuelo o reconocimiento.

  Un mismo individuo puede disponer de varios tipos de señales.

  La comunicación acústica forma un repertorio mucho más amplio que aquello que nosotros denominamos canto.

Una llamada puede advertir de un peligro

  Cuando aparece un depredador, determinadas aves producen señales de alarma.

  Otros individuos pueden responder escondiéndose, permaneciendo inmóviles o buscando la amenaza.

  En algunos ecosistemas, incluso animales de otras especies pueden aprender a reconocer ciertas llamadas.

  Una pequeña señal sonora puede modificar simultáneamente el comportamiento de numerosas criaturas.

Los padres y sus crías pueden reconocerse por la voz

  En colonias con cientos o miles de aves, encontrar a un individuo específico puede resultar difícil.

  En varias especies, padres y crías utilizan características particulares de sus vocalizaciones para reconocerse.

  Esto ocurre de manera notable en algunas aves marinas y pingüinos.

  Dentro de un ambiente lleno de sonidos, el cerebro puede identificar una señal importante entre muchas otras.

  El oído necesita separar información del ruido.

El sonido también puede atravesar grandes distancias

  Algunas aves producen llamadas que pueden escucharse desde muy lejos.

  La frecuencia, intensidad y estructura de la señal influyen en su propagación.

  El ambiente también determina cuánto puede viajar.

  Un animal relativamente pequeño puede comunicar su presencia sin necesidad de ver directamente al receptor.

  El aire se convierte en medio de comunicación.

Una extraordinaria precisión muscular

  Las canciones rápidas exigen movimientos extraordinariamente precisos.

  Pequeños músculos de la siringe necesitan activarse y relajarse siguiendo patrones temporales muy breves.

  Al mismo tiempo cambia la respiración.

  El pico modifica su posición.

  El cerebro mantiene la secuencia.

  El oído recibe el resultado.

  Aquello que nosotros escuchamos como una simple nota puede requerir la coordinación de numerosos componentes.

La verdadera maravilla está en la integración

  Una siringe aislada no produce una canción.

  Necesita aire procedente del sistema respiratorio.

  Los músculos necesitan órdenes nerviosas.

  El cerebro necesita coordinar la secuencia.

  En muchas especies, el oído necesita haber escuchado previamente un modelo.

  La memoria participa en el aprendizaje.

  El comportamiento determina cuándo cantar.

  Y finalmente el ambiente transporta la señal hacia otra ave.

  El canto existe porque muchos sistemas trabajan juntos.

Una melodía que también contiene información

  Esta es quizá una de las características más hermosas del canto de las aves.

  Para nosotros puede ser música.

  Para otra ave es información.

  Puede identificar una especie.

  Puede revelar la presencia de un individuo.

  Puede defender un territorio.

  Puede participar en el cortejo.

  Puede advertir sobre una amenaza.

  La belleza y la función pueden existir simultáneamente.

Cuando la creación despierta cantando

  Jesús llamó la atención de sus discípulos hacia las aves:

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta.”
(Mateo 6:26)

  La invitación comienza con algo sencillo:

  Mirad.

  Observar.

  Prestar atención.

  Estudiar aquello que normalmente pasa frente a nosotros sin que nos detengamos a contemplarlo.

  La ciencia nos permite hacer precisamente eso con el canto de las aves.

Una canción mucho más compleja de lo que parece

  La Biblia no pretende explicar la anatomía de la siringe, los circuitos neuronales relacionados con el aprendizaje vocal o las propiedades físicas de las ondas sonoras. Estas preguntas corresponden a la zoología, la neurobiología, la fisiología y la bioacústica.

  Las Escrituras nos invitan, sin embargo, a contemplar la creación y reconocer la sabiduría manifestada en ella:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)

  El canto de las aves constituye una magnífica oportunidad para hacerlo. Una pequeña criatura toma aire, controla músculos diminutos dentro de la siringe y produce secuencias que su cerebro puede organizar con enorme precisión. Otra ave recibe esas ondas sonoras, las reconoce y modifica su comportamiento.

  En algunas especies, una cría escucha a los adultos, memoriza sus sonidos, comienza a practicar y gradualmente desarrolla su propia canción. En otras aparecen repertorios enormes, imitaciones sorprendentes o variaciones regionales transmitidas mediante aprendizaje.

  Y cada mañana, gran parte de esta extraordinaria maquinaria biológica entra en funcionamiento antes de que muchas personas siquiera hayan despertado.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender cómo ocurre no disminuye su belleza; la aumenta. El canto de las aves nos recuerda que la sabiduría del Creador no solamente puede contemplarse en formas y colores. También puede escucharse. En cada bosque que despierta, en cada árbol desde donde una pequeña ave canta y en cada melodía que atraviesa el aire, la creación continúa ofreciéndonos una extraordinaria invitación a detenernos, escuchar y maravillarnos.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Investigación científica especializada

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Una libélula parece delicada. Su cuerpo es ligero, sus alas son transparentes y sus movimientos pueden parecer casi imposibles de seguir. Sin embargo, detrás de esa apariencia frágil existe una extraordinaria máquina de vuelo. Las libélulas pueden acelerar rápidamente, cambiar de dirección, permanecer suspendidas durante breves momentos y realizar maniobras precisas para interceptar otros insectos en el aire.

  Pero su capacidad de vuelo es solamente una parte de su historia. Poseen enormes ojos compuestos, un sistema visual especializado para detectar movimiento, patas adaptadas para capturar presas y una etapa juvenil acuática en la que también son depredadoras. Gran parte de su vida puede transcurrir debajo del agua antes de que aparezca el impresionante insecto alado que conocemos.

  La libélula reúne visión, vuelo, coordinación y precisión en un cuerpo sorprendentemente pequeño.

Cuatro alas que pueden trabajar con gran independencia

  Las libélulas poseen dos pares de alas, para un total de cuatro.

  A diferencia de muchos otros insectos, las alas delanteras y posteriores pueden funcionar con un notable grado de independencia. Esto permite modificar la manera en que cada par interactúa con el aire durante distintas maniobras.

  La coordinación entre las cuatro alas proporciona una extraordinaria capacidad para cambiar velocidad y dirección.

  No necesita la forma de vuelo de un ave para dominar el espacio aéreo.

La libélula, una extraordinaria máquina voladora

  Las alas están formadas por membranas muy delgadas sostenidas por una compleja red de venas.

  Estas venas proporcionan resistencia estructural sin hacer que el ala sea excesivamente pesada.

  Además, la superficie no es completamente plana. Su geometría y pequeñas ondulaciones influyen en la manera en que el aire circula alrededor del ala.

  Ligereza y resistencia aparecen combinadas en una misma estructura.

Puede cambiar de dirección en pleno vuelo

  Una libélula puede perseguir a otro insecto y modificar rápidamente su trayectoria.

  Para hacerlo necesita controlar continuamente la posición y movimiento de sus alas.

  Pequeños cambios pueden modificar las fuerzas aerodinámicas y producir giros, aceleraciones o desaceleraciones.

  Todo ocurre en fracciones de segundo.

No persigue simplemente a su presa

  Uno de los aspectos más fascinantes de su comportamiento depredador es que una libélula puede utilizar información visual sobre la trayectoria de una presa para dirigir su propio vuelo hacia un punto de encuentro.

  En lugar de limitarse a seguir exactamente el camino del insecto, su sistema nervioso puede realizar ajustes que favorecen la intercepción.

  Esto exige detectar movimiento, estimar cambios y modificar la trayectoria propia rápidamente.

  Un cerebro diminuto coordina una maniobra extraordinariamente compleja.

Dos ojos enormes dominan su cabeza

  Una de las primeras características que observamos en una libélula son sus ojos.

  Son enormes en relación con el tamaño de la cabeza.

  Cada ojo compuesto está formado por miles de unidades visuales llamadas omatidios.

  Cada una recibe información de una pequeña parte del campo visual.

  El sistema nervioso integra esas señales.

Un campo visual extraordinariamente amplio

  La posición y tamaño de los ojos permiten a muchas libélulas obtener información visual de gran parte de su entorno.

  Esto resulta indispensable para un animal que debe detectar presas pequeñas mientras él mismo se desplaza rápidamente.

  También necesita reconocer obstáculos, posibles parejas, competidores y depredadores.

  Para una libélula, el mundo es profundamente visual.

Sus ojos están especialmente preparados para detectar movimiento

  No debemos imaginar que una libélula observa exactamente como nosotros.

  Su sistema visual está especializado para las necesidades de su propia vida.

  Puede detectar movimientos rápidos y objetos pequeños contra fondos complejos.

  Esto es particularmente útil cuando intenta localizar otro insecto en pleno vuelo.

  Lo que para nosotros podría ser solamente un punto moviéndose en el aire puede convertirse para ella en una presa perfectamente detectable.

Sus patas forman una especie de cesta

  Las seis patas de la libélula no están diseñadas principalmente para caminar largas distancias.

  Durante la caza pueden extenderse hacia adelante y formar una especie de cesta alrededor de la presa.

  El insecto capturado puede ser sujetado mientras la libélula continúa volando.

  En algunas ocasiones incluso comienza a consumirlo sin aterrizar.

  Las mismas estructuras utilizadas para posarse pueden convertirse en instrumentos de captura.

Un depredador del aire

  Las libélulas se alimentan de otros insectos.

  Pueden capturar mosquitos, moscas y otros pequeños animales voladores.

  Para conseguirlo deben coordinar visión, vuelo y movimiento de las patas.

  Primero detectan.

  Después calculan la trayectoria.

  Finalmente interceptan y capturan.

  Todo el proceso puede ocurrir rápidamente.

Pero la libélula no comienza su vida volando

  Esta es una de las partes más sorprendentes de su historia.

  Los huevos de muchas especies están relacionados con ambientes acuáticos.

  De ellos emerge una forma juvenil llamada ninfa o náyade, que vive debajo del agua.

  No posee todavía las grandes alas funcionales del adulto.

  Y, sin embargo, ya es una depredadora.

La libelula, uUna cazadora escondida debajo del agua

  La ninfa puede permanecer entre vegetación, sedimentos y otros elementos del ambiente acuático esperando pequeñas presas.

  Dependiendo de su tamaño y especie, puede alimentarse de larvas de insectos, pequeños crustáceos, renacuajos y otros organismos acuáticos.

  El elegante cazador del cielo comenzó siendo un cazador bajo el agua.

Una mandíbula que puede proyectarse

  Las ninfas poseen una estructura bucal extraordinaria.

  Su labio inferior modificado, llamado labio o máscara, puede proyectarse rápidamente hacia adelante para capturar una presa.

  Cuando no está siendo utilizado permanece plegado debajo de la cabeza.

  Al aparecer una oportunidad, se extiende.

  La presa puede ser atrapada antes de tener tiempo suficiente para escapar.

También posee un sorprendente sistema de propulsión

  En las ninfas de libélula, el recto participa en el intercambio gaseoso mediante estructuras especializadas.

  El agua entra y sale de esta cámara.

  Pero existe una capacidad adicional extraordinaria: en una situación de escape, la ninfa puede expulsar agua rápidamente y producir propulsión a chorro.

  El mismo sistema relacionado con la respiración puede ayudarla a desplazarse rápidamente.

Respirar bajo el agua antes de respirar en el aire

  Durante su etapa acuática, la libélula obtiene oxígeno del agua.

  Cuando llega el momento de convertirse en adulto, abandona el medio acuático.

  Sube por una planta, tallo u otra superficie.

  Entonces comienza una de las transformaciones más impresionantes de su vida.

El día en que abandona el agua

  La ninfa sale del agua y se fija a una superficie.

  Su cubierta externa comienza a abrirse.

  Poco a poco emerge el adulto.

  Al principio las alas son blandas y están plegadas.

  Después se expanden y endurecen progresivamente.

  Finalmente, el animal que había vivido debajo del agua puede elevarse por el aire.

  El mismo individuo pasa de cazador acuático a cazador aéreo.

La vieja cubierta permanece atrás

  Después de la emergencia queda adherida a la planta una estructura vacía conocida como exuvia.

  Parece casi una pequeña libélula inmóvil, pero en realidad es la antigua cubierta de la ninfa.

  El adulto ya salió de ella.

  Encontrar una exuvia cerca de un estanque es evidencia de una transformación que ocurrió allí.

No pasa por una etapa de crisálida

  Las libélulas presentan metamorfosis incompleta.

  No forman una crisálida como las mariposas.

  Pasan de huevo a ninfa acuática y después al adulto alado.

  Durante la etapa de ninfa realizan varias mudas a medida que crecen.

  Finalmente ocurre la muda que libera al adulto.

Las alas necesitan secarse y endurecerse

  Una libélula recién emergida todavía no posee inmediatamente toda la capacidad de vuelo del adulto maduro.

  Sus alas deben expandirse y adquirir suficiente rigidez.

  Durante este período es especialmente vulnerable.

  Después, aquellas membranas delicadas serán capaces de soportar las fuerzas generadas durante maniobras rápidas.

Las venas de las alas forman una estructura sorprendente

  Si observamos una libélula de cerca, sus alas parecen vitrales transparentes.

  Una extensa red de venas divide la membrana en numerosas regiones.

  Esta organización proporciona soporte y ayuda a controlar deformaciones durante el vuelo.

  El ala necesita cierta flexibilidad.

  Pero no puede deformarse sin control.

Una pequeña marca en el ala tiene importancia

  Cerca del borde anterior de muchas alas de libélula existe una pequeña región más oscura llamada pterostigma.

  Su masa y posición influyen en las propiedades mecánicas del ala y pueden ayudar a reducir determinadas vibraciones durante el vuelo.

  Una estructura diminuta puede modificar el comportamiento de un ala completa.

El cuerpo de la libélula está dividido para cumplir diferentes funciones

  Como otros insectos, la libélula posee cabeza, tórax y abdomen.

  La cabeza está dominada por los grandes ojos y estructuras bucales.

  El tórax contiene poderosos músculos relacionados con las alas y las patas.

  El abdomen es largo y relativamente ligero.

  Cada región posee características relacionadas con su función.

Los músculos del vuelo trabajan a enorme velocidad

  Mover cuatro alas repetidamente exige músculos especializados.

  En las libélulas, los músculos controlan directamente los movimientos de las alas mediante una organización diferente a la de muchos insectos que utilizan mecanismos indirectos.

  Esto proporciona un elevado grado de control.

  La precisión del vuelo comienza dentro del tórax.

La reproducción también ocurre en el aire y cerca del agua

  El comportamiento reproductivo de las libélulas puede ser muy elaborado.

  El macho utiliza estructuras especializadas para sujetar a la hembra.

  En muchas especies puede observarse la conocida posición de rueda o corazón, formada durante el apareamiento.

  Posteriormente, la hembra deposita los huevos en agua, plantas acuáticas o lugares relacionados con ambientes húmedos, dependiendo de la especie.

  Así comienza nuevamente el ciclo.

Los machos pueden defender territorios

  En algunas especies, los machos patrullan zonas cercanas al agua.

  Pueden perseguir a otros machos que entran en el territorio.

  El vuelo extraordinario de la libélula no sirve solamente para alimentarse.

  También interviene en reproducción, competencia y defensa.

Son importantes dentro de los ecosistemas

  Las libélulas forman parte de las redes alimentarias tanto durante su etapa acuática como durante la adulta.

  Las ninfas consumen organismos acuáticos.

  Los adultos capturan insectos voladores.

  Al mismo tiempo, ellas pueden servir como alimento para peces, aves, anfibios y otros animales.

  Una libélula conecta dos mundos: el ecosistema acuático y el terrestre.

También pueden ayudarnos a conocer el estado de un ambiente

  Debido a que gran parte de su ciclo depende de ambientes acuáticos, la presencia y diversidad de ciertas especies puede aportar información sobre las condiciones de ríos, lagunas, humedales y estanques.

  No todas las especies poseen las mismas tolerancias.

  Estudiarlas puede ayudar a comprender mejor la salud de determinados ecosistemas.

Una criatura pequeña que exige muchos sistemas coordinados

  Para capturar un insecto en el aire, una libélula necesita mucho más que alas.

  Los ojos deben detectar la presa.

  El sistema nervioso debe procesar su movimiento.

  Los músculos deben controlar cuatro alas.

  El cuerpo debe conservar estabilidad.

  Las patas deben prepararse para capturar.

  Y todo debe ocurrir en el momento correcto.

  La extraordinaria capacidad no se encuentra en una sola estructura, sino en la coordinación de todas ellas.

La Biblia nos invita a observar las criaturas

  El libro de Job declara:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán.”
(Job 12:7)

  El pasaje invita a mirar la creación y aprender de ella.

  La libélula constituye un magnífico ejemplo.

  A simple vista podemos admirar sus colores y su vuelo. Cuando la estudiamos con mayor profundidad encontramos aerodinámica, óptica, neurobiología, hidráulica, metamorfosis y comportamiento.

Lo pequeño también puede mostrar una enorme complejidad

  El Salmo 104 describe la diversidad de los seres vivos y declara:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría.”
(Salmo 104:24)

  No necesitamos observar solamente animales gigantescos para encontrar estructuras extraordinarias.

  Una libélula que pesa apenas una fracción de lo que pesa nuestra mano posee sistemas capaces de realizar hazañas que todavía estudiamos cuidadosamente.

Entre dos mundos

  Quizá la característica más hermosa de la libélula sea contemplar su historia completa.

  Comienza en relación con el agua.

  Vive como ninfa.

  Respira bajo el agua.

  Caza mediante una estructura bucal proyectable.

  Puede impulsarse expulsando agua.

  Después sale a una planta.

  Abandona su antigua cubierta.

  Extiende cuatro alas.

  Y finalmente entra en un mundo completamente diferente.

  Ahora sus grandes ojos dominan el horizonte y su cuerpo se convierte en una extraordinaria máquina aérea.

Una pequeña maravilla del vuelo

  La Biblia no pretende explicar aerodinámica, ojos compuestos, músculos de vuelo o metamorfosis mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la entomología, fisiología, biomecánica y ecología.

  Sin embargo, cuanto más conocemos las libélulas, más extraordinarias resultan.

  Cuatro alas trabajan coordinadamente. Miles de unidades visuales detectan movimiento. Un pequeño sistema nervioso calcula trayectorias. Las patas capturan presas en pleno vuelo. La ninfa vive bajo el agua y posee mecanismos completamente diferentes para cazar y desplazarse.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estas estructuras aumenta nuestra admiración. La libélula nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso en una criatura pequeña que pasa de las profundidades de un estanque a dominar el aire mediante cuatro alas transparentes, una visión extraordinaria y una precisión de vuelo que continúa maravillando a quienes la estudian.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

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Por el Dr. Elio M Rivera

  A simple vista parece un insecto delicado e inofensivo. Su cuerpo redondeado, sus colores brillantes y sus pequeñas manchas la han convertido en uno de los insectos más reconocibles y apreciados. En México suele llamarse catarina, aunque también se conoce como mariquita. Pertenece a la familia Coccinellidae.

  Pero detrás de esa apariencia simpática existe una pequeña depredadora extraordinariamente eficaz.

  Muchas especies de catarinas se alimentan de pulgones, cochinillas, ácaros y otros organismos diminutos que pueden dañar las plantas. Por eso son consideradas aliadas importantes en jardines y cultivos.

  La verdadera sorpresa aparece cuando comprendemos que su color, su ciclo de vida, sus mandíbulas y su comportamiento defensivo forman parte de un sistema muy bien organizado. La catarina demuestra que una criatura pequeña y hermosa también puede cumplir una función importante dentro del equilibrio de la naturaleza.

La catarina, una depredadora escondida detrás de una apariencia hermosa

  Los pulgones son pequeños insectos que se alimentan de la savia de las plantas.

  Cuando sus poblaciones aumentan demasiado pueden debilitar hojas, tallos y brotes.

  Muchas catarinas los buscan activamente.

  Una vez que encuentran una colonia, comienzan a consumirlos uno tras otro.

  Por esta razón, agricultores y jardineros valoran mucho su presencia.

No todas las catarinas comen exactamente lo mismo

  La familia de las catarinas contiene miles de especies.

  Muchas son depredadoras, pero existen diferencias importantes entre ellas.

  Algunas se alimentan principalmente de pulgones.

  Otras consumen cochinillas, ácaros o pequeños insectos.

  También existen especies que pueden alimentarse de hongos o tejidos vegetales.

  Por eso no debemos imaginar que todas tienen exactamente la misma dieta.

Las catarinas, una búsqueda constante de alimento

  La catarina utiliza principalmente la vista, el tacto y señales químicas para desplazarse por las plantas y localizar posibles presas.

  Cuando encuentra una zona donde existen muchos pulgones, puede permanecer allí alimentándose.

  Esto también puede influir en el lugar donde una hembra deposita sus huevos.

  Colocar los huevos cerca de alimento puede proporcionar una ventaja enorme a las futuras larvas.

Los huevos se colocan cerca de la comida

  Muchas catarinas depositan grupos de pequeños huevos amarillentos o anaranjados sobre hojas o tallos.

  La ubicación es importante.

  Cuando las larvas emergen necesitan comenzar a alimentarse rápidamente.

  Si cerca existe una colonia de pulgones, encuentran alimento casi inmediatamente.

  La siguiente generación comienza su vida dentro de un ambiente donde ya existe aquello que necesita.

La larva no parece una catarina adulta

  Una de las mayores sorpresas aparece después de la eclosión.

  La larva no tiene el cuerpo redondo y brillante del adulto.

  Es alargada, oscura y, en muchas especies, posee manchas o pequeñas proyecciones.

  Alguien que no conozca su ciclo de vida podría pensar que se trata de otro insecto completamente distinto.

  Sin embargo, esa extraña criatura terminará convirtiéndose en la conocida catarina.

Las larvas también son grandes cazadoras

  La etapa larvaria es muy activa.

  Las larvas recorren las plantas buscando pequeñas presas.

  Pueden consumir numerosos pulgones durante su desarrollo.

  Por eso no solamente el adulto ayuda a controlar poblaciones de insectos.

  La etapa juvenil también desempeña una función depredadora importante.

Crecer exige cambiar de cubierta

  Como otros insectos, la catarina posee un exoesqueleto.

  Este proporciona protección, pero no puede crecer indefinidamente con el animal.

  Por eso la larva debe realizar varias mudas.

  Cada vez abandona una cubierta externa y continúa creciendo.

  La estructura que protege al insecto necesita ser reemplazada conforme aumenta su tamaño.

Después llega una transformación extraordinaria

  Cuando la larva alcanza el momento apropiado, se fija a una superficie y forma una pupa.

  Desde fuera puede parecer que el insecto simplemente está inmóvil.

  Sin embargo, dentro ocurre una profunda reorganización.

  Las estructuras larvarias cambian y comienza a formarse el adulto.

  La catarina presenta metamorfosis completa.

  Su ciclo incluye huevo, larva, pupa y adulto.

El adulto emerge con colores diferentes

  Cuando la nueva catarina sale de la pupa, sus cubiertas externas todavía son relativamente blandas.

  Los colores pueden parecer pálidos.

  Con el tiempo, el exoesqueleto se endurece y los pigmentos adquieren la apariencia característica.

  La conocida combinación de rojo, naranja, amarillo o negro no siempre aparece inmediatamente.

Las manchas no indican necesariamente la edad

  Existe una idea popular de que el número de manchas revela cuántos años tiene una catarina.

  No es correcto.

  El número y distribución de las manchas dependen principalmente de la especie y de sus características genéticas.

  Una catarina con siete puntos no tiene siete años.

  Las manchas forman parte de su identidad visual, no de un calendario.

Los colores brillantes pueden ser una advertencia

  Rojo, naranja, amarillo y negro son colores muy visibles.

  En muchos animales, patrones llamativos funcionan como señales de advertencia.

  Este fenómeno se conoce como aposematismo.

  Los colores pueden comunicar a un posible depredador que el insecto posee sabores desagradables o mecanismos defensivos.

  La belleza también puede funcionar como protección.

Una defensa química

  Cuando una catarina se siente amenazada puede liberar pequeñas gotas de un líquido amarillento desde las articulaciones de sus patas.

  Este comportamiento se conoce como sangrado reflejo.

  El líquido contiene sustancias de sabor desagradable y puede ayudar a disuadir a algunos depredadores.

  El insecto no solamente confía en escapar.

  También posee defensa química.

Incluso puede fingir estar muerta

  Ante ciertas amenazas, algunas catarinas pueden permanecer inmóviles y plegar sus patas contra el cuerpo.

  Este comportamiento puede reducir el interés de determinados depredadores.

  Coloración, sustancias defensivas e inmovilidad pueden trabajar juntos.

  Una criatura diminuta posee varias estrategias de protección.

Dos alas escondidas bajo una cubierta dura

  Cuando observamos una catarina posada, parece tener una especie de caparazón redondeado.

  En realidad, las estructuras externas de colores se llaman élitros.

  Son alas anteriores modificadas y endurecidas.

  Su función principal es proteger las delicadas alas posteriores que se encuentran plegadas debajo.

  Cuando el insecto quiere volar, los élitros se levantan.

Un sorprendente sistema de plegado

  Las alas posteriores son mucho mayores de lo que parecen cuando están guardadas.

  Deben plegarse cuidadosamente bajo los élitros.

  Al despegar, se expanden rápidamente.

  Al aterrizar, vuelven a plegarse mediante movimientos precisos.

  Una estructura relativamente grande puede almacenarse dentro de un espacio muy pequeño.

Una cubierta que protege sin impedir el vuelo

  Este sistema resuelve dos necesidades diferentes.

  Las alas deben ser ligeras y delgadas para permitir volar.

  Pero estructuras tan delicadas podrían dañarse fácilmente cuando la catarina camina entre hojas y tallos.

  Los élitros actúan como una cubierta protectora.

  Cuando llega el momento de volar, se separan y dejan libres las alas.

El vuelo también ayuda a encontrar nuevas plantas

  Si una colonia de pulgones desaparece, la catarina puede abandonar la planta.

  El vuelo le permite buscar nuevos lugares con alimento.

  También puede utilizarlo para encontrar pareja o buscar refugio.

  Un insecto pequeño puede desplazarse entre diferentes regiones del jardín con enorme facilidad.

La catarina, una aliada natural de las plantas

  La capacidad de las catarinas para alimentarse de insectos que afectan cultivos ha llevado a utilizarlas en estrategias de control biológico.

  La idea consiste en aprovechar relaciones naturales entre depredadores y presas para ayudar a reducir determinadas plagas.

  En lugar de depender exclusivamente de productos químicos, el ecosistema puede proporcionar parte de la solución.

Pero liberar catarinas no siempre es tan sencillo

  Para que el control biológico funcione correctamente es necesario conocer la especie, el ambiente y la plaga.

  Una catarina puede simplemente volar hacia otro lugar si no encuentra condiciones apropiadas.

  Además, introducir especies no nativas puede producir problemas ecológicos.

  Por eso el manejo biológico requiere conocimiento y planificación.

La catarina asiática muestra por qué importa la especie

  La catarina asiática multicolor (Harmonia axyridis) fue utilizada en diferentes regiones para ayudar a controlar plagas.

  Sin embargo, fuera de parte de su distribución original puede convertirse en una especie invasora y competir con catarinas nativas.

  Esto demuestra que incluso una criatura beneficiosa en determinado contexto puede alterar otro ecosistema si se introduce sin suficiente cuidado.

Un pequeño depredador puede influir en una planta completa

  Imaginemos una hoja cubierta por pulgones.

  Estos extraen savia y se reproducen rápidamente.

  Después llega una catarina.

  Comienza a alimentarse.

  Las larvas también consumen presas.

  Gradualmente la presión sobre la planta puede disminuir.

  Una criatura que pesa muy poco puede tener un efecto importante sobre un organismo muchísimo mayor.

La vida funciona mediante relaciones

  La catarina depende de plantas porque allí encuentra muchas de sus presas.

  Las plantas pueden beneficiarse de su presencia.

  Las aves y otros animales pueden, a su vez, alimentarse de catarinas.

  Los pulgones forman parte de la misma red.

  Ninguna criatura existe completamente aislada.

  Un jardín es una comunidad de relaciones.

Las catarinas también necesitan refugio

  Cuando las condiciones se vuelven desfavorables, algunas especies pueden reunirse en grupos y buscar lugares protegidos.

  Dependiendo del clima y de la especie, pueden pasar períodos de menor actividad escondidas entre hojas, cortezas, grietas o incluso estructuras humanas.

  Su pequeño tamaño les permite aprovechar refugios diminutos.

Un insecto reconocido en todo el mundo

  La forma redondeada y los colores llamativos han convertido a las catarinas en símbolos populares de buena suerte en distintas culturas.

  Aparecen en juguetes, ilustraciones, ropa infantil y decoración.

  Pocas personas sienten rechazo al ver una.

  Sin embargo, su verdadera historia biológica resulta mucho más fascinante que su apariencia decorativa.

Detrás de la belleza existe precisión

  La catarina debe localizar presas.

  Masticarlas mediante piezas bucales especializadas.

  Proteger sus alas.

  Volar hacia nuevos lugares.

  Defenderse mediante sustancias químicas.

  Depositar huevos cerca de alimento.

  Pasar por metamorfosis.

  Y comenzar nuevamente el ciclo.

  La belleza exterior es solamente una pequeña parte de su complejidad.

Una transformación completa dentro de una vida diminuta

  Huevo.

  Larva.

  Pupa.

  Adulto.

  Cuatro formas profundamente distintas pertenecen al mismo organismo.

  La larva parece poco relacionada con el adulto.

  La pupa parece inmóvil.

  Después emerge un insecto con alas completamente funcionales.

  El ciclo de vida de la catarina constituye por sí mismo una maravilla.

La Biblia nos invita a aprender de lo pequeño

  El libro de Proverbios declara:

“Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios.”
(Proverbios 30:24)

  El pasaje menciona después distintas criaturas pequeñas y llama la atención hacia aquello que podemos aprender al observarlas.

  La catarina no aparece específicamente en esa lista, pero representa muy bien el principio.

  El tamaño no determina la importancia de una criatura.

Job también dirige nuestra mirada hacia la naturaleza

  Job declara:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán… ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo?”
(Job 12:7, 9)

  Observar una catarina con atención puede transformar completamente nuestra percepción.

  Lo que primero parecía solamente un pequeño insecto bonito resulta ser una depredadora, una máquina de vuelo, un organismo con defensa química y una criatura capaz de pasar por una metamorfosis profunda.

Lo pequeño puede cumplir una gran función

  El Salmo declara:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría.”
(Salmo 104:24)

  Cuando pensamos en las maravillas de la creación solemos imaginar animales gigantes, montañas o estrellas.

  Pero la sabiduría también puede contemplarse sobre una hoja.

  Una catarina de pocos milímetros puede ayudar a controlar poblaciones de insectos que afectan una planta completa.

La hermosa cazadora del jardín

  La Biblia no pretende explicar metamorfosis, control biológico, aposematismo o estructura de las alas mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la entomología, ecología y fisiología.

  Sin embargo, estudiar la catarina nos permite descubrir una extraordinaria combinación de belleza y función.

  Sus colores pueden advertir a depredadores. Los élitros protegen alas delicadas. Las larvas son cazadoras activas. Las hembras pueden colocar huevos cerca de futuras fuentes de alimento. Su ciclo de vida transforma completamente la anatomía del animal antes de producir el adulto que conocemos.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estos mecanismos aumenta nuestra admiración. La catarina nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso en una pequeña criatura que parece simplemente hermosa, pero que desempeña una función importante entre las plantas: una diminuta cazadora vestida de colores brillantes que ayuda silenciosamente a mantener el equilibrio del jardín.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

Organizaciones científicas

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Por el Dr. Elio M Rivera

  A primera vista, el escarabajo bombardero parece simplemente otro pequeño insecto caminando entre hojas, piedras y tierra. No posee grandes garras, no tiene un aguijón como el de una abeja y su tamaño difícilmente parece intimidante. Sin embargo, cuando un depredador intenta capturarlo, puede activar uno de los mecanismos defensivos más sorprendentes conocidos entre los insectos.

  En la parte posterior de su abdomen posee un sistema químico especializado capaz de almacenar sustancias, mezclarlas bajo condiciones controladas y expulsar rápidamente una secreción extremadamente caliente e irritante hacia aquello que lo amenaza.

  El proceso ocurre en una fracción de segundo. Sustancias químicas, enzimas, cámaras internas, válvulas y una abertura de salida trabajan juntas. El escarabajo bombardero funciona como un diminuto sistema químico defensivo viviente.

¿Por qué se llama escarabajo bombardero?

  El nombre proviene precisamente de su forma de defenderse.

  Cuando es amenazado, puede expulsar desde el extremo posterior del abdomen una descarga química acompañada por pequeños sonidos explosivos o pulsaciones.

  La secreción puede alcanzar temperaturas cercanas al punto de ebullición del agua.

  No se trata simplemente de lanzar un líquido desagradable.

  El insecto produce una reacción química rápida y controlada.

El escarabajo bombardero cuenta con un pequeño laboratorio dentro del abdomen

  Los escarabajos bombarderos pertenecen principalmente a ciertos grupos de la familia Carabidae, los escarabajos terrestres.

  Su aparato defensivo se encuentra en el abdomen.

  Allí existen compartimentos especializados relacionados con la producción, almacenamiento y reacción de sustancias químicas.

  La organización es fundamental.

  Los componentes no pueden reaccionar indiscriminadamente dentro del insecto.

Primero, las sustancias se mantienen controladas

  Entre las sustancias utilizadas se encuentran compuestos relacionados con hidroquinonas y peróxido de hidrógeno.

  Estos componentes participan posteriormente en la reacción defensiva.

  El sistema mantiene las condiciones necesarias para evitar que toda la reacción ocurra de manera descontrolada antes del momento apropiado.

  El escarabajo transporta los materiales necesarios para su defensa dentro de su propio cuerpo.

Una válvula controla el paso

  Cuando aparece una amenaza, músculos y estructuras internas permiten que el contenido pase hacia una cámara de reacción.

  Esta separación resulta esencial.

  El almacenamiento ocurre en una región.

  La reacción intensa ocurre en otra.

  Y la expulsión se produce hacia el exterior.

  Almacenar, reaccionar y expulsar son procesos distintos, pero perfectamente coordinados.

Las enzimas aceleran la reacción

  Dentro de la cámara participan enzimas, especialmente catalasas y peroxidasas.

  Estas aceleran las reacciones químicas.

  El peróxido de hidrógeno se descompone y se libera oxígeno, mientras otros componentes son transformados en sustancias defensivas como las benzoquinonas.

  La reacción libera una cantidad considerable de calor.

  En muy poco tiempo, la mezcla alcanza temperaturas extraordinariamente elevadas.

Casi cien grados centígrados

  En algunos escarabajos bombarderos estudiados, la descarga puede acercarse aproximadamente a cien grados centígrados.

  Eso significa que un insecto pequeño puede producir dentro de su abdomen una secreción cercana a la temperatura de ebullición del agua.

  Pero todavía queda una pregunta más impresionante:

  ¿cómo puede hacerlo sin cocinarse a sí mismo?

La reacción ocurre en una cámara especializada

  La cámara donde se produce la reacción posee paredes y estructuras capaces de soportar las condiciones generadas durante la descarga.

  Además, la reacción no permanece activa continuamente.

  Ocurre rápidamente y el producto es expulsado.

  El calor y la presión se dirigen hacia el exterior.

  El sistema no consiste simplemente en tolerar una reacción peligrosa, sino en controlarla espacial y temporalmente.

La descarga ocurre en pulsos

  Las investigaciones con cámaras de alta velocidad han revelado algo todavía más fascinante.

  En determinadas especies, la descarga no es necesariamente un chorro continuo.

  Puede producirse mediante una serie extremadamente rápida de pulsos.

  La presión dentro de la cámara aumenta, la salida se abre, parte del contenido es expulsado y después el sistema vuelve a cargarse.

  El proceso puede repetirse muchas veces en muy poco tiempo.

Una válvula que se abre y se cierra automáticamente

  La presión generada durante la reacción ayuda a controlar el funcionamiento de estructuras internas.

  Cuando aumenta suficientemente, favorece la expulsión.

  Después, al disminuir la presión, el sistema puede permitir la entrada de una nueva cantidad de reactivos.

  Así se genera un mecanismo pulsátil.

  En miniatura encontramos principios relacionados con cámaras, presión, válvulas y flujo.

El sonido proviene de las descargas

  Los pequeños “estallidos” que pueden escucharse están relacionados con estas expulsiones rápidas.

  De allí procede la comparación con un bombardeo.

  Para un depredador que intenta tragarse al escarabajo, la experiencia puede ser muy desagradable.

  Calor, sustancias irritantes y expulsión rápida aparecen simultáneamente.

Las benzoquinonas son parte importante de la defensa

  Las quinonas producidas durante la reacción son sustancias irritantes.

  Pueden afectar ojos, boca y otros tejidos sensibles de un atacante.

  El objetivo no es necesariamente matar al depredador.

  Es conseguir que suelte al escarabajo y no vuelva a intentarlo.

  Una defensa eficaz puede consistir simplemente en hacer que atacar resulte demasiado costoso.

Puede dirigir la descarga

  En varias especies, el extremo abdominal posee movilidad suficiente para orientar la secreción.

  El escarabajo puede dirigirla hacia diferentes regiones alrededor de su cuerpo.

  Esto resulta especialmente importante porque una descarga poderosa sería mucho menos útil si solamente pudiera lanzarse en una dirección fija.

  El sistema no solamente produce la sustancia.

  También ayuda a apuntar.

Puede defenderse de un atacante situado delante

  Aunque la abertura defensiva se encuentra en la parte posterior, algunos escarabajos pueden modificar la posición del abdomen y dirigir la descarga hacia los lados o incluso hacia regiones anteriores.

  Esto amplía enormemente el área que pueden defender.

  Un depredador no necesariamente está seguro simplemente por acercarse desde otra dirección.

El escarabajo bombardero cuenta con una defensa contra animales mucho mayores

  El escarabajo bombardero puede enfrentarse a amenazas que lo superan ampliamente en tamaño.

  Hormigas, arañas, anfibios y otros depredadores pueden intentar capturarlo.

  El escarabajo no necesita ser más fuerte físicamente.

  Su ventaja se encuentra en la química.

  Una criatura pequeña puede compensar su tamaño mediante un sistema defensivo altamente especializado.

Incluso puede escapar después de ser tragado

  En experimentos con algunas especies de escarabajos bombarderos y ciertos sapos, se ha observado un comportamiento extraordinario.

  Después de ser ingerido, el escarabajo puede liberar su defensa química dentro del aparato digestivo del depredador.

  En algunos casos, el sapo termina regurgitándolo.

  Y algunos escarabajos pueden sobrevivir a la experiencia.

  Su defensa continúa siendo útil incluso después de que el ataque parecía haber terminado.

No desperdicia continuamente sus sustancias

  Producir sustancias químicas requiere recursos.

  Por eso el sistema defensivo no permanece disparando constantemente.

  Se utiliza cuando aparece una amenaza.

  Después necesita reponer materiales.

  Una defensa poderosa también debe administrarse correctamente.

Química, anatomía y comportamiento trabajando juntos

  La reacción química por sí sola no sería suficiente.

  El escarabajo necesita glándulas que produzcan sustancias.

  Reservorios donde almacenarlas.

  Conductos para transportarlas.

  Una cámara resistente donde reaccionen.

  Enzimas que aceleren el proceso.

  Válvulas que controlen el flujo.

  Una abertura capaz de expulsar el producto.

  Y movimientos corporales que orienten la descarga.

  La eficacia aparece cuando todas las partes trabajan juntas.

Una reacción química necesita control

  Este punto es especialmente importante.

  Una reacción capaz de generar calor y presión podría resultar peligrosa para el propio animal si ocurriera indiscriminadamente.

  Por eso no basta con poseer las sustancias químicas.

  También es necesario controlar dónde reaccionan, cuándo reaccionan y hacia dónde salen los productos.

  La diferencia entre una reacción útil y una peligrosa está en la regulación.

Las enzimas muestran el poder de la química biológica

  Las enzimas son moléculas capaces de acelerar enormemente determinadas reacciones.

  Nuestro propio cuerpo utiliza miles de ellas.

  Digestión, metabolismo, producción de energía y reparación celular dependen de enzimas.

  En el escarabajo bombardero, algunas enzimas forman parte de un sistema defensivo espectacular.

  La misma clase general de herramientas químicas que permite la vida puede utilizarse para protección.

No existe un solo escarabajo bombardero

  El término “escarabajo bombardero” incluye numerosas especies relacionadas.

  Existen diferencias en anatomía, sustancias y mecanismos entre distintos grupos.

  Por eso las características descritas con mayor detalle para una especie no deben aplicarse automáticamente a todas.

  Pero todas comparten una idea fascinante: utilizar química defensiva especializada frente a amenazas.

Pertenece al enorme mundo de los escarabajos

  Los escarabajos forman el orden Coleoptera, uno de los grupos de animales con mayor diversidad de especies conocidas.

  Sus alas anteriores modificadas, llamadas élitros, protegen las alas posteriores y gran parte del abdomen.

  Dentro de este enorme grupo encontramos formas de vida extraordinariamente diferentes.

  El bombardero destaca por haber convertido su abdomen en un sistema defensivo químico.

Un insecto pequeño puede enseñarnos química

  Peróxido de hidrógeno.

  Hidroquinonas.

  Enzimas.

  Oxidación.

  Presión.

  Temperatura.

  Válvulas.

  Expulsión.

  Todos estos conceptos pueden estudiarse observando un insecto que cabe fácilmente sobre una moneda.

  La naturaleza puede convertirse en un extraordinario salón de clases.

También inspira investigaciones de ingeniería

  Los mecanismos de pulverización y control de fluidos del escarabajo bombardero han llamado la atención de científicos e ingenieros.

  Comprender cómo un organismo pequeño maneja reacciones rápidas, presión y expulsión pulsátil puede proporcionar ideas para estudiar sistemas tecnológicos.

  Este enfoque recibe frecuentemente el nombre de biomimética: observar soluciones presentes en los seres vivos para inspirar diseños humanos.

La Biblia dirige nuestra atención hacia las criaturas pequeñas

  Proverbios declara:

“Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios.”
(Proverbios 30:24)

  El escarabajo bombardero no aparece específicamente en esa lista, pero representa perfectamente una verdad que podemos observar en la naturaleza:

  el tamaño de una criatura no determina la complejidad de sus capacidades.

Job también invita a observar

  La Escritura declara:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán.”
(Job 12:7)

  Cuando observamos superficialmente un escarabajo, quizá solamente vemos un insecto.

  Cuando lo estudiamos descubrimos depósitos químicos, enzimas, cámaras, válvulas, presión, control muscular y comportamiento defensivo.

  Cuanto más profundamente observamos, más encontramos.

“Hiciste todas ellas con sabiduría”

  El salmista escribió:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría.”
(Salmo 104:24)

  El escarabajo bombardero constituye un magnífico ejemplo para contemplar esa complejidad.

  No necesita ser grande.

  No necesita garras enormes.

  No necesita correr más rápido que todos sus enemigos.

  Posee otra solución.

  Química controlada.

Un diminuto laboratorio defensivo

  Pensemos nuevamente en lo que ocurre cuando aparece un depredador.

  El escarabajo detecta la amenaza.

  Los reactivos pasan hacia una cámara especializada.

  Las enzimas aceleran las reacciones.

  Se producen quinonas.

  Aumentan temperatura y presión.

  Una válvula regula el sistema.

  La mezcla es expulsada.

  El abdomen orienta la descarga hacia el atacante.

  Y todo puede ocurrir en una fracción de segundo.

Cuando la defensa depende de precisión

  La Biblia no pretende explicar hidroquinonas, catalasas, peroxidasas o dinámica de fluidos mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la entomología, química, fisiología y biomecánica.

  Sin embargo, estudiar al escarabajo bombardero nos permite contemplar una extraordinaria integración de diferentes sistemas.

  La química proporciona la reacción. Las enzimas controlan su velocidad. La anatomía mantiene separados los componentes apropiados. La cámara soporta la reacción. Las válvulas regulan el flujo. La presión impulsa la descarga y el movimiento abdominal ayuda a dirigirla.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estos mecanismos aumenta nuestra admiración. El escarabajo bombardero nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso en una criatura diminuta que, frente a animales mucho mayores, lleva consigo un extraordinario laboratorio químico capaz de producir, controlar y dirigir una defensa en el momento preciso.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

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Explora el museo la vida y obra de Jesucristo:

Por el Dr. Elio M Rivera

  Un bosque es mucho más que una gran cantidad de árboles. Bajo sus copas existe una enorme comunidad formada por plantas, animales, hongos y microorganismos. Desde las raíces enterradas hasta las hojas más altas, innumerables organismos intercambian agua, nutrientes, gases y materia orgánica.

  Los bosques participan en el ciclo del agua, almacenan grandes cantidades de carbono, protegen el suelo, proporcionan alimento y refugio y modifican las condiciones ambientales de regiones enteras. Algunos son cálidos y húmedos; otros soportan inviernos extremadamente fríos. Existen bosques tropicales, templados y boreales, cada uno con características diferentes.

  Un bosque no es simplemente un conjunto de árboles: es una comunidad donde la vida existe mediante innumerables relaciones.

El bosque, un edificio viviente de varios pisos

  Si observamos un bosque desde abajo, descubrimos que está organizado verticalmente.

  En la parte superior se encuentran las copas de los árboles. Debajo aparecen árboles más pequeños, arbustos, plantas herbáceas, musgos y finalmente el suelo.

  Cada nivel recibe diferentes cantidades de luz, humedad y viento.

  Esto crea numerosos ambientes dentro de un mismo bosque.

El dosel — un techo construido con hojas

  Las copas de los árboles pueden formar una cubierta conocida como dosel.

  Allí se concentra una enorme cantidad de hojas que captan luz solar.

  En algunos bosques tropicales, el dosel constituye prácticamente un mundo propio.

  Aves, insectos, mamíferos, reptiles y plantas pueden pasar gran parte de su vida a decenas de metros sobre el suelo.

La luz es uno de los recursos más importantes

  Las plantas necesitan luz para realizar fotosíntesis.

  Por eso existe una verdadera competencia por alcanzarla.

  Los árboles elevan sus copas.

  Las plantas trepadoras utilizan troncos como soporte.

  Otras especies están preparadas para vivir bajo niveles relativamente bajos de iluminación.

  La arquitectura del bosque está profundamente relacionada con la búsqueda de luz.

Las hojas convierten luz en energía química

  Mediante la fotosíntesis, las plantas utilizan energía luminosa para producir compuestos orgánicos a partir de dióxido de carbono y agua.

  Durante el proceso liberan oxígeno.

  Esa materia orgánica termina alimentando directa o indirectamente a gran parte de los demás organismos del bosque.

  La energía que sostiene una enorme comunidad comenzó llegando desde el Sol.

Los árboles almacenan carbono

  Cuando un árbol crece, parte del carbono procedente del dióxido de carbono atmosférico termina incorporado a troncos, ramas, raíces y hojas.

  Los suelos forestales también pueden almacenar cantidades importantes de carbono.

  Por eso los bosques forman parte fundamental del ciclo global del carbono.

  Cuando grandes extensiones son destruidas o quemadas, parte de ese carbono puede regresar a la atmósfera.

Los bosques participan en el ciclo del agua

  Las raíces absorben agua del suelo.

  Una parte llega hasta las hojas y finalmente regresa a la atmósfera mediante transpiración.

  En grandes regiones forestales, enormes cantidades de vapor de agua pueden ser liberadas diariamente.

  Ese vapor participa en la formación de nubes y precipitaciones.

  El bosque recibe lluvia, pero también puede influir sobre el movimiento del agua en la atmósfera.

Un árbol puede mover una enorme cantidad de agua

  El agua absorbida por las raíces debe viajar contra la gravedad hasta alcanzar hojas situadas muchos metros arriba.

  Este transporte ocurre principalmente a través del xilema.

  La evaporación de agua desde las hojas ayuda a mantener una columna continua de agua dentro de los vasos.

  Un árbol no posee corazón.

  Sin embargo, puede transportar agua desde el suelo hasta alturas extraordinarias.

En los bosques, Las raíces de los arboles hacen mucho más que sujetarlos

  Las raíces proporcionan estabilidad, pero también absorben agua y minerales.

  Además interactúan intensamente con organismos del suelo.

  Alrededor de ellas existe una región conocida como rizosfera, donde raíces, bacterias, hongos y sustancias químicas forman una comunidad microscópica extraordinariamente activa.

  Gran parte de la vida del bosque permanece escondida bajo nuestros pies.

Hongos y árboles pueden colaborar

  Muchos árboles establecen asociaciones con hongos llamadas micorrizas.

  Los filamentos del hongo pueden extenderse por el suelo y ayudar a la planta a obtener agua y determinados nutrientes.

  A cambio, el hongo recibe compuestos orgánicos producidos por la planta.

  Dos organismos completamente diferentes pueden beneficiarse mediante una relación estrecha.

¿Los árboles se comunican?

  Esta expresión debe utilizarse con cuidado.

  Los árboles no conversan ni piensan como seres humanos.

  Sin embargo, las plantas pueden producir y responder a señales químicas.

  También pueden existir transferencias de determinadas sustancias mediante asociaciones subterráneas con hongos.

  Los científicos continúan estudiando hasta qué punto estas redes influyen en las relaciones entre plantas.

  Existe comunicación química, pero no debemos convertirla en una conversación humana imaginaria.

El suelo del bosque está lleno de vida

  Una hoja cae.

  Parece que su historia terminó.

  En realidad comienza otra.

  Hongos, bacterias, insectos y otros organismos comienzan a descomponerla.

  Las moléculas que formaban parte de esa hoja regresan progresivamente al suelo y pueden volver a ser utilizadas.

  En el bosque, la muerte de una estructura puede convertirse en materia prima para nueva vida.

Los descomponedores mantienen funcionando el sistema

  Sin organismos descomponedores, troncos, hojas y restos de animales se acumularían continuamente.

  Los hongos y microorganismos degradan gran parte de esta materia.

  Nutrientes como nitrógeno y fósforo vuelven a quedar disponibles.

  La fertilidad del bosque depende en gran medida de organismos que casi nunca vemos.

Un tronco muerto continúa lleno de vida

  Cuando un árbol cae, no deja inmediatamente de ser importante para el bosque.

  Puede proporcionar refugio a insectos, hongos, pequeños mamíferos y otros organismos.

  Retiene humedad.

  Gradualmente se descompone.

  Finalmente muchos de sus componentes regresan al suelo.

  Un árbol caído puede continuar participando en el ecosistema durante años.

Los animales transportan semillas

  Los árboles necesitan que una nueva generación encuentre lugares donde crecer.

  Algunas semillas son transportadas por el viento.

  Otras utilizan animales.

  Un ave puede comer un fruto y depositar posteriormente la semilla lejos del árbol original.

  Mamíferos pueden enterrar semillas y olvidar algunas.

  El comportamiento de un animal puede terminar plantando un árbol.

Algunas semillas poseen alas

  Arces y otros árboles producen semillas con estructuras que les permiten girar mientras caen.

  El aire puede transportarlas lejos del árbol.

  Otras semillas poseen pelos o estructuras ligeras.

  Cada mecanismo responde al mismo problema:

  ¿cómo llevar la siguiente generación hacia un nuevo lugar?

Los insectos también son fundamentales

  Abejas, mariposas, escarabajos, hormigas y miles de otros insectos participan en los bosques.

  Algunos polinizan flores.

  Otros descomponen madera.

  Algunos comen hojas.

  Otros controlan poblaciones de insectos.

  Y muchos sirven de alimento a aves, anfibios y mamíferos.

  Una criatura diminuta puede ocupar un lugar importante dentro de una enorme red.

Depredadores y presas forman parte del equilibrio

  Búhos, serpientes, zorros, felinos y muchos otros depredadores controlan poblaciones de animales.

  Los herbívoros, a su vez, influyen sobre la vegetación.

  Los organismos no existen como piezas aisladas.

  Cambiar demasiado la población de una especie puede producir consecuencias sobre muchas otras.

Los bosques tropicales — abundancia de vida

  Los bosques tropicales húmedos reciben abundante precipitación y mantienen temperaturas relativamente cálidas.

  Poseen una biodiversidad extraordinaria.

  En una superficie relativamente pequeña pueden encontrarse numerosas especies de árboles, insectos, aves, anfibios y otros organismos.

  Gran parte de esta diversidad todavía continúa siendo estudiada.

Los bosques templados — vivir con estaciones

  En regiones templadas, muchos árboles experimentan grandes cambios durante el año.

  En los bosques caducifolios, las hojas aparecen durante las estaciones favorables y posteriormente caen.

  La pérdida de hojas ayuda a enfrentar períodos fríos o condiciones en las que mantenerlas resultaría costoso.

  El aspecto completo del bosque puede transformarse varias veces durante un año.

Los bosques boreales — sobrevivir al frío

  Más cerca de las regiones polares encontramos enormes extensiones de bosques boreales o taiga.

  Allí predominan muchas coníferas.

  Los inviernos pueden ser largos y extremadamente fríos.

  Sus hojas en forma de aguja, la estructura de los árboles y otras características les permiten funcionar bajo condiciones muy diferentes de las de un bosque tropical.

Los árboles gigantes

  Algunos de los organismos más grandes de la Tierra son árboles.

  Las secuoyas gigantes pueden alcanzar dimensiones extraordinarias.

  Las secuoyas costeras pueden superar los cien metros de altura.

  Pensar que una estructura viviente de semejante tamaño comenzó como una pequeña semilla resulta impresionante.

¿Cómo puede subir el agua más de cien metros?

  En los árboles más altos, el transporte de agua representa un desafío físico extraordinario.

  La cohesión entre moléculas de agua, la adhesión a las paredes del xilema y la transpiración desde las hojas participan en el proceso.

  El agua puede mantenerse formando columnas sometidas a tensión.

  No existe una bomba en la base del árbol.

  La propia física del agua forma parte del sistema.

Los bosques protegen el suelo

  Las raíces ayudan a estabilizarlo.

  Las hojas reducen el impacto directo de la lluvia.

  La materia orgánica aumenta su capacidad para retener agua.

  Cuando un bosque desaparece, determinadas regiones pueden experimentar mayor erosión.

  Conservar árboles también significa conservar suelo.

También influyen en los ríos

  El agua que cae sobre un bosque puede infiltrarse en el suelo, ser absorbida por raíces o desplazarse lentamente hacia arroyos y ríos.

  La vegetación modifica la velocidad con que el agua llega a los cauces.

  Por eso la condición de una cuenca forestal puede afectar la cantidad y calidad del agua río abajo.

  Bosques y ríos están profundamente conectados.

El fuego no siempre significa destrucción definitiva

  Aunque los incendios intensos pueden causar enormes daños, algunos ecosistemas forestales experimentan fuego de manera natural.

  Ciertas plantas poseen características que les permiten sobrevivir o reproducirse después de incendios de determinada intensidad.

  En algunos bosques, el fuego participa en ciclos ecológicos.

  Pero incendios excesivamente frecuentes o severos pueden alterar profundamente el ecosistema.

Los bosques también necesitan perturbaciones

  Una tormenta puede derribar un árbol y abrir un espacio en el dosel.

  De repente llega más luz al suelo.

  Pequeñas plantas comienzan a crecer rápidamente.

  Árboles jóvenes encuentran una oportunidad.

  Lo que parecía únicamente destrucción puede abrir un nuevo espacio para crecimiento.

Un bosque cambia constantemente

  No existe un momento en que todo quede completamente terminado.

  Árboles germinan.

  Otros crecen.

  Algunos mueren.

  Troncos caen.

  Hongos los descomponen.

  Animales transportan semillas.

  Nuevas plantas ocupan espacios.

  El bosque que vemos hoy no será exactamente el mismo dentro de cien años.

La Biblia habla frecuentemente de árboles y bosques

  El salmista escribió:

“Alégrense los cielos, y gócese la tierra… Regocíjense todos los árboles del bosque.”
(Salmo 96:11-12)

  Los árboles aparecen repetidamente en las Escrituras como imágenes de vida, estabilidad, crecimiento y abundancia.

  No resulta difícil comprender por qué.

  Un árbol puede permanecer durante generaciones, producir alimento, proporcionar sombra y sostener comunidades enteras de organismos.

El primer relato bíblico presenta una tierra llena de vegetación

  Génesis declara:

“Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto.”
(Génesis 1:12)

  Desde sus primeras páginas, la Biblia presenta las plantas como parte fundamental de una tierra preparada para sostener vida.

  Los bosques constituyen una de las expresiones más extraordinarias de esa abundancia vegetal.

Los árboles también aparecen como símbolo de estabilidad

  El primer Salmo compara al hombre que encuentra su deleite en Dios con:

“Árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo.”
(Salmo 1:3)

  La imagen funciona porque conocemos lo que representa un árbol bien establecido.

  Raíces profundas.

  Agua disponible.

  Crecimiento.

  Fruto.

  Permanencia.

Una comunidad donde nada funciona completamente solo

  Un árbol necesita luz.

  Necesita agua.

  Necesita minerales.

  Sus raíces pueden asociarse con hongos.

  Sus flores pueden depender de animales.

  Sus semillas pueden ser transportadas por aves.

  Sus hojas caídas alimentan microorganismos.

  Los nutrientes regresan al suelo.

  Y una nueva generación comienza.

  El bosque funciona mediante relaciones.

Las grandes comunidades vivientes de la Tierra

  La Biblia no pretende explicar fotosíntesis, micorrizas, ciclos biogeoquímicos o ecología forestal mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la botánica, fisiología vegetal y ecología.

  Sin embargo, estudiar un bosque revela una extraordinaria red de procesos relacionados.

  Las raíces obtienen agua. Los troncos la transportan. Las hojas capturan luz. Los animales dispersan semillas. Los hongos colaboran con raíces y descomponen materia. Los microorganismos reciclan nutrientes. La vegetación protege el suelo y enormes cantidades de agua regresan a la atmósfera mediante transpiración.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estas relaciones aumenta nuestra admiración. Los bosques nos recuerdan que la sabiduría del Creador puede contemplarse no solamente en cada árbol, sino también en la manera en que miles de organismos diferentes comparten un mismo espacio y forman una gigantesca comunidad viviente.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

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Por el Dr. Elio M Rivera

  En algunos bosques húmedos de la costa de California se levantan árboles tan altos que contemplarlos desde el suelo obliga a inclinar completamente la cabeza hacia atrás. Sus troncos pueden atravesar siglos de lluvia, viento, incendios y cambios ambientales mientras sus copas permanecen a más de cien metros sobre el suelo. Son las secuoyas rojas de la costa, conocidas científicamente como Sequoia sempervirens.

  Estos árboles poseen una distinción extraordinaria: son los árboles vivos más altos conocidos del planeta. Algunos ejemplares superan los cien metros, aproximadamente la altura de un edificio de treinta pisos. El ejemplar vivo más alto conocido, llamado Hyperion, ha sido medido en alrededor de ciento dieciséis metros.

  Pero su altura es solamente una parte de la historia. Su corteza puede alcanzar un grosor considerable, poseen una notable capacidad para producir nuevos brotes y pueden aprovechar la humedad de la famosa niebla costera. Las secuoyas rojas son verdaderas columnas vivientes capaces de sostener pequeños ecosistemas entre sus ramas.

No debemos confundirlas con las secuoyas gigantes

  California posee dos árboles famosos que frecuentemente se confunden.

  La secuoya roja de la costa, Sequoia sempervirens, es la campeona de altura.

  La secuoya gigante, Sequoiadendron giganteum, posee troncos extraordinariamente voluminosos y se encuentra naturalmente en la Sierra Nevada.

  Ambas pueden alcanzar dimensiones enormes, pero no son el mismo árbol.

  Una destaca especialmente por elevarse hacia el cielo.

  La otra, por su gigantesco volumen.

Más de cien metros de altura

  Imaginar ciento diez o ciento quince metros resulta difícil.

  Si colocáramos una secuoya roja junto a un edificio de treinta pisos, algunos ejemplares podrían superarlo.

  Desde la base, las ramas superiores pueden parecer pequeñas.

  Sin embargo, allá arriba existe todo un mundo de hojas, ramas, agua, insectos y otros organismos.

  Un solo árbol puede ocupar verticalmente una distancia extraordinaria.

Hyperion — uno de los gigantes más famosos

  Hyperion fue descubierto en 2006 dentro del Parque Nacional Redwood.

  Su altura ronda los ciento dieciséis metros, lo que lo convirtió en el árbol vivo más alto conocido mediante mediciones modernas.

  Su ubicación exacta no se promueve públicamente para proteger el árbol y el terreno que lo rodea del exceso de visitantes.

  Esto recuerda que incluso un gigante necesita protección.

¿Cómo puede llegar agua hasta una hoja situada a cien metros?

  Aquí aparece uno de los grandes desafíos de ser un árbol tan alto.

  Una secuoya no posee corazón.

  No tiene una bomba que empuje el agua desde las raíces hasta la copa.

  El agua asciende principalmente por conductos microscópicos del xilema.

  La transpiración desde las hojas, junto con las propiedades físicas del agua, ayuda a mantener el movimiento de la columna líquida.

  Cada día, el árbol debe vencer un desafío físico extraordinario para mantener hidratada su copa.

La altura tiene un límite

  Un árbol no puede crecer indefinidamente.

  Cuanto mayor es la distancia entre las raíces y las hojas superiores, más difícil resulta transportar agua.

  La gravedad y la resistencia hidráulica aumentan el desafío.

  Por eso los científicos estudian las secuoyas para comprender los límites físicos de la altura de los árboles.

  El gigante también está sometido a las leyes de la física.

La niebla puede convertirse en agua para el bosque

  La costa del norte de California posee una característica fundamental para estos árboles:

  la niebla.

  Durante épocas relativamente secas, la humedad del océano puede envolver las copas.

  Las hojas y ramas interceptan pequeñas gotas.

  Parte del agua cae hacia el suelo.

  Y las hojas también pueden participar directamente en la captación de humedad bajo determinadas condiciones.

  El océano puede ayudar a sostener árboles situados tierra adentro mediante agua transportada por el aire.

Un bosque que literalmente captura las nubes

  Cuando la niebla atraviesa las copas, las pequeñas gotas chocan contra hojas y ramas.

  Se acumulan.

  Después caen.

  Este fenómeno puede aumentar la cantidad de agua disponible en el suelo.

  Los árboles no solamente reciben agua desde abajo.

  Parte puede llegar desde arriba y desde el aire que los rodea.

Una corteza extraordinariamente gruesa

  La corteza de una secuoya roja madura puede alcanzar un grosor considerable.

  Además contiene compuestos que contribuyen a su resistencia frente a determinados insectos y procesos de descomposición.

  Esta gruesa cubierta también proporciona protección frente al calor de algunos incendios.

  El árbol puede quedar ennegrecido por fuera mientras tejidos internos importantes sobreviven.

El fuego puede dejar cicatrices enormes

  Algunas secuoyas antiguas poseen cavidades en la base producidas por incendios ocurridos durante su larga vida.

  En ocasiones puede observarse el interior parcialmente quemado del tronco.

  Sorprendentemente, el árbol puede continuar vivo.

  Mientras una cantidad suficiente de tejido funcional permanezca conectando raíces y copa, puede seguir transportando agua y nutrientes.

  La cicatriz permanece como registro visible de lo que sobrevivió.

Un árbol puede quedar hueco y continuar viviendo

  El centro del tronco no realiza todas las funciones vitales del árbol.

  Gran parte del transporte ocurre en tejidos más externos.

  Por eso una secuoya puede perder parte importante de su madera central y continuar viva.

  Algunos ejemplares antiguos poseen cavidades suficientemente grandes para que una persona pueda entrar.

  El árbol parece profundamente herido.

  Y, sin embargo, cientos de metros cuadrados de hojas pueden continuar funcionando arriba.

También pueden producir nuevos brotes

  Las secuoyas rojas poseen una extraordinaria capacidad de reproducción vegetativa.

  Pueden producir brotes desde la base, raíces o estructuras del tronco.

  Si un árbol resulta dañado, nuevos tallos pueden aparecer alrededor.

  Esto distingue a las secuoyas costeras de muchos otros árboles gigantes.

Un círculo de nuevos árboles

  En algunos lugares pueden observarse grupos de secuoyas creciendo en círculo alrededor de una zona central.

  Parte de estos patrones puede originarse mediante brotes asociados con un árbol anterior.

  El viejo tronco puede desaparecer con el tiempo.

  Pero alrededor quedan nuevos árboles.

  La estructura original se perdió.

  La vida continuó.

También producen semillas diminutas

  Resulta sorprendente comparar el tamaño del árbol con el de sus semillas.

  Una secuoya que supera los cien metros puede comenzar a partir de una semilla extremadamente pequeña.

  Los conos producen numerosas semillas, aunque solamente una fracción encontrará las condiciones necesarias para establecerse.

  De algo diminuto puede surgir uno de los organismos más altos de la Tierra.

Sus raíces no bajan cientos de metros

  Podríamos imaginar que un árbol de más de cien metros necesita raíces igualmente profundas.

  No es así.

  Las raíces de las secuoyas se extienden principalmente por capas relativamente superficiales del suelo y pueden alcanzar grandes distancias horizontalmente.

  Esto permite aprovechar agua y nutrientes distribuidos alrededor del árbol.

Las raíces de diferentes árboles pueden encontrarse

  En un bosque denso, los sistemas radiculares ocupan el mismo suelo y pueden entrelazarse físicamente.

  El conjunto del bosque contribuye a modificar el terreno, retener humedad y reducir erosión.

  Un gigante que parece completamente independiente desde arriba forma parte, debajo del suelo, de una comunidad muy estrecha.

El bosque protege al gigante

  Una secuoya aislada no experimenta exactamente las mismas condiciones que una situada dentro de un bosque.

  Los árboles vecinos reducen velocidades del viento, conservan humedad y modifican el microclima.

  La hojarasca protege el suelo.

  Hongos y microorganismos reciclan nutrientes.

  Hasta el árbol más grande depende de una comunidad.

Las sequoyas rojas, un pequeño ecosistema a cien metros de altura

  Las copas de las secuoyas antiguas pueden desarrollar estructuras muy complejas.

  Grandes ramas acumulan materia orgánica.

  Sobre ellas pueden crecer musgos, líquenes, helechos y otras plantas.

  Pequeños animales utilizan estos ambientes.

  En algunos casos incluso puede acumularse suelo sobre las ramas.

  Existe literalmente un pequeño ecosistema suspendido sobre el bosque.

Puede crecer otro árbol sobre una secuoya

  En las copas antiguas pueden germinar semillas de otras plantas e incluso pequeños árboles.

  La materia orgánica acumulada proporciona un sustrato.

  Así, un árbol gigantesco puede convertirse en terreno para otro organismo vegetal.

  Un bosque puede existir parcialmente encima de otro árbol.

Animales que dependen de estos gigantes

  Las secuoyas proporcionan refugio a numerosas especies.

  Aves utilizan cavidades y ramas.

  Mamíferos pequeños pueden desplazarse por las copas.

  Invertebrados viven entre corteza, hojas y materia orgánica.

  El árbol no es solamente un individuo.

  Es también hábitat.

Miles de litros de agua circulando por un organismo

  Un árbol de estas dimensiones necesita mantener una enorme superficie de hojas.

  El agua absorbida por las raíces participa en fotosíntesis, transporte y regulación térmica.

  Gran parte termina regresando a la atmósfera mediante transpiración.

  El bosque funciona como una gigantesca conexión entre suelo y cielo.

La madera puede almacenar carbono durante siglos

  Una secuoya antigua contiene una enorme cantidad de biomasa.

  El carbono que alguna vez estuvo en forma de dióxido de carbono atmosférico terminó incorporado a madera mediante fotosíntesis.

  Mientras el árbol permanece vivo y la madera se conserva, gran parte de ese carbono permanece almacenado.

  Los bosques de secuoyas representan importantes depósitos de carbono.

Pueden vivir durante más de dos mil años

  Algunas secuoyas rojas alcanzan edades superiores a los dos mil años.

  Un árbol que germinó hace veinte siglos podría haber estado creciendo cuando gran parte de la historia que hoy estudiamos todavía estaba ocurriendo.

  Generaciones humanas completas nacieron y murieron mientras el mismo árbol permanecía en su lugar.

  Esta escala temporal resulta difícil de imaginar.

Cuando Roma todavía existía, algunas ya estaban creciendo

  Algunas secuoyas actualmente vivas comenzaron su existencia hace muchos siglos.

  Mientras imperios surgían y desaparecían, ciudades cambiaban y generaciones enteras pasaban, estos árboles continuaron agregando nuevos anillos a sus troncos.

  Para nosotros, dos mil años representan historia.

  Para una secuoya antigua representan una sola vida.

Los anillos guardan información

  Cada año, el crecimiento del tronco puede dejar patrones en la madera.

  El grosor y características de los anillos proporcionan información sobre condiciones ambientales.

  Los científicos pueden estudiar estos registros mediante dendrocronología.

  Un árbol puede convertirse en archivo de lluvias, sequías, incendios y otros acontecimientos.

El bosque antiguo casi desapareció

  Antes de la explotación forestal intensiva, los bosques de secuoyas antiguas ocupaban extensiones mucho mayores de la costa.

  Durante los siglos XIX y XX enormes cantidades fueron taladas por su valiosa madera.

  Actualmente queda solamente una fracción de los bosques antiguos originales.

  Por eso las áreas protegidas poseen una importancia extraordinaria.

Redwood National and State Parks

  Una parte importante de estos bosques está protegida en los parques nacionales y estatales de Redwood, en el norte de California.

  Allí pueden contemplarse algunos de los bosques de secuoyas antiguas más impresionantes.

  Caminar entre ellos cambia nuestra percepción de escala.

  Los seres humanos parecen diminutos junto a sus troncos.

La Biblia utiliza árboles gigantes como imágenes de grandeza

  El Salmo declara:

“Los árboles de Jehová están llenos de savia; los cedros del Líbano que él plantó.”
(Salmo 104:16)

  El salmista conocía los enormes cedros de su región.

  Nosotros podemos contemplar otros gigantes vegetales en lugares que los escritores bíblicos nunca conocieron.

  El principio permanece: un gran árbol puede despertar una profunda sensación de admiración.

“Como los días de los árboles”

  Isaías utiliza la longevidad de los árboles como imagen:

“Porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo.”
(Isaías 65:22)

  La comparación funciona porque los árboles pueden vivir muchísimo más que nosotros.

  Las secuoyas rojas llevan esta imagen a una escala extraordinaria.

  Una sola puede atravesar decenas de generaciones humanas.

De una pequeña semilla a un gigante

  Quizá uno de los aspectos más impresionantes sea pensar en el principio.

  No comenzó con un tronco de varios metros.

  No comenzó con una copa situada a cien metros.

  Comenzó diminuta.

  Después una célula se dividió.

  Aparecieron raíces.

  Un tallo buscó la luz.

  Las hojas comenzaron a realizar fotosíntesis.

  Año tras año, el árbol añadió madera.

  Siglo tras siglo, continuó creciendo.

  Y finalmente se convirtió en uno de los seres vivos más altos del planeta.

Gigantes que dependen de cosas pequeñas

  Una secuoya puede superar los cien metros.

  Pero depende de moléculas microscópicas de agua.

  Depende de diminutos poros en sus hojas llamados estomas.

  Depende de hongos y microorganismos del suelo.

  Depende de vasos microscópicos dentro de su madera.

  Depende de una semilla diminuta para comenzar la siguiente generación.

  La grandeza del árbol depende de innumerables procesos pequeños trabajando juntos.

Los gigantes que parecen tocar el cielo

  La Biblia no pretende explicar xilema, transpiración, dendrocronología o fisiología vegetal mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la botánica, ecología y física.

  Sin embargo, cuanto más conocemos las secuoyas rojas, más extraordinarias resultan.

  Sus raíces relativamente superficiales sostienen troncos de más de cien metros. El agua asciende hasta hojas situadas a alturas extraordinarias. La niebla costera proporciona humedad. La corteza protege frente a determinadas amenazas. Los troncos pueden sobrevivir parcialmente huecos. Las copas pueden sostener pequeños ecosistemas y algunos individuos pueden permanecer vivos durante más de dos mil años.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estas características aumenta nuestra admiración. Las secuoyas rojas de California nos recuerdan que la grandeza del Creador puede contemplarse también en una pequeña semilla capaz de convertirse en una columna viviente que atraviesa siglos, sostiene comunidades de organismos y levanta su copa a más de cien metros sobre la tierra.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Cuando pensamos en un desierto solemos imaginar enormes extensiones de arena, un Sol abrasador y prácticamente ninguna forma de vida. Sin embargo, los desiertos son mucho más diversos. Existen desiertos de dunas, de roca, de grava e incluso desiertos fríos. Lo que verdaderamente los caracteriza es la escasez de precipitación.

  En estos lugares, conseguir agua puede ser difícil y conservarla todavía más importante. Aun así, encontramos cactus capaces de almacenarla, plantas que esperan largos períodos antes de germinar, reptiles que reducen su pérdida, pequeños mamíferos que casi nunca necesitan beber directamente y animales que permanecen escondidos durante las horas más calientes.

  El desierto parece vacío hasta que descubrimos todas las estrategias utilizadas por la vida para sobrevivir donde cada gota de agua tiene enorme valor.

¿Qué convierte una región en desierto?

  Un desierto no se define simplemente por ser caliente.

  Su característica fundamental es recibir muy poca precipitación en relación con las necesidades del ambiente.

  Muchos desiertos reciben menos de 250 milímetros de precipitación al año, aunque las definiciones pueden variar.

  Por eso existen desiertos calientes y fríos.

No todos los desiertos están cubiertos de arena

  Esta es una de las ideas equivocadas más comunes.

  Las enormes dunas que vemos en fotografías representan solamente una parte de los ambientes desérticos.

  Muchos están dominados por roca, grava y suelo desnudo.

  Las regiones cubiertas por grandes campos de dunas reciben el nombre de ergs.

  El Sahara contiene algunos, pero gran parte de su superficie no es un océano de arena.

¿De dónde viene tanta arena?

  Las rocas son fragmentadas lentamente por cambios de temperatura, viento, agua y otros procesos físicos y químicos.

  Los fragmentos pequeños pueden ser transportados.

  El viento selecciona y mueve partículas.

  Cuando pierde velocidad, algunas se depositan.

  Con suficiente tiempo y condiciones apropiadas pueden formarse enormes campos de dunas.

Las dunas pueden moverse

  Una duna parece una montaña pequeña e inmóvil.

  Pero el viento puede transportar granos desde un lado y depositarlos en el otro.

  Poco a poco, toda la estructura cambia de posición.

  Algunas dunas avanzan lentamente a través del paisaje.

  Una montaña de arena puede literalmente viajar.

El desierto puede ser extremadamente caliente durante el día

  La radiación solar calienta intensamente el suelo.

  Cerca de la superficie las temperaturas pueden ser extraordinariamente elevadas.

  Para un animal pequeño, caminar sobre ese terreno representa un desafío.

  No solamente debe evitar perder agua.

  También necesita evitar sobrecalentarse.

Pero durante la noche puede hacer frío

  El aire seco y la escasez de nubes permiten que el calor escape rápidamente después de ponerse el Sol.

  Por eso algunos desiertos presentan grandes diferencias entre temperaturas diurnas y nocturnas.

  Un organismo puede enfrentar calor intenso durante el día y temperaturas mucho menores pocas horas después.

  Sobrevivir exige tolerar ambos extremos.

La mejor estrategia puede ser esconderse

  Muchos animales del desierto reducen su actividad durante las horas más calientes.

  Permanecen dentro de madrigueras, debajo de piedras o en otros refugios.

  Cuando llega la noche salen para buscar alimento.

  La solución al calor no siempre consiste en soportarlo directamente.

  Puede consistir en evitarlo.

Debajo de la tierra existe otro clima

  Una madriguera puede presentar temperaturas mucho más estables que la superficie.

  También puede conservar mayor humedad.

  Roedores, reptiles, artrópodos y otros animales aprovechan este microambiente.

  A pocos centímetros o metros de profundidad, las condiciones pueden ser muy diferentes.

El camello — administrar agua, no almacenarla en la joroba

  Existe una creencia popular de que la joroba del camello está llena de agua.

  No es así.

  Contiene principalmente grasa.

  Esta reserva proporciona energía cuando el alimento escasea.

  La capacidad del camello para sobrevivir en ambientes secos depende de numerosos mecanismos fisiológicos relacionados con conservación de agua y tolerancia a cambios en su estado de hidratación.

El camello puede permitir que su temperatura cambie

  Mantener exactamente la misma temperatura corporal bajo calor extremo puede requerir gastar mucha agua mediante sudoración.

  El camello puede tolerar variaciones corporales mayores que nosotros bajo determinadas condiciones.

  Esto puede reducir la necesidad de enfriarse continuamente mediante evaporación.

  Ahorrar agua también significa controlar cuándo utilizarla para enfriar el cuerpo.

Riñones preparados para conservar agua

  Los animales del desierto enfrentan un problema constante:

  Cada molécula de agua eliminada debe ser reemplazada.

  Algunas especies poseen riñones capaces de producir orina muy concentrada.

  También pueden producir heces relativamente secas.

  La conservación ocurre incluso en procesos que normalmente eliminan agua.

La rata canguro puede vivir prácticamente sin beber

  Algunas ratas canguro de Norteamérica obtienen gran parte del agua necesaria a partir de los alimentos y del agua metabólica producida durante las reacciones químicas del organismo.

  Sus riñones conservan agua con enorme eficacia.

  Además permanecen en madrigueras durante el calor.

  Un pequeño mamífero puede vivir en un ambiente extremadamente seco sin depender continuamente de encontrar un charco.

También podemos fabricar agua dentro del cuerpo

  Cuando nutrientes son utilizados para producir energía, determinadas reacciones metabólicas generan agua.

  Nosotros también producimos agua metabólica.

  Pero para algunos animales del desierto esta fuente tiene una importancia mucho mayor.

  El agua no siempre tiene que llegar directamente en forma líquida.

Los cactus funcionan como depósitos vivientes

  Muchos cactus almacenan agua dentro de sus tallos.

  Sus hojas están enormemente reducidas y relacionadas con las espinas, mientras el tallo realiza gran parte de la fotosíntesis.

  Una gruesa cutícula ayuda a disminuir pérdidas.

  Después de una lluvia pueden absorber rápidamente agua y conservarla durante largos períodos.

Trabajar de noche para ahorrar agua

  Muchos cactus y otras plantas de regiones secas utilizan fotosíntesis CAM.

  Sus estomas pueden abrirse principalmente durante la noche para captar dióxido de carbono.

  Durante el día, cuando el calor favorece una enorme pérdida de agua, pueden permanecer cerrados durante gran parte del tiempo.

  La planta aprovecha las horas frescas para realizar el intercambio gaseoso.

Las raíces pueden extenderse cerca de la superficie

  Una lluvia desértica puede ser breve.

  Quizá solamente humedezca los primeros centímetros del suelo.

  Por eso algunas plantas poseen sistemas de raíces superficiales extendidos sobre grandes áreas.

  Cuando finalmente llueve, pueden absorber agua rápidamente.

  Una oportunidad corta debe aprovecharse inmediatamente.

Otras plantas buscan agua profundamente

  No todas utilizan la misma estrategia.

  Algunas desarrollan raíces profundas capaces de alcanzar reservas de humedad alejadas de la superficie.

  Unas se extienden horizontalmente.

  Otras penetran hacia abajo.

  Diferentes soluciones pueden resolver el mismo problema: encontrar agua.

Semillas que esperan

  En algunos desiertos pueden pasar largos períodos sin condiciones adecuadas para crecer.

  Las semillas de determinadas plantas permanecen inactivas en el suelo.

  Después llega una lluvia suficiente.

  La humedad activa la germinación.

  En poco tiempo aparecen plantas donde antes solamente veíamos tierra.

El desierto puede cubrirse de flores

  En determinados lugares y bajo condiciones apropiadas, lluvias excepcionales pueden desencadenar floraciones espectaculares.

  El suelo aparentemente vacío se cubre de colores.

  Las semillas estaban allí.

  Solamente esperaban las condiciones necesarias.

  El desierto no estaba muerto; estaba esperando agua.

Los insectos responden rápidamente

  Cuando aparecen plantas y flores, también llegan insectos.

  Abejas y otros polinizadores aprovechan los nuevos recursos.

  Las poblaciones de algunos organismos pueden aumentar rápidamente.

  Después aparecen animales que se alimentan de ellos.

  Una lluvia puede producir una reacción en cadena dentro del ecosistema.

El agua puede transformar todo en pocas horas

  Una tormenta intensa sobre suelo seco puede producir corrientes repentinas.

  Los cauces que permanecieron secos durante meses pueden llenarse rápidamente.

  Estas inundaciones repentinas pueden ser extremadamente peligrosas.

  En el desierto, la falta de agua es un problema.

  Pero demasiada agua en muy poco tiempo también puede serlo.

Los oasis — agua en medio de la sequedad

  Cuando agua subterránea alcanza o se aproxima a la superficie puede permitir el desarrollo de vegetación.

  Así aparecen algunos oasis.

  Durante siglos, estos lugares han sido fundamentales para animales y comunidades humanas.

  Un pequeño punto de agua puede transformar completamente un paisaje.

La niebla también puede proporcionar agua

  Algunos desiertos costeros reciben muy poca lluvia, pero experimentan niebla.

  Plantas y animales pueden aprovechar pequeñas gotas suspendidas en el aire.

  En el desierto de Namib, por ejemplo, ciertos organismos poseen comportamientos o superficies que ayudan a obtener humedad de la niebla.

  Cuando no llueve, incluso el agua transportada por el aire adquiere enorme importancia.

La vida busca cada oportunidad

  Agua almacenada en un tallo.

  Humedad dentro de una semilla.

  Vapor atrapado durante la noche.

  Una madriguera fresca.

  Una raíz extendida bajo la arena.

  Una gota de niebla.

  En el desierto, recursos aparentemente insignificantes pueden marcar la diferencia entre vivir y morir.

Los reptiles poseen ventajas importantes

  Muchos reptiles tienen una piel que limita considerablemente la pérdida de agua.

  Además, al ser ectotermos, utilizan fuentes externas de calor para regular gran parte de su temperatura corporal.

  Pueden desplazarse entre Sol y sombra, entrar en madrigueras o cambiar sus períodos de actividad.

  El comportamiento forma parte de su sistema de supervivencia.

Incluso el color puede ser importante

  Las características de la superficie corporal pueden influir en absorción de radiación, camuflaje y temperatura.

  Muchos animales presentan colores similares a arena y rocas.

  Esto puede dificultar que depredadores o presas los detecten.

  En un paisaje abierto, pasar desapercibido puede ser una enorme ventaja.

El desierto también puede ser frío

  No debemos asociar automáticamente desierto con calor.

  El desierto de Gobi, por ejemplo, experimenta inviernos extremadamente fríos.

  Incluso la Antártida es considerada un desierto desde el punto de vista climático debido a su bajísima precipitación.

  Lo que define al desierto es principalmente la escasez de agua disponible mediante precipitación.

La Biblia está llena de historias del desierto

  Abraham recorrió regiones áridas.

  Moisés pasó años en ellas.

  Israel atravesó el desierto.

  David conoció lugares secos mientras huía.

  Juan el Bautista predicó en el desierto.

  Y Jesucristo pasó cuarenta días en el desierto.

  Para los escritores bíblicos, el desierto no era una imagen distante. Formaba parte de su geografía.

“Mi alma tiene sed de ti”

  David escribió:

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti… en tierra seca y árida donde no hay aguas.”
(Salmo 63:1)

  La fuerza de la imagen proviene precisamente de conocer lo que significa tener sed en una región árida.

  En el desierto, el agua no es un detalle.

  Es vida.

Agua en el desierto

  Isaías presenta una imagen extraordinaria:

“Porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.”
(Isaías 35:6)

  Para quien conoce un paisaje árido, pocas imágenes podrían representar mejor una transformación.

  Donde aparece agua, aparece la posibilidad de vida.

“El yermo florecerá”

  El mismo capítulo declara:

“El desierto y la soledad se alegrarán por ellos; y el yermo se gozará y florecerá como la rosa.”
(Isaías 35:1)

  Actualmente podemos observar fenómenos que ayudan a comprender la fuerza de esta imagen.

  Después de lluvias excepcionales, algunos desiertos realmente pueden cubrirse de flores.

  Un paisaje aparentemente muerto puede transformarse.

La vida donde cada gota cuenta

  La Biblia no pretende explicar fisiología renal, fotosíntesis CAM, meteorología o ecología del desierto mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la biología, climatología, botánica y fisiología.

  Sin embargo, cuanto más estudiamos los desiertos, menos vacíos parecen.

  Los cactus almacenan agua. Algunas plantas realizan gran parte de su intercambio gaseoso durante la noche. Las semillas esperan períodos favorables. Los roedores producen orina extraordinariamente concentrada. Los reptiles buscan refugio durante las horas más calientes. Algunos organismos aprovechan incluso la niebla.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estas estrategias aumenta nuestra admiración. Los desiertos nos recuerdan que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso donde el agua escasea: lugares donde una semilla puede esperar silenciosamente bajo el suelo y donde unas pocas horas de lluvia son suficientes para transformar una tierra aparentemente vacía en un paisaje lleno de vida y color.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

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La tundra — vida en los límites del frío

  Existen regiones de la Tierra donde los árboles prácticamente desaparecen, el invierno domina gran parte del año y el suelo puede permanecer congelado durante períodos extraordinariamente largos. A primera vista, estos paisajes parecen demasiado hostiles para sostener una comunidad abundante de seres vivos. Sin embargo, cuando llega el breve verano, la tundra puede transformarse en un mosaico de musgos, líquenes, pequeñas flores, insectos y animales.

  La tundra se encuentra principalmente en regiones cercanas al Ártico, aunque también existe tundra alpina en grandes montañas. Sus características más conocidas son las bajas temperaturas, una temporada de crecimiento corta, vegetación de poca altura y, en gran parte de la tundra ártica, la presencia de permafrost, suelo que permanece congelado durante al menos dos años consecutivos.

  Aquí la vida enfrenta un desafío extraordinario: aprovechar rápidamente los pocos meses favorables y resistir el resto del año bajo condiciones extremas.

La tundra, un ecosistema maravilloso

¿Por qué casi no existen árboles?

  La palabra tundra está relacionada precisamente con una región abierta y sin grandes árboles.

  Las temperaturas bajas, los fuertes vientos, la corta temporada de crecimiento y las características del suelo dificultan que los árboles desarrollen los grandes sistemas de raíces y troncos que encontramos en los bosques.

  Por eso predominan plantas pequeñas.

  En la tundra, crecer cerca del suelo puede ser una ventaja.

El permafrost — tierra permanentemente congelada

  Una de las características más fascinantes de muchas regiones de tundra es el permafrost.

  Debajo de la superficie existe suelo que permanece congelado durante años.

  Durante el verano solamente una capa superior puede descongelarse.

  A esta región se le llama capa activa.

  Las plantas deben desarrollar gran parte de sus raíces dentro de esa pequeña profundidad disponible.

El agua puede quedar atrapada sobre suelo congelado

  Aquí aparece una aparente contradicción.

  La tundra recibe relativamente poca precipitación, pero durante el verano puede presentar charcos, pequeños lagos y terrenos pantanosos.

  La razón es que el permafrost dificulta que el agua se infiltre profundamente.

  La nieve se derrite.

  La capa superficial se descongela.

  Pero debajo continúa existiendo suelo congelado.

  El agua queda atrapada cerca de la superficie.

Un desierto frío

  Aunque pueda parecer extraño, algunas regiones de tundra reciben cantidades de precipitación comparables con las de ciertos desiertos.

  La diferencia es la temperatura.

  El agua permanece congelada durante gran parte del año y la evaporación puede ser limitada.

  Por eso un paisaje frío puede contener relativamente poca precipitación y, aun así, presentar áreas húmedas durante el verano.

Las plantas permanecen cerca del suelo

  Musgos, líquenes, hierbas, juncos y pequeños arbustos dominan gran parte del paisaje.

  Muchas plantas crecen formando almohadillas o grupos compactos.

  Permanecer cerca del suelo ayuda a reducir la exposición al viento.

  También puede permitir aprovechar una pequeña capa de aire ligeramente menos fría que la situada más arriba.

  En la tundra, ser pequeño puede ser una extraordinaria ventaja.

Algunas plantas parecen pequeñas almohadas

  Las llamadas plantas en cojín forman estructuras densas y redondeadas.

  Dentro de ellas el aire puede quedar parcialmente protegido.

  La temperatura puede ser algo diferente de la del ambiente exterior.

  Una forma compacta también reduce la superficie expuesta al viento.

  La geometría de una planta puede contribuir a su supervivencia.

Las hojas también están preparadas para conservar recursos

  Muchas plantas de tundra poseen hojas pequeñas.

  Algunas presentan pelos o cubiertas que ayudan a reducir la pérdida de agua y proteger los tejidos.

  Los colores oscuros de determinadas estructuras también pueden favorecer la absorción de radiación solar.

  Cuando el verano dura poco, aprovechar el calor disponible es importante.

La tundra en el verano

Las flores aparecen rápidamente

  Después de meses de nieve y frío, llega el verano.

  La temperatura aumenta.

  La capa superficial del suelo se descongela.

  Y en poco tiempo comienzan a aparecer flores.

  No pueden desperdiciar una temporada favorable que quizá dure solamente unas semanas.

  El crecimiento y la reproducción deben ocurrir con rapidez.

El Sol puede permanecer visible durante casi todo el día

  Durante el verano ártico, las regiones situadas suficientemente al norte experimentan días extraordinariamente largos.

  En algunos lugares el Sol puede permanecer sobre el horizonte durante las veinticuatro horas.

  Esto proporciona a las plantas muchas horas potenciales de luz para realizar fotosíntesis.

  El verano es breve.

  Pero los días pueden ser extraordinariamente largos.

Después llega una larga oscuridad

  Durante el invierno ocurre lo contrario.

  Los días se acortan enormemente.

  En regiones situadas dentro del círculo polar puede existir un período en el que el Sol no llega a elevarse sobre el horizonte.

  Temperaturas extremadamente bajas, viento, nieve y oscuridad dominan el paisaje.

  Las criaturas de la tundra necesitan estrategias para sobrevivir.

El caribú — un gran viajero de la tundra

  Los caribúes, conocidos como renos en Eurasia, pueden realizar grandes desplazamientos entre regiones de alimentación y reproducción.

  Sus pezuñas anchas ayudan a caminar sobre terrenos blandos, nieve y zonas húmedas.

  Durante diferentes estaciones consumen diversos tipos de vegetación.

  Enormes manadas pueden desplazarse a través del paisaje.

El zorro ártico — vestido para el frío

  El zorro ártico posee un pelaje extraordinariamente aislante.

  Su cuerpo compacto, orejas relativamente pequeñas y abundante pelo ayudan a reducir la pérdida de calor.

  Incluso las plantas de sus patas están cubiertas de pelo.

  En muchas poblaciones, el color del pelaje cambia según la estación.

  Blanco durante el invierno.

  Más oscuro durante el verano.

El búho nival

  El búho nival puede vivir y reproducirse en regiones de tundra.

  Su plumaje proporciona aislamiento y camuflaje.

  Se alimenta de pequeños mamíferos, especialmente lemmings cuando estos son abundantes.

  La población de una especie puede estar estrechamente relacionada con la disponibilidad de otra.

Los pequeños lemmings tienen una gran importancia

  Los lemmings son pequeños roedores que viven en ambientes del norte.

  Su número puede variar considerablemente entre diferentes años.

  Cuando son abundantes proporcionan alimento a zorros, búhos y otros depredadores.

  Una criatura pequeña puede sostener gran parte de una red alimentaria.

Los insectos aparecen por millones

  Durante el breve verano, charcos y zonas húmedas proporcionan lugares donde se reproducen mosquitos y otros insectos.

  Sus poblaciones pueden aumentar rápidamente.

  Esto puede resultar incómodo para grandes mamíferos, pero también proporciona enormes cantidades de alimento para aves.

  El verano despierta repentinamente un mundo que parecía vacío.

Millones de aves llegan para reproducirse

  Numerosas aves migratorias viajan hacia regiones árticas durante el verano.

  Allí encuentran extensas áreas para anidar y abundancia temporal de insectos y otros alimentos.

  Después, antes de que regrese el invierno, vuelan nuevamente hacia regiones más cálidas.

  La tundra puede recibir visitantes que han viajado miles de kilómetros.

Migrar es una solución al invierno

  No todos los animales necesitan soportar directamente los meses más duros.

  Algunos simplemente se marchan.

  Aves y grandes mamíferos pueden desplazarse enormes distancias siguiendo estaciones y recursos.

  La supervivencia no siempre consiste en resistir las condiciones.

  A veces consiste en saber cuándo moverse.

Otros permanecen todo el año

  El zorro ártico, algunos roedores y otras especies permanecen en regiones frías durante el invierno.

  Necesitan aislamiento, reservas energéticas, refugios o comportamientos que reduzcan la exposición.

  Cada especie enfrenta el mismo ambiente mediante soluciones diferentes.

La nieve también puede proteger

  Aunque la nieve es fría, también funciona como aislante.

  Debajo de una capa profunda puede existir un espacio llamado ambiente subnival.

  Pequeños mamíferos pueden desplazarse allí protegidos parcialmente de temperaturas exteriores extremas y del viento.

  Aquello que parece simplemente una cubierta congelada puede convertirse en refugio.

El suelo está lleno de organismos microscópicos

  Bacterias, hongos y otros microorganismos participan en la descomposición de materia orgánica.

  Pero las bajas temperaturas disminuyen la velocidad de muchos procesos.

  Por eso la materia puede acumularse durante largos períodos.

  Incluso el reciclaje de nutrientes debe enfrentarse al frío.

El permafrost almacena enormes cantidades de carbono

  Durante largos períodos, restos de plantas y otros materiales han quedado conservados en suelos congelados.

  Esto significa que el permafrost contiene grandes cantidades de carbono orgánico.

  Cuando determinadas regiones se descongelan, los microorganismos pueden comenzar a descomponer parte de esa materia.

  Este proceso puede liberar dióxido de carbono y metano.

  Por eso el estado del permafrost tiene importancia mucho más allá del Ártico.

La tundra está cambiando

  Las regiones árticas están experimentando un calentamiento particularmente rápido.

  En algunos lugares el permafrost se está descongelando y la vegetación está cambiando.

  Arbustos pueden expandirse hacia regiones donde antes eran menos comunes.

  También pueden modificarse rutas migratorias, disponibilidad de alimento y condiciones del suelo.

  Un ecosistema preparado para el frío puede ser especialmente sensible a cambios relativamente rápidos.

Existen lagos que aparecen y desaparecen

  Cuando el hielo del suelo se derrite, la superficie puede hundirse.

  Esto puede formar depresiones donde se acumula agua.

  En otros casos, cambios en el permafrost pueden abrir vías de drenaje y hacer desaparecer lagos existentes.

  El paisaje de la tundra no es completamente inmóvil.

  El hielo escondido debajo participa en su forma.

También existe tundra en las montañas

  No toda tundra está cerca del Polo Norte.

  Por encima de cierta altitud en grandes montañas, las condiciones pueden ser demasiado severas para el crecimiento de árboles.

  Allí aparece la tundra alpina.

  Puede encontrarse en diferentes continentes.

  El frío de la altitud produce un paisaje que comparte algunas características con las regiones árticas.

Tundra ártica y alpina no son exactamente iguales

  La tundra alpina generalmente no posee el mismo permafrost continuo característico de muchas regiones árticas.

  Además, la duración del día y las condiciones estacionales son diferentes.

  Sin embargo, ambas presentan vegetación baja y fuertes limitaciones para el crecimiento de árboles.

  Distintos lugares pueden producir desafíos parecidos.

La tundra parece vacía solamente desde lejos

  Desde un avión podemos observar una enorme extensión sin árboles.

  Parece silenciosa y casi deshabitada.

  Pero al acercarnos encontramos líquenes sobre piedras, flores diminutas, insectos, aves, pequeños mamíferos y raíces escondidas bajo el suelo.

  La ausencia de árboles no significa ausencia de vida.

Una pequeña flor puede sobrevivir donde un gran árbol no puede

  Esta es quizá una de las imágenes más hermosas de la tundra.

  Un árbol de treinta metros no puede establecerse fácilmente bajo esas condiciones.

  Pero una planta de pocos centímetros puede hacerlo.

  Permanece cerca del suelo.

  Resiste el viento.

  Espera bajo la nieve.

  Y cuando llega el breve verano, florece.

La Biblia habla de nieve, hielo y frío

  El libro de Job declara:

“¿De qué vientre salió el hielo? Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró?”
(Job 38:29)

  Los escritores bíblicos conocían nieve y hielo, aunque no las enormes regiones de tundra ártica que hoy podemos estudiar.

  La pregunta de Job dirige nuestra atención hacia fenómenos naturales que parecen sencillos hasta que comenzamos a investigarlos.

El salmista contempló el hielo

  El Salmo 147 declara:

“Da la nieve como lana, y derrama la escarcha como ceniza. Echa su hielo como pedazos.”
(Salmo 147:16-17)

  En la tundra, hielo y nieve no son acontecimientos ocasionales.

  Determinan gran parte de la estructura del ecosistema.

  La vida entera debe organizarse alrededor de ellos.

Un calendario marcado por unas pocas semanas

  Durante meses domina el invierno.

  Después llega el deshielo.

  Las plantas crecen.

  Las flores se abren.

  Los insectos aparecen.

  Las aves llegan.

  Los animales se reproducen.

  Las crías crecen.

  Y antes de que pase mucho tiempo, las temperaturas vuelven a descender.

  La vida debe aprovechar cada oportunidad.

Vida en los límites del frío

  La Biblia no pretende explicar permafrost, fisiología térmica, migración o ciclos del carbono mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la ecología, climatología, geología y fisiología.

  Sin embargo, estudiar la tundra nos permite descubrir una extraordinaria comunidad de organismos capaces de funcionar bajo condiciones que parecerían casi imposibles.

  Las plantas permanecen cerca del suelo. Algunos animales poseen grueso aislamiento. Otros migran miles de kilómetros. Pequeños mamíferos utilizan la nieve como refugio. Las aves aprovechan los largos días del verano y las raíces ocupan la pequeña capa de tierra que logra descongelarse.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estas características aumenta nuestra admiración. La tundra nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso en los lugares más fríos de la Tierra: allí donde un árbol no puede levantarse, una pequeña flor puede esperar durante meses bajo la nieve y, cuando finalmente llega el verano, abrirse bajo un Sol que casi nunca se pone.

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  En algunos de los lugares más secos de la Tierra, donde pueden pasar largos períodos sin lluvia y las temperaturas del suelo llegan a ser extremas, encontramos plantas capaces de mantenerse vivas, crecer y producir flores. Son los cactus, miembros de la familia Cactaceae, un extraordinario grupo de plantas especialmente preparado para administrar el agua.

  A primera vista, un cactus podría parecer simplemente una planta cubierta de espinas. Sin embargo, al observarlo con mayor atención descubrimos una sorprendente combinación de estructuras: tallos capaces de almacenar agua, superficies que reducen su pérdida, raíces preparadas para aprovechar lluvias breves, espinas que cumplen varias funciones y un sistema fotosintético que permite reducir la pérdida de agua durante las horas más calientes.

  El gran secreto del cactus no consiste solamente en conseguir agua, sino en conservarla y utilizarla cuidadosamente.

¿Dónde están sus hojas?

  Una de las características más evidentes de muchos cactus es la ausencia de las hojas grandes que observamos en otras plantas.

  Las hojas ofrecen una amplia superficie para realizar fotosíntesis, pero también permiten que grandes cantidades de agua escapen mediante transpiración.

  En la mayoría de los cactus, las hojas se encuentran enormemente reducidas y las espinas están relacionadas con hojas modificadas.

  La fotosíntesis ocurre principalmente en el tallo verde.

El tallo realiza el trabajo de las hojas

  El color verde del cactus no es accidental.

  Sus tallos contienen clorofila y pueden realizar fotosíntesis.

  Así, una estructura cumple varias funciones.

  El tallo sostiene la planta.

  Almacena agua.

  Y al mismo tiempo captura energía luminosa para producir materia orgánica.

Un depósito de agua viviente

  El interior de muchos cactus contiene tejidos capaces de almacenar grandes cantidades de agua.

  Después de una lluvia, la planta puede absorber rápidamente humedad y conservarla.

  El tallo puede aumentar de volumen.

  Posteriormente, durante semanas o meses secos, esa reserva permite mantener procesos celulares.

  El cactus lleva consigo parte del agua que necesitará en el futuro.

Los pliegues permiten expandirse

  Muchos cactus columnares poseen costillas o pliegues verticales.

  Estas estructuras permiten que el tallo cambie de volumen.

  Después de absorber agua puede expandirse sin que la superficie tenga que romperse.

  Durante períodos secos puede contraerse nuevamente.

  Es parecido, en cierto sentido, a un recipiente flexible que aumenta su capacidad cuando recibe agua.

Una piel preparada para conservar humedad

  La superficie del cactus está cubierta por una cutícula cerosa que ayuda a reducir la pérdida de agua.

  En un ambiente donde cada gota es valiosa, permitir que el agua escape rápidamente sería un enorme problema.

  La cubierta externa funciona como una barrera.

  El agua almacenada queda protegida dentro del tejido.

Los estomas — pequeñas puertas que representan un problema

  Las plantas necesitan dióxido de carbono para realizar fotosíntesis.

  Este gas entra principalmente mediante pequeños poros llamados estomas.

  Pero cuando los estomas se abren también puede escapar vapor de agua.

  Para una planta del desierto surge entonces un problema:

  ¿cómo obtener dióxido de carbono sin perder demasiada agua?

El cactus, un trabajador nocturo

Abrir las puertas durante la noche

  Muchos cactus utilizan un sistema metabólico conocido como metabolismo ácido de las crasuláceas, o fotosíntesis CAM.

  En lugar de mantener sus estomas abiertos principalmente durante las horas calientes, pueden abrirlos sobre todo durante la noche.

  La temperatura es menor y la humedad relativa suele ser mayor.

  Esto reduce considerablemente la pérdida de agua.

Guardar dióxido de carbono para utilizarlo después

  Durante la noche, el cactus captura dióxido de carbono y lo incorpora temporalmente en compuestos orgánicos.

  Cuando llega el día, los estomas pueden permanecer cerrados durante buena parte del tiempo.

  Entonces el dióxido de carbono almacenado es liberado dentro de los tejidos y utilizado en la fotosíntesis.

  El cactus separa parcialmente en el tiempo la entrada del gas y su utilización.

Trabajar de noche para sobrevivir durante el día

  Esta estrategia resulta extraordinariamente apropiada para ambientes secos.

  Mientras muchas plantas intercambian gases activamente durante el día, el cactus puede realizar parte importante de ese intercambio durante las horas más frescas.

  Cuando aparece el calor intenso, sus pequeñas puertas pueden permanecer cerradas.

  El agua queda dentro.

Las espinas hacen mucho más que defender

  Las espinas proporcionan protección contra animales que podrían intentar alimentarse del tejido lleno de agua.

  Pero también pueden modificar el ambiente inmediato alrededor del cactus.

  Producen pequeñas sombras sobre su superficie y pueden disminuir parcialmente el movimiento del aire junto al tallo.

  En algunas especies también pueden ayudar a interceptar humedad.

  Una estructura aparentemente sencilla puede cumplir varias funciones.

Miles de pequeñas sombras

  Imaginemos la superficie de un cactus bajo el sol del desierto.

  Cada espina proyecta una pequeña sombra.

  A lo largo del día esas sombras cambian de posición.

  Cuando existen cientos o miles de espinas, el efecto conjunto puede reducir parte de la radiación que alcanza directamente determinados puntos del tallo.

  La defensa física también puede contribuir al control térmico.

¿De dónde salen las espinas?

  Los cactus poseen estructuras características llamadas areolas.

  Parecen pequeñas almohadillas distribuidas sobre el tallo.

  De ellas pueden surgir espinas, flores, ramas y, en algunas especies, pequeños pelos.

  Las areolas son tan características que ayudan a distinguir a los verdaderos cactus de otras plantas suculentas que pueden parecerse a ellos.

No toda planta con espinas es un cactus

  Existen muchas plantas de regiones secas que almacenan agua y poseen espinas.

  Pero no todas pertenecen a la familia Cactaceae.

  Algunas euforbias africanas, por ejemplo, pueden parecer sorprendentemente similares a ciertos cactus.

  Las areolas son una de las características que permiten reconocer a los cactus verdaderos.

Raíces preparadas para una lluvia breve

  En muchos cactus, una gran parte del sistema radicular se extiende horizontalmente cerca de la superficie.

  Esto permite aprovechar rápidamente lluvias que quizá solamente humedezcan las capas superiores del suelo.

  No siempre necesitan buscar agua a enormes profundidades.

  En determinadas condiciones, la mejor estrategia es cubrir una gran superficie.

Cuando finalmente llueve, hay que actuar rápido

  En el desierto una tormenta puede durar poco tiempo.

  El suelo comienza a humedecerse.

  Las raíces absorben agua.

  El tallo aumenta sus reservas.

  Después vuelve el calor.

  Una oportunidad que duró solamente unas horas puede proporcionar recursos para un período mucho más largo.

Pero demasiada agua también puede ser peligrosa

  Resulta paradójico, pero un cactus puede sufrir si permanece en un suelo continuamente saturado.

  Sus raíces necesitan oxígeno.

  El exceso de humedad puede favorecer pudrición y crecimiento de microorganismos dañinos.

  Una planta preparada para sobrevivir con poca agua no necesariamente funciona bien cuando recibe demasiada.

Las formas también ayudan a conservar agua

  Muchos cactus poseen formas aproximadamente esféricas, cilíndricas o columnares.

  Estas geometrías permiten almacenar un volumen considerable con una superficie externa relativamente limitada.

  Cuanta menos superficie exista en relación con el volumen, menor puede ser el área disponible para perder agua.

  La propia forma de la planta participa en su economía hídrica.

Algunos cactus alcanzan tamaños gigantescos

  El famoso saguaro (Carnegiea gigantea) puede alcanzar más de diez metros de altura.

  Sus grandes brazos forman una de las imágenes más reconocibles de los desiertos de Norteamérica.

  Pero llegar a ese tamaño requiere tiempo.

  Los saguaros crecen lentamente y pueden vivir durante muchas décadas.

Un gigante lleno de agua

  Después de lluvias abundantes, un gran saguaro puede almacenar una enorme cantidad de agua y aumentar considerablemente su peso.

  Su estructura interna debe sostener esa masa.

  Dentro posee un armazón de tejidos vasculares y estructuras resistentes que ayudan a mantenerlo erguido.

  Una planta que parece sencilla por fuera contiene una arquitectura capaz de sostener toneladas de tejido y agua.

Los cactus también producen flores extraordinarias

  Quizá una de las imágenes más hermosas del desierto sea un cactus en flor.

  Después de meses de aparente inmovilidad, pueden aparecer flores grandes y de colores intensos.

  Rojas.

  Amarillas.

  Blancas.

  Rosadas.

  Naranjas.

  En medio de un paisaje seco aparece repentinamente una explosión de color.

Algunas flores se abren durante la noche

  Ciertos cactus producen flores que se abren principalmente de noche.

  Esto coincide con la actividad de algunos de sus polinizadores.

  Murciélagos, polillas y otros animales nocturnos pueden transportar polen entre flores.

  En otras especies, abejas, aves y otros animales realizan esta función durante el día.

El saguaro y los murciélagos

  Las flores de algunos cactus columnares proporcionan néctar y polen a murciélagos nectarívoros.

  Mientras el animal introduce su cabeza para alimentarse, el polen queda adherido a su cuerpo.

  Cuando visita otra flor puede transportarlo.

  El cactus alimenta al murciélago.

  El murciélago ayuda a la reproducción del cactus.

Los frutos también alimentan animales

  Después de la polinización pueden desarrollarse frutos.

  Aves, mamíferos y otros animales los consumen.

  Las semillas pueden ser transportadas lejos de la planta original.

  Una relación que comenzó con una flor puede terminar ayudando a establecer una nueva generación de cactus.

Una semilla diminuta enfrenta un enorme desafío

  Una planta adulta puede soportar condiciones muy difíciles.

  Una pequeña plántula es mucho más vulnerable.

  Necesita humedad suficiente para germinar y establecer raíces antes de que el suelo vuelva a secarse.

  Por eso muchas semillas nunca llegan a convertirse en cactus adultos.

  Las primeras etapas pueden ser las más peligrosas.

Una planta protectora puede ayudar a otra

  Algunos cactus jóvenes comienzan su vida bajo arbustos o árboles pequeños conocidos como plantas nodrizas.

  La sombra reduce la temperatura.

  El suelo puede conservar más humedad.

  La joven planta queda parcialmente protegida.

  Años después, el pequeño cactus puede superar en tamaño a la planta que alguna vez le proporcionó refugio.

Los cactus también proporcionan hogares

  Grandes cactus columnares pueden convertirse en refugio para animales.

  Algunas aves excavan cavidades en ellos para construir nidos.

  Posteriormente otras especies pueden utilizar esas cavidades abandonadas.

  El cactus proporciona agua y alimento mediante flores y frutos, pero también puede convertirse literalmente en una vivienda.

Vivir bajo temperaturas extremas

  El desierto presenta enormes variaciones.

  Durante el día la superficie puede calentarse intensamente.

  Durante la noche la temperatura puede descender rápidamente.

  Los cactus deben mantener sus células funcionando bajo esas condiciones mientras conservan agua.

  La supervivencia depende de numerosos mecanismos trabajando simultáneamente.

El desierto no está vacío

  Cuando pensamos en un desierto podemos imaginar arena y ausencia de vida.

  Pero alrededor de los cactus existen insectos, aves, reptiles, mamíferos, microorganismos y otras plantas.

  Las flores proporcionan néctar.

  Los frutos proporcionan alimento.

  Los tallos proporcionan refugio.

  Una planta puede convertirse en el centro de numerosas relaciones.

La Biblia conocía muy bien las tierras secas

  Muchos acontecimientos bíblicos ocurrieron en regiones áridas o semiáridas.

  Por eso las Escrituras utilizan repetidamente la imagen de la sed, el desierto y el agua.

  Isaías escribió:

“Porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.”
(Isaías 35:6)

  Para alguien que vive en una región seca, la aparición de agua representa inmediatamente vida.

Una lección sobre administrar recursos

  El cactus no controla cuándo llegará la próxima lluvia.

  Pero cuando llega, absorbe agua.

  La almacena.

  Reduce su pérdida.

  Abre sus estomas principalmente cuando las condiciones son más favorables.

  Utiliza lentamente aquello que ha recibido.

  Su supervivencia depende de una extraordinaria administración.

La vida puede aparecer donde parece imposible

  El profeta escribió:

“El desierto y la soledad se alegrarán por ellos; y el yermo se gozará y florecerá como la rosa.”
(Isaías 35:1)

  Un cactus cubierto de flores expresa visualmente algo parecido.

  Durante meses puede parecer inmóvil entre piedras y polvo.

  Entonces llegan las condiciones apropiadas.

  Y de una planta cubierta de espinas surge una flor extraordinariamente hermosa.

Cuando cada gota cuenta

  La Biblia no pretende explicar fotosíntesis CAM, estomas, cutículas o fisiología vegetal mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la botánica, fisiología y ecología.

  Sin embargo, estudiar los cactus revela una extraordinaria integración de estructuras.

  El tallo almacena agua y realiza fotosíntesis. La cutícula reduce pérdidas. Las espinas protegen y producen pequeñas sombras. Las raíces aprovechan rápidamente lluvias breves. Las costillas permiten que el tallo se expanda. Los estomas pueden abrirse principalmente durante la noche y las flores conectan la planta con polinizadores.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estos mecanismos aumenta nuestra admiración. Los cactus nos recuerdan que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso en los lugares donde el agua casi desaparece: una planta capaz de recibir una lluvia breve, conservar cada gota y esperar pacientemente hasta cubrir de flores un paisaje que parecía demasiado seco para sostener vida.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

Organizaciones científicas

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Dr. Elio M Rivera

  En un bosque, un lobo persigue a un venado. En una flor, una abeja recoge néctar mientras transporta polen. Bajo el suelo, hongos y bacterias descomponen una hoja caída. En un río, pequeños organismos sirven de alimento a peces que después pueden alimentar a aves. A primera vista parecen acontecimientos independientes, pero forman parte de una enorme red de relaciones.

  A esta interacción dinámica entre organismos y ambiente solemos llamarla equilibrio ecológico. No significa que la naturaleza permanezca inmóvil ni que siempre exista el mismo número de animales y plantas. Las poblaciones aumentan y disminuyen, aparecen sequías, incendios, tormentas y enfermedades. Sin embargo, los ecosistemas poseen procesos que permiten mantener funciones fundamentales y recuperarse de muchas alteraciones.

  En la naturaleza casi nada vive completamente aislado. La supervivencia de una criatura puede depender de organismos que nunca llega a ver.

¿Qué es realmente un ecosistema?

  Un ecosistema está formado por los organismos que viven en determinado lugar y por los componentes físicos con los que interactúan.

  Incluye animales, plantas, hongos y microorganismos.

  Pero también agua, aire, suelo, temperatura, minerales y luz.

  La vida y el ambiente forman un sistema de relaciones.

El equilibrio no significa que nada cambie

  Esta idea es fundamental.

  Un ecosistema saludable no permanece exactamente igual.

  Nacen animales.

  Otros mueren.

  Las plantas crecen.

  Las poblaciones cambian.

  Llegan estaciones secas y lluviosas.

  El equilibrio ecológico es dinámico.

Todo comienza con una fuente de energía

  En la mayoría de los ecosistemas, gran parte de la energía disponible originalmente procede del Sol.

  Las plantas, algas y determinados microorganismos capturan energía luminosa mediante fotosíntesis.

  Esa energía queda almacenada químicamente.

  Después puede pasar de un organismo a otro.

Las plantas alimentan mucho más que herbívoros

  Un venado consume plantas.

  Un depredador puede consumir al venado.

  Cuando ambos mueren, otros organismos utilizan sus restos.

  Finalmente los descomponedores participan en devolver nutrientes al ambiente.

  La materia continúa circulando.

  La energía, en cambio, fluye a través del sistema y finalmente se disipa principalmente como calor.

No existe una simple cadena, sino una red

  En la escuela solemos aprender una cadena sencilla:

Planta → conejo → zorro.

  Pero la realidad es muchísimo más compleja.

  El conejo consume diferentes plantas.

  El zorro puede alimentarse de distintas presas.

  Otros depredadores también pueden capturar conejos.

  Las plantas alimentan numerosos animales.

  Por eso los ecólogos hablan de redes alimentarias.

Los depredadores también cumplen una función

  Puede resultar fácil pensar que un depredador solamente destruye.

  Sin embargo, los depredadores pueden ayudar a regular las poblaciones de sus presas.

  Si determinados herbívoros aumentaran sin suficiente control, podrían consumir vegetación a un ritmo mayor del que esta puede recuperarse.

  El depredador forma parte de la red.

¿Qué ocurre cuando desaparece un depredador?

  En algunos ecosistemas, retirar un depredador importante puede producir consecuencias que alcanzan varios niveles de la red alimentaria.

  Las presas pueden aumentar.

  La vegetación puede disminuir.

  Otros animales pueden perder alimento o refugio.

  Incluso determinadas características físicas del ambiente pueden verse indirectamente afectadas.

  A estos efectos encadenados se les llama cascadas tróficas.

El famoso caso de Yellowstone

  Los lobos fueron eliminados de gran parte del Parque Nacional Yellowstone durante el siglo XX.

  Décadas después fueron reintroducidos.

  Su regreso produjo cambios en las poblaciones y comportamiento de diferentes animales y formó parte de una serie compleja de modificaciones ecológicas.

  El caso se convirtió en un importante ejemplo para estudiar cómo un gran depredador puede influir sobre un ecosistema.

  Sin embargo, los científicos también señalan que Yellowstone es complejo y que sus cambios no pueden atribuirse exclusivamente a los lobos.

Un ecosistema, es la creación conectada

Una especie puede tener efectos enormes

  Algunas especies ejercen una influencia desproporcionadamente grande en relación con su abundancia.

  Se conocen como especies clave.

  Su desaparición puede modificar profundamente una comunidad.

  Esto demuestra que importancia ecológica y tamaño no son necesariamente lo mismo.

La nutria marina y los bosques de algas

  Las nutrias marinas pueden alimentarse de erizos de mar.

  Los erizos consumen algas.

  Cuando existen demasiados erizos, pueden reducir considerablemente los bosques de kelp.

  Las nutrias pueden ayudar a controlar sus poblaciones.

  Así, un mamífero puede contribuir indirectamente a conservar un enorme bosque submarino.

Los polinizadores conectan plantas y animales

  Abejas, mariposas, polillas, murciélagos, aves y otros animales transportan polen entre flores.

  Muchas plantas dependen en diferente grado de estos visitantes para reproducirse.

  A cambio, los animales pueden obtener néctar o polen.

  Una relación entre dos organismos termina produciendo frutos y semillas que después alimentarán a muchos otros.

Una abeja puede influir en toda una comunidad

  Imaginemos una planta que necesita polinización.

  La abeja visita la flor.

  Transporta polen.

  Se produce un fruto.

  Un ave consume ese fruto.

  La semilla es transportada.

  Crece una nueva planta.

  Esa planta proporciona refugio a otros organismos.

  Una visita de pocos segundos puede formar parte de una larga cadena de acontecimientos.

Los descomponedores cierran ciclos

  Cuando una hoja cae, hongos y microorganismos comienzan a degradarla.

  Cuando un animal muere, numerosos organismos participan en su descomposición.

  Las moléculas que formaban su cuerpo no desaparecen.

  Muchos nutrientes regresan al suelo, al agua o a la atmósfera.

  Posteriormente pueden ser utilizados nuevamente.

Sin descomposición, los nutrientes quedarían atrapados

  Imaginemos que todas las hojas caídas permanecieran intactas para siempre.

  Los nutrientes contenidos en ellas quedarían fuera del alcance de nuevas plantas.

  Los descomponedores liberan nuevamente muchos de esos materiales.

  La vida depende tanto de construir como de descomponer.

Los hongos son grandes trabajadores ocultos

  Una enorme parte de un hongo puede permanecer escondida bajo el suelo formando redes de filamentos llamadas micelio.

  Los hongos participan intensamente en la descomposición.

  Otros establecen asociaciones con raíces de plantas.

  Un bosque que parece dominado por árboles también depende profundamente de organismos escondidos debajo de ellos.

Incluso las bacterias participan en ciclos planetarios

  Determinadas bacterias transforman compuestos de nitrógeno.

  Otras participan en ciclos del carbono, azufre y otros elementos.

  Sin estas transformaciones, muchos nutrientes no estarían disponibles de la manera necesaria para otros organismos.

  Algunos de los participantes más importantes de un ecosistema son invisibles a simple vista.

El agua también conecta ecosistemas

  La lluvia cae sobre una montaña.

  Parte entra en el suelo.

  Otra parte llega a arroyos.

  Los arroyos alimentan ríos.

  Los ríos transportan minerales y materia orgánica.

  Finalmente el agua puede llegar al océano.

  Un bosque situado a cientos de kilómetros puede influir sobre ambientes río abajo.

Los animales también transportan nutrientes

  Un salmón crece en el océano y después regresa a un río para reproducirse.

  Cuando muere, nutrientes que formaban parte de su cuerpo pueden ser utilizados por otros organismos.

  Osos y otros animales pueden transportar restos lejos del agua.

  Así, materiales procedentes del océano pueden terminar dentro de ecosistemas terrestres.

Las aves conectan continentes

  Muchas especies migratorias pasan diferentes épocas del año en lugares separados por miles de kilómetros.

  Se alimentan en un ecosistema.

  Se reproducen en otro.

  Transportan nutrientes, semillas y organismos.

  Un humedal en un país puede ser importante para aves que pasarán meses en otro continente.

La competencia también forma parte del sistema

  No todas las relaciones son cooperación.

  Dos especies pueden competir por alimento.

  Las plantas compiten por luz.

  Los animales pueden competir por territorio, agua o refugio.

  La competencia influye sobre dónde viven los organismos y cuántos pueden mantenerse en determinado ambiente.

Existe un límite para las poblaciones

  Ninguna población puede crecer indefinidamente en un ambiente limitado.

  El alimento se agota.

  El espacio disminuye.

  Aumenta la competencia.

  Pueden propagarse enfermedades.

  Los depredadores encuentran más presas.

  Numerosos factores contribuyen a regular las poblaciones.

¿Qué es la capacidad de carga?

  Los ecólogos utilizan el concepto de capacidad de carga para describir aproximadamente la población que un ambiente puede sostener durante determinadas condiciones.

  No es necesariamente un número fijo.

  Una sequía puede disminuirla.

  Una temporada extraordinariamente productiva puede aumentarla temporalmente.

  El ambiente también cambia.

Los ecosistemas pueden recuperarse

  Después de una tormenta, incendio, inundación u otra perturbación, muchos ecosistemas poseen capacidad para reorganizarse.

  A esta propiedad se le llama resiliencia ecológica.

  Las plantas vuelven a crecer.

  Los animales regresan.

  Los microorganismos continúan reciclando nutrientes.

  Pero esta capacidad tiene límites.

Un incendio no siempre destruye definitivamente un ecosistema

  En ciertos ambientes, incendios periódicos forman parte de los procesos naturales.

  Algunas semillas responden al calor.

  Determinadas plantas rebrotan.

  La materia orgánica cambia.

  Se abren espacios para nuevo crecimiento.

  Sin embargo, incendios demasiado intensos o frecuentes pueden superar la capacidad de recuperación.

Eliminar una especie puede afectar muchas otras

  Cuando desaparece una especie, no solamente perdemos ese organismo.

  También pueden desaparecer relaciones.

  Un polinizador puede dejar flores sin visitar.

  Un depredador puede dejar presas sin regulación.

  Una presa puede dejar depredadores sin alimento.

  Una planta puede perder al animal que transportaba sus semillas.

  La biodiversidad también significa diversidad de conexiones.

Las especies invasoras pueden alterar el equilibrio

  Cuando un organismo llega a un ecosistema donde no estaba presente y se expande rápidamente, puede competir con especies locales, consumirlas o modificar su hábitat.

  No todas las especies introducidas se vuelven invasoras.

  Pero algunas producen cambios enormes.

  Una nueva pieza puede modificar gran parte de la red.

Los seres humanos también formamos parte del ecosistema

  No observamos la naturaleza desde fuera.

  Dependemos de agua, suelo, plantas, animales y microorganismos.

  Nuestros alimentos dependen de ecosistemas.

  Nuestro oxígeno está relacionado con organismos fotosintéticos.

  Nuestra agricultura necesita suelos fértiles.

  Nuestra vida está integrada con el resto del planeta.

También podemos alterar profundamente los sistemas

  Deforestación, contaminación, sobreexplotación, introducción de especies y transformación de hábitats pueden modificar redes ecológicas.

  Algunos ecosistemas pueden recuperarse.

  Otros requieren décadas.

  Y determinados daños pueden ser muy difíciles de revertir.

  Comprender las relaciones ecológicas también nos ayuda a utilizar responsablemente los recursos.

La Biblia presenta una creación llena de relaciones

  El Salmo 104 ofrece una de las descripciones bíblicas más hermosas de la naturaleza:

“Él riega los montes desde sus aposentos; del fruto de sus obras se sacia la tierra. Él hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre.”
(Salmo 104:13-14)

  Agua, suelo, vegetación, animales y seres humanos aparecen relacionados dentro del mismo cuadro.

Incluso los animales dependen de ciclos

  El mismo Salmo declara:

“Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo.”
(Salmo 104:27)

  La expresión “a su tiempo” resulta particularmente interesante cuando observamos los ecosistemas.

  Las flores aparecen en determinadas temporadas.

  Los insectos emergen.

  Las aves migran.

  Los frutos maduran.

  Las lluvias llegan.

  Muchos organismos dependen de que estos acontecimientos coincidan.

“Hiciste todas ellas con sabiduría”

  El salmista resume:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)

  La ecología nos permite contemplar precisamente esa multiplicidad.

  No solamente estudiamos organismos individuales.

  Estudiamos relaciones entre ellos.

Una enorme red que casi nunca vemos completa

  Una abeja visita una flor.

  Un ave come una semilla.

  Un lobo captura una presa.

  Un hongo descompone un tronco.

  Una bacteria transforma nitrógeno.

  Una raíz absorbe minerales.

  Un río transporta nutrientes.

  Una nube devuelve agua.

  Cada acontecimiento parece pequeño.

  Juntos forman un ecosistema.

Cuando toda la naturaleza está conectada

  La Biblia no pretende explicar redes tróficas, capacidad de carga, cascadas ecológicas o ciclos biogeoquímicos mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la ecología, biología y ciencias ambientales.

  Sin embargo, cuanto más estudiamos los ecosistemas, más evidente resulta que la vida funciona mediante relaciones.

  Los productores capturan energía. Los herbívoros consumen plantas. Los depredadores regulan poblaciones. Los polinizadores permiten la reproducción de numerosas especies vegetales. Los descomponedores devuelven nutrientes. Los microorganismos realizan transformaciones químicas esenciales. El agua conecta montañas, bosques, ríos y océanos.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estas relaciones aumenta nuestra admiración. El equilibrio ecológico nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse no solamente en cada criatura individual, sino también en la extraordinaria red que las conecta: desde un gran depredador hasta una bacteria invisible, cada organismo puede ocupar un lugar dentro de una comunidad de vida mucho mayor que él mismo.

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Un insecto permanece sobre una rama y parece formar parte de ella. Una mariposa cierra sus alas y se confunde con una hoja seca. Un pulpo cambia rápidamente el aspecto de su piel mientras se desplaza sobre el fondo marino. Un búho permanece inmóvil contra la corteza de un árbol y resulta difícil distinguirlo. El animal está allí, frente a nuestros ojos, pero nuestro cerebro no logra separarlo fácilmente del ambiente.

  A este conjunto de estrategias lo llamamos camuflaje. Colores, patrones, formas, texturas, posturas y comportamiento pueden dificultar que un organismo sea detectado o reconocido.

  El camuflaje puede ayudar a una presa a escapar de un depredador, pero también puede permitir que un cazador se acerque sin ser descubierto. En la naturaleza, algunas veces sobrevivir no depende de ser más rápido o más fuerte, sino simplemente de no ser visto.

¿Qué es realmente el camuflaje?

  El camuflaje ocurre cuando determinadas características de un organismo dificultan su detección o reconocimiento dentro del ambiente.

  No significa necesariamente volverse completamente invisible.

  Basta con dificultar suficientemente la tarea del observador.

  Un depredador que tarda unos segundos adicionales en localizar a su presa puede perder la oportunidad de capturarla.

Parecerse al fondo

  Una de las formas más conocidas es la coloración críptica.

  El cuerpo posee colores semejantes a los del lugar donde normalmente permanece.

  Marrón entre ramas.

  Verde entre hojas.

  Blanco sobre nieve.

  Gris entre piedras.

  El organismo no desaparece. Simplemente deja de destacar.

El insecto palo — cuando un animal parece una rama

  Los insectos palo representan uno de los ejemplos más extraordinarios.

  Sus cuerpos largos y delgados pueden parecer pequeñas ramas.

  Algunas especies incluso se balancean lentamente mientras caminan.

  El movimiento puede recordar una ramita movida por el viento.

  La forma corporal y el comportamiento trabajan juntos.

El insecto hoja

  Otros insectos llevan el parecido todavía más lejos.

  Los insectos hoja poseen cuerpos anchos y aplanados con formas y colores semejantes a hojas.

  Incluso pueden presentar patrones que recuerdan nervaduras, manchas o bordes irregulares.

  A pocos centímetros de distancia puede resultar sorprendentemente difícil distinguirlos de la vegetación.

Parecer una hoja muerta

  La mariposa Kallima constituye un ejemplo espectacular.

  Cuando mantiene sus alas abiertas muestra colores visibles.

  Pero cuando las cierra, la superficie exterior puede parecer una hoja seca.

  Forma, color y patrones se combinan.

  Incluso ciertas líneas recuerdan la nervadura central de una hoja.

El búho puede desaparecer contra un tronco

  El plumaje de algunas aves posee patrones irregulares similares a corteza, ramas y sombras.

  Si el ave permanece inmóvil, sus límites corporales resultan difíciles de reconocer.

  Un búho puede estar observándonos desde un árbol mientras nosotros pasamos sin detectarlo.

  La inmovilidad aumenta enormemente la eficacia del patrón.

El movimiento puede destruir el camuflaje

  Nuestro sistema visual es especialmente sensible al movimiento.

  Algo que permanecía completamente escondido puede hacerse evidente en cuanto comienza a desplazarse.

  Por eso numerosos animales permanecen inmóviles cuando detectan una amenaza.

  El mejor color del mundo puede resultar inútil si el animal se mueve en el momento equivocado.

Las manchas pueden romper la silueta

  No todo camuflaje consiste en reproducir exactamente el color del ambiente.

  Patrones de manchas, líneas y contrastes pueden dificultar reconocer los límites del cuerpo.

  Esto recibe el nombre de coloración disruptiva.

  El observador ve fragmentos de color, pero le resulta más difícil identificar la figura completa del animal.

Las rayas también pueden confundir

  Las rayas pueden alterar la percepción de contornos, especialmente cuando varios animales se encuentran juntos o están en movimiento.

  En determinadas situaciones, los patrones dificultan seguir visualmente una figura individual.

  La visión no consiste simplemente en recibir luz.

  El cerebro necesita interpretar aquello que está viendo.

Contrarrestar las propias sombras

  Muchos animales poseen el vientre más claro que la espalda.

  Este patrón se conoce como contrasombreado.

  La luz generalmente llega desde arriba, produciendo una parte superior iluminada y una inferior sombreada.

  Una coloración corporal inversa puede reducir parcialmente ese contraste.

  El resultado puede hacer que el cuerpo parezca menos tridimensional.

El tiburón — oscuro arriba, claro abajo

  En numerosos animales marinos encontramos una espalda oscura y una región ventral más clara.

  Visto desde arriba, el dorso puede confundirse con las profundidades.

  Visto desde abajo, el vientre claro puede mezclarse mejor con la superficie iluminada.

  Un mismo patrón ayuda desde dos direcciones diferentes.

El camuflaje bajo el agua presenta otros desafíos. El pulpo un organismo que domina el camuflaje con excelencia

  La luz cambia conforme penetra en el agua.

  Los colores se absorben de manera diferente.

  El fondo puede estar formado por arena, coral, rocas o vegetación.

  Algunos animales marinos poseen mecanismos extraordinarios para modificar su apariencia.

  Entre los más impresionantes se encuentran los cefalópodos.

El pulpo — cambiar de apariencia en segundos

  Muchas especies de pulpos pueden modificar rápidamente el aspecto de su piel.

  Poseen células pigmentarias llamadas cromatóforos.

  Mediante músculos controlados por el sistema nervioso, estas estructuras pueden expandirse o contraerse.

  El patrón visible puede cambiar rápidamente.

  No necesita esperar días para modificar su apariencia.

Pero el pulpo no cambia solamente de color

  Esta es una de sus capacidades más extraordinarias.

  Algunas especies también pueden modificar la textura de la piel mediante estructuras musculares especializadas llamadas papilas.

  Una superficie relativamente lisa puede adquirir protuberancias que recuerdan piedras, algas o coral.

  Color, patrón, textura y postura pueden modificarse simultáneamente.

Una criatura que puede parecer parte del fondo

  Un pulpo sobre arena puede adoptar una apariencia.

  Al desplazarse hacia rocas puede modificarla.

  Después, junto a vegetación, puede utilizar otro patrón.

  Su sistema visual obtiene información del ambiente y el sistema nervioso controla cambios en la piel.

  El camuflaje se convierte en un proceso dinámico.

La sepia también es una maestra del engaño visual

  Las sepias poseen cromatóforos y otras estructuras ópticas en la piel.

  Pueden producir patrones extraordinariamente complejos.

  Algunos se utilizan para camuflaje.

  Otros para comunicación.

  Incluso pueden producir patrones móviles durante determinadas conductas de caza.

  La piel funciona casi como una pantalla biológica.

El camaleón no cambia de color solamente para esconderse

  Este es un error muy común.

  Los camaleones pueden modificar su coloración, pero estos cambios también participan en comunicación, regulación térmica y respuestas emocionales o fisiológicas.

  No debemos imaginar que simplemente observan cualquier objeto y copian exactamente su color.

  Su sistema es mucho más complejo.

Cristales microscópicos participan en algunos cambios de color

  En determinadas especies de camaleones existen células que contienen estructuras microscópicas capaces de modificar la manera en que reflejan la luz.

  Cambios en la organización de estos cristales pueden alterar los colores observados.

  Una transformación visible desde varios metros depende de estructuras muchísimo más pequeñas que una célula.

La liebre ártica utiliza el color del invierno

  En ambientes cubiertos de nieve, el blanco puede proporcionar una ventaja extraordinaria.

  Liebres, zorros y otros animales de regiones frías pueden presentar pelajes estacionalmente blancos.

  Cuando llega otra estación, algunas especies adquieren tonalidades más oscuras.

  El ambiente cambia.

  Y la apariencia del animal también.

El oso polar no es realmente blanco

  Los pelos del oso polar carecen del pigmento blanco que podríamos imaginar y su apariencia está relacionada con la interacción de la luz con el pelaje.

  Debajo posee piel oscura.

  El conjunto proporciona aislamiento y una apariencia clara que puede reducir el contraste con nieve y hielo.

  Lo que nuestros ojos perciben como blanco puede esconder una estructura mucho más compleja.

Los depredadores también utilizan camuflaje

  Un tigre necesita acercarse suficientemente a su presa antes de atacar.

  Sus rayas pueden ayudar a romper la silueta entre vegetación, sombras y tallos.

  Para nosotros el naranja parece muy llamativo.

  Pero otros animales poseen sistemas visuales diferentes al nuestro.

  El camuflaje debe evaluarse desde los ojos del observador que importa, no necesariamente desde los nuestros.

No todos los animales ven los mismos colores

  Este punto es fundamental para comprender el camuflaje.

  Los seres humanos poseemos un determinado sistema visual.

  Otros mamíferos perciben los colores de manera diferente.

  Las aves pueden distinguir regiones del espectro que nosotros no vemos.

  Algunos insectos detectan radiación ultravioleta.

  Por eso un animal puede parecer muy visible para nosotros y mucho menos evidente para su depredador.

También existe camuflaje mediante transparencia

  En el océano abierto existen pocos lugares donde esconderse.

  Algunos animales pequeños poseen cuerpos parcialmente transparentes.

  La luz atraviesa gran parte de sus tejidos.

  Esto reduce la sombra y el contraste.

  Cuando no existe una roca detrás de la cual ocultarse, una solución puede ser parecerse al agua misma.

El dragón de mar parece vegetación

  Los dragones de mar poseen prolongaciones corporales que recuerdan fragmentos de algas.

  Sus movimientos lentos pueden aumentar el parecido.

  Un depredador puede observar la vegetación sin reconocer inmediatamente al animal escondido entre ella.

  La forma corporal se convierte en disfraz.

El pez piedra lleva el camuflaje al extremo

  El pez piedra puede permanecer inmóvil sobre el fondo marino.

  Su coloración y superficie irregular pueden hacerlo parecer una roca cubierta de organismos.

  Esto le ayuda tanto a evitar ser detectado como a esperar presas.

  Su camuflaje es tan eficaz que también puede representar peligro para una persona que no lo vea.

¿Camuflaje o mimetismo?

  Los conceptos están relacionados, pero no son exactamente iguales.

  El camuflaje dificulta detectar o reconocer al organismo dentro del ambiente.

  El mimetismo generalmente implica parecerse a otro organismo u objeto de manera que produzca una ventaja.

  Un insecto que parece una rama puede encontrarse en la frontera entre ambos conceptos dependiendo de cómo se analice.

Algunos animales parecen algo que nadie quiere comer

  Una oruga puede parecer una pequeña rama.

  Otro insecto puede parecer una hoja seca.

  Algunos organismos imitan elementos poco interesantes del ambiente.

  El depredador quizá los está mirando directamente.

  Pero su cerebro los clasifica como otra cosa.

  No siempre es necesario esconderse; algunas veces basta con ser confundido.

Incluso los huevos necesitan camuflaje

  Los huevos de muchas aves que anidan en el suelo presentan manchas y colores semejantes a piedras, arena o vegetación.

  No pueden correr.

  No pueden volar.

  Su principal defensa puede ser evitar ser detectados.

  El patrón de una cáscara puede significar supervivencia.

Las crías también pueden depender de él

  Los cervatillos de algunas especies poseen manchas claras.

  Cuando permanecen inmóviles entre vegetación y zonas iluminadas irregularmente, esas manchas ayudan a romper su contorno.

  La madre puede alejarse durante períodos mientras la cría permanece escondida.

  Para un animal que todavía no puede correr suficientemente rápido, no ser visto resulta fundamental.

El comportamiento completa el sistema

  Color perfecto.

  Forma perfecta.

  Textura perfecta.

  Todo puede fallar si el animal se coloca en el lugar equivocado.

  Muchos organismos seleccionan fondos que favorecen su apariencia y modifican su postura.

  Camuflarse no depende solamente del cuerpo.

  También depende de saber dónde y cómo colocarlo.

El camuflaje también engaña al cerebro

  Nuestros ojos reciben información.

  Pero es el cerebro quien intenta encontrar bordes, formas y objetos.

  El camuflaje aprovecha precisamente este proceso.

  Si los patrones corporales coinciden suficientemente con el fondo, resulta difícil separar la figura del ambiente.

  El animal está presente.

  La luz que refleja llega a nuestros ojos.

  Pero podemos pasar junto a él sin reconocerlo.

La Biblia habla de criaturas escondidas

  El Salmo 104 describe animales que salen en diferentes momentos:

“Pones las tinieblas, y es la noche; en ella corretean todas las bestias de la selva.”
(Salmo 104:20)

  La naturaleza está llena de criaturas que utilizan luz, oscuridad, refugios, colores y comportamientos para evitar peligros o encontrar alimento.

Job invita a mirar con atención

  La Escritura declara:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán.”
(Job 12:7)

  El camuflaje demuestra por qué necesitamos mirar cuidadosamente.

  Podemos observar una rama sin descubrir al insecto.

  Mirar una hoja sin encontrar la mariposa.

  Contemplar una roca sin distinguir al pez.

  El animal estaba delante de nosotros todo el tiempo.

Una extraordinaria combinación de sistemas

  Para que el camuflaje funcione pueden intervenir pigmentos.

  Estructuras microscópicas.

  Forma corporal.

  Textura.

  Sistema visual.

  Sistema nervioso.

  Músculos.

  Comportamiento.

  Y además debe existir correspondencia con el ambiente.

  Una sola estrategia puede depender de muchas partes trabajando juntas.

Cuando desaparecer significa sobrevivir

  La Biblia no pretende explicar cromatóforos, percepción visual, óptica o coloración disruptiva mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la zoología, neurobiología, fisiología y óptica.

  Sin embargo, estudiar el camuflaje revela soluciones extraordinariamente variadas. Un insecto parece una rama. Una mariposa parece una hoja muerta. Un búho desaparece contra la corteza. Un animal ártico se confunde con la nieve y un pulpo puede modificar color, patrón y textura en cuestión de segundos.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estas capacidades aumenta nuestra admiración. El camuflaje nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso en aquello que resulta difícil contemplar: criaturas perfectamente visibles que, mediante una extraordinaria combinación de forma, color y comportamiento, pueden permanecer delante de nuestros ojos sin que lleguemos siquiera a descubrir que están allí.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

Organizaciones y recursos científicos

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Por El Dr. Elio M Rivea

  En un arrecife de coral, un pequeño camarón entra tranquilamente en la boca de un pez mucho mayor para retirar restos de alimento y parásitos. En otro lugar, un pez gobio permanece vigilante mientras un camarón excava y mantiene una madriguera que ambos utilizan. En tierra firme, determinadas hormigas reciben alimento y refugio de ciertas acacias mientras ayudan a defenderlas de animales que intentan alimentarse de ellas. Son organismos completamente diferentes y, sin embargo, sus vidas pueden quedar estrechamente relacionadas.

  En ecología existen diferentes clases de relaciones entre especies. Cuando ambas obtienen un beneficio hablamos de mutualismo. En otras asociaciones solamente una obtiene un beneficio sin perjudicar significativamente a la otra, mientras que en el parasitismo una se beneficia causando perjuicio a la otra. Por eso, no toda convivencia entre especies constituye cooperación.

  Pero algunas relaciones mutualistas son extraordinarias. Un organismo puede proporcionar alimento, otro protección; uno construye un refugio mientras el otro vigila; uno transporta polen mientras obtiene néctar. Dos criaturas completamente diferentes pueden resolver juntas problemas que cada una enfrentaría de manera distinta por separado.

¿Qué significa cooperar entre especies?

  Cuando hablamos de cooperación entre especies nos referimos, en sentido amplio, a interacciones en las que organismos pertenecientes a especies diferentes realizan actividades que producen beneficios para ambos.

  No significa que los animales hayan realizado un acuerdo consciente como lo harían dos personas.

  Son comportamientos y relaciones biológicas.

  Pero el resultado puede parecer sorprendentemente parecido a un intercambio:

  Tú me proporcionas algo que necesito y yo te proporciono algo que necesitas.

El mutualismo — cuando ambos reciben un beneficio

  El término científico más importante para comprender estas relaciones es mutualismo.

  Puede existir entre animales.

  Entre plantas y animales.

  Entre plantas y hongos.

  E incluso entre grandes organismos y microorganismos.

  Las relaciones pueden proporcionar alimento, protección, transporte, limpieza o refugio.

Algunas asociaciones son opcionales y otras casi indispensables

  No todos los mutualismos funcionan de la misma manera.

  En el mutualismo facultativo, ambos organismos se benefician de la relación, pero pueden vivir independientemente bajo determinadas condiciones.

  En el mutualismo obligado, la dependencia es mucho mayor y uno o ambos participantes pueden necesitar la relación para completar normalmente aspectos fundamentales de su vida.

  Por eso la palabra cooperación engloba relaciones con diferentes grados de dependencia.

El pez gobio y el camarón pistola — uno construye y el otro vigila

  En algunos mares tropicales encontramos una asociación extraordinaria entre ciertos peces gobios y camarones pistola.

  El camarón excava una madriguera en el fondo.

  Retira arena.

  Limpia el túnel.

  Puede reforzar algunas zonas utilizando pequeños fragmentos del fondo.

  El pez aprovecha esa madriguera como refugio.

Pero existe un problema: el camarón no ve bien

  Algunos camarones asociados con gobios poseen una capacidad visual limitada.

  Mientras trabajan fuera de la madriguera quedan expuestos a depredadores.

  Aquí aparece el compañero.

  El gobio posee mejor capacidad para detectar amenazas y permanece vigilando los alrededores.

  Uno proporciona construcción.

  El otro proporciona vigilancia.

Una antena mantiene el contacto

  El sistema resulta todavía más interesante.

  Cuando ambos se encuentran fuera de la madriguera, el camarón puede mantener contacto con el pez mediante sus antenas.

  Si el gobio detecta peligro, realiza movimientos de advertencia.

  El camarón percibe esas señales y puede regresar rápidamente al refugio.

  Después ambos desaparecen dentro de la misma madriguera. Este comportamiento de vigilancia y contacto ha sido documentado en asociaciones de gobios y camarones.

Uno tiene la excavadora; el otro tiene el sistema de alarma

  Podríamos describir la asociación de una manera sencilla.

  El camarón posee excelentes herramientas para excavar.

  El pez posee mejores recursos para vigilar.

  El camarón proporciona una casa.

  El gobio proporciona seguridad.

  Dos capacidades diferentes se complementan.

Los peces limpiadores — una estación de limpieza bajo el agua

  En los arrecifes ocurre otra relación fascinante.

  Algunos pequeños peces actúan como limpiadores.

  Peces mayores llegan hasta lugares donde los limpiadores retiran determinados ectoparásitos y otros materiales de sus cuerpos.

  El pez grande obtiene limpieza.

  El pequeño obtiene alimento.

Un pequeño pez puede entrar en la boca de otro mucho mayor

  Esta escena parece imposible.

  Un pez pequeño se acerca a un animal que fácilmente podría comérselo.

  Sin embargo, durante una interacción de limpieza puede trabajar alrededor del cuerpo e incluso cerca de la boca y las branquias de peces mucho mayores.

  El cliente tolera al limpiador porque recibe un servicio.

  El limpiador obtiene alimento.

Una naturaleza que depende de la colaboración de especies

También existen camarones limpiadores

  Algunos camarones realizan servicios semejantes.

  Pueden retirar parásitos, restos de alimento y tejidos muertos de peces.

  Incluso pueden entrar en la boca de animales mucho mayores para realizar esta limpieza. El Smithsonian describe cómo peces visitan a estos camarones y permiten que trabajen en zonas que normalmente serían extremadamente peligrosas para una presa pequeña.

  Un posible depredador se convierte temporalmente en cliente.

El pez payaso y la anémona

  Uno de los ejemplos más conocidos ocurre entre peces payaso y determinadas anémonas marinas.

  Los tentáculos de la anémona poseen células urticantes capaces de capturar pequeños animales.

  Sin embargo, los peces payaso pueden vivir entre esos tentáculos gracias a características especiales de su superficie corporal.

  Allí encuentran protección frente a numerosos depredadores.

¿Qué obtiene la anémona?

  La relación no consiste solamente en que el pez obtenga protección.

  Dependiendo de las especies y condiciones, los peces payaso pueden proporcionar nutrientes, movimiento de agua, defensa y otros beneficios a sus anémonas.

  De esta manera, una estructura peligrosa para muchos peces se convierte en hogar para otro.

  El mismo lugar que significa peligro para unos representa seguridad para su compañero.

Las acacias y las hormigas — alimento a cambio de protección

  Algunas acacias mantienen relaciones extraordinarias con determinadas hormigas.

  La planta puede proporcionar estructuras donde las hormigas viven y producir recursos alimenticios.

  Las hormigas, por su parte, patrullan la planta y pueden atacar a herbívoros que intentan alimentarse de ella.

  Una planta que no puede correr ni morder puede estar protegida por un pequeño ejército.

Una casa dentro de una espina

  En ciertas acacias existen espinas huecas que pueden servir como refugio para colonias de hormigas.

  La planta también posee nectarios extraflorales que producen alimento y, en algunas especies, estructuras nutritivas utilizadas por las hormigas.

  A cambio, las hormigas defienden agresivamente su hogar vegetal.

  La casa y el alimento proceden de la planta.

  La protección procede de las hormigas.

Las flores y sus polinizadores

  Una de las cooperaciones más importantes de la naturaleza ocurre diariamente frente a nosotros.

  Una abeja llega a una flor buscando néctar o polen.

  Mientras se alimenta, granos de polen quedan adheridos a su cuerpo.

  Después visita otra flor.

  Parte del polen puede llegar hasta las estructuras reproductivas de esa planta.

  La abeja obtiene alimento.

  La planta obtiene transporte para su polen.

El animal funciona como transportista

  Una planta no puede caminar hasta otra planta.

  Pero puede utilizar un visitante.

  Abejas, mariposas, polillas, aves, murciélagos y otros animales pueden participar en la polinización.

  La flor proporciona una recompensa.

  El animal proporciona movimiento.

  La inmovilidad de la planta deja de ser un obstáculo.

También existe cooperación bajo nuestros pies

  Quizá una de las relaciones más importantes sea también una de las menos visibles.

  Las raíces de numerosas plantas mantienen asociaciones con hongos conocidas como micorrizas.

  Los filamentos microscópicos del hongo se extienden por el suelo y participan en la obtención de agua y nutrientes.

  La planta, por su parte, proporciona al hongo compuestos orgánicos derivados de la fotosíntesis.

  Gran parte de esta relación ocurre escondida bajo la tierra.

Un árbol puede depender de organismos microscópicos

  Cuando contemplamos un enorme árbol, nuestra atención se dirige al tronco y las ramas.

  Pero bajo el suelo existe una enorme comunidad.

  Hongos.

  Bacterias.

  Pequeños animales.

  Raíces.

  El organismo gigantesco que vemos sobre la superficie mantiene relaciones con criaturas microscópicas que casi nunca observamos.

Las bacterias también pueden colaborar con plantas

  Algunas plantas, especialmente las leguminosas, mantienen asociaciones con bacterias capaces de realizar fijación biológica del nitrógeno.

  Estas bacterias pueden vivir en estructuras especializadas de las raíces llamadas nódulos.

  Transforman nitrógeno atmosférico en formas químicas que pueden incorporarse a procesos biológicos.

  La planta proporciona recursos y un ambiente donde vivir.

  La bacteria realiza una transformación química de enorme importancia.

Los corales también dependen de asociaciones

  Muchos corales constructores de arrecifes mantienen relaciones estrechas con microorganismos fotosintéticos que viven dentro de sus tejidos.

  Estos organismos utilizan luz y producen compuestos orgánicos que pueden contribuir de manera importante a la nutrición del coral.

  El coral proporciona un ambiente protegido y acceso a sustancias necesarias.

  De esta cooperación surgen estructuras gigantescas:

  los arrecifes de coral.

Una relación microscópica puede construir algo visible desde enormes distancias

  Un pólipo de coral es pequeño.

  Sus microorganismos asociados son todavía menores.

  Pero generación tras generación, los corales pueden construir grandes estructuras calcáreas.

  Miles de organismos utilizan posteriormente esos arrecifes como refugio, lugar de reproducción o fuente de alimento.

  Una asociación diminuta puede contribuir a sostener una comunidad gigantesca.

Cooperar no significa que todo sea perfecto

  Las relaciones mutualistas no deben imaginarse como amistades humanas.

  Cada participante obtiene beneficios, pero también puede tener costos.

  Además, una relación puede cambiar dependiendo de las condiciones ambientales.

  Incluso sistemas aparentemente sencillos pueden involucrar varias especies y redes complejas de interacciones.

  La naturaleza es más compleja que la sencilla expresión “ellos se ayudan”.

A veces participan tres especies

  Incluso podemos encontrar asociaciones donde intervienen más de dos participantes.

  Investigadores describieron una relación en la que un gobio, un camarón pistola y un pequeño cangrejo porcelánido compartían una misma madriguera.

  El camarón mantenía el refugio, el gobio participaba en la vigilancia y el cangrejo aprovechaba el espacio protegido para alimentarse mediante filtración.

  Una asociación puede convertirse en una pequeña comunidad.

La cooperación puede cambiar todo un ecosistema

  Estas relaciones no solamente benefician a los dos participantes.

  Los polinizadores contribuyen a la reproducción de plantas que alimentarán a otros animales.

  Las micorrizas influyen sobre comunidades vegetales.

  Los organismos limpiadores pueden influir en la salud de peces de los arrecifes.

  Las asociaciones de los corales ayudan a sostener hábitats utilizados por innumerables especies.

  Una relación entre dos organismos puede tener consecuencias mucho mayores que ellos mismos.

La naturaleza funciona mediante relaciones

  Un organismo necesita alimento.

  Otro produce aquello que necesita.

  Uno necesita protección.

  Otro puede proporcionarla.

  Uno necesita transporte.

  Otro puede moverse.

  Uno puede construir.

  Otro puede vigilar.

  Las diferencias entre organismos pueden convertirse en oportunidades para colaborar.

La Biblia presenta una creación interdependiente

  El Salmo 104 describe repetidamente criaturas relacionadas con su ambiente:

“Los árboles de Jehová están llenos de savia; los cedros del Líbano que él plantó. Allí anidan las aves; en las hayas hace su casa la cigüeña.”
(Salmo 104:16-17)

  El árbol proporciona un lugar.

  El ave lo utiliza como hogar.

  El salmista contempla la naturaleza no solamente como una colección de criaturas, sino como un escenario lleno de relaciones.

“Todos ellos esperan en ti”

  Más adelante declara:

“Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo.”
(Salmo 104:27)

  Cuando estudiamos ecología descubrimos hasta qué punto el alimento de una criatura puede depender de otra.

  Una flor depende de un polinizador.

  Un animal depende de una planta.

  Un depredador depende de una presa.

  Un hongo depende de compuestos producidos por una planta.

  La vida está profundamente conectada.

Diferentes, pero capaces de complementarse

  Quizá esta sea una de las grandes lecciones de la cooperación entre especies.

  El gobio no necesita convertirse en camarón.

  El camarón no necesita convertirse en pez.

  La hormiga no necesita convertirse en planta.

  La planta no necesita convertirse en insecto.

  Precisamente porque poseen capacidades diferentes pueden proporcionarse beneficios diferentes.

  La cooperación no elimina las diferencias; puede aprovecharlas.

Cuando dos criaturas diferentes trabajan juntas

  La Biblia no pretende explicar mutualismo, simbiosis, microbiología o ecología mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la zoología, botánica, microbiología y ecología.

  Sin embargo, estudiar la cooperación entre especies revela una extraordinaria red de relaciones. Un camarón construye mientras un pez vigila. Un pequeño limpiador retira parásitos de un animal mucho mayor. Una hormiga recibe refugio mientras protege una planta. Un polinizador obtiene alimento mientras transporta polen. Un hongo recibe compuestos orgánicos mientras ayuda a una planta a obtener recursos del suelo.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estas relaciones aumenta nuestra admiración. La cooperación entre especies nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse no solamente en las características de cada organismo, sino también en la manera extraordinaria en que criaturas completamente diferentes pueden complementarse y formar relaciones que benefician a ambas.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

Organizaciones y recursos científicos

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Durante siglos, los seres humanos hemos observado aves, plantas, peces, insectos y otros organismos intentando comprender cómo funcionan. En muchas ocasiones, esas observaciones han proporcionado ideas para resolver problemas de ingeniería, arquitectura, medicina y tecnología. A esta manera de buscar inspiración en los sistemas naturales se le conoce como biomimética.

  La biomimética no consiste simplemente en copiar la apariencia de un animal o una planta. Su propósito es estudiar cómo funciona una estructura o un mecanismo biológico y utilizar ese principio como inspiración para desarrollar una solución tecnológica.

  Desde superficies que se limpian con el agua hasta adhesivos inspirados en las patas del gecko, la naturaleza se ha convertido en una extraordinaria fuente de preguntas para científicos e ingenieros. Observar cómo funciona un organismo puede proporcionar ideas para construir algo completamente nuevo.

¿Qué significa biomimética?

  El término está relacionado con la idea de imitar la vida.

  Los investigadores estudian una característica natural, descubren los principios físicos o químicos que permiten su funcionamiento y posteriormente intentan reproducir algunos de esos principios mediante materiales o dispositivos artificiales.

  No se copia necesariamente al organismo completo.

  Se estudia una solución específica.

El velcro y las semillas que se adhieren

  Uno de los ejemplos clásicos ocurrió cuando el ingeniero suizo George de Mestral observó pequeños frutos de bardana adheridos a su ropa y al pelo de su perro.

  Al examinarlos con aumento descubrió numerosos pequeños ganchos.

  Esto contribuyó al desarrollo del sistema de cierre que posteriormente conoceríamos como Velcro.

  Una pequeña estructura vegetal terminó inspirando un producto utilizado en todo el mundo.

El gecko — adherirse sin pegamento

  Los geckos pueden caminar sobre paredes e incluso desplazarse por superficies invertidas.

  Sus dedos poseen millones de estructuras microscópicas que se ramifican en elementos todavía menores.

  Estas estructuras permiten un contacto extremadamente cercano con la superficie, donde intervienen fuerzas intermoleculares conocidas como fuerzas de van der Waals.

  Los investigadores han estudiado este mecanismo para desarrollar adhesivos secos capaces de funcionar sin los pegamentos tradicionales.

Una pata puede inspirar nuevos materiales

  El gecko puede adherirse.

  Después despegarse.

  Volver a adherirse.

  Y repetir el proceso miles de veces.

  Por eso sus patas han llamado la atención de científicos interesados en robótica, adhesivos reutilizables y materiales especializados.

  Una lagartija puede plantear preguntas relevantes para la ingeniería.

La hoja de loto — mantenerse limpia

  Las hojas del loto poseen una superficie microscópicamente rugosa y recubierta de sustancias que repelen el agua.

  Las gotas tienden a formar pequeñas esferas que ruedan sobre la hoja.

  Mientras se desplazan pueden arrastrar partículas de suciedad.

  Este fenómeno se conoce como efecto loto.

Superficies que se limpian solas

  El estudio del efecto loto ha inspirado pinturas, recubrimientos, vidrios y otros materiales diseñados para repeler agua y reducir acumulaciones de suciedad.

  Una hoja no necesita detergente.

  Su propia estructura superficial contribuye a mantenerla limpia.

  El secreto solamente se descubre cuando observamos la superficie a escala microscópica.

La piel del tiburón

  La piel de los tiburones no es completamente lisa.

  Está cubierta por pequeñas estructuras llamadas dentículos dérmicos.

  Su geometría modifica la interacción entre el cuerpo y el agua.

  Estas superficies han inspirado investigaciones relacionadas con reducción de resistencia al flujo, materiales especializados y superficies que dificultan la adherencia de determinados organismos.

El martín pescador y los trenes rápidos

  Un ejemplo famoso de biomimética procede de Japón.

  Los trenes de alta velocidad producían problemas de ruido y presión cuando salían de túneles.

  El ingeniero Eiji Nakatsu, aficionado a observar aves, encontró inspiración en el pico del martín pescador, que puede entrar rápidamente en el agua con relativamente poca perturbación.

  El diseño del frente de ciertos trenes fue modificado utilizando principios inspirados en esta forma.

  Un ave pescadora terminó proporcionando inspiración para un tren.

El escarabajo del desierto y la captación de agua

  En regiones extremadamente secas, algunos escarabajos del desierto de Namib pueden aprovechar la humedad transportada por la niebla.

  El estudio de superficies y comportamientos relacionados con la captación de pequeñas gotas ha inspirado investigaciones para desarrollar materiales capaces de recolectar agua atmosférica.

  Donde cada gota cuenta, una pequeña criatura puede enseñar principios importantes sobre cómo capturarla.

Las termitas y la ventilación

  Algunos termiteros poseen complejos sistemas de túneles y cámaras relacionados con el intercambio de gases y regulación de condiciones internas.

  Arquitectos e ingenieros han estudiado estos sistemas buscando ideas para mejorar la ventilación pasiva de edificios.

  En lugar de depender exclusivamente de sistemas mecánicos, un edificio puede aprovechar movimientos naturales del aire.

Las ballenas y sus aletas

  Las ballenas jorobadas poseen protuberancias características en el borde anterior de sus grandes aletas pectorales.

  Investigadores han estudiado cómo estas estructuras modifican el movimiento del agua alrededor de la aleta.

  El principio ha inspirado experimentos con hélices, turbinas y otros dispositivos que trabajan con fluidos.

Las aves y el vuelo

  Mucho antes de los aviones modernos, las aves despertaron el interés de inventores que soñaban con volar.

  Actualmente los ingenieros continúan estudiando alas, plumas y movimientos de diferentes animales.

  Sin embargo, un avión no es simplemente una copia de un ave.

  La ingeniería identifica principios aerodinámicos y los utiliza de acuerdo con materiales y necesidades completamente diferentes.

Los huesos también inspiran estructuras

  El interior de muchos huesos combina regiones compactas con estructuras trabeculares.

  Esto permite obtener resistencia sin convertir todo el hueso en una masa sólida extremadamente pesada.

  Ingenieros y diseñadores estudian este tipo de organización para desarrollar estructuras resistentes utilizando menos material.

  La eficiencia puede depender tanto de dónde colocar el material como de cuánto utilizar.

Los robots también observan animales

  Robots inspirados en serpientes pueden desplazarse por lugares estrechos.

  Otros imitan parcialmente movimientos de peces.

  Pequeños robots estudian principios utilizados por insectos.

  Vehículos submarinos pueden inspirarse en organismos marinos.

  La robótica encuentra en los seres vivos una enorme biblioteca de formas de movimiento.

Biomimética no significa copiar perfectamente

  Este punto es importante.

  Un ingeniero puede estudiar un organismo y utilizar solamente un principio.

  El tren no necesita convertirse en martín pescador.

  El adhesivo no necesita convertirse en gecko.

  Un edificio no necesita parecer termitero.

  Lo importante es comprender qué mecanismo resuelve el problema.

Primero observar, después comprender

  La biomimética comienza con una pregunta.

  ¿Cómo se adhiere el gecko?

  ¿Cómo permanece limpia una hoja?

  ¿Cómo captura agua un organismo del desierto?

  ¿Cómo controla el vuelo un ave?

  ¿Cómo mantiene resistencia un hueso sin ser completamente sólido?

  Después llega una segunda pregunta:

  ¿Podemos utilizar ese principio para resolver un problema humano?

La naturaleza como laboratorio

  Una hoja puede enseñarnos sobre superficies.

  Un insecto sobre química.

  Un ave sobre aerodinámica.

  Un hueso sobre estructuras.

  Un pez sobre movimiento de fluidos.

  Un gecko sobre adhesión.

  Cada organismo puede contener mecanismos dignos de investigación.

La Biblia invita a observar la creación

  El libro de Job declara:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán.”
(Job 12:7)

  Aunque el pasaje no habla de ingeniería, la imagen resulta apropiada: observar cuidadosamente a las criaturas puede enseñarnos.

Aprender de las criaturas pequeñas

  Proverbios también dirige nuestra atención hacia organismos aparentemente insignificantes:

“Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios.”
(Proverbios 30:24)

  Hormigas y otras pequeñas criaturas son presentadas como ejemplos dignos de observación.

  La biomimética demuestra que incluso un insecto diminuto puede proporcionar preguntas relevantes para científicos e ingenieros.

Cuando la naturaleza inspira nuestras tecnologías

  La Biblia no pretende explicar nanotecnología, aerodinámica, ingeniería de materiales o robótica mediante lenguaje científico. Estas disciplinas utilizan investigación experimental para comprender los mecanismos naturales y desarrollar nuevas tecnologías.

  Sin embargo, la biomimética nos permite contemplar algo extraordinario: muchas soluciones que los ingenieros intentan desarrollar encuentran inspiración en mecanismos que ya observamos funcionando en los seres vivos.

  Desde la perspectiva bíblica, esto aumenta nuestra admiración. La biomimética nos recuerda que estudiar la creación no solamente nos permite conocerla mejor; algunas veces también nos enseña nuevas maneras de construir, diseñar y resolver problemas.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

Organizaciones y recursos científicos

La ingeniería biológica — cuando estudiamos los sistemas de la vida

  Una célula puede almacenar información, producir energía, fabricar proteínas, reparar determinadas estructuras y responder a cambios en su ambiente. Un hueso combina resistencia con relativamente poco peso. El corazón mantiene el movimiento de la sangre durante toda la vida y una planta transporta agua desde sus raíces hasta hojas situadas muchos metros arriba. Los seres vivos contienen sistemas extraordinariamente complejos que científicos e ingenieros intentan comprender y, en determinados casos, aprovechar.

  A este encuentro entre biología e ingeniería podemos llamarlo ingeniería biológica. Esta disciplina utiliza conocimientos de biología, química, física, matemáticas e ingeniería para estudiar sistemas vivos y desarrollar soluciones para problemas humanos.

  Puede aplicarse a medicina, agricultura, producción de alimentos, materiales, medio ambiente y procesos industriales. La ingeniería biológica comienza estudiando cómo funciona la vida y utiliza ese conocimiento para desarrollar nuevas herramientas y tecnologías.

¿Qué es la ingeniería biológica?

  La ingeniería tradicional trabaja con materiales, máquinas, electricidad y estructuras.

  La ingeniería biológica incorpora además células, tejidos, microorganismos, moléculas biológicas y procesos propios de los seres vivos.

  Un ingeniero biológico puede estudiar desde el funcionamiento de una proteína hasta la manera de producir un tejido artificial.

  El laboratorio se convierte en un lugar donde ingeniería y biología se encuentran.

No es exactamente lo mismo que biomimética

  Aunque están relacionadas, existen diferencias.

  La biomimética, que vimos anteriormente, observa soluciones presentes en la naturaleza para inspirar tecnologías.

  La ingeniería biológica puede trabajar directamente con sistemas biológicos.

  Por ejemplo, puede utilizar microorganismos para fabricar una sustancia o células para desarrollar tejidos.

  Una se inspira frecuentemente en la vida; la otra puede utilizar componentes de la propia vida.

La célula como una pequeña fábrica

  Dentro de una célula ocurren miles de reacciones químicas.

  Enzimas transforman sustancias.

  Membranas regulan lo que entra y sale.

  Proteínas transportan materiales.

  El ADN contiene información utilizada por la célula.

  Todo esto convierte a la célula en un sistema extraordinariamente interesante para la ingeniería.

Microorganismos que fabrican medicamentos

  Uno de los ejemplos más conocidos es la producción de insulina humana mediante microorganismos modificados.

  Los investigadores pueden introducir instrucciones genéticas para que determinadas bacterias o levaduras produzcan proteínas humanas.

  Después esas proteínas pueden ser obtenidas y purificadas mediante procesos industriales.

  Una célula microscópica puede convertirse en una pequeña fábrica biológica.

El ADN almacena información

  Dentro de nuestras células existe una molécula extraordinaria: el ADN.

  Su secuencia contiene información utilizada en la producción de moléculas fundamentales para el funcionamiento celular.

  Los investigadores han desarrollado tecnologías capaces de leer, copiar y modificar determinadas secuencias de ADN.

  Esto ha abierto posibilidades extraordinarias, pero también importantes preguntas éticas.

CRISPR — modificar regiones específicas del ADN

  Una de las herramientas más conocidas de edición genética es CRISPR-Cas.

  Utiliza componentes moleculares capaces de reconocer determinadas secuencias genéticas y realizar cortes en posiciones específicas.

  Los sistemas celulares de reparación pueden entonces producir modificaciones.

  Estas herramientas se investigan para comprender enfermedades, estudiar genes y desarrollar tratamientos.

Modificar no significa comprenderlo todo

  El hecho de que podamos cambiar una secuencia genética no significa que comprendamos completamente todas sus consecuencias.

  Los genes interactúan entre sí y con el ambiente.

  Una modificación puede producir efectos inesperados.

  Por eso la investigación requiere experimentación cuidadosa, controles y evaluación de riesgos.

Construir tejidos

  La ingeniería de tejidos intenta desarrollar estructuras biológicas que puedan ayudar a reparar o sustituir tejidos dañados.

  Los investigadores pueden combinar células con estructuras tridimensionales conocidas como andamios.

  Las células crecen sobre estos soportes.

  El objetivo es crear condiciones que favorezcan la formación organizada de tejido.

Un andamio para las células

  Cuando construimos un edificio utilizamos una estructura que guía la construcción.

  En ingeniería de tejidos puede utilizarse un principio semejante.

  Un material tridimensional proporciona espacios donde las células pueden adherirse y organizarse.

  Después pueden depositar sus propios componentes alrededor.

  La estructura artificial ayuda a dirigir un proceso biológico.

La impresión tridimensional también llegó a la biología

  Las tecnologías de bioimpresión 3D permiten depositar células y materiales biocompatibles siguiendo patrones determinados.

  Los investigadores estudian cómo producir estructuras semejantes a tejidos.

  Fabricar un órgano completo funcional continúa siendo muchísimo más difícil que simplemente imprimir su forma.

  Un órgano necesita vasos sanguíneos, diferentes tipos celulares, organización y conexiones funcionales.

El desafío de los vasos sanguíneos

  Una pequeña capa de células puede obtener oxígeno y nutrientes por difusión.

  Pero un tejido grueso necesita una red que transporte sangre.

  Por eso uno de los grandes desafíos de la ingeniería de tejidos es desarrollar una vascularización adecuada.

  Construir la forma externa no es suficiente.

  Cada célula debe recibir aquello que necesita para permanecer viva.

Las válvulas del corazón

  La ingeniería biológica también estudia estructuras cardiovasculares.

  Una válvula cardíaca debe abrirse y cerrarse millones de veces.

  Debe soportar presión.

  Debe permitir que la sangre avance en una dirección y reducir su regreso.

  Comprender estas exigencias permite desarrollar prótesis y materiales médicos cada vez mejores.

Un corazón es mucho más que una bomba

  Compararlo con una bomba ayuda a comprender parte de su función.

  Pero un corazón vivo es muchísimo más complejo.

  Posee células musculares.

  Sistema eléctrico.

  Válvulas.

  Vasos sanguíneos.

  Mecanismos hormonales y nerviosos.

  La ingeniería puede estudiar cada componente, pero también necesita comprender cómo interactúan.

Prótesis controladas por señales musculares

  Algunas prótesis modernas pueden detectar señales eléctricas producidas por músculos residuales.

  Sensores reciben esas señales.

  Un sistema electrónico las interpreta.

  Motores producen movimiento.

  La actividad biológica del usuario puede convertirse en una orden para una máquina.

  Aquí encontramos literalmente una conexión entre organismo e ingeniería.

Interfaces entre nervios y dispositivos

  Los investigadores también estudian maneras de comunicar dispositivos electrónicos con el sistema nervioso.

  Esto puede utilizarse para restaurar parcialmente funciones perdidas o controlar determinadas prótesis.

  El desafío es enorme porque el sistema nervioso utiliza señales complejas y está formado por tejidos delicados.

  La máquina debe aprender a interactuar con un sistema vivo.

Los microorganismos pueden ayudarnos a limpiar

  Algunas bacterias y hongos pueden transformar sustancias presentes en ambientes contaminados.

  La biorremediación utiliza organismos o procesos biológicos para ayudar a eliminar o reducir determinados contaminantes.

  En ciertas circunstancias pueden emplearse microorganismos para degradar hidrocarburos y otras sustancias.

  Un organismo microscópico puede convertirse en parte de una estrategia ambiental.

También pueden producir combustibles y materiales

  Microorganismos pueden utilizarse en procesos de fermentación para producir alcoholes, ácidos orgánicos, enzimas y numerosas moléculas.

  Los investigadores también estudian formas de producir bioplásticos y otros materiales mediante sistemas biológicos.

  La industria puede utilizar células como pequeñas unidades de producción.

La fermentación es una antigua forma de utilizar biología

  Mucho antes de comprender microorganismos, los seres humanos ya utilizaban fermentación para producir pan, queso y otros alimentos.

  Actualmente conocemos mejor los organismos responsables y podemos controlar temperatura, nutrientes, oxígeno y otras condiciones.

  Una práctica antigua se ha convertido también en una tecnología moderna.

Ingeniería biológica en la agricultura

  Sensores pueden medir humedad del suelo.

  Microorganismos pueden contribuir a la nutrición vegetal.

  Sistemas biológicos pueden utilizarse para detectar determinadas enfermedades.

  La ingeniería también puede mejorar procesos de riego y producción.

  Agricultura y biología están cada vez más conectadas con tecnología.

Biosensores — utilizar biología para detectar sustancias

  Un biosensor combina un componente biológico con un sistema capaz de producir una señal medible.

  Por ejemplo, determinadas moléculas pueden reconocer una sustancia específica.

  La interacción se transforma posteriormente en una señal eléctrica, óptica o química.

  Los medidores de glucosa constituyen un ejemplo ampliamente conocido del uso de principios biosensores.

La glucosa convertida en una señal

  En muchos sistemas, una enzima interactúa con la glucosa.

  La reacción produce cambios que pueden convertirse en una señal eléctrica.

  El dispositivo mide esa señal y calcula una concentración.

  Una reacción química microscópica termina apareciendo como un número en una pantalla.

La ingeniería necesita comprender límites

  Trabajar con organismos vivos presenta desafíos diferentes de construir una máquina.

  Las células se reproducen.

  Responden al ambiente.

  Pueden cambiar.

  Los organismos interactúan con otros organismos.

  Por eso cualquier tecnología biológica necesita evaluar cuidadosamente seguridad y posibles consecuencias.

También existen preguntas éticas

  No todo aquello que técnicamente puede hacerse necesariamente debe hacerse.

  La edición genética humana, la modificación de organismos y determinadas aplicaciones de biotecnología plantean preguntas profundas.

  ¿Quién se beneficia?

  ¿Qué riesgos existen?

  ¿Puede afectar a generaciones futuras?

  ¿Dónde deben establecerse límites?

  La capacidad tecnológica debe ir acompañada de responsabilidad.

La vida es más compleja que una máquina

  Las comparaciones con fábricas, computadoras y sistemas hidráulicos pueden ayudarnos a comprender determinados aspectos.

  Pero una célula no es simplemente una fábrica.

  Un cerebro no es simplemente una computadora.

  Un corazón no es solamente una bomba.

  Los organismos vivos poseen niveles de organización e interacción extraordinariamente complejos.

Cuanto más observamos, más preguntas aparecen

  ¿Cómo reconoce una proteína otra molécula?

  ¿Cómo sabe una célula cuándo dividirse?

  ¿Cómo se organiza un tejido?

  ¿Cómo se conectan las neuronas?

  ¿Cómo repara el cuerpo una herida?

  ¿Cómo coordina un organismo millones de células?

  Cada respuesta científica suele abrir nuevas preguntas.

La Biblia presenta el cuerpo humano como algo admirable

  David escribió:

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.”
(Salmo 139:14)

  David no conocía células, ADN o ingeniería de tejidos.

  Pero reconocía que el cuerpo humano era digno de admiración.

  La ciencia moderna nos permite observar esa complejidad a niveles que él nunca pudo contemplar.

“En tu libro estaban escritas todas aquellas cosas”

  El mismo Salmo declara:

“Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas.”
(Salmo 139:16)

  El texto es poético y teológico, no una descripción del ADN. Sin embargo, expresa la idea bíblica de orden y propósito en la formación de la vida.

  Actualmente podemos observar cómo información molecular, señales químicas y procesos celulares participan en el desarrollo de un organismo.

Estudiar la vida para resolver problemas

  Una bacteria puede fabricar una proteína.

  Una enzima puede convertirse en parte de un sensor.

  Células pueden cultivarse sobre un andamio.

  Señales musculares pueden controlar una prótesis.

  Microorganismos pueden transformar contaminantes.

  La ingeniería biológica toma conocimientos sobre la vida y pregunta:

  ¿cómo podemos utilizarlos responsablemente para ayudar a resolver problemas?

Cuando estudiamos los sistemas de la vida

  La Biblia no pretende explicar genética molecular, bioingeniería, ingeniería de tejidos o biosensores mediante lenguaje científico. Estas disciplinas pertenecen a la investigación moderna.

  Sin embargo, la ingeniería biológica nos permite observar algo extraordinario: cuanto mejor comprendemos las células, tejidos y organismos, más posibilidades encontramos para desarrollar nuevas herramientas médicas, ambientales e industriales.

  Desde la perspectiva bíblica, este conocimiento también aumenta nuestra admiración. La ingeniería biológica nos recuerda que incluso nuestras tecnologías más avanzadas pueden comenzar con algo mucho más pequeño: observar cuidadosamente una célula, una proteína o un tejido y descubrir la extraordinaria organización que existe dentro de la vida.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Dos veces al día, aproximadamente, en muchas costas del mundo ocurre una transformación impresionante. El agua avanza sobre playas, cubre rocas y llena estuarios; horas después retrocede y deja expuestas zonas que antes estaban bajo el mar. Este movimiento periódico constituye uno de los fenómenos naturales más conocidos del planeta: las mareas.

  Las mareas se producen principalmente por la interacción gravitacional entre la Tierra, la Luna y el Sol. Aunque el Sol posee una masa muchísimo mayor que la Luna, nuestro satélite está mucho más cerca de la Tierra y ejerce una influencia fundamental sobre las mareas.

  Pero las mareas no consisten simplemente en que “la Luna jala el agua”. El fenómeno involucra diferencias en la atracción gravitacional, el movimiento del sistema Tierra-Luna, la rotación terrestre, la forma de las costas y la profundidad de los océanos. Cada día, los mares responden a una gigantesca interacción entre cuerpos celestes separados por cientos de miles de kilómetros.

¿Qué es una marea?

  La marea es el ascenso y descenso periódico del nivel del mar producido principalmente por fuerzas gravitacionales asociadas con la Luna y el Sol.

  Cuando el nivel del agua alcanza una región elevada hablamos de pleamar o marea alta.

  Cuando desciende hasta una región mínima hablamos de bajamar o marea baja.

  La diferencia vertical entre ambas recibe el nombre de rango de marea.

La Luna es la protagonista principal en la formación de las mareas

  La Luna se encuentra aproximadamente a 384,400 kilómetros de la Tierra en promedio.

  Su gravedad actúa sobre todo nuestro planeta.

  Pero el lado terrestre más cercano a la Luna experimenta una atracción ligeramente mayor que el centro de la Tierra, mientras que el lado más lejano experimenta una atracción algo menor.

  Estas diferencias son fundamentales para comprender las mareas.

¿Por qué existen dos mareas altas?

  Si la explicación fuera simplemente que la Luna atrae el agua hacia ella, esperaríamos una sola acumulación de agua en el lado que mira hacia la Luna.

  Sin embargo, también se produce otra región de marea elevada aproximadamente en el lado opuesto.

  Esto se comprende considerando las fuerzas de marea dentro del sistema Tierra-Luna.

  La diferencia de atracción gravitacional a través de la Tierra produce dos grandes tendencias de deformación del océano: una hacia el lado lunar y otra hacia el lado opuesto.

La Tierra gira debajo de estas deformaciones

  Mientras la Tierra rota, diferentes regiones costeras atraviesan las zonas donde el nivel del océano tiende a ser mayor o menor.

  Por eso muchas costas experimentan aproximadamente dos pleamares y dos bajamares cada día lunar.

  Sin embargo, el comportamiento real es mucho más complejo debido a continentes, profundidad oceánica y geometría de las cuencas.

No ocurren exactamente a la misma hora cada día

  La Luna también se desplaza alrededor de la Tierra.

  Mientras nuestro planeta completa una rotación, la Luna ha avanzado un poco en su órbita.

  La Tierra necesita girar aproximadamente cincuenta minutos adicionales para volver a presentar el mismo punto hacia la Luna.

  Por eso las mareas suelen producirse aproximadamente cincuenta minutos más tarde cada día, aunque las condiciones locales pueden modificar considerablemente los horarios.

El Sol también participa

  La gravedad solar también produce mareas.

  Aunque la Luna ejerce una influencia mareal mayor debido a su proximidad, la contribución del Sol es suficientemente importante para modificar el rango de las mareas.

  Dependiendo de la posición relativa del Sol, la Tierra y la Luna, sus efectos pueden reforzarse o contrarrestarse parcialmente.

Mareas vivas — cuando Sol, Tierra y Luna se alinean

  Durante la Luna nueva y la Luna llena, el Sol, la Tierra y la Luna se encuentran aproximadamente alineados.

  Las influencias mareales del Sol y la Luna se refuerzan.

  Entonces suelen producirse mareas altas más elevadas y mareas bajas más bajas.

  Estas se conocen como mareas vivas.

  El nombre no significa que el agua esté viva; describe un rango de marea mayor.

Mareas muertas — cuando las fuerzas se contrarrestan parcialmente

  Durante los cuartos creciente y menguante, la dirección hacia el Sol y hacia la Luna forma aproximadamente un ángulo recto vista desde la Tierra.

  Sus efectos mareales se contrarrestan parcialmente.

  Entonces la diferencia entre pleamar y bajamar suele ser menor.

  Estas son las llamadas mareas muertas.

La forma de la costa puede amplificar una marea

  La influencia astronómica establece el movimiento básico, pero la geografía determina gran parte de lo que observamos localmente.

  Una bahía estrecha puede concentrar el agua.

  La profundidad modifica el movimiento de las ondas de marea.

  La forma de una cuenca puede producir resonancia.

  Por eso dos costas relativamente cercanas pueden experimentar mareas muy diferentes.

La Bahía de Fundy — mareas extraordinarias

  La Bahía de Fundy, situada entre las provincias canadienses de Nueva Escocia y Nuevo Brunswick, es famosa por poseer algunos de los mayores rangos de marea del mundo.

  En determinadas zonas la diferencia entre marea alta y baja puede superar ampliamente los diez metros.

  Un lugar que durante la pleamar está cubierto por agua puede quedar horas después completamente expuesto.

Un océano que parece desaparecer

  En costas con grandes rangos de marea, embarcaciones que flotaban horas antes pueden terminar descansando sobre el fondo durante la bajamar.

  Después el agua regresa.

  El paisaje completo cambia varias veces en un solo día.

  Para los organismos costeros, esta transformación forma parte de su vida cotidiana.

La zona intermareal — vivir entre dos mundos

  La región que queda cubierta durante la marea alta y expuesta durante la baja recibe el nombre de zona intermareal.

  Es uno de los ambientes más interesantes del planeta.

  Sus organismos deben funcionar bajo condiciones muy diferentes en pocas horas.

  En un momento están bajo el agua.

  Después quedan expuestos al aire, al Sol, al viento y a cambios de temperatura.

Los organismos necesitan resistir la desecación

  Cuando baja la marea, animales marinos pueden quedar temporalmente fuera del agua.

  Los percebes cierran sus placas.

  Los mejillones mantienen cerradas sus conchas.

  Cangrejos buscan refugios.

  Anémonas pueden retraerse.

  Cada organismo posee mecanismos que le ayudan a conservar humedad hasta que el mar regrese.

Las pozas de marea — pequeños océanos temporales

  Entre las rocas pueden quedar depósitos de agua conocidos como pozas de marea.

  Dentro de ellas viven pequeños peces, anémonas, crustáceos, moluscos y otros organismos.

  Pero las condiciones pueden cambiar rápidamente.

  La temperatura aumenta.

  El agua se evapora.

  La concentración de sal puede cambiar.

  Horas después, la siguiente marea renueva nuevamente el ambiente.

Las mareas también transportan alimento

  El agua que entra y sale mueve nutrientes, plancton y materia orgánica.

  Muchos organismos filtradores aprovechan las corrientes para obtener alimento.

  Algunos animales sincronizan sus períodos de actividad con el movimiento del agua.

  La marea no solamente modifica el nivel del mar.

  También transporta recursos.

Algunos animales siguen un reloj de mareas

  Numerosos organismos costeros presentan comportamientos relacionados con los ciclos mareales.

  Cangrejos, moluscos, peces y otros animales pueden ajustar alimentación, movimiento o reproducción según las condiciones.

  Incluso bajo condiciones de laboratorio, algunos pueden mantener temporalmente ritmos relacionados con las mareas.

  El movimiento del océano puede convertirse en parte del reloj biológico de una criatura.

Las mareas influyen en los estuarios

  Los estuarios son regiones donde el agua dulce de los ríos se encuentra con agua marina.

  Cuando sube la marea, agua salada puede avanzar hacia el interior.

  Cuando baja, el flujo cambia.

  Esto produce variaciones de salinidad, corrientes y nutrientes.

  Numerosos peces y aves dependen de estos ambientes.

¿Puede una marea convertirse en una ola?

  En algunos ríos y estuarios, una marea entrante puede formar un frente de agua que avanza río arriba.

  Este fenómeno recibe el nombre de macareo o tidal bore.

  Puede parecer una ola viajando en dirección contraria al flujo habitual del río.

  No ocurre en todas partes; requiere una combinación particular de gran rango de marea y forma del cauce.

La energía de las mareas

  El movimiento periódico de enormes cantidades de agua contiene energía.

  En algunos lugares se utilizan turbinas y otras tecnologías para producir electricidad mareomotriz.

  Una ventaja es que los ciclos astronómicos que producen las mareas son altamente predecibles.

  Sin embargo, construir estas instalaciones también puede modificar ecosistemas costeros y requiere evaluaciones ambientales cuidadosas.

Las mareas también afectan lentamente a la Tierra y la Luna

  La interacción mareal no solamente mueve océanos.

  Las deformaciones producidas en la Tierra generan fricción y transferencia de energía dentro del sistema Tierra-Luna.

  Como consecuencia, la rotación terrestre se desacelera extremadamente poco y la Luna se aleja de la Tierra unos centímetros por año, fenómeno que puede medirse mediante técnicas modernas.

La gravedad actúa sin necesidad de contacto

  La Luna no toca nuestros océanos.

  Está a cientos de miles de kilómetros.

  Sin embargo, su presencia contribuye a movimientos de enormes masas de agua.

  Esta es una magnífica demostración de la gravedad.

  Dos cuerpos pueden interactuar a enormes distancias.

Las mareas son predecibles

  Debido a que conocemos los movimientos de la Tierra, la Luna y el Sol, los científicos pueden calcular las mareas con gran precisión para muchos lugares.

  Sin embargo, también deben considerar la geografía local.

  Por eso existen tablas de mareas específicas para diferentes puertos y costas.

  Pescadores, navegantes y comunidades costeras dependen de esta información.

Marea no es lo mismo que tsunami

  Aunque ambos modifican el nivel del mar, son fenómenos completamente diferentes.

  Las mareas son movimientos periódicos relacionados principalmente con la gravedad de la Luna y el Sol.

  Un tsunami generalmente se produce por un desplazamiento repentino de grandes cantidades de agua, frecuentemente relacionado con terremotos submarinos.

  Una marea puede predecirse con años de anticipación.

  Un tsunami es un acontecimiento extraordinario.

La Biblia menciona los límites del mar

  El libro de Job declara:

“¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba saliéndose de su seno… y establecí sobre él mi decreto, le puse puertas y cerrojo?”
(Job 38:8,10)

  El lenguaje es poético, pero presenta una imagen poderosa: el enorme océano posee límites y comportamientos establecidos.

Jeremías contempla el movimiento del mar

  La Escritura declara:

“¿A mí no me temeréis? dice Jehová… que puse arena por término al mar, por ordenación eterna la cual no quebrantará; se levantarán tempestades, mas no prevalecerán; bramarán sus ondas, mas no lo pasarán.”
(Jeremías 5:22)

  Los escritores bíblicos observaron la enorme fuerza del océano y utilizaron sus límites como una imagen del poder y orden de Dios.

La Luna como señal de los tiempos

  El Salmo 104 declara:

“Hizo la luna para los tiempos; el sol conoce su ocaso.”
(Salmo 104:19)

  La Luna efectivamente está relacionada con ciclos naturales fácilmente observables.

  Sus fases siguen un patrón regular y su posición participa en los ciclos de las mareas.

  La regularidad permite anticipar lo que ocurrirá.

Un gigantesco reloj natural

  Luna nueva.

  Cuarto creciente.

  Luna llena.

  Cuarto menguante.

  Mareas vivas.

  Mareas muertas.

  Pleamar.

  Bajamar.

  El ciclo continúa una y otra vez.

  Desde una pequeña poza entre las rocas hasta un océano entero, innumerables organismos viven siguiendo este movimiento.

Cuando el océano responde a la Luna

  La Biblia no pretende explicar gravedad, dinámica oceánica o mecánica orbital mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la física, astronomía y oceanografía.

  Sin embargo, estudiar las mareas revela una extraordinaria relación entre fenómenos terrestres y cuerpos celestes. La Luna y el Sol ejercen fuerzas gravitacionales, la Tierra gira, los océanos responden y las costas modifican el resultado.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estos mecanismos aumenta nuestra admiración. Las mareas nos recuerdan que la naturaleza funciona mediante relaciones extraordinariamente precisas: mientras la Luna continúa su recorrido sobre nosotros, océanos enteros avanzan y retroceden siguiendo un ciclo que alcanza desde las mayores bahías hasta la más pequeña poza entre las rocas.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Sobre las aguas cálidas de los océanos puede comenzar algo aparentemente sencillo: aire húmedo que asciende hacia la atmósfera. Sin embargo, bajo determinadas condiciones, ese movimiento puede organizarse hasta formar una de las tormentas más poderosas de la Tierra: un huracán.

  Un huracán puede extenderse cientos de kilómetros, producir vientos extremadamente fuertes, lluvias torrenciales, enormes olas e inundaciones costeras. Visto desde el espacio presenta una estructura impresionante: gigantescas bandas de nubes girando alrededor de una región central conocida como el ojo.

  ¿Cómo puede el calor almacenado en el océano terminar convirtiéndose en una tormenta de dimensiones gigantescas?

¿Qué es un huracán?

  Un huracán es un ciclón tropical que alcanza vientos máximos sostenidos de al menos 119 kilómetros por hora.

  El nombre utilizado depende de la región.

  En el Atlántico Norte y el Pacífico nororiental se les llama huracanes.

  En el Pacífico noroccidental se conocen como tifones.

  En otras regiones se utiliza principalmente el término ciclón tropical.

  Son esencialmente el mismo tipo de fenómeno atmosférico.

Todo comienza con agua caliente

  Los ciclones tropicales necesitan condiciones particulares para desarrollarse.

  Una de las más importantes es una extensa superficie oceánica suficientemente cálida.

  El agua se evapora.

  El aire húmedo asciende.

  Al subir, se enfría y parte del vapor se condensa formando nubes.

  Durante la condensación se libera energía en forma de calor latente.

  Esa energía contribuye a mantener la circulación de la tormenta.

Una gigantesca máquina térmica

  Podemos imaginar un huracán, de manera simplificada, como una enorme máquina que obtiene energía del océano cálido.

  Aire húmedo asciende.

  La presión cerca de la superficie disminuye.

  Más aire entra hacia la región de baja presión.

  Continúa ascendiendo y formando enormes nubes de tormenta.

  Mientras exista suficiente energía y las condiciones atmosféricas sean favorables, el sistema puede fortalecerse.

¿Por qué comienza a girar?

  La rotación terrestre influye sobre el movimiento del aire mediante el llamado efecto Coriolis.

  Por esta razón, los ciclones tropicales giran generalmente en sentido contrario a las agujas del reloj en el hemisferio norte y en sentido horario en el hemisferio sur.

  El efecto Coriolis es muy débil cerca del ecuador.

  Por eso los huracanes no suelen formarse exactamente sobre él.

El ojo del huracán

  En huracanes suficientemente organizados puede aparecer una región central llamada ojo.

  Allí el cielo puede estar parcialmente despejado y los vientos pueden ser mucho menores que alrededor.

  Esto resulta sorprendente.

  En el centro de una tormenta gigantesca puede existir una región de relativa calma.

La pared del ojo — la región más peligrosa

  Rodeando al ojo se encuentra la pared del ojo.

  Aquí encontramos algunas de las nubes más altas, lluvias más intensas y vientos más fuertes del huracán.

  Por eso experimentar el paso del ojo puede ser engañoso.

  Después de una calma temporal puede llegar la otra parte de la pared con vientos extremadamente violentos.

¿Cómo se clasifican los huracanes?

  En el Atlántico y el Pacífico nororiental se utiliza la escala Saffir-Simpson, que clasifica los huracanes de acuerdo con la velocidad máxima sostenida del viento:

  Los huracanes de categorías 3, 4 y 5 se consideran huracanes mayores.

Pero la categoría no representa todo el peligro

  Este punto es muy importante.

  La escala Saffir-Simpson solamente utiliza la velocidad del viento.

  Un huracán de categoría relativamente baja puede producir inundaciones devastadoras si avanza lentamente o descarga enormes cantidades de lluvia.

  También existe otro peligro enorme: la marejada ciclónica.

La marejada ciclónica

  Los fuertes vientos pueden empujar enormes cantidades de agua hacia la costa.

  El nivel del mar puede elevarse varios metros por encima de lo esperado.

  El agua penetra en zonas costeras e inunda comunidades.

  Históricamente, la marejada ha sido uno de los peligros más mortales asociados con los huracanes.

También pueden producir cantidades extraordinarias de lluvia

  Un huracán transporta enormes cantidades de humedad.

  Cuando avanza lentamente sobre una región, puede descargar lluvia durante horas o incluso días.

  Ríos se desbordan.

  Calles se convierten en corrientes.

  El suelo se satura.

  Pueden producirse deslizamientos e inundaciones lejos de la costa.

¿Por qué se debilitan cuando entran a tierra?

  Un huracán obtiene gran parte de su energía de las aguas cálidas.

  Cuando entra sobre tierra pierde esa fuente continua de humedad y calor.

  Además, la fricción con la superficie terrestre altera su circulación.

  Por eso normalmente comienza a debilitarse.

  Sin embargo, todavía puede producir lluvias, inundaciones, tornados y fuertes vientos muy lejos del lugar donde tocó tierra.

Los satélites nos permiten observarlos desde el espacio

  Actualmente podemos seguir ciclones tropicales mediante satélites meteorológicos.

  También se utilizan radares, boyas oceánicas, estaciones meteorológicas y modelos computacionales.

  En Estados Unidos incluso existen aeronaves especializadas conocidas popularmente como Hurricane Hunters, que vuelan dentro de determinadas tormentas para obtener mediciones.

  Estos datos ayudan a calcular trayectoria e intensidad.

Podemos pronosticarlos, pero no controlarlos

  Los modelos meteorológicos han mejorado enormemente nuestra capacidad para anticipar el movimiento de los huracanes.

  Esto permite emitir evacuaciones y preparar comunidades.

  Pero todavía existen incertidumbres, especialmente respecto a cambios rápidos de intensidad.

  Podemos estudiar estas gigantescas tormentas.

  Podemos observarlas desde el espacio.

  Podemos medirlas.

  Pero no podemos simplemente detenerlas.

La Biblia describe la fuerza de las tempestades

  El Salmo 107 presenta una poderosa descripción del mar durante una tormenta:

“Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal.”
(Salmo 107:25-26)

  Quienes navegaban en tiempos bíblicos conocían perfectamente el temor producido por una gran tempestad.

Jesús frente a una tormenta

  Los Evangelios narran que Jesucristo y sus discípulos enfrentaron una fuerte tormenta mientras navegaban:

“Y se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.”
(Marcos 4:37)

  El episodio permite comprender algo del temor que una tormenta violenta puede producir en quienes se encuentran sobre el agua.

Gigantescas tormentas alimentadas por el océano

  La Biblia no pretende explicar presión atmosférica, efecto Coriolis o termodinámica de ciclones tropicales mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la meteorología, física y oceanografía.

  Sin embargo, estudiar los huracanes revela la extraordinaria cantidad de energía que puede existir dentro del sistema atmosférico terrestre. Agua, calor, evaporación, presión, vientos y rotación terrestre interactúan hasta producir una tormenta que puede extenderse cientos de kilómetros.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estos fenómenos aumenta nuestra admiración por la magnitud de las fuerzas presentes en la creación y también nos recuerda la importancia de respetarlas, estudiarlas y utilizar el conocimiento para proteger la vida humana.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

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Por el Dr. Elio M Rivera

  Una célula puede almacenar información, producir energía, fabricar proteínas, reparar determinadas estructuras y responder a cambios en su ambiente. Un hueso combina resistencia con relativamente poco peso. El corazón mantiene el movimiento de la sangre durante toda la vida y una planta transporta agua desde sus raíces hasta hojas situadas muchos metros arriba. Los seres vivos contienen sistemas extraordinariamente complejos que científicos e ingenieros intentan comprender y, en determinados casos, aprovechar.

  A este encuentro entre biología e ingeniería podemos llamarlo ingeniería biológica. Esta disciplina utiliza conocimientos de biología, química, física, matemáticas e ingeniería para estudiar sistemas vivos y desarrollar soluciones para problemas humanos.

  Puede aplicarse a medicina, agricultura, producción de alimentos, materiales, medio ambiente y procesos industriales. La ingeniería biológica comienza estudiando cómo funciona la vida y utiliza ese conocimiento para desarrollar nuevas herramientas y tecnologías.

¿Qué es la ingeniería biológica?

  La ingeniería tradicional trabaja con materiales, máquinas, electricidad y estructuras.

  La ingeniería biológica incorpora además células, tejidos, microorganismos, moléculas biológicas y procesos propios de los seres vivos.

  Un ingeniero biológico puede estudiar desde el funcionamiento de una proteína hasta la manera de producir un tejido artificial.

  El laboratorio se convierte en un lugar donde ingeniería y biología se encuentran.

No es exactamente lo mismo que biomimética

  Aunque están relacionadas, existen diferencias.

  La biomimética, que vimos anteriormente, observa soluciones presentes en la naturaleza para inspirar tecnologías.

  La ingeniería biológica puede trabajar directamente con sistemas biológicos.

  Por ejemplo, puede utilizar microorganismos para fabricar una sustancia o células para desarrollar tejidos.

  Una se inspira frecuentemente en la vida; la otra puede utilizar componentes de la propia vida.

La célula como una pequeña fábrica

  Dentro de una célula ocurren miles de reacciones químicas.

  Enzimas transforman sustancias.

  Membranas regulan lo que entra y sale.

  Proteínas transportan materiales.

  El ADN contiene información utilizada por la célula.

  Todo esto convierte a la célula en un sistema extraordinariamente interesante para la ingeniería.

Microorganismos que fabrican medicamentos

  Uno de los ejemplos más conocidos es la producción de insulina humana mediante microorganismos modificados.

  Los investigadores pueden introducir instrucciones genéticas para que determinadas bacterias o levaduras produzcan proteínas humanas.

  Después esas proteínas pueden ser obtenidas y purificadas mediante procesos industriales.

  Una célula microscópica puede convertirse en una pequeña fábrica biológica.

El ADN almacena información

  Dentro de nuestras células existe una molécula extraordinaria: el ADN.

  Su secuencia contiene información utilizada en la producción de moléculas fundamentales para el funcionamiento celular.

  Los investigadores han desarrollado tecnologías capaces de leer, copiar y modificar determinadas secuencias de ADN.

  Esto ha abierto posibilidades extraordinarias, pero también importantes preguntas éticas.

CRISPR — modificar regiones específicas del ADN

  Una de las herramientas más conocidas de edición genética es CRISPR-Cas.

  Utiliza componentes moleculares capaces de reconocer determinadas secuencias genéticas y realizar cortes en posiciones específicas.

  Los sistemas celulares de reparación pueden entonces producir modificaciones.

  Estas herramientas se investigan para comprender enfermedades, estudiar genes y desarrollar tratamientos.

Modificar no significa comprenderlo todo

  El hecho de que podamos cambiar una secuencia genética no significa que comprendamos completamente todas sus consecuencias.

  Los genes interactúan entre sí y con el ambiente.

  Una modificación puede producir efectos inesperados.

  Por eso la investigación requiere experimentación cuidadosa, controles y evaluación de riesgos.

Reconstruyendo tejidos a través de la Ingeniería Biologica

  La ingeniería de tejidos intenta desarrollar estructuras biológicas que puedan ayudar a reparar o sustituir tejidos dañados.

  Los investigadores pueden combinar células con estructuras tridimensionales conocidas como andamios.

  Las células crecen sobre estos soportes.

  El objetivo es crear condiciones que favorezcan la formación organizada de tejido.

Un andamio para las células

  Cuando construimos un edificio utilizamos una estructura que guía la construcción.

  En ingeniería de tejidos puede utilizarse un principio semejante.

  Un material tridimensional proporciona espacios donde las células pueden adherirse y organizarse.

  Después pueden depositar sus propios componentes alrededor.

  La estructura artificial ayuda a dirigir un proceso biológico.

La impresión tridimensional también llegó a la biología

  Las tecnologías de bioimpresión 3D permiten depositar células y materiales biocompatibles siguiendo patrones determinados.

  Los investigadores estudian cómo producir estructuras semejantes a tejidos.

  Fabricar un órgano completo funcional continúa siendo muchísimo más difícil que simplemente imprimir su forma.

  Un órgano necesita vasos sanguíneos, diferentes tipos celulares, organización y conexiones funcionales.

El desafío de los vasos sanguíneos

  Una pequeña capa de células puede obtener oxígeno y nutrientes por difusión.

  Pero un tejido grueso necesita una red que transporte sangre.

  Por eso uno de los grandes desafíos de la ingeniería de tejidos es desarrollar una vascularización adecuada.

  Construir la forma externa no es suficiente.

  Cada célula debe recibir aquello que necesita para permanecer viva.

Las válvulas del corazón

  La ingeniería biológica también estudia estructuras cardiovasculares.

  Una válvula cardíaca debe abrirse y cerrarse millones de veces.

  Debe soportar presión.

  Debe permitir que la sangre avance en una dirección y reducir su regreso.

  Comprender estas exigencias permite desarrollar prótesis y materiales médicos cada vez mejores.

Un corazón es mucho más que una bomba

  Compararlo con una bomba ayuda a comprender parte de su función.

  Pero un corazón vivo es muchísimo más complejo.

  Posee células musculares.

  Sistema eléctrico.

  Válvulas.

  Vasos sanguíneos.

  Mecanismos hormonales y nerviosos.

  La ingeniería puede estudiar cada componente, pero también necesita comprender cómo interactúan.

Ingeniería biológica: Prótesis controladas por señales musculares

  Algunas prótesis modernas pueden detectar señales eléctricas producidas por músculos residuales.

  Sensores reciben esas señales.

  Un sistema electrónico las interpreta.

  Motores producen movimiento.

  La actividad biológica del usuario puede convertirse en una orden para una máquina.

  Aquí encontramos literalmente una conexión entre organismo e ingeniería.

Interfaces entre nervios y dispositivos

  Los investigadores también estudian maneras de comunicar dispositivos electrónicos con el sistema nervioso.

  Esto puede utilizarse para restaurar parcialmente funciones perdidas o controlar determinadas prótesis.

  El desafío es enorme porque el sistema nervioso utiliza señales complejas y está formado por tejidos delicados.

  La máquina debe aprender a interactuar con un sistema vivo.

Los microorganismos pueden ayudarnos a limpiar

  Algunas bacterias y hongos pueden transformar sustancias presentes en ambientes contaminados.

  La biorremediación utiliza organismos o procesos biológicos para ayudar a eliminar o reducir determinados contaminantes.

  En ciertas circunstancias pueden emplearse microorganismos para degradar hidrocarburos y otras sustancias.

  Un organismo microscópico puede convertirse en parte de una estrategia ambiental.

También pueden producir combustibles y materiales

  Microorganismos pueden utilizarse en procesos de fermentación para producir alcoholes, ácidos orgánicos, enzimas y numerosas moléculas.

  Los investigadores también estudian formas de producir bioplásticos y otros materiales mediante sistemas biológicos.

  La industria puede utilizar células como pequeñas unidades de producción.

La fermentación es una antigua forma de utilizar biología

  Mucho antes de comprender microorganismos, los seres humanos ya utilizaban fermentación para producir pan, queso y otros alimentos.

  Actualmente conocemos mejor los organismos responsables y podemos controlar temperatura, nutrientes, oxígeno y otras condiciones.

  Una práctica antigua se ha convertido también en una tecnología moderna.

Ingeniería biológica en la agricultura

  Sensores pueden medir humedad del suelo.

  Microorganismos pueden contribuir a la nutrición vegetal.

  Sistemas biológicos pueden utilizarse para detectar determinadas enfermedades.

  La ingeniería también puede mejorar procesos de riego y producción.

  Agricultura y biología están cada vez más conectadas con tecnología.

Biosensores — utilizar biología para detectar sustancias

  Un biosensor combina un componente biológico con un sistema capaz de producir una señal medible.

  Por ejemplo, determinadas moléculas pueden reconocer una sustancia específica.

  La interacción se transforma posteriormente en una señal eléctrica, óptica o química.

  Los medidores de glucosa constituyen un ejemplo ampliamente conocido del uso de principios biosensores.

La glucosa convertida en una señal

  En muchos sistemas, una enzima interactúa con la glucosa.

  La reacción produce cambios que pueden convertirse en una señal eléctrica.

  El dispositivo mide esa señal y calcula una concentración.

  Una reacción química microscópica termina apareciendo como un número en una pantalla.

La ingeniería necesita comprender límites

  Trabajar con organismos vivos presenta desafíos diferentes de construir una máquina.

  Las células se reproducen.

  Responden al ambiente.

  Pueden cambiar.

  Los organismos interactúan con otros organismos.

  Por eso cualquier tecnología biológica necesita evaluar cuidadosamente seguridad y posibles consecuencias.

También existen preguntas éticas

  No todo aquello que técnicamente puede hacerse necesariamente debe hacerse.

  La edición genética humana, la modificación de organismos y determinadas aplicaciones de biotecnología plantean preguntas profundas.

  ¿Quién se beneficia?

  ¿Qué riesgos existen?

  ¿Puede afectar a generaciones futuras?

  ¿Dónde deben establecerse límites?

  La capacidad tecnológica debe ir acompañada de responsabilidad.

La vida es más compleja que una máquina

  Las comparaciones con fábricas, computadoras y sistemas hidráulicos pueden ayudarnos a comprender determinados aspectos.

  Pero una célula no es simplemente una fábrica.

  Un cerebro no es simplemente una computadora.

  Un corazón no es solamente una bomba.

  Los organismos vivos poseen niveles de organización e interacción extraordinariamente complejos.

Cuanto más observamos, más preguntas aparecen

  ¿Cómo reconoce una proteína otra molécula?

  ¿Cómo sabe una célula cuándo dividirse?

  ¿Cómo se organiza un tejido?

  ¿Cómo se conectan las neuronas?

  ¿Cómo repara el cuerpo una herida?

  ¿Cómo coordina un organismo millones de células?

  Cada respuesta científica suele abrir nuevas preguntas.

La Biblia presenta el cuerpo humano como algo admirable

  David escribió:

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.”
(Salmo 139:14)

  David no conocía células, ADN o ingeniería de tejidos.

  Pero reconocía que el cuerpo humano era digno de admiración.

  La ciencia moderna nos permite observar esa complejidad a niveles que él nunca pudo contemplar.

“En tu libro estaban escritas todas aquellas cosas”

  El mismo Salmo declara:

“Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas.”
(Salmo 139:16)

  El texto es poético y teológico, no una descripción del ADN. Sin embargo, expresa la idea bíblica de orden y propósito en la formación de la vida.

  Actualmente podemos observar cómo información molecular, señales químicas y procesos celulares participan en el desarrollo de un organismo.

Estudiar la vida para resolver problemas

  Una bacteria puede fabricar una proteína.

  Una enzima puede convertirse en parte de un sensor.

  Células pueden cultivarse sobre un andamio.

  Señales musculares pueden controlar una prótesis.

  Microorganismos pueden transformar contaminantes.

  La ingeniería biológica toma conocimientos sobre la vida y pregunta:

  ¿cómo podemos utilizarlos responsablemente para ayudar a resolver problemas?

Cuando estudiamos los sistemas de la vida

  La Biblia no pretende explicar genética molecular, bioingeniería, ingeniería de tejidos o biosensores mediante lenguaje científico. Estas disciplinas pertenecen a la investigación moderna.

  Sin embargo, la ingeniería biológica nos permite observar algo extraordinario: cuanto mejor comprendemos las células, tejidos y organismos, más posibilidades encontramos para desarrollar nuevas herramientas médicas, ambientales e industriales.

  Desde la perspectiva bíblica, este conocimiento también aumenta nuestra admiración. La ingeniería biológica nos recuerda que incluso nuestras tecnologías más avanzadas pueden comenzar con algo mucho más pequeño: observar cuidadosamente una célula, una proteína o un tejido y descubrir la extraordinaria organización que existe dentro de la vida.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

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Por el Dr. Elio M Rivera

  En medio de una tormenta, una columna de aire comienza a girar violentamente. Desciende desde las nubes y, cuando alcanza el suelo, puede levantar polvo, arrancar árboles, destruir edificios y lanzar objetos a grandes distancias. Ha nacido uno de los fenómenos atmosféricos más impresionantes de la Tierra: un tornado.

  A diferencia de los huracanes, que pueden extenderse cientos de kilómetros y durar días, los tornados suelen ser mucho más pequeños y de menor duración. Sin embargo, dentro de una zona reducida pueden producir algunos de los vientos más intensos conocidos en la atmósfera terrestre.

  ¿Cómo puede una tormenta producir una columna de aire capaz de girar con semejante violencia?

¿Qué es un tornado?

  Un tornado es una columna de aire que gira violentamente y se extiende desde una tormenta hasta la superficie terrestre.

  Cuando la condensación permite observar parte de esa circulación puede aparecer la característica nube en forma de embudo.

  Sin embargo, el embudo visible no siempre llega completamente hasta el suelo, aunque la circulación del tornado sí puede hacerlo.

¿Cómo se forma?

  Los tornados más intensos suelen estar relacionados con poderosas tormentas llamadas supercélulas.

  Para que estas tormentas se desarrollen pueden coincidir varios elementos:

  Aire cálido y húmedo cerca de la superficie.

  Aire más frío en niveles superiores.

  Inestabilidad atmosférica.

  Y cambios en velocidad y dirección del viento con la altura, conocidos como cizalladura del viento.

  La combinación puede favorecer una tormenta con una corriente ascendente giratoria.

Primero puede existir rotación horizontal

  Cuando el viento cambia con la altura, puede comenzar a producirse una rotación aproximadamente horizontal en el aire.

  Las fuertes corrientes ascendentes de una tormenta pueden inclinar esa rotación hacia una orientación más vertical.

  Entonces puede desarrollarse dentro de la tormenta una gran región giratoria conocida como mesociclón.

  Bajo determinadas condiciones, parte de esa rotación puede concentrarse hasta producir un tornado.

No todas las tormentas producen tornados

  Incluso una supercélula poderosa puede no producir ninguno.

  Los científicos comprenden muchos de los ingredientes necesarios, pero todavía investigan por qué algunas tormentas generan tornados mientras otras aparentemente semejantes no lo hacen.

  La atmósfera es un sistema extraordinariamente complejo.

¿Qué tan rápido puede girar el viento?

  En los tornados más violentos se han estimado velocidades del viento superiores a 300 kilómetros por hora.

  Medirlas directamente resulta difícil porque colocar instrumentos dentro de un tornado es peligroso.

  Los radares Doppler permiten estudiar el movimiento del aire y han proporcionado información extraordinaria sobre estas tormentas.

La escala EF

  En Estados Unidos los tornados se clasifican mediante la Escala Fujita Mejorada, conocida como escala EF.

  La clasificación se determina principalmente mediante los daños observados, a partir de los cuales se estima la intensidad de los vientos.

Un tornado puede ser casi invisible

  No todos presentan el espectacular embudo oscuro que vemos en fotografías.

  Algunos pueden ser difíciles de observar hasta que comienzan a levantar polvo y escombros.

  Otros quedan parcialmente ocultos por lluvia.

  Por eso depender solamente de lo que podemos ver resulta peligroso.

¿Cuánto tiempo dura un tornado?

  Muchos tornados duran solamente algunos minutos.

  Otros pueden permanecer sobre el suelo durante períodos mayores y recorrer decenas de kilómetros.

  Su tamaño también varía enormemente.

  Algunos poseen unas pocas decenas de metros de ancho.

  Los más grandes pueden superar ampliamente un kilómetro.

Tornado y huracán no son lo mismo

  Un huracán es un enorme sistema tropical que obtiene energía principalmente del océano cálido.

  Un tornado es una circulación muchísimo más pequeña asociada generalmente con tormentas intensas.

  Curiosamente, los huracanes también pueden producir tornados cuando llegan a tierra.

¿Por qué Estados Unidos tiene tantos tornados?

  Estados Unidos posee una combinación geográfica particularmente favorable para tormentas severas.

  Aire cálido y húmedo procedente del Golfo de México puede encontrarse con aire más frío y seco procedente de otras regiones.

  Además, los sistemas atmosféricos pueden producir la cizalladura necesaria.

  Por eso las Grandes Llanuras y otras regiones estadounidenses experimentan numerosos tornados.

La ciencia estudia los tornados

El radar puede detectar la rotación

  Los radares meteorológicos modernos no solamente muestran lluvia.

  Mediante el efecto Doppler pueden detectar si partículas dentro de la tormenta se desplazan hacia el radar o se alejan de él.

  Cuando aparecen movimientos opuestos muy próximos, los meteorólogos pueden identificar regiones de fuerte rotación.

  Esto permite emitir advertencias antes de que el tornado llegue a determinadas comunidades.

La seguridad depende de actuar rápidamente

  Ante una advertencia de tornado, lo más seguro suele ser buscar una habitación interior pequeña en el nivel más bajo de un edificio resistente, alejada de ventanas.

  Los sótanos y refugios diseñados específicamente para tormentas ofrecen protección adicional.

  Los minutos de advertencia pueden salvar vidas.

La Biblia describe la extraordinaria fuerza del viento

  El libro de Job declara:

“Respondió Jehová a Job desde un torbellino.”
(Job 38:1)

  En diferentes pasajes bíblicos, los torbellinos y tempestades aparecen como imágenes de enorme poder.

  Los antiguos no conocían radares Doppler ni meteorología moderna, pero conocían perfectamente la fuerza que podía alcanzar el viento.

Vientos que obedecen leyes físicas

  Actualmente podemos medir presión, temperatura, humedad y velocidad del viento.

  Podemos observar tormentas mediante satélites y radares.

  Podemos estudiar cómo las corrientes ascendentes y la cizalladura producen rotación.

  Sin embargo, predecir exactamente dónde aparecerá cada tornado continúa siendo un enorme desafío.

Una tormenta dentro de otra tormenta

  La Biblia no pretende explicar mesociclones, cizalladura o dinámica atmosférica mediante lenguaje científico. Estas cuestiones corresponden a la meteorología y la física.

  Sin embargo, estudiar los tornados nos permite contemplar las enormes fuerzas presentes en nuestra atmósfera. Una diferencia de temperatura, humedad y movimiento del aire puede formar una tormenta dentro de la cual aparece una columna giratoria capaz de concentrar una extraordinaria cantidad de energía en un espacio relativamente pequeño.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estos fenómenos aumenta nuestra admiración por las fuerzas de la creación y nos recuerda también la importancia de estudiarlas para proteger la vida humana.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

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Por el Dr. Elio M Rivea

  No podemos verlo, pero podemos observar sus efectos. Las hojas se mueven, las nubes atraviesan el cielo, las olas se levantan sobre el océano y enormes masas de aire recorren continentes enteros. Todo esto ocurre por algo aparentemente sencillo: el movimiento del aire.

  A ese movimiento lo llamamos viento.

  Puede presentarse como una brisa casi imperceptible o alcanzar velocidades capaces de derribar árboles y dañar edificios. También transporta humedad, distribuye calor, mueve semillas, participa en la formación de olas y ayuda a determinar el clima de diferentes regiones.

  El viento es invisible, pero sus efectos pueden sentirse prácticamente en todos los lugares de la Tierra.

¿Qué produce el viento?

  La principal fuente de energía que impulsa los movimientos atmosféricos es el Sol.

  La superficie terrestre no se calienta uniformemente. El océano, la tierra, las montañas, los desiertos y las regiones polares absorben y liberan energía de maneras diferentes.

  Esto produce diferencias de temperatura y presión atmosférica.

  El aire tiende a desplazarse desde regiones de mayor presión hacia regiones de menor presión.

  Ese movimiento produce viento.

El aire caliente y el aire frío

  Cuando el aire se calienta, generalmente se expande y se vuelve menos denso.

  Puede ascender.

  El aire más frío y denso puede desplazarse para ocupar su lugar.

  Este movimiento contribuye a formar corrientes atmosféricas.

  Un principio relativamente sencillo puede participar en sistemas meteorológicos gigantescos.

Una brisa en la playa

  Durante el día, la tierra suele calentarse más rápidamente que el océano.

  El aire sobre la tierra se calienta y asciende.

  Entonces aire más fresco procedente del mar puede desplazarse hacia la costa.

  Esto produce una brisa marina.

  Durante la noche el patrón puede invertirse.

La Tierra también modifica el movimiento del aire

  Nuestro planeta está girando constantemente.

  Esta rotación influye sobre la trayectoria de grandes masas de aire mediante el llamado efecto Coriolis.

  Por eso los vientos globales no se desplazan simplemente en líneas rectas entre el ecuador y los polos.

  La rotación terrestre contribuye a formar grandes patrones de circulación atmosférica.

Existen enormes cinturones de viento

  A escala planetaria encontramos sistemas como:

  Estos movimientos participan en el transporte de calor y humedad alrededor del planeta.

La corriente en chorro

  A varios kilómetros sobre nosotros existen regiones estrechas donde el aire puede desplazarse a velocidades extraordinarias.

  Son las llamadas corrientes en chorro o jet streams.

  Sus posiciones influyen en el movimiento de sistemas meteorológicos.

  Por eso algo que ocurre muy arriba en la atmósfera puede terminar afectando el tiempo que experimentamos en la superficie.

El viento ayuda a sustentar la vida

El viento transporta agua

  El océano libera enormes cantidades de vapor mediante evaporación.

  Las corrientes atmosféricas transportan esa humedad.

  Posteriormente puede condensarse y formar nubes.

  Finalmente puede regresar a la superficie mediante lluvia o nieve.

  Sin movimiento atmosférico, la distribución de humedad sobre los continentes sería muy diferente.

También transporta polvo a través de océanos

  El viento puede levantar partículas diminutas desde los desiertos y llevarlas miles de kilómetros.

  Polvo procedente del Sahara, por ejemplo, puede cruzar el océano Atlántico.

  Parte alcanza América.

  Los minerales transportados pueden incluso contribuir con nutrientes a determinados ecosistemas.

  Una partícula de polvo puede realizar un viaje intercontinental.

Las plantas también utilizan el viento

  Muchas plantas dependen parcialmente del viento para transportar polen.

  Otras producen semillas especialmente preparadas para viajar por el aire.

  Las semillas de los dientes de león poseen estructuras ligeras que les permiten permanecer suspendidas.

  Los árboles de arce producen semillas que giran mientras descienden.

  El aire se convierte en medio de transporte.

El viento construye paisajes

  En los desiertos puede transportar arena.

  Los granos rebotan y se desplazan sobre el suelo.

  Con el tiempo se forman dunas.

  El viento también erosiona determinadas superficies y redistribuye sedimentos.

  Aunque no podamos verlo, puede literalmente modificar el paisaje.

El viento produce olas

  Muchas de las olas que observamos en el océano comienzan cuando el viento transfiere energía a la superficie del agua.

  La intensidad del viento, el tiempo durante el cual sopla y la distancia sobre la que actúa influyen en el tamaño de las olas.

  Una tormenta distante puede producir olas que viajan enormes distancias.

¿Cómo medimos el viento?

  La velocidad puede medirse mediante un instrumento llamado anemómetro.

  Su dirección se determina mediante veletas y otros instrumentos meteorológicos.

  Actualmente estaciones automáticas, globos, radares y satélites permiten estudiar movimientos atmosféricos a diferentes alturas.

El viento también puede producir electricidad

  Las turbinas eólicas convierten parte de la energía cinética del aire en movimiento mecánico.

  Ese movimiento acciona un generador que produce electricidad.

  Así, una corriente de aire invisible puede terminar encendiendo luces, alimentando equipos y proporcionando energía a ciudades.

Cuando el viento se vuelve peligroso

  Vientos intensos pueden derribar árboles, desprender techos y convertir objetos sueltos en proyectiles.

  Huracanes, tornados y tormentas severas pueden producir velocidades extremadamente elevadas.

  Por eso el viento es simultáneamente un elemento fundamental del sistema terrestre y una fuerza natural que debemos respetar.

La Biblia habla frecuentemente del viento

  El libro de Eclesiastés declara:

“El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo.”
(Eclesiastés 1:6)

  Es una descripción poética extraordinariamente interesante de un viento que circula y regresa.

Jesús y el viento

  Durante una tormenta en el mar de Galilea, los discípulos de Jesús experimentaron directamente la fuerza del viento.

  Después de que Cristo calmó la tempestad dijeron:

“¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”
(Mateo 8:27)

  Para pescadores acostumbrados al lago, aquella demostración produjo un profundo asombro.

Una fuerza invisible con efectos visibles

  No vemos directamente el aire desplazándose.

  Vemos árboles inclinándose.

  Nubes moviéndose.

  Arena viajando.

  Semillas volando.

  Olas levantándose.

  Molinos girando.

  Los efectos revelan la presencia de algo que nuestros ojos no pueden observar directamente.

El aire invisible que mueve el mundo

  La Biblia no pretende explicar presión atmosférica, dinámica de fluidos o circulación global mediante lenguaje científico. Estas cuestiones corresponden a la meteorología y la física.

  Sin embargo, estudiar el viento revela cómo diferencias de temperatura, presión y rotación terrestre producen movimientos atmosféricos capaces de transportar calor, humedad, polvo y semillas alrededor del planeta.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estos procesos aumenta nuestra admiración. El viento nos recuerda que algunas de las fuerzas más importantes de la naturaleza pueden ser invisibles: no vemos el aire que se mueve, pero podemos contemplar sus efectos desde una pequeña hoja que tiembla hasta enormes nubes que atraviesan continentes enteros.

Referencias

Escrituras consultadas

Bibliografía científica

Temas científicos consultados

Organizaciones y recursos científicos

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