01. La célula: Una ciudad microscópica que refleja la sabiduría del Creador

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Si existiera un premio al mayor ejemplo de organización dentro de la naturaleza, uno de los principales candidatos sería, sin duda, la célula. Invisible a simple vista, esta diminuta unidad constituye la base de toda forma de vida conocida. Plantas, animales y seres humanos estamos formados por billones de células que trabajan de manera coordinada para mantenernos con vida.

  Durante siglos, el ser humano ignoró su existencia. No fue sino hasta el desarrollo del microscopio cuando comenzó a descubrir un mundo extraordinariamente complejo oculto a nuestros ojos. Desde entonces, cada avance de la biología celular ha revelado nuevos niveles de organización, precisión y coordinación que continúan maravillando a la comunidad científica.

  La Biblia, naturalmente, no utiliza la palabra célula, ya que fue descubierta muchos siglos después de que fueran escritas las Escrituras. Sin embargo, sí afirma una verdad que armoniza admirablemente con estos descubrimientos: la vida es el resultado de la sabiduría del Creador.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)

  Cuando el salmista escribió estas palabras no conocía el mundo microscópico. Sin embargo, cuanto más profundizamos en él, más evidente resulta la extraordinaria sabiduría reflejada en la creación.

La célula, una maravilla creativa

  A primera vista podría parecer que una célula es una simple gota de materia viva. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Una sola célula contiene una membrana que regula cuidadosamente todo lo que entra y sale; posee sistemas capaces de producir energía, fabricar proteínas, transportar sustancias, eliminar desechos, reparar daños, copiar información genética y responder continuamente a los cambios del medio que la rodea.

  Cada una de estas funciones depende de miles de procesos químicos perfectamente coordinados. Mientras usted lee estas líneas, billones de células trabajan silenciosamente en su organismo. Algunas producen energía para mantener vivos los tejidos. Otras combaten microorganismos invasores. Otras transportan oxígeno, forman huesos, reparan heridas o permiten que el corazón continúe latiendo. Todo ello ocurre sin que tengamos conciencia de ese extraordinario trabajo.

  Resulta asombroso pensar que una célula puede compararse, en cierto sentido, con una ciudad perfectamente organizada. Posee límites claramente definidos, fuentes de energía, sistemas de transporte, centros de producción, mecanismos de reciclaje, procesos de comunicación y un complejo sistema de información que coordina todas sus actividades. Aunque esta comparación tiene sus límites, nos ayuda a comprender el extraordinario nivel de organización presente en el mundo microscópico.

  El rey David expresó su admiración por la obra creadora de Dios con palabras que parecen describir perfectamente esta realidad:

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.”
(Salmo 139:14)

  Cada nuevo descubrimiento de la biología celular parece dar mayor profundidad a esta afirmación. Cuanto más conocemos acerca de la célula, más maravillosa resulta la creación.

  Una de las características más extraordinarias de la célula es su capacidad para mantener un equilibrio constante. Controla cuidadosamente la concentración de agua, sales, nutrientes y numerosas sustancias químicas indispensables para la vida. Además, detecta cambios en su entorno y responde a ellos mediante complejos mecanismos de regulación.

  Todo esto ocurre de manera continua. Ningún ser humano tiene que dar instrucciones conscientes a sus células para que funcionen. El corazón no necesita recibir una orden para continuar latiendo. El hígado no espera autorización para realizar sus funciones. Los riñones trabajan sin descanso filtrando la sangre. Todo ello es posible gracias a millones de células que actúan de manera coordinada.

  El profeta Isaías escribió:

“Así dice Jehová, tu Hacedor, y el que te formó desde el vientre…”
(Isaías 44:2)

  La Biblia presenta al desarrollo del ser humano como una obra del Creador. Desde una sola célula inicial comienza un proceso extraordinario mediante el cual se forman todos los órganos, tejidos y sistemas del cuerpo humano. La ciencia estudia cuidadosamente los mecanismos que participan en este desarrollo; las Escrituras dirigen nuestra atención hacia Aquel que hizo posible semejante maravilla.

  Es importante recordar que la biología explica admirablemente cómo funcionan las células. Describe sus componentes, estudia sus reacciones químicas y analiza sus procesos fisiológicos. Todo ello constituye uno de los mayores logros de la ciencia moderna.

  La Biblia responde una pregunta diferente. No pregunta únicamente cómo funciona una célula, sino quién dotó a la vida de semejante organización. Desde la perspectiva bíblica, el extraordinario orden presente en cada célula refleja la sabiduría de Dios.

“Porque en él fueron creadas todas las cosas… todo fue creado por medio de él y para él.”
(Colosenses 1:16)

  Esta afirmación incluye también el universo microscópico. El mismo Dios que gobierna las galaxias es el Dios que diseñó cada célula del cuerpo humano. No existe diferencia entre lo inmensamente grande y lo infinitamente pequeño para el Creador. Ambos manifiestan su poder y su sabiduría.

  Con frecuencia pensamos en la creación observando montañas, océanos o cielos estrellados. Sin embargo, uno de los testimonios más impresionantes de la sabiduría de Dios se encuentra oculto en un mundo que nuestros ojos no pueden ver. Cada célula constituye un pequeño universo de actividad, organización y precisión.

  Quizá esa sea una de las lecciones más extraordinarias que nos ofrece la creación. La grandeza de Dios no solo se manifiesta en la inmensidad del cosmos; también se revela en las estructuras más pequeñas de la vida. El mismo Dios que sostiene las galaxias sostiene también el funcionamiento de cada célula de nuestro organismo.

  Al contemplar esta realidad comprendemos que la célula no es simplemente la unidad básica de la vida. Desde la perspectiva bíblica, es también un silencioso testimonio de la infinita sabiduría del Creador. Allí, en un mundo invisible para nuestros ojos, continúa resonando el mismo mensaje que proclaman los cielos: Dios hizo todas las cosas con sabiduría.

Referencias:

Essential Cell Biology

Molecular Biology of the Cell

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.