03. El sistema inmunológico: Un ejército invisible que protege la vida

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Cada día, sin que lo notemos, nuestro cuerpo libra una batalla silenciosa por la supervivencia. Millones de bacterias, virus, hongos y otros microorganismos entran en contacto con nuestro organismo a través del aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que consumimos e incluso mediante el contacto con otras personas. Si nuestro cuerpo careciera de mecanismos de defensa, la vida sería imposible.

  Sin embargo, el ser humano posee uno de los sistemas de protección más extraordinarios de toda la naturaleza: el sistema inmunológico. Se trata de una compleja red de órganos, tejidos, células y moléculas que trabajan de manera coordinada para identificar, atacar y eliminar aquello que representa una amenaza para el organismo.

  La Biblia, por supuesto, no utiliza el término sistema inmunológico, ya que pertenece al lenguaje de la medicina moderna. No describe los linfocitos, los anticuerpos ni las células de defensa. Pero sí presenta al cuerpo humano como una obra extraordinariamente sabia, diseñada por Dios con un orden que continúa maravillando a quienes lo estudian.

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.”
(Salmo 139:14)

  Estas palabras adquieren un significado especial cuando contemplamos la extraordinaria organización del sistema inmunológico. Mientras realizamos nuestras actividades diarias, millones de células especializadas patrullan constantemente nuestro cuerpo buscando microorganismos invasores, células dañadas o tejidos que requieren reparación.

El sistema inmunológico, el ejercito que protege la vida.

  Algunas de estas células actúan como centinelas. Detectan la presencia de agentes extraños y emiten señales de alarma. Otras llegan rápidamente al lugar de la infección para destruir microorganismos. Algunas producen anticuerpos capaces de reconocer específicamente determinados virus o bacterias. Otras conservan memoria de infecciones anteriores para responder con mayor rapidez si el mismo microorganismo vuelve a aparecer.

  Todo este trabajo ocurre de manera continua y coordinada. Nuestro organismo distingue, en la mayoría de los casos, entre lo que le pertenece y aquello que representa una amenaza. Esa capacidad de reconocimiento constituye uno de los aspectos más sorprendentes de la inmunología.

  Cuando sufrimos una pequeña herida en la piel, inmediatamente comienza un complejo proceso de reparación. La sangre coagula para detener el sangrado. Llegan células de defensa para prevenir infecciones. Posteriormente se inicia la reconstrucción del tejido dañado. Todo ello ocurre sin que tengamos que pensar en ello.

  La ciencia continúa descubriendo nuevos aspectos de este extraordinario sistema. Cada año se publican miles de investigaciones relacionadas con el funcionamiento del sistema inmunológico, sus mecanismos de defensa y su papel en numerosas enfermedades. Cuanto más se estudia, más evidente resulta su enorme complejidad.

  El libro de Job contiene una declaración que, aunque escrita con un propósito diferente, expresa admirablemente el asombro que produce el cuerpo humano:

“Tus manos me hicieron y me formaron…”
(Job 10:8)

  Job reconoce que su cuerpo no es producto del azar, sino de la obra del Creador. Hoy sabemos que dentro de ese cuerpo existen innumerables sistemas especializados que trabajan en perfecta coordinación para mantener la vida.

  El rey David también escribió:

“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.”
(Salmo 139:13)

  La palabra entrañas hace referencia al interior del ser humano, a esa maravillosa organización que permanece oculta a nuestros ojos. Aunque David desconocía la existencia de los glóbulos blancos o de los anticuerpos, comprendía que el cuerpo humano era una obra admirable del Creador.

  Resulta especialmente interesante observar cómo los diferentes componentes del sistema inmunológico trabajan de manera coordinada. Ninguna célula realiza todas las funciones. Cada una posee tareas específicas, pero todas cooperan para alcanzar un mismo propósito: proteger la vida.

  Este principio armoniza perfectamente con una verdad que encontramos repetidamente en las Escrituras: Dios es un Dios de orden.

“Porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz…”
(1 Corintios 14:33)

  Aunque este pasaje se refiere al orden dentro de la iglesia y no al funcionamiento del cuerpo humano, refleja un atributo del carácter de Dios que también contemplamos en la creación. El universo y la vida muestran una organización que no apunta al desorden, sino a la sabiduría.

  Es importante señalar que el sistema inmunológico no es perfecto. Las enfermedades infecciosas, las inmunodeficiencias, las enfermedades autoinmunes y diversos trastornos nos recuerdan que vivimos en un mundo afectado por el pecado y sujeto al deterioro descrito en las Escrituras.

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora.”
(Romanos 8:22)

  Este pasaje explica que la creación actual no se encuentra en el estado perfecto en el que salió de las manos de Dios. La enfermedad, el sufrimiento y la muerte forman parte de un mundo que espera la restauración definitiva prometida por Dios.

  Aun así, el funcionamiento del sistema inmunológico continúa siendo motivo de admiración. Incluso en un mundo afectado por el deterioro, nuestro organismo posee mecanismos extraordinarios para defenderse, adaptarse y reparar daños.

  La ciencia estudia cuidadosamente cómo actúan estas defensas. Analiza las células, las moléculas y los procesos bioquímicos que participan en la respuesta inmunológica. La Biblia responde otra pregunta: ¿quién dotó al cuerpo humano de semejante capacidad para proteger la vida?

  Las Escrituras dirigen nuestra atención hacia el Creador.

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría…”
(Salmo 104:24)

  Cada glóbulo blanco que identifica un microorganismo, cada anticuerpo que neutraliza un virus y cada célula que participa en la reparación de un tejido constituyen un silencioso testimonio de esa sabiduría. Detrás de este extraordinario sistema de defensa encontramos una organización que continúa sorprendiendo a la medicina moderna.

  Quizá nunca seamos plenamente conscientes de las incontables batallas que nuestro cuerpo libra cada día para mantenernos con vida. Sin embargo, cada una de ellas nos recuerda una verdad proclamada desde las primeras páginas de la Biblia: el Dios que creó el universo también diseñó el cuerpo humano con una sabiduría que supera nuestra comprensión.

  El sistema inmunológico es mucho más que un conjunto de células de defensa. Es una de las muchas evidencias de que la vida refleja el orden, la previsión y la infinita sabiduría del Creador revelado en las Escrituras.

Referencias:

  • Janeway’s Immunobiology
  • Cellular and Molecular Immunology

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.