02. Prometió estar con nosotros

Por el Dr. Elio M Rivera

Una promesa que debería ser imposible para un hombre común

  Algunas palabras de Jesucristo adquieren una dimensión completamente diferente cuando nos detenemos a pensar en lo que realmente significan.

  Después de su resurrección, poco antes de ascender, Jesús hizo a sus discípulos una promesa extraordinaria:

“Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”
Mateo 28:20, RVR1960

  Observe cuidadosamente lo que Jesús prometió.

  No dijo solamente: “Recuerden mis enseñanzas”.

  No dijo: “Mi influencia permanecerá con ustedes”.

  No dijo: “Cuando yo ya no esté, recuerden lo que les enseñé”.

  Dijo:

  “Yo estoy con vosotros todos los días”.

  Si tomamos seriamente estas palabras, tenemos delante de nosotros otra promesa que podemos investigar.

¿Puede Jesucristo realmente estar con nosotros?

  Durante mis años como pastor he escuchado una experiencia repetirse innumerables veces.

  Personas que aseguran haber experimentado la presencia de Jesucristo.

  Algunas estaban en una iglesia.

  Pero muchas no.

  Algunas estaban orando acompañadas de otras personas.

  Pero otras estaban completamente solas.

  Personas en habitaciones.

  Personas viajando.

  Personas atravesando momentos de profunda tristeza.

  Personas enfrentando situaciones difíciles.

  Personas que simplemente comenzaron a orar y, según su propio testimonio, supieron que no estaban solas.

  Una y otra vez he escuchado expresiones semejantes:

  “Sentí que Dios estaba conmigo”.

  “Experimenté su presencia”.

  “Sabía que Cristo estaba allí”.

  Por supuesto, desde el punto de vista de nuestra investigación podemos preguntar:

  ¿Cómo sabemos que esas experiencias son reales?

  La respuesta inicial es muy sencilla.

Pregúnteles

  No tenemos que comenzar aceptando ciegamente lo que alguien dice.

  Podemos investigar.

  Pregúntele a personas que han caminado con Jesucristo durante años si alguna vez han experimentado su presencia.

  Pregunte a diferentes personas.

  Pregunte a hombres y mujeres.

  Pregunte a jóvenes y ancianos.

  Pregunte a personas de diferentes iglesias, países y culturas.

  Y después escuche.

  Las experiencias no serán idénticas. Algunos hablarán de una profunda seguridad interior. Otros describirán consuelo. Otros hablarán de una presencia difícil de expresar con palabras.

  Pero resulta extraordinario encontrar una experiencia que se repite constantemente:

  “Cristo estaba conmigo”.

  David había expresado siglos antes esta realidad acerca de la presencia de Dios:

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?”
Salmos 139:7, RVR1960

  Y precisamente aquí nuestra investigación comienza a adquirir una dimensión todavía más interesante.

Pero existe una manera todavía más personal de investigarlo

  Como sucedió con la promesa de la paz, no tenemos que limitarnos al testimonio de otras personas.

  Esta también es una promesa que cada persona puede investigar personalmente.

  No necesita que yo esté presente.

  No necesita estar dentro de un templo.

  No necesita viajar a Jerusalén.

  No necesita encontrarse delante de una imagen.

  No necesita intermediarios humanos para hablar con Jesucristo.

  Puede estar completamente solo.

  Porque si la promesa es verdadera, el lugar no debería ser el obstáculo.

  Jesús dijo:

“Yo estoy con vosotros todos los días”.

  Entonces una persona puede acercarse directamente a Él con sinceridad.

  No necesita una oración complicada.

  No necesita palabras religiosas.

  Puede simplemente decir:

  “Jesucristo, si realmente estás aquí, necesito conocerte. Si prometiste estar con nosotros, permite que pueda experimentar tu presencia”.

  Y después ocurre nuevamente algo extraordinario desde el punto de vista de nuestra investigación.

  Ya no estamos hablando solamente de lo que experimentaron los apóstoles.

  Ya no estamos hablando solamente de lo que otros creyentes aseguran haber experimentado.

  Ya no estamos hablando solamente de lo que yo he observado durante mis años como pastor.

  La persona puede investigarlo por sí misma.

Una promesa hecha hace casi dos mil años

  Ahora llegamos al punto central.

  Jesucristo dijo hace casi dos mil años:

“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

  Piense detenidamente en lo que esto implica.

  Un hombre común puede estar con algunas personas.

  Puede acompañar a su familia.

  Puede caminar con sus discípulos.

  Puede encontrarse en una ciudad determinada.

  Pero está limitado por el espacio.

  Si está en Jerusalén, no está físicamente al mismo tiempo en Roma.

  Si está en una casa, no está simultáneamente en miles de casas diferentes alrededor del mundo.

  Y si murió hace casi dos mil años y dejó de existir, mucho menos podría estar hoy con alguien que lo invoca.

  Sin embargo, Jesús prometió exactamente algo extraordinario:

  “Yo estoy con vosotros todos los días”.

¿Puede cumplirla hoy?

  Aquí está nuevamente nuestra prueba.

  Si Jesucristo fue solamente un hombre extraordinario del primer siglo, sus seguidores pueden recordar sus enseñanzas.

  Pueden estudiar sus palabras.

  Pueden admirar su vida.

  Pueden continuar difundiendo su mensaje.

  Pero existe una enorme diferencia entre recordar a alguien y afirmar que esa persona está presente.

  Por eso nuestra pregunta no es simplemente si pensar en Jesús hace sentir acompañada a una persona.

  La pregunta es mucho más profunda:

  ¿Jesucristo continúa estando realmente con quienes lo invocan?

  Porque si personas en diferentes lugares del mundo pueden acudir a Cristo y experimentar su presencia, entonces aparece ante nosotros otra característica extraordinaria.

  No estamos hablando solamente de eternidad.

  Estamos hablando también de presencia más allá de las limitaciones humanas del espacio.

  La Biblia atribuye precisamente esa característica a Dios:

“¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?”
Jeremías 23:24, RVR1960

  Y David escribió:

“Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.”
Salmos 139:8, RVR1960

  Por eso esta segunda promesa tiene implicaciones enormes para nuestra investigación.

  Si Jesucristo continúa cumpliendo una promesa pronunciada hace casi dos mil años, entonces nuevamente encontramos la característica que vimos anteriormente:

  sigue vivo.

  Pero si además puede estar con personas que lo invocan en diferentes lugares del mundo, surge otra pregunta todavía más profunda.

Si Cristo puede estar hoy con personas separadas por ciudades, países y continentes,

¿estamos frente a alguien limitado por el espacio como cualquier ser humano… o frente a alguien que posee una característica que atribuimos a Dios:

estar presente sin las limitaciones humanas del espacio?

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.