Por el Dr. Elio M Rivera
Una promesa que todavía puede ponerse a prueba
Hay promesas de Jesucristo que podríamos considerar difíciles de investigar porque ocurrieron hace casi dos mil años. Pero existen otras que presentan una característica extraordinaria:
pueden ser experimentadas personalmente.
Una de ellas es la promesa de su paz.
Pocas horas antes de ser arrestado y crucificado, Jesús dijo a sus discípulos:
“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
Juan 14:27, RVR1960
Observe cuidadosamente sus palabras.
Jesús no dijo simplemente: “Deseo que tengan paz”.
Dijo:
“Mi paz os doy”.
Eso convierte sus palabras en una promesa que merece ser investigada.
¿Puede Jesucristo realmente dar paz?
Durante mis años como pastor he visto algo repetirse una y otra vez.
He conocido a miles de personas que aseguran haber encontrado paz en Jesucristo.
Personas atravesando problemas familiares.
Personas enfrentando pérdidas.
Personas llenas de temor.
Personas que no sabían qué hacer con su vida.
Personas que llegaron delante de Dios quebrantadas y que después dijeron algo muy parecido:
“No sé cómo explicarlo, pero tengo paz”.
Por supuesto, alguien podría responder:
“Eso es solamente lo que esas personas dicen”.
Y precisamente allí comienza nuestra investigación.
Pregúnteles
No tenemos que aceptar ciegamente el testimonio de nadie.
Podemos preguntar.
Pregúntele a una persona que verdaderamente ha depositado su confianza en Jesucristo qué ha experimentado en los momentos más difíciles de su vida.
Pregúntele a diferentes creyentes.
Pregunte a hombres y mujeres.
Pregunte a jóvenes y ancianos.
Pregunte a personas de diferentes países y culturas.
Y escuche sus respuestas.
Naturalmente, no todos describirán exactamente la misma experiencia. Pero resulta interesante descubrir cuántas personas utilizan precisamente la palabra que Jesús utilizó:
paz.
Pablo describió posteriormente algo semejante:
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:7, RVR1960
Una paz que “sobrepasa todo entendimiento”.
Es decir, una paz que puede aparecer incluso cuando las circunstancias externas no parecen justificarla.
Pero existe una manera todavía más personal de investigarlo
Hasta ahora podemos escuchar el testimonio de otras personas.
Pero esta promesa tiene una característica muy especial:
usted mismo puede ponerla a prueba.
No necesita conocerme a mí.
No necesita estar en una iglesia determinada.
No necesita que un pastor esté presente.
No necesita intermediarios humanos para hablar con Jesucristo.
Puede ser un asunto directamente entre usted y Él.
Jesús dijo:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Mateo 11:28, RVR1960
Observe nuevamente la invitación:
“Venid a mí”.
Así de personal.
Una persona puede acercarse a Jesucristo con sinceridad, reconocer delante de Él su necesidad y pedirle aquello que prometió dar.
No necesita palabras especiales.
No necesita una fórmula.
Puede simplemente hablar con Él.
“Jesucristo, necesito tu paz. Si verdaderamente eres quien dijiste ser, te necesito. Dame la paz que prometiste.”
Y entonces ocurre algo extraordinario desde el punto de vista de nuestra investigación.
Ya no estamos hablando solamente de lo que experimentaron los apóstoles.
Ya no estamos hablando solamente de lo que yo he visto durante años como pastor.
Ya no estamos hablando solamente del testimonio de miles de personas.
Estamos hablando de algo que cada persona puede investigar por sí misma.
Una promesa hecha hace casi dos mil años
Aquí está, entonces, la primera pregunta de nuestra investigación.
Jesucristo dijo:
“Mi paz os doy.”
Si solamente fue un hombre que murió hace casi dos mil años, sus palabras quedaron escritas en un libro.
Pero si Jesucristo está vivo y es verdaderamente quien afirmó ser, entonces estamos ante algo completamente diferente.
Debería poder cumplir su promesa.
Por eso, en este primer punto no quiero pedirle simplemente que crea mi testimonio.
Pregunte a quienes dicen haber experimentado su paz.
Examine sus historias.
Y, si realmente quiere llevar la investigación hasta sus últimas consecuencias, haga algo todavía más sencillo:
pídasela usted mismo.
Preséntese delante de Jesucristo con un corazón sincero y humilde. Dígale que necesita su paz.
Después, juzgue usted mismo el resultado.
Porque si Jesucristo prometió:
“Mi paz os doy”
la pregunta no es solamente qué significaron aquellas palabras hace dos mil años.
La pregunta es:
¿Puede cumplirlas hoy?
Aquí está el punto que no debemos pasar por alto.
Jesucristo pronunció esta promesa hace casi dos mil años:
“Mi paz os doy.”
Juan 14:27, RVR1960
Ahora piense por un momento en lo que esto significa.
Si Jesucristo fue solamente un hombre que vivió hace dos mil años, murió y dejó de existir, ¿cómo podría seguir cumpliendo personalmente una promesa que hizo entonces?
Un hombre puede dejar enseñanzas.
Puede dejar libros.
Puede dejar seguidores.
Puede dejar una filosofía capaz de influir en generaciones posteriores.
Pero no puede continuar actuando personalmente después de muerto.
Por eso nuestra pregunta es mucho más profunda que simplemente saber si las enseñanzas de Jesús producen tranquilidad.
La pregunta es:
¿Jesucristo mismo continúa dando la paz que prometió?
Si una persona se acerca hoy a Cristo, lo invoca sinceramente y recibe esa paz que Él prometió; y si esto no ocurre solamente una vez, sino que ha sido testificado repetidamente por creyentes a través de generaciones, entonces tenemos algo que merece ser investigado seriamente.
Porque si Cristo continúa cumpliendo hoy una promesa que hizo hace casi dos mil años, entonces Cristo no quedó atrapado en el primer siglo.
Sigue vivo.
Y si sigue vivo después de casi dos mil años, comenzamos a encontrarnos frente a otra característica que atribuimos a Dios:
la eternidad.
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”
Hebreos 13:8, RVR1960
Por eso esta primera promesa tiene implicaciones enormes para nuestra investigación.
No demuestra por sí sola todo lo que queremos investigar acerca de Jesucristo. Pero nos obliga a formular una pregunta difícil de ignorar:
Si Cristo sigue cumpliendo hoy lo que prometió hace casi dos mil años,
¿estamos realmente frente a alguien que pertenece solamente al pasado…
o frente a alguien que sigue vivo y posee una característica propia de Dios: la eternidad?
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