Por el Dr, Elio M Rivera
En nuestra investigación ¿Existe Dios? Y si existe… ¿cómo es?, hemos llegado a Jesucristo.
En la subserie anterior examinamos una afirmación extraordinaria: Jesús afirmó ser Dios. Pero no nos conformamos simplemente con sus palabras. Nos preguntamos si realmente podía hacer aquello que esperaríamos de alguien que afirmaba poseer naturaleza y autoridad divinas.
Ahora queremos llevar nuestra investigación un paso más adelante.
Porque Jesucristo no solamente habló acerca de quién era.
También hizo promesas.
Y algunas de esas promesas presentan una oportunidad extraordinaria para continuar nuestra investigación, porque no fueron hechas solamente para las personas que caminaron con Él hace dos mil años. Muchas fueron dirigidas a quienes creerían en Él después.
De hecho, Jesús dijo:
“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.”
Juan 17:20, RVR1960
Eso nos incluye.
Y aquí aparece una pregunta inevitable.
Si Jesucristo verdaderamente es quien afirmó ser, ¿puede cumplir hoy aquello que prometió hace casi dos mil años?
No queremos comenzar esta serie suponiendo la respuesta. Queremos investigarla.
Durante muchos años como pastor he conocido a cientos de personas que aseguran haber experimentado en sus propias vidas cosas que Jesucristo prometió. Yo mismo podría añadir mi testimonio al de ellas.
Pero precisamente por eso quiero hacer algo diferente en esta subserie.
Quiero regresar primero a las palabras de Jesús.
¿Qué prometió realmente?
¿A quién se lo prometió?
¿Era una promesa solamente para sus primeros discípulos o también alcanzaba a quienes creerían posteriormente?
Y, sobre todo:
¿Existen evidencias de que Cristo continúa cumpliendo esas promesas hoy?
Jesús mismo estableció un principio extraordinario:
“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras.”
Juan 10:37-38, RVR1960
En esta nueva subserie pondremos bajo investigación diez promesas de Jesucristo.
No queremos adelantarnos al veredicto.
Primero examinaremos las promesas.
Después examinaremos la evidencia.
Y al final tendremos que responder una pregunta que toca directamente el corazón de toda nuestra investigación:
Si Jesucristo dijo que haría estas cosas, ¿las está cumpliendo?
Vamos a investigarlo.
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