Por el Dr. Elio M Rivera
Cuando pensamos en un desierto, imaginamos enormes extensiones de arena, temperaturas abrasadoras y prácticamente ninguna forma de vida. Sin embargo, esa imagen representa solamente una parte de la realidad. Los desiertos se encuentran entre los ambientes más fascinantes de la Tierra y pueden contener montañas, rocas, llanuras, dunas y una sorprendente variedad de organismos.
Lo que define principalmente a un desierto no es el calor, sino la escasez de precipitación. Por eso existen desiertos extremadamente calientes y también desiertos fríos. En todos ellos aparece el mismo desafío fundamental: conseguir y conservar agua.
Y precisamente allí encontramos algo extraordinario. Plantas y animales poseen mecanismos que les permiten vivir donde las condiciones parecen extraordinariamente difíciles. En el desierto, cada gota cuenta, cada sombra importa y cada mecanismo para conservar agua puede significar supervivencia.

No todos los desiertos están cubiertos de arena
Las enormes dunas que vemos en fotografías son espectaculares, pero muchos desiertos contienen principalmente roca, grava y suelo seco.
El viento puede transportar arena y formar dunas de diferentes tamaños y formas, pero también puede dejar extensas superficies pedregosas.
El desierto no es un solo paisaje. Es una colección de ambientes unidos principalmente por una característica: reciben muy poca lluvia.
¿Por qué existen los desiertos?
Existen varias razones.
Algunos se encuentran en regiones donde grandes patrones de circulación atmosférica favorecen aire seco descendente. Otros aparecen detrás de cordilleras que bloquean gran parte de la humedad.
También existen desiertos costeros donde corrientes oceánicas frías contribuyen a producir condiciones extremadamente secas.
El resultado puede ser sorprendente: una región puede encontrarse relativamente cerca del océano y aun así recibir muy poca lluvia.
Días calientes y noches frías
En algunos desiertos, la diferencia de temperatura entre día y noche puede ser enorme.
Durante el día, el suelo recibe intensa radiación solar.
Después del atardecer, la superficie puede perder calor rápidamente, especialmente cuando existe poca humedad y escasa nubosidad.
Por eso imaginar el desierto como un lugar permanentemente caliente es incorrecto.
Algunas noches pueden ser sorprendentemente frías.
Las plantas enfrentan un problema fundamental
Una planta necesita intercambiar gases con la atmósfera para realizar sus funciones.
Pero al abrir pequeños poros llamados estomas, también puede perder agua.
En un ambiente húmedo esto puede ser manejable.
En un desierto puede convertirse en un problema crítico.
Por eso numerosas plantas poseen mecanismos que reducen la pérdida de agua.
El cactus — almacenar agua dentro del cuerpo
Los cactus constituyen uno de los ejemplos más conocidos.
Sus tallos carnosos pueden almacenar agua, mientras que las hojas se encuentran modificadas en forma de espinas en muchas especies.
Esto reduce considerablemente la superficie por donde podría perderse agua.
Además, las espinas proporcionan cierta protección y pueden producir pequeñas zonas de sombra sobre la planta.
Un organismo vegetal entero está organizado alrededor de conservar un recurso escaso.
Abrir los poros durante la noche
Muchas plantas desérticas utilizan un mecanismo fotosintético conocido como metabolismo ácido de las crasuláceas, o CAM.
En lugar de abrir principalmente sus estomas durante las horas más calientes, pueden hacerlo por la noche.
Entonces captan dióxido de carbono cuando las temperaturas son menores y la pérdida de agua puede reducirse.
Durante el día utilizan ese carbono almacenado para continuar procesos relacionados con la fotosíntesis.
Es una extraordinaria estrategia de administración del agua.
Raíces diseñadas para aprovechar una lluvia breve
Algunas plantas poseen sistemas de raíces superficiales que se extienden ampliamente alrededor de ellas.
Cuando cae una lluvia breve, pueden absorber rápidamente agua antes de que se evapore o desaparezca en capas profundas.
Otras plantas utilizan raíces que penetran considerablemente en el suelo buscando humedad.
Dos plantas pueden enfrentar el mismo problema mediante estrategias completamente diferentes.
Semillas que parecen esperar
Una de las escenas más impresionantes ocurre después de ciertas lluvias.
Terrenos aparentemente estériles pueden cubrirse rápidamente de flores.
Muchas plantas sobreviven los períodos secos principalmente mediante semillas capaces de permanecer inactivas hasta que las condiciones sean apropiadas.
Cuando llega suficiente humedad, germinan.
En poco tiempo crecen, florecen y producen nuevas semillas.
El desierto que parecía muerto estaba lleno de vida esperando agua.
Los animales también evitan el calor
Numerosas criaturas desérticas permanecen escondidas durante las horas más calientes.
Salen al atardecer o durante la noche.
Madrigueras y grietas proporcionan ambientes mucho más estables que la superficie expuesta.
Un pequeño cambio de comportamiento puede reducir enormemente la cantidad de agua necesaria para regular la temperatura corporal.

El camello — preparado para el desierto
Pocos animales representan este ambiente mejor que el camello.
Puede tolerar pérdidas de agua que serían peligrosas para muchos otros mamíferos y beber grandes cantidades cuando encuentra agua.
Su organismo también puede permitir variaciones de temperatura corporal que ayudan a reducir la necesidad de sudar.
Contrario a una idea popular, la joroba no almacena agua.
Almacena principalmente grasa.
Protección frente a la arena
El camello posee largas pestañas y estructuras nasales que ayudan frente al polvo y la arena.
Sus pies anchos distribuyen el peso sobre superficies blandas.
Su organismo conserva agua eficientemente.
No existe una sola característica responsable de su supervivencia.
Numerosos sistemas trabajan simultáneamente.
El diablo espinoso — conseguir agua mediante la piel
El desierto australiano alberga al sorprendente diablo espinoso (Moloch horridus).
Entre sus escamas existen diminutos canales capaces de transportar agua mediante fuerzas capilares.
Cuando partes de su cuerpo entran en contacto con superficies húmedas, el agua puede desplazarse por esos canales hacia la región de la boca.
No necesita necesariamente encontrar un gran charco.
La humedad disponible sobre superficies puede convertirse en un recurso aprovechable.
En un ambiente seco, incluso pequeñas cantidades de agua tienen enorme valor.
Algunos animales casi no necesitan beber
Ciertos pequeños mamíferos del desierto obtienen gran parte del agua que necesitan mediante los alimentos y el metabolismo.
Sus riñones pueden producir orina muy concentrada, reduciendo la pérdida de líquido.
También producen heces secas y evitan actividad durante las horas calientes.
Cada mecanismo ayuda a conservar pequeñas cantidades de agua.
Las orejas también pueden ayudar a perder calor
Algunos animales desérticos poseen orejas relativamente grandes con abundantes vasos sanguíneos.
La sangre que circula cerca de la superficie puede liberar calor hacia el ambiente cuando las condiciones son apropiadas.
Las orejas, por lo tanto, no solamente participan en la audición.
También pueden contribuir a la regulación térmica.
El desierto puede llenarse de vida durante la noche
Cuando desaparece el Sol, el paisaje cambia.
Roedores salen de sus madrigueras.
Reptiles comienzan a desplazarse.
Insectos aparecen.
Depredadores comienzan a buscar alimento.
El ambiente que durante el día parecía casi vacío puede convertirse en un sistema lleno de actividad.
La vida estaba allí.
Simplemente esperaba el momento apropiado.
La arena también está en movimiento
El viento puede levantar partículas y transportarlas.
Cuando disminuye su velocidad, la arena se deposita.
Con el tiempo pueden formarse dunas.
Algunas cambian lentamente de posición conforme el viento mueve granos de un lado hacia otro.
Un paisaje aparentemente inmóvil puede encontrarse en transformación continua.
La forma de una duna revela el viento
Las dunas pueden adquirir distintas formas dependiendo de la cantidad de arena, dirección predominante del viento y presencia de vegetación.
Existen dunas en media luna, lineales, estrelladas y otras configuraciones.
La arena termina registrando físicamente el comportamiento de la atmósfera.
Podemos mirar una duna y obtener información acerca del viento que la construyó.
El desierto de Atacama — una sequedad extraordinaria
En Sudamérica se encuentra el desierto de Atacama, una de las regiones no polares más secas del planeta.
En determinadas zonas la precipitación puede ser extremadamente escasa.
Sin embargo, incluso allí existen organismos capaces de aprovechar pequeñas cantidades de humedad.
La vida puede persistir bajo condiciones que parecerían imposibles.
También existen desiertos fríos
El Sahara representa nuestra imagen clásica de un desierto caliente.
Pero la Antártida también es considerada un desierto debido a su bajísima precipitación.
Está cubierta de enormes cantidades de hielo, pero recibe poca precipitación anual en muchas regiones.
Esto demuestra que desierto significa principalmente sequedad, no calor.
El Sahara — una inmensidad difícil de imaginar
El Sahara se extiende por una enorme región del norte de África.
Contiene dunas, montañas, mesetas rocosas y extensas superficies pedregosas.
Dentro de esa inmensidad aparecen oasis donde existe agua suficiente para sostener vegetación y asentamientos.
Un pequeño suministro de agua puede cambiar completamente un paisaje.
Los oasis — vida alrededor del agua
Donde el agua subterránea alcanza la superficie o puede ser obtenida mediante pozos, aparece vegetación.
Palmeras y otras plantas proporcionan sombra.
Animales encuentran alimento.
Las personas pueden establecer comunidades.
El contraste demuestra de manera extraordinaria la importancia del agua.
La misma tierra seca puede transformarse cuando aparece una fuente.
Los desiertos tuvieron enorme importancia en la Biblia
La historia bíblica ocurre en una región donde los desiertos y zonas áridas forman parte del paisaje.
Abraham recorrió regiones secas.
Israel atravesó el desierto después de salir de Egipto.
David buscó refugio en regiones desérticas.
Juan el Bautista predicó en el desierto.
Jesús pasó cuarenta días allí antes de comenzar públicamente su ministerio.
Para los personajes bíblicos, el desierto no era una idea abstracta.
Era una realidad física conocida.
El desierto enseñaba dependencia
En una región fértil podemos olvidar fácilmente de dónde procede el agua.
En el desierto resulta imposible.
La ausencia de una fuente puede significar muerte.
Por eso las Escrituras utilizan repetidamente el desierto como escenario de dependencia, prueba y provisión.
El ambiente físico ayuda a comprender muchas imágenes bíblicas.

Agua en el desierto
El profeta Isaías escribió:
“Porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.”
(Isaías 35:6)
Para alguien que vive en una región húmeda, la imagen puede parecer simplemente hermosa.
Para quien conoce el desierto, resulta extraordinariamente poderosa.
Agua significa plantas.
Significa animales.
Significa alimento.
Significa vida.
La creación también sorprende en los lugares difíciles
Puede resultar sencillo admirar un bosque lleno de árboles o un océano rebosante de criaturas.
El desierto requiere mirar con mayor atención.
Allí descubrimos organismos que almacenan agua, abren sus estomas durante la noche, permanecen escondidos durante el calor, producen orina concentrada, recogen humedad de superficies y esperan pacientemente una lluvia para germinar.
La escasez revela mecanismos extraordinarios.
Donde cada gota cuenta
La Biblia no pretende explicar fisiología renal, metabolismo CAM, circulación atmosférica o capilaridad mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la biología, climatología y física.
Sin embargo, las Escrituras utilizan repetidamente el desierto para mostrar el valor del agua y de la vida.
“Yo Jehová la oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles.”
(Isaías 41:17-18)
Los desiertos constituyen una magnífica oportunidad para contemplar la creación desde otra perspectiva. Allí donde el agua es escasa encontramos semillas esperando, raíces extendiéndose, animales evitando el calor y organismos aprovechando cantidades diminutas de humedad.
Desde la perspectiva bíblica, comprender estos mecanismos aumenta nuestra admiración. Los desiertos nos recuerdan que la sabiduría del Creador no solamente puede contemplarse donde la vida es abundante, sino también donde sobrevivir parece extraordinariamente difícil. En una tierra sedienta, cada mecanismo para conservar una gota de agua se convierte en un silencioso testimonio de previsión, orden y vida.
Referencias
Escrituras consultadas
- Éxodo 17:1-6.
- Salmo 63:1.
- Salmo 107:33-35.
- Isaías 35:1-7.
- Isaías 41:17-20.
- Isaías 43:19-20.
- Mateo 4:1-2.
Bibliografía científica
- Ward, D. The Biology of Deserts. Oxford University Press.
- Cloudsley-Thompson, J. L. Desert Ecology. Blackie Academic.
- Nobel, P. S. Environmental Biology of Agaves and Cacti. Cambridge University Press.
- Schmidt-Nielsen, K. Desert Animals: Physiological Problems of Heat and Water. Dover.
Organizaciones científicas
- United Nations Environment Programme — ecosistemas áridos y desertificación.
- U.S. Geological Survey — geología e hidrología de regiones desérticas.
- Smithsonian Institution — biodiversidad y organismos de ambientes áridos.
- National Geographic Society — geografía y ecosistemas desérticos.
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