09. La tortuga del desierto — sobrevivir donde el agua casi desaparece

Por el Dr. Elio M Rivera

  En algunos de los lugares más secos de Norteamérica, donde durante meses puede caer muy poca lluvia y la temperatura del suelo alcanza niveles que resultarían peligrosos para numerosos animales, vive un reptil que parece avanzar sin prisa. No posee la velocidad necesaria para escapar rápidamente del calor, no puede recorrer enormes distancias buscando un río y tampoco cuenta con una reserva de grasa semejante a la de grandes mamíferos del desierto. Sin embargo, la tortuga del desierto ha encontrado otra manera de sobrevivir: administrar cuidadosamente aquello que en su ambiente resulta más difícil de conseguir, el agua.

  Las tortugas del desierto del suroeste de Norteamérica pertenecen al género Gopherus. Entre ellas se encuentran especies adaptadas a regiones áridas donde las lluvias pueden ser escasas e irregulares. Allí, sobrevivir no consiste únicamente en soportar temperaturas elevadas. El verdadero desafío es mantener el equilibrio interno del organismo cuando el agua disponible puede desaparecer durante largos períodos.

  Para conseguirlo, estas tortugas combinan fisiología y comportamiento. Pasan buena parte de su vida protegidas dentro de refugios subterráneos, reducen considerablemente su actividad durante condiciones desfavorables, obtienen agua de las plantas que consumen y poseen una vejiga urinaria capaz de participar de manera importante en la administración de sus reservas hídricas. Cuando finalmente llegan las lluvias, su comportamiento cambia rápidamente y aprovechan una oportunidad que quizá no vuelva a presentarse durante mucho tiempo.

La tortuga del desierto, administrar cada gota para sobrevivir en una tierra sedienta

  La Biblia describe repetidamente el desierto como un lugar donde la falta de agua determina la vida. El salmista utilizó precisamente esa imagen cuando escribió: “Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas” (Salmo 63:1). Para nosotros, la expresión comunica una necesidad espiritual. Para una criatura que habita realmente esos lugares, la falta de agua constituye además un desafío cotidiano de supervivencia.

  El primer problema que enfrenta la tortuga es la temperatura. Como otros reptiles, es ectoterma, por lo que depende considerablemente de fuentes externas de calor para regular su temperatura corporal. Esto podría parecer una ventaja en un desierto lleno de Sol, pero demasiado calor puede ser tan peligroso como demasiado frío. Permanecer expuesta durante las horas más calientes produciría un aumento excesivo de la temperatura corporal y aceleraría la pérdida de agua.

  La solución no consiste en resistir indefinidamente bajo el Sol, sino en evitarlo. Las tortugas excavan o utilizan refugios subterráneos donde las condiciones son mucho más estables que en la superficie. Mientras el terreno exterior experimenta enormes variaciones térmicas, el interior de una madriguera puede ofrecer temperaturas más moderadas y una humedad relativamente mayor. El refugio funciona así como un pequeño ambiente protector dentro de otro mucho más extremo.

  Esta estrategia modifica nuestra idea de lo que significa estar adaptado al desierto. No siempre consiste en soportar directamente las peores condiciones. En muchas ocasiones, sobrevivir significa saber cuándo no enfrentarlas. La tortuga puede permanecer bajo tierra durante gran parte del día y salir cuando la temperatura se encuentra dentro de un rango más favorable.

  También existen períodos del año en que la actividad disminuye considerablemente. Durante las estaciones desfavorables, permanecer protegida y reducir el metabolismo permite disminuir las necesidades energéticas y la pérdida de agua. Para un animal que no sabe cuándo llegará la próxima lluvia, cada recurso conservado puede convertirse en una ventaja.

Una reserva de agua dentro del cuerpo

  Una de las características fisiológicas más interesantes de estas tortugas se encuentra en su sistema urinario. Su vejiga puede almacenar cantidades importantes de líquido y participar en el equilibrio hídrico durante períodos de sequía. Parte del agua y de determinados solutos pueden ser reabsorbidos cuando el organismo los necesita.

  La vejiga no funciona, por tanto, únicamente como un recipiente para material que será eliminado. En determinadas circunstancias forma parte de una estrategia para conservar recursos.

  Esta característica explica además por qué manipular innecesariamente a una tortuga silvestre puede resultar perjudicial. Cuando se siente amenazada puede vaciar la vejiga como respuesta defensiva. En un ambiente donde conseguir nuevamente esa cantidad de agua puede tomar mucho tiempo, perderla podría colocar al animal en una situación difícil. Aquello que para nosotros parecería una pequeña cantidad puede representar una reserva importante para un organismo que vive rodeado de sequedad.

  La conservación de agua también depende de la manera en que elimina productos metabólicos. Como muchos reptiles, las tortugas pueden excretar gran parte del nitrógeno en forma de ácido úrico, lo que permite eliminar estos desechos utilizando menos agua que si dependieran principalmente de una orina muy diluida. La química del organismo participa así directamente en la supervivencia.

  El agua también llega a través de los alimentos. Las tortugas consumen diferentes hierbas, flores, hojas y otras plantas disponibles en su ambiente. Cuando la vegetación aparece después de las lluvias, no solamente proporciona energía y nutrientes; contiene también humedad. Alimentarse se convierte al mismo tiempo en una manera de hidratarse.

Cuando finalmente llega la lluvia

  En el desierto, una tormenta puede transformar el paisaje en muy poco tiempo. Depresiones que permanecieron secas durante meses comienzan a acumular agua y la vegetación responde rápidamente. Para la tortuga, estos episodios representan oportunidades que no deben desperdiciarse.

  Se ha observado que las tortugas pueden utilizar depresiones naturales o incluso modificar pequeños espacios del terreno donde se acumula temporalmente el agua de lluvia. Cuando aparece una fuente disponible, pueden beber cantidades considerables. El organismo pasa entonces de una estrategia centrada en conservar a otra centrada en aprovechar.

  Este cambio resulta fundamental. Sobrevivir a la sequía requiere retener agua, pero estar preparado para la lluvia exige reconocer y utilizar rápidamente un recurso temporal. Una tormenta que dura algunas horas puede proporcionar reservas que deberán administrarse durante un período mucho mayor.

  La capacidad de beber cuando existe oportunidad se complementa con la posibilidad de almacenar líquido y reducir posteriormente las pérdidas. Ninguna de estas características sería tan eficaz por sí sola. El verdadero valor aparece cuando funcionan conjuntamente.

  El libro de Job utiliza precisamente la llegada del agua al desierto como una imagen de la providencia divina: “Para hacer llover sobre la tierra deshabitada, sobre el desierto, donde no hay hombre, para saciar la tierra desierta e inculta, y para hacer brotar la tierna hierba” (Job 38:26-27). Una lluvia que para nosotros podría parecer insignificante puede iniciar una cadena de acontecimientos de enorme importancia para los organismos que habitan esos lugares.

El caparazón no es solamente una armadura

  La característica más reconocible de cualquier tortuga es su caparazón. Con frecuencia se imagina como si fuera una caja externa dentro de la cual vive el animal, pero anatómicamente forma parte de su propio esqueleto. Las costillas y vértebras se encuentran integradas con esta estructura, creando una arquitectura corporal muy diferente a la de la mayoría de los vertebrados.

  El caparazón proporciona una importante protección frente a depredadores y lesiones. Para un animal que no puede depender de la velocidad como principal mecanismo de escape, disponer de una estructura protectora permanente representa una estrategia completamente distinta.

  Las patas anteriores de las tortugas del desierto son robustas y están preparadas para excavar. Al remover el suelo pueden construir refugios que serán utilizados repetidamente y que, en determinadas circunstancias, también pueden beneficiar a otros animales. Una criatura conocida por su lentitud posee así la fuerza necesaria para modificar físicamente su entorno y crear un espacio donde las condiciones resulten más favorables.

  Estos refugios protegen no solamente del calor. También pueden proporcionar seguridad frente a temperaturas bajas, depredadores y condiciones climáticas extremas. El ambiente subterráneo funciona como una zona de transición entre el organismo y un exterior que cambia constantemente.

La lentitud también puede ser una estrategia

  En el mundo animal solemos admirar la velocidad. Nos sorprende el guepardo porque acelera extraordinariamente, las aves porque vuelan y los peces porque atraviesan el agua. La tortuga del desierto muestra otra posibilidad. En un lugar donde cada movimiento consume energía y puede aumentar la pérdida de agua, vivir lentamente puede resultar beneficioso.

  Su metabolismo es relativamente bajo comparado con el de mamíferos de tamaño semejante. Esto reduce las necesidades energéticas y permite sobrevivir con recursos que aparecen de manera irregular. No necesita mantener constantemente una elevada temperatura corporal mediante una enorme producción interna de calor.

  La estrategia es casi opuesta a la de un mamífero muy activo. En lugar de gastar grandes cantidades de energía para controlar internamente el ambiente corporal, la tortuga utiliza comportamiento, refugios y períodos de actividad cuidadosamente seleccionados.

  Incluso su larga vida se encuentra relacionada con un ritmo biológico diferente. Las tortugas del desierto pueden vivir muchas décadas. Su crecimiento es lento y alcanzar la madurez requiere tiempo. Una criatura que parece hacer todo despacio puede, sin embargo, sobrevivir durante períodos extraordinariamente prolongados.

Una vida construida alrededor de límites

  Cuando contemplamos la tortuga del desierto como un organismo completo, descubrimos que su supervivencia depende de respetar continuamente ciertos límites. No puede permanecer demasiado tiempo bajo temperaturas extremas. No puede desperdiciar agua. No puede gastar energía indefinidamente buscando alimento. No puede depender de que mañana vuelva a llover.

  Por ello utiliza refugios cuando las condiciones son desfavorables, reduce la actividad, conserva líquidos, obtiene humedad de los alimentos y aprovecha intensamente los períodos de lluvia. Su existencia es un ejercicio continuo de administración.

  El resultado es extraordinario. Un vertebrado que necesita agua para cada una de sus células puede vivir en regiones donde ese recurso desaparece de la superficie durante largos períodos. No ha eliminado su necesidad de agua; posee mecanismos que le permiten utilizarla con enorme eficiencia.

  Esto la diferencia incluso de otros habitantes del desierto. El camello, por ejemplo, puede desplazarse grandes distancias y posee mecanismos fisiológicos relacionados con la conservación de agua y la tolerancia a variaciones térmicas. La tortuga utiliza una estrategia distinta: movilidad limitada, metabolismo reducido, refugios subterráneos y una administración extraordinariamente cuidadosa de sus reservas.

La tortuga del desierto, una criatura preparada para esperar

  Quizá una de las mejores palabras para describir la vida de la tortuga del desierto sea esperar. Espera dentro de su refugio mientras el Sol vuelve peligroso el exterior. Espera durante temporadas secas. Espera a que aparezca nueva vegetación. Espera la llegada de una lluvia que transformará temporalmente el paisaje.

  Pero esa espera no significa que el organismo permanezca sin hacer nada. Durante todo ese tiempo continúa regulando cuidadosamente su temperatura, metabolismo, agua y energía. Sobrevivir depende de procesos silenciosos que no podemos observar a simple vista.

  El salmista escribió: “Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo” (Salmo 145:15). En el desierto, donde los recursos aparecen por temporadas y las lluvias pueden ser impredecibles, estas palabras adquieren una imagen particularmente poderosa.

  La tortuga no sabe cuándo caerá la próxima tormenta. Sin embargo, cuando llega, su organismo está preparado para aprovecharla. Bebe, se alimenta de la vegetación disponible y almacena recursos que serán importantes cuando el paisaje vuelva a secarse.

Administrar cada gota

  La Biblia no pretende explicar la fisiología renal de los reptiles, la reabsorción de agua desde la vejiga o las ventajas térmicas de una madriguera. Estas preguntas corresponden a disciplinas como la zoología, la fisiología y la ecología. Las Escrituras, sin embargo, invitan repetidamente al ser humano a observar la creación y descubrir en ella una sabiduría que se manifiesta incluso en los ambientes más difíciles.

  El salmista escribió: “¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios” (Salmo 104:24). La tortuga del desierto constituye una magnífica oportunidad para contemplar esa realidad. Sus refugios la protegen de temperaturas extremas, su metabolismo reduce el gasto de recursos, su alimentación proporciona parte de la humedad que necesita y su fisiología permite conservar agua cuando cada gota resulta valiosa.

  Nada de esto significa que el desierto haya dejado de ser peligroso. Una sequía prolongada continúa representando una amenaza y los cambios ambientales pueden afectar seriamente a sus poblaciones. Precisamente por eso resulta tan impresionante observar los mecanismos que permiten a este reptil sobrevivir en condiciones que serían imposibles para muchas otras criaturas.

  Desde la perspectiva bíblica, conocer estos mecanismos permite contemplar con mayor profundidad la extraordinaria diversidad de la vida. La tortuga del desierto nos recuerda que sobrevivir no siempre depende de correr más rápido, ser más fuerte o encontrar abundancia. A veces depende de algo mucho más silencioso: saber refugiarse, reducir el gasto, esperar el momento apropiado y administrar cuidadosamente cada gota de agua disponible en una tierra sedienta.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Job 12:7-10.
  • Job 38:25-27.
  • Salmo 63:1.
  • Salmo 104:24.
  • Salmo 145:15-16.
  • Proverbios 3:19.

Bibliografía científica

  • Ernst, C. H. & Lovich, J. E. Turtles of the United States and Canada. Johns Hopkins University Press.
  • McGinnis, S. M. & Voigt, W. G. Estudios clásicos sobre termorregulación y fisiología de la tortuga del desierto.
  • Peterson, C. C. Investigaciones sobre balance hídrico, almacenamiento de agua y ecología fisiológica de Gopherus.
  • Nagy, K. A. y colaboradores. Estudios sobre energía, alimentación y utilización del agua en reptiles del desierto.
  • Campbell, N. A. et al. Campbell Biology. Pearson.

Investigación científica especializada

  • Peterson, C. C. Estudios sobre almacenamiento de agua, balance hídrico y respuestas fisiológicas a la sequía en tortugas del desierto.
  • Nagy, K. A. & Medica, P. A. Investigaciones sobre ecología energética, alimentación y utilización de recursos.
  • Henen, B. T. y colaboradores. Estudios sobre fisiología, reproducción y supervivencia de tortugas del desierto.
  • Duda, J. J. y colaboradores. Investigaciones sobre actividad, refugios y respuesta a condiciones ambientales.
  • Estudios de fisiología comparada sobre excreción de ácido úrico y conservación de agua en reptiles terrestres.

Organizaciones y recursos científicos

  • U.S. Geological Survey (USGS). Investigación sobre ecología y conservación de tortugas del desierto.
  • U.S. Fish and Wildlife Service. Información sobre biología, amenazas y conservación de Gopherus.
  • National Park Service. Recursos sobre tortugas y ecosistemas desérticos de Norteamérica.
  • International Union for Conservation of Nature (IUCN). Información sobre distribución y estado de conservación de especies del género Gopherus.
  • Desert Tortoise Council. Recursos científicos sobre biología, manejo y conservación de tortugas del desierto.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.