Por el Dr. Elio M Rivera
Pocos animales están tan profundamente asociados con el mundo bíblico como el camello. Durante siglos acompañó a pueblos que atravesaban regiones áridas del Cercano Oriente, transportando personas y mercancías por territorios donde el calor, la escasez de agua y las enormes distancias convertían cada viaje en un desafío. Abraham poseía camellos; el siervo enviado a buscar esposa para Isaac viajó acompañado por ellos; Jacob los utilizó entre sus bienes y caravanas de mercaderes aparecen recorriendo las antiguas rutas mencionadas en las Escrituras.
Detrás de esta conocida figura del mundo antiguo existe uno de los mamíferos mejor preparados para afrontar ambientes áridos. Su organismo puede tolerar pérdidas considerables de líquido, soportar amplias variaciones de temperatura corporal, protegerse de la arena y aprovechar eficientemente recursos que para otros animales resultarían insuficientes.
La supervivencia del camello no depende de una característica aislada. Su anatomía, fisiología y comportamiento forman un conjunto en el que cada elemento contribuye a resolver alguno de los grandes problemas de la vida en regiones secas. Precisamente por ello constituye un magnífico ejemplo de cómo diferentes sistemas pueden trabajar coordinadamente.

El camello, una criatura preparada para un ambiente difícil
La Biblia describe numerosas veces regiones áridas como lugares difíciles de atravesar. Moisés recordó el camino recorrido por Israel diciendo:
“Que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua.”
(Deuteronomio 8:15)
Para un ser humano sin provisiones, semejante ambiente puede convertirse rápidamente en una amenaza. El calor favorece la pérdida de líquidos, la sombra es escasa y las fuentes de agua pueden encontrarse muy separadas.
El camello posee recursos biológicos que le permiten enfrentar precisamente estas dificultades.
El gran mito de la joroba
Durante generaciones se ha repetido que los camellos almacenan agua dentro de sus jorobas. En realidad, la joroba almacena principalmente grasa.
Esta reserva proporciona energía cuando el alimento escasea. Concentrar gran parte de la grasa en una región determinada también evita distribuir demasiado tejido adiposo bajo toda la piel, algo que podría dificultar la eliminación del exceso de calor en un ambiente cálido.
Cuando las reservas disminuyen, la joroba puede cambiar de tamaño y forma. Después de períodos adecuados de alimentación vuelve a acumular tejido graso.
La verdadera capacidad del camello para enfrentar la escasez de agua se encuentra en mecanismos mucho más interesantes que un simple depósito.
Conservar cada gota
Todo mamífero necesita mantener dentro de ciertos límites la cantidad de agua presente en su organismo. Una pérdida excesiva altera la circulación, modifica la concentración de sustancias en la sangre y finalmente compromete el funcionamiento de los órganos.
El camello puede tolerar niveles de deshidratación que serían peligrosos para muchos otros mamíferos. Para conseguirlo, reduce las pérdidas por diferentes vías.
Sus riñones producen una orina muy concentrada, mientras el intestino recupera una gran cantidad de líquido antes de eliminar los desechos. Las heces pueden ser notablemente secas, disminuyendo así otra posible fuente de pérdida.
Incluso el sistema respiratorio participa en la conservación. Las complejas estructuras de las cavidades nasales ayudan a recuperar parte de la humedad presente en el aire exhalado antes de que abandone completamente el cuerpo.
De esta manera, riñones, intestino y vías respiratorias participan en una misma necesidad fisiológica: utilizar el agua con enorme eficiencia.
Una temperatura que puede cambiar
Los seres humanos mantenemos nuestra temperatura corporal dentro de límites relativamente estrechos y comenzamos a sudar cuando aumenta demasiado. Aunque este mecanismo nos protege del sobrecalentamiento, también provoca una importante pérdida de líquido.
El camello dispone de una estrategia diferente.
Su temperatura corporal puede fluctuar varios grados a lo largo del día, especialmente cuando está deshidratado. Durante las horas más frescas puede descender, permitiendo que posteriormente el cuerpo absorba una cantidad considerable de calor antes de necesitar enfriarse mediante evaporación.
Esto retrasa la sudoración y disminuye el consumo de agua.
No significa que el camello sea inmune al calor. Su organismo simplemente posee un margen térmico que le permite administrarlo de una manera particularmente eficaz.
Una sangre preparada para circunstancias difíciles
Existe otra característica notable en su fisiología: los glóbulos rojos del camello poseen una forma ovalada, diferente de la forma discoidal típica de muchos mamíferos.
Estas células pueden continuar circulando durante cambios importantes en el estado de hidratación. Además, toleran variaciones osmóticas considerables cuando el animal vuelve a beber después de haber perdido líquidos.
Esto resulta especialmente importante porque un camello deshidratado puede consumir una gran cantidad de agua en poco tiempo cuando finalmente encuentra una fuente disponible.
El aparato circulatorio debe afrontar entonces una transición rápida entre dos condiciones fisiológicas muy diferentes.
Beber rápidamente cuando aparece la oportunidad
En regiones áridas, encontrar agua puede ser un acontecimiento poco frecuente. Cuando finalmente aparece, aprovecharla con rapidez representa una ventaja.
Un camello sediento puede ingerir decenas de litros en pocos minutos, dependiendo de su tamaño y del grado de deshidratación. Su organismo está preparado para absorber esa gran cantidad y comenzar a restaurar el equilibrio perdido.
La capacidad para resistir la escasez sería mucho menos útil si no estuviera acompañada por mecanismos capaces de aprovechar eficazmente los períodos de abundancia.
Aquí aparece nuevamente la importancia de la integración fisiológica. Tolerar la deshidratación y recuperarse de ella son dos partes del mismo problema.

Protección frente a la arena
El calor no constituye el único desafío de las regiones áridas. El viento puede levantar grandes cantidades de polvo y arena, convirtiendo el ambiente en un lugar particularmente difícil para los ojos y las vías respiratorias.
Los camellos poseen pestañas largas y estructuras alrededor de los ojos que contribuyen a protegerlos. Además, pueden estrechar las aberturas nasales cuando las condiciones lo requieren, disminuyendo la entrada directa de partículas.
Las cavidades nasales, además de participar en la conservación de humedad, ayudan a filtrar el aire inspirado.
Una estructura puede cumplir así más de una función. La nariz interviene simultáneamente en la respiración, la protección y el manejo del agua corporal.
Pies hechos para caminar sobre arena
Mover un animal pesado sobre superficies blandas presenta otro problema. Una extremidad estrecha puede hundirse fácilmente, haciendo que cada paso requiera más energía.
Los pies del camello poseen dos dedos y amplias almohadillas que se expanden al apoyar el peso. Esto distribuye la carga sobre una superficie mayor y facilita el desplazamiento sobre terrenos arenosos.
Las extremidades largas también mantienen buena parte del cuerpo alejada del suelo, cuya temperatura bajo el sol puede ser considerablemente mayor que la del aire.
El diseño corporal participa, por tanto, tanto en la locomoción como en el manejo del calor.
Sentarse sobre un suelo ardiente
Cuando el camello descansa, determinadas zonas de su cuerpo entran directamente en contacto con el suelo. En esas regiones posee engrosamientos resistentes, especialmente alrededor del pecho y las articulaciones de las extremidades.
Estas almohadillas permiten soportar mejor el contacto con superficies calientes y ásperas.
Incluso la manera de descansar requiere características apropiadas para el ambiente donde vive.
Comer donde otros encuentran poco alimento
La vegetación de las regiones secas puede ser escasa, dura, fibrosa y en ocasiones estar protegida por espinas. Los camellos poseen labios fuertes y móviles que les permiten seleccionar y manipular plantas que resultarían difíciles de consumir para muchos otros animales.
Como rumiantes modificados, cuentan con un sistema digestivo especializado para aprovechar vegetación de calidad variable. Los microorganismos presentes en su aparato digestivo contribuyen a procesar componentes vegetales que el propio animal no podría descomponer eficientemente por sí solo.
De esta manera, plantas aparentemente poco nutritivas pueden convertirse en una fuente aprovechable de energía.

El camello en el mundo de Abraham
Para el lector de la Biblia, el camello posee además un significado histórico especial.
En Génesis aparece asociado con los bienes de Abraham:
“Y Abram subió de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot.”
(Génesis 13:1)
Posteriormente, cuando Abraham envió a su siervo para buscar esposa para Isaac, el relato menciona específicamente los animales utilizados durante el viaje:
“Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fue, tomando toda clase de regalos escogidos de su señor; y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.”
(Génesis 24:10)
La escena resulta mucho más interesante cuando comprendemos la biología del animal. Aquellos viajes atravesaban regiones donde transportar provisiones y recorrer largas distancias requería medios apropiados para condiciones difíciles.
El camello terminaría convirtiéndose en uno de los grandes compañeros del ser humano en las rutas comerciales de muchas regiones áridas.
Una caravana que cambió la historia de José
Otro conocido relato bíblico menciona una caravana que viajaba desde Galaad hacia Egipto:
“Y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto.”
(Génesis 37:25)
Aquellos animales formaban parte de una red de transporte que conectaba diferentes territorios del mundo antiguo. Su capacidad para cargar mercancías y desplazarse por regiones secas contribuyó durante siglos al comercio y a la comunicación entre pueblos separados por grandes extensiones.
Una característica biológica terminó teniendo consecuencias importantes para la historia humana.
Mucho más que resistencia
Con frecuencia se dice simplemente que el camello “resiste el desierto”. La realidad es mucho más interesante.
Para lograrlo necesita limitar la pérdida de líquidos, tolerar variaciones térmicas, conservar una circulación adecuada durante la deshidratación, proteger los ojos y las vías respiratorias, caminar eficientemente sobre arena, aprovechar vegetación difícil y almacenar energía para períodos de escasez.
Ninguna de estas capacidades sería suficiente por separado.
Un animal que conservara agua pero no pudiera controlar su temperatura tendría dificultades. Un sistema circulatorio resistente a la deshidratación serviría poco sin riñones capaces de reducir las pérdidas. Grandes reservas energéticas tampoco resolverían el problema si las extremidades no permitieran recorrer largas distancias.
La supervivencia depende del funcionamiento coordinado de todo el organismo.
Una lección escondida entre las dunas
El libro de Job invita al ser humano a observar las criaturas que lo rodean:
“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán.”
(Job 12:7)
El camello constituye una magnífica respuesta a esa invitación. Aquello que a primera vista parece simplemente un animal fuerte revela, cuando se estudia con atención, una notable integración de anatomía y fisiología.
La Biblia no pretende explicar la función de sus riñones, la estructura de sus glóbulos rojos o los mecanismos utilizados para regular la temperatura. Estas preguntas corresponden a la zoología, la fisiología y otras ciencias biológicas. Las Escrituras plantean una reflexión diferente acerca del mundo natural.
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)
En un territorio donde el ser humano necesita transportar cuidadosamente sus provisiones, buscar sombra y protegerse del calor, el camello puede recorrer largas distancias gracias a un organismo preparado para administrar recursos limitados con notable eficiencia.
Sus riñones conservan líquido, sus cavidades nasales recuperan humedad, su temperatura puede variar para reducir la necesidad de sudar, sus pies distribuyen el peso sobre la arena y sus ojos poseen protección frente al polvo. Cuando finalmente encuentra agua, puede recuperar rápidamente buena parte de lo perdido.
Para las antiguas caravanas que atravesaban las regiones mencionadas en la Biblia, estas características hicieron del camello un compañero invaluable. Para nosotros, miles de años después, su estudio permite descubrir algo todavía más profundo.
En medio de un paisaje aparentemente inhóspito encontramos una criatura admirablemente preparada para vivir allí. Desde la perspectiva bíblica, el camello constituye otra hermosa manifestación de la sabiduría del Creador, capaz de sostener la vida incluso en aquellos lugares donde, a nuestros ojos, parecería casi imposible.
Referencias
Escrituras consultadas
- Génesis 12:16.
- Génesis 24:10-20, 61-64.
- Génesis 30:43.
- Génesis 31:17, 34.
- Génesis 37:25.
- Deuteronomio 8:15.
- Job 1:3.
- Job 12:7-10.
- Salmo 104:24.
Bibliografía científica
- Schmidt-Nielsen, K. Desert Animals: Physiological Problems of Heat and Water. Dover Publications.
- Schmidt-Nielsen, K. Animal Physiology: Adaptation and Environment. Cambridge University Press.
- Yagil, R. The Desert Camel: Comparative Physiological Adaptation. Karger.
- Wilson, R. T. The Camel. Longman.
- Campbell, N. A. et al. Campbell Biology. Pearson.
Investigación científica especializada
- Schmidt-Nielsen, K. y colaboradores. Estudios clásicos sobre termorregulación, conservación de agua y fisiología del camello en ambientes áridos.
- Yagil, R. y colaboradores. Investigaciones sobre deshidratación, rehidratación y función renal en camélidos.
- Bengtsson, J. y colaboradores. Estudios sobre las propiedades de los eritrocitos del camello durante cambios osmóticos.
- Investigaciones comparativas sobre anatomía nasal y recuperación de humedad respiratoria en mamíferos adaptados a ambientes secos.
Organizaciones y recursos científicos
- Smithsonian’s National Zoo and Conservation Biology Institute. Información sobre camélidos, anatomía y comportamiento.
- Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). Recursos sobre camellos, manejo y utilización en regiones áridas.
- International Union for Conservation of Nature (IUCN). Información sobre camélidos silvestres, distribución y conservación.
- San Diego Zoo Wildlife Alliance. Recursos zoológicos sobre biología y adaptaciones de los camellos.
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