7. Diez remedios utilizados en los tiempos de Jesucristo para aliviar enfermedades

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Cuando leemos los Evangelios, es fácil olvidar que las personas que vivieron en los tiempos de Jesucristo no contaban con hospitales modernos, antibióticos, anestesia, vacunas ni la mayoría de los tratamientos que hoy consideramos normales. Una infección que hoy podría resolverse con unos días de medicamentos podía convertirse en una amenaza para la vida. Un dolor dental podía acompañar a una persona durante años. Una herida podía terminar en una infección grave y una simple fiebre podía ser motivo de gran preocupación.

  La medicina del siglo primero era una combinación de conocimientos heredados de las antiguas civilizaciones de Egipto, Grecia y Roma, junto con remedios populares transmitidos de generación en generación. Los médicos existían, pero no estaban al alcance de todos. La mayoría de la población dependía de tratamientos caseros, plantas medicinales, aceites, vendajes y otros recursos disponibles en su entorno.

  Los Evangelios muestran que la enfermedad era una realidad constante en la vida cotidiana. Ciegos, leprosos, paralíticos, personas con hemorragias, fiebre y diversas dolencias aparecen frecuentemente en los relatos bíblicos. Comprender los remedios disponibles en aquella época nos ayuda a entender mejor el mundo en el que vivió Jesucristo.

1. El aceite de oliva para heridas y dolores

  El aceite de oliva era uno de los productos más valiosos del mundo antiguo. Además de utilizarse como alimento, también era empleado para suavizar la piel, aliviar irritaciones y tratar heridas.

  La Biblia menciona su uso medicinal en la parábola del buen samaritano:

  ”Y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino…” (Lucas 10:34, RVR1960).

  El aceite ayudaba a mantener húmeda la herida y protegía la piel del ambiente. También era utilizado para masajes y para aliviar molestias musculares.

2. El vino como limpiador de heridas

  El vino era uno de los líquidos más comunes en la vida diaria. Además de consumirse como bebida, era utilizado para lavar heridas y cortes.

  Las personas observaban que algunas heridas parecían evolucionar mejor cuando eran limpiadas con vino. Aunque desconocían la existencia de bacterias, la experiencia práctica les había enseñado que podía ayudar a evitar ciertas complicaciones.

  Por esta razón, el buen samaritano no solamente utilizó aceite, sino también vino para atender al hombre herido (Lucas 10:34).

3. La miel para favorecer la recuperación

  La miel era ampliamente conocida y valorada en Israel.

  Las Escrituras la mencionan frecuentemente como símbolo de abundancia y bendición:

  ”Una tierra que fluye leche y miel” (Éxodo 3:8, RVR1960).

  Además de servir como alimento, muchas personas la aplicaban sobre heridas y llagas. Hoy sabemos que posee propiedades antibacterianas naturales, aunque quienes vivían en aquella época simplemente observaban que ciertas heridas parecían sanar mejor cuando se utilizaba miel.

4. Las hierbas medicinales

  Las plantas medicinales formaban parte importante de la medicina antigua. Se preparaban infusiones, cataplasmas y ungüentos utilizando diversas hierbas disponibles en la región.

  Entre las plantas conocidas en el mundo bíblico se encontraban la menta, el eneldo, el comino y diversas especies aromáticas.

  Jesús mismo mencionó algunas de estas plantas al hablar con los fariseos:

  ”Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino…” (Mateo 23:23, RVR1960).

  Aunque el contexto no es médico, demuestra que estas plantas eran bien conocidas entre la población.

5. Los vendajes de lino

  Las heridas frecuentemente eran cubiertas con vendas hechas de lino.

  Los vendajes ayudaban a proteger las lesiones de la suciedad y permitían mantener en su lugar los aceites y ungüentos utilizados durante el tratamiento.

  El lino era uno de los tejidos más comunes del mundo antiguo y tenía múltiples usos en la vida cotidiana.

6. Los baños y lavamientos

  El agua era utilizada no solamente para la higiene, sino también para aliviar algunas enfermedades de la piel y diversas molestias físicas.

  La Ley de Moisés incluía numerosos lavamientos relacionados con la pureza ceremonial, pero también promovía hábitos de limpieza que podían beneficiar la salud.

  Por ejemplo, los sacerdotes debían realizar lavamientos frecuentes antes de servir en el tabernáculo y posteriormente en el templo (Éxodo 30:18-21).

7. La mirra como ungüento

  La mirra era una resina aromática muy apreciada en el mundo antiguo.

  Era utilizada para fabricar perfumes, aceites y preparados medicinales. También podía mezclarse con otras sustancias para aliviar ciertos dolores.

  La mirra aparece varias veces en la Biblia. Los sabios de Oriente la ofrecieron al niño Jesús como uno de sus regalos:

  ”Y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:11, RVR1960).

8. El ajo y otros alimentos considerados fortalecedores

  Algunos alimentos eran considerados beneficiosos para fortalecer el cuerpo y favorecer la recuperación.

  Entre ellos se encontraba el ajo, ampliamente conocido en el mundo antiguo.

  Los israelitas que salieron de Egipto recordaban ciertos alimentos que consumían regularmente:

  ”Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto… de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos” (Números 11:5, RVR1960).

  Aunque no eran medicamentos en el sentido moderno, muchas personas los consideraban útiles para mantener la salud.

9. Las extracciones dentales

  Los problemas dentales eran extremadamente comunes.

  La falta de higiene dental moderna, la ausencia de antibióticos y la imposibilidad de realizar tratamientos especializados hacían que muchas infecciones terminaran con la extracción de la pieza afectada.

  Lo más impresionante es que estos procedimientos se realizaban sin anestesia moderna. El sufrimiento podía ser considerable, y muchas personas soportaban el dolor durante largos períodos antes de buscar ayuda.

10. La oración y la búsqueda de la ayuda de Dios

  Para el pueblo judío, la salud no era solamente una cuestión física. La dimensión espiritual ocupaba un lugar muy importante.

  Por esa razón, además de buscar remedios y atención médica, muchas personas clamaban a Dios por sanidad.

  El salmista escribió:

  ”Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias” (Salmo 103:3, RVR1960).

  Esta confianza en la intervención divina explica por qué las multitudes acudían constantemente a Jesucristo cuando escuchaban acerca de sus milagros.

El médico Lucas y la medicina en el Nuevo Testamento

  Es interesante recordar que uno de los autores del Nuevo Testamento era médico.

  El apóstol Pablo escribió:

  ”Os saluda Lucas el médico amado…” (Colosenses 4:14, RVR1960).

  La presencia de Lucas demuestra que la medicina existía en el siglo primero y que algunos hombres se dedicaban profesionalmente al cuidado de los enfermos. Sin embargo, incluso los mejores médicos de la época enfrentaban enormes limitaciones en comparación con los recursos disponibles actualmente.

Conclusión

  Los habitantes del siglo primero enfrentaban las enfermedades con recursos muy distintos a los nuestros. Aceite, vino, miel, hierbas, vendajes, baños medicinales y otros remedios tradicionales formaban parte de la atención cotidiana. Algunos de estos tratamientos ofrecían cierto alivio; otros tenían una eficacia limitada.

  Comprender estas prácticas nos ayuda a apreciar mejor el mundo en el que vivió Jesucristo. También nos permite entender por qué las sanidades registradas en los Evangelios causaron tanto impacto. En una época donde las opciones médicas eran escasas y muchas enfermedades permanecían sin solución, las multitudes veían en Jesús algo extraordinario.

  Los Evangelios presentan a un Salvador que no solo enseñaba acerca del Reino de Dios, sino que también mostraba compasión por los enfermos, los rechazados y los que sufrían. Su ministerio de sanidad se convirtió en una poderosa demostración del amor y la misericordia de Dios hacia la humanidad.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.