08. Los pingüinos — aves diseñadas para volar bajo el agua

Por el Dr. Elio M Rivera

  En las costas heladas del hemisferio sur vive un grupo de aves cuya apariencia rompe muchas de nuestras ideas sobre lo que significa ser un ave. No vuelan por el cielo, sus alas se han convertido en estructuras rígidas semejantes a aletas y su cuerpo parece más apropiado para atravesar el agua que para elevarse en el aire. Sin embargo, cuando un pingüino entra al océano ocurre algo extraordinario: comienza a “volar” bajo el agua.

  Los pingüinos pertenecen a la familia Spheniscidae y existen varias especies distribuidas desde la Antártida hasta regiones templadas del hemisferio sur. Algunas viven rodeadas de hielo, mientras otras habitan costas mucho menos frías. A pesar de esas diferencias, comparten una anatomía profundamente relacionada con la natación, el aislamiento térmico y la vida en ambientes donde el agua puede ser extraordinariamente fría.

  Su historia biológica es fascinante porque numerosos sistemas deben trabajar al mismo tiempo. Las plumas forman una barrera protectora, una capa de grasa ayuda a conservar calor, el sistema circulatorio administra cuidadosamente la temperatura y las alas proporcionan propulsión bajo el agua. El pingüino no simplemente soporta el frío: todo su organismo participa en la tarea de vivir, nadar y reproducirse en ambientes extremos.

Cuando un ave utiliza sus alas debajo del agua

  El libro de Job invita al ser humano a observar las criaturas y aprender de ellas:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán.”
(Job 12:7)

  El pingüino ofrece una magnífica oportunidad para hacerlo. A simple vista podríamos pensar que ha perdido aquello que caracteriza a las aves porque no puede volar en el aire. Pero al observarlo dentro del agua descubrimos que sus alas cumplen otra función extraordinaria.

  Las alas de los pingüinos son relativamente cortas, rígidas y aplanadas. En lugar de producir grandes superficies flexibles para sostenerse en el aire, funcionan como aletas hidrodinámicas. Los músculos pectorales generan movimientos potentes que impulsan al cuerpo hacia adelante.

  La misma estructura corporal que en otras aves se relaciona con vuelo aéreo aquí participa en un tipo de desplazamiento completamente diferente.

Volar en un medio mucho más denso

  El agua es mucho más densa que el aire. Esto significa que mover una extremidad a través de ella requiere mayores fuerzas, pero también proporciona una superficie sobre la cual generar empuje.

  El pingüino utiliza movimientos de sus aletas semejantes, en algunos aspectos, a los batidos alares de un ave voladora.

  Durante cada ciclo, modifica el ángulo de las aletas para producir fuerzas que desplazan el cuerpo.

  La cola y las patas ayudan a controlar dirección y estabilidad.

  El resultado es una natación rápida y altamente maniobrable.

Un cuerpo con forma hidrodinámica

  La forma general del pingüino también ayuda a disminuir la resistencia del agua.

  La cabeza se continúa suavemente con el cuello y el tronco, mientras las extremidades pueden mantenerse próximas al cuerpo cuando no se utilizan activamente.

  Una superficie demasiado irregular produciría turbulencias y aumentaría el gasto energético.

  El cuerpo compacto permite atravesar el agua con mayor eficiencia.

  La anatomía completa participa en el movimiento.

Plumas que deben funcionar en el agua

  Las plumas de un pingüino cumplen una función diferente a la que imaginamos cuando observamos un ave voladora.

  Son relativamente cortas, densas y se superponen.

  Debajo de ellas queda atrapada una capa de aire que contribuye al aislamiento térmico.

  El ave dedica mucho tiempo al acicalamiento, distribuyendo secreciones que ayudan a mantener las plumas en condiciones apropiadas.

  La protección depende de conservar esa cobertura funcional.

El problema del agua fría

  El océano puede extraer calor del cuerpo mucho más rápidamente que el aire.

  Para un animal de sangre caliente, nadar durante largos períodos en aguas cercanas al punto de congelación representa un enorme desafío.

  El pingüino necesita producir suficiente calor metabólico y, al mismo tiempo, disminuir la cantidad que pierde hacia el ambiente.

  Aquí intervienen plumas, grasa y circulación.

Una capa de grasa debajo de la piel

  Debajo de la piel existe tejido adiposo que contribuye al aislamiento.

  La grasa reduce la transferencia de calor desde el interior del cuerpo hacia el agua.

  Además funciona como reserva energética.

  Esto resulta especialmente importante durante temporadas de ayuno, reproducción o incubación, cuando algunos pingüinos pueden pasar períodos prolongados sin alimentarse.

  La misma estructura ayuda a conservar calor y energía.

La circulación también conserva temperatura

  Las extremidades representan un problema térmico.

  Las patas y aletas necesitan recibir sangre, pero si grandes cantidades de sangre caliente circularan continuamente hacia regiones expuestas al frío, el organismo perdería demasiada energía.

  Los pingüinos poseen sistemas de intercambio de calor por contracorriente.

  Las arterias que llevan sangre caliente hacia determinadas extremidades se encuentran próximas a venas que regresan sangre más fría.

  El calor puede transferirse entre ambos flujos antes de llegar a la superficie.

  Así, parte de la energía térmica permanece dentro del organismo.

Dos corrientes de sangre intercambiando calor

  El principio resulta extraordinariamente eficiente.

  La sangre arterial sale del centro del cuerpo a una temperatura relativamente alta.

  La sangre venosa regresa desde la extremidad más fría.

  Al pasar ambas muy próximas, parte del calor se transfiere desde la sangre arterial hacia la venosa.

  La extremidad recibe suficiente circulación, pero no tanta energía térmica como perdería si llegara completamente caliente.

  El cuerpo mantiene así una economía de calor.

El pingüino, un ave capaz de bucear profundamente

  Algunas especies pueden permanecer bajo el agua durante varios minutos y alcanzar profundidades considerables.

  El pingüino emperador destaca especialmente por su capacidad de buceo.

  Durante la inmersión, el organismo necesita administrar el oxígeno disponible.

  La frecuencia cardíaca puede disminuir, mientras el flujo sanguíneo se dirige prioritariamente hacia órganos esenciales.

  Los músculos también poseen reservas de oxígeno asociadas con una proteína llamada mioglobina.

Almacenar oxígeno dentro de los músculos

  La mioglobina puede unir oxígeno y mantenerlo disponible dentro del tejido muscular.

  Los pingüinos buceadores poseen concentraciones elevadas de esta proteína.

  Esto permite continuar utilizando oxígeno incluso cuando el animal lleva varios minutos sin respirar.

  Pulmones, sangre y músculos funcionan como depósitos complementarios.

  La inmersión depende de cuánto oxígeno puede almacenar antes de entrar al agua y de cuán lentamente puede utilizarlo.

El corazón cambia su ritmo

  Durante un buceo profundo, mantener la frecuencia cardíaca habitual consumiría rápidamente los recursos disponibles.

  El organismo responde disminuyendo el ritmo cardíaco.

  Esta reducción ayuda a conservar oxígeno.

  La circulación continúa, pero el gasto disminuye.

  El animal pasa temporalmente a un modo fisiológico distinto del que utiliza cuando se encuentra en la superficie.

Soportar la presión bajo el agua

  La presión aumenta conforme el pingüino desciende.

  El aire contenido en pulmones y sacos respiratorios se comprime.

  Las aves buceadoras poseen mecanismos que ayudan a tolerar estos cambios y reducir problemas asociados con gases disueltos.

  Parte del aire puede desplazarse hacia regiones respiratorias menos sensibles al intercambio gaseoso durante inmersiones profundas.

  La anatomía respiratoria contribuye así a enfrentar otro desafío del océano.

Encontrar alimento bajo el agua

  Los pingüinos consumen peces, kril, calamares y otros organismos marinos dependiendo de la especie.

  La caza puede ocurrir bajo condiciones de iluminación muy variables.

  Los ojos están adaptados para funcionar tanto en el aire como bajo el agua, aunque el sistema visual enfrenta diferencias importantes entre ambos medios.

  Durante la natación, el ave necesita detectar movimiento y calcular trayectorias mientras ella misma se desplaza a gran velocidad.

  La visión guía la persecución.

Una boca preparada para evitar que la presa escape

  El interior de la boca y la lengua de muchos pingüinos poseen papilas dirigidas hacia atrás.

  Estas estructuras ayudan a sujetar peces y otras presas resbaladizas.

  Una vez que el animal captura alimento, las papilas dificultan que regrese hacia la salida.

  La dirección de estas estructuras favorece el movimiento hacia la garganta.

  Una característica aparentemente pequeña resulta muy útil dentro de una boca llena de agua y presas escurridizas.

Beber agua del océano crea otro problema

  Los pingüinos pueden ingerir agua de mar durante la alimentación.

  El exceso de sal sería perjudicial si el organismo dependiera únicamente de los riñones para eliminarlo.

  Poseen glándulas supraorbitales especializadas en retirar sal de la sangre.

  La solución concentrada sale hacia las fosas nasales y puede ser eliminada posteriormente.

  Esto permite vivir rodeados de agua salada sin necesidad de depender exclusivamente de fuentes de agua dulce.

Un filtro de sal dentro de la cabeza

  Estas glándulas trabajan continuamente cuando la ingestión de sal aumenta.

  La sangre pasa cerca de tejidos especializados que transportan iones hacia una secreción concentrada.

  El líquido termina eliminándose por las vías nasales.

  Una vez más aparece un problema creado por el ambiente y una estructura especializada para resolverlo.

  Comer en el océano significa inevitablemente entrar en contacto con sal.

Caminar sobre hielo exige otra estrategia

  Fuera del agua, la apariencia del pingüino cambia completamente.

  Su postura erguida y las patas relativamente cortas producen un caminar característico.

  Sin embargo, las patas están posicionadas de manera que contribuyen a la eficiencia durante la natación.

  Aquello que parece torpe sobre tierra adquiere sentido cuando observamos al animal en su ambiente principal de alimentación.

  El mismo cuerpo necesita funcionar en dos medios diferentes.

Deslizarse sobre el vientre

  Algunas especies pueden desplazarse sobre hielo y nieve mediante un comportamiento conocido como tobogganing.

  El pingüino se coloca sobre el vientre y utiliza las patas y aletas para impulsarse.

  Este método puede resultar más eficiente que caminar durante ciertos trayectos.

  La superficie que en tierra parece una dificultad puede utilizarse de otra manera.

La reproducción bajo condiciones extremas

  El pingüino emperador proporciona uno de los ejemplos más impresionantes de cuidado parental entre las aves.

  La hembra pone un solo huevo y lo transfiere cuidadosamente al macho.

  El macho coloca el huevo sobre sus patas y lo cubre con un pliegue de piel conocido como bolsa incubadora.

  Allí permanece protegido del hielo.

  El huevo nunca debe permanecer demasiado tiempo expuesto directamente al suelo congelado.

Un padre que ayuna mientras protege el huevo

  Durante la incubación, el macho del pingüino emperador puede pasar semanas sin alimentarse.

  Mientras la hembra regresa al océano para obtener alimento, él permanece en la colonia sosteniendo el huevo.

  Su organismo depende de reservas acumuladas previamente.

  El metabolismo, la grasa corporal y el comportamiento social participan en la supervivencia.

  La protección de la nueva vida exige un costo enorme.

Juntos para conservar calor

  Los machos emperadores forman grupos compactos durante las condiciones más severas.

  Se aproximan unos a otros y reducen la superficie corporal expuesta directamente al viento.

  Los individuos cambian gradualmente de posición.

  Los que se encuentran en la periferia pueden desplazarse hacia regiones interiores y otros ocupan su lugar.

  La cooperación del grupo ayuda a reducir la pérdida térmica.

Un animal aislado perdería mucho más calor

  La física detrás de este comportamiento es sencilla.

  Cuanta más superficie corporal queda expuesta al aire frío, mayor puede ser la pérdida de calor.

  Al agruparse, parte de esa superficie queda protegida por otros individuos.

  El microambiente dentro del grupo puede ser considerablemente más favorable que el exterior.

  La supervivencia depende no solamente de la fisiología individual, sino también del comportamiento colectivo.

Reconocer a la pareja y a la cría en medio de miles

  Las colonias de pingüinos pueden contener enormes cantidades de individuos.

  Visualmente muchos parecen muy semejantes.

  Sin embargo, los adultos utilizan vocalizaciones características para reconocer a parejas y crías.

  El sistema auditivo necesita distinguir señales específicas dentro de un ambiente extremadamente ruidoso.

  Una llamada particular se convierte en una identidad.

Una conversación en medio de una multitud

  Cada individuo produce patrones acústicos particulares.

  La pareja puede reconocerlos.

  Las crías también aprenden señales relacionadas con sus padres.

  Esto permite reunir nuevamente a individuos después de períodos de separación.

  En una colonia donde sería casi imposible identificar a cada animal únicamente por apariencia, el sonido proporciona otra forma de reconocimiento.

Un polluelo depende completamente de protección

  Cuando nace, el polluelo todavía no posee las plumas impermeables del adulto.

  Necesita protección contra el frío.

  Los padres proporcionan calor y alimento durante las primeras etapas.

  Conforme crece, comienza a desarrollar el plumaje necesario para enfrentar condiciones más exigentes.

  La transición hacia la independencia ocurre progresivamente.

Una colonia entera dedicada a la siguiente generación

  En diferentes especies, la reproducción puede ocurrir en grandes colonias.

  Miles de parejas ocupan playas, costas rocosas o superficies de hielo.

  Cada una necesita proteger huevos o polluelos mientras comparte el espacio con numerosos vecinos.

  La comunicación, reconocimiento y defensa del pequeño territorio alrededor del nido forman parte de la vida diaria.

  Una colonia aparentemente caótica contiene numerosas relaciones individuales.

No todos los pingüinos viven en hielo

  La imagen popular del pingüino está asociada con la Antártida.

  Sin embargo, existen especies en Sudamérica, África, Australia, Nueva Zelanda y las islas Galápagos.

  Algunas viven en climas relativamente templados.

  Esto demuestra que no debemos reducir a todos los pingüinos al mismo ambiente.

  Comparten una forma general de vida relacionada con el océano, pero enfrentan condiciones ecológicas diferentes.

Una pluma pequeña formando una gran protección

  Cada pluma individual parece poca cosa.

  Sin embargo, miles de ellas distribuidas sobre el cuerpo crean una barrera extraordinaria.

  El principio recuerda otras maravillas encontradas en la creación.

  Una estructura pequeña puede producir poco por sí sola.

  Muchas organizadas correctamente producen un resultado completamente diferente.

  La protección térmica del pingüino depende precisamente de esa organización.

La verdadera maravilla está en la integración

  Un pingüino no podría sobrevivir en aguas frías solamente porque posee grasa.

  Necesita también plumas.

  Las plumas sin circulación adecuada serían insuficientes.

  La circulación sin metabolismo no produciría calor.

  La capacidad de bucear requiere almacenamiento de oxígeno.

  Encontrar alimento exige visión y maniobrabilidad.

  Reproducirse en ambientes extremos requiere comportamiento parental.

  La vida del pingüino depende de múltiples sistemas funcionando conjuntamente.

Una criatura que nos invita a contemplar

  El libro de Job declara:

“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán.”
(Job 12:7)

  Los pingüinos demuestran cuánto puede aprenderse observando cuidadosamente.

  La ciencia puede estudiar cómo sus alas generan fuerzas bajo el agua, cómo la sangre conserva calor, cómo la mioglobina almacena oxígeno y cómo las glándulas eliminan sal.

  También puede analizar sus vocalizaciones, su comportamiento social y el cuidado de las crías.

  Cada mecanismo revela una nueva dimensión de la misma criatura.

Aves que vuelan debajo del océano

  El salmista escribió:

“Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren.”
(Salmo 111:2)

  La Biblia no pretende explicar la hidrodinámica de las aletas de un pingüino ni describir su fisiología de buceo. Estas preguntas corresponden a la zoología, la física y la fisiología.

  Las Escrituras nos invitan, sin embargo, a contemplar las criaturas y reconocer la sabiduría presente en ellas:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)

  El pingüino constituye una magnífica oportunidad para hacerlo. Un ave incapaz de volar por el cielo entra en el océano y transforma sus alas en poderosas superficies de propulsión. Sus plumas y grasa conservan calor, la circulación limita las pérdidas, sus músculos almacenan oxígeno y su corazón modifica el ritmo durante largas inmersiones.

  Después regresa a tierra, reconoce a su pareja mediante sonidos y, en algunas especies, enfrenta temperaturas extremas para proteger un solo huevo o alimentar a una cría.

  Desde la perspectiva bíblica, conocer estos mecanismos aumenta nuestra admiración. Los pingüinos nos recuerdan que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso cuando una criatura realiza algo completamente diferente de lo que esperamos. No vuelan entre las nubes, pero bajo las aguas frías del océano sus alas, músculos, plumas y sentidos trabajan juntos para convertirlos en extraordinarios “voladores” del mundo submarino.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Génesis 1:20-22.
  • Job 12:7-10.
  • Salmo 104:12, 24-25.
  • Salmo 111:2.
  • Proverbios 3:19.

Bibliografía científica

  • Williams, T. D. The Penguins: Spheniscidae. Oxford University Press.
  • Davis, L. S. & Renner, M. Penguins. Yale University Press.
  • Stonehouse, B. Investigaciones clásicas sobre biología, termorregulación y reproducción de pingüinos.
  • Kooyman, G. L. Estudios sobre fisiología de buceo en pingüinos.
  • Ponganis, P. J. Investigaciones sobre oxígeno, mioglobina y metabolismo durante inmersiones.

Investigación científica especializada

  • Ponganis, P. J. y colaboradores. Estudios sobre frecuencia cardíaca, utilización de oxígeno y fisiología del buceo en pingüinos emperadores.
  • Kooyman, G. L. y colaboradores. Investigaciones sobre profundidad y duración de inmersiones.
  • Le Maho, Y. Estudios sobre ayuno prolongado, metabolismo y termorregulación durante la reproducción.
  • Investigaciones sobre intercambio de calor por contracorriente en extremidades de aves marinas.
  • Estudios bioacústicos sobre reconocimiento individual entre parejas y crías en colonias de pingüinos.

Organizaciones y recursos científicos

  • British Antarctic Survey. Investigación sobre ecología y reproducción de pingüinos antárticos.
  • Australian Antarctic Division. Estudios sobre poblaciones, comportamiento y fisiología de pingüinos.
  • Smithsonian Institution. Recursos científicos sobre aves marinas y anatomía.
  • NOAA. Información sobre ecosistemas del océano Austral y aves marinas.
  • BirdLife International. Información sobre distribución y conservación de distintas especies de pingüinos.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.