Dr. Elio M Rivera
A unos seis kilómetros de Nazaret se levantaba una ciudad que estaba experimentando importantes transformaciones.
Se llamaba Séforis.
Mientras Jesús crecía en Nazaret, Herodes Antipas desarrollaba aquella ciudad como uno de los principales centros políticos y administrativos de Galilea.
Allí había construcciones, funcionarios, comerciantes, propietarios y trabajadores que necesitaban ganarse la vida.
Y en Nazaret vivía un joven que había aprendido el oficio de constructor.
¿Es razonable pensar que Jesús nunca visitó aquella ciudad?
Los Evangelios no mencionan ninguna visita suya a Séforis. Tampoco conservamos documentos que lo identifiquen entre sus trabajadores.
Sin embargo, cuando reunimos los datos geográficos, laborales e históricos, encontramos una hipótesis que merece ser examinada.
Una ciudad demasiado cercana para ignorarla
La distancia entre Nazaret y Séforis era relativamente corta.
Un hombre acostumbrado a caminar podía recorrerla aproximadamente en una hora y media, dependiendo del camino y las condiciones del terreno.
No era necesario organizar una expedición ni ausentarse durante varios días.
Un trabajador podía salir de Nazaret por la mañana, cumplir una jornada en Séforis y regresar a su hogar.
Durante los primeros años del siglo primero, Antipas impulsó la reconstrucción y el desarrollo de la ciudad.
Aquellas actividades requerían artesanos capaces de trabajar con piedra, madera y otros materiales.
Y precisamente ése era el oficio de Jesús.
«¿No es éste el carpintero, hijo de María…?» (Marcos 6:3, RVR1960).
Mateo también identifica a José por su oficio:
«¿No es éste el hijo del carpintero?» (Mateo 13:55, RVR1960).
La palabra griega tekton no se limitaba necesariamente a fabricar muebles. Podía referirse a un artesano dedicado a trabajos de construcción.
Así encontramos tres circunstancias que coinciden:
Una ciudad cercana necesitaba trabajadores.
En Nazaret vivía una familia de artesanos.
Y las obras de Séforis se desarrollaban durante los años en que Jesús crecía y llegaba a la edad adulta.
Ninguna de estas circunstancias demuestra que trabajara allí.
Pero juntas hacen que la posibilidad resulte razonable.

Las huellas del oficio en sus enseñanzas de Jesucristo
Jesús habló de torres, fundamentos, casas y presupuestos de construcción.
«Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?» (Lucas 14:28, RVR1960).
También describió al hombre que preparaba cuidadosamente los cimientos de su casa:
«Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca» (Lucas 6:48, RVR1960).
Son ejemplos que encajan perfectamente con la experiencia de un constructor.
Un artesano sabía que una obra podía fracasar por falta de recursos, que los fundamentos debían ser resistentes y que una construcción inconclusa podía convertirse en motivo de vergüenza para su propietario.
No necesitamos recurrir a Séforis para explicar esos conocimientos. El propio oficio de Jesús es suficiente.
Pero si trabajó en aquella ciudad, habría encontrado oportunidades para observar construcciones de mayor tamaño que las habituales en una pequeña aldea.
Los hombres que esperaban trabajo
En la parábola de los obreros de la viña encontramos otra escena característica de la economía antigua.
Hombres que esperaban en una plaza hasta que alguien los contratara.
Algunos conseguían trabajo temprano.
Otros permanecían allí durante horas.
«Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado» (Mateo 20:7, RVR1960).
La contratación de jornaleros no era exclusiva de Séforis. También ocurría en comunidades agrícolas.
Sin embargo, una ciudad en crecimiento necesitaba trabajadores eventuales para transportar materiales, levantar edificios, realizar reparaciones y atender numerosas actividades.
Si Jesús acudió a Séforis como artesano, pudo conocer aquel ambiente laboral.
Hombres que dependían de encontrar empleo cada mañana.
Patrones que negociaban salarios.
Trabajadores que regresaban a casa con dinero y otros que volvían sin haber conseguido nada.
La parábola refleja un mundo que Jesús pudo conocer desde dentro, como integrante de una familia trabajadora.
Los ricos, los mayordomos y las deudas
Las enseñanzas de Jesús también describen relaciones económicas que iban mucho más allá de la vida de un pequeño taller.
En Lucas encontramos propietarios con grandes cosechas, administradores encargados de negocios y deudores obligados a entregar cantidades importantes de trigo y aceite.
«Había un hombre rico que tenía un mayordomo» (Lucas 16:1, RVR1960).
Séforis, como centro administrativo de Antipas, estaba relacionada con funcionarios, propietarios y actividades comerciales.
Allí podían coincidir personas acomodadas y trabajadores de recursos modestos.
Un artesano contratado para construir o reparar una propiedad podía entrar en contacto con ese mundo sin pertenecer a él.
Y esta posibilidad adquiere mayor interés cuando encontramos en los Evangelios a una mujer vinculada directamente con la administración herodiana.
Juana: una conexión personal con la casa de Herodes
Lucas menciona entre las seguidoras de Jesús a:
«Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes» (Lucas 8:3, RVR1960).
Su esposo era administrador de Herodes Antipas.
Por tanto, Juana pertenecía a una familia relacionada con el entorno del gobernante de Galilea.
¿Cómo conoció a Jesús?
Lucas no lo explica.
Podría haberlo conocido durante su ministerio público, cuando las multitudes acudían a escucharlo.
Pero también podemos considerar otra posibilidad.
Si Chuza tenía responsabilidades o propiedades en Séforis, y Jesús trabajó allí, sus caminos pudieron cruzarse años antes.
Quizá mediante un encargo de construcción o una reparación.
No tenemos pruebas de que sucediera así, ni conocemos una residencia de Chuza en aquella ciudad.
Sin embargo, la relación entre Juana y Jesús es un hecho documentado por Lucas.
Y demuestra que el ministerio de Jesús llegó a personas vinculadas con la administración de Herodes.
Juana aparece nuevamente entre las mujeres que anunciaron a los apóstoles lo ocurrido en el sepulcro (Lucas 24:10).
Aquella relación había llegado mucho más allá de un encuentro ocasional.
El ambiente político de una capital herodiana
Séforis también era un lugar donde las decisiones de Roma y las disputas de la familia de Herodes tenían consecuencias directas.
Cuando Herodes el Grande murió, su hijo Arquelao viajó a Roma para solicitar el reconocimiento de su autoridad.
Una delegación de sus súbditos se presentó ante Augusto para oponerse a su gobierno.
Años después, Jesús contó una parábola que comenzaba así:
«Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver» (Lucas 19:12, RVR1960).
Y añadió:
«Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros» (Lucas 19:14, RVR1960).
La semejanza con la historia de Arquelao es extraordinaria.
Jesús pudo conocer aquellos acontecimientos por los relatos que circulaban entre los habitantes de Galilea.
Su propia familia había tenido razones para temer el gobierno de Arquelao, según Mateo 2:22.
Pero una ciudad administrativa como Séforis también habría sido un lugar natural para escuchar conversaciones sobre la dinastía herodiana.
El teatro y el lenguaje de los hipócritas
Entre los restos arqueológicos más conocidos de Séforis se encuentra su teatro.
Su existencia es indiscutible, aunque los investigadores mantienen diferentes opiniones sobre la fecha de su primera construcción.
Algunos sitúan sus comienzos durante el gobierno de Antipas; otros consideran que fue construido posteriormente.
Esto importa porque determina si Jesús pudo haberlo conocido.
En sus enseñanzas, Jesús utilizó la palabra griega hypokritēs, relacionada originalmente con el mundo de los actores.
«Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles» (Mateo 6:2, RVR1960).
El vocabulario teatral y la imagen de anunciar públicamente una acción ofrecen una comparación sugestiva con el mundo de los espectáculos.
Si el teatro de Séforis ya funcionaba durante la juventud de Jesús, pudo haber conocido ese ambiente.
Sin embargo, el uso de la palabra hipócrita no demuestra que hubiera asistido a representaciones teatrales, y tampoco podemos identificar con certeza las trompetas de Mateo con los anuncios de un teatro.
Es una conexión interesante, pero menos sólida que la evidencia geográfica y laboral.
¿Qué nos permiten concluir los indicios?
Después de reunir los elementos examinados, podemos distinguir tres niveles de evidencia.
Primero: los hechos históricos.
Jesús creció en Nazaret y ejerció el oficio de tekton. Séforis se encontraba a poca distancia y fue desarrollada por Herodes Antipas durante aquellos años.
Segundo: las posibilidades razonables.
La cercanía de una ciudad en construcción pudo ofrecer oportunidades laborales a José y Jesús. Si trabajaron allí, habrían tenido contacto con artesanos, jornaleros, propietarios y funcionarios.
Tercero: las conexiones que todavía no podemos demostrar.
No sabemos si Jesús construyó edificios en Séforis, si conoció allí a Juana, si presenció alguna representación teatral o si determinadas parábolas nacieron de experiencias concretas en aquella ciudad.
La diferencia es importante.
No necesitamos convertir una hipótesis en certeza para reconocer su valor histórico.
¿Estuvo Jesús en Séforis?
Después de examinar todos estos indicios, considero razonable pensar que Jesús pudo haber visitado Séforis e incluso trabajado allí.
La ciudad estaba demasiado cerca de Nazaret y ofrecía oportunidades laborales demasiado relacionadas con su oficio como para descartar esa posibilidad.
Pero tampoco sería correcto afirmar que necesariamente acudió a ella.
Los Evangelios guardan silencio sobre ese punto.
La arqueología confirma la existencia y el desarrollo de Séforis, pero no ha identificado ninguna obra realizada por Jesús.
Por eso, nuestra conclusión debe ser proporcionada a las evidencias.
La presencia laboral de Jesús en Séforis es una hipótesis históricamente plausible, aunque no demostrada.
Y aun si nunca hubiera trabajado allí, aquella ciudad formaba parte del entorno regional en el que creció.
Su desarrollo económico, su administración y las actividades de sus habitantes ayudan a comprender mejor la Galilea de su juventud.
Durante muchos años hemos contemplado a Jesús caminando por las aldeas, enseñando junto al mar y hablando a las multitudes.
Pero antes de aquellos recorridos hubo una vida de trabajo.
Hubo herramientas, materiales, jornadas agotadoras y responsabilidades familiares.
Y a poca distancia de Nazaret existía una ciudad que necesitaba precisamente hombres dedicados a construir.
Tal vez algunas de las experiencias que posteriormente aparecieron en las enseñanzas de Jesús comenzaron durante aquellos años, cuando todavía era conocido simplemente como el carpintero de Nazaret.
Y el verbo se hizo carne y habito entre nosotros (Juan 1: 14)
Y el verbo se hizo carne y se experimento el mundo como todas las personas de su época.
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