06. El rey que viajó a Roma para recibir su reino

Dr. Elio M Rivera

  En cierta ocasión, Jesús contó una parábola que debió despertar recuerdos entre quienes conocían la historia reciente de Judea.

  «Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver» (Lucas 19:12, RVR1960).

  Lo sorprendente es que aquella situación había ocurrido realmente.

  Y el protagonista había sido Arquelao, hijo de Herodes el Grande.

El viaje de Arquelao a Roma

  Cuando Herodes el Grande murió, en el año cuatro antes de Cristo, dejó establecido en su testamento que Arquelao heredaría Judea, Samaria e Idumea.

  Sin embargo, la voluntad de Herodes no era suficiente.

  El emperador Augusto debía confirmar la sucesión.

  Arquelao tenía que viajar hasta Roma para conseguir el reconocimiento de su autoridad.

  Antes de partir, había reprimido violentamente una protesta en Jerusalén. Flavio Josefo relata que aproximadamente tres mil personas murieron durante aquellos acontecimientos.

  La indignación contra Arquelao era enorme.

  Cuando llegó a Roma, encontró que su hermano Herodes Antipas también disputaba la herencia paterna.

  Pero había otro problema todavía mayor.

  Una delegación de cincuenta representantes judíos viajó a Roma para presentar sus acusaciones ante Augusto. A ellos se unieron numerosos judíos residentes en la capital imperial.

  No querían que Arquelao gobernara sobre ellos.

  Y entonces encontramos una de las semejanzas más extraordinarias con las palabras de Jesús:

  «Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros» (Lucas 19:14, RVR1960).

  La correspondencia resulta impresionante.

  Un hombre que viaja a un país lejano para recibir autoridad.

  Una población que lo aborrece.

  Una embajada que viaja detrás de él para oponerse a su nombramiento.

  Y un emperador que debe decidir quién gobernará.

El emperador romano tomando la decisión y decidiendo respetar el testamento de Herodes

  Después de escuchar a los interesados, Augusto resolvió entregar a Arquelao Judea, Samaria e Idumea.

  Sin embargo, no le concedió el título de rey.

  Lo nombró etnarca, prometiéndole la posibilidad de alcanzar posteriormente la dignidad real si demostraba capacidad para gobernar.

  Arquelao regresó a sus territorios con autoridad imperial.

  Jesús continuó su relato:

  «Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno» (Lucas 19:15, RVR1960).

  En la parábola, el noble había entregado dinero a sus siervos antes de partir. Al regresar, les exigió cuentas de su administración.

  El relato termina con una orden severa contra sus enemigos:

  «Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí» (Lucas 19:27, RVR1960).

  Esta última escena pertenece a la narración de Jesús y no debe confundirse con un acontecimiento documentado del regreso de Arquelao.

  Pero el conjunto de la historia reproduce circunstancias políticas que los habitantes de Judea conocían.

Una historia que Jesús pudo escuchar desde su juventud

  Cuando Jesús relató aquella parábola, los acontecimientos relacionados con Arquelao pertenecían a la memoria de la generación anterior.

  Incluso la propia familia de Jesús había sido afectada por su llegada al poder.

  Mateo escribió acerca de José:

  «Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá» (Mateo 2:22, RVR1960).

  José decidió no establecerse en Judea y se dirigió a Galilea.

  Por tanto, Arquelao no era un personaje desconocido en la historia familiar de Jesús.

  Y había otra circunstancia interesante.

  Herodes Antipas, hermano de Arquelao, gobernaba Galilea desde Séforis durante los primeros años de su gobierno.

  Aquella ciudad era un centro administrativo donde las noticias sobre la dinastía herodiana y las decisiones de Roma debían tener especial importancia.

  Si Jesús visitó o trabajó en Séforis, pudo conocer allí relatos y conversaciones sobre los gobernantes de su tierra.

  Aunque también pudo haber escuchado aquella historia en Nazaret, la relación con Séforis resulta interesante por su condición de centro político de Antipas.

La parábola pronunciada cerca de Jericó

  Lucas conserva un detalle geográfico que aumenta nuestro interés.

  Jesús contó esta parábola cuando se encontraba cerca de Jerusalén, después de su encuentro con Zaqueo en Jericó.

  «Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente» (Lucas 19:11, RVR1960).

  Jericó estaba profundamente vinculada con la historia de Herodes el Grande, quien había construido allí importantes residencias y había pasado sus últimos días en aquella región.

  Fue también escenario de acontecimientos relacionados con la sucesión de sus hijos.

  Jesús se encontraba, por tanto, en una región donde la memoria de aquella dinastía tenía profundas raíces.

  Y habló de un hombre que debía marcharse para recibir un reino.

Una semejanza difícil de ignorar

  Flavio Josefo relata el viaje de Arquelao, las acusaciones presentadas contra él y la decisión de Augusto en Antigüedades de los judíos, libro XVII.

  La semejanza con Lucas 19:11–27 ha llamado la atención de numerosos investigadores bíblicos.

  No significa que Jesús estuviera narrando literalmente la biografía de Arquelao. Su parábola incluye otros elementos y tiene un propósito propio.

  Pero el episodio histórico ofrece un trasfondo particularmente convincente para comprender la elección de aquella escena.

  Y nos deja una observación importante para nuestra investigación.

  Jesús no solamente utilizaba ejemplos de sembradores, pastores, carpinteros y jornaleros. También podía incorporar a sus enseñanzas acontecimientos políticos que habían marcado la historia de su pueblo.

  El carpintero de Nazaret había crecido bajo el gobierno de los hijos de Herodes.

  Conocía una tierra sometida a las decisiones de Roma.

  Y cuando habló de un noble que viajó para recibir su reino, utilizó una situación extraordinariamente semejante a la que había protagonizado Arquelao.

  Una historia que había sucedido en su propio mundo y que sus oyentes podían reconocer.

Y el verbo se hizo carne y habito entre nosotros (Juan 1: 14)

Y el verbo se hizo carne y se entero y vivio sobre la política de su tiempo.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.