Por el Dr. Elio M. Rivera – Cristopedia
Arquelao fue uno de los hijos de Herodes el Grande y uno de los gobernantes que desempeñaron un papel importante durante la infancia de Jesucristo. Aunque aparece solamente una vez por nombre en el Nuevo Testamento, su reputación de hombre cruel influyó directamente en el lugar donde Jesús crecería. Debido al temor que inspiraba Arquelao, José decidió no regresar a Judea después de volver de Egipto, sino establecerse con María y el niño Jesús en Nazaret de Galilea. De esta manera, las decisiones de este gobernante formaron parte del escenario histórico en el que se desarrolló la vida temprana del Salvador.
Arquelao nació aproximadamente hacia el año 23 a.C. Era hijo de Herodes el Grande y de Maltace, una mujer samaritana. Era hermano de Herodes Antipas, quien años más tarde mandaría decapitar a Juan el Bautista, y medio hermano de Felipe el tetrarca. Como ocurrió con muchos de los hijos de Herodes, creció en un ambiente marcado por las luchas de poder, las intrigas políticas y el constante temor de su padre a perder el trono.
Poco antes de morir, Herodes el Grande modificó varias veces su testamento debido a las conspiraciones familiares. Finalmente, designó a Arquelao como heredero de la parte más importante del reino. Sin embargo, el nombramiento debía ser confirmado por el emperador romano Augusto. Mientras esperaba esa decisión, Arquelao comenzó a ejercer el poder en Judea.
Su primer acto como gobernante reveló el tipo de líder que sería. Durante la celebración de la Pascua en Jerusalén, una multitud solicitó la reducción de impuestos y el castigo de algunos funcionarios corruptos. En lugar de dialogar con el pueblo, Arquelao ordenó a sus soldados atacar a los manifestantes. Según el historiador judío Flavio Josefo, alrededor de tres mil personas murieron en aquella masacre dentro del área del Templo. Este hecho provocó un profundo temor entre la población y marcó el inicio de un gobierno caracterizado por la violencia.
Después de estos acontecimientos, Arquelao viajó a Roma para obtener la confirmación oficial de su autoridad. Allí enfrentó la oposición de diversas delegaciones judías que lo acusaban de crueldad y solicitaban que no fuera nombrado rey. El emperador Augusto decidió otorgarle el gobierno de Judea, Samaria e Idumea, pero no le concedió el título de rey. En su lugar recibió el cargo de etnarca, una categoría inferior que reflejaba la desconfianza que Roma tenía hacia él.
Fue precisamente durante este período cuando ocurrió el regreso de la Sagrada Familia desde Egipto. Después de la muerte de Herodes el Grande, un ángel apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel; porque han muerto los que procuraban la muerte del niño” (Mateo 2:20). José obedeció y emprendió el viaje de regreso.
Sin embargo, al acercarse a Judea, José recibió una noticia preocupante. Mateo escribe: “Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá” (Mateo 2:22). Este breve versículo refleja la terrible fama que Arquelao ya había adquirido. José comprendió que, aunque Herodes el Grande había muerto, el peligro no había desaparecido.
Dios confirmó esa preocupación mediante otra revelación. Mateo continúa diciendo: “Y avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea” (Mateo 2:22). En lugar de establecerse en Belén o en otra población de Judea, José llevó a su familia hasta Nazaret, en Galilea, territorio gobernado por Herodes Antipas. Aunque Antipas también llegaría a ser un gobernante problemático, en aquel momento ofrecía un entorno mucho más seguro que el dominio de Arquelao.
Este traslado tuvo una enorme importancia dentro del plan de Dios. Mateo explica que al establecerse en Nazaret se cumplía lo anunciado por los profetas: “que habría de ser llamado nazareno” (Mateo 2:23). Así, la crueldad de Arquelao terminó contribuyendo, sin proponérselo, al cumplimiento del propósito divino.
El gobierno de Arquelao nunca logró estabilizarse. Las constantes quejas de judíos y samaritanos llegaron finalmente hasta el emperador Augusto. Después de aproximadamente diez años de gobierno, en el año 6 d.C., Roma decidió destituirlo debido a su mala administración, su brutalidad y los continuos conflictos que provocaba entre la población.
Augusto ordenó que Arquelao fuera enviado al exilio en la ciudad de Vienne, en la Galia, territorio que hoy forma parte de Francia. Sus dominios dejaron de estar bajo el gobierno de un rey o etnarca y pasaron a ser administrados directamente por procuradores romanos. Entre esos procuradores se encontraría años más tarde Poncio Pilato, quien desempeñaría un papel central durante el juicio de Jesucristo.
Después de su destierro, Arquelao desaparece prácticamente de la historia. Las fuentes antiguas indican que murió en el exilio, lejos del poder que había heredado de su padre. Su caída demuestra cómo un gobierno basado en la violencia y la injusticia terminó perdiendo el respaldo tanto del pueblo como del Imperio Romano.
Desde una perspectiva histórica, Arquelao está ampliamente documentado por Flavio Josefo, quien describe con detalle su ascenso al poder, la matanza ocurrida durante la Pascua, su viaje a Roma, su administración y su destitución. Estos relatos coinciden plenamente con la breve referencia que encontramos en el Evangelio de Mateo, fortaleciendo la confiabilidad histórica del texto bíblico.
La arqueología también ha contribuido al conocimiento de su época. Las excavaciones realizadas en Jerusalén, Jericó, Samaria y otras ciudades de Judea han permitido reconstruir el ambiente político y social del período en que gobernó Arquelao. Asimismo, los restos de los palacios herodianos muestran el mundo de lujo y poder heredado por los hijos de Herodes el Grande.
La historia de Arquelao constituye una lección acerca de las consecuencias de ejercer la autoridad sin justicia ni compasión. Heredó uno de los territorios más importantes de Palestina, pero su crueldad y su incapacidad para gobernar terminaron costándole el trono y el exilio. Al mismo tiempo, su historia demuestra que los planes de Dios nunca pueden ser frustrados por los gobernantes humanos. Sin saberlo, Arquelao contribuyó a que Jesús creciera en Nazaret, preparando el escenario para el cumplimiento de las profecías mesiánicas.
Como hijo de Herodes el Grande, etnarca de Judea y gobernante cuya crueldad influyó en la infancia de Jesucristo, Arquelao ocupa un lugar importante dentro del contexto histórico del Nuevo Testamento. Aunque aparece solo una vez en la Biblia, su breve participación ayuda a comprender mejor las circunstancias políticas que rodearon los primeros años de la vida del Salvador.
Fuentes de información
La información histórica y bíblica sobre Arquelao procede principalmente de:
• El Evangelio de Mateo, especialmente Mateo 2:22-23.
• Las obras de Flavio Josefo, especialmente Antigüedades de los Judíos y La Guerra de los Judíos.
• Los escritos de historiadores romanos relacionados con el gobierno del emperador Augusto y la dinastía herodiana.
• Los comentarios de los Padres de la Iglesia, entre ellos Eusebio de Cesarea y Jerónimo.
• Estudios modernos sobre la dinastía herodiana, la administración romana de Judea y el contexto político de la infancia de Jesús.
• La evidencia arqueológica procedente de Jerusalén, Jericó, Samaria, los palacios herodianos y otros sitios relacionados con el gobierno de Arquelao y la transición hacia la administración romana directa.
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