01. En los días de Herodes

Dr. Elio M Rivera

«Hubo en los días de Herodes, rey de Judea…» — Lucas 1:5, RVR1960

 Lucas pudo haber comenzado simplemente presentando a Zacarías y Elisabet. Sin embargo, antes de hablar de ellos, dejó unas palabras que sitúan toda la historia dentro de un momento muy concreto: «en los días de Herodes». No era solamente una fecha en el calendario. Era la descripción del mundo en el que comenzaban a desarrollarse los acontecimientos que conducirían al nacimiento de Jesús.

 Judea tenía rey, pero no era completamente libre. Herodes gobernaba como monarca estrechamente ligado a Roma. Había recibido el título de rey con apoyo romano y, después de conquistar Jerusalén, consolidó su gobierno en el año 37 a. C. Durante décadas supo conservar el favor de quienes dominaban el Mediterráneo.

 Para una familia judía común, aquello significaba vivir en una tierra donde podían verse constantemente las huellas del poder. Había impuestos y tributos, fortalezas, funcionarios y enormes proyectos de construcción. Herodes disponía de considerables ingresos y emprendió obras monumentales en Jerusalén, Cesarea, Jericó, Herodión y otros lugares.

 Jerusalén misma mostraba aquella contradicción. Por un lado estaba el Templo, centro de la vida religiosa de Israel, cuya monumental reconstrucción Herodes había emprendido. Por otro, muy cerca se levantaba la fortaleza Antonia, una imponente estructura vinculada al poder político y militar. La grandeza arquitectónica y la presencia del poder convivían prácticamente una junto a la otra.

 Pero había algo que ningún edificio podía borrar.

 Israel seguía esperando.

 Habían pasado generaciones escuchando las palabras de los profetas. Las promesas hechas a Abraham, a David y a Israel continuaban formando parte de su historia. Mientras tanto, sobre el escenario aparecían y desaparecían gobernantes, ejércitos y potencias.

 Una familia común podía levantarse por la mañana y contemplar un mundo que parecía estar en manos de otros. Roma parecía decidir el destino de las naciones. Herodes parecía decidir el destino de Judea.

 Y precisamente allí comienza Lucas.

 No comienza diciendo que las condiciones habían mejorado.

 No dice que Roma había desaparecido.

 No dice que Herodes había dejado el trono.

 Dice sencillamente:

«Hubo en los días de Herodes…»

 ¿Como fue vivir en la época del rey Herodes el grande?

Y en esos días Dios comenzó a actuar.

Dios no esperó un mundo perfecto

 Hay algo profundamente revelador en esto. Dios no esperó hasta encontrar una generación sin conflictos, un gobierno justo o una sociedad preparada para recibirlo. Comenzó su obra en medio del mundo tal como era.

 Desde nuestra perspectiva humana quizá habríamos escogido otro momento. Habríamos esperado condiciones más seguras. Si tuviéramos que enviar a nuestro propio hijo a vivir a otro lugar, probablemente buscaríamos el barrio más tranquilo, la ciudad más segura y las mejores condiciones posibles.

 Pero el Padre envió a su Hijo a un mundo real.

 Un mundo donde existían ambición, injusticia, miedo y violencia.

 Eso no significa que Dios aprobara aquel mundo. Significa algo mucho más hermoso: su amor no necesitó que el mundo estuviera arreglado para acercarse a él.

 Y quizá aquí encontramos la primera enseñanza de esta serie.

 Muchas veces pensamos que Dios podrá hacer algo cuando nuestras circunstancias cambien: cuando termine el problema, cuando desaparezca la incertidumbre, cuando nuestra familia esté mejor, cuando tengamos más recursos o cuando finalmente podamos poner nuestra vida en orden.

 Pero Lucas comienza mostrándonos otra cosa.

 Dios sabe comenzar grandes historias en días difíciles.

 Tal vez nosotros también atravesemos nuestros propios «días de Herodes»: temporadas que no escogimos, circunstancias que no podemos controlar o decisiones de otros que afectan nuestra vida.

 Eso no significa que Dios haya abandonado el escenario.

 Mientras Herodes gobernaba Judea y Roma parecía gobernar el mundo, en una familia sacerdotal aparentemente insignificante Dios ya había comenzado a moverse.

 Los poderosos todavía no lo sabían.

 Jerusalén todavía no lo sabía.

 Herodes tampoco lo sabía.

 Pero Dios ya estaba actuando.

Referencias bíblicas

Lucas 1:5; Génesis 12:1–3; 2 Samuel 7:12–16; Isaías 9:6–7; Miqueas 5:2.

Referencias históricas

Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, libros XIV–XVII; La guerra de los judíos, libro I. Principal fuente antigua para el reinado de Herodes.

Encyclopaedia Britannica, “Herod, king of Judaea”. Herodes gobernó Judea con respaldo romano y consolidó su reinado en 37 a. C.

The British Museum, “Herod the Great”. Síntesis histórica de su nombramiento por el Senado romano y de la dinastía herodiana.

Flavio Josefo, Antigüedades 15.380–425, aproximadamente, para las grandes obras de Herodes y la reconstrucción del complejo del Templo.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.