Dr. Elio M Rivera
Texto clave: Lucas 1:26-29
«Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.»
Lucas 1:26-27, RVR1960
Durante siglos, los profetas habían hablado acerca de alguien que vendría. Habían anunciado su descendencia, su reino y algunas circunstancias extraordinarias relacionadas con su nacimiento. Pero ninguno de ellos había identificado a la mujer que recibiría el anuncio ni el momento preciso en que comenzaría a cumplirse.
Ahora Lucas nos presenta una fecha relativa, un mensajero celestial, una población y una joven con nombre propio.
La profecía comienza a convertirse en acontecimientos concretos.

Al sexto mes el ángel Gabriel llego a Nazaret con un mensaje
Lucas comienza con una expresión que merece nuestra atención:
«Al sexto mes…»
¿Al sexto mes de qué?
Para comprenderlo debemos regresar brevemente a los acontecimientos anteriores.
El sacerdote Zacarías había recibido la visita del ángel Gabriel mientras ministraba en el templo de Jerusalén. El ángel le anunció que su esposa Elisabet, a pesar de su avanzada edad y de haber sido estéril, tendría un hijo.
Aquel niño se llamaría Juan.
Gabriel había declarado que sería grande delante de Dios, que sería lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre y que prepararía para el Señor un pueblo bien dispuesto.
Zacarías había dudado del anuncio, y el ángel le había respondido:
«Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas.»
Lucas 1:19, RVR1960
El embarazo de Elisabet comenzó después de aquellos acontecimientos.
Y cuando llegó el sexto mes de su embarazo, Gabriel recibió otra misión.
Esta vez no sería enviado al templo.
No hablaría con un sacerdote mientras ofrecía incienso.
Su destino sería una población de Galilea.
Nazaret.
El mismo mensajero, dos anuncios diferentes
Hay algo particularmente interesante en la manera en que Lucas organiza estos acontecimientos.
El mismo ángel aparece en las dos historias.
Primero anuncia el nacimiento de Juan.
Después anuncia el nacimiento de Jesús.
Pero las circunstancias son muy diferentes.
Zacarías era sacerdote.
María era una joven desposada.
Zacarías recibió el anuncio en el templo de Jerusalén.
María lo recibió en Nazaret.
El nacimiento de Juan resolvería una esterilidad prolongada.
El anuncio a María plantearía algo completamente distinto: la concepción de un hijo siendo ella virgen.
En ambos casos, Gabriel era portador de una noticia procedente de Dios.
Sin embargo, el segundo anuncio tendría una importancia incomparablemente mayor.
El primero preparaba el camino.
El segundo anunciaría a Aquel para quien el camino estaba siendo preparado.
¿Por qué Nazaret?
Lucas identifica cuidadosamente el lugar:
«Una ciudad de Galilea, llamada Nazaret.»
Nazaret no era Jerusalén.
No era la sede del sacerdocio.
No era el centro del gobierno romano.
Tampoco era Belén, la población mencionada por Miqueas.
Era una localidad de Galilea, alejada de los principales centros religiosos y políticos de Judea.
El Evangelio no nos dice por qué María vivía precisamente allí ni por qué Dios escogió aquel lugar para comunicarle el anuncio.
Pero sí nos permite observar algo significativo: el acontecimiento más importante de aquella etapa no comenzó delante de una multitud.
No hubo una convocatoria pública.
No se reunieron las autoridades religiosas.
No se consultó al gobernador.
Gabriel fue enviado a hablar con una sola persona.
Una joven que vivía en Nazaret.
El contraste con el anuncio anterior es notable. En Jerusalén, Zacarías había recibido una noticia extraordinaria dentro del templo, mientras el pueblo permanecía afuera esperando.
En Nazaret, Lucas no menciona ceremonia alguna.
Solamente nos dice que Gabriel llegó hasta María.
Una virgen desposada
Lucas continúa:
«…a una virgen desposada con un varón que se llamaba José…»
Esta información es fundamental para comprender la situación de María.
Estaba desposada.
En la sociedad judía de aquella época, el desposorio representaba un compromiso matrimonial formal y jurídicamente vinculante. No era simplemente un noviazgo como lo entendemos actualmente.
Sin embargo, María y José todavía no habían comenzado su convivencia matrimonial.
Mateo confirma esta circunstancia cuando explica que el embarazo de María ocurrió antes de que se juntasen.
Por eso Lucas destaca que era virgen.
No es una descripción incidental.
Es una circunstancia que dará sentido a la pregunta que María hará posteriormente:
«¿Cómo será esto? pues no conozco varón.»
Pero antes de llegar a esa pregunta debemos detenernos en la situación humana de aquella joven.
María tenía una vida por delante.
Estaba comprometida para casarse.
Seguramente existían expectativas familiares y sociales alrededor de su futuro matrimonio, aunque Lucas no describe cuáles eran sus planes personales.
La llegada de Gabriel introduciría una noticia que transformaría profundamente su vida.
Y todavía no sabía lo que estaba a punto de escuchar.
José, de la casa de David
Lucas no menciona a José solamente para identificar al hombre con quien María estaba desposada.
Añade una información:
«De la casa de David.»
José pertenecía al linaje davídico.
Este dato será importante cuando Gabriel anuncie que el niño recibirá el trono de David.
También tendrá consecuencias cuando, tiempo después, un decreto de Augusto César obligue a José a viajar a Belén, precisamente por pertenecer a aquella familia.
Pero Lucas todavía no nos lleva hasta ese momento.
Por ahora solamente nos presenta a un hombre llamado José, vinculado a la casa de David, y a una joven llamada María.
Dos personas reales, con una situación matrimonial concreta, viviendo en un lugar determinado.
La narración ha dejado atrás las declaraciones generales acerca del futuro.
Ahora comienza a mostrarnos a las personas que participarán directamente en aquellos acontecimientos.
Y el nombre de la virgen era María
Lucas termina su presentación con una frase sencilla:
«Y el nombre de la virgen era María.»
No nos proporciona su edad.
No describe su apariencia física.
No menciona su estatura ni sus rasgos.
Tampoco nos cuenta cómo transcurría su jornada antes de la llegada del ángel.
Sería fácil imaginarla realizando alguna tarea doméstica, pero la Escritura guarda silencio sobre esos detalles.
Lo que sí sabemos es que Gabriel llegó hasta ella con un mensaje que cambiaría su vida.
Hasta aquel momento, María no había recibido la explicación de lo que Dios haría por medio de ella.
Y es importante recordar que no estaba esperando convertirse en la madre del Mesías porque ya conociera anticipadamente los acontecimientos.
El relato presenta el anuncio como una revelación que recibe y ante la cual debe responder.
¡Salve, muy favorecida!
Lucas continúa:
«Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.»
Lucas 1:28, RVR1960
Las primeras palabras de Gabriel no mencionaron un embarazo.
No anunciaron inmediatamente el nombre de Jesús.
Tampoco comenzaron explicando la concepción sobrenatural.
El ángel saludó a María y le comunicó que había sido favorecida.
«El Señor es contigo.»
Aquella declaración debió resultar extraordinaria.
María no había solicitado una audiencia con un mensajero celestial.
No había acudido al templo buscando una revelación.
Gabriel había sido enviado directamente hasta donde ella estaba.
Y comenzó hablándole del favor de Dios.
La expresión «muy favorecida» señala que María había recibido gracia de parte de Dios. No significa que ella fuera la fuente de esa gracia, sino que había sido objeto de su favor.
Había sido escogida para participar en un acontecimiento único.
Pero todavía no conocía su contenido.
María se turbó
La reacción de María es una de las partes más humanas del relato.
«Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.»
Lucas 1:29, RVR1960
María se turbó.
Lucas destaca especialmente sus palabras.
El saludo la desconcertó.
¿Qué significaba ser tan favorecida?
¿Por qué aquel mensajero le hablaba de esa manera?
¿Qué estaba por suceder?
La Escritura dice que pensaba qué salutación sería esta.
Esto nos muestra a una joven tratando de comprender lo que estaba escuchando.
No respondió con una explicación inmediata.
No afirmó conocer el significado de aquellas palabras.
Se detuvo a pensar.
Y precisamente aquí encontramos un detalle precioso: María todavía no sabía lo que Gabriel iba a anunciarle.
El lector del Evangelio puede conocer el resto de la historia, pero María estaba viviendo aquel momento por primera vez.
No sabía que escucharía el nombre Jesús.
No sabía que Gabriel hablaría del trono de David.
No sabía que le anunciaría un reino sin fin.
No sabía que tendría que preguntar cómo podría concebir siendo virgen.
Todo aquello estaba por venir.
El anuncio estaba a punto de comenzar
Gabriel había llegado.
María había escuchado el saludo.
Y ahora esperaba comprender su significado.
En Jerusalén, Zacarías había recibido la noticia de que su esposa Elisabet tendría un hijo destinado a preparar el camino del Señor.
Seis meses después, en Nazaret, Gabriel se encontraba delante de María.
Los dos anuncios estaban relacionados, pero todavía faltaba revelar la identidad del segundo niño.
Hasta este momento, Gabriel solamente había pronunciado un saludo.
María estaba turbada.
El ángel tenía mucho más que decirle.
Y las siguientes palabras revelarían algo que cambiaría para siempre su comprensión de lo que estaba ocurriendo.
Primero le diría:
«María, no temas…»
Y después pronunciaría el nombre del hijo que habría de concebir:
JESÚS.
Pero Gabriel no se detendría en su nombre.
Le explicaría quién sería aquel niño.
Y lo que estaba a punto de anunciar era extraordinario:
«Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo…»
La anunciación apenas comenzaba.
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