Dr. Elio M Rivera
Entre las personas que acompañaron a Jesucristo durante su ministerio encontramos a una mujer cuya presencia plantea una pregunta histórica fascinante.
Su nombre era Juana.
No era una mujer desconocida para los círculos del poder. Su esposo ocupaba un puesto importante al servicio de Herodes Antipas, el gobernante de Galilea.
Y, sin embargo, Juana decidió apoyar a Jesús de Nazaret.
Lucas escribió:
«Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes» (Lucas 8:3, RVR1960).

Representación artística de una conversación entre Juana la mujer de Chuza y Jesús en Seforís
¿Cómo llegó una mujer relacionada con la administración de Herodes a convertirse en seguidora de un carpintero de Nazaret?
¿Dónde pudieron conocerse?
Y, sobre todo, ¿podría Séforis tener alguna relación con aquel encuentro?
Chuza, un hombre al servicio de Herodes
Herodes Antipas gobernaba Galilea y Perea como tetrarca, bajo la autoridad del emperador romano.
Su administración necesitaba funcionarios, encargados de propiedades, responsables de suministros y hombres de confianza que atendieran los asuntos del gobernante.
Uno de ellos era Chuza.
Lucas lo identifica con una palabra griega que designaba a un administrador o encargado de los asuntos de otra persona.
No conocemos sus responsabilidades exactas.
Pudo haber administrado propiedades, recursos económicos o determinados asuntos domésticos de Herodes.
Pero su posición lo vinculaba directamente con el entorno del tetrarca.
Y su esposa, Juana, pertenecía a aquel ambiente social.
No sabemos cuánto tiempo vivieron en Galilea ni dónde estaba establecida su residencia.
Sin embargo, durante los primeros años del gobierno de Antipas, Séforis fue uno de sus principales centros administrativos.
Por tanto, es razonable preguntarnos si Chuza pudo haber desempeñado allí alguna parte de sus responsabilidades.
Una mujer que difícilmente habría necesitado visitar Nazaret
Nazaret era una aldea pequeña, sin la importancia política y administrativa de Séforis.
No tenemos motivos para suponer que Juana visitara regularmente aquella población.
Si su familia estaba relacionada con la administración de Herodes, resulta más natural imaginar sus actividades vinculadas con centros donde se concentraban funcionarios, propiedades y negocios del gobierno.
Séforis era uno de esos lugares.
Y se encontraba aproximadamente a seis o siete kilómetros de Nazaret.
Esta cercanía introduce una posibilidad interesante.
¿Y si Jesús conoció a Juana antes de comenzar su ministerio público?
Los Evangelios no indican cuándo se encontraron por primera vez.
Tampoco explican cómo una mujer del entorno de Herodes llegó a conocerlo.
Pero sabemos que Jesús había trabajado como tekton, y que Séforis era una ciudad donde existían oportunidades para los artesanos de la construcción.
Aquellas circunstancias permiten plantear una hipótesis.
¿Pudo Jesús trabajar para la familia de Chuza?
Imaginemos por un momento la actividad cotidiana de Séforis.
Funcionarios que necesitaban mantener sus residencias.
Propietarios que encargaban reparaciones.
Administradores que contrataban trabajadores para construir habitaciones, puertas, techumbres o instalaciones de almacenamiento.
En aquel ambiente, un artesano procedente de Nazaret podía encontrar oportunidades de trabajo.
Si José y Jesús acudían a Séforis, pudieron recibir encargos de personas relacionadas con la administración herodiana.
¿Pudo Chuza haber contratado a Jesús para alguna reparación o construcción?
¿Pudo Juana haber conocido al joven artesano mientras trabajaba en una propiedad familiar?
¿Pudo aquel primer contacto convertirse, años después, en una relación diferente cuando Jesús comenzó a predicar?
Es una hipótesis, no un acontecimiento documentado.
No conocemos ninguna propiedad de Chuza en Séforis, ni existe un registro que relacione a Jesús con trabajos realizados para su familia.
Pero la posibilidad merece considerarse porque reúne circunstancias históricas reales: la cercanía de Nazaret, la actividad de Séforis, el oficio de Jesús y la posición administrativa de Chuza.
Además, ofrece una posible explicación de cómo pudieron entrar en contacto personas pertenecientes a ambientes sociales tan diferentes.
Juana comenzó a seguir a Jesús
Lucas presenta a Juana entre las mujeres que acompañaban a Jesús y a sus discípulos.
El evangelista explica que varias de aquellas mujeres habían sido sanadas de enfermedades y liberadas de espíritus malos.
No especifica qué experiencia personal había tenido Juana.
Pero sí nos dice algo importante: ella participaba en el sostenimiento material del ministerio.
«Y otras muchas que le servían de sus bienes» (Lucas 8:3, RVR1960).
Aquellas mujeres contribuían con sus recursos para atender las necesidades del grupo.
Esto resulta significativo.
Jesús y sus discípulos recorrían ciudades y aldeas. Necesitaban alimentos, alojamiento y otros recursos durante sus viajes.
La ayuda de personas que disponían de medios económicos permitía sostener parte de aquellas actividades.
Juana aparece entre esas colaboradoras.
Su presencia también revela que el mensaje de Jesús había alcanzado a personas vinculadas con círculos sociales acomodados y con la propia administración de Herodes.
Una relación sorprendente con la casa del tetrarca
La conexión adquiere mayor interés cuando recordamos la actitud de Herodes Antipas hacia Jesús.
Lucas relata que el tetrarca escuchó noticias acerca de sus obras y quedó perplejo.
«Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste, de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle» (Lucas 9:9, RVR1960).
Herodes había ordenado la muerte de Juan el Bautista.
Ahora escuchaba hablar de otro predicador que atraía multitudes.
Mientras tanto, la esposa de uno de sus administradores se encontraba entre las personas que apoyaban a Jesús.
No sabemos si Chuza compartía la fe de Juana, si conocía personalmente a Jesús o qué pensaba Herodes acerca de aquella relación.
Lucas no proporciona esos detalles.
Pero el contraste histórico es notable.
Dentro del entorno administrativo del gobernante de Galilea existía una familia vinculada directamente con el movimiento de Jesús.
Esto demuestra que las relaciones sociales del ministerio de Jesucristo no estuvieron limitadas a pescadores, campesinos y trabajadores humildes.
Juana permaneció hasta el final
La historia de Juana no termina durante los recorridos de Jesús por Galilea.
Lucas vuelve a mencionarla después de la crucifixión.
Cuando las mujeres acudieron al sepulcro y encontraron que el cuerpo de Jesús no estaba allí, regresaron para comunicar lo sucedido a los apóstoles.
El evangelista escribió:
«Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles» (Lucas 24:10, RVR1960).
Juana había permanecido vinculada a Jesús hasta aquellos acontecimientos decisivos.
La mujer relacionada con la administración de Herodes aparece ahora entre las primeras testigos que anunciaron a los discípulos lo sucedido en el sepulcro.
Su participación no fue una relación pasajera.
Lucas la menciona tanto durante el ministerio de Jesús como después de su muerte.
Una posibilidad que nos lleva nuevamente a Séforis
La historia de Juana nos permite formular una pregunta distinta de las que hemos considerado en los capítulos anteriores.
Hasta ahora hemos examinado si Jesús pudo conocer en Séforis determinadas actividades laborales, construcciones y circunstancias económicas.
Pero también debemos considerar a las personas.
Una ciudad administrativa reunía funcionarios, familias acomodadas, comerciantes, trabajadores y artesanos.
Entre ellos podían establecerse relaciones que continuaran muchos años después.
Si Jesús trabajó en Séforis, es posible que allí conociera a personas que posteriormente volvieron a encontrarse con Él durante su ministerio.
Juana representa una posibilidad especialmente sugestiva.
Su esposo pertenecía al entorno de Herodes Antipas.
Ella llegó a conocer a Jesús, lo siguió y contribuyó con sus bienes.
Y permaneció entre sus seguidores hasta los acontecimientos de Jerusalén.
No podemos demostrar que aquel primer encuentro ocurriera en Séforis ni que Jesús realizara trabajos para su familia.
Pero tampoco debemos pasar por alto la proximidad geográfica y social que hace posible esa reconstrucción.
Quizá, antes de escuchar al Maestro que anunciaba el reino de Dios, Juana había conocido al artesano de Nazaret.
No lo sabemos.
Pero es una posibilidad que nos invita a contemplar los años de trabajo de Jesús desde una perspectiva diferente.
Porque en aquellos años no solamente pudo haber construido edificios.
También pudo haber conocido a personas que, tiempo después, formarían parte de su historia.
Y el verbo se hizo carne y habito entre nosotros (Juan 1: 14)
Y el verbo se hizo carne y se relaciono con personas fuera de sus creencias y de su pueblo.
Libro recomendado

