01. Séforis: la ciudad que estaba creciendo a las puertas de Nazaret

Dr. Elio M Rivera

El tekton de Nazaret — Las manos que construían Galilea

  A pocos kilómetros de Nazaret, sobre una elevación que dominaba buena parte de la Baja Galilea, se encontraba una ciudad que habría de desempeñar un papel importante durante los años de la infancia y juventud de Jesús.

  Su nombre era Séforis.

  Los Evangelios nunca la mencionan.

  Sin embargo, durante aquellos años, Séforis estaba experimentando una transformación que difícilmente habría pasado inadvertida para las pequeñas comunidades de sus alrededores.

  Había sido escenario de conflictos políticos y militares. Había sufrido la violencia de Roma. Y ahora un hijo de Herodes el Grande había decidido convertirla en un importante centro de su gobierno.

  Se levantaban defensas. Se reparaban estructuras. La ciudad necesitaba recuperar su actividad.

  Y toda construcción necesitaba trabajadores.

  A unos seis o siete kilómetros de distancia, en Nazaret, vivían José y Jesús.

  Los Evangelios identifican a ambos con el oficio de tekton, el trabajo de un artesano constructor.

  ¿Qué significaba para dos trabajadores vivir tan cerca de una ciudad que estaba siendo reconstruida?

  Para responder, primero necesitamos conocer Séforis.

La ciudad que Flavio Josefo consideró una de las más importantes de Galilea

  Séforis, conocida posteriormente también como Zippori, se levantaba sobre una colina desde la que podían contemplarse los valles y las tierras agrícolas de la región.

  Su posición era una de sus grandes ventajas.

  Desde sus alturas se dominaban caminos, poblaciones y extensiones cultivadas. No era un asentamiento escondido entre montañas, sino un lugar visible y estratégicamente situado.

  La colina principal alcanza aproximadamente doscientos ochenta y nueve metros sobre el nivel del mar.

  Aquella posición proporcionaba ventajas para la vigilancia, la defensa y la comunicación con otras regiones de Galilea.

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  El historiador judío Flavio Josefo, que conoció personalmente Galilea durante el siglo primero, dejó referencias especialmente importantes sobre esta ciudad.

  En Antigüedades de los judíos (XVIII, 27), al describir las obras de Herodes Antipas, presenta a Séforis como una ciudad fortificada y un centro principal de Galilea.

  Una expresión asociada con esa descripción ha sido traducida como:

  «El ornamento de toda Galilea».

  No era una expresión insignificante.

  Séforis destacaba por su importancia política, su emplazamiento y el desarrollo que había recibido bajo el gobierno herodiano.

  En La guerra de los judíos (II, 511), Josefo también la presenta como una de las posiciones más fuertes de Galilea.

  Estas descripciones proceden de acontecimientos y circunstancias que abarcan distintas etapas del siglo primero, pero confirman que Séforis llegó a ocupar un lugar destacado en la región.

  Y había una razón histórica para ello.

Una ciudad que ya era importante antes de Herodes Antipas

  Séforis no nació durante la infancia de Jesús.

  Su historia era considerablemente más antigua.

  Durante el período asmoneo ya existía como una población de importancia regional. Posteriormente, cuando Roma reorganizó los territorios judíos, Séforis llegó a convertirse en sede de uno de los consejos administrativos establecidos en la región.

  En el año cincuenta y siete antes de Cristo, Aulo Gabinio, representante del poder romano en Siria, reorganizó la administración de Judea y sus territorios. Séforis figuró entre los centros escogidos para aquella estructura política.

  Esto significa que, varias generaciones antes de Jesús, la ciudad ya había adquirido relevancia administrativa.

  Más adelante, durante las luchas por el control de Judea, Herodes el Grande ocupó Séforis.

  Josefo relata que la ciudad pasó a sus manos durante los enfrentamientos contra las fuerzas vinculadas con Antígono.

  De esta manera, Séforis quedó integrada en el territorio controlado por la dinastía herodiana.

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  Pero los acontecimientos más dramáticos todavía estaban por llegar.

El año en que Séforis sufrió la violencia de Roma

  En el año cuatro antes de Cristo murió Herodes el Grande.

  Su muerte provocó una profunda crisis política.

  En diferentes regiones comenzaron disturbios, rebeliones y movimientos de resistencia contra el poder herodiano y romano.

  Séforis fue uno de los lugares donde estalló la violencia.

  Flavio Josefo menciona a Judas, hijo de Ezequías, quien encabezó un movimiento rebelde y consiguió apoderarse de armas procedentes del arsenal real.

  La respuesta romana fue severa.

  Publio Quintilio Varo, gobernador de Siria, intervino militarmente para sofocar las rebeliones.

  Según el relato de Josefo, Séforis fue incendiada y muchos de sus habitantes fueron vendidos como esclavos.

  Aquello habría significado familias destruidas, hogares abandonados, propiedades perdidas y una población profundamente afectada.

  La arqueología no ha confirmado de manera concluyente una destrucción generalizada de toda la ciudad en ese momento, por lo que debemos distinguir entre el relato de Josefo y las evidencias materiales conservadas.

  Sin embargo, lo que no está en discusión es que Séforis atravesó una crisis importante al morir Herodes el Grande.

  Y fue precisamente después de aquellos acontecimientos cuando apareció el gobernante que transformaría su destino.

Herodes Antipas decide convertirla en su capital

  Después de la muerte de Herodes el Grande, Augusto confirmó una división de sus territorios entre varios de sus hijos.

  Herodes Antipas recibió Galilea y Perea.

  No recibió el título de rey, sino el de tetrarca, aunque los Evangelios también lo llaman rey en determinados contextos.

  Antipas necesitaba un centro desde el cual administrar sus dominios galileos.

  Y escogió Séforis.

  La decisión tenía sentido.

  La ciudad poseía antecedentes administrativos, ocupaba una posición estratégica y se encontraba en una región poblada por numerosas aldeas agrícolas.

  Además, reconstruirla ofrecía al nuevo gobernante una oportunidad para demostrar su autoridad y consolidar su presencia política.

  Séforis se convirtió en uno de los principales proyectos de Herodes Antipas.

  Josefo afirma expresamente que Antipas levantó una muralla alrededor de la ciudad y la convirtió en un centro principal de Galilea (Antigüedades, XVIII, 27).

  Los estudios históricos sitúan este desarrollo en los primeros años de su gobierno, precisamente durante la etapa en que Jesús crecía en Nazaret.

  Y aquí encontramos una coincidencia histórica especialmente importante para nuestra investigación.

  Mientras Jesús vivía sus primeros años en Nazaret, una ciudad cercana estaba recibiendo inversiones, fortificaciones y actividad constructiva.

  Una ciudad que necesitaba edificios también necesitaba hombres capaces de construirlos.

Las murallas y la ciudad que estaba renaciendo

  Una muralla no era una obra sencilla.

  Su construcción requería planificación, materiales, transporte y numerosos trabajadores.

  Había que preparar el terreno, obtener piedras, trasladarlas, colocarlas y asegurar que las estructuras resistieran su propio peso y las exigencias de la defensa.

  Los albañiles necesitaban ayudantes.

  Los constructores necesitaban herramientas.

  Los carpinteros podían intervenir en la preparación de puertas, vigas, andamios, soportes y otros elementos necesarios para las obras.

  Y alrededor de una construcción importante también trabajaban transportistas, vendedores de alimentos y proveedores de materiales.

  No debemos imaginar necesariamente que toda Séforis fue levantada simultáneamente, ni que conocemos el número de obreros empleados por Antipas.

  Pero una cosa resulta evidente: la fortificación y recuperación de una ciudad exigían conocimientos técnicos y trabajo humano.

  El testimonio de Josefo sobre la muralla es particularmente valioso porque no depende de una reconstrucción moderna.

  Es una referencia antigua a una obra realizada por orden del propio gobernante.

  Y esa obra se desarrolló a pocos kilómetros de Nazaret.

¿Cuántas personas vivían en Séforis?

  Esta pregunta resulta importante porque con frecuencia se presenta a Séforis como una metrópoli inmensa.

  No lo era.

  Era una ciudad importante dentro del contexto de Galilea, pero sus dimensiones deben comprenderse en relación con las poblaciones de aquella región.

  Durante años se propusieron estimaciones de entre ocho mil y doce mil habitantes para la ciudad antigua.

  Sin embargo, investigaciones demográficas más recientes han cuestionado esas cifras.

  Nathan Schumer, en un estudio publicado en 2017 en el Journal of Ancient Judaism, calculó que durante el período romano temprano Séforis pudo tener aproximadamente entre dos mil y cuatro mil trescientos habitantes.

  Pero incluso una población de algunos miles de personas podía representar un centro urbano importante frente a las pequeñas aldeas agrícolas de Galilea.

  Y la importancia de una ciudad no dependía exclusivamente del número de sus habitantes.

  Séforis tenía funciones políticas, administrativas y defensivas que la distinguían de las comunidades de sus alrededores.

  Allí podían concentrarse autoridades, funcionarios, comerciantes, artesanos y personas relacionadas con las necesidades del gobierno.

  Para un trabajador de una aldea cercana, aquella concentración de actividad podía representar oportunidades que difícilmente encontraría en su propio pueblo.

Una ciudad hermosa, pero ¿cómo era en tiempos de Jesús?

  Quienes han visitado las ruinas de Séforis conocen algunos de sus elementos más impresionantes.

  Sus calles antiguas, los restos de edificios, el teatro y los extraordinarios mosaicos permiten imaginar una ciudad de notable riqueza cultural.

  Uno de sus hallazgos más famosos es el mosaico conocido popularmente como la Mona Lisa de Galilea, por la delicadeza del rostro femenino representado.

  También se han descubierto residencias decoradas, edificios públicos y una importante red de calles.

  Sin embargo, debemos hacer una distinción fundamental.

  No todo lo que hoy contemplamos en Séforis existía cuando Jesús era joven.

  Algunas de sus construcciones más monumentales y sus mosaicos más célebres pertenecen a los siglos posteriores.

  Las investigaciones arqueológicas dirigidas por Zeev Weiss muestran que la ciudad experimentó una transformación urbana especialmente importante después de la gran rebelión judía contra Roma, ocurrida entre los años sesenta y seis y setenta después de Cristo.

  Durante esa etapa posterior se desarrollaron calles monumentales y edificios que no deben atribuirse automáticamente a los años de Jesús.

  Esto no contradice la descripción de Josefo sobre la importancia de Séforis.

  Significa que debemos distinguir entre la ciudad fortificada y administrativa de Herodes Antipas y la ciudad monumental que se desarrolló posteriormente.

  En tiempos de Jesús, Séforis ya era importante.

  Pero todavía no tenía necesariamente toda la apariencia que alcanzaría en los siglos siguientes.

Una ciudad judía bajo un gobernante aliado de Roma

  Hay otro detalle que debemos comprender.

  Séforis no era simplemente una ciudad romana habitada por extranjeros.

  Una parte importante de su población era judía.

  Las excavaciones han descubierto numerosos baños rituales, conocidos como mikvaot, relacionados con las prácticas de pureza del judaísmo.

  Estos hallazgos ayudan a comprender que la identidad religiosa judía tenía una presencia significativa en la ciudad durante el período romano temprano.

  Por tanto, un trabajador procedente de Nazaret no necesariamente entraba en un mundo completamente extraño a sus costumbres.

  Podía encontrarse con otros judíos, escuchar conversaciones sobre la Ley, conocer comerciantes que guardaban el sábado y relacionarse con familias que compartían muchas de sus tradiciones.

  Al mismo tiempo, Séforis estaba vinculada con el gobierno de un tetrarca que debía su autoridad al emperador romano.

  Era una sociedad donde convivían las tradiciones judías, los intereses políticos de la dinastía herodiana y distintas influencias del mundo grecorromano.

  Y esa combinación resulta especialmente interesante cuando intentamos comprender el ambiente social de Galilea.

Los caminos que comunicaban Séforis con Nazaret

  La distancia entre ambas poblaciones constituye uno de los elementos más importantes de nuestra investigación.

  Nazaret se encontraba aproximadamente a seis o siete kilómetros de Séforis, dependiendo de los puntos de partida y llegada y del camino utilizado.

  No era una distancia insignificante para alguien que debía recorrerla a pie.

  Pero tampoco era una distancia extraordinaria para los habitantes del mundo antiguo.

  Un hombre acostumbrado a caminar podía recorrerla en un tiempo razonable, aunque la pendiente, el terreno, las condiciones meteorológicas y las herramientas que transportara podían hacer más difícil el trayecto.

  Los trabajadores no contaban con automóviles.

  Muchos dependían de sus propias piernas.

  Caminar formaba parte de la vida cotidiana.

  Y cuando las oportunidades laborales se encontraban fuera de la aldea, trasladarse hasta ellas podía ser una necesidad.

  Pensemos en un artesano que vive en una comunidad pequeña.

  En su pueblo puede reparar una puerta, colocar una viga, fabricar un utensilio o participar en la construcción de una vivienda.

  Pero esas oportunidades no necesariamente aparecen todos los días.

  En cambio, una ciudad donde se están realizando obras importantes puede necesitar trabajadores durante períodos prolongados.

  La diferencia entre una aldea y una ciudad en crecimiento podía ser también la diferencia entre encontrar trabajo y regresar a casa sin salario.

Cuando una ciudad necesita trabajadores

  Imaginemos por un momento a un constructor de alguna pequeña población de Galilea.

  Tiene esposa e hijos.

  Necesita comprar alimentos.

  Sus herramientas representan una parte importante de su patrimonio.

  En su aldea no siempre hay trabajo suficiente.

  Pero sabe que en Séforis se están realizando construcciones.

  Allí podrían necesitar a un hombre con sus habilidades.

  ¿Qué haría?

  Probablemente consideraría la posibilidad de buscar trabajo en aquella ciudad.

  No sería una decisión extraordinaria.

  Sería una respuesta comprensible a las necesidades de su familia.

  Esta escena es una reconstrucción de las circunstancias laborales de la época, no el relato de una persona documentada.

  Pero nos ayuda a comprender una realidad económica que sigue existiendo.

  En Ciudad Acuña, por ejemplo, muchas personas conocen el movimiento de trabajadores entre las comunidades pequeñas y los centros donde se concentran las oportunidades de empleo.

  Los habitantes de las rancherías y poblaciones cercanas pueden trasladarse hacia una ciudad donde existen fábricas, comercios y construcciones.

  El trabajo atrae a los trabajadores.

  Y ese principio no nació con la industria moderna.

  Las ciudades antiguas también dependían de las manos de los hombres que vivían dentro y fuera de sus límites.

Mientras Séforis crecía, Jesús crecía en Nazaret

  Aquí llegamos al punto que más nos interesa.

  Los Evangelios nos dicen que José ejercía un oficio relacionado con la construcción.

  Cuando Jesús comenzó a enseñar en Nazaret, sus habitantes preguntaron:

  «¿No es éste el hijo del carpintero?» (Mateo 13:55, RVR1960).

  Y Marcos conserva una identificación todavía más directa:

  «¿No es éste el carpintero, hijo de María…?» (Marcos 6:3, RVR1960).

  Jesús no solamente era conocido como hijo de un artesano.

  Él mismo era identificado por su oficio.

  Eso significa que, antes de su ministerio público, había vivido una etapa de trabajo manual suficientemente conocida por sus vecinos como para que lo llamaran carpintero.

  Y durante aquellos años, Séforis estaba cerca.

  Una ciudad que había sido escogida como centro administrativo.

  Una ciudad que había recibido fortificaciones.

  Una ciudad donde las construcciones requerían trabajadores.

  No tenemos una lista de jornaleros donde aparezcan los nombres de José y Jesús.

  Pero sí tenemos una coincidencia histórica notable: un artesano y su hijo vivían cerca de una ciudad donde se realizaban precisamente las clases de obras para las que un artesano constructor podía ser contratado.

  La posibilidad de que buscaran trabajo allí no surge de una leyenda.

  Surge de considerar conjuntamente la geografía, la economía, el oficio y la historia de Galilea.

Cuando Séforis dejó de ser la capital

  La importancia de Séforis durante el gobierno de Antipas no permaneció inalterada.

  Alrededor de los años diecinueve o veinte después de Cristo, Herodes Antipas fundó Tiberias, junto al mar de Galilea.

  La nueva ciudad, llamada así en honor del emperador Tiberio, se convirtió en el principal centro de su gobierno.

  Séforis perdió entonces su condición de capital, aunque continuó siendo una población importante.

  Este cambio también resulta interesante para nuestra investigación.

  Si José y Jesús buscaron trabajo en Séforis, la etapa de mayor actividad vinculada con su reconstrucción habría coincidido especialmente con los primeros años del gobierno de Antipas.

  Y si posteriormente las oportunidades se desplazaron hacia otras ciudades, los trabajadores de Galilea también habrían tenido que adaptarse a las nuevas circunstancias económicas.

  El trabajo no siempre permanecía en el mismo lugar.

  Las ciudades crecían.

  Los proyectos terminaban.

  Los gobernantes cambiaban sus prioridades.

  Y los trabajadores debían seguir buscando la manera de ganarse la vida.

A las puertas de una ciudad, una pregunta sobre Jesús

  Hemos conocido una ciudad que existía antes del nacimiento de Jesús, que sufrió una crisis después de la muerte de Herodes el Grande y que fue fortalecida por Herodes Antipas.

  Sabemos que ocupaba una posición estratégica.

  Sabemos que llegó a ser un centro importante de Galilea.

  Sabemos que su reconstrucción y sus fortificaciones exigieron trabajo humano.

  Y sabemos que estaba a poca distancia de Nazaret.

  Pero nuestro interés no termina en las murallas de Séforis.

  Porque mientras aquella ciudad se desarrollaba, en una pequeña aldea cercana crecía un niño llamado Jesús.

  Lucas escribió:

  «Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2:52, RVR1960).

  Aquel crecimiento ocurrió dentro de una vida humana verdadera.

  Jesús conoció un hogar, una comunidad y un oficio.

  Y cuando contemplamos la actividad constructiva de Séforis, surge inevitablemente la pregunta que nos acompañará en el siguiente capítulo:

  ¿Habrían permanecido José y Jesús trabajando solamente en Nazaret cuando, a unos pocos kilómetros, una ciudad importante necesitaba constructores?

  No necesitamos apresurarnos a responder.

  Primero debemos comprender cómo trabajaban los artesanos de Galilea, dónde encontraban empleo y qué significaba para ellos trasladarse desde sus aldeas hacia una ciudad.

  Porque Séforis es importante para nuestra investigación por una razón que va mucho más allá de su historia política.

  Allí pudo existir una parte del mundo laboral que conoció el carpintero de Nazaret.

  Y es a ese carpintero a quien queremos comprender.

Y el verbo se hizo carne y habito entre nosotros (Juan 1: 14)

Y el verbo se hizo carne y probablemente trabajo en una ciudad gobernada por un hombre impio

Fuentes históricas y arqueológicas consultadas

  • Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, libros XIV, XVII y XVIII, especialmente XVIII, 27.
  • Flavio Josefo, La guerra de los judíos, libro II, sobre las rebeliones y fortificaciones de Galilea.

Enciclopedia Judía

  • Richard A. Batey, «Sepphoris and the Jesus Movement», New Testament Studies, Cambridge University Press, 2001.

Cambridge Core

  • Nathan Schumer, «The Population of Sepphoris», Journal of Ancient Judaism, 2017.
  • Zeev Weiss, investigaciones arqueológicas de Séforis, Universidad Hebrea de Jerusalén.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.