23. “Consumado es” — La deuda quedó pagada

Dr. Elio M Rivera

Texto clave

“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”
Juan 19:30, RVR1960

  Hubo un momento en la historia en que Jesucristo pronunció una palabra que cambió para siempre la situación del hombre delante de la justicia divina.

  Estaba en la Cruz.

  Su vida estaba llegando al final.

  Había cumplido aquello para lo cual había venido.

  Y entonces dijo:

  “Consumado es.”

  No fue el grito de un hombre derrotado.

  No fue simplemente una manera de decir:

  “Mi vida terminó.”

  Había algo mucho mayor detrás de aquellas palabras.

  Jesucristo estaba declarando que aquello que había venido a realizar había llegado a su cumplimiento.

  La obra había sido completada.

  El sacrificio había sido ofrecido.

  La vida había sido entregada.

  El precio requerido había sido satisfecho.

  La deuda había sido pagada.

¿Qué significa realmente “Consumado es”?

  Juan escribió su Evangelio en griego.

  La expresión traducida en nuestra Biblia como:

  “Consumado es”

  corresponde a una sola palabra griega:

  τετέλεσται — tetélestai.

  Proviene del verbo teleō, relacionado con llevar algo a su término, completarlo, cumplirlo o acabarlo.

  En otras palabras:

  lo que debía hacerse, ha sido hecho.

  Lo que debía cumplirse, ha sido cumplido.

  Lo que debía llegar a su término, ha llegado a su término.

  Esto es importante porque alrededor de tetélestai se han repetido algunas explicaciones populares que van más allá de lo que necesitamos afirmar.

  A veces se dice que tetélestai era exclusivamente una expresión comercial que significaba literalmente:

  “Pagado en su totalidad.”

  No necesitamos sostener nuestra doctrina sobre esa afirmación.

  El significado fundamental de la palabra es suficientemente poderoso:

  “Ha sido completado.”

  “Ha sido cumplido.”

  “Ha llegado a su consumación.”

  Y es el propio contexto bíblico el que nos permite comprender que dentro de esa obra consumada estaba también la solución de nuestra deuda.

  Porque Juan 19:30 no está solo.

  Colosenses nos permite mirar lo que ocurrió con aquello que estaba contra nosotros.

Había un acta contra nosotros

  Pablo escribe:

“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.”
Colosenses 2:14, RVR1960

  Detengámonos en esa imagen.

  Había algo:

  “contra nosotros.”

  Y Pablo todavía añade:

  “que nos era contraria.”

  La imagen encaja perfectamente con todo lo que hemos venido estudiando.

  No éramos simplemente personas necesitadas de ánimo.

  Éramos culpables.

  Habíamos quebrantado la ley de Dios.

  Existía una deuda moral real delante de la justicia divina.

  Había algo que testificaba:

  contra nosotros.

  No podíamos borrar aquello por nuestra cuenta.

  No podíamos regresar al pasado.

  No podíamos deshacer nuestros pecados.

  No podíamos presentarnos delante de Dios y afirmar que nunca habían ocurrido.

  El acta estaba allí.

  Y estaba contra nosotros.

  Pero entonces ocurrió la Cruz.

  Y Pablo utiliza tres expresiones extraordinarias:

  “Anulando…”

  “Quitándola de en medio…”

  “Clavándola en la cruz.”

  Aquello que estaba contra nosotros fue enfrentado en la Cruz.

  No fue escondido.

  No fue ignorado.

  No fue declarado irrelevante.

  Fue resuelto.

  La justicia recibió el pago.

  Y el documento que estaba contra el deudor perdió aquello que podía reclamar contra quien está en Cristo.

  Por eso las palabras:

  “Consumado es”

  adquieren una profundidad extraordinaria.

La deuda no fue simplemente olvidada.

  Esta diferencia es fundamental para comprender el Evangelio.

  Supongamos que una persona debe una cantidad enorme de dinero.

  El acreedor puede hacer dos cosas muy diferentes.

  Puede fingir que la deuda nunca existió.

  O puede recibir el pago completo y entonces declarar:

  “La deuda ha quedado satisfecha.”

  En ambos casos el deudor podría dejar de deber.

  Pero jurídicamente no ocurrió lo mismo.

  En la Cruz, Dios no fingió que el pecado nunca había existido.

  Hubo un pago.

  Eso es precisamente lo que hemos venido siguiendo durante esta serie.

  La paga del pecado era muerte.

  El Sustituto tomó nuestro lugar.

  El Justo murió por los injustos.

  La vida fue entregada.

  El sacrificio fue suficiente.

  Y ahora Cristo podía decir:

  “Consumado es.”

  La justicia no quedó esperando otro pago.

  No quedó un saldo pendiente que el pecador tuviera que completar para ayudar a Cristo.

  Hebreos declara:

“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
Hebreos 10:14, RVR1960

  Una sola ofrenda.

  Y poco antes había dicho:

“…somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”
Hebreos 10:10, RVR1960

  “Una vez para siempre.”

  Eso significa que el sacrificio no quedó incompleto.

  No era necesario repetirlo.

  No necesitaba añadirse otro sacrificio.

  No necesitaba otro Calvario.

  Cristo había hecho lo necesario.

El sacerdote que finalmente pudo sentarse

  Hebreos utiliza otra imagen extraordinariamente hermosa.

  Dice:

“Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados.”
Hebreos 10:11, RVR1960

  Observe:

  día tras día.

  El sacerdote permanecía trabajando.

  Sacrificio tras sacrificio.

  Ofrenda tras ofrenda.

  Porque ninguno de aquellos sacrificios podía solucionar definitivamente el problema.

  Pero el siguiente versículo cambia completamente la escena:

“Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.”
Hebreos 10:12, RVR1960

  El contraste es extraordinario.

  Los sacerdotes:

  “día tras día.”

  Cristo:

  “una vez para siempre.”

  Ellos:

  muchos sacrificios.

  Cristo:

  “un solo sacrificio.”

  Ellos permanecían ministrando.

  Cristo:

  “se ha sentado.”

  ¿Por qué?

  Porque la obra sacrificial que vino a realizar había sido completada.

  No había que regresar mañana con otro sacrificio.

  No había que repetir la Cruz el próximo año.

  No había que añadir otro Cordero.

  El Cordero de Dios había sido suficiente.

  Ahora entendemos mejor aquella palabra:

  Tetélestai.

  Consumado es.

  La obra estaba terminada.

El sacrificio de Cristo no fue un abono.

  Esta verdad tiene enormes implicaciones.

  Cristo no pagó una parte para que nosotros pagáramos el resto.

  La Cruz no fue un anticipo.

  No fue el primer pago de una deuda que posteriormente tendríamos que completar mediante buenas obras, sufrimiento, religión o méritos personales.

  Si nosotros tuviéramos que completar el pago, entonces:

  no estaría consumado.

  Si faltara otro sacrificio:

  no estaría consumado.

  Si la justicia todavía estuviera esperando que nosotros pagáramos el saldo restante:

  no estaría consumado.

  Pero Jesús dijo:

  “Consumado es.”

  Pablo escribe:

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”
Romanos 5:1, RVR1960

  Observe el resultado:

  “Paz para con Dios.”

  Precisamente aquello que Isaías había anunciado:

“…el castigo de nuestra paz fue sobre él…”
Isaías 53:5, RVR1960

  Él recibió el castigo.

  Nosotros recibimos la paz.

  Él pagó.

  El deudor puede ser reconciliado.

Lo que estaba contra nosotros fue clavado en su Cruz

  Regresemos ahora a Colosenses.

“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.”
Colosenses 2:14, RVR1960

  Qué imagen tan poderosa.

  Imagine por un momento aquella acta.

  Nuestros pecados.

  Nuestras rebeliones.

  Nuestras desobediencias.

  Aquello que hicimos sabiendo que estaba mal.

  Aquello que debimos hacer y no hicimos.

  Aquello que nadie más conoció.

  Aquello que quizá nosotros mismos quisiéramos olvidar.

  Todo aquello que podía levantarse como testimonio contra nosotros delante de la justicia divina.

  Y Pablo dice:

  “Clavándola en la cruz.”

  En aquella Cruz no solamente estaba siendo clavado el cuerpo de Jesucristo.

  En el lenguaje espiritual de Colosenses, aquello que estaba contra nosotros estaba siendo quitado de en medio mediante la Cruz.

  El Sustituto había tomado nuestro lugar.

  El pago estaba siendo realizado.

  La deuda estaba siendo satisfecha.

  Y cuando todo estuvo cumplido:

  “Consumado es.”

  Entonces inclinó la cabeza.

  Y entregó el espíritu.

  No murió dejando la obra inconclusa.

  Murió después de haberla consumado.

  Juan coloca las palabras en ese orden:

“Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”
Juan 19:30, RVR1960

  Primero:

  Consumado es.

  Después:

  entregó el espíritu.

  El Cordero había terminado aquello para lo cual había venido.

¿Cuánto debemos todavía?

  Ahora hagamos la pregunta desde la perspectiva del deudor.

  Si Cristo realmente pagó nuestra deuda…

  si el sacrificio fue suficiente…

  si fue ofrecido una vez para siempre…

  si el acta fue anulada…

  si aquello que estaba contra nosotros fue quitado de en medio…

  si Cristo dijo:

  “Consumado es”

  entonces:

  ¿cuánto queda por pagar?

  No una parte.

  No un porcentaje.

  No un saldo.

  Nada.

  No porque nuestra deuda fuera pequeña.

  Era enorme.

  No porque nuestros pecados no fueran graves.

  Lo eran.

  No porque Dios hubiera disminuido las exigencias de su justicia.

  No lo hizo.

  No queda nada porque Cristo proporcionó un pago suficiente.

  Esta diferencia es fundamental.

  El pecador no queda libre porque la justicia haya rebajado la deuda.

  Queda libre porque:

  otro la pagó.

  Pablo pregunta:

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.”
Romanos 8:33, RVR1960

  Y continúa:

“¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó…”
Romanos 8:34, RVR1960

  La respuesta a la acusación está relacionada con lo que Cristo hizo.

  Cristo murió.

  Y, como veremos, la historia no terminó en la tumba.

“Consumado es” no significa que todo había terminado

  Aquí debemos hacer una distinción importante.

  Cuando Jesús dijo:

  “Consumado es”

  no quiso decir que ya no quedara absolutamente ningún acontecimiento dentro del plan de Dios.

  Todavía vendría la sepultura.

  Todavía vendría la resurrección.

  Todavía vendría la ascensión.

  Todavía vendría su exaltación a la diestra del Padre.

  Todavía esperamos su regreso.

  Por eso tetélestai no significa:

  “Ya no queda absolutamente nada más que Dios vaya a hacer.”

  Significa que la obra que Cristo estaba llevando a su culminación en aquel momento había sido cumplida.

  El sacrificio había sido ofrecido.

  El precio había sido pagado.

  Su obediencia había llegado hasta la muerte.

  La obra de la Cruz estaba consumada.

  Y tres días después ocurriría algo que demostraría que la muerte no había podido conservar al Hombre inocente bajo su dominio.

  La resurrección.

  La Cruz declararía:

  el precio fue pagado.

  La tumba vacía proclamaría:

  la muerte no pudo retenerlo.

El acta ya no estaba entre Dios y nosotros

  Regresemos por última vez a aquella imagen.

  El hombre estaba delante de Dios.

  Había un acta contra él.

  Había una deuda.

  Había una sentencia.

  Había una separación.

  Pero Cristo entró en nuestra historia.

  Tomó nuestro lugar.

  Ofreció su vida.

  Pagó el precio.

  Y Pablo dice:

“…quitándola de en medio…”
Colosenses 2:14, RVR1960

  Eso significa que algo que se interponía:

  fue quitado.

  Ahora comenzamos a comprender la magnitud de la reconciliación.

  La Cruz no solamente resolvió una deuda.

  Quitó aquello que impedía nuestra reconciliación con Dios.

  Por eso Pablo puede escribir:

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo…”
Romanos 5:10, RVR1960

  La historia comenzó con un hombre alejándose de Dios.

  Escondiéndose entre los árboles.

  Expulsado del huerto.

  Separado del árbol de la vida.

  Destituido de la gloria.

  Con una sentencia sobre él.

  Y ahora, miles de años después, otro Hombre colgaba de un madero.

  El primer hombre había dejado una deuda.

  El segundo Adán había venido a pagarla.

  Y antes de entregar el espíritu pronunció las palabras que todo deudor desearía escuchar:

  “Consumado es.”

  La obra había sido completada.

  El sacrificio había sido ofrecido.

  El precio había sido satisfecho.

  El acta que estaba contra nosotros había sido clavada en la Cruz.

  La deuda quedó pagada.

  Pero entonces ocurrió algo extraordinario.

  Aquel que había pagado con su vida…

  volvió a vivir.

  Y su resurrección abriría un capítulo completamente nuevo en la historia de la justicia divina.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.