08. Jesús sabía que sería acusado injustamente y que guardaría silencio

08. Jesús sabía que sería acusado injustamente y que guardaría silencio

Dr. Elio M. Rivera

  Ser acusado por algo que hicimos puede resultar doloroso.

  Pero ser acusado de algo que sabemos que no hicimos, escuchar mentiras acerca de nosotros y no poder conseguir que se reconozca la verdad puede producir una enorme sensación de impotencia.

  Jesucristo sabía que esto también formaría parte de su sufrimiento.

  Siglos antes de que sucediera, ya estaba escrito:

«Se levantan testigos malvados; de lo que no sé me preguntan» (Salmo 35:11).

  Y acerca del Mesías sufriente, Isaías anunciaría:

«Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero» (Isaías 53:7).

  Cristo sabía que sería acusado injustamente.

  Pero sabía algo todavía más difícil:

no respondería como normalmente responderíamos nosotros.

Pensemos por un momento en lo que significa

  Imagine que alguien lo acusa públicamente de haber cometido algo grave.

  Usted sabe que es mentira.

  Su familia escucha la acusación.

  Sus amigos comienzan a preguntarse si será verdad.

  Su reputación empieza a destruirse.

  Entonces aparecen personas dispuestas a afirmar cosas que nunca sucedieron.

  ¿Qué sería lo primero que querríamos hacer?

Defendernos.

  Mostrar las pruebas.

  Desmentir a quienes están mintiendo.

  Decir los nombres.

  Exigir justicia.

  Tal vez levantaríamos la voz y diríamos:

«¡Eso es mentira! ¡Yo no hice eso!»

  Ese impulso resulta fácil de comprender.

Él tenía con qué defenderse

  En el caso de Cristo había algo todavía más impresionante.

  No estamos hablando de un hombre culpable intentando esconder su delito.

  Estamos hablando del inocente.

  Isaías había dicho:

«Por cárcel y por juicio fue quitado» (Isaías 53:8).

  Cristo sabía que llegaría el momento en que hombres culpables juzgarían al inocente.

  Pensemos en la paradoja:

el Juez sería juzgado.

  Seres humanos examinarían al Hijo de Dios buscando razones para condenarlo.

  Testigos falsos hablarían.

  Las acusaciones serían pronunciadas.

  Y Él conocería perfectamente la verdad.

Y decidió no escapar mediante su propia defensa

  Isaías había dejado escrita la manera en que respondería:

«No abrió su boca».

  Eso no significa que Jesús jamás pronunciara palabra durante sus procesos. Los Evangelios muestran que respondió en determinados momentos.

  La profecía señala algo más profundo:

no intentaría librarse del sacrificio mediante una defensa desesperada de sí mismo.

  No convertiría aquel juicio en una lucha para salvar su propia vida.

  Había decidido continuar.

Un ejemplo puede ayudarnos a comprenderlo

  Imagine que usted pudiera demostrar su inocencia con una sola frase.

  Tiene la prueba.

  Puede detener el proceso.

  Puede levantarse e irse.

  Pero sabe que si se marcha, otra persona tendrá que ocupar su lugar y recibir la sentencia.

  Entonces mira a esa persona.

  Es culpable.

  Usted es inocente.

  Podría salvarse.

  Pero decide permanecer.

  Ahora comenzamos a acercarnos al corazón de lo que estamos contemplando.

  Cristo no permaneció allí porque estuviera indefenso.

Permaneció porque había venido precisamente para llegar hasta ese momento.

Su silencio también hablaba

  Isaías utilizó una imagen extraordinaria:

«Como cordero fue llevado al matadero».

  El cordero no aparece atacando a quienes lo conducen.

  No está organizando su escape.

  Es llevado.

  Y precisamente esa imagen había estado durante siglos delante del pueblo de Israel en los sacrificios.

  Ahora la profecía anunciaba que llegaría el Siervo sufriente.

  Sería tratado injustamente.

  Sería llevado al juicio.

  Y no abandonaría el camino que había decidido recorrer.

Esto nos muestra otra parte de su corazón

  Hasta ahora hemos visto cuánto estaba dispuesto Cristo a soportar de los demás.

  Pero aquí descubrimos algo nuevo:

también sabía lo que Él mismo decidiría hacer cuando llegara el momento.

  Sabía que podría ser acusado.

  Sabía que las acusaciones serían injustas.

  Sabía que hombres pecadores juzgarían al inocente.

  Y sabía que no utilizaría su poder para abandonar la misión.

  Piense solamente en esto:

Él podía defenderse.

Nosotros no podíamos salvarnos.

  Y cuando llegó el momento de escoger entre librarse Él o continuar el camino que conduciría a nuestro rescate,

decidió continuar.

  Siglos antes, Isaías ya había visto la escena:

«Como cordero fue llevado al matadero».

  Cristo sabía que llegaría aquel juicio.

  Sabía que sería injusto.

  Sabía cómo respondería.

Y aun así vino.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.