Hay un tipo de amor que todos conocemos. Un amor que permanece… mientras todo está bien.
Pero cuando llega el dolor, la presión, la traición o el sufrimiento, ese amor comienza a retroceder.
Se enfría. Se detiene. Se aleja.
Pero el amor de Jesucristo no es así.
Getsemaní nos muestra un amor diferente. Un amor que, aun sintiendo el peso del sufrimiento, no da un paso atrás.
Jesús sabía lo que venía. Sabía del rechazo, de la cruz, del abandono, del dolor físico y espiritual. Y aun así… no retrocedió.
Su amor no fue emocional. No fue circunstancial. Fue decidido.
Fue un amor que avanzó cuando todo dolía. Un amor que se mantuvo firme cuando todo invitaba a huir.
En el huerto, Jesús no solo enfrentó el dolor… demostró la profundidad de su amor.
Un amor que no cambia. Un amor que no se detiene. Un amor que no retrocede.
Y ese amor sigue siendo el mismo hoy.
Un amor que no huye de usted, aun cuando usted ha fallado. Un amor que no se rinde, aun cuando todo parece perdido.
Ese es el amor que lo sostuvo en Getsemaní… y lo llevó hasta la cruz.
Y si este mensaje tocó su corazón, le invito a escuchar en Spotify la canción “Pudiste huir, pero no lo hiciste”, inspirada en ese amor de Cristo que decidió no retroceder.
