04. ¿Qué significa que Dios sea Juez?

Dr. Elio M Rivera

Texto clave

“El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?”
Génesis 18:25, RVR1960

  En los artículos anteriores hemos aprendido que la justicia forma parte del carácter de Dios. Él ama lo bueno, rechaza la maldad y no permanece indiferente ante la injusticia.

  Pero la Biblia va todavía más lejos.

  No solamente dice que Dios es justo.

  También lo llama Juez.

“Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece.”
Salmo 75:7, RVR1960

  La palabra puede producir cierta inquietud porque inmediatamente nos recuerda tribunales, acusaciones y sentencias. Sin embargo, necesitamos comprenderla, porque gran parte del mensaje bíblico de la salvación utiliza precisamente conceptos relacionados con la justicia.

  Si no entendemos qué significa que Dios sea Juez, difícilmente comprenderemos la gravedad del pecado.

  Y si no comprendemos la gravedad del pecado, tampoco comprenderemos completamente por qué fue necesaria la Cruz.

Dios, es un juez justo

¿Qué hace un juez?

  Pensemos primero en la función básica de un juez.

  Un juez no crea arbitrariamente la verdad.

  Su responsabilidad es distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, considerar los hechos, determinar responsabilidad y emitir un veredicto conforme a la justicia.

  La Biblia utiliza precisamente este lenguaje para hablar de Dios:

“Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará.”
Isaías 33:22, RVR1960

  Observe las tres expresiones:

  Juez.

  Legislador.

  Rey.

  Dios posee autoridad para establecer aquello que es correcto, autoridad para gobernar y autoridad para juzgar.

  Por eso el juicio divino no es la opinión de un observador externo.

  Es la decisión del Creador y Gobernante delante de quien sus criaturas son responsables.

Dios establece lo que es bueno

  Aquí aparece una cuestión fundamental.

  Para que exista un juicio tiene que existir un criterio mediante el cual una conducta pueda ser evaluada.

  La Biblia no presenta al ser humano como la autoridad moral suprema capaz de determinar independientemente qué es bueno y qué es malo.

  El profeta Miqueas escribió:

“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”
Miqueas 6:8, RVR1960

  Esto significa que cuando Dios juzga no está improvisando las reglas después de que hemos actuado.

  Él ha revelado su voluntad.

  Ha mostrado aquello que ama.

  Ha señalado aquello que destruye.

  Ha establecido principios morales.

  Y el ser humano tiene responsabilidad delante de Él.

¿Qué es el juicio?

  Ahora necesitamos distinguir algunos conceptos.

  Justicia se refiere a aquello que es recto.

  Juicio es el acto mediante el cual una conducta es examinada y evaluada conforme a esa justicia.

  Veredicto determina la condición del acusado: culpable o inocente.

  Sentencia establece la consecuencia correspondiente.

  Y responsabilidad significa que nuestros actos tienen significado moral y que tendremos que responder por ellos.

  La Biblia resume esta realidad de manera solemne:

“Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.”
Eclesiastés 12:14, RVR1960

  Observe que el texto dice:

  “Toda obra.”

  La vida humana tiene importancia delante de Dios.

  Nuestras decisiones importan.

  Lo que hacemos con nuestra libertad importa.

  El bien importa.

  El mal importa.

  Precisamente porque nuestras decisiones son reales, también existe responsabilidad.

El Juez conoce todos los hechos

  Aquí encontramos una diferencia enorme entre los tribunales humanos y el tribunal divino.

  Un juez humano solamente puede juzgar utilizando la información que tiene disponible.

  Puede recibir información incompleta.

  Puede escuchar testigos equivocados.

  Puede ser engañado.

  Puede desconocer una conversación.

  Puede ignorar lo que realmente ocurrió.

  Dios no tiene esas limitaciones.

“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”
Hebreos 4:13, RVR1960

  La última expresión es especialmente importante:

  “A quien tenemos que dar cuenta.”

  Dios no necesita investigadores que le expliquen lo ocurrido.

  No necesita reconstruir la escena.

  No necesita encontrar testigos.

  Él conoce completamente los hechos.

  Por eso su juicio nunca puede estar basado en información incompleta.

Dios conoce incluso aquello que los hombres no pueden juzgar

  Un tribunal humano puede observar una acción, pero existen lugares del ser humano a los cuales ningún tribunal puede entrar completamente.

  El corazón.

  Las intenciones.

  Los pensamientos.

  Los motivos.

  La Escritura dice:

“Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.”
Jeremías 17:10, RVR1960

  Y Pablo escribió acerca del día:

“En que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.”
Romanos 2:16, RVR1960

  Esto lleva la justicia divina mucho más allá de cualquier sistema humano.

  Los hombres podemos aprender a aparentar.

  Podemos construir una buena reputación mientras escondemos malas intenciones.

  Podemos realizar incluso una acción aparentemente buena por razones equivocadas.

  Pero delante de Dios no solamente queda expuesto lo que hicimos.

  Él conoce también por qué lo hicimos.

Dios también escucha las palabras

  Jesús llevó todavía más lejos el concepto de responsabilidad:

“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.”
Mateo 12:36, RVR1960

  Esto nos muestra que la justicia celestial no considera insignificante aquello que hacemos con nuestras palabras.

  Una palabra puede consolar.

  Pero también puede destruir.

  Puede decir la verdad.

  O puede levantar falso testimonio.

  Puede reconciliar.

  O puede dividir.

  Puede defender a alguien.

  O puede destruir su reputación.

  La responsabilidad humana delante de Dios alcanza también nuestra manera de hablar.

Ser responsable significa que nuestras decisiones tienen consecuencias

  Vivimos en una época en la que frecuentemente intentamos explicar el comportamiento humano a partir de las circunstancias.

  Y ciertamente las circunstancias pueden influir profundamente en nosotros.

  Pero la Biblia también presenta al ser humano como una criatura capaz de tomar decisiones y responsable delante de Dios.

  Pablo escribió:

“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.”
Romanos 14:12, RVR1960

  Observe que dice:

  “Cada uno.”

  Y después:

  “De sí.”

  Habrá cosas que hicieron otros.

  Habrá cosas que hicieron nuestros padres.

  Habrá injusticias que sufrimos.

  Habrá circunstancias que no escogimos.

  Dios, que conoce perfectamente todas esas circunstancias, juzgará justamente.

  Pero también existen decisiones que fueron nuestras.

  Y la responsabilidad significa que no podemos colocar eternamente sobre otra persona la responsabilidad de nuestras propias decisiones.

El juicio termina con un veredicto

  Un juicio no existe solamente para escuchar argumentos.

  Llega un momento en que el juez tiene que determinar la situación del acusado.

  La Biblia utiliza repetidamente dos conceptos jurídicos fundamentales:

  Condenación y justificación.

  Uno declara culpabilidad y sus consecuencias.

  El otro tiene que ver con ser declarado justo delante de Dios.

  Por eso estos términos serán extraordinariamente importantes cuando lleguemos al mensaje de la salvación.

  Pablo escribió:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”
Romanos 8:1, RVR1960

  Quizá hemos leído muchas veces este versículo como una hermosa promesa.

  Y ciertamente lo es.

  Pero ahora comenzamos a descubrir que contiene también lenguaje judicial.

  La palabra “condenación” nos lleva nuevamente al tribunal.

  Algo ocurrió para que una persona que tenía un problema delante de la justicia divina pudiera llegar a una situación donde ya no existe condenación.

  Más adelante tendremos que descubrir qué ocurrió.

Después del veredicto viene la sentencia

  La justicia no termina simplemente determinando que alguien hizo algo malo.

  La culpabilidad produce consecuencias.

  Pablo lo expresó con una frase breve y tremendamente seria:

“Porque la paga del pecado es muerte…”
Romanos 6:23, RVR1960

  Observe nuevamente el lenguaje.

  Existe pecado.

  Existe responsabilidad.

  Y existe una consecuencia.

  Pero sería un grave error detener el versículo allí.

  Pablo continúa:

“…mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Romanos 6:23, RVR1960

  Y aquí aparece algo que poco a poco comenzará a dominar nuestra serie.

  El mismo Dios que establece la gravedad del problema también proporciona una solución.

El Juez que también quiere salvar

  Quizá esta sea una de las verdades más extraordinarias que necesitamos conservar mientras avanzamos.

  Cuando hablamos de Dios como Juez, no debemos imaginar a un Dios buscando desesperadamente una razón para condenar al ser humano.

  La Biblia dice:

“Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.”
Ezequiel 18:32, RVR1960

  Aquí encontramos algo extraordinario.

  El Juez advierte acerca de las consecuencias.

  Pero también llama:

  “Convertíos.”

  Y después dice:

  “Viviréis.”

  Dios toma seriamente el pecado, pero también llama al pecador al arrepentimiento.

  No existe contradicción.

  Precisamente porque nuestras decisiones tienen consecuencias, la invitación de Dios a regresar a Él tiene tanta importancia.

Un día habrá un juicio

  La Biblia no presenta el juicio de Dios solamente como una idea.

  Lo presenta también como un acontecimiento futuro.

  Pablo declaró en Atenas:

“Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó.”
Hechos 17:31, RVR1960

  Hay algo especialmente importante en este versículo.

  Dice que Dios juzgará:

  “Con justicia.”

  No con ira descontrolada.

  No con información incompleta.

  No según rumores.

  No mediante favoritismos.

  No arbitrariamente.

  Con justicia.

  Eso significa que nadie podrá decir delante de Dios:

  “Fuiste injusto conmigo”.

  El Juez de toda la tierra hará lo que es justo.

Ahora el problema comienza a ser personal

  Hasta este momento hemos hablado acerca del tribunal de Dios casi desde lejos.

  Tenemos un Juez.

  Existe una norma moral.

  Existen hechos.

  Existe responsabilidad.

  Existe juicio.

  Existe un veredicto.

  Y existen consecuencias.

  Pero ahora necesitamos colocar una persona dentro de ese tribunal.

  A nosotros.

  Porque el gran problema de la humanidad no es simplemente que algún día Dios juzgará a personas terriblemente malas.

  La Biblia hace una afirmación mucho más amplia:

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”
Romanos 3:23, RVR1960

  Todos.

  Y esto cambia completamente nuestra perspectiva.

  Ya no estamos estudiando únicamente cómo juzgará Dios a otros.

  Estamos comenzando a comprender nuestra propia situación delante de la justicia celestial.

  Pero antes de entrar completamente en ese problema necesitamos responder otra pregunta.

  Si Dios es Juez y la maldad será juzgada:

  ¿qué ocurriría si Dios decidiera nunca castigar el mal?

  La respuesta nos permitirá comprender por qué la impunidad sería incompatible con un Reino verdaderamente justo.

 

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.