Dr. Elio M Rivera
Texto clave
“Jehová es justo en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras.”
Salmo 145:17, RVR1960
Probablemente una de las declaraciones más conocidas de toda la Biblia acerca de Dios sea:
“Dios es amor.”
1 Juan 4:8, RVR1960
Y es una verdad extraordinaria.
Dios ama. Dios tiene misericordia. Dios perdona. Dios busca al perdido. Dios extiende sus brazos al pecador arrepentido y ofrece una oportunidad para regresar a Él.
Pero existe un peligro cuando tomamos una verdad acerca de Dios y la separamos de todo lo demás que la Biblia revela acerca de su carácter.
La Biblia dice que Dios es amor, pero también declara que Dios es santo, verdadero y justo.
“Porque yo Jehová soy amante del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto.”
Isaías 61:8, RVR1960
Por eso, si queremos conocer verdaderamente a Dios, no podemos construir nuestra imagen de Él utilizando solamente los atributos que nos resultan agradables.
Necesitamos permitir que sea la propia Escritura quien nos diga cómo es Dios.

Jesucristo, un Dios de amor y de justicia
En ocasiones hablamos del amor y de la justicia como si fueran enemigos.
Parecería que para amar mucho habría que hacer menos justicia, o que para ser completamente justo habría que dejar de amar.
Pero la Biblia no presenta a Dios de esa manera.
Moisés declaró:
“Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto.”
Deuteronomio 32:4, RVR1960
Observe cuidadosamente esta descripción.
Dios no solamente hace cosas justas.
En Él no existe iniquidad.
Por eso sus decisiones no nacen del capricho, del egoísmo, de la ignorancia o de intereses personales.
Su justicia procede de su propio carácter.
Abraham expresó esta confianza cuando preguntó:
“El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?”
Génesis 18:25, RVR1960
La respuesta que atraviesa la revelación bíblica es sí.
El Juez de toda la tierra hará lo que es justo.
El amor verdadero no puede ser indiferente al mal
Pensemos ahora en algo importante.
Supongamos que alguien lastima deliberadamente a una persona que usted ama.
¿Sería amor permanecer completamente indiferente ante lo sucedido?
¿Sería amor mirar el sufrimiento de la víctima y decir que no importa?
Seguramente no.
Precisamente porque amamos, nos duele aquello que destruye a la persona amada.
Esto nos ayuda a comprender por qué el amor de Dios no puede interpretarse como indiferencia frente al mal.
El profeta Habacuc dijo acerca de Dios:
“Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio.”
Habacuc 1:13, RVR1960
La santidad de Dios significa que Él no contempla moralmente el bien y el mal como si fueran equivalentes.
Dios distingue entre ambos.
La Escritura incluso menciona conductas que Él aborrece:
“Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.”
Proverbios 6:16-19, RVR1960
Observe la naturaleza de estas cosas.
Orgullo.
Mentira.
Violencia contra el inocente.
Planes para hacer el mal.
Falso testimonio.
Discordia.
Dios no las rechaza porque disfrute condenando al ser humano.
Las rechaza porque el mal destruye aquello que Él ama.
El Dios que ama al oprimido tiene que tomar en serio al opresor
Aquí encontramos una consecuencia inevitable.
Si Dios escucha al que sufre, entonces también tiene que considerar seriamente las acciones de quien produce ese sufrimiento.
No podemos pedirle a Dios que defienda al inocente y, simultáneamente, exigirle que permanezca indiferente ante quien lo destruye.
El profeta Isaías declaró:
“Porque Jehová es Dios de justicia; bienaventurados todos los que confían en él.”
Isaías 30:18, RVR1960
Y el salmista escribió:
“Porque Jehová es justo, y ama la justicia; el hombre recto mirará su rostro.”
Salmo 11:7, RVR1960
Observe nuevamente la expresión:
“Ama la justicia.”
La justicia no es una obligación desagradable que Dios realiza en contra de su naturaleza.
Dios ama lo justo.
Por eso también se opone a aquello que destruye la justicia.
Dios defiende a quienes otros olvidan
La justicia de Dios aparece repetidamente en las Escrituras vinculada con personas vulnerables.
Moisés declaró:
“Que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido.”
Deuteronomio 10:18, RVR1960
El salmista también escribió:
“Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia.”
Salmo 103:6, RVR1960
Esto añade una dimensión importante a nuestro estudio.
Cuando decimos que Dios es justo, no estamos hablando únicamente de castigo.
Estamos hablando también de defensa.
Dios ve al que otros no ven.
Escucha a quien otros no escuchan.
Conoce aquello que ocurrió aunque nadie más lo haya descubierto.
Y su justicia significa que el sufrimiento provocado por la maldad no le resulta indiferente.
La misericordia no convierte el mal en bien
Ahora necesitamos hacer una distinción fundamental.
Que Dios sea misericordioso no significa que cambie la definición del pecado.
Cuando Dios perdona al pecador, no declara que aquello que hizo estuvo bien.
Cuando ofrece arrepentimiento, no está aprobando la conducta de la cual llama al hombre a arrepentirse.
Precisamente por eso existe el arrepentimiento.
Dios llama al ser humano a abandonar aquello que está mal y regresar a Él.
El profeta Isaías expresó esta invitación:
“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”
Isaías 55:7, RVR1960
Observe el equilibrio.
Dios llama malo al camino del impío.
Le pide que lo abandone.
Pero inmediatamente ofrece misericordia y abundante perdón.
No tuvo que llamar bueno al pecado para amar al pecador.
Y esta distinción será importantísima para comprender posteriormente la Cruz.
Dios no cambia las normas dependiendo de la persona
Pablo hizo una declaración especialmente seria:
“El cual pagará a cada uno conforme a sus obras.”
Romanos 2:6, RVR1960
Y pocos versículos después añadió:
“Porque no hay acepción de personas para con Dios.”
Romanos 2:11, RVR1960
Esto significa que la justicia divina no cambia dependiendo de quién se encuentre delante de Dios.
La posición religiosa no transforma automáticamente lo malo en bueno.
La riqueza tampoco.
El prestigio tampoco.
La nacionalidad tampoco.
Dios no tiene una definición de justicia para unos y otra para otros.
Y precisamente porque su carácter no cambia, podemos confiar en Él.
Su justicia también es una promesa para el futuro
Vivimos en un mundo donde muchas injusticias permanecen sin resolver.
Algunos culpables nunca son descubiertos.
Algunas víctimas nunca reciben una explicación.
Algunos crímenes quedan impunes delante de los tribunales humanos.
Algunas mentiras parecen triunfar durante generaciones.
La Biblia, sin embargo, anuncia que la historia no terminará de esa manera.
Pablo habló de un día establecido por Dios:
“Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó.”
Hechos 17:31, RVR1960
Esto introduce un elemento nuevo en nuestra serie.
La justicia de Dios no solamente describe cómo es Dios.
También nos dice algo acerca de hacia dónde se dirige la historia.
Habrá un momento en el cual Dios juzgará.
Por lo tanto, el hecho de que una injusticia permanezca sin castigo hoy no significa necesariamente que Dios la haya olvidado.
Entonces, ¿por qué Dios no castiga inmediatamente cada pecado?
Y aquí aparece una pregunta fascinante.
Si Dios es justo…
Si Dios ve la maldad…
Si Dios conoce lo que hacemos…
Si Dios no aprueba la injusticia…
¿por qué no la castiga inmediatamente?
¿Por qué permite que una persona continúe viviendo después de haber hecho algo malo?
¿Por qué algunas personas practican durante años aquello que Dios desaprueba y aparentemente no sucede nada?
¿Será que Dios cambió de opinión?
¿Será que decidió ignorarlo?
¿Será que su silencio significa aprobación?
La Biblia nos da una respuesta extraordinariamente importante.
Pablo escribió:
“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”
Romanos 2:4, RVR1960
Aquí comenzamos a descubrir algo sorprendente.
Entre el pecado y el juicio puede existir algo llamado paciencia.
Y esa paciencia tiene un propósito:
dar al ser humano la oportunidad de arrepentirse.
Por lo tanto, no debemos confundir la paciencia de Dios con indiferencia.
No debemos interpretar su misericordia como aprobación.
Y tampoco debemos pensar que porque el juicio no llegó hoy, nunca llegará.
Dios es amor.
Dios es misericordioso.
Dios es paciente.
Pero la misma Biblia que revela esas verdades también declara:
“Jehová es justo en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras.”
Salmo 145:17, RVR1960
No tenemos que escoger entre ambas cosas.
El Dios que ama es también el Dios que hace justicia.
Y ahora necesitamos responder una pregunta todavía más profunda:
¿Qué significa realmente que Dios sea Juez?
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