Dr. Elio M Rivera
Ha llegado el momento de mirar el caso completo
Hemos llegado al final de nuestra investigación.
Durante esta serie no comenzamos diciendo simplemente:
“Jesucristo resucitó porque la Biblia lo dice.”
Fuimos avanzando pregunta por pregunta.
Examinamos los documentos.
Visitamos, por medio de los relatos, los lugares relacionados con la crucifixión y la sepultura.
Estudiamos médicamente la muerte de Jesucristo.
Entramos al sepulcro.
Observamos la piedra.
Examinamos la guardia.
Estudiamos el sello.
Investigamos la teoría del robo.
Escuchamos a los testigos.
Y finalmente observamos la transformación extraordinaria de los discípulos.
Ahora no quiero añadir una nueva evidencia.
Quiero hacer algo diferente:
Poner todas las evidencias sobre la mesa al mismo tiempo.
Porque una investigación no debe decidirse por una sola pieza. El verdadero peso del caso aparece cuando descubrimos que diferentes evidencias, procedentes de diferentes momentos y diferentes personas, comienzan a apuntar en la misma dirección.
Imaginemos por última vez nuestro tribunal
Durante esta serie hemos utilizado muchas veces la imagen de un juicio.
Ahora imaginemos que ha terminado la presentación de las pruebas.
Los documentos están sobre la mesa.
Los testigos ya declararon.
Las explicaciones alternativas fueron escuchadas.
La defensa y la acusación ya tuvieron oportunidad de presentar sus argumentos.
Y el juez dice:
“Revisemos ahora todo lo que sabemos.”
Eso es exactamente lo que haremos.
Primera evidencia: tenemos documentos que pueden investigarse
Nuestra investigación comenzó preguntando si los Evangelios podían ser tratados como documentos históricos.
Lucas.
Juan.
Además tenemos otros escritos del Nuevo Testamento, entre ellos las cartas de Pablo.
No estamos investigando una historia que solamente fue transmitida oralmente durante siglos antes de ser escrita.
Tenemos documentos antiguos que hacen afirmaciones concretas acerca de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.
En mi libro comienzo precisamente la recapitulación final diciendo que conocemos la resurrección por los escritos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan y que estos documentos pueden ser considerados como parte de la evidencia de un caso.
Eso no significa que debamos aceptar automáticamente todo lo que dicen.
Significa que:
Tenemos algo que investigar.
Segunda evidencia: los acontecimientos están ligados a lugares reales
La historia no ocurre en una tierra imaginaria.
Jerusalén existe.
El lugar de la crucifixión estaba fuera de la ciudad.
El sepulcro estaba cerca.
Había un huerto.
José de Arimatea poseía una tumba nueva.
Durante esta serie examinamos esos lugares y la clase de sepulcros utilizados en el siglo primero.
En mi libro considero importante que los lugares asociados con la crucifixión y la sepultura concuerden con el contexto descrito por los Evangelios.
La resurrección no fue proclamada como algo ocurrido en un mundo mítico.
Fue situada:
En un lugar concreto.
En una época concreta.
Dentro de una historia concreta.
Tercera evidencia: Jesucristo realmente murió
Éste era uno de los puntos que teníamos que establecer antes de hablar siquiera de una resurrección.
Porque si Jesús no murió, entonces no resucitó.
Solamente sobrevivió.
Por eso estudiamos:
La flagelación.
La pérdida de sangre.
Los clavos.
La crucifixión.
La dificultad respiratoria.
La lanza.
La comprobación de los soldados.
La confirmación del centurión.
Y finalmente la entrega del cuerpo a José de Arimatea.
Mi conclusión en el libro es directa:
Jesucristo realmente murió, y hubo múltiples personas que comprobaron su muerte.
Cuarta evidencia: sus enemigos tenían interés en que permaneciera muerto
Este punto es extraordinariamente importante.
Los principales sacerdotes no eran personas que desearan la resurrección.
Tampoco Pilato tenía interés en fabricar un acontecimiento que posteriormente provocara problemas políticos y religiosos.
Los enemigos de Jesús querían:
Que muriera.
Y después querían:
Que su cuerpo permaneciera dentro de la tumba.
Por eso fueron ante Pilato.
Pidieron protección.
Aseguraron el sepulcro.
Colocaron una guardia.
Sellaron la piedra.
En mi libro señalo precisamente que sacerdotes y autoridades tenían fuertes intereses en asegurarse tanto de la muerte de Jesús como de que nadie pudiera retirar posteriormente su cuerpo.
Quinta evidencia: el sepulcro estaba asegurado
Ya estudiamos ampliamente este punto, así que no necesitamos desarrollarlo nuevamente.
Solamente recordemos la escena:
Una piedra.
Un sello.
Una guardia.
Los propios enemigos habían anticipado la posibilidad de que alguien robara el cuerpo.
Y precisamente por eso tomaron medidas para impedirlo.
Este punto tiene una enorme importancia porque después apareció una explicación:
“Los discípulos lo robaron.”
Pero la tumba había sido protegida precisamente para evitar eso.
Sexta evidencia: los discípulos no estaban preparando una conspiración
Ya estudiamos su estado psicológico.
Huyeron cuando arrestaron a Jesús.
Pedro lo negó.
Después de la crucifixión estaban escondidos.
Tenían miedo.
Cuando las mujeres anunciaron que Jesús estaba vivo, inicialmente no les creyeron.
En mi libro utilizo precisamente su temor como uno de los argumentos contra la posibilidad de que aquellos hombres hubieran organizado el robo del cadáver.
No encontramos a hombres esperando la oportunidad de fabricar una resurrección.
Encontramos hombres:
Derrotados.
Temerosos.
Desorganizados.
Séptima evidencia: la tumba apareció vacía
Después llegó el primer día de la semana.
Las mujeres regresaron.
La piedra estaba removida.
El cuerpo no estaba.
Pedro y Juan fueron personalmente.
Entraron.
Comprobaron la ausencia del cuerpo.
La discusión posterior no fue:
“¿Está Jesús todavía dentro de la tumba?”
La discusión fue:
“¿Qué ocurrió con el cuerpo?”
Y eso es una diferencia enorme.
Octava evidencia: los lienzos permanecieron dentro
Pedro y Juan no encontraron solamente una tumba vacía.
Encontraron los lienzos.
Encontraron el sudario.
Y Juan registró una frase extraordinaria:
“Vio, y creyó.”
Como estudiamos, considero muy probable que Juan comprendiera que Jesucristo había salido de aquellas envolturas funerarias y las había dejado allí.
No puedo decir que el Evangelio describa el mecanismo físico exacto de ese instante.
Pero sí puedo decir lo que el texto presenta:
El cuerpo no estaba.
Los lienzos sí.
Y aquello produjo en Juan una reacción diferente.
Novena evidencia: la teoría del robo tiene graves problemas
Dedicamos toda una subserie a esta explicación.
¿Robaron los discípulos el cuerpo?
¿Superaron la guardia?
¿Violaron el sello?
¿Movieron la piedra?
¿Lo hicieron sin ser descubiertos?
¿Y después mantuvieron durante el resto de sus vidas una historia que ellos mismos sabían falsa?
En mi libro concluyo que la teoría del robo resulta muy difícil de sostener frente al conjunto de circunstancias que rodeaban la tumba.
Décima evidencia: la historia de los soldados se contradice
La versión difundida fue:
“Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:13
Y ya hicimos la pregunta:
Si dormían, ¿cómo sabían quién lo robó?
Pero además descubrimos que aquella explicación:
Fue preparada.
Fue pagada.
Y vino acompañada de una promesa de protección ante Pilato.
Eso debilita seriamente su valor como testimonio independiente.
Undécima evidencia: nadie presentó el cuerpo
Ésta me parece una de las preguntas más sencillas de todo el caso.
Cuando los discípulos comenzaron a proclamar en Jerusalén:
“Jesucristo ha resucitado.”
¿Qué necesitaban hacer sus enemigos para detener el movimiento?
Mostrar el cadáver.
Nada habría sido más efectivo.
No necesitaban largas discusiones.
No necesitaban persecuciones.
No necesitaban una teoría alternativa.
Solamente necesitaban decir:
“Aquí está Jesús.”
Pero el cuerpo no fue presentado.
Mi libro también señala que no encontramos a los sacerdotes llevando formalmente a los discípulos a juicio por el supuesto robo ni a las autoridades romanas castigándolos por ese delito.
Duodécima evidencia: comenzaron las apariciones
Entonces la investigación dejó de centrarse solamente en una tumba vacía.
María Magdalena dijo:
“He visto al Señor.”
Los discípulos dijeron:
“Al Señor hemos visto.”
Tomás se negó inicialmente a creer y exigió ver las heridas.
Después terminó diciendo:
“¡Señor mío, y Dios mío!”
Los discípulos afirmaron haber comido con Jesús.
Y Pablo escribió que se apareció:
“A más de quinientos hermanos a la vez.”
En la recapitulación de mi libro incluyo precisamente el testimonio de más de quinientas personas como una de las piezas que deben considerarse al evaluar la resurrección.
Decimotercera evidencia: los discípulos cambiaron radicalmente
Aquí encontramos nuevamente uno de los argumentos que originalmente me llevó a investigar todo este asunto.
Los hombres que estaban escondidos:
Salieron.
Los hombres que tenían miedo:
Predicaron.
Pedro, que había negado a Jesucristo:
Lo proclamó públicamente.
Y cuando comenzaron las amenazas:
No se callaron.
En mi libro resumo este cambio diciendo que la cobardía de los discípulos se convirtió repentinamente en un valor extraordinario y vuelvo a preguntar:
¿Por qué?
Decimocuarta evidencia: estuvieron dispuestos a sufrir por lo que afirmaban haber visto
Aquí debemos mantener una distinción que ya explicamos.
Una persona puede sufrir e incluso morir por algo falso que cree verdadero.
Por eso el sufrimiento de los discípulos, por sí solo, no demuestra la resurrección.
Pero ellos afirmaban ser:
Testigos directos.
Si hubieran inventado conscientemente la historia, sabrían que era falsa.
Y sin embargo encontramos a aquellos hombres soportando amenazas, arrestos, azotes y persecución mientras continuaban diciendo:
“No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
Hechos 4:20
Mi libro incluye precisamente su disposición a perder seguridad y estabilidad por proclamar la resurrección como parte del conjunto de evidencias.
Una pieza aislada puede discutirse
Ahora llegamos a algo fundamental.
Podríamos intentar discutir cada evidencia por separado.
Quizá alguien diga:
“Una tumba vacía no demuestra una resurrección.”
Estoy de acuerdo.
Otro podría decir:
“Un hombre transformado no demuestra un milagro.”
También estoy de acuerdo.
Otro podría decir:
“Un testimonio puede equivocarse.”
Ciertamente.
Pero nuestro caso no está construido sobre una sola de esas cosas.
Está construido sobre el conjunto.
El verdadero problema es explicar todas las piezas simultáneamente
Necesitamos una explicación que pueda abarcar:
La muerte comprobada.
La sepultura.
La tumba conocida.
La protección del sepulcro.
La desaparición del cuerpo.
Los lienzos.
La imposibilidad de producir el cadáver.
Los testimonios de apariciones.
La incredulidad inicial de algunos discípulos.
La transformación posterior.
Y la disposición de aquellos hombres a sufrir por aquello que afirmaban haber visto.
Una buena explicación no puede resolver solamente una pieza y abandonar las demás.
Eso es precisamente lo que afirma mi conclusión original
Al final de mi libro reúno estos mismos elementos: los documentos, los lugares, la muerte real de Jesucristo, los intereses de quienes querían asegurar su muerte, el problema de la teoría del robo, la transformación de los discípulos, los numerosos testigos y la disposición posterior de los primeros cristianos a mantener su proclamación a pesar del costo.
Ésa es la razón por la que considero tan importante llegar ahora al veredicto.
Pongamos las evidencias una al lado de la otra
Imagine nuevamente la mesa de nuestro tribunal.
Sobre ella están:
Los Evangelios.
La crucifixión.
La comprobación de la muerte.
José de Arimatea.
La tumba.
La piedra.
La guardia.
El sello.
La tumba vacía.
Los lienzos.
La explicación pagada a los soldados.
La ausencia del cadáver.
María Magdalena.
Pedro.
Juan.
Tomás.
Los discípulos reunidos.
Los más de quinientos.
La transformación de aquellos hombres.
Ahora no mire una evidencia.
Mírelas todas juntas.
¿Qué explicación puede sostener todo el caso?
Ésa será la pregunta decisiva.
No:
“¿Puedo imaginar alguna explicación alternativa para una pieza?”
Sino:
“¿Existe una explicación alternativa capaz de explicar razonablemente todas las piezas al mismo tiempo?”
Eso es mucho más difícil.
Porque cada explicación que estudiamos anteriormente resolvía un problema y abría otro.
El robo explicaba la tumba vacía, pero no explicaba adecuadamente el estado de los discípulos, la guardia, los testimonios posteriores ni su transformación.
La supervivencia explicaba una aparición, pero chocaba con la evidencia médica de la muerte y con el estado en que habría quedado Jesucristo.
El traslado del cuerpo explicaba la ausencia, pero dejaba sin explicar por qué nadie lo presentó posteriormente.
Y así sucesivamente.
Ahora estamos preparados para el juicio final
Durante toda esta serie le he pedido al lector que no llegue demasiado rápido a una conclusión.
Primero había que investigar.
Primero había que escuchar.
Primero había que permitir que las evidencias fueran acumulándose.
Eso ya ocurrió.
Ahora sí podemos formular la pregunta para la que llevamos preparándonos desde el principio:
Si toda esta evidencia fuera presentada ante un tribunal, ¿soportaría la resurrección el juicio?
Ése será nuestro siguiente artículo.
Siguiente tema:
¿Soportaría la resurrección un juicio?
Referencias bíblicas
Mateo 27:50-66.
Mateo 28:1-15.
Lucas 24:1-49.
Juan 19:30-42.
Juan 20:1-29.
Hechos 2:22-36.
Hechos 4:1-20.
Hechos 10:39-41.
1 Corintios 15:3-8.
Libro recomendado

Escucha música con propósito
