Dr. Elio M Rivera
La investigación médica de la crucifixión
Después de estudiar la flagelación, la pérdida de sangre, el choque hipovolémico y las heridas producidas por los clavos, llegamos a una pregunta fundamental:
¿Cómo moría realmente una persona crucificada?
Muchas veces imaginamos que la persona moría inmediatamente al ser clavada en la cruz.
Pero no era así.
Como explico en mi libro, el horror de la crucifixión no terminaba cuando la persona era clavada al madero, porque la muerte no llegaba inmediatamente. Existen registros de crucificados que permanecieron horas e incluso días sobre la cruz antes de morir.
Ésta era precisamente una de las características que hacían de la crucifixión una forma de ejecución tan terrible:
La muerte podía llegar lentamente.
El propio peso del cuerpo se convertía en parte del tormento
Una vez levantada la cruz, el condenado quedaba suspendido.
Los brazos permanecían extendidos.
Los pies estaban fijados.
Y el peso del propio cuerpo comenzaba a ejercer una enorme tensión.
A partir de ese momento, el crucificado tenía que luchar constantemente contra su propia posición.
El sufrimiento ya no provenía solamente de las heridas.
Ahora todo el cuerpo participaba en el proceso.
Respirar se convertía en una lucha
La posición del crucificado dificultaba progresivamente la respiración.
Para respirar mejor, el condenado tenía que intentar modificar la posición de su cuerpo, impulsándose sobre los pies clavados.
Se levantaba.
Respiraba.
Volvía a descender.
Y repetía el movimiento.
Una y otra vez.
Durante horas.
Cada respiración exigía esfuerzo. Cada movimiento producía nuevo dolor. Y mientras esto sucedía, los músculos se agotaban progresivamente.
Pero impulsarse significaba apoyarse sobre las heridas
Aquí estaba parte del horror.
Para conseguir una posición más favorable para respirar, la persona tenía que utilizar precisamente las extremidades que habían sido lesionadas.
Los pies estaban atravesados.
Los miembros superiores estaban fijados.
Por lo tanto, intentar elevar el cuerpo significaba aumentar la presión y el dolor sobre las heridas.
Pero no hacerlo significaba que respirar se hacía cada vez más difícil.
El crucificado quedaba atrapado en un ciclo terrible:
Dolor para respirar.
Agotamiento al respirar.
Y nuevamente dolor para volver a respirar.
Los músculos se agotaban
Ninguna persona puede realizar indefinidamente un esfuerzo físico semejante.
Con el paso del tiempo aparecía agotamiento muscular.
Cada movimiento se hacía más difícil.
La persona estaba debilitada por el dolor, la pérdida de sangre, la falta de líquidos y el propio esfuerzo de mantenerse sobre la cruz.
Llegaba un momento en que las fuerzas comenzaban a desaparecer.
Y cuando el crucificado ya no podía sostenerse adecuadamente, el temor de asfixiarse aumentaba. Éste es precisamente uno de los elementos que describo en mi libro al hablar del deterioro final del condenado.
Al mismo tiempo continuaba perdiendo líquidos
Pero la dificultad respiratoria no era el único problema.
El crucificado también sufría una pérdida importante de líquidos.
Había sangre perdida por las heridas.
Había exposición prolongada.
Había deshidratación.
Y no existía una reposición adecuada de líquidos.
Por eso, en mi libro señalo que los crucificados podían llegar a sufrir una deshidratación grave.
Esto se añadía a todos los demás problemas.
El choque hipovolémico continuaba avanzando
Ya explicamos anteriormente qué significa el choque hipovolémico.
El organismo necesita mantener suficiente volumen de sangre y líquidos circulando para llevar oxígeno a los tejidos.
Pero el crucificado había sufrido heridas y continuaba perdiendo líquidos.
El corazón intentaba compensar.
El cuerpo trataba de conservar la circulación.
Pero mientras las pérdidas continuaran y no existiera tratamiento, la capacidad de compensación iría disminuyendo.
Por eso, en mi libro incluyo el choque hipovolémico entre los mecanismos que contribuían a la muerte del crucificado.
También existía un choque traumático
No debemos olvidar la cantidad de traumatismo que el organismo había sufrido.
Golpes.
Flagelación.
Heridas.
Clavos.
Dolor extremo.
Horas de sufrimiento físico y emocional.
En mi libro hablo también de choque traumático, precisamente porque no estamos ante una sola lesión aislada, sino ante un organismo sometido a un trauma extraordinariamente severo.
Las heridas permanecían sin tratamiento
En una crucifixión no había atención médica destinada a salvar al condenado.
Nadie estaba limpiando las heridas.
Nadie estaba deteniendo la hemorragia.
Nadie estaba administrando líquidos.
Nadie estaba tratando de evitar complicaciones.
El propósito era exactamente lo contrario:
Que muriera.
Por eso, si la persona permanecía durante mucho tiempo sobre la cruz, las heridas desatendidas podían también desarrollar graves infecciones.
En mi libro incluyo la sepsis entre las posibles causas que contribuían a la muerte de quienes sobrevivían suficiente tiempo crucificados.
No todos necesariamente morían exactamente de la misma manera
Éste es un punto importante.
La crucifixión no debe entenderse como si existiera una única causa de muerte idéntica en todos los casos.
Lo que encontramos es un conjunto de mecanismos capaces de llevar finalmente al organismo al colapso.
En mi libro los resumo principalmente como:
Choque hipovolémico.
Choque traumático.
Deshidratación grave.
Sepsis en los casos prolongados.
A esto se añadía la creciente dificultad para respirar conforme el crucificado perdía la fuerza necesaria para seguir sosteniendo su cuerpo.
El tiempo era parte de la ejecución
Esto nos ayuda a comprender algo terrible acerca de la cruz.
Roma no necesitaba que la persona muriera inmediatamente.
El condenado podía permanecer allí.
El tiempo trabajaba contra él.
Cada hora significaba mayor agotamiento.
Mayor sed.
Mayor deshidratación.
Mayor deterioro circulatorio.
Mayor sufrimiento.
Y menos fuerza para continuar sosteniendo el cuerpo.
Por eso describo en mi libro una muerte lenta acompañada de dolor inimaginable, calor y una sed abrasadora.
¿Por qué quebraban las piernas?
Ahora podemos comprender mucho mejor un acontecimiento registrado por Juan.
Los judíos no querían que los cuerpos permanecieran en las cruces durante el día de reposo.
Entonces pidieron a Pilato que se quebraran las piernas de los crucificados.
Juan dice:
“Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él.”
Juan 19:32
¿Por qué las piernas?
Porque las piernas eran fundamentales para que el condenado pudiera seguir impulsándose y sosteniendo su cuerpo.
Si se eliminaba esa posibilidad, el deterioro final podía acelerarse enormemente.
Pero cuando los soldados llegaron a Jesús ocurrió algo diferente:
“Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas.”
Juan 19:33
No necesitaban acelerar su muerte.
Jesús ya estaba muerto.
La crucifixión tenía un objetivo: matar
Éste es uno de los puntos en los que soy especialmente enfático en mi libro.
La finalidad de la cruz no era desmayar al condenado ni dejarlo gravemente herido.
Era ejecutarlo.
Esto es fundamental cuando posteriormente examinemos la teoría de que Jesucristo solamente perdió el conocimiento.
Esa teoría no tiene que explicar únicamente cómo sobrevivió a unos clavos.
Tiene que explicar cómo sobrevivió a todo el proceso de ejecución.
En el caso de Jesús, el proceso había comenzado mucho antes
Además, Jesucristo no llegó a la cruz en condiciones normales.
Ya había sido golpeado.
Había sido flagelado.
Había perdido sangre.
Estaba debilitado.
Después fue clavado.
Su cuerpo quedó suspendido.
Continuó perdiendo líquidos.
Aumentó la deshidratación.
Los músculos fueron agotándose.
Y llegó el momento en que murió.
Todo esto debe considerarse acumulativamente.
Por eso la teoría del simple desmayo enfrenta un enorme problema
Para afirmar que Jesús simplemente se desmayó tendríamos que sostener que, después de todo este proceso, los soldados confundieron una pérdida de conciencia con la muerte.
Pero los soldados estaban realizando una ejecución.
Y cuando llegaron a Jesús observaron que ya había muerto.
Por eso no quebraron sus piernas.
Todavía faltaba, además, algo extraordinariamente importante:
uno de ellos atravesó su costado con una lanza.
Ese acontecimiento lo estudiaremos por separado.
Mi conclusión
En mi libro resumo la muerte de un crucificado como el resultado de un proceso lento y devastador en el que podían intervenir choque hipovolémico, choque traumático, deshidratación, infección en casos prolongados y una creciente dificultad respiratoria mientras desaparecían las fuerzas para sostener el cuerpo.
La cruz no estaba diseñada para producir un desmayo.
Estaba diseñada para producir la muerte.
Y eso es precisamente lo que debemos recordar al investigar la resurrección.
No estamos preguntándonos si Jesucristo pudo recuperarse de una lesión menor.
Estamos investigando si un hombre sometido a una ejecución romana completa realmente murió.
Mi conclusión, como la expreso en mi libro, es clara:
El Señor Jesucristo realmente murió en la cruz del Calvario.
Ahora debemos estudiar una de las últimas acciones realizadas por los soldados para comprobarlo:
¿Por qué quebraban las piernas de los crucificados?
Referencias bíblicas
Mateo 27:26-50.
Marcos 15:15-39.
Lucas 23:26-46.
Juan 19:28-37.
Si este artículo despertó su interés y desea explorar el tema con mayor profundidad, le invitamos a conocer el libro completo, donde encontrará un estudio mucho más amplio y detallado.

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