Dr. Elio M Rivera
Si las evidencias fueran presentadas ante un tribunal, ¿qué veredicto producirían?
Durante toda esta serie hemos utilizado repetidamente la imagen de un tribunal. No porque la resurrección pueda reproducirse hoy delante de un juez, sino porque un tribunal trabaja de una manera que resulta muy útil para nuestra investigación: escucha testimonios, examina documentos, considera circunstancias, compara explicaciones y finalmente pregunta cuál conclusión explica mejor el conjunto de los hechos.
En el artículo anterior colocamos toda la evidencia sobre la mesa. Ahora debemos hacer algo más difícil:
Someterla a juicio.
La pregunta ya no es simplemente:
“¿Existen evidencias?”
La pregunta es:
“¿Son suficientemente coherentes entre sí como para sostener la conclusión de que Jesucristo realmente resucitó?”
Un tribunal casi nunca presencia directamente el acontecimiento
Pensemos por un momento en cómo funciona una investigación judicial.
Un juez o un jurado normalmente no estuvieron presentes cuando ocurrió el hecho que están investigando.
No presenciaron personalmente el accidente.
No estuvieron allí cuando ocurrió un asesinato.
No vieron con sus propios ojos el momento exacto del delito.
Sin embargo, pueden llegar a una conclusión examinando:
Documentos.
Testimonios.
Evidencia física.
Motivaciones.
Conductas posteriores.
Contradicciones.
Y explicaciones alternativas.
Eso es precisamente lo que hemos hecho con la resurrección.
Primer elemento del juicio: los documentos
Tenemos los relatos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Tenemos además las cartas del Nuevo Testamento, especialmente las de Pablo, que también hablan de la muerte y resurrección de Jesucristo.
En mi libro señalo precisamente que estos escritos pueden ser examinados como documentos dentro de un caso y forman parte de la evidencia que debe considerarse.
No estamos diciendo que un documento sea verdadero simplemente porque existe.
Pero sí significa que el tribunal tiene:
Testimonio escrito que puede ser comparado e investigado.
Segundo elemento: el lugar de los acontecimientos
Los Evangelios sitúan los hechos en lugares reales.
El lugar de la crucifixión.
Un huerto cercano.
Un sepulcro nuevo.
Una tumba conocida por las personas que participaron en la sepultura.
En mi libro considero importante que el escenario geográfico concuerde con lo descrito en los Evangelios.
El tribunal no está investigando un acontecimiento situado en un mundo mitológico.
Está investigando una afirmación colocada dentro de la historia.
Tercer elemento: ¿existía realmente un muerto?
Éste sería probablemente uno de los primeros interrogatorios.
Porque sin muerte no existe resurrección.
Por eso dedicamos una subserie completa a estudiar esta cuestión.
La crucifixión.
La flagelación.
La pérdida de sangre.
Los clavos.
La lanza.
Los soldados.
El centurión.
Pilato.
José de Arimatea.
Nicodemo.
Mi conclusión en el libro es que Jesucristo realmente murió y que varias personas pudieron comprobarlo.
Por tanto, la teoría del simple desmayo ya llega al tribunal con un problema enorme.
Cuarto elemento: la cadena de custodia del cuerpo
En una investigación moderna sería muy importante preguntar:
¿Qué ocurrió con el cuerpo después de la muerte?
Aquí tenemos una secuencia bastante clara.
José de Arimatea pidió el cuerpo a Pilato.
Pilato recibió confirmación de la muerte.
José recibió el cadáver.
José y Nicodemo lo prepararon.
Lo colocaron dentro de un sepulcro conocido.
Las mujeres observaron dónde quedó.
La entrada fue cerrada.
Y posteriormente los enemigos de Jesús pidieron que la tumba fuera asegurada.
Eso constituye una cadena de acontecimientos que cualquier explicación alternativa tiene que romper en algún punto.
Quinto elemento: los enemigos tenían motivos para mantener el cuerpo allí
Éste sería un dato muy importante para el jurado.
Los principales sacerdotes no tenían ningún interés en ayudar a crear una historia de resurrección.
Todo lo contrario.
Ellos mismos pidieron que la tumba fuera vigilada.
Querían impedir que alguien robara el cadáver.
Mi libro recalca precisamente que sacerdotes y autoridades tenían fuertes razones para asegurarse de que Jesús estuviera muerto y de que nadie pudiera retirar posteriormente el cuerpo.
Eso hace difícil sostener que la desaparición del cadáver fue consecuencia de una indiferencia general.
Sexto elemento: la tumba terminó vacía
Éste sería uno de los hechos centrales del caso.
La discusión posterior no gira alrededor de si Jesús seguía dentro del sepulcro.
Gira alrededor de por qué ya no estaba.
Los propios enemigos difundieron una explicación:
“Los discípulos lo robaron.”
Esa explicación presupone que:
El cuerpo había desaparecido.
Séptimo elemento: examinemos la teoría del robo
En un tribunal, una explicación no se acepta simplemente porque sea posible imaginarla.
Debe ser coherente.
¿Los discípulos tenían oportunidad?
¿Tenían valor?
¿Podían superar las medidas de seguridad?
¿Podían mover la piedra sin ser descubiertos?
¿Podían mantener después un fraude que ellos mismos sabían falso?
En mi libro concluyo que la teoría del robo choca particularmente con el temor y la desorganización de los discípulos y con las medidas tomadas alrededor del sepulcro.
Octavo elemento: el testimonio de los soldados se contradice
Supongamos que los soldados comparecen.
El interrogatorio sería muy sencillo:
—¿Quién robó el cuerpo?
—Los discípulos.
—¿Los vieron?
—No. Estábamos dormidos.
Entonces:
¿Cómo pudieron identificarlos?
Éste es un problema lógico real.
Pero además Mateo dice que la versión fue indicada a los soldados después de que los sacerdotes y ancianos se reunieron, les dieron dinero y prometieron protegerlos si Pilato se enteraba.
Eso no elimina automáticamente toda posibilidad de robo.
Pero debilita seriamente el valor de esa historia como testimonio independiente.
Noveno elemento: nadie presentó el cadáver
Ahora imaginemos que el juicio se traslada a Jerusalén poco después.
Los discípulos comienzan a proclamar:
“Jesús ha resucitado.”
¿Qué tendría que hacer la oposición para destruir el caso inmediatamente?
Presentar el cuerpo.
Nada podría ser más efectivo.
Pero el cadáver no aparece como refutación.
En la recapitulación de mi libro señalo incluso que no encontramos a los sacerdotes llevando formalmente a los discípulos ante las autoridades por el supuesto robo ni a Roma tomando represalias contra ellos por ese delito.
La pregunta para el jurado sería inevitable:
Si alguien sabía dónde estaba el cuerpo, ¿por qué no lo produjo?
Décimo elemento: los lienzos
Pedro y Juan encontraron el sepulcro vacío.
Pero también encontraron los lienzos.
Y Juan escribió:
“Vio, y creyó.”
Como ya estudiamos, considero muy probable que Juan interpretara aquella escena como evidencia de que Jesucristo había salido de sus envolturas funerarias y las había dejado allí.
El texto no explica el mecanismo físico exacto de la resurrección, pero sí presenta:
Cuerpo ausente.
Lienzos presentes.
Juan creyendo al contemplar la escena.
Eso constituye otra pieza que el tribunal debe considerar.
Undécimo elemento: aparecen testigos que afirman haberlo visto vivo
Hasta aquí todavía podríamos discutir únicamente acerca de una desaparición.
Pero entonces cambia completamente el caso.
“He visto al Señor.”
Los discípulos:
“Al Señor hemos visto.”
Tomás, que inicialmente se negó a creer, termina diciendo:
“¡Señor mío, y Dios mío!”
Pedro afirma después:
“Comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.”
Y Pablo afirma que Jesús apareció:
“A más de quinientos hermanos a la vez.”
En la conclusión de mi libro, el testimonio de más de quinientas personas forma expresamente parte del conjunto de evidencias que considero importante.
Un tribunal preguntaría: ¿eran testigos predispuestos a creer?
Y aquí ocurre algo interesante.
María inicialmente pensó que alguien se había llevado el cuerpo.
Los discípulos no creyeron inmediatamente a las mujeres.
Tomás dijo:
“No creeré.”
No tenemos un grupo que acepta cualquier rumor sin resistencia.
Tenemos personas que llegaron a la convicción por diferentes caminos.
Duodécimo elemento: la transformación de los discípulos
Ahora el jurado observa la conducta posterior.
Antes de la resurrección:
Huyeron.
Pedro negó conocer a Jesús.
Se escondieron.
Tuvieron miedo.
Después:
Predicaron públicamente.
Aceptaron amenazas.
Fueron arrestados.
Fueron azotados.
Y continuaron proclamando la resurrección.
Mi libro hace precisamente esta comparación y pregunta por qué la cobardía de aquellos hombres se convirtió tan rápidamente en un valor extraordinario.
Su sufrimiento no demuestra automáticamente que tenían razón
Aquí el tribunal debe ser justo.
Una persona puede estar sinceramente equivocada.
Muchas personas han sufrido por ideas falsas.
Por eso no podemos decir simplemente:
“Sufrieron, entonces la resurrección es verdadera.”
Pero los discípulos no afirmaban únicamente una doctrina que alguien les había enseñado.
Afirmaban:
“Nosotros lo vimos.”
Si ellos hubieran inventado conscientemente la resurrección, sabrían que era mentira.
Por eso su disposición a sufrir no demuestra por sí sola que la resurrección ocurrió, pero sí es evidencia muy fuerte de que ellos estaban convencidos de haber visto a Jesús vivo.
¿Qué ocurriría con las explicaciones alternativas?
Ahora el tribunal comienza a compararlas.
Jesús sobrevivió
Pero la evidencia de su muerte resulta demasiado fuerte, y un Jesús destrozado por la crucifixión difícilmente habría producido la convicción de haber vencido gloriosamente a la muerte. Éste es exactamente uno de los argumentos de mi libro.
Los discípulos robaron el cuerpo
Pero entonces tenemos que explicar su temor, las medidas de seguridad, la historia contradictoria de los soldados, la ausencia posterior del cadáver y la disposición de los discípulos a sufrir por algo que ellos mismos sabrían falso.
Alguien trasladó el cadáver
Entonces debemos preguntar quién lo hizo y por qué nadie lo presentó cuando comenzó la predicación pública de la resurrección.
Las apariciones fueron solamente experiencias subjetivas
Entonces tenemos que explicar no solamente a una persona, sino múltiples encuentros, experiencias colectivas y el testimonio de más de quinientos a la vez según Pablo.
Cada explicación alternativa parece resolver alguna pieza.
Pero el tribunal no está juzgando una pieza.
Está juzgando el conjunto.
¿Qué estándar deberíamos utilizar?
Aquí debemos evitar fingir que estamos realmente en un tribunal moderno aplicando una regla procesal específica.
No podemos decir literalmente:
“Un juez contemporáneo necesariamente dictaría tal sentencia.”
Eso sería afirmar demasiado.
Estamos utilizando el tribunal como un método de razonamiento.
La pregunta correcta sería:
¿Qué explicación posee mayor poder para explicar coherentemente la evidencia acumulada?
Y para mí, la respuesta es clara.
La resurrección explica simultáneamente las piezas
Si Jesucristo realmente resucitó:
Su muerte sigue siendo real.
Su tumba puede quedar vacía.
Los lienzos pueden permanecer dentro.
El cadáver no puede ser presentado.
María puede afirmar haberlo visto.
Los discípulos pueden afirmar lo mismo.
Tomás puede pasar de la incredulidad a la fe.
Pedro puede afirmar haber comido con Él.
Pablo puede hablar de más de quinientos testigos.
Y la transformación de los discípulos tiene una causa suficientemente poderosa.
La hipótesis de la resurrección no necesita negar aquellas piezas.
Las reúne.
Entonces, ¿soportaría la resurrección un juicio?
Después de toda esta investigación, mi respuesta es:
Sí.
No porque poseamos una fotografía del instante exacto en que Jesucristo salió de la tumba.
No porque cada una de las evidencias sea absolutamente irresistible por sí sola.
Sino porque cuando el conjunto se examina cuidadosamente, considero que la resurrección proporciona la explicación más coherente de todas las piezas.
Esto coincide con la conclusión de mi libro: documentos, testimonios, muerte comprobada, circunstancias de la tumba, dificultades de la teoría del robo, testigos y transformación de los discípulos forman un caso acumulativo que respalda la afirmación de que Jesucristo realmente resucitó.
El veredicto
Imaginemos que el juez vuelve a la sala.
Todo está en silencio.
Los documentos fueron examinados.
Los testigos fueron escuchados.
Las explicaciones alternativas fueron consideradas.
Y ahora llega el momento de responder la pregunta que dio origen a toda esta serie:
¿Jesucristo realmente resucitó?
Después de estudiar el caso, mi veredicto es:
Jesucristo realmente murió.
Fue sepultado.
La tumba quedó vacía.
Sus seguidores afirmaron verlo vivo.
Y la explicación que mejor reúne todas las evidencias es que Jesucristo verdaderamente resucitó de entre los muertos.
Pero aquí sucede algo diferente de lo que ocurriría en cualquier otro juicio.
Normalmente, cuando el juez pronuncia el veredicto, el caso termina.
En este caso:
El veredicto abre una última pregunta.
Porque si Jesucristo realmente resucitó, entonces ya no estamos estudiando solamente un acontecimiento ocurrido hace dos mil años.
Estamos enfrentándonos con una persona que afirmó ser el Hijo de Dios, murió, y venció la muerte.
Y entonces la pregunta deja de ser únicamente histórica.
Se vuelve personal.
Último tema:
La pregunta final: ¿Qué hará usted con Jesucristo?
Referencias bíblicas
Mateo 27:50-66.
Mateo 28:1-20.
Lucas 24:1-49.
Juan 19:30-42.
Juan 20:1-29.
Hechos 2:22-36.
Hechos 4:1-20.
Hechos 10:39-43.
1 Corintios 15:3-8.
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