03. La pregunta final: ¿Qué hará usted con Jesucristo?

Dr. Elio M Rivera

Después de examinar la evidencia, la investigación se vuelve personal

  Durante toda esta serie hemos hecho preguntas difíciles.

  ¿Murió realmente Jesucristo?

  ¿Quién comprobó su muerte?

  ¿Dónde fue colocado su cuerpo?

  ¿Quién podía entrar en la tumba?

  ¿Podían los discípulos robarlo?

  ¿Qué significaban la piedra, la guardia y el sello?

  ¿Por qué apareció vacía la tumba?

  ¿Qué encontraron Pedro y Juan dentro?

  ¿Quiénes afirmaron haber visto vivo a Jesús?

  ¿Y qué pudo transformar a aquellos hombres aterrorizados en testigos dispuestos a sufrir por lo que proclamaban?

  Finalmente pusimos toda la evidencia sobre la mesa y preguntamos si la resurrección podría soportar una investigación seria.

  Mi conclusión es clara:

Jesucristo está vivo.

  En mi libro llego precisamente a esa afirmación: “Cristo está vivo y esto no es un mito.” También invito al lector a hablar con Él y comprobar personalmente que aquel que estuvo muerto ahora vive.

  Pero aquí ocurre algo extraordinario.

  Si Jesucristo resucitó, ya no podemos cerrar el expediente, guardar los documentos y marcharnos como si hubiéramos investigado solamente un acontecimiento antiguo.

  Porque un Cristo resucitado exige una respuesta.

La pregunta final ya no es qué ocurrió con Jesucristo.

La pregunta final es qué hará usted con Él.

Si Jesús permaneciera muerto, todo podría terminar aquí

  Supongamos por un momento que nuestra conclusión hubiera sido diferente.

  Si Jesucristo hubiera muerto y permanecido en una tumba, podríamos estudiar su vida como estudiamos la vida de cualquier gran personaje del pasado.

  Podríamos admirar sus enseñanzas.

  Podríamos analizar su influencia.

  Podríamos visitar los lugares relacionados con su existencia.

  Y finalmente cerrar el libro.

  Porque el personaje pertenecería al pasado.

  Pero si Jesucristo resucitó:

Él no pertenece solamente al pasado.

  Está vivo.

  Y eso cambia completamente la naturaleza de nuestra investigación.

La resurrección confirma que debemos tomar seriamente lo que Jesús dijo

  Jesús realizó afirmaciones extraordinarias acerca de sí mismo.

  Dijo:

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”
Juan 11:25

  También dijo:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
Juan 14:6

  Y declaró:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Juan 3:16

  Si Jesús hubiera permanecido muerto, podríamos discutir indefinidamente acerca de esas afirmaciones.

  Pero la resurrección coloca sobre ellas una confirmación extraordinaria.

Entonces Jesús no puede quedar simplemente como un personaje interesante

  Después de todo lo estudiado, existen respuestas que ya no me parecen suficientes.

  No basta decir:

“Jesús fue un buen hombre.”

  No basta:

“Fue un gran maestro.”

  Ni siquiera:

“Sus enseñanzas han ayudado a muchas personas.”

  Porque si realmente murió y resucitó, entonces debemos enfrentarnos con una afirmación mucho mayor:

Jesucristo es quien dijo ser.

  Esa es también la convicción expresada en otros escritos suyos, donde invita al lector a comprobar personalmente si Jesucristo vive y concluye que quien cree en Él y lo recibe puede convertirse en hijo de Dios.

La resurrección ya no permite una posición completamente neutral

  Durante la investigación podíamos mantener cierta distancia.

  Podíamos decir:

“Examinemos primero.”

  Eso era correcto.

  Podíamos cuestionar.

  Podíamos comparar.

  Podíamos buscar contradicciones.

  Podíamos colocar explicaciones alternativas sobre la mesa.

  Pero después de llegar a una conclusión, aparece necesariamente una nueva pregunta:

¿Qué voy a hacer con lo que he descubierto?

  Porque una verdad puede investigarse intelectualmente y aun así nunca permitirse que toque nuestra vida.

Quizá usted comenzó esta serie sin creer

  Tal vez llegó hasta aquí pensando que la resurrección era solamente una historia religiosa.

  Quizá nunca había examinado realmente las evidencias.

  O quizá siempre creyó, pero nunca había considerado por qué creía.

  No importa desde dónde comenzó.

  Lo importante es dónde se encuentra ahora.

  Ya vio el caso.

  Ya escuchó los testimonios.

  Ya examinó las explicaciones alternativas.

  Ahora la pregunta no es:

“¿Qué cree el autor?”

  La pregunta es:

“¿Qué creo yo?”

Si Jesucristo está vivo, puede escucharlo

  Aquí mi libro da un paso que considero absolutamente fundamental.

  No termina solamente con evidencia histórica.

  Invita a comprobar personalmente si Jesucristo está vivo.

  La invitación es sencilla:

Hable con Él.

  En el libro escribo que quien quiera comprobar que Jesucristo vive puede dirigirse a Él en oración, y presento las promesas de Jesús acerca de responder a quienes creen y piden en su nombre.

  No estoy diciendo que una emoción sustituya la evidencia que hemos estudiado.

  Todo lo contrario.

  Hemos dedicado una serie completa a examinar la evidencia.

  Ahora, después de la investigación, llega la experiencia personal.

Jesús no pidió solamente que aceptáramos un dato histórico

  El mensaje del Evangelio nunca termina simplemente diciendo:

“Jesús resucitó. Fin.”

  La resurrección conduce a una invitación.

  Juan escribió:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”
Juan 1:12

  Observe la palabra:

“Recibieron.”

  No se trata solamente de aceptar que Jesús existió.

  Ni solamente de aceptar intelectualmente que resucitó.

  La invitación es a recibirlo.

También existe el arrepentimiento

  En sus propios escritos, este llamado final aparece acompañado de algo que no debemos omitir: fe y arrepentimiento. Usted invita al lector a acudir a Jesucristo, creer en Él y arrepentirse de sus pecados.

  Eso también corresponde con la predicación apostólica.

  Pedro dijo:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…”
Hechos 2:38

  El Cristo resucitado no vino solamente para demostrar que podía vencer la muerte.

  Vino para salvar.

¿Salvarnos de qué?

  Del pecado.

  De la separación de Dios.

  De una vida vivida sin Él.

  Y finalmente:

De la muerte.

  Por eso la resurrección no es solamente la gran victoria de Jesucristo.

  Es también la base de la esperanza cristiana.

  Pedro escribió:

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.”
1 Pedro 1:3

Una esperanza viva.

  Porque nuestro Salvador está vivo.

Esta investigación comenzó preguntando si podíamos ser testigos dos mil años después

  Al principio de su libro usted plantea precisamente esa inquietud: después de observar la pasión de los primeros cristianos, comenzó a preguntarse si nosotros podríamos examinar los acontecimientos de tal manera que llegáramos a ser, en cierto sentido, testigos de la resurrección dos mil años después.

  Eso es lo que hemos intentado hacer.

  No estuvimos físicamente en Jerusalén.

  No corrimos con Pedro y Juan.

  No entramos personalmente en la tumba.

  No estuvimos en aquella habitación cuando Jesús mostró sus manos.

  Pero pudimos examinar:

Los documentos.

Los lugares.

Los testimonios.

Las circunstancias.

Las explicaciones alternativas.

  Y llegamos al final.

Ahora usted debe emitir su propio veredicto

  Nadie puede hacerlo por usted.

  Yo puedo decirle cuál es el mío.

Jesucristo murió.

Jesucristo fue sepultado.

Jesucristo resucitó.

Jesucristo está vivo.

  Pero usted tiene que responder personalmente.

  Quizá su respuesta sea:

“Todavía tengo preguntas.”

  Entonces continúe investigando.

  Pregunte.

  Busque.

  Lea los Evangelios.

  Examine las evidencias.

  No tenga miedo de las preguntas.

  Pero tampoco utilice las preguntas como una manera de evitar eternamente una conclusión.

Quizá usted ya está convencido

  Entonces la pregunta cambia.

  Si Jesucristo realmente está vivo:

¿Qué hará usted con Él?

  ¿Continuará viviendo como si no existiera?

  ¿Lo admirará desde lejos?

  ¿Lo reducirá a un personaje histórico?

  ¿O responderá a su invitación?

Puede hablar con Él ahora mismo

  No necesita palabras complicadas.

  No necesita una ceremonia especial para comenzar.

  En sus propios escritos usted insiste precisamente en esto: la invitación puede comenzar simplemente inclinando el rostro, hablando con Jesucristo y pidiéndole que intervenga en la vida del lector.

  Puede decirle con sus propias palabras:

“Señor Jesús, si realmente estás vivo, quiero conocerte. Creo que moriste y resucitaste. Perdona mis pecados. Entra en mi vida. Muéstrame quién eres y enséñame a seguirte.”

  No es la perfección de las palabras lo que importa.

  Es la sinceridad con la que usted se acerca.

El sepulcro vacío todavía habla

  Dos mil años después, aquella tumba continúa formulando la misma pregunta.

  No simplemente:

“¿Dónde está el cuerpo?”

  Sino:

“Si Él está vivo, ¿qué significa eso para usted?”

  Para María Magdalena significó pasar de llorar delante de una tumba a anunciar:

He visto al Señor.”

  Para Tomás significó pasar de:

“No creeré”

a:

“¡Señor mío, y Dios mío!”

  Para Pedro significó pasar de:

“No conozco al hombre”

a:

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”

  La resurrección cambió sus vidas.

Y puede cambiar la suya

  En el cierre de su libro usted no deja al lector únicamente con una conclusión académica. Afirma que Jesucristo prometió acompañar a los suyos y termina invitando a hablar con Él porque “el que estuvo muerto, ahora está vivo”.

  Ése es también el lugar correcto para terminar esta serie.

  No en la tumba.

  No en la cruz.

  No siquiera únicamente en el tribunal.

Terminamos delante de Jesucristo vivo.

La pregunta final

  Pilato formuló una pregunta que, sin imaginarlo, sigue resonando a través de la historia:

“¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?”
Mateo 27:22

  Pilato tuvo que responderla.

  Los sacerdotes tuvieron que responderla.

  Pedro tuvo que responderla.

  Tomás tuvo que responderla.

  María Magdalena tuvo que responderla.

  Y ahora:

Usted tiene que responderla.

  Después de todos los artículos.

  Después de toda la evidencia.

  Después de escuchar a los testigos.

  Después de examinar la tumba.

  Después de considerar las alternativas.

  Sólo queda una pregunta:

¿Qué hará usted con Jesucristo?

  Mi deseo es que no termine esta serie simplemente diciendo:

“Fue interesante.”

  Quisiera que termine preguntándole personalmente:

“Señor Jesús, ¿qué quieres hacer con mi vida?”

  Porque el mensaje de la resurrección no termina diciendo:

“Jesucristo vivió.”

  Termina proclamando:

“Jesucristo vive.”

Referencias bíblicas

Mateo 27:22.
Juan 1:12.
Juan 3:16.
Juan 11:25-26.
Juan 14:6, 12-14.
Juan 20:24-29.
Hechos 2:32, 38.
Hechos 4:20, 33.
Hechos 10:40-41.
Romanos 10:9-13.
1 Pedro 1:3.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.