Dr. Elio M Rivera
La última comprobación antes de la sepultura
Después de estudiar la lanza del soldado romano, llegamos a uno de los momentos más importantes para establecer que Jesucristo realmente estaba muerto.
El cuerpo fue bajado de la cruz.
Pero no desapareció.
No quedó abandonado.
No fue entregado a personas desconocidas.
Fue recibido por un hombre concreto:
José de Arimatea.
Y junto con él aparece también Nicodemo.
Estos dos hombres tuvieron algo que pocos podían decir:
Tuvieron el cuerpo de Jesucristo en sus propias manos.
José pidió el cuerpo a Pilato
Los Evangelios dicen que José de Arimatea era un hombre rico, miembro del concilio y discípulo de Jesús.
Después de la muerte del Señor, fue ante Pilato y pidió su cuerpo.
Marcos registra:
“José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.”
Marcos 15:43
En mi libro hago notar que José debió tener una posición suficientemente importante como para poder presentarse rápidamente ante el gobernador y solicitar el cuerpo.
Pilato no entregó un hombre herido
Este punto es fundamental.
José no pidió:
“Permítame llevarme a Jesús para atender sus heridas.”
Pidió:
El cuerpo.
Y Pilato autorizó su entrega como cuerpo de una persona que había muerto.
Como ya estudiamos, antes de hacerlo Pilato había recibido la confirmación del centurión.
Por lo tanto, lo que José recibió de la autoridad romana no fue un prisionero herido.
Fue el cadáver de Jesucristo.
Ahora José podía comprobarlo personalmente
Hasta ese momento habíamos tenido varias comprobaciones.
Los soldados.
La lanza.
Juan.
El centurión.
Pilato.
Pero ahora aparece una forma de comprobación completamente distinta.
José de Arimatea y Nicodemo estarían físicamente junto al cuerpo.
Tendrían que manipularlo.
Moverlo.
Envolverlo.
Prepararlo.
Transportarlo.
Y depositarlo dentro del sepulcro.
Sería extraordinariamente difícil que un hombre vivo pasara por todo este procedimiento sin que ellos lo percibieran.
Nicodemo llegó con mirra y áloes
Juan dice:
“También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.”
Juan 19:39
En mi libro señalo que estamos hablando de aproximadamente cincuenta kilogramos de especias aromáticas utilizadas en la preparación del cuerpo.
No fueron a curar heridas.
Fueron a preparar un muerto para la sepultura.
Lo envolvieron en lienzos
Juan continúa:
“Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos.”
Juan 19:40
Observe la expresión:
“Según es costumbre sepultar.”
Lo que estaban realizando era un procedimiento funerario.
No médico.
No estaban intentando reanimarlo.
No estaban tratando de controlar una hemorragia.
No estaban buscando agua para que bebiera.
No estaban abriendo sus vías respiratorias.
Lo estaban preparando para ser sepultado.
Sus acciones son un testimonio de la muerte
En mi libro hago precisamente esta pregunta:
¿Por qué digo que José de Arimatea y Nicodemo hablaron directamente de la muerte de Jesús aunque no pronunciaran la palabra “muerte”?
La respuesta es sencilla:
Por lo que hicieron.
Reclamaron el cuerpo.
Consiguieron las especias.
Lo envolvieron.
Y lo prepararon para la sepultura.
Sus acciones son incompatibles con la idea de que pensaran que Jesús seguía vivo.
Si hubiera estado desmayado, habrían actuado de manera completamente diferente
Este argumento ocupa un lugar importante en mi libro.
Supongamos que, mientras José o Nicodemo manipulaban el cuerpo, hubieran detectado respiración.
Un pulso.
Un movimiento.
Una reacción.
Cualquier señal de vida.
¿Qué habrían hecho?
¿Lo habrían envuelto y colocado dentro de una tumba?
Por supuesto que no.
Habrían intentado salvarlo.
En mi libro lo expreso de manera muy sencilla:
Si Jesús hubiera estado desmayado, lo lógico habría sido llevarlo a un lugar de aire fresco, no encerrarlo dentro de una tumba.
La mirra formaba parte de la preparación
Entre las sustancias utilizadas se encontraba la mirra.
En mi libro explico que la mirra se adhería al cuerpo y quedaba integrada con los lienzos utilizados para envolverlo.
La imagen que debemos tener es la de un cuerpo cuidadosamente preparado para la sepultura.
No la de una persona inconsciente que simplemente fue colocada sobre una cama.
El cuerpo tuvo que ser manipulado directamente
Piense en lo que implica preparar un cadáver.
José y Nicodemo tuvieron que estar muy cerca.
No podían realizar este trabajo a varios metros de distancia.
Tuvieron que tocar el cuerpo.
Mover los brazos.
Mover las piernas.
Manipular las heridas.
Colocar los lienzos.
Incorporar las especias.
Y trasladarlo.
Si hubiera existido respiración, pulso, movimientos involuntarios o cualquier señal de conciencia, ellos habrían tenido una oportunidad extraordinaria para descubrirlo.
Y no estaban buscando que Jesús muriera
Aquí existe una diferencia fundamental entre José y los soldados.
Los soldados pertenecían al sistema que ejecutó la sentencia.
José y Nicodemo eran seguidores de Jesucristo.
Si alguien hubiera deseado descubrir que todavía estaba vivo, eran ellos.
Por eso su comportamiento tiene un enorme peso.
No tenían ningún interés en declarar muerto a un hombre que podía salvarse.
Sin embargo, actuaron exactamente como hombres convencidos de que tenían delante un cadáver.
José quitó el cuerpo de la cruz
En mi libro reconstruyo la escena de esta manera: José recibió el cuerpo, lo retiró de la cruz, lo envolvió en una sábana limpia y, junto con Nicodemo, realizó la preparación antes de llevarlo al sepulcro.
Este momento conecta dos lugares fundamentales de nuestra investigación:
La cruz y la tumba.
El mismo cuerpo que estuvo colgado en el Gólgota fue el cuerpo que José trasladó hasta el sepulcro.
No existió oportunidad para sustituir el cuerpo
Esto también merece atención.
Estamos siguiendo una cadena continua:
Jesús está en la cruz.
Los soldados comprueban la muerte.
José solicita el cuerpo.
Pilato autoriza su entrega.
José recibe ese cuerpo.
Nicodemo participa en su preparación.
Las mujeres observan.
Y el cuerpo es llevado a un sepulcro específico.
No aparece un momento en el relato donde el cuerpo simplemente desaparezca y después aparezca otro.
La secuencia es continua.
El sepulcro estaba muy cerca
Juan explica:
“Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.”
Juan 19:41
Y añade:
“Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.”
Juan 19:42
No tuvieron que recorrer una enorme distancia.
El sepulcro estaba cerca del lugar de la crucifixión.
Las mujeres observaron dónde fue colocado
Lucas registra otro detalle fundamental:
“Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.”
Lucas 23:55
Por lo tanto, no solamente José y Nicodemo sabían dónde quedó Jesús.
Las mujeres también lo vieron.
Observaron:
el sepulcro
y
cómo fue puesto su cuerpo.
En mi libro hago énfasis en que después regresaron para preparar más especias y ungüentos.
Después cerraron el sepulcro
Mateo dice:
“Y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.”
Mateo 27:60
Ahora la secuencia está completa.
El hombre había muerto.
Su muerte había sido comprobada.
El cuerpo había sido entregado.
José y Nicodemo lo habían preparado.
Había sido colocado dentro del sepulcro.
Y una enorme piedra cerró la entrada.
Si queremos sostener la teoría del desmayo, ahora el problema es todavía mayor
Supongamos nuevamente que Jesús estuviera vivo.
Entonces tendríamos que creer que José y Nicodemo no lo descubrieron mientras manipulaban su cuerpo.
Que sobrevivió a la preparación funeraria.
Que fue colocado dentro de un sepulcro.
Que permaneció allí sin atención médica.
Que recuperó la conciencia.
Que consiguió liberarse de los lienzos y las especias.
Y que después pudo escapar de una tumba cerrada mediante una enorme piedra.
Para mí, cada nueva etapa hace esta explicación menos razonable.
José y Nicodemo son testigos extraordinarios
Por eso en mi libro los considero un grupo fundamental entre quienes comprobaron la muerte de Jesucristo.
Los soldados podían verlo desde afuera.
Juan podía observar la escena.
Pero José y Nicodemo:
Tuvieron el cuerpo en sus manos.
Y actuaron como personas que sabían perfectamente lo que estaban haciendo:
sepultar a un muerto.
La conclusión
¿Qué clase de cuerpo recibió José de Arimatea de Pilato?
No el cuerpo de un hombre que necesitaba recuperarse.
No el cuerpo de alguien que solamente estaba dormido.
No el cuerpo de un condenado que había sobrevivido secretamente.
José recibió:
El cuerpo muerto de Jesucristo.
Y ese cuerpo fue preparado cuidadosamente.
Fue envuelto.
Fue llevado a un sepulcro nuevo.
Fue colocado dentro.
Las mujeres observaron dónde quedó.
Y finalmente una gran piedra cerró la entrada.
Con esto podemos cerrar esta parte de la investigación con una conclusión firme:
El hombre colocado dentro de aquel sepulcro estaba verdaderamente muerto.
Ahora la investigación cambia completamente.
Ya no debemos preguntarnos:
“¿Sobrevivió Jesús?”
La siguiente gran pregunta es:
Si estaba muerto y su cuerpo quedó dentro de una tumba cerrada, ¿cómo terminó vacía?
Referencias bíblicas
Mateo 27:57-61.
Marcos 15:42-47.
Lucas 23:50-56.
Juan 19:38-42.
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