09. La lanza del soldado romano

Dr. Elio M Rivera

Una comprobación final de la muerte de Jesucristo

  Después de estudiar la crucifixión y los distintos testigos que comprobaron la muerte de Jesucristo, llegamos a uno de los detalles más impresionantes del relato de Juan:

Un soldado romano atravesó el costado de Jesús con una lanza.

  Juan escribió:

“Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.”
Juan 19:33-34

  Este acontecimiento es especialmente importante porque los soldados ya habían determinado que Jesús estaba muerto.

  Y, sin embargo, uno de ellos hizo algo adicional.

  Tomó una lanza.

  La introdujo en el costado de Jesucristo.

  Y Juan, que afirma haber presenciado la escena, observó salir:

“Sangre y agua.”

Los otros crucificados recibieron un procedimiento diferente

  Recordemos lo que estaba ocurriendo.

  Se acercaba el día de reposo y las autoridades querían retirar los cuerpos de las cruces.

  Por eso se pidió que se quebraran las piernas de los condenados para acelerar su muerte.

  Juan escribió:

“Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él.”
Juan 19:32

  Pero cuando llegaron a Jesucristo:

“Le vieron ya muerto.”

  Por eso no le quebraron las piernas.

  Aquí, sin embargo, aparece algo que destaco especialmente en mi libro:

  Los soldados hicieron con Jesús una acción extra que no realizaron con los otros dos crucificados.

¿Por qué utilizar la lanza si ya estaba muerto?

  Esta es una pregunta importante.

  Si los soldados ya consideraban que Jesús había muerto, ¿por qué uno de ellos atravesó su costado?

  En mi libro expongo mi conclusión con claridad.

  Los soldados se encontraban bajo la presión de las autoridades y no podían permitirse dejar ninguna duda acerca de la muerte de Jesucristo.

  Por eso considero que la lanza funcionó como una comprobación adicional.

  No estamos hablando de un intento por salvarlo.

  No estamos hablando de una prueba para ver si reaccionaba.

  Estamos hablando de la acción de un soldado encargado de una ejecución.

Juan estaba allí

  El detalle adquiere todavía más fuerza porque Juan no lo presenta como un rumor.

  Inmediatamente después de describir la lanza escribe:

“Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.”
Juan 19:35

  Juan está diciendo:

“Yo lo vi.”

  Vio al soldado.

  Vio la herida.

  Y vio salir sangre y agua.

  Para él, aquel detalle era suficientemente importante como para dejarlo registrado expresamente.

¿Qué significa “sangre y agua”?

  Aquí es donde, como médico, el relato adquiere para mí una importancia especial.

  En mi libro explico que cuando extraemos sangre para realizar estudios de laboratorio y no añadimos anticoagulante, con el tiempo se produce coagulación y puede separarse un componente líquido que conocemos como suero.

  Por eso relaciono la descripción de Juan —“sangre y agua”— con cambios que ocurren en la sangre cuando ha dejado de circular normalmente.

  Mi argumento en el libro es que aquello que Juan observó constituye otra evidencia de que Jesucristo realmente estaba muerto.

Juan probablemente no conocía la explicación médica

  Esto me parece especialmente interesante.

  Juan no era un médico escribiendo un tratado acerca de coagulación sanguínea.

  Simplemente describió lo que vio:

“Salió sangre y agua.”

  En mi libro planteo precisamente que quizá Juan no comprendía todo el significado médico de aquello que estaba observando, pero decidió registrarlo porque había sucedido delante de él.

  Para mí, eso hace que el detalle resulte todavía más interesante.

  No parece estar intentando inventar una explicación médica.

  Está narrando una observación.

Una herida adicional después de la crucifixión

  Ahora pensemos nuevamente en la teoría de que Jesucristo solamente se desmayó.

  Ya tendría que haber sobrevivido:

  A la flagelación.

  A la pérdida de sangre.

  Al choque.

  A los clavos.

  A las horas suspendido en la cruz.

  A la deshidratación.

  Al agotamiento.

  Y después, cuando los soldados ya lo consideran muerto:

A una herida profunda de lanza en el costado.

  La teoría del desmayo se vuelve todavía más difícil de sostener.

El soldado no estaba intentando ayudarlo

  Esto debe quedar muy claro.

  Aquel soldado no era un médico buscando salvar a Jesucristo.

  Era parte de la ejecución.

  Su objetivo no era preservar la vida del condenado.

  Cuando utilizó la lanza, lo hizo sobre un hombre al que los soldados ya consideraban muerto.

  En mi libro interpreto esta acción como la decisión de no dejar ninguna duda.

La lanza se suma a una cadena de comprobaciones

  No debemos estudiar este acontecimiento aisladamente.

  La fuerza del caso aparece cuando juntamos todas las piezas.

  Primero, Jesús sufrió una ejecución romana.

  Después, los soldados observaron que estaba muerto.

  No le quebraron las piernas porque ya no era necesario.

  Uno de ellos atravesó su costado con una lanza.

  Juan presenció lo ocurrido.

  Más tarde, el centurión confirmó la muerte ante Pilato.

  Y solamente después el cuerpo fue entregado a José de Arimatea.

  Por lo tanto, la lanza forma parte de una cadena completa de comprobación.

Si Jesús hubiera estado vivo, todavía faltaría explicar a José y Nicodemo

  Incluso suponiendo que Jesucristo hubiera sobrevivido milagrosamente a la lanza, la teoría tendría todavía otro problema.

  José de Arimatea y Nicodemo recibirían después su cuerpo.

  Lo tocarían.

  Lo bajarían de la cruz.

  Lo prepararían para la sepultura.

  Lo envolverían con lienzos y especias.

  Y lo colocarían dentro de un sepulcro.

  Ninguno actuó como si estuviera atendiendo a un herido. Actuaron como hombres que estaban dando sepultura a una persona muerta.

La profecía también aparece en el relato

  Juan conecta los acontecimientos con las Escrituras:

“Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.”
Juan 19:36-37

  Las piernas de Jesús no fueron quebradas.

  Pero su costado fue traspasado.

  Para Juan, aquello tenía también un significado profético.

La lanza elimina todavía más la posibilidad del simple desmayo

  Volvamos nuevamente al tribunal imaginario.

  Supongamos que alguien declara:

“Creo que Jesús simplemente perdió el conocimiento.”

  Entonces tendríamos que preguntar:

  ¿Sobrevivió a la flagelación?

  ¿Sobrevivió a la crucifixión?

  ¿Sobrevivió al choque y la pérdida de sangre?

  ¿Por qué los soldados lo declararon muerto?

  ¿Por qué el centurión confirmó su muerte?

  ¿Y qué hacemos con la lanza?

  Cada evidencia independiente podría discutirse.

  Pero nuestro caso no depende de una sola evidencia.

  Depende del conjunto.

Para mí, el testimonio de Juan es especialmente poderoso

  Como médico, siempre me ha impresionado que Juan haya incluido precisamente el detalle de la sangre y el agua.

  Él mismo dijo que estaba escribiendo lo que había visto:

“Y el que lo vio da testimonio.”

  En mi libro afirmo que Juan quería dejar testimonio de que la muerte del Señor Jesús fue verdadera y que personalmente había observado cómo el soldado traspasó su costado.

  No estamos frente a una descripción de alguien que supuestamente despertó después de una breve pérdida del conocimiento.

  Estamos ante el relato de una ejecución completada.

La conclusión

  La lanza del soldado romano no fue el acontecimiento que comenzó la muerte de Jesucristo.

  Cuando ocurrió, Juan dice claramente:

Jesús ya estaba muerto.

  Pero la lanza se convirtió en una comprobación adicional.

  Y por eso ocupa un lugar tan importante dentro de nuestra investigación.

  Los soldados lo consideraron muerto.

  El centurión posteriormente lo confirmó.

  Juan vio el costado traspasado.

  Y después José de Arimatea y Nicodemo recibieron y prepararon el cuerpo para la sepultura.

  Para mí, toda esta evidencia conduce a una conclusión:

Jesucristo verdaderamente murió en la cruz.

  Ya no necesitamos preguntarnos si simplemente perdió el conocimiento.

  El siguiente paso es seguir aquel cuerpo después de que fue bajado del madero.

¿Qué ocurrió con el cuerpo que José de Arimatea recibió de Pilato?

Referencias bíblicas

Juan 19:31-37.
Marcos 15:42-45.
Mateo 27:57-60.
Juan 19:38-42.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.